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sábado, 21 de diciembre de 2019

Entrevista a Luis Díez del Corral (Blanco y Negro, 19 de marzo de 1980)


Díez del Corral, doctor «honoris causa» en la Sorbona
«NO DEBEMOS TENER COMPLEJO DE INFERIORIDAD»

UN catedrático y académico español recibía, hace unas semanas, el diploma de doctor «honoris causa» en el paraninfo de la Universidad de la Sorbona, el templo de la cultura francesa, que reconocía así la vocación europea de un pensador español, insólita mezcla de investigador de la historia, de filósofo, de conocedor del arte. Extraño transeúnte de los territorios lindantes entre poder y cultura, entre las instituciones políticas y los lenguajes artísticos acuñados para su propia definición.

Don Luis Díez del Corral es un investigador insaciable que ha conseguido acumular páginas importantes para la memoria histórica de este país, pero no se ha contentado con las parcelas interiores. Acaso su mayor valor, su auténtica apuesta, haya sido el esfuerzo por demostrar que los caminos no se detienen en las fronteras, que hay mundos semejantes y un permanente cruce sobre territorios comunes. Puede que esa misma mentalidad le haya convertido, como contrapunto, en viajero, en curioso explorador de todos los mundos.

Los honores de la Universidad de París fueron compartidos con otros investigadores, filósofos y pensadores de distintos países y con el poeta griego Odyseus Elytis, último Nobel de Literatura. Es indispensable hablar de la insólita presencia de un español en una tribuna cultural de otro país.

—Es cierto que el español lleva un «hándicap» cuando pasa los Pirineos y no es artista, ni pintor, ni novelista... La actividad intelectual puramente dicha, ya sea la del investigador, la del historiador de cualquiera de las ramas de las ciencias humanas, encuentra mayores dificultades.

Y uno piensa que es cierto que, cuando la cultura entra en la tasación, en el mercado, cuando cotiza y arroja dividendos, tiene las puertas abiertas y las aduanas. Por eso el reconocimiento de la Universidad de la Sorbona tiene un carácter de mayor generosidad. Quizá es que somos más un país de artistas, de pintores que de pensadores, o al menos así nos ven desde el otro lado del Pirineo.

—Existe una dificultad mayor, pero tampoco puede hablarse de hostilidad. También es cierto que hay pocos historiadores que se ocupen de problemas y temas no específicamente españoles. El arte es un lenguaje universal que interesa por igual a todo el mundo, pero si nos aferramos demasiado a nuestra literatura, a la historia de nuestro pensamiento o a nuestros sistemas políticos, difícilmente vamos a conseguir interesar fuera de nuestras fronteras. Hemos vivido en los últimos años encerrados en problemas propios de nuestro país con un nacionalismo acaso excesivo, practicado por los que dicen no ser nacionalistas.

A don Luis Díez del Corral le parece que no debemos tener miedo a escribir sobre los grandes pensadores extranjeros. Entonces se entra por su misma puerta. Ese dilatado trabajo del académico español es lo que le ha servido para ser una de las personalidades de la cultura de nuestro país que mayor respeto merece en Europa. Los estudios sobre el pensador francés Tocqueville, su obra «El rapto de Europa» y otros escritos relacionados con la historia europea, como los que recoge el volumen «Perspectivas de una Europa raptada», estudios sobre el pensamiento político francés o los trabajos relativos a la cultura alemana. Por todas estas razones y cada una, un español de excepción era entronizado en aquel templo de la cultura francesa. Pero ¿cómo se ve en este momento la cultura española desde fuera de nuestras fronteras?

—Hay un interés evidente en conocer lo que está ocurriendo en España en estos momentos de cambio político, pero sospecho que se trata de un interés más político que cultural. A los historiadores extranjeros, particularmente a los franceses, les interesa mucho la España de los siglos XVI, XVII y XVIII, cuando España desempeñaba un papel fundamental en el desarrollo de la cultura europea Se trata de un terreno más abandonado por los historiadores españoles que se han sentido más atraídos por el siglo XIX. Los investigadores ingleses y franceses han sabido descubrir que la historia española de los siglos precedentes no está localizada en sí misma, sino que es parte de la historia de Europa, porque las decisiones de los monarcas de la corte de Madrid afectaban de manera directa a Francia u Holanda. Cuando se han aplicado nuevos métodos y técnicas de historia social y económica sobre este período de nuestra historia, se ha descubierto que la Monarquía hispánica es clave para entender la historia de Europa.

