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domingo, 7 de enero de 2018

Historia (y despedida) de la revista DESTINO (Destino,Tercera etapa, Nº 1, 29 de marzo-3 de abril de 1985)


Historia de DESTINO
El primer número de DESTINO apareció el 6 de marzo de 1937. Desde aquellos difíciles tiempos, en plena guerra civil, hasta nuestros días, DESTINO ha pasado por muchas etapas, distinguiéndose en todas ellas por su seriedad y su prestigio.
Sergio Vilar, en su Historia del antifranquismo[1], y opinando sobre los años 1958-1975, expresa: «Algunos periódicos, mensuales, semanarios y diarios efectúan una sistemática labor informativa y de opinión contra el sistema dictatorial. A pesar de la censura directa e indirecta, y superando los secuestros y las suspensiones, Serra d'Or, Cuadernos para el Diálogo, Cambio 16, Mundo, Triunfo, DESTINO y Posible hacen una plausible difusión de las ideologías liberales, progresistas e incluso deliberadamente de izquierdas.»
Es curioso que DESTINO se vea incluido en esa corta lista. Nunca pudieron pensarlo quienes lo fundaron (José M. ª Fontana y Javier de Salas) cuando lo hicieron. Y, sin embargo, así llegó a ser. No deliberadamente izquierdista, pero sí respecto a la difusión de ideologías liberales y progresistas.
En cambio, su creación fue de signo absolutamente contrario.
En diciembre de 1936, huyendo de la Barcelona roja, por su significación falangista (era camisa vieja de las JONS), llega a Burgos José M. ª Fontana. Allí, se da cuenta de la gran cantidad de catalanes que pueblan Burgos, Salamanca, San Sebastián. Son catalanes falangistas, o monárquicos, e incluso republicanos de derechas, o católicos que han visto arder iglesias, o ricos que han visto incautadas sus fábricas, o gente de orden o conservadores que han visto a milicianos saquear pisos y han oído hablar de paseos en la Rabassada...
Y allí, en la Zona Nacional son tratados casi como medio rojos por el solo hecho de ser catalanes.
Ellos, que precisamente han afrontado multitud de riesgos, para poder cruzar esa frontera de Irún donde ya ondea la bandera roja y gualda, que tanta emoción causaba a muchos volver a ver al cabo de cinco años...
Ellos, que aún en privado, en la habitación donde escuchan el parte de Radio Nacional, se ponen en pie cuando suena el himno nacional...
A José M. ª Fontana quien, con su mujer, vive en una casa de la calle de la Puebla, con derecho a cocina, esto no le gusta.
Fontana es un hombretón de 1,90 metros de estatura que, tras la unión de FE con las JONS, fue nombrado, por José Antonio Primo de Rivera, Jefe Provincial de Tarragona, subordinado sólo al Jefe Territorial de Cataluña, Roberto Bassas, asesinado en 1939.
Se le ocurre la idea de fundar un periódico que sea órgano de los cata lañes huidos. Xavier de Salas[2], huésped también en el mismo piso, se le une entusiásticamente.
«Lo teníamos todo estudiado —escribe[3]y sólo nos faltaba el título: confeccionamos una lista, y mi mujer escogió la palabra DESTINO. Allí, en la calle de la Puebla, nació el semanario hoy tan conocido...»
Obsérvese que, aunque con inconfundibles connotaciones nacionales o franquistas, si se quiere —Franco ya era Jefe del Gobierno del Estado allí—, esa cabecera no era proveniente de Unidad de Destino en lo Universal, ese segundo punto de Falange Española de las JONS, a mi juicio tan enigmático como «Por el Imperio hacia Dios» y otros por el estilo. Será más tarde, cuando Ignacio Agustí remachará DESTINO con el subtítulo «Política de Unidad», que durará exactamente hasta el n.° 418 (21 de julio de 1945); en el n.° 419 (28 de julio) ya no aparece.
Por otra parte, poco se podía hablar de unidad cuando apareció el primer número de DESTINO, el 6 de marzo de 1937, ya que en la Zona Nacional no andaban muy bien avenidos Falange, el Requeté, Renovación Española y la CEDA. Estos dos últimos partidos —monárquicos alfonsinos y derechas gilroblistas— eran minoritarios.
Franco, un poco harto de algunas rencillas más o menos relevantes, y deseoso de que todo estuviera bajo su mando, ya estaba concibiendo. La Unificación, que costó dos muertos y un condenado a muerte, Hedilla, quien, aunque no fue ejecutado, tuvo que sufrir cárcel, destierro y quedó marcado hasta su muerte.
El 19 de abril de 1937 Franco, de un plumazo, borró Renovación y CEDA, y unió sus restos a Falange y al Requeté, bajo el nombre único de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, y sometidos a su propia jefatura.
Lo curioso es que, ese mes, no se habían formado grescas entre partidos distintos, sino entre los propios falangistas, unos franquistas, de Sancho Dávila, y otros hedillistas. A punto estuvo de que se armase, en Salamanca, la marimorena que, pocos días más tarde, se organizaba en la Zona Roja entre el PSUC y la Generalitat, por un lado, contra la CNT y el POUM, por el otro: els fets de Maig.
Continuemos con esa revista de Fontana y Salas: su primer número —ya hemos dicho que apareció el 6 de marzo de 1937— eran apenas unas hojas escritas con mucha retórica para consumo intelectual de los soldados.
Sigue relatando José M. ª Fontana:
«Para la publicación, nos costó mucho convencer a Pepe Ribas[4] y obtener su asentimiento. Al fin nos ayudó Calviño[5], que por aquel entonces empezó a ser el brazo derecho y la eminencia de la Territorial. Por fin se nos dio permiso y dinero; Vicente Cadenas, la gamba azul, Delegado Nacional de Prensa y Propaganda, nos revalidó la autorización y nos nombró delegados territoriales de Prensa y Propaganda. Entre los dos hacíamos los números íntegramente: corríamos luego a una horrenda imprenta católica (?) de Valladolid[6], y después de dos días de luchas regresábamos con nuestros ejemplares a Burgos.
DESTINO se orientó hacia nuestros camaradas del frente, exaltando en sus columnas las acciones bélicas y las muertes gloriosas, además de introducir en su formato secciones varias, tales como una reseña de prensa barcelonesa, idea mía de cierto éxito, y que me permitió recibir y seguir las incidencias políticas marxistas a través de los diarios de la Barcelona roja.
Un día entró en mi despacho de la Territorial un sujeto bajo, con barba de tres días, lleno de granos, febril y demacrado, vistiendo un enorme capote manta que casi arrastraba. Era mi antiguo compañero de Universidad y redactor jefe de L'Instant[7], Ignacio Agustí. Le abracé con mi natural efusividad, y vi en él al hombre que necesitábamos. Me acuerdo que, en su fase neurasténica, semejante a la de casi todos al llegar, me decía que no sabría escribir en castellano, y yo le animé e incluso le di tema para un artículo de prueba: una glosa sentí mental a la muerte de Pauleta Pamiés. El artículo resultó estupendísimo. DESTINO ganó un redactor jefe me nos ocupado que sus directores, y las letras castellanas al magnífico escritor de Mariona Rebull»[8].
Ignacio Agustí, por su parte, nos expone:
«Pusieron a mi disposición un coche con un chófer-soldado, y a partir de entonces todas las semanas iba a Valladolid y volvía con el número hecho. Siento ahora no haber podido encontrar ni un sólo número de aquella colección del primitivo DESTINO, que significaría para mí la reviviscencia de un mundo huido. Allí encontré de pronto el castellano que no había vuelto a cultivar literariamente desde los años de mi infancia. Me asombró que reapareciera tan fresco sin apenas asomo de contagio o impureza»[9].
