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viernes, 10 de marzo de 2017

¿Qué 1968? Entrevista a Antonin Liehm y Pascal Bruckner. ("La Vanguardia", 29 de junio de 1993)


Las influencias latentes del Mayo de París y la Primavera de Praga
París 1968...
Mil novecientos sesenta y ocho fue un año de rebeliones en todo el mundo. Se protestaba contra los gobiernos, se reivindicaban las cosas más variadas, los objetivos de las protestas y de las reivindicaciones eran muy diversos. En este contexto, podría parecer que el Mayo francés y la Primavera de Praga tenían fines opuestos. Pascal Bruckner y Antonin Liehm matizan este punto de vista:
-PASCAL BRUCKNER: Aunque ambos movimientos parecen opuestos, hay una analogía entre ellos: ambos intentaron liberarse de alguna tutela, en el caso de Praga la del totalitarismo comunista y, en el de París, la del autoritarismo gaullista. Lo que es interesante en el Mayo francés es que utilizó el vocabulario marxista y radical para expresar reivindicaciones de orden esencialmente individual. Todo el mundo deseaba una revolución, la cual fue encabezada por Marx, Trotski, Mao, pero se trataba principalmente de una revolución en la vida privada. El Mayo del 68 francés fue un “happening” colectivo que reivindicaba al individuo.
-ANTONIN LIEHM: Si en el Mayo del 68 parisino el colectivo reivindicaba al individuo, la Primavera de Praga empezó con exigencias firmadas por individuos y destinadas a la colectividad. Si, la ideología, los objetivos, el lenguaje de esos movimientos eran radicalmente opuestos, sin embargo tenían un denominador común: tanto uno como otro se dirigían contra el “establishment”. Cada uno de los “establishments”, el comunista, postestalinista, por una parte y, por la otra, el gaullista, se había convertido en un símbolo de algo generado tras la Segunda Guerra Mundial, y la primera generación de la posguerra, o sea, tos jóvenes del 68, se opusieron a cada uno de esos "establishments”. La Primavera de Praga fue un movimiento tolerante y liberal porque fue una oposición a un "establishment” totalitario; en cambio, el Mayo francés era antitolerante y antiliberal, ¿por qué?, pues porque buscaba una reforma de un “establishment” tolerante y liberal.
.... Praga, 1968
-Puesto que esa lucha contra el “establishment” tuvo lugar simultáneamente en todo el mundo,
¿hubo influencias y pactos entre los distintos movimientos?
-A.L.: Entre Praga y París, Praga y Berlín occidental (el movimiento de Rudi Dutschke) no hubo influencias significativas; éstas se produjeron más tarde, y fue mayor la influencia de Praga sobre París que viceversa. El líder de las protestas parisinas, Dani Cohn-Bendit, por ejemplo, pronto comprendió de qué se había tratado en Praga y empezó a buscar el punto de encuentro de sus ideas con las de Primavera de Praga. Escuchándole hoy, uno tiene la sensación de hablar con un dirigente de la Primavera de Praga. En cambio, difícilmente se encontraría a un participante del movimiento checo que se identificara con la izquierda radical occidental de entonces. Además, esa clase de izquierda occidental, la maoísta-trotskista-estalinista-guevarista, ha desaparecido, se ha disuelto; sólo quedaron de ella pequeños restos de terrorismo.
-P.B.: París vivía principalmente bajo la influencia de otras revoluciones, las francesas y las rusas. Además de eso, en París se sentía la influencia de los radicales americanos que se manifestaban contra la guerra de Vietnam. La Primavera de Praga despertaba simpatías porque intentaba sacudirse el yugo de Moscú, y es que para la izquierda francesa, Moscú también era un enemigo. En París, como en todo el mundo, la intervención soviética en respuesta a la Primavera de Praga, tuvo un impacto muy fuerte. Tras esa invasión de los tanques, la sociedad empezó a plantearse una serie de cuestiones esenciales.
-¿Hubo un impacto duradero sobre la izquierda? ¿Cuáles fueron sus consecuencias para el futuro?
-P.B. Tras esa fecha empezó a reestructurarse la izquierda francesa, y actos análogos fueron sucediendo en otros países europeos. En Francia, por una parte, los socialistas, según el ejemplo de Dubcek, intentaron construir un "socialismo con rostro humano”, y fue entonces que los socialistas fueron creciendo y tomando fuerza, al mismo tiempo que se iban liberando de la tutela comunista, de la cual hasta entonces fueron literalmente prisioneros. Poco tiempo después, en 1972, apareció François Mitterrand que dio una dirección y una identidad al socialismo francés y, cuando en 1980 abrazó a los comunistas, fue únicamente para estrangularlos mejor. La otra corriente, inspirada por la Primavera de Praga fue la que surgió del partido comunista y la que, tras los sucesos checos, se convirtió en anticomunista. A modo de ejemplo casi simbólico: el primero que saludó “La broma” de Milán Kundera, esa novela que denuncia el estalinismo, fue el comunista de toda la vida Louis Aragón. Y fue como si la publicación de "La broma” en francés y la invasión soviética de Praga despertaron una nueva intuición en una importante fracción del PC francés, la intuición del final definitivo de la ideología comunista. Y si durante los veinticinco años posteriores anduvimos a tientas en muchos asuntos relacionados con las ideologías, ahora sí comprendemos que la Primavera de Praga dio a Europa el primer impulso para acabar con el comunismo, como régimen político y como ideología.