Pero la curiosidad de los investigadores extranjeros sobre nuestro pasado histórico no se corresponde en una medida semejante con una preocupación más actualizada sobre nuestro presente cultural. España acude, a título de inventario, a las grandes exhumaciones históricas que se programan en los distintos países, pero está ausente de los foros culturales contemporáneos.

—No creo que debamos tener complejo de inferioridad, o ir con el prejuicio de que no nos van a hacer caso porque somos un pueblo en circunstancias un tanto anómalas respecto a los demás países europeos.

EL SALON DE REINOS

Lo cierto es que esas sensaciones son muchas veces lógicas. Salimos de una especie de naufragio, estamos llenos de prisas, apostamos por operaciones de prestigio a corto plazo y no nos ocupamos de analizar, de restaurar determinados capítulos de nuestra historia. Entonces se desoye el magisterio de nuestros investigadores. Por ejemplo, usted ha defendido desde hace muchos años la restauración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, lugar para donde Velázquez pintó los lienzos de la familia real.

—Sostuve la idea de que se podía restablecer aquel salón, que era el centro de la Monarquía española en los últimos años de auge en la política internacional, porque revelarla su sentido, no sólo porque los cuadros iban a encontrar su razón de ser, sino como gran aparato escenográfico, decorativo y simbólico de lo que era entonces el centro de la Monarquía. Estaría entonces la familia real puesta en su sitio, los cuadros que relatan las batallas, los lienzos de Zurbarán que anotaban con un sentido mitológico la fuerza y el esplendor de la institución. Pero esta iniciativa ha encontrado una serie de imponderables. Allí está instalado hoy el Museo del Ejército, que un día pensó trasladarse a Toledo. También algunos historiadores del arte piensan que la contemplación de los lienzos de Velázquez se dificultaría en su primitivo destino. Por mi parte pienso que se trata aún de un tema que debiéramos meditar.

MONARQUIA TOLERANTE

Al académico de la Historia le parece que este escenario recobrado para la memoria de nuestro pasado explicaría con verdadera elocuencia la contextura interna de la institución monárquica española y sus diferencias con las monarquías europeas de su tiempo.

—Se trata de una estructura enormemente compleja. La mitad de los escudos que figuran en la gran estancia no se refieren a entidades españolas. Pertenecen al Nuevo y al Viejo Mundo. Se podría aprender allí la enseñanza de lo que ha sido para su gloria y para su servidumbre la estructura política de la Monarquía española, cuyas consecuencias derivan de una manera muy directa en la situación actual. No se puede explicar este fervor por el autonomismo si no se tuviera en cuenta que Cataluña desempeñaba en esa Monarquía un papel muy secundario, por no decir casi nulo, porque no contribuía ni con dinero, ni con hombres a las grandes empresas internacionales, ni a una vida política de una comunidad tan abigarrada como la española de aquella época. Los genoveses contribuyeron a los empeños de la política económica y exterior mucho más que la Corona de Aragón. Y murieron muchos más napolitanos y flamencos que catalanes o valencianos en las empresas bélicas dirigidas por la Monarquía española. La unidad nacional, instaurada por los Reyes Católicos, no afecta a la entraña íntima de los diversos Estados, que se integran de manera más formal y superficial que efectiva.

Este comportamiento de la institución la interpreta Díez del Corral como un síntoma de tolerancia, no de debilidad, y razona en esta postura la subsistencia de los idiomas formados en los siglos XIV a XVI, fenómeno que difícilmente se encuentra en otros países europeos.

—El inglés desplazó al idioma que se hablaba en Irlanda bastantes años después de la unificación realizada por los Reyes Católicos y en Francia se elimina la lengua de «Oc» de una manera verdaderamente radical, mientras el centralismo que se instaura en España, primero con los Austrias y luego con los Borbones, presiona mucho menos sobre las culturas periféricas que las monarquías vecinas.

