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jueves, 23 de noviembre de 2017

Polonia. De Gombrowicz a Kantor (ABC Literario, 18 de agosto de 1990) de José Grau



Panorama de la literatura contemporánea
Polonia. De Gombrowicz a Kantor
La literatura polaca de este siglo ha contado con figuras de primer orden: así, Witold Gombrowicz. Bruno Schulz y Stanisław Witkiewicz, a los que ha de agregarse el poeta Czesław Miłosz, premio Nobel en 1980. No es casual que la tragedia de Polonia, víctima de los totalitarismos, nutriera de forma sustancial la obra de Gombrowicz; además de marcar el doloroso final de Schulz, fusilado durante la ocupación alemana, y de Witkiewicz, que se suicidó cuando el Ejército soviético cruzó la frontera de su patria. Todavía hoy es el manadero en el que bebe la inspiración de Tadeusz Kantor, el hombre de teatro más notable de Polonia de posguerra. La literatura polaca logró sobrevivir al furor totalitario y a la ocupación rusa, y ha producido obras de notoria significación. Sólo algunos de estos nuevos nombres son conocidos en España, como es el caso de Kantor y del gran novelista Andrzej Kúsniewicz, autor de «El rey de las Dos Sicilias». Sobre la situación de las letras en Polonia José Grau ha elaborado este informe, con el que continuamos la serie dedicada al estado de la literatura en el mundo.
BAJANDO por la calle Nowy Świat, en el centro de Varsovia es fácil encontrar puestos de libros al aire libre. Desde hace unos meses, hay un tomo que destaca en todos esos tenderetes. Se trata de las memorias del legendario Jacek Kuron: «Wina i Wiara» («Culpa y confianza»), editado en 1990, en las que describe su evolución política. Kuron es un personaje muy destacado de la vida polaca: primero comunista, a partir de 1968 se fue distanciando y ligándose a la oposición; ahora es ministro del Trabajo.
Otro libro también muy popular son las memorias de Edward Gierek, secretario general del Partido Comunista durante los años setenta, década en la que Polonia se endeudó hasta dimensiones insospechadas, aunque de puertas adentro pareciera haber un relativo bienestar. A excepción de estas dos «Memorias», apenas se ven novedades en los escaparates de las librerías polacas. El sector del libro sufre especialmente la crisis, de tal manera que las obras a la venta lo están casi más por casualidad que por necesidades de mercado. Es imposible obtener un determinado libro extranjero. En Polonia hay que dejarse llevar por la improvisación, con la esperanza de que quizá se encuentre lo que se busca.
Las memorias y las narraciones de carácter histórico son las creaciones que actualmente más se leen. Hay tres temas dominantes, en torno a los cuales giran la literatura y la historia. Se trata del tema de la matanza de Katyn, donde en 1943 la policía secreta de Stalin asesinó a miles de oficiales polacos; el tema de la ocupación nazi de Polonia durante la segunda guerra mundial, y, finalmente, la epopeya que motivó la declaración del estado de guerra en 1981. Sobre estas tres materias se ven ahora en Varsovia muchas obras que, sin embargo, no son nuevas, puesto que ya habían sido publicadas en el exilio, pero que ahora son accesibles a los polacos.
En Polonia se comenta que la perspectiva del mercado libre asusta a los creadores. Andrzej Braun, presidente de la Asociación de los Escritores Polacos (Stowarzyszenie Pisarzy Polskich, SPP), ha señalado recientemente en este sentido que en el mundo la mayoría de los escritores no se gana la vida con la literatura; en Polonia todos lo desearían. Hasta ahora, un poeta podía vivir de sus poesías, porque el Estado las editaba, independientemente de que las quisiera leer o no. Ahora parece que no será así.
La literatura polaca, y el mundo de sus organizaciones, estaba casi exclusivamente representada por escritores muy implicados políticamente y que apoyaban -lógico- al régimen comunista. En el Congreso de la Cultura Polaca, interrumpido el 13 de diciembre de 1981 por la ley marcial, el escritor Andrzej Kijowski afirmó: «Todo lo que hemos escrito está destinado a la autoridad y no a los lectores.» El destinatario, añadía Braun, había sido la autoridad en forma de censura. Ahora hay que preguntarse si gustará a la sociedad, y no a la censura. En julio de 1983, la Unión fue administrativamente disuelta por «infringir las leyes». Su último presidente fue Jan Józef Szczepański.
