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domingo, 9 de febrero de 2025

"José Luis Garci o la otra ciencia-ficción". Entrevista de Manuel Gómez Ortiz a José Luis Garci (El Libro Español : revista mensual del Instituto Nacional del Libro Español: Tomo XVI Número 186 - junio 1973)

 


JOSÉ LUIS GARCI O LA OTRA CIENCIA-FICCIÓN

• «Lo que me interesa en este género es su fuerza para renovar la capacidad de asombro», dice el guionista de «La cabina» • «Me gusta buscar lo insólito, a base de introducir elementos extraños en situaciones cotidianas» • «No se es reaccionario por criticar el uso que se hace de la máquina» • «No se está contra los inventos, sino contra el uso que se hace de ellos».

Uno en las entrevistas —desde siempre— se ha situado en un segundo plano, en la sombra, porque cree que ese es el lugar del que pregunta, porque piensa que lo que le interesa al lector —en este género periodístico— es conocer las opiniones del que responde, amén de una visión del personaje, que se va dibujando con sus propias palabras, por obra y gracia del periodista, que se limita —se debe limitar y ya es bastante— a actuar de catalizador, de provocador, de buceador, pero sin tomar aires dogmáticos, ni sentenciosos. Me parece.

Sin embargo, en este caso concreto, se ve uno movido a una especie de declaración de principios, con la única intención de hacer más inteligible el aire, el tono de esta conversación. En una palabra, sin alardes de exquisito, más bien con sincera humildad, uno confiesa que nunca le interesó lo que vulgarmente se entiende por ciencia-ficción. Ni siquiera me atrajo de niño Julio Verne. Será una tara, pero es la verdad. Me producía un cierto repeluzno —las pocas veces que intenté este tipo de lecturas— tanta máquina y tanto invento —muchos hechos realidad hoy— para sacar al hombre de su tierra-terruño y lanzarlo al espantoso —a mí me produce espanto el cosmos— silencio sideral o submarino, lejos de la matriz entrañable, y áspera a un tiempo, de nuestro planeta. En resumen, que a mis treinta y ocho años recién cumplidos, y con los ojos quemados de tanto devorar páginas, soy un analfabeto en la llamada ciencia-ficción de vía estrecha —no en Huxley, por ejemplo— y quizá en otra de más altos vuelos, porque me ha despegado, me ha impedido acercarme a ella, si antes me la han bautizado con este nombre nada aclarador y mucho “frivolizador”.

Le daba vueltas a estas ideas, mientras esperaba a José Luis Garci, guionista con Mercero de «La cabina», porque si este mediometraje es ciencia-ficción soy un enamorado de la ciencia-ficción.

—¿Qué es la ciencia-ficción?

—Ni se puede, ni yo quiero definirla. Como Susan Sontag, no soy partidario de las interpretaciones. A mí lo que me interesa en este, llamémosle, género, es su fuerza para renovar la capacidad de asombro.

—Veo que traes en la mano «Marca» y «As»; ¿te gusta el fútbol?

—Sí, soy seguidor del Atlético de Madrid, y voy con frecuencia al estadio ''Vicente Calderón''.

—¿Buscando el asombro?

—Pues, sí, exactamente.

—A mi hijo mayor le gusta y este año lo he llevado dos vecesle confieso.

—¿Y no te has fijado en el público, en el ambiente que se respira? Me apasiona todo lo que es espectáculo y la reacción del espectador.

—Ya, José Luis, ¿y el nombre de ciencia-ficción de dónde arranca? ¿Quién fue su padrino?

—Hugo Gernsback lo inventó, uniendo las dos palabras con un guión. Habría que buscar otro nombre. Ir por lo insólito, a base de introducir elementos extraños en situaciones cotidianas.

Uno podría ordenar esta charla a dos, pero prefiero respetarla en su espontaneidad un poco anárquica y reiterativa. Espero así lograr unos mejores resultados de claridad, aunque parezca raro el camino.

—¿Y la ciencia-ficción más al uso, más de la calle, de dominio público, no es algo frío y que se olvida del hombre?

—Me inclino tajantemente por la ciencia-ficción humanista: lo que importa no es Venus, sino lo que siente un hombre en Venus.

—¿Y cuándo saltó el nombre de ciencia-ficción?

—Pues te decía que con Gernsback en 1929 ó 26; no estoy seguro Pues eso, Bradbury, sin ir más lejos, incluso posibilita en este género un ejercicio político. Aunque lo cierto es que a la ciencia-ficción se le tacha de reaccionaria, porque fomenta la evasión de la realidad. Pero es un malentendimiento de la ciencia-ficción. Se la desvirtúa, incluso en las portadas de esas colecciones de bolsillo, con monstruos y tal. Eso no es ciencia-ficción; eso es aventuras. Ciencia-ficción es la literatura del futuro, de cómo será el hombre en el futuro. Hay ciencia-ficción religiosa y de todo tipo.

—¿Por qué la crítica literaria ignora, en general, la ciencia-ficción?

—Porque los críticos no la leéis, quizá por esa carga peyorativa, que está latente en lo que vamos hablando; porque no se han deslindado los caminos; porque no la han cultivado los grandes escritores de otras especialidades; por toda esa serie de cosas. Digo yo. Y quizá muchos no se atrevan a mojar su pluma en esta parcela por temor a que los llamen marcianos. Qué sé yo.

—Al público parece que le atrae, ¿no?

—Encierra un gran poder de captación. Ahí está Ibáñez Serrador con sus famosos programas de televisión de hace unos años, o la misma «Cabina». El miedo es viejo como el hombre y le subyuga, le apasiona esta literatura fantástica.

—Y evasiva, ¿no crees? A menos que se incluya un a modo de distanciamiento brechtiano, que lleve a la lucidez.

—Exactamente y por ese camino es un género con mucho porvenir.

—¿Hay autores españoles de ciencia-ficción?