Pero también existieron episodios terribles, como la imposición, a sangre y fuego, del Decreto de Nueva Planta con la llegada al trono del primer Borbón, Felipe V, que ponen la excepción en la norma que se trata de entrever en la estructura de la Monarquía española. Al académico de la Historia le parece que está muy bien descentralizar y dar la autonomía a las regiones. Pero sin que esto suponga la igualación de culturas que no se dan en el mismo nivel, ni la destrucción del cuerpo histórico de una estructura política, económica y cultural que supone el ingente esfuerzo de construcción de una nación que sale de la noche de la Edad Media. Le parece que hay grandes dosis de irracionalidad en el tema y que es un desastre que el poder central, que debiera ser una instancia centrípeta, se haya convertido en centrífuga al suscitar y propulsar un movimiento autonomista —que tiene en muchos casos razón de ser—, pero que puede conducir a la disgregación de la unidad nacional y al destrozo de su cuerpo político, cultural y económico.

M. P. O.

Blanco y Negro, 19 de marzo de 1980, pp. 48-49.

sábado, 8 de septiembre de 2018

A la muerte de Martin Heidegger (II) (ABC, 27 de mayo de 1976)


A LA EDAD DE OCHENTA Y SEIS AÑOS
HA MUERTO EN ALEMANIA EL FILOSOFO MARTIN HEIDEGGER
Estaba considerado como la figura más representativa del pensamiento existencialista