-¿A qué se debe la fascinación por el comunismo que la intelectualidad europea y americana experimentó a lo largo de este siglo?
-A.L.: La fascinación por el comunismo se debe a la mitologización de una experiencia ajena y duró a causa de la incapacidad de analizar experiencias propias. Algo análogo está pasando hoy en la Europa del Este donde existe la fascinación por la experiencia ajena, especialmente la norteamericana, la fascinación por el mito de la riqueza y el bienestar occidental.
-P.B.: La inteligencia occidental aprobó y bendijo el totalitarismo y los estados totalitarios en nombre de la justicia y la libertad. Sartre, Althusser y muchos otros eran, pues, los responsables de esconder la verdad y de propagar la mentira, establecer el reino de la mentira entre la inteligencia occidental.
-Aparte de esas vagas y gastadas nociones de libertad y justicia, ¿cuáles fueron las causas profundas de la permanencia de esa mentira intelectual en el mundo occidental?
-P.B.: Uno: La relación de admiración-odio de los occidentales por si mismos. Dos: El odio de los intelectuales a su pertenencia a la clase burguesa; para espiar esa pertenencia, el intelectual se casaba con la ideología del adversario. Tres, y sobre todo: La fascinación por la historia. Puesto que Marx pretendía haber descubierto las leyes de la historia, el intelectual tenía la sensación que, casándose con el marxismo, se casaba con la historia.
-Hubo intentos de reconciliar el existencialismo, es decir el sistema de pensamiento filosófico predominante en la época, pensamiento basado en el individuo y la libertad, con el marxismo, que subraya lo colectivo. ¿Con qué resultados?
-P.B.: Sartre, por ejemplo, dedicó dos enormes volúmenes de su obra “La crítica de la razón dialéctica” al intento de reconciliar esos dos sistemas de pensamiento, y fracasó estrepitosamente. Y es que el individuo nunca llega a inclinarse por completo ante un sistema. Ese tratado de Sartre resultó ser bastante patético. En definitiva: a nivel filosófico Sartre no llega a convencer, a nivel histórico era un mentiroso. Sartre mintió sobre el asunto de Cuba, mintió en cuanto a la URSS, mintió a propósito de China. Su argumento principal es siempre la fascinación por la historia. Para él, la historia es una especie de diosa despiadada que devora a sus hijos, pero que un día ha de ver el triunfo de la verdad, de la justicia y del comunismo. De manera que en nombre de esa adoración de la historia, Sartre y los demás intelectuales de la izquierda radical abdicaron de cualquier ideal de espíritu crítico y libre. Y al final quedó en evidencia que Sartre luchó toda su vida por una sociedad en la cual él no hubiera querido vivir.
París 1968...
-¿Cómo fue, pues, que la intelectualidad dejó de sentirse seducida por la doctrina marxista?
-A.L.: En el Este, donde la gente la experimentó en la propia piel, el desencanto se fue produciendo durante los años 50 y 60. En Occidente, el mito perdió las fuerzas tras el 68. En Francia entraron en escena los “nuevos filósofos”, movimiento surgido del 68, que entablaron una crítica de la época anterior. Pero de nuevo, en vez de reflexionar sobre Francia, basaron su crítica sobre la experiencia ajena, en su caso sobre Solzhenitsin y el Gulag.
-¿No existe autorreflexión en Francia?
-A.L.: Los intelectuales franceses siempre han tomado prestada la experiencia de otras culturas, tanto para declarar los ideales del comunismo, como luego para destruirlos. Y lo mismo ocurre en la actualidad: los intelectuales no paran de reflexionar sobre la ex Yugoslavia, tema que es ciertamente importante, pero a causa de eso evitan analizar los problemas de su casa. Creo que el pensamiento intelectualmente interesante nace de la autorreflexión.
-P.B.: Es cierto que falta el autoanálisis, pero es porque Francia para nosotros no es el centro del mundo; lo que hacemos es escuchar atentamente los de fuera de nuestro país, acoger todas las opiniones.
-Volvamos a los últimos veinticinco años. Los “nuevos filósofos” retomaron, pues, las críticas de Raymond Aron y Albert Camus. ¿Cuál fue su aportación?
-P.B.: Los nuevos filósofos, sin tener un sistema de pensamiento propiamente original -lo que afirmaban ellos lo habían dicho antes Russell, Camus, Aron, Isaiah Berlín- denunciaron el esquema marxista. Hicieron saltar la vieja barraca de la izquierda en la que estaba enclaustrada la “inteligentsia” francesa. Gracias a eso se pudo empezar a reflexionar libremente otra vez y cambiar el modo de pensar.
-Después de veinticinco años, ¿se puede constatar que el año revolucionario 68 ha dejado huellas?
-P.B.: El significado de la Primavera de Praga está en su aportación aperturista. El Mayo francés fue una especie de gigantesco “happening” que resucitó todas esas ideologías de manera paródica: allí se desplegó el maoísmo, la revolución francesa, la revolución bolchevique. En el momento en que todo eso tenía lugar parecía algo muy serio, pero en el fondo se trataba del último día antes del crepúsculo de las ideologías de izquierdas, su última explosión que acabó en las cenizas. A partir del Mayo del 68 todas esas ideologías agonizaron, diez años más tarde murieron y hoy, tras 25 años, están bien enterradas.
-A.L.: A primera vista podría parecer que del 68 no quedó nada; pero yo creo que ocurre todo lo contrario. Con el año 68 sucede lo mismo que, en el siglo pasado, ocurrió con las rebeliones de 1848. En el año 1848, llamado la Primavera de las Naciones, hubo rebeliones y revoluciones por toda Europa. En todas partes sin excepción, esa revolución fue derrumbada por los disparos de los fusiles policiales, algo parecido a lo que sucedió en París y en Praga en el 68. Y no obstante, toda la segunda mitad del siglo XIX vivió bajo el signo de las reformas iniciadas en aquel año revolucionario, los antiguos regímenes absolutistas desaparecieron bajo el peso de las ideas del 1848, para dejar lugar a regímenes más liberales. Y creo que hoy, después de veinticinco años, podemos afirmar que aunque el movimiento revolucionario de París, el de Praga, o el alemán y el americano, etc., fueron derrumbados, sus ideas y sus reivindicaciones en muchos aspectos se llegaron a realizar. Después de veinticinco años vivimos en un mundo en el que se han realizado las más significativas reivindicaciones del 68, la sociedad las absorbió como exigencias legítimas.
-Usted acaba de regresar de Praga. ¿Se habla del aniversario allí?
... Praga 1968
-A.L.: En Praga hoy en día la gente tiene miedo de hablar siquiera de la Primavera de Praga, por temor de ser acusados de comunistas: durante esos primeros años poscomunistas, todo lo que tuvo lugar durante los 40 años de totalitarismo, lo bueno y lo malo, se sataniza de igual manera y se mete en el mismo saco.
-La generación del 68 es la que ahora lleva la batuta. ¿Cuál es su orientación?
-A.L.: En Europa Central y del Este los intelectuales tienen la sensación que en vez de ser críticos, atributo que distingue a un intelectual, ellos deberían ser complacientes con el nuevo “establishment”. Y es que si criticaran algo, creen que darían la impresión de defender el pasado comunista. Ahora bien: un intelectual complaciente es una especie de monstruo.
-P.B.: La generación del 68, o sea la mía, ha impuesto en la sociedad francesa sus reivindicaciones de la revolución del 68, y hoy sigue imponiendo sus leves. Aún no ha llegado una generación nueva capaz de imponer ideas nuevas en la sociedad. La generación más joven es incapaz de una buena crítica de la anterior.
-¿Por qué?
-P.B.: Tal vez porque ahora la vida es mucho más dura para los jóvenes, y además, quizá, porque no se beneficiaron de un sistema educativo clásico como nosotros. Es cierto que en el 68 nosotros nos rebelamos contra ese sistema que en consecuencia fue profundamente modificado. Pero creo que nos dio una base más firme, una cultura más sólida que la que se puede llegar a tener en la actualidad. Hoy en día no hay ni un escritor, ni un sociólogo, ni un filósofo con alguna aportación nueva. Los que generan la cultura en Francia son, pues, los que pertenecen a la generación del 68, que reina sin ningún contrapoder. Y eso resulta más bien inquietante.
La Vanguardia, Cultura, 29 junio 1993. p. 46 y 48.