—Sí, ahora te digo mis nombres españoles, pero antes quiero insistir en que lo más importante es cómo va a ser la vida del hombre en el mundo de mañana mismo. Yo creo que Corte de corteza, de Sueiro, es ciencia-ficción, y autores españoles del género son: Buiza, Raúl Torres, Plans, Tébar... A mí me gustan.

—Os inclináis mucho hacia la imagen, ¿no crees?

—Personalmente estoy influido por la literatura americana y como ellos escriben pensando en el cine, en que lleven a la pantalla sus novelas, pues priva la imagen, claro. Mis influencias vienen de Hemingway, Scott Fitzgerald... Prefiero la literatura directa, ágil, aunque elaborada.

—¿Pronto toda la literatura va ser de ciencia-ficción?

—No, pero pienso que la cultivará mucho más la gente.

—¿Por qué?

—Porque cada vez interesa más la fantasía, crearse un mundo propio. Quizás porque en el mundo existe una gran represión y no se puede contar directamente.

—¿Y no puede ser también porque cada vez se dan más las vivencias artificiales de un mundo mecanizado, y alejadas de la naturaleza?

—Creo que también puede ser por eso, sin duda.

—¿La ciencia-ficción va contra el progreso? Señalabas antes que se le acusaba de reaccionaria.

—No se es reaccionario por criticar el uso que se hace de la máquina. No se está contra la máquina, contra los nuevos inventos, sino contra la utilización que se hace de la máquina y de los inventos.

—¿Es posible una historia, una novela rosa, de amor, en ciencia-ficción?

—Yo creo que sí.

—¿Y lo profético qué papel juega aquí?

—Normalmente al plantear estos temas se tienen posibilidades de acertar. Por ejemplo, se hablaba de que la TV devoraría al hombre y ya está ocurriendo. Bradbury anticipó que se perseguiría la lectura de libros y por ahí andamos.

—¿A qué filosofía responde, entonces, la ciencia-ficción?

—Es una prolongación del hombre, como otra cualquiera. Me gusta la ciencia-ficción de humor y poética: nostálgica.

—¿Cabe la nostalgia?

—Sí, claro. Un temor a lo desconocido, al mañana, provoca la nostalgia del pasado.

—¿Qué haces ahora?

—Escribo para el cine. Ahora está rodando Eloy de la Iglesia un guión mío, que se titula «Una gota de sangre para morir amando». Y le he entregado otro al mismo De la Iglesia y otro más a Mercero.

Ray Bradbury, humanista del futuro, Adam Blake y La cabina son libros de Garci, que se llama García y desapareció la "a", fortuitamente, por una errata en «Signo» y así se quedó. En el que lleva el mismo título del famoso mediometraje, tan premiado y emitido por TVE —que lo produjo—, se recoge el guión y una serie de comentarios y artículos en torno al mismo.

—¿Qué hay de «La cabina» que no se diga en este volumen?

—Algo que se ha sabido después: es el único programa de TVE premiado internacionalmente que no se ha vuelto a emitir. ¿Por qué? No sé.

—¿Y los doce guiones hermanos de «La cabina»?

—Durmiendo el sueño de los justos.

José Luis Garci, menudo, barbudico, jersey amarillo, nervioso, enamorado de la ciencia-ficción nos ha aclarado algunos puntos. Al menos a mí, analfabeto en la materia.

Manuel Gómez Ortiz El Libro Español : revista mensual del Instituto Nacional del Libro Español: Tomo XVI Número 186 - junio 1973, pp. 12-13.

viernes, 26 de octubre de 2018

Maria José Ragué entrevista a Franco Zefirelli (Triunfo, 16 de noviembre de 1974)