Se ha discutido si fue o no Ignacio Agustí el creador de DESTINO. El mismo aclara en su Ganas de hablar que fueron Fontana y Salas. Pero como es algo ambiguo al explicar el momento en que se incorpora a DESTINO —parece decir que lo hizo en el primer número y, sin embargo, no fue hasta algo después— hay un detalle revelador: Agustí llega a la Zona Nacional, a Salamanca desde Lisboa, en 1937 y, en las páginas 322-323 de su citado libro, expone:
« (...) una noche me desperté en mitad de un sueño; y no era broma. Había estrépito de bombas y disparos de fusil no lejos de mi posada. Fue un corto período, un lapso breve de noche. Al día siguiente me dijeron que había acontecido en una lucha interna entre dos grupos encontrados de la Falange. El hasta entonces jefe del partido, Manuel Hedilla, había sido encarcelado
Posteriormente, va a Burgos.
O sea, que no hay duda de que Ignacio Agustí llegó a Burgos más de un mes después de que apareciese el primer número de DESTINO.
En esa época, lo dirigía José M. ª Fontana, y se tiraban unos mil ejemplares. A partir del n.° 34 pasa a hacerse cargo de la dirección Ignacio Agustí. Lo cambia notablemente, varía el formato, aumenta las páginas —se puede hablar ya de revista— y se amplía el número de colaboradores. A partir del n.° 37 se vincula a DESTINO una persona que jugaría un papel decisivo en su historia: José Vergés. Escribía una página sobre política internacional que, con el tiempo, llegaría a tener gran prestigio. Firmaba con los seudónimos de Fog (niebla en inglés) y Mascaró.
El 30 de enero de 1938, Franco organiza su primer Gobierno (antes era Junta Técnica del Estado). Lo preside él, naturalmente, y nombra ministro del Interior a su cuñado Ramón Serrano Suñer. Después de los sucesos de abril del 37 en Salamanca, Dionisio Ridruejo, un poeta camisa vieja, se había convertido en el hombre de confianza de Serrano Suñer. Este le nombra Director General de Propaganda, cargo que incluye responsabilizarse de las publicaciones falangistas.
Y Ridruejo contrata al equipo de DESTINO. Se adscribe a Xavier de Salas como secretario y procura una mejora sustancial en las condiciones de la publicación de la revista. De ahí que le pusieran a Ignacio Agustí un coche con un chófer-soldado, como él nos ha relatado.
En los locales de la Dirección General de Propaganda, en Burgos, se congregaron los colaboradores de DESTINO ya citados, más otros como Juan Ramón Masoliver, Antonio Tovar, Carlos Sentís, el músico Xavier Montsalvatge, J. de Soler y el pintor Pedro Pruna.
Agustí contrató también, en Burgos y para DESTINO, a Eugenio D’Ors, por consejo de Juan Ramón Masoliver.
Explica Ignacio Agustí que al famoso Xenius, del que tanto había oído hablar de niño «hombre que había sido piedra de escándalo y defenestrado de la Mancomunidad», lo encontró todavía joven, aunque con las sienes plateadas. Agustí pensaba que sería más viejo. Con un uniforme «como de chófer de casa de postín», D’Ors se había alejado de la vertiente nacional-socialista de la Falange[10].
«Me dijo que Juan Ramón Masoliver le había hablado de la conveniencia de incorporarse al equipo de DESTINO. (Juan Ramón no me había dicho nada de eso.) Creía que era el momento oportuno de llevar a término la política de misión que él venía propugnando desde hacía años. Había que aprovechar todos los medios para elevar el tono de la política, para trascendentalizar el momento histórico. Me proponía, de entrada, publicar en DESTINO una conferencia que acababa de dictar no recuerdo con exactitud sobre qué tema.
Aunque no conservo —ni he podido hallar en ninguna parte— ejemplares de la colección de DESTINO de Burgos en que la conferencia fue impresa, me imagino que D’Ors se refería en ella a temas relacionados con la catolicidad y Europa. Los lectores de DESTINO no estaban acostumbra dos a textos de ese estilo, tan trascendentes. Eugenio D’Ors había exigido algunas peculiaridades en la presentación tipográfica del texto, que apareció tres o cuatro semanas: por ejemplo, hizo que la conferencia apareciera en cada entrega alrededor de una fotografía suya, los dedos de su mano cálida sobre su frente de pensador, apoyados levemente en sus cejas, es pesas e hirsutas. También el cuerpo de letra debía ser mayor que el habitual. De hecho, la mitad de cada uno de aquellos números de DESTINO era ocupado por la conferencia de D’Ors»[11].
También contrató Agustí a Castanys. El popular dibujante de Xut y El Be Negre se había refugiado en San Sebastián y, una vez empezada su colaboración en el DESTINO burgalés, la continuó, en la segunda época barcelonesa, hasta su fallecimiento.
Se comprende que, con la plantilla mencionada. DESTINO llegase, aun en plena guerra, a ser una revista bastante digna, de la que se vendían, ya, dos mil ejemplares, no sin pasar serias vicisitudes.
«Las dificultades a nuestro paso fueron constantes —escribe Fontana[12]y de todo tipo: una vez era el jefe provincial de Burgos, que pre tendía refundir DESTINO en el órgano que entonces dirigía Faustino Renedo (...). Otra vez, el administrador nacional intentando incautarse de to do el dinero que nosotros habíamos logrado acumular (...)»
Una vez Barcelona cae en poder de las fuerzas nacionales (26 de enero de 1939), una importante parte del equipo de DESTINO entra tras ellas. Su director sigue siendo Ignacio Agustí.
El DESTINO barcelonés iniciará su andadura el sábado 24 de junio de ese mismo año. Es el n.° 101, con el sub título «Política de unidad». Señala: «2. ª época»; fecha 24 de junio MCMXXXIX (así, en números romanos), Año de la Victoria. Formato: gran folio (540 x 382 mm). Tiene ocho páginas a cinco columnas, impresas en NAGSA, calle Casanova, 212-214, con la redacción en Avenida del Generalísimo[13], 442, bis. Precio: 60 céntimos.
En su primera página, se ven, bajo la cabecera, dos fotografías del Desfile de la Victoria en Madrid, dos editoriales («Bajo el signo de la Victoria» y «Política de Unidad» --explica la redundancia con el subtítulo), un artículo («Hacia José Antonio») de Luys Santa Marina y la siguiente «Breve Historia de DESTINO», en un recuadro:
«Apareció el 7 de marzo de 1937, Primer Año Triunfal[14], en Burgos. Se imprimió en la Imprenta Católica, de Valladolid. Consiguió mejorar sus insuficientes condiciones tipográficas en la Imprenta de FET y de las JONS, de Burgos, a donde se trasladó en octubre, sin abandonar su modestia inicial. Aumentó progresivamente el número de sus páginas; paralelamente —con la afluencia de nuevos refugia dos catalanes— iban aumentando también sus inscripciones-donativos; se llegó al millar. El número total de la tirada en los últimos tiempos era de cuatro mil ejemplares. Los tres mil ejemplares que no correspondían a los suscriptores se repartían, en los distintos frentes, a los voluntarios y soldados de las Banderas y Tercios catalanes del Ejército de Franco; a aquellos mil suscriptores iniciales de la primera época de DESTINO corresponde hoy, en nuestros ficheros, una numeración especial en cifras romanas.
De aquella época heroica queda sólo nuestro afán, renovado cada día con el recuerdo de lo que modestamente lucimos entonces, y con nuevo brío ante lo que nos toca hacer. Salimos a la luz por segunda vez, con una nueva ambición, la que trae consigo nuestra Victoria, que no tendría objeto sin la conservación latente y constante de las virtudes españolas que lo hicieron posible. Sobre este papel, cuyas tonalidades concuerdan con las del pan cotidiano de todos los españoles ganados a la Patria[15], no se hallarán otras consignas que las del servicio permanente de España, a las órdenes del Caudillo, Generalísimo de los Ejércitos.»
