sábado, 7 de diciembre de 2013

Otra entrevista a Cristóbal Serra. (Pòrtula, nº 227, agosto de 2000.)



Hará una semana, jugando con el buscador, encontré una entrevista con Cristóbal Serra realizada por dos escritores mallorquines -Maria I. Deyà y Antoni Roca- para una modesta revista local de Marrachí (o Marratxí), Pòrtula, en el año 2000. De gran interés, he considerado conveniente traducirla para facilitar así su difusión. Se ha intentando respetar, en la medida de lo posible, los giros y usos, enormemente ricos, que del idioma original (el mallorquín) da Serra. Que la disfruten.

CRISTÓBAL SERRA,
SURREALISTA Y ESPIRITUAL


Cristóbal Serra Simó (Palma, 1922) destaca como escritor y traductor en lengua española. Licenciado en derecho (1946) por la Universidad de Madrid y en filosofía y letras (1963 ) por la de Valencia, es autor de una abundante producción literaria iniciada con "Péndulo" (1957) y "Viaje a Cotiledonia" (1965), y continuada con "Retorno a Cotiledonia" (1973), "Péndulo y otros papeles" (1975), "Diario de Signos " (1980), "Con un solo ojo" (1986), "La noche oscura de Jonás" (1984), "La soledad esencial" (1987), "Augurio Hipocampo" (1994) o "Nótulas" (1999). Ha traducido al español obras de William Blake, Lao- Tsé, Edward Lear, Herman Melville, Henri Michaux y Jonathan Swift. Interesado por la cultura de los signos proféticos, ha escrito "Guía para el lector del Apocalipsis" (1980) y "Visiones de Catalina de Dülmen" (2000). De carácter autobiográfico, ha publicado "Las líneas de mi vida" (2000).

El domicilio de Cristóbal Serra está lleno de libros, incluso los hay sobre la mesita alrededor de la cual nos hemos sentado para hacer la entrevista. La tarde es calurosa, sofocante, y el sol de poniente quiere entrar por las ventanas atravesando las persianas. El ventilador resulta insuficiente para proporcionarnos un poco del aire que necesitamos para combatir el calor.

¿Qué le parece si comenzamos hablando de "Viaje a Cotiledonia"?  Es una obra sin duda interesante aunque quizá salió en un momento histórico y cultural -los años sesenta- no demasiado propicio para este tipo de literatura.

"Viaje a Cotiledonia" es un viaje quimérico, imaginario, como lo son también "El Quijote" o "La Odisea".

¿Y qué quería decir con este viaje quimérico?

Lo que quería hacer era un informe sobre los hombres, sobre la humanidad que me rodeaba, pero al mismo tiempo lo quería hacer mediante una cierta deformación. En aquellos momentos tenía muchas ganas de inventar palabras y quería tener la experiencia de dar sentido a las palabras que creaba, por ejemplo "bilibú", que querría decir "bu la bilis", a la amargura, y eso me daba pie para crear personajes alegres y desenvueltos. Así fui generando los personajes que aparecen en Cotiledonia. Pienso que la experiencia insular me sirvió bastante, pero no es un viaje real por la isla. Tenía muy arraigado el absurdo y por otra parte creo que los mallorquines tenemos un poco de inclinación al absurdo.

Sin ir más lejos, creo que dentro de las mismos cuentos populares mallorquines [rondalles] hay mucho de absurdo. ¿Está hoy vigente Cotiledonia?

No sé, lo que pasa es que en ella se pone un poco en solfa esta civilización que nos hemos dado, una civilización donde las personas actúan de acuerdo a unas determinadas reglas, se someten a ellas, se dejan llevar mucho por el instinto y están dominadas y gobernadas por la materia y el dinero [doblers].

Allí viven los"dobeïtes", palabra que deriva de dinero [doblers]. ¿Da una gran importancia a las palabras?

Sí, en otras épocas creaba palabras y de las palabras salía la historia: los "onirites", que eran los más soñadores, los "oneraris", que eran aquellos que llevaban sobre los hombros la carga de trabajo...

¿Y del dinero?

La nuestra es una civilización onerosa. De hecho tenemos la palabra dinero que es muy significativa. Creo que tanto en italiano como en mallorquín tenemos palabras muy dadaístas, palabras como doi (disparate) o doblers (dinero), con mucho significado, palabras que cuando se pronuncian de forma repetida parecen originar un estado de obsesión, como si fueran divinidades: dinero, dinero, dinero [doblers, doblers, doblers]... Esa es una palabra que tiene mucha fuerza.

¿No siente que su obra está muy influenciada por los surrealistas franceses, aunque su formación sea aparentemente anglosajona?

Eso dicen de mí, aunque no acabo de verlo claro. Antes de la guerra ya empecé a perfeccionar el francés, para luego pasar al inglés y al italiano.

Entonces, ¿cuáles piensa que son sus influencias?

Los ingleses siempre han sido muy inclinados a los viajes imaginarios, pero siempre he creído que lo que más me ha influido ha sido una palabra: “albaricoque” [albercoc]. Tenía un tío que era boticario y como a mí las matemáticas y la geometría no se me daban nada bien, siempre me decía que era un "cotiledón", que era como decirme albaricoque. La primera edición de "Viaje a Cotiledonia" estaba dedicada a los habitantes del albaricoque terrestre.

¿Se considera un escritor o un filósofo?

Empecé por leer mucha filosofía, pero abandoné esta enfermedad [afecció], porque cada vez más me daba cuenta de que la filosofía, en general casi toda ella, tenía una marcada tendencia a lo racional, y yo necesitaba más lo irracional. Por lo tanto, la literatura me resultaba una forma de expresión que me iba mejor, y de esta manera acudía a la imagen del lenguaje analógico, a la asociación de palabras y a jugar con ellas, y todo esto me aleja progresivamente de la filosofía, excepto de la oriental, de la que nunca me he alejado.

¿Y en cuanto a la escritura?

La filosofía en el fondo es sabiduría, pero a mí me daba la impresión de que me ponía en el potro de tortura y a mí lo que me interesaba era la evasión. Por ello tiendo a la expresión aforística, a una expresión condensada que se encuentra en la filosofía oriental y también en la tradición mediterránea más antigua.