La literatura ambiciosa, de calidad, es acogida en Polonia casi sólo por las elites. La literatura documental -a veces de gran calidad- es la que llega más al público, tanto a lectores con interés puramente literario como a los no tan interesados por las letras en sí. Es la literatura que desvela el hecho histórico o que ilumina la vida: no se persigue, pues, el arte por el arte.
Novela
En opinión del destacado crítico y profesor Janusz Sławiński, Józef Mackiewicz sigue siendo el novelista polaco contemporáneo más influyente, a pesar de haber fallecido hace cinco años.
¿Cuál es la razón? Mackiewicz, como otros grandes autores polacos, es un escritor de la emigración; por ello, sus obras se leen ahora con más devoción. Y más aún por la gente joven. A veces, según Sławiński, en la emigración estaba «lo realmente contemporáneo polaco», motivo por el cual algunos escritores mayores, o incluso ya desaparecidos, empiezan a influir en la nación en estos momentos, y también en los círculos literarios.
Józef Mackiewicz fue uno de los primeros polacos que tuvo ocasión de ver la exhumación de las tumbas de Katyn en 1943. Esta experiencia se reflejó en un libro, ya traducido a varios idiomas, y que en polaco se titula « Zbrodnia katyńska w świetle faktów i dokumentów » («Crimen de Katyn a la luz de los hechos y de los documentos»).
Mackiewicz domina excepcionalmente bien la prosa y es autor de otras muchas novelas que ahora están causando un gran impacto. Es el gran representante de la literatura documental. Lo suyo es el relato que nace en la frontera de la ficción y la documentación. Es una mezcla literaria de reportaje y crónica.
Entre los escritores en prosa vivos y que no han emigrado, Tadeusz Konwicki es el número uno. Konwicki ha publicado obras como «Mała Apokalipsa» («Pequeña Apocalipsis») o «Kompleks Polski» («Complejo de Polonia»), críticas al comunismo. Konwicki es un escritor muy arraigado en la tradición polaca, sobre todo romántica. Los elementos realistas de su obra están imbuidos en una fantasmagoría somnolienta. Konwicki, redactor del semanario «Odrodzenie» («Renacimiento») tras la Segunda Guerra Mundial, escribe también guiones de cine.
Un autor más joven que Konwicki, y también gran maestro de la prosa, es Marek Nowakowski (nacido en 1935). Se trata de un escritor que refleja minuciosamente en sus novelas la realidad polaca: es decir, sus complicaciones y el carácter vil del viejo sistema, de cuyas cenizas hay que crear algo nuevo. Marek Nowakowski es un realista tradicional y, sobre todo, un autor de género, interesado por las costumbres, el ambiente y sus curiosidades lingüísticas.
Por lo que respecta a la prosa de vanguardia, hay toda una escuela conocida como «Twórczość» («Creación»), con su correspondiente revista mensual literaria. Al margen de este grupo se encuentra un buen autor de novelas llamado Janusz Anderman.
Un caso singular es Andrzej Szczypiorski, un escritor probablemente más conocido en el extranjero que en Polonia, donde parece ser que no se le estima demasiado. Algunos críticos literarios polacos han llegado a asegurar que su prosa no es demasiado brillante. Szczypiorski, de talante conciliador pero, con todo, típicamente polaco, ha escrito novelas con la ocupación nazi de Varsovia como tema de fondo. Además de escritor es senador de Solidaridad.
De alguna manera, Stefan Kisielewski es también una excepción. Es un hombre de la derecha, que, por sólo citar un ejemplo, en la Polonia comunista se permitía alabar al general Franco porque había posibilitado el paso de un sistema autoritario a un sistema democrático y, en cierto sentido, pensaba que era un modelo para Polonia. Kisielewski no es un escritor «sensu stricto» -aunque haya escrito muchas y buenas novelas-; es, sobre todo, un publicista político y un autor decididamente antitotalitario, pero de un antitotalitarismo que proviene de la derecha, no de la izquierda. Entre sus últimas novelas se encuentran «Przygoda w Warszawie» («Aventura en Varsovia»), de 1976: « Podróż w czasie » («Viaje en el tiempo»), escrito en 1982, y «Wszystko inaczej» («Todo de otro modo»), de 1986.
Poesía
El poeta polaco contemporáneo más importante es Zbigniew Herbert (nacido en 1924), y no el premio Nobel de 1980, Czesław Miłosz. En Polonia influye mucho más Herbert por su moralismo consecuente, que constituye un punto fijo de referencia. La tradición a la que alude Herbert es la de la lírica moralista, prerromántica, o sea, clasicista.
