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miércoles, 3 de octubre de 2007

Discurso de Boadella en la Presentación de UPD (sobre derechas e izquierdas)


Desde hace bastante tiempo, por una u otra razón, me veo entremetido en estos berenjenales de la política, y cada vez que me encuentro en esta situación mi mente se formula la misma pregunta, una pregunta casi metafísica: “¿qué hace un chico como yo en un lugar como éste?”. Lo digo así porque, aun siendo la razón esencial de mi oficio la comunicación con el público, este oficio tiene como fundamento plantear un mundo donde la ficción parezca realidad, o sea, todo lo contrario del objetivo que anima esta iniciativa. Aquí se busca el máximo acercamiento a la vida real. A los auténticos problemas de cada ciudadano, intentando que las querencias tribales o el resentimiento mezquino o las fantasías históricas de unas supuestas etnias no mareen la perdiz sobre esta realidad ineludible e imprescindible para practicar una política justa. En definitiva, se busca que ningún interés particular ni chantajista se arrogue la representación del núcleo esencial de la democracia como es la voluntad ciudadana.

En este sentido, la razón por la que me meto en estos berenjenales, a pesar de no ser éste mi escenario natural, tiene todavía un resquicio teatral, tiene que ver con aquella famosa frase que aparece en el primer acto de Hamlet donde se dice: “Algo huele a podrido en el Estado de Dinamarca”.

Yo no sé a qué huele actualmente Dinamarca o si huele a algo más que a cerveza Karlsberg, pero estoy convencido de que ésta es una frase que, hoy precisamente, se puede trasladar de forma literal a España, y lo afirmo así categóricamente, porque creo que estamos asistiendo a una inquietante putrefacción en las estructuras políticas españolas y por consecuencia en los medios de comunicación o viceversa, lo primero consecuencia de lo segundo.

Tampoco hay que ponerse las manos a la cabeza, porque, como ustedes saben, todas las cosas que dependen de los seres vivos tienden a la putrefacción, y entre ellas la política siempre se ha caracterizado por ser un pudridero donde lo que cuenta más positivamente es la resistencia que uno es capaz de ofrecer a la irreversible descomposición.

Sin embargo, aun aceptando este principio biológico-moral, pienso que actualmente en nuestro país se han alcanzado unas cotas de fermentación tan irrespirables que pueden dañar seriamente la ecología social, o lo que es lo mismo, el buen ambiente entre los ciudadanos de esta nación, y cuando digo nación, me refiero a la nación española, y punto. Y cuando digo ciudadanos no pienso en gallegos, catalanes, vascos, valencianos, etc. Sino en ciudadanos españoles y punto. Por todo ello, considero que la participación de gentes no vinculadas directamente a la política profesional puede aportar una ráfaga de aire natural en un clima político altamente contaminado. Ésta es la razón de mi presencia y la de mucha otra gente, y también de mi fraternidad con los compañeros de la nueva aventura llamada PRO.

Pero hay otra razón de índole más personal. Necesito creer en que es posible organizar una formación política que jubile de una vez por todas esta coartada caduca y sectaria que, bajo el rótulo de izquierda o de derecha, se ha convertido hoy en la justificación de todas las imposturas morales y que pretende además situarnos obligadamente en un lado y contra el otro.

¿No hay manera de organizar algo distinto? ¿Tenemos que seguir consumiendo tópicos?

¡Coño! Vivimos en el 2007, hace un siglo y medio de la industrialización. Estoy saturado de política arqueológica.

Es que bajo estos conceptos decimonónicos yo no sé ni lo que soy.

Basándome en los preconcebidos degradados he anotado para ustedes una pequeña lista de mis dudas más domésticas:

Me encantan los pasodobles. ¿Esto es música de derechas o izquierdas?

Llevo treinta y dos años siendo fiel a una sola mujer. ¿Moral de la derecha, de la izquierda o del centro derecha?

No me gusta ni Tàpies, ni Miró, ni Ferran Adrià. ¿Criterio artístico ultra derechista o de centro?

Adoro el champagne y detesto el cava. ¿Gustos de la derecha o de centro izquierda?