En el principio de esta segunda época se ven las firmas (además de los citados Agustí y Santa Marina) de Buenaventura Bassegoda, Félix Ros, Pedro Laín Entralgo, Juan Ramón Masoliver, Diego Victoria, Dionisio Ridruejo, Francisco Casares, Gin, Claudio Colomer, Jaime Vicens Vives, Dr. Martínez Vargas, Martín de Riquer, Fernando Valls Taberner, Miguel Llor, Ramón Garriga, Manuel de Montoliu, Gabino Tesán, José Esteban Vilaró, Carlos Martínez Barbeito, Oriol Montalt, G. M. Selva, José M.ª Junoy, Juan Teixidor, Tomás Garcés, Jaime Ruiz Manent, Josefina de la Maza, Pedro Boye, José M.ª Boix Selva, Bartolomé Soler, J. F. Rafols, Eugenio y Santiago Nadal, Francisco de Cossío, José Pla, Manuel Brunet (y con seudónimo: Romano), Antonio Tovar, Sebastián Juan Arbó, J. M. Perera, Miguel Utrillo, Guillermo Díaz Plaja (firmando con su nombre y con el seudónimo «Sagitario»), etc... e ilustraciones de Ramón de Campmany, Jaime Busquets, Pedro Pruna, Manolo Hugué, Manuel Muntañóla y, alternándose cada semana, un chiste de Junceda o de Castanys.
Como puede observarse, DESTINO ya contaba con una colaboración de lujo.
Para mayor realce, en 1940, Agustí contrata a Azorín y recontrata a Eugenio D’Ors.
Azorín cobraba 200 ptas. por cada artículo, cifra superior a la corriente para los colaboradores de la época. D’Ors regateó con Vergés, pues no se consideraba, ni muchísimo menos, inferior al académico monovarense. Xenius indicó a Vergés que, en realidad, el suyo no se trataba de un solo artículo, sino de un conjunto de seis artículos, aunque comprimidos. Explicaba:
«Cada una de las glosas era un compendio, una síntesis de pensamiento. El esfuerzo creador es, por lo menos, el de cualquier articulista multiplicado por seis. Esto debe tenerse en cuenta a la hora de valorarlos.»
Vergés contestó:
«Para DESTINO lo que cuenta es su dimensión global. Su artículo será para nosotros una sola pieza. Nos da igual que los fragmentos sean cuatro, seis o uno. Lo que vale es la longitud total»[16] —y calculó, sobre un ejemplar, los centímetros que llenaría la glosa de Eugenio D´ Ors, llegando a un acuerdo después de más de una hora de discutir el precio.
Otras firmas que ya vemos en 1940 son las de José M. a de Sagarra, Andrés Revesz, Fernando M. Castiella, Luis Perales, José Ruiz-Fornello, Penella de Silva, Miguel Tormo, Carlos Sentís, Miguel Capdevila, Luis Moure-Mariño, Álvaro Cunqueiro, Juan Antonio de Zunzunegui, Cristal (Antonio del Cerro, hijo), Javier Montsalvatge, Eduardo Aunós, Jacinto Miquelarena, Concha Espina, José M.ª Pemán, Federico de Madrid, Xavier de Salas, Juan Sampelayo, Lorenzo Riber, Ángel Zúñiga, Miguel Dols, etc. (No cito los ya expresados anteriormente: por recién contratados o de la plantilla de 1939; y subrayo los más asiduos.) Ignacio Agustí, José Pla, Romano, Andrés Revesz, Pendía de Silva y uno de los hermanos Nadal publican en cada número.
La revista se compone de: Editorial, El mundo y la política, El conflicto europeo, críticas de libros, exposiciones artísticas y cine; temas diversos de economía, historia, cultura militar, actualidad universal, arte y letras, etc., todo ello profusamente ilustrado. La penúltima página —Retablo—, la dedica a crucigramas, ajedrez, grafología y humor. Hay bastante publicidad.
La redacción de DESTINO se trasladó a la Ronda de San Pedro 7, entl. 1. ª, según consta en el n.° 107 correspondiente al 5 de agosto de 1939.
En 1942, el conde de Godó compró el 50 % de la revista: la operación era rentable para ambas partes, pues a Vergés y Agustí —los dueños de DESTINO— les resultaba muy caro el tiraje en NAGSA más el alquiler del piso para la redacción y, por otra parte, La Vanguardia tenía parada parte de su maquinaria por el escaso cupo de papel que se le había asignado. Y así el n. º 244 se imprime ya en los talleres de La Vanguardia, y la redacción se instala en la sede de ésta, en Pelayo, 28.
En 1942, el inquieto Ignacio Agustí se siente fogosamente monárquico y decide marchar a Suiza para, desde allí, defender la causa de Don Juan de Borbón que habitaba en Lausana. Alfonso XIII ya había fallecido, e incluso antes había abdicado en su hijo don Juan, previas renuncias de sus hijos mayores de Alfonso y don Jaime.
En DESTINO colaboraba Álvaro Ruibal —quien ahora firma diariamente ERO en La Vanguardia—, un fino gallego que había logrado amistades en todas partes. Aunque Ruibal era de ideología republicana —y lo sigue siendo[17]— hizo la guerra como soldado en las tropas franquistas (nacionalista geográfico) y, cuando le convenía, sacaba a relucir sus méritos. No era sólo esto lo que le había conseguido tan amplio círculo de amista des entre personas allegadas al Régimen, sino su amena conversación y amplia cultura.
Ruibal se prestó a acompañar a Agustí a ver a Juan Aparicio a Madrid quien, tras la destitución de Ridruejo y Tovar (por un artículo publicado en Arriba: «El hombre y el currinche»), había sido nombrado Delegado Nacional de Prensa y era el hombre-clave de ésta en la España de entonces.
Aparicio les recibió muy amable mente y, respecto a la petición de Ignacio Agustí de ser enviado a Ginebra, que está a pocos kilómetros de Lausana, en las mismas orillas del Lago Leman, le repuso:
«Por mí no hay inconveniente, pero en mi Delegación no tenemos dinero para eso.»
«No importa —replicó Agustí—, el conde de Godó lo tiene.»
Y de esta forma quedó implícitamente nombrado corresponsal de La Vanguardia en Ginebra.
Fue pura casualidad pero, al poco rato, entraba en el despacho de Aparicio el director de La Vanguardia. Luis de Galinsoga, a quien el primero le dijo:
 «¡Hombre!, acaba de estar aquí tu corresponsal en Ginebra.»
Cosa que al interpelado le hizo muy poca gracia.
De vuelta a Barcelona, Galinsoga le echó la gran filípica a Ignacio, pero éste se las arregló con Godó, y su nombramiento y su viaje a Suiza fueron dos realidades.
Allí, de vez en cuando enviaba alguna crónica a La Vanguardia, visitaba a D. Juan, publicaba un artículo pro restauración en La Gazette de Lausana (20 de enero de 1944) y, lo más importante, escribió Mariona Rebull.
Mientras tanto, como director de DESTINO había quedado Álvaro Ruibal.
Pese a que es, precisamente en esa época, cuando DESTINO se inclina hacia posturas más distantes de la oficial (ser anglófilo, entonces, era sinónimo de antifranquista; España había pasado de «neutral» a «no beligerante» y había enviado al frente a la División Azul), Ruibal no tuvo muchos problemas en su dirección. Recuerda, sí, que el Gobernador Civil Correa Véglison le llamó reticente y le ordenó:
« ¡Tenga la bondad de mirarme a la cara!», porque él bajaba la vista, ante las insensateces que le exponía.
« ¿Qué quiere que haga, si usted no me convence, pero no tengo más remedio que acatar cuanto me dicta?», replicó.
A lo que Correa respondió:
«Sí, claro...»