viernes, 24 de febrero de 2017

Documentos traspapelados. El poeta y el Partido (Comunista): “Reportaje a Neruda”. Pro Arte, Santiago de Chile, 1952. Entrevista-homenaje a Pablo Neruda. Sobre la estética del realismo socialista y la política de la Unión Soviética.


Pablo Neruda en Moscú con motivo del Premio Mundial de la Paz.
Aleksandr Fadaiev saluda a Delia de Neruda
REPORTAJE A NERUDA
ProArte. Edición Nº 160 — Santiago de Chile, viernes, 28 de noviembre de 1952 — pp. 1 y 6.
A mediados del pasado mes, concertamos este reportaje con Pablo Neruda, en su casa de Isla Negra. Se lo habíamos ofrecido a nuestros lectores, y aunque con bastante tardanza, cumplimos hoy el deseo de éstos y el nuestro al darlo, aunque muy por debajo de nuestros propósitos. No contendrá la observación del repórter acerca del poeta y de su ambiente, pues esta edición ha debido reducirse a las realidades materia les del momento.
En el refugio de Isla Negra, entre su escuadra fantasma de pequeños veleros traídos de todas las tiendas marinas del mundo; entre caracoles, viejos libros náuticos, mapas medievales, cajas de música, figurillas de Oriente, y ante la mirada perenne de María Celeste y Medusa, los mascarones de proa que Pablo y Delia Neruda dejan descollantes, durante sus ausencias, allí nos habló el poeta, como desprendido de ese mareo mágico que le rodea, sobre las cosas terrenales, mirando el mar sin verlo, atento sólo a la comunicación de su verdad: el realismo socialista.
Es nuestro propósito aquí, no interrumpir esa comunicación. Perdónesenos pues, la parquedad del diálogo, en lo que a nosotros respecta.
Para quien conozca a Neruda sus residencias —la del mar y la de la ciudad— son el reflejo de su genio. Hemos conocido otras capas de poetas, y; ¡ay! cómo les desmentían, cómo nos mostraban una materialidad mezquina, tan diferente de lo que ellos exteriorizaban.
Su casa de Isla Negra y todo lo que ella contiene es como un maravilloso cofre gigante, dentro del cual se suele dormir. La de Santiago, en la Avenida Lynch, es un cofre más grande y más repleto aun de cosas y de ideas de las cosas. El escritor británico O. S. Fraser, que en su interesante libro —modestamente titulado "News from South America", editado en Londres— dedica un capítulo a su pasada por Chile, lo hace casi exclusivamente para hablar del poeta y de su gente. Fraser dice allí, refiriéndose a la casa santiaguina del poeta: "Es la única casa de poeta en que yo haya estado, que es como un poema, una expresión completa y original de personalidad". Es en este ambiente donde Neruda nos ha llevado. Y no hay contradicción posible. Un hombre que ama así la vida, no puede sino combatir de modo implacable a las ideas y hombres que viven muertos en vida. Por eso es que este mensaje suyo que hoy entregamos Incluye propósitos, de él y nuestros.
Que quienes mezclan mal las cosas, se desprendan por un instante de su intolerancia para escucharlo.

— ¿Cómo se podría sintetizar la idea del realismo socialista en la literatura y el arte.

—Sobrepasando los cánones antiguos, el realismo socialista muestra la transformación del hombre en el periodo de nacimiento de la nueva sociedad. Es decir, no se reduce a retratar al hombre y al paisaje, sino que contribuye a la formación y a la construcción del porvenir. De esta manera, el arte de nuestra época llega a cumplir un rol fundamental, como una materia tan necesaria como el acero o el ladrillo de las nuevas construcciones. El libro y la pintura deben señalar la proximidad y la fecundidad de la época socialista que viene, y deben mostrar los fundamentos humanos sociales y naturales de la esperanza contemporánea. De esta manera, el escritor se convierte en creador de la historia, asumiendo, por primera vez, un papel directo en la construcción de una época.

— ¿En qué medida crees que tal tendencia ha existido o existe en la literatura?

