lunes, 20 de marzo de 2017

"En España y en Rumania" de Mircea Eliade (Cuvântul, 21/08/1933)


Mircea Eliade en 1937
EL libro recientemente aparecido Ensayos españoles, del profesor José Ortega y Gasset, deberían leerlo rodos los que se han planteado el problema de la originalidad y viabilidad de la cultura de un país pequeño. Allí se encuentran bastantes observaciones sobre el ruralismo y el urbanismo, sobre la falta de una elite en la vida espiritual y política de España, cuestiones todas que nos podrían interesar a nosotros también. Habría que leer y meditar con mucha atención su ensayo tan sugestivamente titulado España invertebrada, pues puede servil-para hacer interesantes análisis sobre la estructura de nuestro Estado.
Pero no tenía pensado escribir ahora sobro esto libro de ensayos españoles, sino sobre la extraña semejanza de método, inquietudes e inspiración de los mayores ensayistas españoles contemporáneos: Unamuno. Eugenio d'Ors y Ortega y Gasset. Semejanza que no me parece desprovista de sentido. Al contrario, demuestra una vez más la eficiencia del pensamiento de estos tres grandes españoles y justifica el lugar que ocupan en la cultura europea.
Distintos materiales
Verdaderamente es extraño que estos tres ensayistas se valgan de unos materiales distintos de los que utilizan los otros ensayistas contemporáneos. Unamuno recoge un sinfín de citas de los místicos, del Quijote y de los nórdicos. Eugenio d’Ors y Ortega hacen continuas referencias al arte español (sobre todo a Goya) o citan trabajos de biología organicista (jamás, por lo que yo he podido constatar, de biología mecanicista), libros de filosofía de la cultura (de una especie poco conocida entre los ensayistas continentales, por ejemplo, del nuevo concepto de la geografía, de la experiencia visual. del barroco, etcétera), en fin, fuentes que apenas se encuentran en la obra del resto de los ensayistas contemporáneos, los cuales siguen acudiendo a las autoridades de siempre (Montaigne y Pascal en Francia. Goethe y Nietzsche en Alemania) que mantienen intactas.
Los ensayistas españoles dominan una cultura mucho mayor y más nueva, y desarrollan un pensamiento más audaz y más plástico. El paisaje natural y el paisaje plástico son una constante en las páginas de Eugenio d’Ors y de Ortega. Podría suponerse que estos pensadores no pueden materializar su visión ni pueden explicar la comprensión de un fenómeno, o incluso la comprensión total de la vida, si no es pensando en formas, colores u objetos plásticos. De ahí, esos admirables análisis de D’Ors y de Ortega, análisis de pintores, de museos y de «elementos» (fondos, colores, expresión de los ojos, etcétera): de ahí, esa continúa referencia a la geografía, al «medio». En la Weltanschaung de estos dos pensadores se intuye la colaboración de todas las fuerzas del entendimiento, desde la intuición telúrica de la configuración geográfica a la intuición refinada de las últimas expresiones del arte. Su pensamiento y su intuición están en permanente contacto con todas las realidades. Se siente que estos hombres gozan del paisaje y aman las flores de forma distinta al resto de los intelectuales europeos. La palabra «orgánico» para ellos es algo más que un simple vocablo. Realmente, su pensamiento bebe en todas las fuentes, es un pensamiento vivo y flexible y, por ende, sorprendentemente sugestivo y audaz.
Pero la semejanza entre los ensayistas españoles no acaba aquí. Cada uno de ellos ha elegido un mito central a cuyo través juzga el mundo y la vida y hace interpretaciones y vaticinios. Unamuno, creo que es ocioso decirlo, jamás abandona a Don Quijote, leyenda que para él es tan viva como la Pasión del Gólgota. Ortega y Gasset ha encontrado a Don Juan que, al igual que la Gioconda encarna la esencia de la feminidad, es la imagen más completa y viva de la virilidad. Y en torno a esa leyenda apócrifa, el profesor Ortega y Gasset no se recata de escribir páginas de sesuda reflexión e impetuosa fantasía. Eugenio d’Ors no ha escogido una leyenda, un personaje de la geografía espiritual de España en torno al cual comentar la actualidad y comprender el mundo. Pero sí conserva los tipos: Goya, Colón o Isabel y Fernando; contando su vida y analizando su obra, el núcleo de su pensamiento discurre por las mismas vías que sus otros dos compatriotas. (¿Qué son las reflexiones sobre Goya, Isabel o el barroco sino un pendant a los comentarios de Unamuno sobre Don Quijote, la agonía o la paradoja, y a los de Ortega sobre Don Juan, el feudalismo o el ruralismo?)
Diferencias evidentes
...Sin querer, al concluir estas sumarias líneas sobre el ensayo español, pienso en la cultura rumana y en nuestros ensayistas. La diferencia salta a la vista. Todos los ensayistas rumanos acuden a las mismas fuentes que utilizan en París. Roma o Berlín. No hay el menor intento de autonomía ni de originalidad en la búsqueda de materiales ni de audacia a la hora de interpretarlos. Hace siete u ocho años estaban de moda la mística y la escolástica. Los ensayistas rumanos leían y comentaban la bibliografía alemana reciente. En sus trabajos se encuentran las mismas autoridades que en los de un aficionado en cualquier capital del mundo. No han aportado nada propio, no han impuesto ninguna autoridad.
Tenemos la leyenda de Miorita o la de Mester Manole que, si bien no son únicamente rumanas, son tan nuestras y su mito central es tan rico en significados, que sería preciso, y podría resultar revelador, estudiarlas. Sin embargo, ninguno de nuestros pensadores y ensayistas de altura les ha prestado atención. ¡Qué hermoso «Comentario a la leyenda de Mester Manole» podría escribirse! ¡Qué hermosa historia de la filosofía de la cultura rumana podría escribirse desde Miorita a Vasile Párvan! Sin embargo, las revistas están llenas ahora, en pleno verano, de debates en torno a la nada. El único problema filosófico que no ha sido intuido por los rumanos, el más extraño a nuestro pueblo.

Publicado en Cuvántul (Bucarest) el 21 de agosto de 1933.
ABC Cultural. 1 de diciembre de 2001, p. 8.
Traducción: Joaquín Garrigós