¿Qué le atrae de la filosofía oriental?

Las filosofías orientales son un poco revolucionarias porque no se adaptan a nuestra forma de ver la vida, la de los occidentales, que se convierte [esdevé] en utilitarista y dirigida a la acción, al trabajo, mientras que la oriental es una filosofía de la inacción, de la contemplación y, claro, esto hace que algunos valores queden muy alterados. Entonces, por ejemplo, importan la filosofía china, por poner un ejemplo, la convierten en una filosofía revolucionaria. En "El péndulo" dije que la filosofía occidental consistía en masticarse con los propios dientes.

¿Con qué filosofía oriental se siente más identificado?

En especial con la filosofía oriental china. Considero que el misticismo debe estar combinado con el humor, y que la filosofía oriental china responde a esta característica.

Y con pensamiento filosófico oriental, ¿cómo se vive en una cultura occidental?

Mantengo una actitud crítica, pero que no trasciende, porque si uno no está llamado a la acción y, por añadidura, no le da importancia, no se convierte en un perturbador de nada. Ahora bien, interiormente se puede negar algunos de los valores vigentes que a uno le rodean.

Es usted, por lo tanto, crítico con la sociedad occidental actual…

Sí, mucho.

¿Y cuáles piensa que son sus puntos más criticables?

Me siendo muy cristiano, pero creo que nos hemos dedicado a que una civilización, que llamamos cristiana, que al cabo de los años y de los siglos, no tiene nada de cristiana. Algo tendrá esta civilización cuando, desde el punto de vista del Apocalipsis, va camino de su propia destrucción. Hemos llegado a un techo de materialismo y de organización de la materia que ha repercutido sobre el cosmos y sobre todo, y que ha alterado muchas cosas. Toda esta civilización es muy hostil al espíritu propiamente cristiano.

¿Quiere decir que vamos hacia la autodestrucción?

Creo que sí. Nosotros no tenemos la responsabilidad de que comenzaran estos tiempos, pero ya hemos avanzado así como civilización y tenemos ahora un montón de problemas [un grapat de problemas] muy serios. Si enjuiciamos esta civilización desde un punto de vista espiritual, estamos ante una civilización con carencias, pero si lo hacemos desde un punto de vista simplemente material, resulta muy satisfactoria. Por lo tanto todo depende del punto de vista que cada uno adopte. Todos los materialistas se encuentran bien dentro de esta civilización, pero todo aquel que tenga un poco de preocupación espiritual se siente angustiado.

¿Política y espiritualidad son incompatibles?

No seré yo quien diga que son incompatibles, ahora bien, lo que es evidente es que la política es acción. Muchos de los documentos espirituales que nos han llegado, por ejemplo los Evangelios, no tienen nada que ver con la acción, sino que más bien tienen que ver con la contemplación y miran hacia el interior y no hacia el exterior. No debemos olvidar que nuestra civilización está orientada hacia el exterior, y la prueba más evidente es que nos dominan todo un conjunto de instrumentos, externos a nosotros, que nos genera una servidumbre.

Como por ejemplo...

La servidumbre que tenemos hacia el dinero es seria, muy seria. Cierto es que es imprescindible, tal y como hemos construido este mundo, pero al mismo tiempo tiene un poder de atracción enorme para la inmensa mayoría.

¿Se considera una persona pesimista?

Nosotros nos hemos dejado seducir por el pensamiento optimista de los norteamericanos, que consideran que todo va bien y que todo es maravilloso, pero eso no quiere decir que aquellos que no compartimos su optimismo estemos chalados [tronats]. Lamentablemente, la vida nos da más argumentos para el pesimismo que para el optimismo.

¿Pero esta actitud no puede generar un malestar ante la vida?

Si seguimos con el caso norteamericano, se les ve muy aferrados a todo lo material. De hecho los ingleses y los norteamericanos ya hace años que se vendieron al demonio, porque para mí el demonio es la materia. Estos pueblos tienen un pacto con la materia y desde ahí lo tienen que justificar  todo [des d'aquest moment han de justificar-ho tot].

Y nosotros los hemos copiado.

Claro, el mundo en que vivimos es un mundo de mimetismos, desgraciadamente.

¿Podemos charlar sobre una cultura norteamericana?

No sé qué es la cultura norteamericana. Creo que los norteamericanos son una herencia del pueblo inglés y que, por tanto, deberíamos tener primero bien presente como son los ingleses; sus características o qué papel han tenido en la historia.

Si no puede entender el optimismo, pero sí el pesimismo, ¿qué debemos hacer en esta vida? ¿Vivir en una constante depresión?

¡Noooo! Hemos de matizar lo del pesimismo, por eso ya he dicho antes que no hay nada más salvador que el humor, que tener sentido del humor. A veces los fundamentalismos se desarrollan por una falta de sentido del humor. Debemos superar la concepción pesimista del mundo, y por eso me he caracterizado siempre por mi papel de "payaso triste" [per la meva “pallasseria trista”].

¿Qué conclusiones ha sacado de sus estudios sobre el Libro del Apocalipsis?

No es que me haya entregado mucho en su estudio, pero todos pasamos por diferentes situaciones [estats] en esta vida, y un día, cansado de leer libros monumentales, empecé a estudiar este libro misterioso, lleno de símbolos [figurat]; y el estudio terminó con un libro que no pretende hacer una interpretación definitiva.

¿Y por qué no?

¿Y quién puede hacerlo de un libro tan lleno de símbolos [figurat]? Es uno de esos libros misteriosos que deben tenerse en consideración porque están ahí por algún motivo.

Por tanto, en las religiones orientales debería también existir un libro parecido al Apocalipsis.