Zefirelli, de la Belleza a la Disciplina
EN la Appia Antica romana, en «la Casa Grande», entre estatuas de mármol y varios perros de raza, frente a una extensa pradera y una gran piscina, enmarcados por viejos árboles, sentados en mullidos sotos blancos y con un par de bellos efebos pululando a nuestro alrededor, Franco Zefirelli me pregunta si su película «Hermano Sol, hermana Luna» se ha estrenado ya en España…
De aspecto frío y maneras suaves, la belleza correcta y estática de Zefirelli y sus claros ojos acerados le dan ciertos aires de sensibilidad wagneriana... Cortés pero no efusivo, esteta sin apasionamientos, siempre correcto pero carente de extremas genialidades, su entusiasmo por la disciplina me hace identificarle con la raza aria de los años treinta...
En la publicidad sobre «Hermano Sol, hermana Luna», Zefirelli dice «no presentar a San Francisco de Asís como un santo, sino como un contestatario de buena familia que, como algunos jóvenes de hoy, trataba de cambiar constructivamente el mundo», pero, al parecer, su pretendido mensaje con esta película es el de demostrar a los jóvenes de hoy cuán necesaria es la disciplina. 
F. Z.—Con los cambios culturales de los últimos años la gente joven ha tenido la oportunidad de expresar su modo de sentir respecto a la sociedad que los rodea y de influir en el curso de la Historia, pero junto a importantes beneficios, esto ha acarreado pérdidas considerables. En este proceso de cambio, una generación casi entera de jóvenes han perdido el privilegio de aprender, porque al enfocar la vida con una actitud agresiva y revolucionaria han dejado de estudiar. El tiempo que transcurre entre los dieciséis y los veinticinco años debe ser aprovechado para estudiar, porque esta época de estudio condiciona el resto de la vida. Nos encontramos, pues, ante una generación que ha descubierto nuevos modos de vida, pero no se ha preparado de hecho para los próximos cincuenta años, y la culpa es nuestra, porque además de tratar de comprenderlos debíamos haberles ayudado imponiéndoles una disciplina. Nada es posible sin disciplina, y la última generación no la ha tenido.
J. R. —Yo no diría, sin embargo, que San Francisco de Asís es un ejemplo de disciplina...
F. Z. —Claro que sí, incluso se me ha censurado el que en Hermano Sol, hermana Luna haya retratado a un hombre de vida demasiado fácil. Era fácil porque él dio una respuesta fácil a sus problemas: «Dios existe y la vida terrena no importa». Pero tras esta respuesta hay mucha angustia y mucho sacrificio. San Francisco sacrificó todos los momentos de su vida, perdió el placer y la alegría de vivir para prepararse para la vida futura. Su vida no era fácil como la de los jóvenes de hoy, que simplemente se sientan al sol y disfrutan de la vida.
J. R. —¿No hay, pues, conexiones entre parte de la juventud de hoy y San Francisco de Asís?
F. Z. —Sí, pero mi intención en la película era mostrar cómo la vocación de pobreza y el abandono de las estructuras sociales implica mucho sacrificio y mucha disciplina; mostrar que no es tan fácil dejarse crecer el pelo, y que si los «hippies» se dejan crecer el pelo, viven en comunas y se dedican a la música, es porque están respaldados por una sociedad económicamente fuerte; pero cuando tengan más edad tendrán problemas y se darán cuenta de que debían haber tenido una mayor disciplina.
Zefirelli es un toscano con aficiones y sensibilidad inglesas, en cuyo «currículum» profesional —brillante, ciertamente— destaca su capacidad de polifacetismo en el mundo del espectáculo. 
J. R. —Si su aspecto corresponde a su inclinación por la disciplina, me pregunto si lo que ha hecho posible sus éxitos profesionales es también este sentido de la disciplina. ¿Por qué escogió su profesión?
F. Z. —No la escogí. Estaba metido en el mundo del espectáculo como escenógrafo teatral y se me presentó casualmente la posibilidad de actuar en una película con Anna Magnani. El actor que debía interpretar el papel se había peleado con la Magnani, era urgente sustituirle, y cuando la Magnani me vio dijo que yo daba el tipo, que probara; y me dieron el papel. Luego me interesé por la dirección, trabajé como ayudante de dirección, y luego me surgió la oportunidad para escenografiar y dirigir una ópera en la Scala. Luego he dirigido teatro, he hecho televisión... En mi vida profesional todo ha sucedido naturalmente, sin que yo tuviera que hacer ningún esfuerzo.
J. R.—Aunque todo haya sucedido naturalmente, la dirección y puesta en escena en la Scala de Milán de la ópera de Rossini, “Cenerembola”, señaló et éxito de la primera etapa de Zefirelli; su película "Romeo y Julieta", en mil novecientos sesenta y siete, fue el punto clave en su éxito cinematográfico. Su carrera se desarrolla entre Italia e Inglaterra, y se diría que su creación artística está igualmente influenciada por su región natal, la Toscana, que por la obra de Shakespeare.
F. Z. —La tradición inglesa es hoy aún muy importante en Florencia, y mi padre quiso que yo aprendiera inglés; luego, en la guerra, estuve viviendo durante un año con las tropas inglesas que liberaron nuestro país, y, finalmente, en mil novecientos cincuenta y nueve me llamaron desde el Covent Garden para que dirigiera «Lucia de Lammermoor», donde cantaba Joan Sutherland, que entonces era desconocida. Mis películas son siempre en inglés, y en realidad la obra de Shakespeare está muy ligada a la historia y la cultura del Renacimiento italiano. Yo he intentado siempre unir mi base cultural italiana al teatro y las técnicas teatrales inglesas, y me siento muy cómodo en ambas culturas. Ahora acabo de dirigir en Londres una obra de Eduardo di Filippo, interpretada por Laurence Olivier, que está teniendo un gran éxito. Creo que he tenido mucha suerte en mi vida profesional y que tengo que estar agradecido a Dios y a mi destino, pero las cosas no suceden por casualidad, hay que estar dispuesto y bien preparado para aprovechar las oportunidades que nos surgen. Si cuando —debido a un incidente casual— Visconti y la Magnani decidieron ofrecerme un papel importante en «L'onorevóle Angelina» (mil novecientos cuarenta y siete) yo me hubiera estado preparando para someterme con éxito a un «test» de interpretación, mi destino hubiera cambiado.
J. R. —¿Por qué no siguió su carrera como actor?
F. Z. —Porque no quería ser ni actor ni escenógrafo, quería dirigir.
J. R. —¿Cuáles son para usted los momentos decisivos en su carrera?
F. Z. —Mi encuentro con Visconti, mi debut en el Covent Garden, dirigiendo a Joan Sutherland, en el cincuenta y nueve; la dirección de Romeo y Julieta en el Old Vic, de Londres, en mil novecientos sesenta —mi primer contacto con Shakespeare, el momento en que los Burton quisieron que les dirigiera en La fierecilla domada y mi película Romeo y Julieta.
J. R. —¿Qué hace ahora?
F. Z. —Después de haber estrenado en casi todas partes mi última película, Hermano Sol, hermana Luna, estoy trabajando y, sobre todo, pensando mucho en el proyecto de realizar cinematográficamente El infierno, de Dante.
J. R. —Estética renacentista de nuevo...
F. Z. —Si. Es el aire que respiro desde que nací; en Florencia todo te envía mensajes de belleza y perfección y en todo el mundo se hallan las huellas de la cultura italiana, en el pueblo más recóndito de Luisiana hallarás una reproducción de Botticelli o Miguel Ángel, u oirás un aria de Verdi o Puccini. Esto me da una sensación de prestigio cultural y de aristocracia de la civilización.
J. R. —Pero, ¿hasta qué punto el aire como arte no debería crear nuevas realidades en lugar de reconstruir el pasado?
F. Z. —Creo que la obra de Shakespeare, aunque ambientada en una época, es universal en el tiempo y en el espacio y transmite un mensaje de belleza. Ahora bien, depende del propósito que uno tenga; si lo que se pretende es lanzar un argumento polémico o un mensaje político, en los que se denuncie los abusos de nuestra sociedad, la belleza es innecesaria. La mayoría de obras de arte de los últimos veinte años pretenden mostramos la fealdad que nos rodea, pero a mí personalmente me interesa más la belleza.
En mi última película de San Francisco de Asís he querido centrarme en la belleza de la Naturaleza. Creo que desde un punto de vista visual, es la película más bonita que he hecho, es tan bella que nos hace llorar y enamorarnos de la Creación. «La belleza del mundo que nos rodea es tal, que Dios, que lo creó, debe ser maravilloso», piensa Francisco de Asís y así se convierte en santo. Es la elevación por la belleza, que no está de acuerdo con esta moda de lo feo. Las «estar» de moda de los últimos años son también feas; fijémonos en Liza Tinelli, Barba Streisand, Dustin Hoffmann... y nos hablan de la fealdad de la vida. Ha habido en todo el arte de los últimos años un gusto morboso por la fealdad, pero creo que esta corriente estética está ya acabada.
J. R. — ¿No cree demasiado dogmático afirmar que Streisand es fea?
F. Z. —Creo que las cosas feas pueden ser maravillosas, y que a pesar de ser la mujer más fea del mundo proyecta una belleza interior que la hace tan bella como pudiera ser Greta Garbo, y que le permite poder prescindir de la belleza externa; pero es fea.
J. R. — ¿Su proyecto sobre El infierno, de Dante, no implica también fealdad?
F. Z. —Sí, y horror. Es un tema extremadamente moral. Dante era muy rígido y severo, y no tenía la menor indulgencia para los pecados de los hombres, para los cuales establece una serie detallada de castigos. No existe caridad humana en Dante; si exceptuamos algún tipo de amor o de pasión con los que se identifica, todas sus demás pasiones son estalinistas, como era la Iglesia de su tiempo. Tal vez por esto los rusos están muy interesados en este proyecto, por esta terrible disciplina en que todos los pecados son castigados. Es inimaginable el modo cómo en trescientos versos se describe el castigo a dos ladrones que se transforman en serpientes, o los versos que relatan la diversión de los diablos con los pecadores. La poesía es bella, pero está espantosamente llena de sadomasoquismo.
J. R. — ¿Cuál es, pues, la razón de esta película?
F. Z. —La situación del mundo actual, necesitado de escarmiento y disciplina. Hemos vivido treinta años con la satisfacción de haber salido de la guerra y tratamos por todos los medios de preservar la paz, pero este período se ha acabado. Hemos pasado años viviendo en una situación permanente de carnaval y de diversión, actuando como si todos fuésemos millonarios, suprimiendo las instituciones, la familia, la amistad, el sexo, destruyéndolo todo, creyéndonos poderosos para hacer cualquier cosa, y ahora nos damos cuenta de que no somos tan poderosos como creíamos. Tenemos que vivir de un modo más severo y más profundo, y en lugar de interesamos por cosas superficiales, como la riqueza, la elegancia, la belleza y la juventud, hallar raíces más profundas, volver a encontrar nuestra identidad en nuestra familia, en nuestra localidad; olvidamos de los aviones y las autopistas y quedarnos en casa leyendo, limpiando, acompañando a nuestro esposo o esposa y a nuestros hijos...
J. R. —Y de esta idea de la vida nació Hermano Sol, hermana Luna, y va a nacer El infierno, de Dante, porque tal vez un sentido aristocrático de la belleza se pueda fácilmente transformar en una moral disciplinaria...
Franco Zefirelli y uno de sus jóvenes amigos, al finalizar esta entrevista, un sábado de invierno por la tarde, me acompañaron hasta el centro de Roma en un bonito coche «sport». La Appia Antica era de una belleza gélida.

