miércoles 14 de octubre de 2009

Un poema de Herberto Padilla.



En tiempos difíciles

A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.

Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.

Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que no contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.

Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas,
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
con su árbol obediente.

Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.

Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.

Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles
ésta es, sin duda, la prueba decisiva.

lunes 12 de octubre de 2009

Del espíritu intectual


«Llegó un tiempo ... en el que, aparentemente, la vida perdió su capacidad de organizarse a sí misma, tenía que ser organizada. Los intelectuales hicieron suya esta tarea. Desde, por ejemplo, la época de Maquiavelo, a la nuestra propia, esta organización ha sido un imponente proyecto, maravilloso, tentador, engañoso y desastroso. Un hombre como Humboldt, inspirado, as­tuto, chillado, rebosaba de entusiasmo ante el descubrimiento de que la empresa humana, tan grandiosa e infinitamente variada, tenía que ser organizada por personas excepcionales. Él era una persona de excepción, por lo que era un posible candidato al po­der. Bueno, ¿por qué no'?»


Saul Bellow. El legado de Humbolt.

martes 4 de agosto de 2009

El adiós a Heidegger /Sobre la filosofía y la barbarie


Leyendo las Memorias de Hans Jonas, he encontrado un capítulo, "El adiós de Heidegger", en el que el filósofo judío de origen alemán, hace una amplia referencia a sus relaciones con Heidegger y, de paso, realiza unas reflexiones sobre la responsabilidad que todo aquel que aspira a ser llamado filósofo, debería tener ante regimenes tan repugnantes como el nacionalsocialista. Personalmente, tomo tales reflexiones como propias.

"Tras la guerra mi reflexión se desarrolló principalmente bajo el signo del alejamiento del existencialismo heideggeriano, al que yo oponía mi filosofía de la vida. Uno de los estímulos era sin duda el choque que me había producido el comportamiento de Heidegger durante la época nazi, el discurso que había pronunciado como rector en Friburgo el 27 de mayo de 1933 y lo mezquina e infamemente que se había comportado con Husserl. Estando en Londres oí decir que se había hecho nazi, y cuando, perplejo, comenté con algunos amigos cómo era eso posible, alguien me dijo que era evidente, que el problema era que yo simplemente no me había percatado de la evolución, y me preguntó: "¿Por qué acudiste a él? Todavía no logro entenderlo. ¿Y por qué te sorprende tanto? La predisposición era perfectamente reconocible en el pensanto de Heidegger. En realidad no es una sorpresa, pues muchos rasgos de su pensamiento, por ejemplo el romanticismo de la sangre y la tierra y otros elementos parecidos, le hacían susceptible de apoyar el despertar nacional". No puedo juzgar si esa gente sólo podía afirmar todo aquello retrospectivamente o si, como decían, realmente era cierto que lo habían identificado ya con anterioridad. En cualquier caso para mí, sobre quien Heidegger había ejercido una gran influencia, había sido una decepción cruel, amarga, y una decepción que no sólo alcanzaba a su persona, sino también a la fuerza de la filosofía para proteger a los hombres de algo así. Heidegger es, en lo tocante a la originalidad de su pensamiento, una poderosa figura de la historia del espíritu, un innovador que descubrió nuevos territorios. Que el pensador más profundo de la época acoplase su paso a la estruendosa marcha de los batallones pardos me pareció la catastrófica debacle de la filosofía, la bancarrota del pensar filosófico. Durante mucho tiempo había acariciado la idea de que la filosofía debía proteger ante algo así, debía hacer invulnerable al espíritu contra eso. Sí, incluso estaba convencido de que el trato con las cosas más elevadas e importantes ennoblece el espíritu de los hombres y hace que sus almas sean mejores. Y ahora descubría que la filosofía era evidente que no lo había hecho, no había salvaguardado a ese espíritu del extravío, de rendir tributo a Hitler, incluso, si la gente con la que había hablado tenía razón, le había predispuesto a ello. Todo aquello no era posible. Todo gesto simpatizante, toda claudicación, toda cooperación: siempre se podían argüir como causas la estupidez, la ceguera, la debilidad, la cobardía, pero que el pensador filosófico más importante y original de mi tiempo participase fue un golpe tremendo para mí, no sólo personalmente, sino también en el sentido de un acontecimiento de la historia de la filosofía a tener seriamente en cuenta. "