—En general, tenemos una noble tradición en nuestra América, en especial en la novela. Esta novela tuvo la influencia de Tolstoi y de otros protagonistas de una gran época; pero si contamos estrictamente las inclinaciones de nuestro relato americano, hallamos el naturalismo satisfecho o el realismo pesimista. El naturalismo satisfecho es, en general, la visión de los terratenientes proyectada a los ambientes populares del campo americano. Y el realismo pesimista es la incursión de la burguesía de las ciudades para deformar el alma y el contenido de la literatura.

Novelas extraordinarias como "Huasipungo" o "El señor Presidente", son verdaderos agujeros cavados por la desesperación.
En mis conversaciones con los escritores soviéticos, me contaban ellos cómo en medio de la represión, después de la revolución de 1905 Gorki escribía "La Madre", monumento a la fe en el destino humano. No podemos pensar que las terribles condiciones de nuestro pueblo justifiquen las obras atroces. Es más bien la influencia de las capas retrógradas de la actual sociedad, que pide a los artistas un mundo sombrío y sangriento, para mostrar que el hombre no tiene salida ni solución.
Aparte de esto tenemos la influencia de novelistas como Faulkner, llenos de perversidad, o poetas como Eliot, falso místico reaccionario, que dispone de un cielo particular para la nobleza británica. Y no es por casualidad que estos dos escritores reciben el Premio Nobel, coronación y premio que da una sociedad agonizante a sus propios enterradores.

Si lee uno las revistas de nuestra América, del Uruguay o de Panamá, se ve la preocupación cosmopolita, el deseo de no dejar número sin mencionar al ideólogo nazi Heidegger, o al destructivo Sartre. Este es el reflejo del cosmopolitismo y de la desnacionalización de los actuales dirigentes de nuestra sociedad criolla. La capa superintelectual se aleja de nuestros problemas y de la lucha del pueblo con sus episodios conmovedores y su grandeza. Vemos revistas, como "Sur", de Buenos Aires, que consagran números enteros a espías internacionales y colonialistas, como Lawrence de Arabia, a traidores como Drieu La Rochelle, que se envenenó antes de ser ahorcado en los momentos de la liberación de París, y que ahora abre sus páginas a un joven poeta polaco, que ha cambiado su patria —donde tanto se ha sufrido y se ha construido— por los dólares del Departamento de Estado [Ver nota abajo]. La Revista "Sur" nunca se ha preocupado de Julius Fuchik, el héroe inmortal, que antes de ser asesinado por los nazis, escribió en su calabozo, en papeles de cigarrillos, su grandiosa profesión de fe "Memorias escritas bajo la horca", y que son, a la vez, que un gran libro de todas las épocas, un canto a la esperanza y una confirmación de fe en el destino.

—Sin embargo —decimos a Neruda— no es posible esperar un cambio radical de posición, en escritores y artistas que se han nutrido de un sistema como el que tú denuncias. ¿Qué estímulos propone este realismo?
—No podemos pensar en el cambio repentino, a través de una fórmula repetida de la expresión y del contenido de los actuales artistas y escritores —nos responde el poeta—. Este cambio debe desarrollarse por los propios medios personajes y siguiendo el desarrollo más profundo y más sincero. No sacaríamos nada con catalogar la exterioridad pasajera con nombres progresistas, si no tenemos el cambio mismo de la concepción, producido a través de una lucha personal.

No creo que forzosamente esté ligado a una actividad política este desarrollo; pero sí a un cambio de criterio, a un reavalúo de las distintas partes de la sociedad.

Si durante el período de agonía del feudalismo se hubieran condenado los artistas a continuar los trabajos de tapicería galante o de rondeles para las nobles damas, sin ver el despertar de la burguesía en las ciudades, y consecuentemente el progreso humano, habrían perdido estos artistas su derecho a existir, porque no habrían visto el amanecer de una nueva clase dirigente.
En el momento actual del mundo, las fuerzas de avance, de progreso y de creación, se sitúan en el proletariado. El despertar de estos millones de hombres, la resurrección del mundo colonial, los nuevos públicos increíblemente numerosos, tienen que transformar forzosamente todos los órdenes del arte. Ante este fenómeno, es enteramente fútil discutir sobre arte dirigido o arte libre. Se trata de arte vivo o arte muerto.
Hace sólo algunos meses conversaba yo en Ginebra con el director Ansermet. Él me decía las conclusiones de su nuevo libro, que pronto aparecerá. "La música ha muerto" —me decía—. "La hemos sepultado". Yo le respondí que la música no ha muerto en la Unión Soviética, esto creo que puede ser bien claro para todos, como lo fue para Ansermet. La música atravesó por una crisis, también en la Unión Soviética, tendió a hacerse jeroglífica, atonal, disonante, hermética, difícil y antipopular. Esto venia de la influencia cosmopolita de los maestros europeos, que están matando la música. El Partido Comunista de la URSS que naturalmente, al revés de lo que pasarla con el Partido Liberal o Radical de Chile, se preocupa de toda la vida de su pueblo, y también de la ciencia y de las artes, advirtió el peligro, y señaló la gravedad de la situación. En un país eminentemente musical, en que millones de hombres llenan las salas de concierto y que ahora es difícil conseguir entradas sin tomarlas con anticipación, las salas iban quedando semivacías, el pueblo se apartaba de la música.
Los grandes compositores a quienes he tenido el honor de conocer, como Prokofieff, Schostakovich, Khachaturian, entregan ahora la totalidad de su esfuerzo a una música ligada con la tradi­ción rusa y con el porvenir de la tierra soviética. Prokofieff acaba de recibir un nuevo Premio Stalin por su “Cantata de los Bosques”, que es considerada su obra más importante. Y así, el reconocimiento de una deuda hacia su pueblo y hacia el porvenir, en vez de ser, como se ha dicho, una esterilización de la materia artística, es, pre­cisamente, la puerta de la fecundidad.

* *
¿Debe considerarse, en general, que existe un abandono de la línea humanística de los gran­des creadores?