M. ª José Ragué Triunfo, 16 de noviembre de 1974, pp. 66-67.

viernes, 14 de abril de 2017

Offret/ Sacrificio (Andréi Tarkovski, 1986)


"Escena de la promesa" de la película Sacrificio.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Entrevista a Guillermo Cabrera Infante. Programa “A fondo”.8. “Exorcismos de esti(l)o”, guiones de cine (y final).



Y creo que ha llegado el momento en que hablemos de este libro que es un libro ciertamente… bueno, todos los libros de Guillermo son libros originales. Hay una personalidad literaria muy singular y muy profunda en Guillermo. Pero yo creo que este es el más sorprendente de todos los libros…

-Hay que comenzar por explicarle al televidente el título, porque es un doble título. Se puede leer como “Exorcismos de estilo” o “Exorcismo de estío”. Es un libro de fragmentos, de parodias, de pequeños poemas, de palíndromos, de alteraciones del lenguaje, de juegos con el lenguaje, con la literatura, con las formas de la interrogación… en ciertos tratados de preceptiva literaria, hay incluso un página para ser quemada viva. Y el libro está dedicado a una misteriosa Carolita Sesé que es, sin embargo, mi hija menor.

¿Por qué no nos lee algunas de las cosas del libro, Guillermo?

-Bueno, estos son unos poemas, que en realidad, no construí yo sino que son poemas tomados de poemas famosos, incluso de un poema de San Juan de la Cruz, pero… y de otros poemas ingleses… por ejemplo hay un fragmento que se llama una “Phase phamosa” “phrase” y “phamosa” escrita con “ph”. Que dice: “No hay phase phamosa, ni última ni primera, que me levante tanto el ánimo como aquella en que puedo ver una “y” entre dos comas.  Así: pieles y pies, y como era de esperar así, y soy feliz, soy feliz, soy feliz, cuando veo unas comas y una “y””.