Estoy encantado de que existan cuantos más ricos mejor. Así tengo mayores posibilidades de alcanzar un día un status semejante. ¿Complejo de centro derecha o de centro izquierda?

Desde que fui monaguillo, cada noche antes de acostarme rezo un padrenuestro en latín. ¿Tendencia sospechosa a la derecha o a la ultra derecha?

Pienso que los toros son el único arte completo que existe hoy en el mundo occidental. ¿Espectáculo de derechas o de izquierdas?

Creo que los débiles, por el hecho de serlo, no siempre tienen la razón. ¿Convicción de derechas o de derechas?

La existencia de fuerzas intangibles o divinas me parece un buen tema para polemizar, pero no es un tema de Estado. ¿Pensar así es de centro izquierda o de izquierdas?

Naturalmente que estoy por la igualdad de oportunidades, pero ante todo creo en el mérito y en la selección: el que no vale, a la cola o a la puta calle. ¿Derecha, izquierda, centro?

Estoy convencido que detrás del medio ambiente, el calentamiento global y las ONG, se ha instalado la banda de aprovechados más numerosa de los tiempos modernos. ¿Dudas de centro izquierda o derecha?

Por último, no siento ningún complejo en decir ¡Viva España! ¿Qué soy? ¿Un derechista o un fascista?

En fin, ustedes juzgaran; en todo caso lo que queda claro es que soy poco ortodoxo. Espero que el nuevo partido aparque tal corrupción en los términos. Tampoco hay que esperarlo todo, este partido no va a ser perfecto. Sólo faltaría eso. ¿Saben cuál sería mi partido perfecto? Pues sería un partido donde yo fuera el presidente, el secretario general, y el único militante y aun disidente.

No obstante, creo que este nuevo partido tiene un espacio para todos aquellos que no estamos por dogmatismos en la política, lo que en definitiva significa que estamos por la libertad. Lo que también quiere decir que estamos por el respeto a las reglas de juego, por la Constitución y por la igualdad entre todos los españoles, sean de donde sean.

Por lo tanto, a todo aquel que se sienta en esta situación y quiera además contribuir a la reconstrucción del “buen rollo” nacional, creo que ha nacido su partido.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Un articulo de Cayetana Alvarez de Toledo en El Mundo


Por Cayetana Alvarez de Toledo, (EL MUNDO, 14/09/07)