Miłosz es un escritor simbólico, y es un premio Nobel, es decir, más universal: pero también es un prominente emigrante. Poeta sincretista, aprovecha tanto los logros de vanguardia como las tradiciones de la poesía barroca, clásica y mística. Sería difícil encontrar una dominante clara en sus versos. Miłosz, aunque muy arraigado a la tradición local polaco-lituana, supo elevar lo nacional al plano mundial. Esto fue, sin duda, lo que contribuyó a que le concedieran el premio Nobel.
Czesław Miłosz (1911) emigró en 1951 y es, desde 1960, profesor de literatura polaca y rusa en la Universidad de Berkeley (EE.UU.). Su poesía evolucionó desde el «catastrofismo» hasta la problemática histórico-filosófica y cultural, en la cual el tema predominante es la confrontación de los valores universales morales y estéticos, con las experiencias históricas del hombre de la segunda mitad del XX
Para algunos críticos, sin embargo, la gran poeta de nuestro siglo es Wisława Szymborska. Entre los jóvenes (en tomo a los cuarenta años) estarían autores tales como Stanisław Barańczak y Adam Zagajewski. Stanisław Barańczak era miembro del KOR (Comité de defensa de los obreros), un grupo de intelectuales que luego, en su mayoría, se unió al sindicato Solidaridad. Ahora Barańczak es profesor de literatura polaca en la Universidad de Harvard.
Teatro
Hay que destacar entre los autores teatrales polacos consagrados la figura del dramaturgo y director Tadeusz Kantor (1915), autor de una obra considerable que es una interrogación turbadora sobre la trágica historia de Polonia, escrita y realizada con una gran pluralidad de medios. Kantor es, sin duda, uno de los grandes nombres del teatro europeo actual. El dramaturgo ha actuado en España, y hace unos años los «Cuadernos de El Público» publicaron su excelente obra «¡Qué revienten los artistas!»
Probablemente, sólo hay otros dos buenos dramaturgos entre los escritores polacos contemporáneos: Sławomir Mrożek, que a pesar de vivir en México escribe siempre en polaco, y Tadeusz Różewicz.
Mrożek utiliza el absurdo y la fantasía para eliminar la solemnidad de la política. Sus piezas teatrales se asemejan a la de Ionesco, y son un ejemplo de la imaginación y el talento del humorista de mayor sutileza de cuantos han aparecido en Polonia desde el año 1956.
Filosofía
Dos figuras son singularmente atrayentes: Leszek Kołakowski y Roman Ingarden. Kołakowski es el más destacado filósofo polaco y uno de los punteros en el panorama mundial. Su prosa ensayístico-filosófica es de una gran calidad, y ha conseguido crear un modelo a seguir entre los autores de su país.
La teoría fenomenológica de la literatura de Roman Ingarden es una de las más destacadas del siglo XX, junto a la teoría estructuralista y la psicoanalítica. Ha creado todo un mundo de nociones en el marco de las ciencias literarias. Discípulo de Husserl, fue profesor de la Universidad de Lwów, y a partir de 1945, de la Universidad Jaguelónica de Cracovia. Ingarden realizó una investigación antológica, sobre todo de las obras de arte, además de sus logros en el campo de teoría de la literatura y de la estética descriptiva.
Ensayo
Aleksander Gieysztor, el actual director del Castillo Real, es el más destacado medievalista; junto a él destaca Aleksander Labuda. Zbigniew Wójcik es un especialista en los siglos XVII y XVIII. Emanuel Rostworowski, fallecido en 1989, estudió en profundidad el XVIII. Stefan Kieniewicz es el investigador más relevante del XIX: se ocupa sobre todo de la insurrección polaca del año 1863. Antes, al igual que la mayoría de los historiadores polacos, era marxista. Tadeusz Lepkowski -recientemente desaparecido- se ocupaba de la historia contemporánea.
En Occidente, en especial en Alemania, goza de gran prestigio Władysław Bartoszewski, que ha escrito varias obras sobre la ocupación nazi y la insurrección de Varsovia en 1944. Amigo del primer ministro Tadeusz Mazowiecki, en la actualidad es embajador de Polonia en Austria. Otros destacados historiadores son Jerzy Kłoczowski (medievalista), Piotr Wandycz (historia moderna), Marek Drozdowski (se ocupa de la historia económica de Polonia de entreguerras) y Wojciech Roszkowski (historia moderna).
José GRAU