Ruibal cree que lo peor de Correa era su entorno: una pandilla de gandules, embaucadores e incluso ladrones que actuaban como secretarios del Gobierno Civil.
Los mayores roces con él los tuvo a causa de las Sesiones Destino de cine que, por lo general, presentaban películas norteamericanas, no por sus méritos aliadófilos sino, sencillamente, porque eran las mejores.
Correa le conminó a que ofreciese películas alemanas. Estaba empeñado, especialmente, en una cuyo título era GPU. Hizo que la distribuidora UFA la pasase en privado para el director de DESTINO y su crítico cinematográfico, Ángel Zúñiga, quienes salieron de la sala convencidos de que el filme era un bodrio.
«Le haré todos los artículos anticomunistas que quiera —le dijo Ruibal a Correa—, pero me daría vergüenza exhibir GPU en Sesión Destino.»
Por fin, el 2 de julio de 1942, Zúñiga mostró en sesión de Cine retrospectivo y moderno el filme El hombre de la figura de cera, considerada como una obra magistral del expresionismo alemán. El público provocó un tumulto, al no entenderla.
Se sacaron la espina con el estreno de Rebeca de Alfred Hitchcock, en el cine Coliseum, presentada por DESTINO el 8 de enero de 1943. Esta película batiría todos los récords de recaudación que, desde 1930, tenía El desfile del amor.
Y, también patrocinada por el semanario, el 15 de noviembre de 1943, tuvo lugar la reaparición de Walt Disney tildado de rojo en Barcelona, en los cines Avenida de la Luz y Publi.
Durante su dirección, Ruibal con trató a Julio Coll, como crítico teatral, pues el semanario no tenía cubierto tal empleo en Barcelona y, únicamente, publicaba las críticas que enviaba Antonio Espina —que firmaba B. Ruiz Soto— desde Madrid.
En primavera de 1944, regresa Ignacio Agustí y reasume la dirección. Pero Vergés ya dominaba el mecanismo de funcionamiento de la revista.
La orientación del semanario era, entonces, claramente aliadófila pues, por una parte, el haber entrado Esta dos Unidos en guerra contra Alemania hacía afirmarse más en sus opiniones antinazis a los redactores de DESTINO y, por otra, desde ese mismo punto de vista, las autoridades españolas eran más condescendientes («¿y si ganan los aliados?») con las publicaciones críticas a los antiguos amigos. Tanto es así que España había vuelto a pasar a ser oficialmente neutral (ya olvidada la no-beligerancia) y Franco había retirado del frente la División Azul, desposeyendo de su nacionalidad española a quienes no quisieron regresar, continuando el combate junto a los alemanes.
En este 1944 ocurrirán varios sucesos directamente relacionados con DESTINO.
Santiago Nadal publicó un artículo titulado Verona y Argel en el que aludía al proceso de Verona (por el que fueron ejecutados el conde Ciano y otros) y al fusilamiento de un político de Pétain que se había pasado a la Francia Libre, y De Gaulle, en vez de acogerle, ordenó su muerte. Santiago Nadal decía, en su artículo, que había que terminar con las venganzas y los asesinatos políticos.
Téngase en cuenta que, en esa época (y hasta 1950, por lo menos) eran frecuentes los fusilamientos en España. Un autor tan poco sospechoso de izquierdismo o antifranquismo como el general Ramón Salas Larrazábal da, por un lado[18], la cifra de 26.581, desde 1940 a 1950, entre ejecuciones sobre la población civil por los ejércitos beligerantes españoles y ejecuciones judiciales, y, por otra parte[19], la de 23.000 ejecuciones en la represión, desde el 1 de julio de 1939 al 31 de diciembre de 1961 (las separa de caídos en el maquis, homicidios en las guerrillas, etc.): el 1 de julio de 1939 toda España era ya de Franco.
El artículo estaba tan finamente escrito que había sido aprobado por la censura. Pero el gobernador civil de Barcelona. Antonio Correa Véglison, montó en cólera y ordenó se detuviese a Santiago Nadal, quien ingresó en la cárcel Modelo como preso común.
Álvaro Ruibal que, entre sus múltiples amistades, contaba con la del médico de la cárcel, consiguió que éste le ingresase en la enfermería. José Pla acudió al alcalde de Barcelona (Miguel Mateu) quien intercedió ante Correa, explicándole que Santiago Nadal había combatido con los nacionales y, después de tres semanas de discusiones (Correa quería enviar a Nadal al campo de concentración de Nanclares de Oca), con ocasión del Viernes Santo, se le puso en libertad.
Nadal explicaba: «Fueron unos días terribles, porque entonces estaba agonizando mi hermano Eugenio, cosa que el señor Correa sabía perfectamente, porque se lo dijo Mateu»[20].
Salió de la cárcel con el tiempo justo de ver morir a Eugenio.
Un grupo de falangistas, mientras tanto, asaltó la redacción del semanario, destrozando cuanto encontraron a su paso y haciendo huir a la reducidísima plantilla que se encontraba allí. A quienes no lo sepan, jamás se les ocurrirá quién les capitaneaba —hoy vivo— ni yo pienso expresarlo aquí.
Otro artículo, El justo medio, éste de Agustí, provocó tales amenazas que su autor creyó prudente salir de Barcelona por unos días, recorriendo España en automóvil con un amigo.
La muerte de Eugenio Nadal, que era un apasionado de las letras, dio a Teixidor la idea de bautizar con ese nombre al plan de un concurso literario que Agustí había propuesto. Su convocatoria apareció en DESTINO el verano de ese mismo año.
Así nació el famoso y primero en su género, en España, tras la guerra, Premio Nadal. El 6 de enero de 1945, reunidos en el Restaurante Suizo, de la Rambla de Capuchinos n.°. 31, Ignacio Agustí, Juan Teixidor, José Vergés, Juan Ramón Masoliver y Rafael Vázquez Zamora, como componentes del Jurado de adjudicación del Premio Eugenio Nadal 1944 para novelas inéditas, tras las reglamentarias votaciones, otorgaron el galardón (¡5.000 ptas.!) a la novela Nada de Carmen Laforet, una joven absolutamente desconocida en el campo de las letras y, también, desde luego, a los miembros del jurado. Esta desconocida logró superar las calificaciones obtenidas por César González Ruano, Carlos Martínez Barbeito, José M. ª Álvarez Blanco, Esteban P. de las Heras y las otras veintiuna obras presentadas.
A este jurado se sumó Néstor Luján en 1948 y Sebastián Juan Arbó en 1950. Del Restaurante Suizo pasó al Glacier y de éste al Hotel Oriente. Pese a su ánimo —expresado en DESTINO en enero de 1953— de seguir en las Ramblas, el prestigio social adquirido lo hizo situarse en el Ritz.
El 12 de enero de 1957, DESTINO publica que, en el jurado del Premio Nadal, José M. ª Espinás sustituye a Agustí por dolencia de éste; pero el 11 de enero de 1958 ya publica los nombres de los miembros del jurado —los mismos que el anterior— sin excusa alguna.
La desaparición de Agustí en el jurado del Nadal y, prácticamente, de las páginas de DESTINO, es debida a que Vergés le envió a un viaje por Oriente Próximo. Agustí, tras su abrumador éxito con Mariona Rebull había abandonado ostensiblemente su trabajo en DESTINO, dejando como redactor jefe a Néstor Luján e instalándose en Sitges, desde donde, de vez en cuanto, venía a Barcelona y daba una vuelta por la redacción, quejándose de algo. Por ello, Vergés (que ya le había comprado su participación) le dio vacaciones.
Cuando regresó, su stress le obligó a ingresar en una clínica psiquiátrica, donde escribió Desiderio, lo que atestigua que no estaría tan mal de la cabeza. Agustí acusaba a Vergés de «haberle arrancado de DESTINO»[21].