No. La religión cristiana, que entronca con la religión judía, es una religión histórica como el judaísmo. Estas dos religiones, por lo tanto, tienen un carácter más histórico que el que pudieran tener las religiones orientales, que no dan importancia a la historia. De hecho, la historia occidental entronca directamente con esta religión judeocristiana, y eso hace que esta religión sea profética. Por otra parte, el cristianismo lo han hecho aún más histórico las instituciones y las iglesias, y la han convertido en una religión eminentemente histórica que ha tenido la oposición de todos aquellos que han tenido un sentido de la historia completamente distinto al que el cristianismo había mantenido, como es el caso del socialismo. El cristianismo debería haber mirado más hacia el futuro, debería haber sido más escatológico, de acuerdo con la profecía, pero la iglesia católica siempre ha sido más conservadora que inclinada a mirar hacia el futuro. Por eso su lugar ha sido ocupado parcialmente por el socialismo o por el comunismo, que reivindicaban otro tipo de mundo [un altre estat a la terra].

También ha escrito un libro visionario.

Es un libro sobre las visiones de Ana Catalina Emmerick, una monja alemana del siglo XVIII.

Y sobre las profecías de Nostradamus, ¿qué nos puede decir?

Lo que nos demuestran sus profecías es que la historia no es como nos dicen los historiadores, que la han escrito con unos criterios determinados, sino a la luz de la profecía, que existe un determinismo divino. Si hay un señor que sabe, de una manera general, lo que tiene que pasar es que hay un determinismo divino, y esto es lo que nos anuncia Nostradamus. Él anticipó la revolución francesa, la guerra civil española o el fascismo, incluso aportando nombres propios como Franco o Mussolini.

Estamos entonces predestinados…

No, no es una predestinación del individuo, sino un determinismo divino de carácter histórico.

Y si todo ya está previsto, no se debe poder hacer nada para cambiar el curso de la historia.

Los profetas simplemente lo han avisado, pero los pueblos han seguido el camino que han querido. Un profeta no es una persona que anuncia lo que ocurrirá tal día, sino que advierte lo que puede suceder de forma general.

Si las profecías sirven para advertir, ¿qué sentido ha tenido el tercer secreto de Fátima?

Una vez que han dado a conocer la profecía, parece que no había motivo para mantener el secreto. Desconozco el motivo de tanto secretismo. Creo que las profecías tienen un sentido general y no particular.

¿Piensa que esta civilización tiene miedo al futuro?

Creo que sí, porque nuestros conflictos siempre son históricos, y en general es porque la gente no conoce precisamente el fundamento verdadero de la historia. Los orientales han tenido menos obsesión por la historia. Sus religiones no tienen un carácter histórico, pero las dos religiones que han nutrido occidente, el judaísmo y el cristianismo, son eminentemente históricas.

¿Cómo ve la vida en Mallorca?

Los mallorquines de tiempo atrás, de otras generaciones, estaban mucho más centrados en lo que propiamente éramos, un viejo pueblo mediterráneo, que no ahora, que sin duda alguna, nos hemos desnaturalizando. El turismo ha sido el factor más desnaturalizador, aunque ha sido la corriente económica la que más se ha aprovechado porque no había otra alternativa. Si no hubiera un concepto de economía global, se habrían dado otros aspectos de la economía de Mallorca que, debido a que el territorio es pequeño, no son importantes. En otros tiempos, dentro de sus dimensiones también reducidas, todo respondía mucho más a la propia idiosincrasia y había más armonía. Ahora todo es más inarmónico dentro Mallorca, se ha ido despersonalizando a la isla y esto puede llegar a una despersonalización total. Todos aquellos que lo hemos seguido con atención nos hemos dado cuenta de este proceso de desnaturalización. Teniendo presente como está el proceso de vasallaje económico, esto es muy difícil de parar y somos víctimas de la economía. Sólo lo pararíamos si el hombre económico fuera de otra naturaleza.

¿Cuál sería la antítesis del hombre económico?

Para el hombre económico, lo primero de todo es la economía, y para mí eso significa que está mentalmente viciado. Creo que a las personas las deberíamos educar de una forma menos sensible hacia los valores que nos dominan, porque hay otros muchos valores que no son necesariamente materiales. Muchas manifestaciones, que desde un aspecto utilitario no aportan nada, creo que deberían revalorizarse, y por eso pienso que la educación es de una gran importancia. Mallorca, por ejemplo, no es una tierra de grandes lectores. En esta isla hemos llegado al punto de organizar el territorio para el turismo, y nos llenamos la boca en alabanzas a nuestra manera de vivir, pero no hay formación fuera del consumismo, para disfrutar de lo que es más inmediato y la gente no se interesa por muchas de las cosas que les debería interesar.

Es muy crítico.

Temo lo que es convencional porque no me satisface. Rompí con ciertos convencionalismos porque hay muchos y nos ahogan, y cuestan mucho romper.

¿Cuál, por ejemplo, de estos convencionalismos ha roto?

Me tocó estudiar la carrera de derecho, pero la dejé (rompre amb ella) cuando me di cuenta que no me interesaba nada porque consideraba que todo era un puro convencionalismo. Entonces me puse a estudiar filosofía. Luego impartí clases, pero me cansé.

¿Cuál fue su experiencia en la enseñanza?

Dentro de la docencia tuve la experiencia que los chicos no son tan buenos como nos dicen, sino más bien niños malos [dolentons]. Una parte de la psicología optimista que nos dice que los chicos [al·lots] son unos angelitos, pero la verdad es que pueden ser incluso crueles.

¿Quiere decir que el hombre es malo por naturaleza?

Creo que no se puede generalizar, pero diría que es una cortesía decir que el hombre es bueno por naturaleza. Rousseau era muy educado.

¿Hacia dónde cree que va la humanidad?

La ciencia llevada a la práctica, casi siempre tiene una concepción mecánica y materialista del hombre y yo no tengo esta concepción, en el sentido de que creo que el hombre está asociado a este cuerpo que nos conduce, pero del que nos liberamos cuando morimos. Siempre he creído en una supervivencia después de la muerte: unos le llaman inmortalidad y otros otra cosa. Tengo la convicción de que los muertos son los que están más vivos, porque al ser espíritus, no tienen ya la condición material y disfrutan de su condición espiritual. Quizás por eso creo en los visionarios, que son capaces de salir del tiempo y del espacio.

¿Cuáles son sus objetivos literarios inmediatos?

Ya no me planteo objetivos inmediatos. Escribí "Las líneas de mi vida", un libro autobiográfico, porque sentía mucho vacío.

¿Y cómo son esas líneas?