ABC Literario, 18 de agosto de 1990, pp. VI-VII.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Sobre la estupidez occidental



Es este un tema que ya he tocado con anterioridad: la incapacidad de muchísimos occidentales por asumir la magnitud de los crímenes de los regímenes comunistas. O mejor: la negativa por parte de muchas personas de esta parte del mundo, para entender que en "la escala del Mal" (si, si, del Mal) debería haber cierta proporcionalidad entre el número de crímenes que comete un regimen determinado y el juicio que tal régimen merece. Esto es, que no es lo mismo, por muy presente que tengamos la terrible "aritmetica de la compasión", 50.000 personas asesinadas que 20.000.000, o un 3% de población de un país pasada por las armas que un 20% y así todo... Por supuesto, todo intento por juzgar bajo un mismo rasero tales asuntos, contarán con la oposición de quienes, ya sea desde la soflama sentimental-autobiográfica, ya sea desde la muy socorrida agitación del espantajo de la colaboración con la odiosa -pero no tan distinta- ideología "contraria", intentarán chantajear, enborrar el juicio, desdibujar los límites del drama. Aún peor, sin embargo, son aquellos que intentan encubrir su irresponsabilidad ante tales asuntos, negando la misma noción de verdad (Ver aquí). Auténtica hez del siglo, tales sujetos, muy presentes en las cátedras universitarias y en los "puestos de responsabilidad", verbigracia, en los "medios de comunicación", encubren, cabe sospechar, en su relativismo, más que una opción intelectual, un pasado de colaboración con tales ideologías.

¿Cuando nos daremos cuenta que tales posturas son propias de una sociedad enferma, vanagloriada en su incapacidad de concebir -si quiera- el Bien y el Mal, la realidad y la mentira, lo justo y lo injusto? ¿Cuando se tendrá la suficiente FUERZA para alejar tales temas de la pura polémica partidista? Sospecho que nunca, o por lo menos, no por mucho tiempo, pero no creo que valga la pena desanimarse.

En apoyo de tan "extremistas" posturas os traigo una pequeña parte de la entrevista que Gabriel Insausti realizó a Adam Zagajewski hace un mes para la Revista de Occidente. Como siempre espero que os interese.