Messkirch. (República Federal de Alemania), 26. (Efe.) Ha muerto hoy el filósofo alemán Martin Heidegger, en su pueblo natal de Messkirch, al sur de Alemania federal. Contaba ochenta y seis años de edad.
El modesto profesor, «pequeño y de pelo negro», había pedido a sus familiares que no dieran la noticia de su muerte hasta que su cadáver fuera inhumado, voluntad que no ha sido cumplida al hacer pública hoy la noticia de su muerte el alcalde de la aldea.
Madrid. (De nuestra Redacción.) Nació Martin Heidegger el 26 de septiembre de 1889 en Messkirch (Baden). Estudió sucesivamente Teología católica, Ciencias Naturales e Historia y Filosofía. En 1914 se doctoró con la tesis «La teoría del juicio en el psicologismo»: en 1923 fue designado profesor de la Universidad de Marburgo, donde preparó su obra fundamental: «Ser y tiempo», inacabada, pues su primer volumen fue el único que se publicó —en 1927—, provocando una revolución filosófica. La Universidad de Friburgo le llamó para suceder a su maestro Husserl, recientemente jubilado, y en 1933 fue rector de la Universidad de Friburgo, cargo que dimitió a los pocos meses. En los diez años siguientes sólo publicó un trabajo sobre Hölderlin y el carácter de la poesía en 1937. En 1942, «La teoría de Platón sobre la verdad»: en 1943, «La esencia de la verdad»: en 1954, «Sobre la verdad»; en 1961, «Nietzsche»; en 1966, «Kant y el problema de la Metafísica». Sus obras completas constan de 70 volúmenes.
Se le considera el fundador del existencialismo, del que luego se distanció. El problema de su adscripción al nazismo fue cuestión debatida al surgir éste, y posteriormente Herbert Marcuse la definió como «la caída del monstruo de su pedestal». Después de la guerra mundial fue suspendido en sus funciones docentes y, en 1950, rehabilitado.
ENCUESTA DE URGENCIA
Con motivo de la muerte del filósofo Martin Heidegger, ABC ha preparado la siguiente encuesta de urgencia entre significadas personalidades de la vida intelectual española. Las preguntas planteadas son estas:
1.      ¿Qué significa Heidegger para la Filosofía y la Cultura de Europa?
2.      ¿Qué figura del pensamiento español contemporáneo podría parangonársele?
3.      ¿Qué desaparece de Europa con la muerte de Heidegger?
***
JOSÉ CORTS GRAU: «EL MAESTRO MAS PRESTIGIOSO DE OCCIDENTE»
1.      El maestro más prestigioso de Occidente en los últimos cincuenta años. Metafísico por esencia, presencia y potencia, en él se concertaban extraordinariamente el rigor mental, la formación filológica y científica, la profundidad de pensamiento y la sensibilidad literaria y artística. Todo ello le llevaba a una autentica renovación de los problemas y a un como renacimiento y depuración de las palabras.
2.      En el fondo, creo que Francisco Suárez (el doctor Corts Grau se refiere aquí al pensamiento español no exclusivamente contemporáneo). Cuando me acerqué al maestro por vez primera, dictaba él en cátedra un curso sobre «Los comienzos del pensamiento occidental»; y la única obra en ese de momento, me recomendó insistentemente fue «Disputaciones metafísicas». Con todo este parangón ha de tener en cuenta obvias diferencias de muy diversa índole.
3.      Propiamente no desaparece. Sabido es que esquivaba su presencia personal cuando no era imprescindible, y que. en realidad, era su obra la que mantenía esa presencia. No sé en qué grado de realización se halla la publicación de sus obras completas, conforme a un plan rigurosamente estudiado por él. Había que incluir en esa edición muchos trabajos inéditos y otros revisados. Él tenía un gran interés en que esta edición, facilitara lo mejor posible al estudioso el seguir fielmente la trayectoria de su pensamiento.
LUIS DÍEZ DEL CORRAL: «UNA PERDIDA ESPECIALMENTE SENSIBLE PARA LOS ESPAÑOLES»
Con Heidegger desaparece uno de los más grandes filósofos de nuestro siglo y no es exagerado afirmar que también de la historia entera de la Filosofía. Es una perdida especialmente sensible para los españoles, porque nuestro país le prestó una especial acogida. La primera versión de su gran libro «Sein und Zeit» («Ser y tiempo») a un idioma extranjero fue hecha al español por Gaos, difícil empresa porque Heidegger inventó un idioma propio para expresar su pensamiento. España estaba especialmente dispuesta a la recepción del gran filósofo alemán por la índole de su mentalidad más genuina. El existencialismo de Heidegger tiene un cierto paralelismo con la filosofía de Unamuno y la de Ortega, quien ha defendido no sólo el paralelismo, sino una cierta anticipación. Por su parte, Xavier Zubiri estudió varios años con Heidegger.