El viernes pasado, en un hotel de San Sebastián, un puñado de intelectuales y políticos de izquierdas presentaba ante la prensa el partido que venían de fundar. Su portavoz, una mujer menuda, lúcida y valiente, resumía de manera emotiva su objetivo principal: «Defenderemos la bandera de España, por la que ha sido asesinada tanta gente».
Unas horas antes, a pocos kilómetros, otra mujer, también pequeña de estatura, de firmes convicciones liberales y un heroísmo concreto y eficaz, se había puesto manos a la obra: desafiando los insultos y las amenazas de muerte, izaba la bandera nacional en la fachada del Ayuntamiento de Lizartza.
Dos escenas, dos preguntas: ¿qué ha llevado a personas como Rosa Díez, Fernando Savater o Mikel Buesa a escindirse sentimental y orgánicamente del Partido Socialista para montar un nuevo partido? En la encrucijada en la que nos hallamos, cuando lo que toca es aunar esfuerzos para defender la cohesión de España y la libertad de sus ciudadanos, ¿cómo se explica que Rosa Díez y Regina Otaola no luchen de la mano?
En el ajetreo de la rentrée, con Zapatero entregado en cuerpo («a las ocho desayuno y a las ocho y media salgo a correr») y alma («si no hubiera intentado el proceso de paz sería un presidente sin entrañas») a engañar a los españoles respecto a sus aficiones, decisiones e intenciones, ha pasado inadvertido el alcance del golpe que ha sufrido el Partido Socialista con la salida de Rosa Díez.
En efecto, la escisión constitucionalista del PSOE es la prueba más humillante y dolorosa de la traición de Zapatero a sus votantes. Al marcharse de un partido en el que ha militado durante 30 años, Rosa Díez ha dicho dos cosas que hasta ahora nadie en la izquierda se había atrevido a reconocer en público: primero, que ya no se fía de Zapatero, ni cuando desempolva, oportunista, la palabra «España», ni cuando proclama, táctico, su «firmeza» contra ETA; y, segundo, que este PSOE, el que González rehizo y Zapatero ha deshecho, ya no tiene remedio.
Los únicos que podían regenerar al Partido Socialista desde dentro han renunciado a hacerlo. Hoy el PSOE es una opción política peor, menos coherente, menos decente que ayer. Le quedan la ramplonería de Pepiño, los tejemanejes de Rubalcaba y la demagogia de Chacón. Es decir, un inmenso vacío ideológico, político y humano. Esta traición del PSOE a sí mismo, o al menos a la idea de España, deja al PP como única alternativa. No sólo para los liberales de verdad, sino también para quienes se sitúan en ese limbo, quizá contradictorio, pero muy poblado, que Rosa Díez ha bautizado como la «izquierda liberal». Lo curioso, por volver a la segunda pregunta, es que algunos todavía no lo quieran reconocer.
Desde que Díez, Savater y compañía anunciaron su decisión de fundar un nuevo partido político bajo las siglas UPD, se ha generado un intenso debate en torno a cuál de los dos grandes partidos nacionales se verá más perjudicado. La polémica no tiene mucho sentido y, a estas alturas, tampoco gran interés. La decisión está tomada y sólo el tiempo dirá hasta qué punto fue un acierto o un error. Bastante más útil a efectos de entender (y remediar) la deriva centrífuga de España es analizar los motivos por los que personas lúcidas y honestas procedentes de la izquierda, que dicen estar dispuestas a enarbolar la bandera de la libertad frente al nacionalismo, no lo hacen hasta sus últimas consecuencias. Esto es, apoyando al partido que lleva años luchando bajo esa misma bandera y es el único capaz de lograr que algún día ondee física y metafóricamente en todos los municipios de España.
No creo que sea por vanidad o afán de protagonismo, como insinúan los críticos del nuevo partido. Pero los argumentos de sus promotores tampoco resultan convincentes: decir, como ha hecho Rosa Díez, que el PP «no se atreve» a comportarse como un partido nacional es sencillamente ridículo. En cuanto a la justificación de Savater para no apoyar al PP -que en sus despachos mandan las truculentas, homófobas y antiliberales sotanas-, estoy con Jon Juaristi en que revela poco conocimiento o bastante mala fe. ¿De verdad lo que separa a Savater de María San Gil y Mariano Rajoy son los obispos? No serán monseñores Uriarte y Setién. Ni tampoco Cañizares, quien, al menos en la cuestión de la lucha contra el terrorismo, ha demostrado tener las ideas más claras y el juicio menos voluble que aquéllos que apoyaron los primeros coqueteos dialécticos de Zapatero con los etarras.
No son argumentos objetivos, sino reflejos instintivos, los que todavía impiden a muchos españoles preocupados por España apoyar al PP. Prejuicios, recelos y aversiones que están ligados a nuestra historia colectiva y nuestras historias individuales. El fondo de la cuestión no está en un análisis racional, sino en lo que podríamos llamar el bloqueo biográfico que sufre buena parte de la izquierda española.