—En Marca de agua, Brodski expresaba su exasperación cuando oía a los intelectuales de izquierdas hablar en términos elogiosos del régimen soviético que lo habla expulsado, sin conocerlo desde dentro. A todos los trataba con desprecio por su ingenuidad o su tozuda ceguera... salvo a una chica que conoció en Venecia, cuya hermosura no de veía empañada por el hecho de ser miembro del Partido Comunista italiano. Usted ha vivido el estalinismo y ha exiliado a París y ha regresado luego a Polonia. ¿Percibe todavía en nodotros, los europeos occidentales, esa ceguera que exasperaba a Brodski ante los nuevos acontecimientos de su país y de toda Europa del Este?
—Creo que es un verdadero problema. En cierto lugar de En la belleza ajena digo que «hay que ir a Italia y admirar el frágil milagro de esa nación llena de talento, pero, volviendo de Italia, es preciso ser consciente de nuevo de que Europa se compone del sur latino y del norte bárbaro y que esa división es más vieja que Yalta y otros alevosos tratados». Hay una división que es la huella del Imperio romano y la frontera de la latinidad, y hay otras que son fruto de acontecimientos más modernos. También suelo decir que ese norte «está aún dividido, y yo también estoy dividido». Y es que lo creo de veras. Europa está todavía muy profundamente dividida: los europeos occidentales, en especial la gente de izquierdas, no han hecho sus deberes. No entendían el horror de la experiencia soviética, del mundo soviético. He vivido durante mucho tiempo en Francia y he conocido muchas personas muy agradables y civilizadas, amantes del arte y la poesía, pero en cuanto se traía a colación el tema político parecía surgir un abismo entre nosotros. No podían entender por qué yo era tan vehemente cuando se hablaba del comunismo, debido a categorías prefabricadas como «reaccionario» o «anticomunista». Son, sencillamente, categorías inservibles o equivocadas, porque niegan la experiencia real de las cosas. No sé si ha visto usted una película alemana, La vida de los otros: es muy didáctica, muestra muy bien el horror de la vida en el Este en la era soviética, aunque no hubiera campos de concentración. No soy un escritor político y no voy a escribir sobre el tema, pero me entristece que exista ese abismo.
-Algunos fenómenos no ayudan mucho. Y no pienso únicamente en el prejuicio que anida en países que, como España, han vivido en el siglo xx una dictadura de digno contrario. Pienso también en la frivoliad con la que de reciclan como kitsch algunos simbolos siniestros. Hace apenas dos semanas, en una tienda de alimentación muy cercana a mi casa, al llegar al mostrador para pagar recordé que tenía que comprar un mechero. Pregunté si tenían, y cuando me los mostraron tuve dos reacciones sucesivas. La primera, un pequeño respingo; la segunda, la sensación de haberme convertido en un dinosaurio, un ser de una época pasada. Los mecheros tenían como motivo decorativo las siglas CCCP y la hoz y el martillo en rojo.
—Sí, algunos occidentales no se percatan de hasta qué punto puede resultar doloroso todo esto. Alguien —creo que una periodista norteamericana- escribió un libro muy bien documentado sobre el Gulag y en el prefacio describía cómo los turistas occidentales compran en Praga todo tipo de objetos de quincalla de la antigua URSS: viejos cascos de soldados, estrellas rojas... Lo que esta periodista observaba era que esa misma gente nunca compraría objetos, souvenirs, con la esvástica o con otro signo nazi o fascista. Hay un justificado odio contra los nazis, que no va acompañado de una visión ecuánime de lo que fue el mundo soviético. Y el caso es que había muchas semejanzas entre ambos totalitarismos y muchos izquierdistas occidentales casi parecen creer que los disidentes deseábamos,un regreso de la ocupación nazi, cosa que no tengo que decir que es absolutamente descabellada. La cuestión es que hubo dos sistemas de opresión sistemática y para muchos parece que aún no ha llegado el momento de revisar con justicia uno de ellos. Hoy en día, el gobierno de Putin hace cuanto puede por borrar o al menos maquillar la memoria de aquellos años terribles.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Dos poemas de Novalis y una reflexión de Zagajewski

Hoy me voy a permitir una licencia. Ayer mirando libros de poesía en la nueva Casa del Libro que han abierto en Fuencarral, me topé con un autor que -todavía no sé de que manera- marcó una parte de mi vida: Novalis. Creo que leí por primera vez a Novalis cuando estudiaba segundo de Geografía e Historia en la Autónoma de aquí, Madrid. Juraría -además- que fue una tarde a última hora buscando en la base de datos de la antigua biblioteca que había en uno de los departamentos del interior de la facultad (antes de ser trasladada a la gran biblioteca que hay ahora al lado de la estación de tren.) No lo recuerdo muy bien, pero el caso es que cayo en mis manos un volumen con los Himnos a la noche y Enrique de Ofterdingen, estoy casi seguro que en la edición que Eustaquio Barjau realizó para la Editora Nacional.
Sería la edad, las hormonas, las “cosas del corazón” o todo a la vez, pero aún recordaba antes de mi reencuentro con Novalis, por lo menos tres lustros después, algunos párrafos de sus Himnos a la Noche. No hay que dudar que ayer me compré el libro. La edición es diferente (Poesías completas. Los discipulos de Sais. Editorial DVD), pero la traducción me parece que es la misma (tendré que consultarlo). Sea como sea aquí, para quien quiera leerlo, una muestra. Espero que lo disfrutéis:
"Dejándola atrás me dirijo hacia la sagrada, inefable y misteriosa noche. Lejos yace el mundo -sumido en honda cripta- desierto y solitario es el lugar. Una profunda melancolía vibra por las cuerdas del pecho. Quiero descender en gotas de rocío y mezclarme con la ceniza- -Lejanías del recuerdo, deseos de juventud, sueños de la infancia, breves alegrías y vanas esperanzas de una larga vida acuden cubiertas de grises ropajes, como niebla en el ocaso a la puesta del sol. En otros espacios ha levantado la luz sus alegres tiendas. ¿No regresará al lado de sus hijos que esperan su retorno con la fe de la inocencia?”