Como botón de muestra es suficiente para que ustedes se hagan una idea de que son estos ejercicios, estos experimentos, estos “Exorcismos de estilo” o “Exorcismo de estío”, según se quiera, o acaso…

-… se deba pronunciar…

…o acaso se deba pronunciar…Y ahora estamos en un momento en que Guillermo prepara una novela que, me imagino, piensa que es una novela… con una gran fuerza…

-Bueno, será un libro confesional; es decir, me ha llevado a que sea un libro bastante extenso. Tengo 500 páginas escritas y voy por la mitad del libro, así que pienso que será un libro mucho más voluminoso que mi primera novela. Y he tenido que interrumpirlo… lo interrumpí a fines de diciembre para empezar a escribir otro guion de cine en enero, que ahora recién acabo de terminar de completar en Londres.


¿Cuántos guiones hasta hoy?

-Bueno, he escrito varios guiones. Escribí uno para Joseph Losey basado… sobre la novela Debajo del volcán, que no se ha hecho, y parece que no se irá a hacer porque Losey ha perdido los derechos de la novela original. Hice un guion primero de una película que se llama Wonderwall, o “La pared maravillosa”, que era una especie de parodia de los años del Swinging London, que tiene música de George Harrison, uno de los Beatles, pero que fue un fracaso la película porque fue lo peor que puede hacer una película, una película cómica… que no resultaba cómica, nadie se reía con ella. Y el guion, a mi juicio, fue traicionado por el director, que era un director novel. Luego después escribí una película… un guion llamado “Vanishing point” [1971] en inglés…

Esa película se vio aquí con otro nombre...

-Creo que se llamaba, algo así, como “Punto cero” o “Punto de partida”. En realidad el título que debería tener en español es “Punto de fuga”. Esta película fue filmada en California, es decir, parte ella en California, en los estados de Nevada, de Colorado, de Nuevo Méjico. Y yo fui, por primero vez, y creo que fui el primer escritor latinoamericano que va a Hollywood como escritor, y fue para mí una experiencia fascinante. Es decir…. yo me quedé, desde ese día, encantado con la ciudad de Los Ángeles. A pesar de que es una ciudad tan diferente a Londres. Dónde uno tiene que moverse con automóvil siempre por las grandes distancias. Pero también me encontré con el viejo Hollywood. Y allí tuve un encuentro [en el rodaje de la película "Myra Breckinridge" (1970)] con uno de los grandes mitos de eróticos del siglo: con Mae West. Puede conocerla personalmente. Ella estaba en una especie de caravana dentro del estudio. Y cuando me la presentaron yo le dije galantemente que había venido desde Cuba para conocerla. Y esto le gustó mucho. Ya Mae West tiene ochenta y tantos años. Y ella trataba muy… de una manera muy digna, de protegerse de que no se le viera el vientre, porque estaba sin corsé. Es decir… un corsé que se pone para cuando actúa. Que la obliga a caminar muy despacio. Es decir, le tomaban unos veinte metros que había entre la cámara, donde ella tenía que hacer su número, que era un número de play-back, una canción que ella cantaba, acompañada por un coro de negros… y le tomaba como unos buenos minutos atravesar todo el estudio. Y este fue para mí un gran encuentro porque Mae West es uno de mis mitos, es uno de los mitos en el cual el erotismo se confunde con el humorismo.


¿De alguna manera se siente Guillermo Cabrera Infante inscrito en lo que se ha dado por llamar el “boom latinoamericano”?

-Bueno, esto ha sido una etiqueta que le puso una revista argentina a lo que fue el auge de la novela latinoamericana. Yo nunca me he sentido muy partícipe de ese grupo. Es decir, ha sido más bien un… he estado un poco afuera, un especie de outsider, más bien que alguien dentro de ese grupo.

Usted es más bien, un francotirador, un solitario…

-Un solitario, sí. Y así prefiero verme.

Y para el mañana… se ve mejor usted, ¿dónde? ¿En Londres, en Madrid, en Los Ángeles… o otra vez en La Habana?

-Bueno, La Habana, en realidad, es una ciudad que no existe más que en la nostalgia y en los sueños y en la literatura para mí. No creo que haya un futuro regreso a La Habana. Hay, posiblemente… una posibilidad de viajar a Los Ángeles y tal vez me establezca ahí para cambiar un poco el aire de Londres. Ya llevo diez años viviendo en Londres. Y creo que, en realidad, esa etapa de mi vida, aunque Londres es una ciudad que por su libertad… es decir, cada vez que me tropiezo con un policía londinense y veo que no lleva armas me siento muy bien. Y me doy cuenta que es una ciudad donde uno goza de privilegios extraordinarios.

Lo que sí parece que está bien claro es que Guillermo Cabrera Infante es una personalidad literaria distinta, singular, original, llena de atractivo, de fuerza... Que es, por otra parte, como está muy claro, uno de los guionistas predilectos del… del cine de Hollywood y que tenemos que esperar muchísimas cosas de Guillermo, entre las cuales nos gustaría que, de vez en cuando, no se olvide de nosotros, y aparezca por España para que tengamos el placer de seguir arrancándole, un poco dolorosamente, estas confesiones que a él gusta tan poco prodigar, y que sin embargo, tanto sirve para que aprendamos a estimarle y a quererle mejor.

-Muchas gracias. 
Cabrera Infante: el estilo de la nación 2817.  Joel Rendón.
Adenda:

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Entrevista a Guillermo Cabrera Infante. Programa “A fondo”. 4. La Revolución.

Guillermo Cabrera Infante en la redacción de Lunes de Revolución, en La Habana.
Hablemos un poco de la Revolución. Se había, realmente, puesto muy mal la situación en el país con los últimos años de la dictadura de Batista. Había germinado la famosa Revolución que empezó en Sierra Maestra y llegó un momento en que Fidel Castro entró triunfalmente en La Habana. ¿Ya entonces Guillermo Cabrera se había situado al lado de las fuerzas revolucionarias?

-Sí.

Ya.