«Ser y tiempo» gozaba de un gran predicamento cuando yo era estudiante de Filosofía en la Universidad de Madrid. Pronto tendría una gran boga el existencialismo. con sus distintas versiones, algunas exageradas e incluso absurdas. Hoy se encuentra un tanto olvidado por la crisis misma de la filosofía y el predominio de corrientes como el positivismo lógico y el marxismo, que se encuentran en los límites del campo que tradicionalmente se ha considerado como el propio de la Filosofía.
Heidegger no sólo fue autor de un gran libro filosófico, sino que exploró con máximo rigor filosófico campos muy distintos, como los de la poesía, el arte, la sociedad y la Historia. Mucho le debo personalmente en cuanto traductor y comentarista de Hölderlin, por sus estupendos ensayos sobre el vate alemán, o cuando abordó temas de filosofía del arte y de la Historia. Quiero terminar con estas palabras suyas que figuran en lugar muy destacado de mi libro «El rapto de Europa», y que cada día resultan más actuales, si es que Europa cuenta algo hoy en el concierto o desconcierto del mundo en que vivimos: «¿Es ahora cuando adviene de verdad el Occidente, la tierra del crepúsculo? ¿Será esta tierra del crepúsculo, por encima del Occidente y del Oriente, y a través de lo europeo, el lugar de la verdadera historia que está iniciándose? ¿Somos ya nosotros, los que vivimos hoy, occidentales en un sentido que se revela por nuestro tránsito hacia la noche del mundo...? ¿O somos de verdad los rezagados, como indica nuestro nombre? ¿O somos, al mismo tiempo, los precoces del amanecer de una música del mundo enteramente distinta, que ha dejado atrás las ideas actuales sobre Historia?»
GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA: «GRAN PROFETA DE LA ANGUSTIA CONTEMPORÁNEA»
1.      Como filosofó, Heidegger es el pensador contemporáneo que ha hecho un análisis más hondo, pesimista y trágico de la existencia humana. Como estilista lleva la lengua alemana casi hasta el límite de sus posibilidades en la creación de neologismos abstractos, en lo cual superó a Hegel. Como crítico literario constituyó un hito en la exégesis profunda de loa textos, especialmente de los poéticos. Creo que su obra cumbre es «Ser y tiempo», raíz de todos los existencialismos.
2.      En España la única figura que puede comparársele es la de Zubiri, No por las coincidencias metafísicas que existen entre ambos sistemas, sino por el parecido en la calidad y en el estilo filosófico. Zubiri es más preciso, aunque más frío; es menos revolucionario; pero más verdadero. La antropología de Zubiri no es pesimista, sino incitadora. Zubiri sólo ha publicado una parte de su obra: cuando esté toda Impresa no creo que ceda en relieve a la del pensador alemán.
3.      Desaparece el gran profeta de la angustia contemporánea. Desaparece el último gran filósofo germano, con lo que Alemania pierde el centro metafísico que venía sosteniendo desde los tiempos de Kant.
JESÚS F. FUEYO ÁLVAREZ: «SU MUERTE, LA DESEUROPEIZACION DEL PENSAMIENTO OCCIDENTAL»
1.      Heidegger significa todo lo que significa la crisis metafísica para la cultura de Occidente. A saber: ha sido al mismo tiempo el crítico más agudo de la mentalidad metafísica de Occidente —y en tal sentido, el teórico más vigoroso, después de Nietzsche, del nihilismo que vivimos—, y, casi desesperadamente, ha intentado una especie de resurrección del talante metafísico de Occidente, a la búsqueda de una nueva inteligencia más allá del conocer tecnológico. Heidegger es, para decirlo a la manera de Nietzsche, un último y un primer hombre del pensamiento.
2.      En cierta manera, desde los años veinte, especialmente desde su publicación, en 1928, de «Ser y tiempo», todos hemos tenido que ser, de una manera apologética o polémica un poco heideggerianos. Quiero decir que ha sido imposible pensar y, sobre todo analizar, el gran pensamiento sin un diálogo intelectual e íntimo con Heidegger. En cuanto a las grandes figuras españolas que pudieran estar a la altura de este diálogo entre titanes, yo sólo puedo mencionar a tres: Unamuno, Ortega y Zubiri.
3.      La muerte de Heidegger significa, en el pensamiento puro, la deseuropeización de la inteligencia occidental. En tal sentido, hay una homología entre la cláusula de la gran época europea de Occidente y la gran época política de Occidente.
PAULINO GARAGORRI: «SU LONGEVIDAD LE HA PERMITIDO ASISTIR A SU PROPIO OLVIDO»
1.      Heidegger ha experimentado en vida una notoriedad que rara vez acompaña a un filósofo que sólo se ocupa de filosofía. pero también su longevidad le ha permitido asistir a su propio olvido y sustitución en la actualidad filosófica. Sin embargo, parece probable que su nombre figure entre la media docena de filósofos más importantes por su influencia en la vida cultural del siglo XX.