Hacia esas fechas (1956) la redacción fue trasladada a Tallers, 62-64, 3. °, detrás de La Vanguardia y local también perteneciente a ésta.
Para entonces, ya eran colaboradores habituales (además de los antes citados) nombres de la talla de Néstor Luján, Tristán La Rosa, José M.ª Espinás, Antonio Vilanova, Sebastián Gasch, Cianófilo (Dr. José Espriu, hermano del poeta), Rafael Vázquez Zamora, Joaquín M.ª de Nadal, Joaquín Folch y Torres, Sempronio (Aveli Artís Gener), Miguel Masriera, Carlos Soldevila, Manuel del Arco, Luis de Castresana, Arturo Llopis, Luis Romero, Lorenzo Gomis, Jesús Fernández Santos, Camilo José Cela, Carlos Rojas, Rafael Abella, etc.
En enero de 1957, DESTINO se permite el lujo de que opinen sobre el año recién terminado: Ángel Zúñiga desde Nueva York, Carlos Sentís des de París, Julián Cortés Cabanillas desde Roma, Ramón Garriga Nogués desde Helsinki, Cecilio Benítez de Castro desde Buenos Aires y Tristán La Rosa desde Londres.
Néstor Luján sucede en la dirección a Ignacio Agustí. Imprime a la línea editorial —dentro de la prudencia que las condiciones del Régimen exigían— una orientación más liberal. Prestigiosos intelectuales vinculados al movimiento democrático catalán son contratados para la revista (Francesc de Carreras como secretario de redacción, y también Xavier Roig y Carlos Pérez de Rosas), mientras se reciben artículos de jóvenes escritores de fuera de Cataluña, entre los que destaca Francisco Umbral. El nivel cultural de la publicación va en constante alza y lo mismo sucede con su venta que, de los 20 o 22.000 ejemplares que se expendían, cada semana, en 1954 (27.000 de tirada; ver Anexo) pasa a más de 47.000 (59.000 de tirada) en 1969.
El nuevo director no se limita sola mente a su tarea sino que, además, viaja con frecuencia a lugares exóticos y sus bellas notas tienen gran aceptación por parte de los lectores.
Pero el creciente prestigio de DESTINO va aparejado a los constantes problemas con la censura: tuvo quince expedientes y sufrió dos meses de suspensión.
Luján, hombre de una cultura enciclopédica, y que escribe sobre todo lo habido y por haber, crea los números monográficos, con un doble objetivo: engrandecer la revista, al propio tiempo que evitar roces con la censura, ya que eran políticamente asépticos. El primero (en 1964) fue sobre la Guerra Mundial de 1914 1918, y el segundo sobre Shakespeare. Así, sucesivamente, lanzó temas históricos, artísticos e incluso gastronómicos.
El 1° de abril de 1969, el Tribunal Supremo confirma la sentencia condenando a Néstor Luján a ocho meses de prisión menor y multa de 10.000 pesetas por haber publicado una carta sobre el problema de la lengua catalana que fue considerada como propaganda ilegal. Y el 15 de junio de ese mismo arto, el Tribunal Supremo confirma la resolución del Ministerio de Información y Turismo contra Lujan que ha cesado como director de DESTINO en diciembre de 1967.
Accede a la dirección de DESTINO, meramente como firma con carnet de periodista —que era obligatorio— el músico Javier de Montsalvatge, quien ocupa este cargo transitoriamente. De todas formas, este nombramiento es más formal que real, pues la dirección es Vergés —aconsejado por Luján— quien la ejerce.
DESTINO continuaba haciéndose con muy poca plantilla: los colaboradores eran excelentes y cobraban poco —como era norma en aquella época— y, por consiguiente, la empresa era ampliamente rentable.
En 1952, Agustí había vendido su parte a Vergés, por lo que DESTINO había quedado al 50 % entre este último y el conde de Godó.
En 1972 —cuando cesó Fraga en el Ministerio—, es rehabilitado jurídica mente como director de DESTINO Néstor Luján, pero éste, para no des lustrar la imagen de su compañero Montsalvatge, acepta figurar como director-adjunto.
Más tarde, ostentará la dirección José Carlos Clemente, periodista vinculado al carlismo.
En 1974, DESTINO se vende a un grupo cuya cabeza visible es Jordi Pujol, el brillante banquero de Catalana. Se sabe que el precio fue muy alto. El diario El País lo cifró en cincuenta millones, y no ha sido desmentido públicamente.
Pero la idea de Jordi Pujol de hacer catalanismo en castellano, cuando ya salían revistas en catalán, no tuvo gran éxito, pese al gran aporte de su grupo.
DESTINO había estado ganando dinero, desde que salió en Barcelona por primera vez hasta que se vendió a Pujol.
En enero de 1975, la plantilla fija de DESTINO estaba integrada por Luján, Vergés, Montsalvatge, Carlos Pérez de Rozas, dos compaginadores y una empleada de archivo.
En ese mismo año, surgen graves conflictos entre los periodistas que hacían la revista y sus nuevos propietarios (matiz ligeramente izquierdista de los primeros, que choca con el nacionalismo catalán conservador de los segundos). A ello se añade mutua desconfianza y escaso entendimiento entre ambos grupos.
Así, en abril, la empresa despidió a Carlos Pérez de Rozas, lo que motivó que, por solidaridad, se fuese también Montsalvatge (Luján ya había dimitido antes.) Manuel Jiménez de Parga, que era colaborador y el abogado laboralista de DESTINO, tras renunciar de su cargo en la empresa, se convirtió en el defensor de Pérez de Rozas.
El despacho que dejaba Luján fue ocupado por Baltasar Porcel, quien se convirtió en el hombre clave de DESTINO, a pesar de que nunca fue de signado oficialmente director. Pese a la categoría intelectual de Porcel y a sus esfuerzos, ña revista decayó verticalmente en prestigio y ventas. En 1977 se nombró director a Josep Pernau, quien se mantuvo durante un año. Pero en 1978, Pujol y sus asociados decidieron desprenderse de una empresa que les estaba dando escasos beneficios tanto económicos como políticos. DESTINO se vendió a El Noticiero Universal (Editorial Mencheta).
El 1° de abril de 1978 apareció DESTINO (N. º 2.112) bajo la dirección de Jordi Doménech. A pesar de la notoria competencia profesional de este periodista, y aunque trató de imprimir a la revista un mayor dinamismo, DESTINO languideció y su último número (el 2.230) se fechó en la semana del 2 al 8 de julio de 1980: 48 páginas, color, precio: 75 ptas.
Como dice Sergio Vilar en el libro con cuya cita hemos empezado esta Historia de DESTINO: «Paradójicamente, todas las publicaciones, menos dos, que defendieron y adoptaron las posiciones democráticas bajo la dictadura, al llegar la democracia tuvieron graves problemas financieros que las obligaron a desaparecer»[22].
DESTINO fue, hasta hoy, una de éstas.
J. L. VILA-SAN-JUAN
Destino. Tercera etapa. Nª 1. 29 de marzo 3 de abril de 1985, pp. 85-94.


[1] Pág. 420 (Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 1984).
[2] Barcelonés de gran cultura que, más tarde, llegarla a ser director del Museo del Prado.
[3] Fontana, José M. ª: Los catalanes en la guerra de España, pág. 304 (Edit. Samarán, Madrid, 1951).
[4] José Ribas Seba era el jefe de la Territorial de FN de las JONS de Cataluña. Más tarde fue Teniente de Alcalde de Barcelona.
[5] Mariano Calviño de Sabucedo y Gras, hombre habilísimo en el savoir faire (como le define Ignacio Agustí) llegó a ser Consejero Nacional del Movimiento y Procurador en Cortes por designación directa del Jefe del Estado, varios cargos más (falangistas) y presidente y consejero de innumerables-empresas comerciales y bancarias.
[6] Sic el interrogante. Era la Imprenta Católica.