Como una mariposa: voy pasando por encima de los hechos, como cuando recuerdo mi infancia, en Son Alegre, con aquellos cielos azules.


“Los hombres somos unas sombras que algunas veces nos mezclamos con la luz del crepúsculo. Nada más.”

 ("Nótulas") de Cristóbal Serra.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Entrevista a Josep Pla en el diario "Ya" (20/02/1977) (y III)



...

[Entrevista a Josep Pla en el diario "Ya" (20/02/1977) (I)]

[Entrevista a Josep Pla en el diario "Ya" (20/02/1977) (II)]


¡RESULTA TAN DIFÍCIL ESCRIBIR!
— ¿Por qué se dedicó usted al periodismo y a la literatura?


—Verá usted. Primero quise ser médico, pero al llegar a la Facultad de Medicina no pude pasar de la Sala dé Disección, porque vi que los estudiantes cortaban las orejas a los cadáveres para regalárselas a sus novias. Me marche por asco y por el mal olor que había. Entré luego en la Facultad de Derecho de Barcelona, con muchos menos alumnos y donde todo era más divertido, con los cafés del Paralelo, el aprobado fácil... Aquello era una broma.

Se queda pensativo, con el dedo índice apoyado en la sien. Crepita la leña a nuestros pies. Pla toma la copa de vino y al llevársela a los labios se detiene y nos dice:

—Lo que deberían haber hecho mis padres conmigo era enseñarme a arar, a cultivar la tierra para poder dedicarme a las cosas de la labor. Soy un pequeño propietario rural, muy pequeño. Aquí h tierra se trabaja muy bien y la gente vive bastante desahogadamente; vamos tirando. Ahora escribir, escribir, si se encuentran adjetivos es muy agradable; si no se encuentran es un mal asunto. Encontrar los adjetivos que le vayan bien a los sustantivos, ésa es la cuestión, ya lo vi muy clara siendo joven. ¡Resulta tan difícil escribir! Saber el color de esto botella, de este vino, o de un güisqui, o de un Campari... ¿Usted me comprende? Ahora que cuando se encuentra el adjetivo, la cosa resulta divertida y estimulante.

Curioseamos en los pocos volúmenes que tiene en unas librerías, a media altura de los muros.

—He regalado a la biblioteca de Palafrugell seis mil volúmenes por si alguna persona del pueblo se interesa por los libros, aunque yo creo que los libros no sirven para nada. Sí, esto se lo digo en serio. Prefiero un campesino analfabeta, pero que sepa cultivar la viña, arreglar los olivos y plantar el trigo, el centeno, la cebada y que sepa también cuidar una vaca, porque esto es más importante que todos los intelectuales que pretenden hacer la revolución. La revolución ya la hace la naturaleza, no se preocupe.

CATALUÑA DEMOCRÁTICA

Ha permanecido muchos años fuera de España para cumplir con sus misiones como corresponsal en el extranjero, y aunque está satisfecho de haber conocido otros países, no lo está tanto de haber estado tanto tiempo fuera de España.

—Esto es una cosa que me sabe mal. Porque creo que una de las cosas que no conocen los catalanes es España, y deberían conocerla más. Así tendrían una idea distinta, sobre todo ahora que en España se está produciendo un resurgimiento político.

— ¿Tiene usted relación frecuente con sus paisanos?

—Yo vivo aquí, en el pueblo... Bueno, yo conozco mucha gente, pero no formo parte de nada. Soy un hombre marginado. Ahora bien, no sé qué quieren hacer. Creo que en Cataluña existe una enorme confusión, porque aquí nos pasamos ahora el rato filosofando y cantando. Aquí no se trata de hacer nada de política. Vamos a saber, espero que lo sepamos algún día, lo que es la libertad, la democracia, la amnistía y cosas enormes. Ahora, si hay un muerto, hay que hacer así con el puño y luego cantar la internacional, y si es catalanista, "Els Segadors" e irse a su casa. Yo no voy a ningún sitio ni escribo en ninguna parte. No, no, señor.

Bebe vino tinto y lía un nuevo pitillo negro, de Ideales, haciendo alarde de una práctica que le permite realizar esta operación sin mirar.

—Yo creo que Cataluña es la parte de España y probablemente de Europa más democrática. Y me parece que será muy faca demostrárselo a usted. En primer lugar, en este país no hay aristocracia; los viejos títulos han desaparecido y los concedidos modernamente por Franco y por el Rey no tienen la menor importancia histórica. Castilla está llena de aristócratas, como Francia, Inglaterra, Italia... En Inglaterra los aristócratas hablan una lengua diferente del pueblo; aquí hablamos todos igual y por eso hablamos tan vulgarmente; me refiero a los catalanes en general.

Permanecemos en pie, en medio del salón, bajo la lámpara de forja. Pla nos coloca la mano sobre el hombro, adoptando una actitud confidencial:

—En este país la tierra está repartida, cosa que es muy importante. Para vivir, yo prefiero estar allí donde esté un payés con un trozo de tierra que un obrero industrial, el cual se cansa de vivir mal en un piso donde no ve nada y acaba haciendo la revolución. Esto es evidente. En cambio, un payés si tiene un poco de paciencia, es hombre perfectamente tranquilo. Luego creo que la Iglesia en este país no ha molestado a nadie. ¿Usted es catalán? — dirigiéndose al fotógrafo —. ¿Le ha molestado alguna vez la Iglesia? Dígalo francamente: algún obispo, algún cura... Vamos a decir las cosas claras. Yo creo que en Cataluña la persona que tiene algo en la cabeza y trabaja durante diez años seguidos, se marcha con un paquete de billetes. ¿Hay algún país en Europa que pueda decir lo mismo? Por eso creo que Cataluña es muy democrática. Y la democracia no es cosa de filosofía; es vivir con una posibilidad de ilusión. Yo creo que la ilusión es más importante que la ciencia y, sobre todo, que la ciencia-ficción y esos camelos que se han inventado ahora.

Sacamos de la cartera la edición de "Vida de Manolo", realizada por Mundo Latino en 1930 para que Pla tenga la bondad de escribir unas líneas.

— ¡Por Dios, cómo tiene usted eso! ¡Si no vale nada!...