martes 28 de julio de 2009

Una entrevista a Severo Sarduy

Trasteando por youtube, he encontrado esta entrevista, dividida en seis partes (1, 2, 3, 4, 5 y 6), realizadas por Joaquín Soler Serrano en el programa "A Fondo", el 11 de julio de 1976 al escritor cubano Severo Sarduy. Espero que os interese.

lunes 27 de julio de 2009

Ramón Gaya sobre el arte

1948 - IXº Homenaje a Velázquez
Gouache sobre papel - 46x60
Col. Particular


"El concepto que tengo del arte se parece muy poco a lo que piensan los demás: artistas, críticos, historiadores, estetas. Yo me di cuenta desde muy joven que juzgar una obra de arte con los mismos criterios que se juzga un objeto cualquiera, diciendo si es bonito o feo, etc, es un disparate, y no puede ser así. Y creo que el arte no nace de la cultura; la cultura acepta el arte y termina por hacerlo formar parte de ella, pero para mí, el arte verdadero no es cultura, es naturaleza; por eso me salen constantes referencias a la vida; la cultura me parece otra cosa. Las elaboraciones de la mente, lo hecho con las capacidades de la mente humana sí me parece que pertenecen a la cultura, pero la creación no, eso no. Pienso que cuando Leonardo dice que la “pintura e cosa mentale” está diciendo un disparate y que de ahí arranca un malentendido, porque la pintura no es cosa mentale, sino cosa carnale, y no sólo la pintura sino toda obra de creación. A mí me gusta poco la expresión “obra de arte”, porque puede confundirse con la obra objeto, con la orfebrería, con la artesanía; por eso prefiero decir siempre “obra de creación”, porque este concepto pertenece a la realidad viva a la naturaleza"

martes 21 de julio de 2009

Un concierto de Larry Coryell

He tenido la gran suerte de haber ido a un concierto que Larry Coryell ha realizado hoy en Madrid, en el Teatro Nuevo Apolo acampañado (maravillosamente) por Alphonse Mouzon en la batería y Joey DeFrancesco en el organo Hammond. Buscando en Youtube he encontrado varias actuaciones de este reputado músico. Espero que os agraden: video1, video2, video3, video 4.
También he encontrado tres lecciones que este maestro del jazz (lección 1, lección 2, lección 3) grabó para el DVD Larry Coryell's Jazz Guitar.

domingo 19 de julio de 2009

Épater la bourgeoisie?


Baudelaire, Lautreàmont, Verlaine, Heine.... quizá una buena manera de entender el porqué de la formación y legitimación "intelectual" del totalitarismo durante el siglo XX, sea acercándose al “mensaje oculto” que emanaba de buena parte de la literatura del siglo XIX: las almas nobles deben resistirse el materialismo grosero de la burguesía -los filisteos- y -consecuentemente- deben buscar un orden y un hombre nuevo sobre el que reine la "Razón humana".

Este “mensaje oculto” floreció con fuerza en los años veinte y treinta en forma de diferentes partidos y "movimientos" capaces, según se decía, de poner en práctica tales cambios. Ante la crisis económica y política, el mundo se volvió demasiado absurdo como para soportarlo sin buscar alternativas. Y así, una buena parte de los artistas e intelectuales de la época comenzaron a burlarse de la democracia, del “Sistema” que había que enterrar y clamando por la llegada de una nueva humanidad que, se decía, ya se acercaba.

La tragedia que ocurrió después (y sus innumerables "justificaciones") no puede explicarse sin entender la gran necesidad de un orden racional, que gran parte de los intelectuales que vivieron en esta época -el siglo XX- sintieron.

Dios nos libre de tanta irracionalidad.