-Además yo tuve cargos oficiales, casi enseguida. En el mismo enero del año 59 fui miembro del… quiero decir… miembro… presidente efectivo del Consejo Nacional de Cultura. Después pasé a ser uno de los presidentes del Instituto del Cine y, finalmente, edité y fundé el magazine Lunes de Revolución [y 2]. Es decir, la Revolución, en su primer año, fue un año de extraordinaria libertad. Había una especie de embriaguez en Cuba, pero según fueron pasando los años, y acentuándose las dificultades, esa embriaguez dejo de ser tan… expresada abiertamente como en principio y la gente empezó a ser más cauta en lo que decía. Y ocurrió un incidente que es que yo produje, y mi hermano, que se llama Saba Cabrera, dirigió un corto… un documental, de la vida nocturna habanera y este documental fue… cuando ellos fueron a pedir permiso para exhibirlo en los cines… fue primero exhibido en un programa de televisión que yo tenía que se llamaba Lunes de Revolución en televisión, y fue acogido por los televidentes con bastante buen grado.Esta película en vez de darle… de otorgarle permiso de proyección fue secuestrada por el Instituto del Cine, que en esos momentos estaba en una efervescencia estalinista, y así… fue la primera vez en Cuba que se había prohibido una manifestación artística per se, en sí misma; es decir que no había ninguna connotación política.Simplemente se acusaba a la película de mostrar a la gente divirtiéndose,cuando se supone que debían estar con el fusil al hombro y vigilando las costasde Cuba. Esta película se filmó a principios del año 60, y fue recogida en mayo de 1961. Entonces hubo una manifestación intelectual muy grande. Doscientos intelectuales, artistas, escritores, etcétera. publicaron… esto es, no publicaron… redactamos un manifiesto ["Un congreso de escritores y artistas", Lunes de Revolución, numero 109, 11 de junio de 1961] que lo hicimos llegar al presidente entonces, de lo que iba a ser la Unión de Escritores y Artistas, Nicolás Guillén, y este a su vez, lo hizo llegar a otras esferas hasta que, finalmente, fue a parar a manos del presidente de la República, y de Fidel Castro. Y entonces se decidió hacer una serie de reuniones de Fidel Castro con los intelectuales para saber porque había esta agitación con respecto a la película. De ahí vinieron unas conversaciones, que se llamaron las Conversaciones de la Biblioteca Nacional, que ocurrieron tres viernes sucesivos, en los cuales había una gran vigilancia en la entrada (nada más podían entrar escritores y artistas conocidos) y en la tribuna estaba Fidel Castro, estaba el presidente Dorticós, estaba el ministro de educación, estaba la directora del Consejo Nacional de Cultura, estaba –cosa curiosa- yo, como director de Lunes de Revolución y productor de la película. Y estas discusiones terminaron en que la película fue, definitivamente, prohibida y el magazine que yo dirigía, Lunes de Revolución fue… dejó de existir, por pretextos de que no había suficiente papel, tres meses más tarde. Ahí comenzó, verdaderamente, mi gran desilusión con la Revolución.


Estaba Guillermo Cabrera en esa película como productor presentando la alegría habanera en la noche. En la noche, La Habana ha sido siempre una noche muy alegre. Ha sido una noche multicolor. Una noche llena de ritmo. Una noche llena de sones. ¿No es así?

-Exactamente como está descrita en mi libro. Porque, en realidad, Tres Tristes Tigres comenzó como una suerte de escritura de esta película que se llamaba P.M., es decir, “Pasado Meridiano”. Yo trate de hacer… de rehacer, de reconstruir la vida nocturna que se presentaba en P.M. por medio de la literatura. Es así por eso que aparecen los tres músicos que parece tres tigres tristes en la portada de mi libro. Y… después de que dejó de existir Lunes de Revolución yo tuve una serie… un cierto exilio oficial, porque fui nombrado agregado cultural en Bruselas, que era para Cuba, como la otra cara de la luna…

Era una manera amable de alejarle a usted de…

-Sí. Alejarme… comenzaban a agruparse alrededor mío, cuando yo había yo dejado de ser director de Lunes de Revolución, los colaboradores de Lunes de Revolución, los firmantes de este manifiesto en contra de la prohibición de P.M., y allí en Bruselas estuve tres años. Entonces regresé a Cuba por la muerte de mi madre, en 1965, y realmente me asombro el cambio tan grande que había dado La Habana. Es decir era una ciudad… con una cierta tristeza. La gente parecía como una suerte de zombíes. No había un vida exterior plena como la que yo había dejado antes de irme para Bruselas. Y esto me hizo decidirme a que no podía vivir más en Cuba. Y así solicité el permiso y dejé, más o menos… con buen grado oficial, la Cuba de Castro. Y vine a vivir a España durante nueve meses, porque aquí se iba a publicar mi libro Tres Tristes Tigres,que en aquel tiempo estaba prohibido por la censura, y luego que después le hice una serie de alteraciones, fue admitido y se publicó aquí definitivamente por Seix Barral en Barcelona.


¿Esa ruptura suya con la Cuba de Castro fue una ruptura, en cierto modo, pactada, una ruptura abierta aceptada y admitida por ambas partes? Sin mayores violencias, quiero decir…

Sí… inclusive ellos me pagaron los pasajes para mis hijas y para mí de regreso a Europa, y durante algún tiempo hubo una cierta… entente entre el Gobierno y yo; es decir yo me dediqué a escribir en Inglaterra escribiendo guiones de cine, después que dejé España en 1966… pero había una cierta… inquina de ciertos elementos dentro de la Revolución hacia mí, y fue en 1968 cuando la muy importante prevista Primera Plana [en el número 292, de 30 de julio a 15 de agosto], vino a hacer una serie de entrevistas a escritores latinoamericanos que vivíamos en Europa, que yo expresé, por primera vez, mis contradicciones con respecto a la Cuba de Castro… es decir, donde expresé, por primera vez, el encuentro que había tenido con esta Habana triste y desapacible y… fui expulsado, como consecuencia, de la Unión de Escritores y Artistas de la cual yo era, todavía vicepresidente, y declarado “traidor”. Esto me resultó bastante cómico porque, en realidad, yo hacía rato que había decidido abandonar a Cuba porque a mí me interesa, más que nada, la libertad, y eso es lo que he encontrado en Inglaterra. Es decir… Londres es para mí una de las ciudades más libres del mundo.