«Yo dejé de ser de izquierdas hace 20 años. Pero tuvieron que pasar otros 15 para que pudiera votar al PP». La confesión del intelectual catalán José García Domínguez resume el problema mejor que cualquier disquisición académica. Estamos ante una cuestión ontológica: ser de izquierdas es una cuestión de piel, irracional, atávica, existencial. Quienes lucharon contra el franquismo, quienes pueden adornar sus biografías con regates a los grises y una estancia más o menos prolongada en la cárcel, quienes se ganaron el derecho a albergar un sentimiento de superioridad moral y atesoran el recuerdo sepia de Suresnes, siguen, de un modo u otro, cautivos de su biografía. No consiguen desprenderse de sus prejuicios. El rechazo a la derecha se mantiene vivo, como una corriente subterránea que riega a toda la izquierda y brota con mejor o peor intención según las hipotecas y las sensibilidades de cada biografía.
Ahí tenemos a un Juan Luis Cebrián que compensa sus escarceos con la dictadura con uno de los ataques más explícitos jamás proferidos contra la legitimidad democrática del PP: «Es como si Franco se hubiera presentado a las elecciones y las hubiera ganado». Ahí está Zapatero, el autoproclamado «rojo», el nieto redentor, que en privado califica al PP de «derecha golpista y reaccionaria» y en público se dedica a remover fosas y pactar contra España para mantenerse en el poder. Y, desgraciadamente, ahí están también algunos de los promotores de partidos como Ciutadans de Catalunya o ahora UPD, que al simultanear un discurso prácticamente idéntico al del PP con un rechazo explícito a ese mismo partido acaban reforzando el tópico del que llevan viviendo los nacionalismos desde hace 30 años: «Es que los del PP son unos fachas».
El lunes pasado, en estas mismas páginas, Rosa Díez decía que su partido servirá para «dejar sin efecto el discurso socialista que ha cuestionado la legitimidad democrática del PP» porque «romperá la estrategia del PSOE de hacer un cordón sanitario» alrededor del principal partido de la oposición. En la práctica, ya veremos. En la teoría, es exactamente al revés. No ha pasado una semana y ya hemos visto cómo algunos de sus impulsores recurren a los mismos obtusos latiguillos anti-PP acuñados por las lumbreras de Ferraz.
La izquierda española, tanto la que representan Zapatero y su círculo de estrategas sin principios como la que sí tiene una idea de España y de la libertad, sigue anclada en el pasado. Desprovista de argumentos por el triunfo aplastante del capitalismo y la consolidación de una derecha liberal en España, se aferra a la Historia: su contribución a la lucha por las libertades durante la dictadura sirve para justificar su oposición al único partido que hoy defiende esas mismas libertades.
Por eso, volviendo al gran reto de los próximos años, que es cómo fomentar la unidad institucional de España y la libertad de sus ciudadanos, la primera tarea es lograr que todos aquéllos que comparten estos objetivos básicos superen sus prejuicios y se sumen al gran proyecto colectivo que hoy encabeza el Partido Popular. La regeneración de la democracia española es posible, pero nunca podrá conseguirse mientras una parte sustancial de la izquierda no interiorice que la derecha representa hoy los valores de libertad, igualdad y solidaridad amenazados por un nacionalismo radicalizado a la sombra de Zapatero, que devora a los ilusos y a los moderados, como demuestran la última Diada y la espantada de Josu Jon Imaz.
Frente a los escrúpulos políticos, ideológicos o incluso estéticos, les propongo un ejercicio: cojan ustedes el programa electoral del PP, bien el de 2004, bien el que pronto se va a presentar; revisen, una a una, todas sus propuestas; y al acabar apunten en un papel todas aquéllas con las que no estén de acuerdo. Apuesto doble a sencillo a que la lista será muy breve. La defensa de los valores constitucionales, la apuesta por la derrota definitiva del terrorismo sin contrapartidas políticas, la bajada de impuestos, el apoyo a las familias, la firmeza ante la inmigración ilegal, la apuesta por una educación de calidad libre de dogmatismos, clericales y anticlericales… El ideario del PP refleja mejor que ningún otro lo que sienten, piensan y quieren la inmensa mayoría de los españoles.
Lo que falta en España no son partidos políticos, sino una izquierda libre de prejuicios. No es imposible. En Europa, ante los grandes retos nacionales, destacadas figuras de la izquierda están superando sus viejos recelos para unir fuerzas con la derecha. El ejemplo más evidente es el de Francia, donde la fuga de cerebros socialistas hacia las filas de Sarkozy refleja una voluntad generosa y real de servir a su país. En Alemania, Merkel encabeza una Gran Coalición. Y en el Reino Unido, Gordon Brown ha emprendido una campaña de captación de dirigentes y militantes conservadores bajo un lema inteligente e integrador: Todo el talento.
Todo el talento. De eso se trata: de sumar y no de restar, de agrupar fuerzas para abordar los grandes retos que tiene España, empezando por la conquista definitiva de la libertad. Esa es la potentísima bandera que el Partido Popular enarboló con determinación y coraje hace ya mucho tiempo y que mantiene levantada, aun en las circunstancias más difíciles, cuando cae la noche y las luces se apagan en Lizartza.