[7] L'lnstant era un diario de la noche, de Barcelona, muy unido a Radio Associació de Catalunya. Ignacio Agustí lo dirigió desde el 1. ° de enero de 1935 hasta julio del 36.
[8] Fontana, J. Mª: Óp. cit. págs. 304-305.
[9] Agustí, Ignacio: Ganas de hablar, pág. 325 (Edit. Planeta. Barcelona, 1974).
[10] Agustí, Ignacio: Óp. cit. págs. 41 y 42.
[11] Ídem, pág. 42.
[12] Fontana, J. M. ª: Óp. cit. pág. 319.
[13] Actualmente, otra vez, Diagonal.
[14] Lo del «Año triunfal» era retórica del momento; pero respecto al día está equivocado: el primer número de Burgos apareció el 6 de marzo de 1937, sábado, igual que lo es ese 24 de junio de 1939 en que renace en Barcelona.
[15] Amarillento; el pan era de maíz.
[16] Agustí, Ignacio: Óp. cit. pág. 44.
[17] «Aunque hay que reconocer que ése (refiriéndose el rey Juan Carlos I) no lo hace mal», me dijo.
[18] En La Historia del Franquismo, pág. 31 (Diario-16. Madrid, fascículos colección aún no terminada).
[19] Salas Larrazábal, Ramón: Pérdidas de la guerra, pág. 428 (Ed. Planeta. Barcelona, 1977).
[20] Vilar, Sergio: La oposición a la Dictadura, pág. 525 (Edit. Aymá. Barcelona, 1976).
[21] Agustí, I: Óp. cit. pág. 402.
[22] Vilar, Sergio: Historia del antifranquismo, pág. 445 (Plaza & Janés. Barcelona, 1984).

lunes, 20 de marzo de 2017

Documentos traspapelados: Martín de Riquer en la Guerra de España. Testimonio del medievalista de su paso por el "Tercio de Montserrat" (Destino, 22/07/1939) y artículo de Félix Ros (Destino, 24/06/1939).


EL TERCIO DE MONTSERRAT
Los defensores de Villalba

ANIVERSARIO DE VILLALBA. — El domingo pasado, en San Feliu de Llobregat, el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, destinado yo a Cataluña, asistía a una Misa de campaña. Yo, detrás de la formación, recordaba con honda nostalgia tantas otras Misas de campaña a las que asistí confundido en aquellas mismas apretadas filas, y hasta dos veces de gastador, "sin mover ni un solo músculo de la cara", a pesar de las moscas y de los piojillos. Es ya muy pequeño el Tercio de Montserrat, pequeño por el número de los requetés que hoy lo integran — unos 500 —, no por lo que ha luchado y vencido. Habíamos llegado a ser cerca de 900, los días alegres de nuestro descanso en Riaza; después comenzaron las bajas, primero en el Ebro, últimamente en Extremadura. En total son unos 300 los requetés de Montserrat que han caído; otros muchos nos fuimos a cursillos — un 75 por 100 de la Unidad tenía condiciones para ser oficial, y de ella hemos salido unos ciento en diferentes Academias—; luego, últimamente, han venido los licenciamientos. No obstante el Tercio conserva su carácter inconfundible: la misma alegría, la misma cordialidad entre oficiales y requetés, y todavía quedan muchas boinas rojas que ya son casi blancas, desteñidas por el sol de los parapetos de Aragón, de Guadalajara, de las marchas de Extremadura, de la batalla del Ebro... A fines de este mes hará un año de la primera batalla de Villalba. Fuimos de los primeros en llegar para detener el avance rojo por tierras de Tarragona, y lo detuvimos, y los primeros también en reflejarnos en las aguas del Ebro. Allí cayeron los mejores; y no digo que fueron los mejores por el hecho de morir; los que cayeron — os lo confirmará cualquier requeté de Montserrat — eran ya los mejores en vida, y ni uno sólo de nosotros las olvidará nunca. La más pura sangre de la flor de Cataluña se derramó en las viñas de Villalba, entre aquellos racimos de uva que apagaron tantas veces nuestra terrible sed de la batalla; 300 son los muertos de Montserrat, los heridos son incontables; sin duda todos los que en este Tercio hemos formado hemos caído heridos por lo menos una vez.
No hay duda que el Ebro fue la acción más brillante de Montserrat, y concretamente las dos batallas de Villalba — 30 de julio y 19 de agosto de 1938 —. La mejor en eficacia militar y en espíritu. Nunca, como en aquellos días, he oído las palabras "deber", "honor", "Patria", pronunciados con mayor seriedad y con el auténtico sentido; y los frases como: "—¿Tienes miedo? —Yo sólo temo a Dios", o "— ¿Estás preparado?—Si; no tengo nada que temer". Os aseguro que eran dichas con un convencimiento firme y decidido. Y, a pesar de todo, el buen humor no se perdió por nada; se cantaba en las trincheras que casi rozaban al enemigo, respondiendo a sus morterazos o a sus ráfagas, y se hacía broma. Hubo casos chocantes, como el de un camillero, que causó justificado asombro en todos nosotros, porque en los días rudos no dejó de trabajar ni un solo segundo trasladando heridos a los puestos de socorro del pueblo, desarrollando una actividad equiparable a la de cuatro hombres que se relevaran y descansaron; este requeté hubo un momento, cuando regresaba do llevar a un camarada con la pierna partida, que se paró en el trecho más batido de la carretera de Villalba a Gandesa, donde más habían muerto, se sentó en el suelo y con uno calma inverosímil se sacó del bolsillo aguja e hilo, se quitó los pantalones y se zurció un desgarrón, en calzoncillos, mientras el enemigo, que le veía perfectamente, se dedicaba a bordar su silueta a bolazos, sin acertarle ni una vez. Pues bien, el tal camillero, cuando pasaron los días más rudos, se cansó de la batalla y se marchó hacia retaguardia y se alquiló en una masía para arrancar patatas u otra labor agrícola por el estilo.
LA SECCION DE CHOQUE. — Imaginaos una bandera negra, con una calavera y las aspas de Borgoña en forma de tibias; ésta era la bandera de la sección de choque del Tercio de Montserrat, que mandó el excelente caballero alférez Miguel Regás, muerto al frente de sus requetés, que murieron todos o su vez, menos dos que quedaron heridos. Esta bandera fue confeccionada por las chicas de Muñana, pueblecillo de Ávila, a las que no hago preceder ningún adjetivo por galantería. Allí se formó la citada Sección; cualquiera que no nos conociese hubiera dicho que ingresar en esta Sección era una fuente de prebendas o de enchufes, porque todo el Tercio lo solicitó. Ellos tenían que romper por los sectores más peligrosos y acudir a los sitios de más peligro; llevaban una dotación extraordinaria de bombas de mano y fusiles con escape de gases para balas antitanque, y además un emblema característico. Se vio que se trataba de una Sección de hidalgos cuando, después de la primera batalla de Villalba, siguiendo el ejemplo de su alférez, todos se quitaron el emblema porque — decían ellos — no podían presumir de ser de choque estando en una Unidad donde todo el mundo lo era y todo el mundo se batía con la misma valentía. Después de la segunda batalla de Villalba, en el lugar donde había perecido toda la sección encontré medio enterrada, deshecha y rota en mil girones aquella famosa bandera que sólo cayó al suelo cuando ya no hubo brazos vivos para enarbolarla. ¡Y qué orgullo el nuestro! Mientras la bandera de nuestro Sección de choque apareció, después de la lucha, convertida en un harapo, todos los banderines republicanos que el Tercio cogió al enemigo estaban nuevos y coloridos, sin uno mancha ni una gota de sangre: no habían sido defendidos con hombría, como hacían nuestros soldados.