—En la literatura vemos desaparecer ante el público más letrado, nombres que, como los de Tolstoi, Balzac, Hugo, son los nombres titánicos de la creación artística. Estos nombres arrancan de la tradición humanística de siglos, y se unen a los de Dante, Bacon, Cervantes y Shakespeare, Ra­belais y Montaigne, es decir, a una línea directa de adelanto en el conocimiento. La influencia que estos hombres tuvieron sobre una época, en que la burguesía no tenía la continuidad del pensamiento, sirvió a todo el despertar de nuestra lite­ratura americana. Hoy se desea desviar esta línea humanística, y confundir los espíritus con movi­mientos de retraso, como el existencialismo o el abstraccionismo. Estas corrientes, en vez de dar salida a los conflictos humanos, llevan al labe­rinto de la negación o de la inutilidad.
Yo creo en el BIEN, y no creo que el MAL sea el terreno de la fecundidad artística —afirma enfáticamente Neruda—. Yo creo en las ideas des­preciadas por falsas corrientes actuales, que ya terminan su efímera vida, como la verdad y la belleza. Creo que el arte debe contener el bien, la verdad y la belleza. El cultivo del mal, en el sentido byronlano o baudelieriano, es la reacción individual de un artista ante la hostilidad completa de una sociedad. Pero, ¿cómo sentir esta hostilidad en un momento auroral del mundo? Un nuevo mundo está naciendo ante nuestros ojos, la Unión Soviética, transforma la naturaleza con las más vastas concepciones, para alcanzar la pros­peridad y la paz, quinientos millones en la China cambian sus modos de vida retrasados, y se ponen con entusiasmo infinito a cambiar el fondo y la forma de su país. He visto las imprentas más grandes del mundo en antiguos países feudales, como Polonia y Rumania; he visto detenerse el tráfico en las calles de Moscú, por los suscriptores de una nueva edición de las obras completas de Balzac; he visto a los obreros del Báltico pasar sus vacaciones en el Mar Negro en Rumania; en fin, todo nos dice que un concepto más racional, más elevado y más digno de la vida se ha esta­blecido con una firmeza indestructible. Los artis­tas no tienen derecho a cerrar los ojos, y sí, deben abrirlos.
Quisiéramos —interrumpimos— que nos ha­blaras ahora, de lo que has afirmado, como la ne­cesidad de simplificar los medios de expresión, y que se observa cada vez de manera más notable en tu última poesía.
—Mi propia experiencia literaria, me indica, có­mo se transforma el estilo para adaptarlo a un nuevo público. Hace años, tuve que escribir un poema para leerlo ante ciento veinte mil perso­nas fue en el Brasil, cuando Prestes habló por primera vez al pueblo de Sao Paulo. Este poema, me enseñó mucho. Tenía que contener realismo, romanticismo revolucionario y absoluta simplicidad. Y además debía ser entendido por aquel inmenso número de personas, empleados, profe­sionales, artistas, obreros del puerto de Santos, y campesinos negros de las haciendas del café. Cada verso fue recibido con un alto murmullo por la masa, lo que me indicaba cómo llegaba a una inmensa mayoría de los que allí estaban. Estu­dié dentro de mí lo que no había producido: más tarde escribí “Los muertos en la Plaza”, y más tarde, este desarrollo hacia la simplicidad, me permitió abarcar casi todo el “Canto Gene­ral”. Pero creo que mi próximo libro será aún más sencillo.
Conversamos en seguida con Neruda acerca de la situación mundial, en relación con la paz y la guerra, cuyo diálogo terrible él ha debido escu­char en Europa durante estos dos últimos años. Sus referencias son una acusación sostenida contra la política Internacional oficial de nuestros días. Nos dice, entre otras cosas:
—El Senado norteamericano ha votado hace muy poco tiempo crédito para provocar insurrecciones en los países del socialismo, y para enviar misio­nes de espionaje y de sabotaje a estos países. El Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile. General Celedón, que regresó no hace mucho, ha declarado en “El Mercurio”:
"Estados Unidos se prepara en forma intensiva para la guerra".
En estas condiciones, es bien difícil, pero no im­posible, mantener o aumentar la amistad entre los pueblos. El fascismo norteamericano impide que salgan de sus fronteras, hombres universalmente amados, como Paul Robeson, o cierran sus puertas al que más gloria ha dado a los Estados Unidos, al gran comediante Carlos Chaplin. Es difícil para todo el mundo entrar a territorio nor­teamericano. Una inquisición, nueva forma de la Gestapo, se ha introducido en el cine, en los pe­riódicos y en las embajadas norteamericanas, los institutos norteamericanos de cultura en cada país, se dedican a la penetración en los medios inte­lectuales y estudiantiles, exportando sus ideas bélicas y sus conceptos brutales de dominación del mundo, encubriéndolos con falsas facilidades a nuestros jóvenes estudiantes. La embajada norte­americana distribuye en los colegios de Chile, pro­paganda contra la Unión Soviética; esta propa­ganda es exactamente la misma de Goebbels. A ningún joven progresista o que tenga en sus fa­milia algún pariente de ideas liberales, se le dis­pensa becas de las fundaciones norteamericanas
— ¿Observaste esa tensión de que habla cons­tantemente la prensa a través de la llamada corti­na de hierro?
—La cortina de hierro es una intención norteamericana para ocultar o disimular sus prepara­tivos de guerra. Ellos quieren impedirnos todo contacto con países nuevos, que han resuelto a su manera problemas que los afligían por edades. En este sentido, el bloqueo de Chile es casi com­pleto. No podemos comerciar ni con la China, ni vender cobre a Polonia, ni recibir libros de casi ninguna parte, mientras “Visión” y el "Reader & Digest", son violentamente descargados sobre nues­tro público para deformar y envenenar nuestra nacionalidad.
Hace poco, en la revista “Time” se publicó una gruesa calumnia en contra mía. No creo necesario desmentir, porque calumnias de este tipo se han hecho contra muchos chilenos, en esa misma re­vista. Citaré los casos del Presidente Aguirre Cerda y del Presidente señor Ibáñez. A esta revista no le gusta desmentir sus calumnias, que forman la parte principal de su texto. Yo recuerdo que en Moscú, habiéndome hecho una revista literaria una entrevista, hice saber que algunos de los concep­tos emitidos por el periodista, como expresados por mí, no estaban en mis declaraciones. Los colegas del periodista aquel, lo citaron y lo en­juiciaron, haciéndolo renunciar a su puesto, por permitirse alterar mis declaraciones. Eso es un ejemplo de moral periodística que la revista "Time” estaría muy lejos de seguir; por el contrario, allí se premiarla al tergiversador