¿Piensa usted, señor Cabrera Infante, que usted ha traicionado la Revolución o que la revolución cubana le ha traicionado a usted y a los demás cubanos? ¿Qué piensa usted hoy, en definitiva, hoy que está dónde está?

-Yo pienso que la Revolución se ha traicionado a sí misma. Y que Fidel Castro ha sido el Robespierre y el Napoleón de la Revolución. Que su afán de poder lo ha llevado a adoptar el comunismo cuando, si hubiera surgido como líder… revolucionario en 1939, quizá se habría aliado al fascismo o al nazismo para mantenerse en el poder.

Usted hijo de comunistas, de los fundadores del Partido Comunista de Gibara y, en cierto modo… sino del todo comunista, por lo menos inscrito dentro de la Revolución castrista, hoy se siente alejado de…

-Bueno, en realidad nunca fui comunista. Como yo conocí el Partido por dentro cómo… mis padres me llevaban a reuniones clandestinas cuando yo era niño… a mí nunca me gustó la imagen que proyectaba el Partido Comunista Cubano, que era un partido muy estalinista. Y así nunca fui comunista a pesar de que mi padre trabajaba en el periódico comunista, el periódico Hoy, y mi madre era también comunista. Pero la Revolución, en un principio, a la que di todo mi apoyo no era una revolución comunista, era una revolución que se presentaba, más o menos, liberal, liberalizadora, que iba a poner en práctica la constitución que Batista había abolido. Es decir, toda una serie de medidas que el pueblo cubano estaba en un 90-95% de acuerdo. Lo que ocurrió después fue un trastrueque verdadero de estas ansias del pueblo cubano.

¿Se sitúa usted en una posición abiertamente liberal y democrática?

martes, 19 de noviembre de 2013

Entrevista a Guillermo Cabrera Infante. Programa “A fondo”. 3. Cine y vida.



¿Cómo es Guillermo Cabrera por dentro?… da la sensación de un hombre dramático, de un hombre atormentado.

-Bueno, yo cambiado mucho a partir del año 72, cuando tuve mi nervous break down, mi colapso nervioso, que para terror de mi mujer, Miriam Gómez, un analista describió como una esquizofrenia temprana… entonces acudimos, acudió ella mejor dicho, porque yo estaba en esas condiciones, verdaderamente…que yo no podía reconocer la realidad a un psiquiatra que determinó que lo que yo tenía verdaderamente denominaron un surménage,un exceso de trabajo que me había bloqueado absolutamente la capacidad de raciocinio, y vivía en un delirio constante. A partir de ese momento mi vida ha cambiado, yo creo que se ha hecho más seria. Yo creo que antes yo era más dado a la risa. Más franco. Ahora soy más taciturno. Más introspectivo.

¿Le gusta a usted la gente?

-Me gustaba mucho la gente. Sobre todo me gustaba mucho el pueblo cubano. Es decir… esto está… esto aparece muy claro mi primer libro… en mi primera novela…Tres tristes tigres…me gustaba su manera de hablar, su manera de aproximar a la vida con un cierto desparpajo… eso que se llama en Cuba el choteo. Es decir, burlarse de la realidad en vez de aceptarla dramáticamente. Aceptarla con una risa y a veces una carcajada. Esto me pareció… verdaderamente extraordinario y traté de captarlo en mi libro. También me impresionaba… me impresionó mucho, en el año que viví aquí en Madrid, el pueblo español. Me gustó mucho. Me gustó su franqueza. Cierta rudeza que no se encuentra, por ejemplo, en Inglaterra donde la gente tiende a ser un poco… recogida; es decir, tal vez por el clima porque en Londres ocurre, y hablo de Londres porque yo no vivo en Inglaterra, yo vivo verdaderamente en Londres, hay una gran trasformación entre la vida del invierno y la vida del verano; es decir en invierno los ingleses se ven recogidos, embutidos en sus gabanes… y en verano salen casi desnudos a la calle, se vuelvan sobre los parques, conducen como locos, es decir, se convierten absolutamente en meridionales, tal parecería que fueran mediterráneos.

Para muchos espectadores, el nombre de Guillermo Cabrera Infante es el de un escritor cuya novela más importante, probablemente han leído casi todos, Tres tristes tigres,  por lo menos la novela más conocida… para gentes que han profundizado un poco más en su personalidad Guillermo Cabrera Infante es un hombre que es un gran estudioso del cine y un hombre que entiende el cine, que siente el cine, que se ha dedicado a la creación de guiones cinematográficos. Para otros muchos el nombre de Guillermo Cabrera está unido a la evolución cultural de Cuba, en una serie de años, unido más tarde a la revolución de Fidel Castro, después separado, al parecer, voluntariamente, de ese proceso revolucionario de Fidel, y hoy es un hombre independiente que desde hace una serie de años, vive en Londres dedicado exclusivamente a su obra literaria, a su obra de creación. Vamos a intentar conocer mejor a un hombre tan interesante… Diríamos que lo primero que, desde un punto de vista público, hace Guillermo Cabrera Infante, es inscribirse en la Escuela de Periodismo…