Ya entrada la noche abandonamos mas Pla, donde quedó el maestro sentado junto a, la chimenea. Mientras marchábamos entre la niebla con dirección a Barcelona, pensamos en el destino de este ser barojiano, también soltero, conocedor de Europa, algo burlón, un poco escéptico y humilde para su vida y para enjuiciar su obra.

Marino Gómez-Santos. Ya, 20/02/1977. Pág. 24-25, 27

Entrevista a Josep Pla en el diario "Ya" (20/02/1977) (II)





Los Príncipes de España en su viaje a Cataluña, visitaron a Josep Pla en esta casa.

—Sí, sí. Estos señores son muy bien educados; son gente de una discreción y de una comprensión... Esta casa no se puede ofrecer a nadie, menos a reyes; esta casa es un "bríc-a-brac" tremendo. El Rey escuchó mucho; yo le dije todas las cosas que usted puede imaginar, de buena fe, creo que con un cierto buen sentido. Ignoro qué caso habrá hecho. Alguna vez le escribo alguna carta. Le diré, por ejemplo, que yo soy contrario a la Ley electoral esa que quieren hacer basada en la participación proporcional. Yo soy partidario de Canovas; por eso le dije al Rey que no hiciera ninguna constitución, que tome la concepción de Cánovas, que es bastante buena y que añada un capítulo sobre la cuestión social. Porque ahora el capitalismo ha de pagar a socialismo y si no te paga ha de pagarles alguien, para que no entremos en el comunismo. ¿Usted me comprende? Pues basta.

Pla habla, señalándonos con el dedo pulgar, que a veces se lleva a la sien.

— ¿Qué ofreció usted a los Príncipes de España en aquella ocasión?

— ¡Bueno...! Unos buñuelos que había por aquí parque estábamos en la época de San José, y ese vino, que es de la viña de casa. Pero fueron tan distinguidos que me dijeron que les había gustado mucho. La Princesa, bueno, la Reina, es un fenómeno lingüístico enorme. Es muy guapa, viste sencillamente y me pareció muy inteligente. Luego la he visto en Madrid y he tenido con ella una gran conversación sobre Grecia.

NO A LA REPÚBLICA

Josep Pla ha confesado que es conservador.

—Sí señor. Porque siempre me ha parecido absurdo que los hombres añadan sus facultades intelectuales y su fuerza material al incesante trabajo de destrucción que realiza constante e implacablemente la naturaleza. Por eso no me gustó la República. Me pareció que actuaba dentro de la anarquía más rigurosa; yo soy hombre de orden, me gusta el orden, me gusta que las cosas marchen con puntualidad, si es posible. Siendo un hombre tan poco puntual, la puntualidad me parece indispensable para vivir. La República fue un desastre total, una cosa que no se podía unir ni ligar. Además, fue muy violenta, muy rápida. Querían arreglar los problemas agrarios, militares, religiosos..., todo, en quince días. Era imposible aquello. ¿Usted me comprende?

"La historia de la República", escrita por Josep Pla, es hoy una obra rara, muy buscada por los bibliófilos.

—En realidad, no es una historia, sino una crónica. Debería revisarse, pero yo no la revisaré nunca; no me importa nada. A mí lo que me importa verdaderamente es que no venga la Tercera República.

En sus años de juventud, cuándo fue corresponsal en Madrid de "La Publicitat", de Barcelona, conoció en el Congreso a las figuras más sobresalientes de la política española de aquel momento.

—Una vez oí decir a un diputado de San Sebastián, dirigiéndose a don Indalecio Prieto, algo que no se me ha olvidado y que le contaré a usted. Este diputado de San Sebastián debió de ser algo palaciego y tuvo influencia con la reina, aunque luego se metió en el Nacionalismo Vasco. Pues bien; este señor diputado le hizo a don Indalecio esta observación: "Oiga, Prieto, a usted, que te guste tanto comer y concurrir a las tertulias con gentes destacadas, ¿por qué es socialista?" Prieto le respondió —y perdone la expresión, que es impropia...—: "Pues mire usted: en España no hay más que dos clases de personas: las que c... sentados y los que c... en cuclillas. Y yo soy partidario de que los española c... todos sentados. Por eso soy socialista".

Pla se ríe como uno de esos viejecitos de Teniers o como Pio Baroja, que viene a ser lo mismo. Ambos muestran los dientes rotos y desnudados, dando a su modo de reír un cierto matiz de diablo embromador.

LA MEJOR CIUDAD DEL MUNDO

— ¿Cómo era Madrid cuando se trasladó usted a vivir allí?

— ¡Oh!; yo casi he visto los carros de bueyes. Llegué a Madrid el años diecinueve, enviado por "La Publicitat", de Barcelona, para escribir la crónica de las Cortes y todo eso. Madrid era entonces una ciudad maravillosa, la mejor ciudad residencial del mundo, con un clima colosal. Era una ciudad para viejos; la gente no se moría nunca. Había unos ex presidentes del Consejo que tenían noventa años. Y es que el clima era maravilloso para vivir. Madrid era una ciudad donde la gente no fiada prácticamente nada; él Estado lo pagaba todo. Yo he visto en un Ministerio un cartelito que decía: "El señor Fulano de Tal —un señor que llevaba capa, por cierto— recibe de doce a doce y cuarto". Nada más.

Frecuentó la tertulia de Gómez de la Serna, en Pombo, los cafés, las redacciones de los periódicos; algunos amigos comunes nos han dicho que se le vio entonces acompañado de una mujer bellísima, que debió de ser su gran amor.

— ¡No, no, no! Yo no tengo prácticamente ni idea del amor ni de esas cosas. Tengo un cierto sentido del ridículo, y no me he acercado nunca a nadie para molestarle.

Se ha ruborizado como una clarisa, revolviéndose en la silla, inquieto, al tiempo que hacía girar la boina en la cabeza.

— ¿En este sentido, también es usted un tímido, un ser barojiano?

—Bueno; don Pío era un tímido y un campesino vasco; yo tengo cierto sentido del ridículo. En el Mediterráneo, más que timidez, existe un cierto sentido del ridículo. ¿Usted me comprende?