Lo peor es que esta cortina norteamericana inunda el mundo occidental, y aísla cada vez más a los pueblos. Hay que recordar que la más expresión más alta del arte coreográfico soviético, la bailaría Ulanova, con toda su trouppe, fue expulsada de Italia después de dar “Romeo y Julieta”, como nunca más podrán verlo los italianos, y por órde­nes de la embajada norteamericana. Estos son crímenes contra la cultura, y éste es el camino de Hitler.
La última vez que escuche a Ehrenburg, en Berlín, él nos decía:
"Se acaba de formar un comité presidido por un antiguo embajador norteamericano en Moscú, para la liberación de Rusia. En los Estados Unidos se quiere liberar a los rusos de los rusos. Oficial­mente yo puedo asegurar que en la Unión Sovié­tica no permitiríamos ninguna institución que qui­siera liberar a Norteamérica de los norteamericanos”.
La política de guerra de los propietarios del salitre y del cobre de Chile, política de colonización, ha llegado a ofrecer síntomas de locura. No olvidemos que el señor Forrestal, Ministro de Guerra yankee después de proclamar la instalación de bases aéreas en la luna, para bombardear a la URSS, terminó por tirarse de una ventana.
Yo sostengo que es posible la convivencia entre los sistemas y los regímenes diferentes, en nuestro mundo actual, y que sólo es posible la compe­tencia pacifica de ellos. A este respecto, un mi­llonario yanki decía con franqueza a un amigo:
No temamos a vuestros tanques, sino a vues­tras cacerolas”.
Nosotros no tenemos por qué temer ni a los tanques que aplastaron el nazismo ni a las cace­rolas en que se preparé comida para millones de hombres.
* *
La entrevista con el poeta del Canto General ha seguido un poco el orden desordenado de nues­tras preguntas. De repente se detiene, sonriente, frente al repórter con ademán de reproche, cuando la conversación se prolongaba ya demasiado rato sobre la situación mundial:
—Tú no harás que yo olvide mi gran interés por referirme a nuestra poesía.
—Es que lo de casa queda siempre para el final.
—Mi impresión es que la poesía sigue su curso venturoso en nuestro país. Las publicaciones que llegaban de Chile —a pesar de que no hay ninguna estrictamente literaria—, rara vez las abría sin encontrar un nuevo nombre. Las tendencias de la poesía chilena en los jóvenes poetas, son una franca inspiración hacia la claridad (a la vez, posiblemente, la mayor dificultad también que ven­cer), y una preocupación grande sobre Chile y las cosas del país, hacia lo que llamaríamos con título de almacén: "los frutos del país” Hay tam­bién una creciente tentativa de tomar parta en los problemas del pueblo, y aun cierta precipita­ción en ello. En un país tan extraordinariamente po­lítico como el nuestro, la poesía política es algo natural que no sólo nos viene de los clásicos como Quevedo y Lope, sino de poetas como Pezoa Véliz, Pedro Antonio González y Dublé Urrutia
Lo interesante en esta situación es el desarrollo de cada una de las personalidades poéticas, la maduración de sus cualidades, la misma lucha individual de cada uno de los jóvenes poetas por llegar a expresar el considerable reino que los poetas de este tiempo debemos conquistar, y el lenguaje más directo y más hermoso.
Hay, naturalmente, una cosa establecida: ha terminado el ciclo de la poesía oscurantista, o lo menos estamos en su momento crepuscular. Las tinieblas no tienen nada que ver, ni deben tener nada que ver con nuestra vida. No hay sitio tampoco para la "angustia”, en un mundo en que mayor número de hombres cada vez comparten la lucha, la liberación y la alegría. Las angustias metafísicas son bien pequeñas al lado de la terri­ble condición material de la gente. Sin embargo, si los poetas no pueden, por incapacidad, compar­tir los dolores y las luchas generales de todos los hombres, no tenemos guerra contra ellos. El mismo curso de la vida les irá mostrando el cami­no, si en realidad son poetas, es decir, si son gene­rosos. Habrá siempre el caso de los irreductibles devoradores de papel. Esos se empapelarán por dentro hasta morir sin humildad y sin heroísmo.
— ¿Qué opinión te merecen los artistas chile­nos que encontraste en el extranjero?
—También allí he encontrado ejemplos de la vitalidad juvenil de nuestra patria. Quiero seña­lar especialmente el extraordinario éxito del pin­tor Nemecio Antúnez que acaba de hacer una nueva exposición en Europa, esta vez en Oslo. Es un joven maestro que busca su camino, y que ha adquirido ya los medios de expresión y la orientación de nuestro tiempo. Venturelli ha hecho a China un regalo digno de nuestra patria. La única pintura que adorna el Comité Nacional de la Paz de China en un mural de nuestro gran pintor. Por otra parte, me ha asombrado la obra realista y espléndida da la joven pintora Carmen Cereceda.
— ¿Y Matta?
—Siento a Matta muy inquieto. Las ondas eléc­tricas del tiempo que viene no pueden dejar de llegar a un explorador tan inteligente.
La entrevista ha terminado en Isla Negra, el día 11 de Octubre. Nos es muy fácil recordar la fecha, porque el 11 es la víspera del 12 y el 12 es el llamado Día de la Raza. Pasó la noche con nosotros el arquitecto español Germán Rodríguez-Arias, amigo íntimo de Pablo y, además, el constructor de la encantada casa marina del poeta. Temprano, nos levantamos. Hormiguita y Germán Rodríguez dormían aún. Pablo nos con­dujo a una pequeña elevación del terreno cerca de la casa, donde ese día debía inaugurarse un mástil para la bandera nacional. Pepe, el chofer del station-wagon de Pablo, que acorta las a veces largas esperas en el auto, leyendo el “Canto Ge­neral", como si fuera un breviario, portaba solem­nemente la insignia chilena, mientras Pablo lle­vaba las “provisiones'’ para la ocasión: un cen­tenar de cohetes, petardos y otros detonantes
Se izó la bandera en lo alto del mástil, y enton­ces se celebró el Día del Descubrimiento con una salva interminable de petardos, que despertó a toda la pequeña colonia de Isla Negra.
Pero nuestro amigo Rodríguez-Arias no habla aún despertado. Entonces Neruda le espetó el siguiente discurso, con una voz que el otro pudo haberla escuchado aún dormido:
"El haber nacido en la península ibérica es una gran responsabilidad. ¡Tendrás que pagarlo!”.
Y desencadenó sobre su amigo tal estrépito de petardos, que ésta hubo de saltar al campo para unirse a tan sonoras celebraciones.
Así es Pablo Neruda inflexible contra la mentira compartida, combatiente ardoroso por los derechos humanos, y al mismo tiempo alegre y juguetón como un muchachito, cuando el humor le corre como una comezón por las arrugas de la risa
***
Creemos que tus juicios de este reportaje co­rrerán de boca en boca —le decimos—. Habrá pros y contras, como debe ser cuando como ahora, la comprensión entre hombre y hombre se ve en­trabada por los prejuicios y las intolerancias.
—Sí, así debe ser —nos dice, despidiéndose con la mano sobre nuestro hombro—. Que siga esta conversación a través de "Pro Arte”, con todos los que se interesen por ella. Que me pregunten lo que quieran. Tengo un gran deseo de que hable­mos libremente de estas cosas.