LOS DESCANSOS. —En vida de compaña descansos significa lo siguiente: levantarse e prisa y corriendo a las seis de la moñona, asearse y vestirse bien y limpio "porque estamos descansando y no en el frente". Un cuarto de hora después a hacer cola para el chocolate del desayuno y a las ocho a instrucción práctica, pero como ya no somos quintos nada de marcar el paso y hacer variaciones, sino arrastrarse por el suelo con las cartucheras llenas, la cuña directa, la cuña inversa y tomar el cementerio del pueblo como todos los días; a las once y media. Fagina, a comer y libertad hasta las dos, hora en que empieza la instrucción teórica, modo de usar la careta anti-gas, piezas que contiene el fusil ametrallador, cómo se vendo a un herido o se desmonta una Loffitte, manera de saludar la bandera y obligaciones del imaginaria hasta las cuatro; a los cinco, instrucción práctica hasta las siete, hora en que se cena; después rosario, retreta y todo el mundo al cuartel hasta el toque de silencio, en que hay que dormir. A esto se le llama descansar; en cambio, a pasarse todo el santo día entre las montas de la chabola, fumando y charlando, con sólo cuatro horas de guardia, se le llama estar en línea. A pesar de ello, el Tercio de Montserrat se divertía y organizaba fiestas. Nunca olvidaremos, por años que vivamos, la estatua de Juan Pablo Bonet, perínclito hijo de Torres de Berrellen, autor del primer tratado sobra el arte de enseñar a hablar a los sordomudos, a cuyo pie tenían lugar los formidables manteos de los requetés que cometían quintadas y el de uno que marchó del Tercio para enchufarse y esperar que nosotros le ganáramos la guerra. El nombre Juan Pablo Bonet, repetido de uno manera machacona, se convirtió en una especie de grito de guerra. En Riaza, cuando "descansábamos" de nuestra estancia en el frente de Guadalajara, se organizaron festejos magníficos por los días de la toma de Castellón. Bailes, habilidades, masas corales, una especie de banda que soplaba mucho, "Xiquets de Valls" y juegos malabares a cargo del requeté Héctor Feliu, ex artista de circo, que dejaba maravillado a todo el mundo. En San Esteban de los Patos (Ávila), cuando nos preparábamos paro la ofensiva de Cataluña, hubo también uno fiesta en la que hasta se recitaron versos, se cantó mucho y se bailaron sardanas en medio de la meseta castellana, bajo el cielo purísimo de Santa Teresa.
LOS CORNETAS. —Ningún requeté de Montserrat dejará de acordarse en toda su vida del Cabo Cornetos, últimamente Sargento, Agustín Suñer. Yo, después que salí del Tercio, he recorrido muchos batallones y he conocido muchas Unidades, pero nunca he encontrado ningún corneta, no que superase, sino tan sólo que igualase a Suñer. Hace cantar a la trompeta con un sonido no igualado por nadie y con tal fuerza que en Guadalajara, que el frente estaba muy alejado, hasta los rojos oían sus toques de Diana u oración. Además sabia toques para todo, tanto para llamar al cabo de la tercera escuadra del segundo pelotón de la primera sección de la cuarta compañía, como para avisar al Oficial médico que tenía que ir a comer. Sabía numerosas dianas; las más bellas las empleaba los días en que el parte oficial de la noche anterior había constatado más victorias que de costumbre. Por otra parte es un hombre maravilloso; su vida no tiene nada que envidiar a las de Guzmán de Alfarache o Gil Blas. En invierno, al lado del hogar de la chabola nos explicaba sus aventuras, con un estilo directo y colorido, que nunca nos llegaba la hora de dormir. Otro corneta famoso es Héctor, del que ya he hablado. Realizaba el milagro de llevar los zapatos lustrosos en pleno lluvioso invierno por las fangosas calles de Torres, mientras tocaba Silencio envuelto en un capote impecable. La lástima es que muy a menudo se le perdía la trompeta provocando la ira inenarrable del Cabo Suñer. El domingo, cuando estaba con los requetés en San Feliu, oí de repente un toque de trompeta violentamente agudo y destemplado, con altos y bajos raros, en seguida dije: "Este es el Feto"; y realmente así era. Nunca corneta alguno se ha cargado con broncas más imponentes y siseos de sus camaradas; él siempre contestaba con una simpática sonrisa de oreja a oreja hasta que se hartó y pidió ingresar en la Sección de Choque, sin duda por ver si le mataban de una vez y se acababan los escándalos; pero evidentemente su destino es ensordecer con la trompeta, pues ha resultado ser uno de los dos únicos supervivientes de lo primera plantilla de aquella sección y ahora vuelve o estar en la banda. En ella, y nada menos que de director, está el Peque, muchacho de Torres de Berrellén, que cuando abandonamos aquel pueblo, de tan dulces recuerdos, sobre todo para algún corneta, se vino con nosotros, pasó mucho tiempo de fusilero, hasta que entró de discípulo de Suñer y llevo camino de ser digno de tan buen maestro.
MARTÍN DE RIQUER.
Destino. Política de unidad. Nº 105. 22 de julio de 1939. p 3.

***

Pérdida de la mano amiga

"Suspéndanse los brazos, y retira cada cual el furor...
Lope. "Fiestas de Denia".


¡Con qué ilusión habíamos entrado en aquel Madrid tronchado y lleno de desmontes! Era el Madrid de los primeros momentos para España; hubo que adelinear nuestra misión en forma inverosímil. El cansancio, la atrofia resultan a los veces hábiles y expeditivos como no sería posible imaginar. Una mañana, entre dos problemas, me tropecé por un pasillo al alférez delgado, moreno, narigudo y nervioso que desde hacía un mes encontraba en todas las ciudades y en todos los momentos.

— ¿Qué sabes de Martín de Riquer?
— Pues sigue en Valencia, en el hospital.
— ¿Cómo en el hospital?
— Sí. ¿No lo sabías? Le han cortado un brazo.
— ¡Que le han cortado...!
Soy un poco dramómono y mejor amigo. A los pocos días, estaba hasta la mitra de los conflictos de Madrid y determiné escaparme por Valencia para darle un abrazo —- y él a mí medio — a Riquer. Hicimos una ruta de guerra, como se acostumbraba hasta hace muy poco, completamente imprevista. Llegamos a Valencia de madrugada. A la mañana, pregunté en la Radio a los de la Compañía de Propaganda, me dieron varias pistas y cerca del mediodía entraba yo en el Hospital de la Facultad de Medicina. Mi herido no estaba en fichas, pero le conocían por todos los pisos como el más charlatán. Se quedó de piedra cuando me vio aparecer dando voces por la puerta de aquello sola tan grande.