2.      Me parece que tres. Zubiri, el más semejante por ser también un filósofo profesional, aunque la adjetivación es, a mi juicio, contradictoria. Unamuno, que encarna un existencialismo ibérico. Y Ortega, cuya obra se magnificará en el futuro.
3.      La sociedad contemporánea parece incompatible con las grandes individualidades en todos los géneros, desde la ciencia a la política. Muerto Russell, desaparecido ahora Heidegger, sólo queda, superviviéndose, Sartre, como testimonio de una época filosófica pasada.
ÁNGEL GONZÁLEZ ÁLVAREZ: «SU FIGURA HA CONDICIONADO LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA DE NUESTRO SIGLO»
1.      Heidegger ha llenado con su obra filosófica la mayor parte del quehacer cultural de los últimos cincuenta años. Su colosal figura ha condicionado, positiva o negativamente, la reflexión filosófica de nuestro siglo. Una rápida mirada a los Congresos Internacionales de Filosofía lo pone de relieve sin duda alguna. El secreto de ello habrá que buscarlo en el fundamento humanista de su meditación, que. aunque parte de la filosofía de la existencia, concluye en una respuesta la pregunta metafísica sobre el ser.
2.      Entre los ya desaparecidos habría que conceder la primacía a hombres de la talla de Ortega y de Ramírez. Ante los españoles de hoy debe ser citado Xavier Zubiri.
3.      Europa acaba de perder uno de los grandes metafísicos de todos los tiempos. Pero que su lectura y su recuerdo nos ayuden a recuperar la metafísica que fundamente y consolida toda investigación científica en el triple orden especulativo práctico y técnico.
ANTONIO HERNÁNDEZ GIL: «DESAPARECE UNA ACTITUD FILOSÓFICA»
1.      Heidegger, con todo lo que hay en él de carga innovadora en el entendimiento del ser, encarna la tradición cultural europea de una filosofía plena, con fe en sí misma, hoy en crisis. Temporalizó la metafísica y humanizó la fenómeno logia. Ha sobrevivido al existencialismo en este doble sentido: el declive del existencialismo precedió a la muerte de Heidegger y éste no se identificó por completo con el existencialismo.
2.      Ni Heidegger es rigurosamente «uno», ni hay en el pensamiento español contemporáneo una figura que de modo especialmente significativo le equivalga. Tampoco existen adeptos estrictos. En términos sólo de aproximación, y sin perjuicio incluso de discrepancia, acude a mi memoria el nombre de Ferrater Mora.
3.      Con Heidegger desaparece, sobre todo, una actitud filosófica —acaso más rebelde que comprometida— con vigor para mantener una tensión de rivalidad frente a las Ciencias, acaparadoras del conocimiento.
ANTONIO MILLÁN PUELLES: «UNA DE LAS MENTES DE MAS AMBICIOSA UNIVERSALIDAD»
1.      El pensamiento de Heidegger constituye una de las más originales aportaciones de este siglo al replanteamiento de los problemas capitales de la filosofía. Heidegger es, ante todo, un metafísico, en el estricto sentido de esta palabra, pero tal vez su originalidad se cifra en haber explorado las raíces humanas de la metafísica, valiéndose para ello del análisis de los estados de ánimo más significativos del peculiar ser del hombre.
La herencia del romanticismo está presente en la filosofía heideggeriana, no sólo en el estilo y la actitud, sino también en el sentido y la inspiración de las respuestas a los problemas metafísicos fundamentales. Con todo. las ideas más clásicas de la filosofía occidental han encontrado en este pensador un instrumento expresivo de excepcional vitalidad y hondura.
2.      Creo que cualquiera de los filósofos españoles contemporáneos, que suelen ser presentados como afines a Heidegger. tienen con éste tantas o más discrepancias que coincidencias.
3.      Con la muerte de Heidegger desaparece para el mundo entero, y no sólo para Europa, una de las mentes más inquietas y de más ambiciosa universalidad en todo el pensamiento de Occidente.
ENRIQUE TIERNO GALVÁN: «EL ÚLTIMO GRAN METAFÍSICO EUROPEO»
1.      Heidegger es uno de los últimos, quizá el último gran metafísico europeo. No me parece ninguna exageración decir que después de la gran obra metafísica de Heidegger se abre un vacío que es perceptible en este orden especulativo. Enseñó a los europeos, fundamentalmente, a preguntar sobre cualquier cuestión hasta llegar a sus fundamentos. Tanto el Heidegger existencialista como el que buscaba una nueva construcción arquitectónica de la realidad, como el solitario casi místico, ha sido para muchos intelectuales europeos el antídoto de la trivialidad.