Y aquí dejó Neruda iniciada esta conversación. Nuestras columnas están desde hoy esperando el debate.



[Nota del editor] Pablo Neruda hace aquí referencia al poeta polaco Czeslaw Milosz que, en 1951, pidió asilo en París tras servir como agregado cultural en las embajadas de la “Polonia soviética” de Estados Unidos y de Francia entre 1946 y ese mismo año. Milosz es el autor, entre otros libros, de La mente cautiva y Otra Europa, en donde hace referencia no sólo a su huida “del Este” y al clima totalitario que imperaba en Polonia durante esos años, sino a la relación que Milosz mantenía con Neruda (había traducido al polaco varios poemas del autor chileno) y al gran disgusto con que acogió estas declaraciones. Czeslaw Milosz vivió (él, su mujer y sus dos hijos) hasta una década más tarde, cuando fue contratado como profesor de Literatura Polaca en Berkeley (California) de 1961, de los magros ingresos que supusieron sus colaboraciones periódicas con la prensa polaca del exilio, sus traducciones y los ingresos que obtenía de unos libros que eran sistemáticamente boicoteados por la intelectualidad filo-comunista francesa.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Entrevista a Guillermo Cabrera Infante. Programa “A fondo”. 4. La Revolución.

Guillermo Cabrera Infante en la redacción de Lunes de Revolución, en La Habana.
Hablemos un poco de la Revolución. Se había, realmente, puesto muy mal la situación en el país con los últimos años de la dictadura de Batista. Había germinado la famosa Revolución que empezó en Sierra Maestra y llegó un momento en que Fidel Castro entró triunfalmente en La Habana. ¿Ya entonces Guillermo Cabrera se había situado al lado de las fuerzas revolucionarias?

-Sí.

Ya.

-Además yo tuve cargos oficiales, casi enseguida. En el mismo enero del año 59 fui miembro del… quiero decir… miembro… presidente efectivo del Consejo Nacional de Cultura. Después pasé a ser uno de los presidentes del Instituto del Cine y, finalmente, edité y fundé el magazine Lunes de Revolución [y 2]. Es decir, la Revolución, en su primer año, fue un año de extraordinaria libertad. Había una especie de embriaguez en Cuba, pero según fueron pasando los años, y acentuándose las dificultades, esa embriaguez dejo de ser tan… expresada abiertamente como en principio y la gente empezó a ser más cauta en lo que decía. Y ocurrió un incidente que es que yo produje, y mi hermano, que se llama Saba Cabrera, dirigió un corto… un documental, de la vida nocturna habanera y este documental fue… cuando ellos fueron a pedir permiso para exhibirlo en los cines… fue primero exhibido en un programa de televisión que yo tenía que se llamaba Lunes de Revolución en televisión, y fue acogido por los televidentes con bastante buen grado.Esta película en vez de darle… de otorgarle permiso de proyección fue secuestrada por el Instituto del Cine, que en esos momentos estaba en una efervescencia estalinista, y así… fue la primera vez en Cuba que se había prohibido una manifestación artística per se, en sí misma; es decir que no había ninguna connotación política.Simplemente se acusaba a la película de mostrar a la gente divirtiéndose,cuando se supone que debían estar con el fusil al hombro y vigilando las costasde Cuba. Esta película se filmó a principios del año 60, y fue recogida en mayo de 1961. Entonces hubo una manifestación intelectual muy grande. Doscientos intelectuales, artistas, escritores, etcétera. publicaron… esto es, no publicaron… redactamos un manifiesto ["Un congreso de escritores y artistas", Lunes de Revolución, numero 109, 11 de junio de 1961] que lo hicimos llegar al presidente entonces, de lo que iba a ser la Unión de Escritores y Artistas, Nicolás Guillén, y este a su vez, lo hizo llegar a otras esferas hasta que, finalmente, fue a parar a manos del presidente de la República, y de Fidel Castro. Y entonces se decidió hacer una serie de reuniones de Fidel Castro con los intelectuales para saber porque había esta agitación con respecto a la película. De ahí vinieron unas conversaciones, que se llamaron las Conversaciones de la Biblioteca Nacional, que ocurrieron tres viernes sucesivos, en los cuales había una gran vigilancia en la entrada (nada más podían entrar escritores y artistas conocidos) y en la tribuna estaba Fidel Castro, estaba el presidente Dorticós, estaba el ministro de educación, estaba la directora del Consejo Nacional de Cultura, estaba –cosa curiosa- yo, como director de Lunes de Revolución y productor de la película. Y estas discusiones terminaron en que la película fue, definitivamente, prohibida y el magazine que yo dirigía, Lunes de Revolución fue… dejó de existir, por pretextos de que no había suficiente papel, tres meses más tarde. Ahí comenzó, verdaderamente, mi gran desilusión con la Revolución.