Le decimos que un periodista brillante, corresponsal en Madrid, en Francia, en Italia, en Rusia, autor de libros de gran éxito ya en su juventud, no tenía motivos para escudarse en una timidez, infrecuente en los hombres que viajan y hacen vida social.

—Además, un escritor brillante, como usted...

—No, no, no. ¡Muy mal escritor! ¡Todo lo que he escrito es muy malo! ¡No tiene sentido en ninguna lengua! No, no; esto lo digo completamente en serio.

EL ÉXITO NO CUENTA NADA

Insistimos en decirle que en estos momentos es uno de los escritores de mayor éxito en el país.

— ¡Oh!; para mí el éxito no cuenta nada. Esas son cosas de los editores y de la gente, que compra tos libros. Mi obra "El cuaderno gris" ha resultado bien porque la señora de Ridruejo y el señor Ridruejo, que eran amigos míos, sabían bien el catalán y lo tradujeron muy bien. Todo lo demás de mi obra no vale nada. De todo eso del éxito, yo no creo nada; de cuanto he escrito, vaya usted a saber qué suerte correrá dentro de tres o cuatro años; probablemente no será nada.

—Es usted muy pesimista.

—No, señor; yo no me creo pesimista. No se trata de pesimismo, ni de optimismo, sino de una cuestión de haberse pasado la vida observando. Por eso soy contrarío a la imaginación, que lo destruye todo, y partidario de la observación, que me lleva a ser admirador de Maquiavelo.

De su época era Madrid guarda Pla grato recuerdo de las redacciones de los periódicos.

—Cuando yo escribía en "El Sol", allá a la una o una y media de la madrugada, pasaba por allí la masa encefálica de la nación. Venían cada noche Ortega, don Ramón Pérez de Ayala, que era embajador de España en Londres; venía Unamuno, con el cual Aznar había contratado tres artículos semanales, lo cual le tenía muy contento, porque Unamuno era un avaro tremendo. Lo único que le interesaba eran las casas de que era propietario en Bilbao; claro que, como padre de muchos hijos, tema muchas obligaciones. Pero era un avaro total; de esto no le quepa duda. También venía mucho Primo de Rivera.

— ¿Don Miguel?

—No, no, José Antonio, que era un hombre que cuando le mataban a un correligionario... Bueno, prefiero no entrar en juicios políticos. Era muy buena persona este hombre; yo tengo un gran respeto por él. Políticamente, no me parecía muy admirador de su padre, él quería hacer otra cosa. No sé si lo hizo.

Hablamos de amigos comunes, de Sánchez-Mazas, de Luis Calvo, del doctor Duarte. Pla tiene clara la memoria y como a don Pio Baroja, aunque confiese que la literatura es un esfuerzo baldío, le preocupa mucho la posibilidad de realizar todavía la obra en que pueda resumir toda su experiencia con un estilo sencillo y claro.

Al referirnos a Azorín dice Pla que no le ha considerado nunca como un escritor castellano.

—Los castellanos tienen que hacer la frase larga, terminada siempre en cola de pescado. Azorín, por el contrario, escribía: "La puerta es verde". Punto. "El techo está encalado". Punto. "La calle aparece solitaria". Punto. Es un escritor que yo no sé de dónde ha salido. Bueno, ha salido de Monóvar. O sea, que es un alicantino que, ha estudiado en Valencia y que está muy catalanizado. Su cultura era francesa total y su ídolo era Montaigne.

Nos muestra un dormitorio de la casa con muebles de caoba traidos de Filipinas por un antepasado suyo. La sensación es que estamos dentro de un frigorífico, aunque Pla, a sus ochenta años, diga cosas humorísticas, ingeniosas, para no tomar en cuenta el frío.

—Haga usted el favor de saludar a los amigos de la redacción de "El Debate"...

—Querrá usted decir de YA.

—No, de "El Debate", para mi continua siendo "El Debate". He conocido allí al señor De Luis, que era una gran persona; al cardenal Herrera, poco, yo soy partidario de "El Debate", porque a pesar de que voy poco a misa, tengo un fondo religioso. Creo que una de las equivocaciones más grandes es destruir la religión. La religión consuela a mucha gente y ante esto yo me quito la boina, el sombrero y todo.

...

Entrevista a Josep Pla en el diario "Ya" (20/02/1977) (I)




Trasteando por internet he encontrado esta entrevista a Josep Pla de febrero de 1977. Realizada por Marino Gómez-Santos para el diario Ya, tiene el interés de presentarnos a un Pla político que opina sobre la evolución de España durante el proceso de transición democrática. Es interesante cotejar esta entrevista con la que realizó Joaquín Soler Serrano unos pocos meses antes (el 8 de diciembre de 1976). Se repiten muchos temas como su condena a la envidia, su caracterización de Cataluña como país sin aristocracia o su comprensión de la buena escritura a partir del adecuado uso del adjetivo. La diferencia entre una y otra estriba en el acento que en esta pone el escritor sobre temas como la Segunda República, la política de Cánovas o la futura Ley electoral.


Josep Pla: No quiero una tercera república

JOSEP PLA, escritor y periodista eminente en lenguas catalana y castellana. Nació en Palafrugell (Gerona) en 1897, donde vive actualmente. Cursó la carrera de derecho en Barcelona, pero desde muy joven se dedicó al periodismo activamente, colaborando en la prensa de Madrid y Barcelona, así como en diversas revistas catalanas. Corresponsal de "La Publicitat" en Madrid, en París, en 1925 fue a Rusia para escribir una serie de reportajes. Entre sus libros más importantes cabe citar: "Vida de Manolo"(1928), "Linterna mágica" (1925), "Rusia" 1925, "Francisco Cambó” (1928). Desde 1940 colaboro en la revista "Destino" exclusivamente y publicó algunos libros que alcanzaron notoriedad, como "Historia de la Segunda República española" (1940-1941), "Guía de la Costa Brava" (1945) y otras guías de Cataluña y Mallorca. Sus "Homenots" son semblanzas de magistral factura y profundidad reunidas en nueve volúmenes (1958-1962). Largo resultado el censo de sus libros, que en 1966 kan comenzado a reunirse en edición, definitiva en sus obras completas. Su último gran éxito es “El cuaderno gris”.