2.      Es un lugar común establecer un paralelismo contradictorio entre Ortega y Heidegger. Realmente iban por caminos muy distintos y el parangón es un poco forzado, aunque los españoles, naturalmente, tendamos a establecer.
A mi juicio, el metafísico que estuvo más próximo a Heidegger, sobre todo en la primera época, fue Bergson; pero como la pregunta se concreta a España, pese a las diferencias fundamentales, el único de nuestros filósofos parangonable fue don José Ortega y Gasset.
3.      Creo que en parte la pregunta ya está respondida en cuanto he dicho que fue el antídoto de la trivialidad, pero con él desaparece una larga etapa cultural en la que el pensamiento alemán, sobre todo en las ciencias del espíritu, orientaba y regía el pensamiento europeo, no sólo por los muchos epígonos de la filosofía alemana, sino también porque la metafísica alemana estaba entroncada directamente con la gran teología medieval y con los pensadores griegos.
Desaparece, por consiguiente, una perspectiva global para interpretar la realidad, que se ha sustituido por el empirismo anglosajón sin que hasta ahora se vea amanecer la síntesis. En el orden del método y la gimnástica intelectual, los europeos nos estamos resintiendo de la desaparición de lo que en términos generales Heidegger significaba.
XAVIER ZUBIRI: «UN GRAN MAESTRO Y UN GRAN FILÓSOFO»
El autor de «Sobre la esencia», fiel a una norma que se ha impuesto desde hace largo tiempo, ha declinado amablemente contestar a nuestra encuesta en torno al filósofo alemán.
«Contestar a esas preguntas —dijo al redactor que mantuvo con él una fugaz conversación telefónica— interrumpiría el trabajo a que ahora me dedico; esto me prendería en la cabeza. Compréndalo. Más de una vez me he prometido romper el silencio, pero no creo que sea este el momento.»
En cuanto a la figura del ilustre pensador desaparecido, don Xavier Zubiri se limitó a decir: «Era un gran maestro y un gran filósofo
EL FILOSOFO DEL SIGLO
Heidegger ha sido durante cincuenta largos años el filósofo del siglo. Su filosofía arrancaba en forma inmediata de la fenomenología de Husserl, de los neokantianos, de Brentano. Pero su filosofía venía de más lejos. Venía de una reivindicación de gran alcance y profundidad de la filosofía griega, más concretamente, de las presocráticos. Heidegger se daba cuenta de que nuestra época era una época de superación, incluso de muerte de la metafísica. Por ello ha intentado más de una vez relacionaría con la época auroral del pensamiento occidental. Con la filosofía presocrática. Consideraba que nos encontrábamos en una edad superadora de la metafísica y que era necesario, por lo tanto, reanudar nuestro diálogo, un diálogo provocativo decía él, con una época en que el pensamiento occidental no era todavía metafísica. De aquella época Heidegger recoge, en la última etapa de su obra, lo más original, lo más actual y lo más fecundo acaso de su intensa obra de filósofo. Esta obra se inició con su tesis doctoral sobre Scoto, antes de la primera guerra mundial. Tuvo una etapa de enorme importancia con la aparición en 1927 de su obra fundamental, «Ser y tiempo», continuó en la época de los años veinte y treinta con obras fundamentales como «Kant y el problema de la metafísica», «Que es metafísica», «De la esencia del fundamento», para continuar luego con una serie de trabajos en que planteaba los problemas sociales de nuestro tiempo —concretamente, el tema del nihilismo y su invadente fuerza planetaria— y se prolongaba en las últimas tres décadas con ensayos de enorme, penetración sobre el mundo de la poesía, del arte, de la técnica, de la ciencia, y con una serie de retornas a los problemas de una ontología fundamental que significan en el esfuerzo filosófico del siglo una de las máximas excreciones del pensamiento.
Su último mensaje fue el mensaje de la serenidad. Un texto incomparable suyo, titulado concretamente así, «Serenidad», nos ofrece la mejor definición del drama, de los anhelos, de las perspectivas del tiempo presente. Define nuestra época como época inclinada al cálculo y poco propensa a la meditación. Invoca la necesidad del hombre de recobrar sus propias raíces, las raíces de su tierra, de su morada, de su patria, de superar la mentalidad del cálculo y volver a la reflexión serena, a la meditación. Reflexión, meditación, serenidad, éste es el mensaje del gran maestro de la filosofía europea, que se nos va ahora en la plenitud de sus años. Estoy seguro que se nos ha ido calmo, sereno, con su fuerte planta campesina, buscando el último sendero en el bosque, unos de aquellos senderos serenos, firmes, que él ha sabido Indicar a todos las que en su propio tiempo han hecho del pensamiento una tarea noble y humana.—Jorge USCATESCU
ABC, 27 de mayo de 1976, pp. 98-100