Cuando Martín entró en Valencia con su camión altavoz, Luys Santa Marina acababa de apoderarse de la ciudad, las tropas del Generalísimo no habían entrado aún y estaban las calles llenas de coroneles y carabineros del ejército rojo. Todos se cuadraban ante aquella sahariana azul arañada de flechas rojas, ante aquel gesto duro de impulso hecho carne. El camión se dirigió al Gobierno Civil. Santa Marina acababa de abandonarlo momentáneamente y Riquer recibió orden telefónica de continuar hacia Alicante. La carretera estaba frisada de controles rojos; tierras sin liberar adelante, hacia los crispadas palmeras alicantinas, a través de la carretera de la Marina, tan suave, llena de luz, amojonada de casitas mordidas de "riu-raus" y "torres de foc" de legendaria traza. Cada control es una impertinencia más, salvada con la naturalidad de esos hombres ilusionados -que quieren llegar antes que nadie a la tumba de José Antonio. El rencor embrutecido y estúpido acechará a la entrada de un pueblo, maldito cien veces; allí, unos naranjeros llenos de moho (con el caño helado de arma cobarde que se esconde en graneros y no se descuelga más que como arrancamos una fruta del árbol, definitivamente, para la hora cárdena de la venganza) han de lanzar sus inconscientes escupitajos de plomo contra la carne caliente de los soldados españoles. Los asesinos huyen; quedan dos muertos y cuatro heridos, entre éstos los dos oficiales. En el hospital rojo a que los conducen, Martín reclama a gritos su sala de oficiales; al final, han de inventarla para ellos dos. Durante las días que tardan aún en presentarse las fuerzas liberadoras, dos convalecientes de nuestro ejército montan guardia perpetua, bayoneta al brazo, al pie de aquellas camas, y un sargento, que empieza a poder arrostrar su pierna herida, da cada noche el parte a esos jefes por la gracia de Dios. Tres días de operaciones dolorosas: médicos y enfermeras están asustados del valor ancho y caudaloso de aquel hombre lleno de fiebre. "¿Pero, por qué no gritas?" "Los falangistas no gritamos." Viene una gangrena. El brazo derecho cae, como desmontado, y en el molde que vació él sobre la blanda atmósfera, viértase el escultórico invisible brazo del dolor. Es un dolor que aprieta, que estira escalofriantemente de las puntas hiperbólicas de las venas, de los nervios, de las articulaciones; los pulsa como cuerdas de guitarra, atornillando más y más las supuestas llaves. Es la sensación de que le duele a uno un dedo determinado, uno fracción pequeña de músculo. Sobrevive la presencia misteriosa de lo que fue nuestro, en su única manifestación actual del dolor; y podemos, así, experimentar la sensación de que nuestra otra mano cruce el brazo sufriente sin encontrarle, sin acariciar ni calmar su desamparo, que no tiene remedio; manoteando vanamente al aire, para enredarse los dedos en esos hilos a través de los cuales el dolor emite sus prerrogativas...
¡Buen Martin de Riquer, lleno de ánimo esforzado! ¿Recuerdas nuestros viejos tiempos de discusión; entonces, que todavía era posible elucubrar sobre tantas cosas? Nuestros discrepancias revestían un matiz curiosísimo, porque en los momentos en que los trallazos de la bandera de JONS disipaban en nuestro flojo cielo levantino los últimos humos de liberalismo que barcos de todos los países habían echado a volar sobre nuestro puerto común, andabas pensando en tu Cataluña agreste y foránea, sumergido por los procelosos documentos de Llull y del "Recognoverunt Proceres". ¡Cuántas veces habías dicho que si tú te sintieses español serías falangista! Cuando te presentaron o Luys, dijiste: "He aquí a un hombre que tiene toda la razón." Y habías estado peleándote con él hasta las cinco de la mañana. ¿Recuerdas nuestros crepúsculos primaverales en el jardín del Ateneo, tan característico de nuestra Barcelona de litografía, donde, ante tantos amigos divertidos extrañamente con nuestra ira bipartita hemos defendido siempre las dos puntas más separadas de la misma cuerda de violín? Y aquellos amigos... ¿Te das cuenta, Martín, de que nos hemos quedado casi solos? Muchos estuvieron contigo, en el 'Tercio de Nuestra Señora de Montserrat"; otros fueron fusilados, como Servicio de Información y Milicias de Franco en zona roja. Repasa mentalmente y verás cuántos nos faltan; y que, cuando en adelante nos sentemos junto al surtidor del viejo jardín, vamos a sostener la conversación a solas y por lo bajo; y que, además, Martín, no vamos a discutir ya, sino a estar muy de acuerdo, irremediablemente de acuerdo en todo.
¡Qué cambios! Te presentaste en San Sebastián, a decirles que no querías más que un fusil para marchar al frente. Había por allí chicas de mucho jeme, pero a ti todo aquello no te importaba. Te importabas tú, que eras una verdadera importación en España, y era ésta lo que querías conquistar en ti, a través de tu nueva persona. Luego vinieron aquellos meses duros, color ceniza, ásperos como una manta sobre la que el fango seco fuese cuchillas como grandes hojas de tabaco puestas a secar. Es el paso lento de los botas que duelen, a través de los campos de posición, a través de la vena que cada trinchera fue para vosotros, según circulasteis por su cuna como sangre hirviendo; es la suciedad densa y sin ninguna esperanza; la suciedad que embrutece y borra todos los objetivos finales y el móvil por el que los que sabíais griego estabais allí. Del lado de acá, al alcance de vuestras tormentarias, quedábamos otros compañeros de armas, dando pasos desesperados bajo un cielo plúmbeo de meses y meses, por el mapa sin mares de cuatro metros cuadrados de celda, esperando un piquete que no llegó. Tú te peinabas con rápidos peines de balas; adormecías a los acordes de una "Heroica" orquestada por veinte profesores del 7'5; tu jardín florecía sólo con brazos de aquellos que convirtieron su anatomía en un simple sistema de raíces bajo la tierra removida... Y el tuyo, el derecho, Martín; el que abanderaba aquella mano que escribió las dudas tremendas contra la Patria por la que ahora te estabas jugando todo el cuerpo, ha sido extinguido al final. Como si hubieras de purificarte y durante tanto tiempo te hubiese sido conservado sólo para su servicio. Hoy, que ya España no necesita de él, cábete la merced de haberlo perdido, perdido como expresión de tantas cosas lejanas que tu brazo liberoloide representó. Liberal, liberado.
¡Cuántas veces he pensado el mal negocio de aquel que muriese por el último disparo de esta guerra — de tan cruel exterminio! Realmente, la suerte de ese rezagado no parecía haber de ser envidiable. Y el último disparo no ha sido de muerte; ha sido tan sabio que muere sólo aquello que, para purificación de un hombre excepcional, había de morir. Tú, Martín de Riquer, gran escritor y gran amigo, no vas a ofrecer a nuestra cordialidad más que la mano izquierda. Con ella encenderás de hoy en adelante tus complicadas y eternas pipas; ella empuñará el gran azor negro de tu paraguas de poeta; ella inscribirá tu espíritu en las cuartillas desordenadas. Dios, con la pérdida de tu mano, de tu brazo, te ha concedido la pacificación. Su voluntad te ha desarmado, y es preciso que te sientas desarmado ante ello. ¡Con qué noble espíritu, con qué adicta serenidad ha acogido tu madre la pérdida! Pérdida, pero no extravío; porque la Patria sólo ha necesitado una parte de ti y tu madre había hecho ya la donación total y sin esperanzas. Martín: tú parecías un chico solo, tan niño y tan improvisado. Tu espíritu de aventura y tu simpatía generosa y exaltada hacían suponer siempre que circulabas hecho un robinsón por el mundo. Éramos muy pocos los que sabíamos que tras de ti quedaba lo vigilancia comprensiva de una madre, escrutándote perpetuamente por los más lejanos horizontes. Lo que yo no supuse es que tu madre fuese como es: tan parecida a ti, alta, delgada y dulce; y dispuesta a emprender el camino doloroso que la lleve hacia ti. Tu madre va en tu busca, ahora, llevándote tu paraguas irónico, porque él —; disimuladamente, tras su tela desteñida — prolongará tu único brazo de caballero único. Llegará sonriendo y tan sencilla como tú. Martín: ella ha pensado muchos días y noches en cómo ser tu brazo derecho en adelante. Al cabo, ha tropezado con el olor misterioso de algo irremediable. Ella lo acollaba todo; pero es que de repente se le ha ocurrido una de esas cosas que sólo piensan las madres. Es conmovedora: 'Mi hijo no podrá tomar nunca más un tranvía en marcha.' Martín, amigo, ella ha pensado eso con gran insistencia.
FELIX ROS
Destino. Política de unidad., nº 101, 24 de junio de 1939, p. 3

"Tercera centuria catalana". Ignacio Agustí, J. M. Fontana, R. Roses, A. Figueras
y Rosendo Riera leyendo uno de los primeros números de "Destino".
Julio de 1937. El Cabezón.