A la derecha de la carretera de Palafrugell hay una hilera de cipreses y un camino donde se remansa el agua de las lluvias. El mas Pla es un caserón, inmenso en la niebla, con las ventanas débilmente iluminadas, como un barco en la noche, Todo permanece en torno en una silenciosa, profunda atonía; el campo y los árboles, con sus perfiles desleídos en una niebla suave, presentan un aspecto flotante, espectral.

Dejamos el automóvil junto a un tractor amarillo próximo al cobertizo donde, se almacenan saces de abono y forraje, Un perrillo como los del Bosco en "Los siete pecados capitales" sale a nuestro encuentro, malhumorado, y sus ladridos se amortiguan con la niebla.

Las puertas del mas son anchas y de gran altura, como para dejar paso a los carros cargados de grano. En "un muro, una escopeta está colgada de un tirante; en el amplio espacio hay también una bicicleta, un coche viejo pintado de azul y una silla desfondada.


—¿Qué, le aguarda el señor Pla?—nos pregunta, azarada, la vieja guardesa, mientras se seca las manos en el delantal.

Subimos por la escalera estrecha, en cuyos descansillos hay vasijas de barro guardando las esquenas. En seguida alcanzamos el amplio salón, sumido en la penumbra, amueblado holgadamente con cómodas antiguas, librerías, algún espejo y una inmensa lámpara de forja.

Al coronar la escalera y entrar en el salón vemos los pies y el cuerpo de Josep Pla, sentado al fondo ante una mesa redonda; la cabeza permanece oculta bajo el faldellín de cretona que circunda la campana de la chimenea.

Interrumpió la merienda para recibirnos, porque en aquel momento el escritor estaba ocupado en tornar unas rebanadas de pan de pueblo impregnadas en aceite, al tiempo que escribía en una cuartilla, con estilográfica, una caligrafía menuda y apretada.

—¡Hombre, hombre, venir desde Madrid para verme a mí, que soy persona insignificante!... Siéntense, siéntense; tomen una copa de güisquí y quítense los abrigos.

NO ENVIDIAR A NADIE

En la gran chimenea ardían unos leños; el frío que despedían los muros del salón y el mismo suelo, a pesar de la esterilla de esparto, alcanzaba seguramente una temperatura de bajo cero.

— ¡Ah, se vuelve a poner el abrigo!... ¡Pero sí hoy no es de los días más fríos! Arrímense a la chimenea...

Pla aparecía con la cabeza cubierta por una boina barojiana, vestido con un traje, viejo debajo del cual asomaba un chaleco de lana, con una camisa a rayas, abrochada en el cuello y sin corbata.

La piel de la cara, erosionada y con algunas manchas osearas; los ojos, picaros, burlones; por las fosas nasales asomaban haces de pelos hirsutos que amarilleaban por efecto de la nicotina.

Pla bebe vino tinto. Sobre la mesa hay una bandeja, con una jarra-termo, una botella de güisqui y otra de vino. Al alcance de su mano tiene un paquete de tabaco negro y un librillo de papel. De vez en cuando lía un pitillo escuálido y convencional que humedece con los labios para engomarlo.

—Pues sí, señor, me paso las tardes aquí escribiendo; a veces viene mi hermano y algunas otras personas para hablar. Ahora vendrá un señor de la Caja de Ahorros de Palafrugell, charlaremos un rato... y nada más. Luego me darán una tortilla y un vaso de leche, me iré a la cama, leeré hasta las cuatro o las cinco de la mañana y basta. Me cuesta mucho dormir, porque no tomo drogas ni he sido nunca aficionado a escuchar a los médicos. Además tengo mis ideas propias para no sufrir infarto de miocardio.

— ¿Qué hay que hacer para eso? 

—Primero no tener ninguna deuda; segunda, comer lo menos pasible; tercero, ninguna mujer —quiero decir a mi edad—; cuarto, vivir tranquilo; no envidiar a nadie. La felicidad consiste en no envidiar. De ahí la frase de Goethe: "La felicidad está en la limitación". Esa limitación consiste en, no envidiar a nadie.

Pla retiene el pitillo entre los dedos, como un labrador, igual que Picasso.

— ¿No se ha olvidado usted del tabaco, tan nocivo para la salud?

—No. Todos los médicos me dicen: "No fume usted más". Pero yo fumo constantemente y bebo güisqui y vino. Me es igual todo esto. ¿Usted me comprende? Yo no creo en esas cosas que dicen. La ciencia médica no existe. A usted le pueden tratar con una cosa que le va bien y a mí con la misma que me irá mal. Marañón creía poco en el arte de la Medicina y mucho en los enfermos. ¿Usted me comprende?

Vive Pla sin radio y sin televisión en esta casa aislada en medio del campo. 

— ¿Y también sin teléfono?

—Bueno, hay un teléfono misterioso por si una noche tengo un infarto de miocardio, pero no hay televisión ni radio. Aquí la electricidad llega par un hilo así de delgado. Es un poco vago todo esto. Muchas veces nos quedamos a oscuras y hemos de utilizar candelas para ir a la cama.

lunes, 2 de diciembre de 2013

En favor del asno. Entrevista a Cristóbal Serra.




El amigo Emilio Manzano me ha descubierto a este escondido erudito mallorquín, sabio mediterráneo que bebe en pozos inundados de metáforas judeocristianas y orientales, ocultistas y mágicas. Enaltecido por Octavio Paz, Juan Perucho, Pere Gimferrer y otros iniciados en su sabiduría, Cristóbal Serra vive solo en un piso de Palma, rodeado de libros, conectado a herméticos conocimientos, inspiraciones y visiones, nimbado de espíritus de otros poetas, profetas, místicos y filósofos antiguos. Alejado del frenesí común, leer las grafomanías de Cristóbal Serra es algo distinto, remoto, secreto: El asno inverosímil, Viaje a Cotiledonia, Ars quimérica… Edicions Cort reedita ya todo su William Blake. (La Contra)

Tengo 86 años. Nací y vivo en Palma de Mallorca. Leo y escribo, he traducido a Swift, Blake, Bloy, Melville, Michaux, Papini, el Tao… Estoy soltero y sin hijos. No tomo en serio las ideologías: ¡la salvación no viene de ahí! De viejo, se me vigoriza lo judeocristiano. Venero al asno

¿Qué tiene el asno?
Sin el asno no hubiese existido ninguna civilización mediterránea. ¿Qué tal?