lunes, 21 de mayo de 2007

Documento: Nace en San Sebastián una plataforma que impulsa la creación de un nuevo partido político nacional


(tomado de bastaya.org)
Como el día era desapacible, a las 45 personas que acudieron a la cita en San Sebastián no les costó demasiado dedicar la mañana del sábado a deliberar sobre la viabilidad de un nuevo partido político y la forma más adecuada de proceder. Muchas otras personas convocadas a esta reunión privada no pudieron asistir, pero reiteraron su interés por formar parte del proyecto puesto en marcha el 19 de mayo. La mayoría de los reunidos eran vascos, y muchos de ellos tienen una larga experiencia en organizaciones políticas, sindicales y cívicas, en muchos casos procedentes del ámbito de la izquierda, pero también de tradición liberal y ciudadana. Pretenden poner en marcha un proyecto que interese a personas de un amplio espectro democrático, y de toda España.

Los presentes aprobaron formar una nueva plataforma que convoque y reúna a quienes consideran necesario formar un nuevo partido político, activo en toda España, que aporte nuevas propuestas políticas para los problemas considerados más acuciantes: lucha contra ETA; regeneración de la democracia; oposición al nacionalismo obligatorio; reforma de la Constitución para reforzar las libertades ciudadanas y la igualdad, con independencia del territorio de residencia, etcétera. Este partido, abierto a cualquier persona que apoye su programa y sus objetivos e ideas básicas, deberá tener un carácter inequívocamente nacional, y se unirá a Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía, nacido en Cataluña, si comparte los compromisos y las líneas maestras del proyecto.

El debate sirvió para establecer por consenso las líneas maestras del nuevo partido que se quiere crear:

* El nuevo partido tendrá un ámbito nacional español inequívoco, con la ventaja de nacer libre de las hipotecas territoriales y clientelares asumidas tanto por el PSOE como por el PP en estos años.

* Se comprometerá a impulsar un gran debate sobre la reforma de la Constitución, con vistas a resolver algunas deficiencias patentes en materia de igualdad y derechos, modelo territorial –con la vista puesta en un modelo federal cerrado, donde todas las comunidades tengan idénticas competencias dentro de un Estado sólido igualitario-, y mejorar la separación de poderes, especialmente para mejorar la autonomía del judicial respecto del ejecutivo.

* Promoverá la reforma de la Ley Electoral para impedir expresamente el peso excesivo de los nacionalismos periféricos y las distorsiones que imponen al sistema constitucional y a la voluntad ciudadana expresada en las elecciones, como ha ocurrido con la reforma del Estatuto de Cataluña.

* Será una alternativa al sistema actual de dos partidos nacionales antagónicos y obligados a aliarse con partidos regionales o separatistas para conseguir mayorías parlamentarias.

* Asumirá medidas de regeneración democrática y propondrá su institucionalización, comprometiéndose a actuar de manera más abierta y transparente que las organizaciones de modelo centralizado tradicional, y lanzando un debate sobre la conveniencia de listas abiertas, limitación de mandatos, tutela judicial de los derechos de afiliados, etcétera.

* Promoverá una política de Estado para luchar contra ETA, o cualquier otro grupo terrorista, sin concesiones políticas de ningún tipo, menos dependiente del partido que gane las elecciones o de las características personales del presidente del gobierno de turno, a salvo por tanto de las contingencias que han arruinado el eficaz y añorado Pacto Antiterrorista.
Los presentes se comprometieron a trabajar en la creación y desarrollo de una plataforma que impulse la constitución de este partido, trazado a grandes rasgos. La idea es profundizar en estas cuestiones durante los próximos meses, lanzando el debate en toda España y canalizándolo a través de un sitio específico en internet de próxima apertura, donde los interesados en participar puedan incorporarse a la plataforma. La idea es que el proyecto haya madurado lo suficiente a principios del próximo otoño y que, entre tanto, se incorporen al mismo personas y grupos de toda España, sea para converger con “Ciudadanos” u otros grupos políticos análogos en un partido común -lo que se considera muy deseable- o, en su caso, para fundar un nuevo partido político listo para presentarse a las elecciones generales del 2008 en la mayor parte de España.