-Sí. Así fue cuando renuncié definitivamente a la idea de tener una carrera médica. Yo visité un verano, al término de mi bachillerato, la Escuela de Medicina… y entonces, verdaderamente, me aterró contemplar los cadáveres en la sala de disección, esto es, había como seis cadáveres en unas mesas de… metal, y el horror fue tan grande, es decir, recuerdo muy bien el olor de la putrefacción con el formol, que me hizo convencer… me convenció definitivamente que yo no estaba para la carrera médica. Entonces decidí entrar a estudiar periodismo. Yo ya había entrado a escribir. Había publicado unos cuentos. Y aunque no me interesaba el periodismo en sí, era una forma más… directa conmigo mismo, más relacionada con mi literatura, ganarme la vida a través de las letras. Y así empecé a trabajar en periodismo. Primero trabajé como corrector de pruebas, unos cuantos años. Después fui crítico de cine en la revista Carteles. Hay una cosa curiosa, yo tuve que escoger un pseudónimo para escribir las críticas de cine porque en 1952 un cuento mío publicado con malas palabras en inglés [“Balada de plomo y yerro”], fue tomado por la policía, y yo fui llevado preso y finalmente multado por haber publicado ese cuento con esas palabras que eran, verdaderamente, absolutamente incomprensibles para un cubano medio, puesto que eran malas palabras, pero en inglés, y esto condujo a que la revista que publicó el… el cuento…  la revista Bohemia, no quisiera saber nada que apareciera con mi nombre propio, y entonces inventé un pseudónimo basado en la primera sílaba de mi primer apellido y  la primera sílaba de mi segundo apellido, y así fue cómo surgió Caín, con la que escribía mis crónicas cinematográficas. Y aún hoy, cuando escribo guiones de cine, utilizo este pseudónimo.

G. C. I. leyendo a Kerouac en un bar de Santiago de Cuba, en 1959.
Este es el nombre: G. Caín, nombre que fue, en su momento, muy importante –sigue siéndolo puesto que nombre no ha desaparecido ni el hombre tampoco, aunque quizá si el menester y el vehículo de entonces…

-Lo que ahora se tiende a pronunciar “Kein” en Inglaterra, más que Caín, como en español.

Carteles y Bohemia estaban de algún modo… ¿eran de algún modo hermanas o gemelas?

-Bueno, fueron rivales durante mucho tiempo. Sí, se tenían un cordial odio los dos directores de ambas revistas, hasta que el director de Bohemia, Miguel Ángel Quevedo, que después se exiló en Caracas y murió suicidándose, decidió comprar la revista Carteles, es decir comprar la oposición, y así fue como yo empecé a ser un crítico de cine de forma regular porque yo era secretario privado de un refugiado español, Antonio Ortega, que había sido profesor en Gijón de Ciencia Naturales, y al llegar a Cuba se convirtió en periodista y yo en su secretario particular. Yo siempre iba por las noches a organizarle la biblioteca, sus ficheros… y a él le nombraron director de Carteles y el decidió que yo debía ser el crítico de cine de la revista.

Esa etapa de crítica cinematográfica, con ese nombre G. Caín, fue una etapa realmente muy importante.

-Fue una etapa que yo muchas veces sueño con ella, es decir la veo con gran nostalgia. Las primeras películas, las primeras críticas, las primeras veces que me pagaron como crítico, pues antes yo ya había sido crítico amateur, antes de ser un crítico profesional. Y luego después la obligación semanal de hacer comentarios a las películas que se estrenaban eran… era… en realidad, más bien me pagaban a mí por una diversión, puesto que mi gran placer es el cine.

Llego usted a inaugurar y a crear una cinemateca en Cuba.

-Sí. Esto ocurrió en 1950. Se creó la Cinemateca, mucho antes que yo empezara escribir sobre cine, con un grupo de amigos organizamos una cinemateca y algunos de ellos vinieron a Europa y consiguieron que la cinemateca francesa nos prestara películas, clásicos del cine silente sobre todo,  y después, en 1955, yo hice un viaje a Nueva York y conseguí que el Museo de Arte Moderno prestara a Cuba películas para la Cinemateca. Esta cinemateca funciono desde 55 al 56. En el 56 la situación política contra Batista se hacía muy imposible. Decidimos detener la Cinemateca y no exhibir una película más. Y después la Cinemateca ha resurgido en Cuba, dirigida por otras gentes, y negando ese pasado, que tuvo la primitiva Cinemateca de Cuba.

Por esos años había usted también contraído matrimonio por primera vez.

-Sí. Por primera vez me casé. Y tuve una hija en 1954. Y otra hija en 1958. Y me divorcié en 1960-61 y me casé a finales de ese año con la actriz Miriam Gómez, que es todavía mi mujer y espero que lo sea por mucho tiempo, que ella pueda resistirme a mí, con todas mis… manías, mi nerviosismo, mi vida introspectiva.

¿Es tan difícil?

-Yo creo que sí porque, por ejemplo, Miriam Gómez es muy locuaz y sigue siéndolo y yo tiendo cada vez más a la taciturnidad. He pasado de la locuacidad a una especie de… mudez… es decir me paso horas pensando… pensando en mi literatura, pensando en el pasado o en otras cosas… y tiendo en hablar poco.

Probablemente este es un estado… ¿pasajero?...

-Es posible. Pero aún en esta entrevista… me cuesta porque yo soy más un escritor que un orador… me expreso escribiendo, y me siento más libre cuando estoy frente a la máquina de escribir… que cuando hablo.
Sentados, a la izquierda, Ricardo Vigón (1928-1960), junto a Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), en el solar habanero donde vivía el escritor con su familia. Circa 1948. ”Todo lo que sé de cine (…) se lo debo a tres personas: Ricardo Vigón, Germán Puig y Néstor Almendros. Pongo a Vigón en primer lugar (…) porque es a él a quien debo más”. Guillermo Cabrera Infante: Un oficio del siglo XX © Fotografía de Germán Puig
Adenda:



  • Entrevista a Guillermo Cabrera Infante en Televisión Española. (Video.)
  • Introducción.
  • Presentación, infancia y juventud.
  • La ciudad, la literatura, el cine, los tebeos...