¡No es poco!
Es el único animal por el que he sentido simpatía. En los veranos de la infancia veía detenerse ante la puerta de casa a un arriero con sus borricos… De adulto, la asnomanía es la más firme de mis obsesiones.

¿Desde cuándo?
Hace medio siglo entré en una librería de viejo embarrada tras una inundación en Valencia y salvé un tomo de 1837: El asno ilustrado, obra de un ex clérigo. ¡Desde aquella lectura he reflexionado más sobre el asno que sobre cualquier otro asunto!

Comparta conmigo sus reflexiones.
Este animal heráldico y cósmico simboliza la materia: por ello se le ha vejado y demonizado. Sobre todo al asno bermejo… ¡Por eso fundé yo la Hermandad del Asno Bermejo! Debería instituirse una cátedra de Asnología, una facultad de Ciencia Asnológica.

Museum Meermanno, MMW, 10 B 25, Folio 22r.jpg
¿Qué enseñaría?
La cachaza y sabiduría del asno, que daría sosiego al siglo. El ritmo pausado mediterráneo. La labor silenciosa y callada. El pasar sobre las ofensas. ¡Se la tiene por necia, siendo la criatura más sabia! Napoleón tuvo su cuerpo de observadores de orejas de asnos.

Qué me dice… ¿Para qué?
Antes de entrar en batalla, consultaba: el temblor de las orejas de los asnos anticipa eventos meteorológicos y propiciatorios. Ya para los dinastas egipcios fueron símbolo de sabiduría: adoptaron las orejas de burro –teñidas de rojo– como distinción de su cetro.

Lo aprendo de su cátedra asnológica.
Sepa también que Aarón, el pacificador hermano de Moisés, como sumo sacerdote de los hebreos adoptó esas orejas de burro sobre su cabeza (Éxodo, 28, 4)…, ¡distintivo sacerdotal que se convertiría en tiara papal!

Lo recordaré si veo al Papa con tiara.
¡Asinario signo de sabiduría y pacificación! El calmo solípedo fue para el pueblo judío animal sacrosanto: el jumento es la primera criatura citada en el Génesis, y la más citada en la Biblia. Y borricos indicaron dónde había agua cuando morían de sed los hebreos en el desierto del Sinaí. Y el Templo de Jerusalén custodió una cabeza de burro áurea.

¿Y qué decían los primeros cristianos?
Como judíos, eran fraternos con el asno: Jesús entró en Jerusalén en cabalgadura asnal. Y como asnos los caricaturizaron en Roma ¡y hasta por onolatras los tomaron!

¿Y griegos y romanos, qué opinaron?
Un burro portaba los materiales sacros para los cultos eleusinos de la diosa Ceres/Vesta, así que una fábula cuenta que el solípedo se envaneció, y así le amonestaron: “¡Mira que no eres tú el dios, sino que sólo le llevas!”.


¡Aplíquenselo políticos y dignatarios!
No vendrá de ahí la salvación: la salvación no es colectiva, ¡es individual! No me interesan las ideologías, sino el drama humano.

¿Cuál es el suyo, don Cristóbal?
Tuve una infancia feliz y una adolescencia tuberculosa que pasé en Port d’Andratx, leyendo bajo el toldo de una barca…

¿Qué libros leía?
Libros que Mrs. Flower, una señora inglesa, me prestaba de la biblioteca de su barco. Así durante la guerra aprendí el inglés con el que luego traduje tantas obras… ¡Siempre tuve hambre de libros, un insaciable afán de lectura! Y si quieres libros, libros te llegan, igual que te llega dinero si quieres dinero.

¿Qué libro llegó que le marcase?
La religiosidad herética de William Blake quemó las alas de las mariposas de mi fe. Su filosofía poética me poseyó, y le traduje por primera vez en España. Y me cautivó El libro del Tao, que también traduje de su versión inglesa por primera vez al castellano…

¿Qué aprendió del Tao?
Un misticismo humorístico, hecho a base de paradojas. Una sabiduría solitaria…




¿Como la de usted mismo, quizá?
He vivido en soledad grande. La sociedad estigmatiza al solitario. Pero la soledad que no mata ¡vivifica! A Nietzsche la soledad le venció. Yo la he vencido: no es mérito, es gracia… Desde los 30 años –desaparecida cierta mujer–, vivo la dicha del desgraciado.

¿Qué dicha es esa?
Me lo dijo Papini al poseerme su espíritu: “Conoce usted la felicidad del infeliz”. Y es cierto: he tenido una vida más desdichada que dichosa ¡pero sin sentirme hundido!

¿Entran espíritus en usted, me dice?
Han escrito a través de mi pluma Papini, Borges (“la eternidad es un laberinto”, me dijo), Colón (me desmintió ser mallorquín), Quevedo… ¡Qué iracundo!: ahí me asusté.

¿Qué sucedió con Quevedo?
Quevedo me convulsionó la pluma con tanta ira que a punto estuvo de romperse. Se puso violento, me amenazó… Algo que habré escrito sobre él le indignó… Me intimidó tanto que abandoné esas prácticas.

Lo cuenta usted con una naturalidad…
Los espíritus nos vigilan. Pueden ayudarnos, y también perturbarnos… Yo no conecto con el discurso occidental de la razón continua y lineal, prefiero lo sutil y discontinuo, lo fragmentario y relampagueante.

Entonces verá usted la tele…
Ya no, porque dos veces me ha estallado el televisor entre chisporroteos. Y la segunda vez provocó un incendio en mi piso. ¡La televisión es muy, muy peligrosa…! Puede matarme. Yo noto que me tiene por enemigo. ¡Es satánica! Temo a la televisión y a los perros. ¡Se impone ya un pacto con el asno!

Cristóbal Serra, escritor, traductor y erudito asnómano: ‘¡Se impone un pacto con el asno! Daría sosiego al siglo! 
(La Vanguardia. La Contra 3-6-2009).