Estaba Guillermo Cabrera en esa película como productor presentando la alegría habanera en la noche. En la noche, La Habana ha sido siempre una noche muy alegre. Ha sido una noche multicolor. Una noche llena de ritmo. Una noche llena de sones. ¿No es así?

-Exactamente como está descrita en mi libro. Porque, en realidad, Tres Tristes Tigres comenzó como una suerte de escritura de esta película que se llamaba P.M., es decir, “Pasado Meridiano”. Yo trate de hacer… de rehacer, de reconstruir la vida nocturna que se presentaba en P.M. por medio de la literatura. Es así por eso que aparecen los tres músicos que parece tres tigres tristes en la portada de mi libro. Y… después de que dejó de existir Lunes de Revolución yo tuve una serie… un cierto exilio oficial, porque fui nombrado agregado cultural en Bruselas, que era para Cuba, como la otra cara de la luna…

Era una manera amable de alejarle a usted de…

-Sí. Alejarme… comenzaban a agruparse alrededor mío, cuando yo había yo dejado de ser director de Lunes de Revolución, los colaboradores de Lunes de Revolución, los firmantes de este manifiesto en contra de la prohibición de P.M., y allí en Bruselas estuve tres años. Entonces regresé a Cuba por la muerte de mi madre, en 1965, y realmente me asombro el cambio tan grande que había dado La Habana. Es decir era una ciudad… con una cierta tristeza. La gente parecía como una suerte de zombíes. No había un vida exterior plena como la que yo había dejado antes de irme para Bruselas. Y esto me hizo decidirme a que no podía vivir más en Cuba. Y así solicité el permiso y dejé, más o menos… con buen grado oficial, la Cuba de Castro. Y vine a vivir a España durante nueve meses, porque aquí se iba a publicar mi libro Tres Tristes Tigres,que en aquel tiempo estaba prohibido por la censura, y luego que después le hice una serie de alteraciones, fue admitido y se publicó aquí definitivamente por Seix Barral en Barcelona.


¿Esa ruptura suya con la Cuba de Castro fue una ruptura, en cierto modo, pactada, una ruptura abierta aceptada y admitida por ambas partes? Sin mayores violencias, quiero decir…

Sí… inclusive ellos me pagaron los pasajes para mis hijas y para mí de regreso a Europa, y durante algún tiempo hubo una cierta… entente entre el Gobierno y yo; es decir yo me dediqué a escribir en Inglaterra escribiendo guiones de cine, después que dejé España en 1966… pero había una cierta… inquina de ciertos elementos dentro de la Revolución hacia mí, y fue en 1968 cuando la muy importante prevista Primera Plana [en el número 292, de 30 de julio a 15 de agosto], vino a hacer una serie de entrevistas a escritores latinoamericanos que vivíamos en Europa, que yo expresé, por primera vez, mis contradicciones con respecto a la Cuba de Castro… es decir, donde expresé, por primera vez, el encuentro que había tenido con esta Habana triste y desapacible y… fui expulsado, como consecuencia, de la Unión de Escritores y Artistas de la cual yo era, todavía vicepresidente, y declarado “traidor”. Esto me resultó bastante cómico porque, en realidad, yo hacía rato que había decidido abandonar a Cuba porque a mí me interesa, más que nada, la libertad, y eso es lo que he encontrado en Inglaterra. Es decir… Londres es para mí una de las ciudades más libres del mundo.

¿Piensa usted, señor Cabrera Infante, que usted ha traicionado la Revolución o que la revolución cubana le ha traicionado a usted y a los demás cubanos? ¿Qué piensa usted hoy, en definitiva, hoy que está dónde está?

-Yo pienso que la Revolución se ha traicionado a sí misma. Y que Fidel Castro ha sido el Robespierre y el Napoleón de la Revolución. Que su afán de poder lo ha llevado a adoptar el comunismo cuando, si hubiera surgido como líder… revolucionario en 1939, quizá se habría aliado al fascismo o al nazismo para mantenerse en el poder.

Usted hijo de comunistas, de los fundadores del Partido Comunista de Gibara y, en cierto modo… sino del todo comunista, por lo menos inscrito dentro de la Revolución castrista, hoy se siente alejado de…

-Bueno, en realidad nunca fui comunista. Como yo conocí el Partido por dentro cómo… mis padres me llevaban a reuniones clandestinas cuando yo era niño… a mí nunca me gustó la imagen que proyectaba el Partido Comunista Cubano, que era un partido muy estalinista. Y así nunca fui comunista a pesar de que mi padre trabajaba en el periódico comunista, el periódico Hoy, y mi madre era también comunista. Pero la Revolución, en un principio, a la que di todo mi apoyo no era una revolución comunista, era una revolución que se presentaba, más o menos, liberal, liberalizadora, que iba a poner en práctica la constitución que Batista había abolido. Es decir, toda una serie de medidas que el pueblo cubano estaba en un 90-95% de acuerdo. Lo que ocurrió después fue un trastrueque verdadero de estas ansias del pueblo cubano.

¿Se sitúa usted en una posición abiertamente liberal y democrática?