(Del canto primero de Los Himnos a la noche”)

Antaño, cuando derramaba amargas lagrimas, cuando disuelta en dolor mi esperanza se desvanecía, estando en la estéril colina que en estrecho y oscuro lugar albergaba la imagen de mi vida -solo, como jamás estuvo nunca un solitario, hostigado vivía por un miedo indecible- sin apenas fuerzas, sólo un reflejo de la miseria. -Cuando buscaba auxilio a mi alrededor -avanzar no podía, retroceder tampoco- y un anhelo infinito me aferraba a la vida fugaz, apagada -entonces, desde la distancia azul -desde la altura de mi antigua dicha descendió un estertor de desfallecimiento -y de repente de rompió el vínculo del nacimiento -las ataduras de la luz. Se desvaneció la gloria terrena y con ella mi tristeza -la melancolía se fundió en un mundo insondable y nuevo- y tú entusiasmo de la noche, sueño del cielo, viniste sobre mi -el entorno se fue levantando lentamente sobre el paisaje, suspendido flotaba mi espíritu, libre vuelto a nacer. La colina se convirtió en una nube de polvo -a través de la nube vi los rasgos transfigurados de la amada. En sus ojos descansaba la eternidad -cogí sus manos, y las lágrimas se convirtieron en vinculo centelleante, inquebrantable. Pasaron milenios huyendo hacia la lejanía, como tempestades. Abrazando su cuello lloré lágrimas extasiadas por la nueva vida. -Fue el primero el único sueño -y desde entonces sólo vivo un fe eterna e inalterable en el cielo de la noche y en su luz, la amada


(Tercer canto de Los Himnos a la noche)

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"Me rebelo... contra la reducción de la realidad, contra la instauración de una franja estrecha para la vida -¡y para el arte!-, una franja donde no hay lugar ni para el heroe, ni para el santo. No es que quiera hacer propaganda del heroísmo o escribir vidas de santos; me interesa otra cosa: lo que en el plano estético corresponde al "héroe" y al "santo" es el encuentro con lo sublime. Un encuentro que nunca es esclusivo... pero no deja de ser imprescindible...

...lo que esperamos de la poesía no es el sarcasmo, la ironía, la distancia crítica, la sabia dialéctica ni el chiste inteligente (aunque todas estas virtudes de la mente cumplen su papel a la perfección siempre que se hallen en su sitio, en un tratado lleno de erudición, un ensayo o un artículo publicado en un periódico de oposición), sino la visión, el fuego y la llama que acompaña los descubrimientos a los descubrimientos espirituales. En otros terminos, lo que esperamos de la poesía es la poesía"

Adam Zagajewski

domingo, 20 de mayo de 2007

Un libro: “Los 70 a destajo. Ajoblanco y libertad” de José Ribas.


Estoy leyendo la jugosísima reconstrucción (no se me ocurre otra palabra más acertada, ya que no son ni unas memorias, ni una confesión, ni un diario...) de la revista Ajoblanco durante su época más “heroica” e influyente: la transición; y el retrato de toda una generación de la izquierda libertaria. Muy recomendable se esté o no de acuerdo con los presupuestos de los que parte el autor. De lo que llevo leído hasta el momento me quedo con un párrafo:

“Muchas veces lo he pensado: pertenezco a una generación con mitos -Jim Morrison, John Lennon, Andy Warhol, Che Guevara- pero sin maestros. En España, las circunstancias nos forzaron a ser autodidactas; nos formamos gracias al cúmulo de curiosidades sentidas y experimentadas hasta el fondo de nuestras almas. Algunos pagaron el atrevimiento con la muerte” (Pg 57)

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-¿Y ahora?
-Desde luego no eso de “maestros”....
-¿Y los mitos?
-Nada. El único mito valido era el de la esperanza utópica.

“La crisis de ideas causada por la erosión y el desdoro de las doctrinas que intentaban sustituir la tradicional metafísica de las convicciones religiosas por teorías políticas de carácter escatológico” ha supuesto la victoria de una ironía desnuda de cualquier mito humanista, de cualquier un mito que se oponga -por ejemplo- a la barbarie. La ironía de nuestros modernos y posmodernos es usada por unos... “para azotar la sociedad de consumo, otros aún luchan contra la religión o contra la burguesía. A veces la ironía expresa algo más: la desorientación en medio de una realidad plural. A menudo simplemente encubre la pobreza de pensamiento. Porque si no sabe que hacer, lo mejor es volverse irónico. Después ya veremos”

Zagajewski En defensa del fervor” (Pg15)