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viernes, 14 de septiembre de 2018
Entrevista a Francis Fukuyama (La Vanguardia, 2 de febrero de 1992)
Entrevista a Francis Fukuyama, autor de “El fin
de la historia y el último hombre"
Sergio Vila-Sanjuan, Boston
Francis Fukuyama acaba de publicar en EE.UU. “The end of history and the last man” (“El fin de la historia y el último
hombre”) sin riesgo de pasar inadvertido.
Su libro, un intento ambicioso de desplegar una filosofía de la historia,
reparte palos a derecha e izquierda y aventura conclusiones en terrenos tan variados como la economía, la sociología, las relaciones internacionales y el
estudio del alma humana. El libro aparecerá en, España en mayo, publicado por
Planeta.
-Usted defiende la tesis de que la historia de
la humanidad tiene un sentido y una dirección.
-Sí. Creo que hay un movimiento en la historia
de las sociedades hacia el establecimiento de democracias con libertades
políticas y económicas, y que estas democracias representan el sistema en el
que el ser humano se ve reconocido en su plena dignidad personal de forma más
completa. En este sentido representan la culminación de la historia, ya que no
podemos pensar un sistema político mejor. Eso no quiere decir que el hombre que
viva en ellas se sienta completamente satisfecho ni que no experimente
necesidades ni que estas sociedades no tengan problemas. Pero como modelo
político para las necesidades humanas la democracia liberal no se puede
superar.
-¿Qué significa para usted “democracia liberal”?
-Un régimen multipartidista con elecciones
libres, donde se respeten las libertades de expresión, religión y asociación, así
como el derecho a la propiedad privada.
-Se le acusa, entre otras cosas, de ser
inmoderadamente optimista, y de fabricar una ideología que EE.UU. pueda
aprovechar tras el fin de la guerra fría.
-Yo soy optimista a largo plazo, creo que hay
ese movimiento general hacia la democracia liberal, pero a corto plazo soy
pesimista, especialmente sobre Europa del Este y Rusia y su capacidad para
atravesar con éxito las transformaciones que están llevando a cabo. En cuanto a
lo segundo, yo no he fabricado ninguna ideología. La idea de democracia liberal
es vieja, y la comparte la mayoría de la gente en el mundo desarrollado.
-Utiliza usted un concepto de Hegel,
interpretado por Alexandre Kojève, según el cual la historia se había acabado
tras las revoluciones francesa y americana, que hacían a todos los hombres
iguales, al menos teóricamente. Entonces, ¿es que la historia se ha acabado dos
veces?
-Bueno, Hegel (y Kojève) creían que la historia
terminaba en 1806, cuando las ideas de la revolución francesa se extendían por
Europa mediante las conquistas napoleónicas. Lo que ha ocurrido con el colapso
del comunismo es que el principal competidor internacional de la democracia se
ha extinguido como idea válida, junto con los fascismos y autoritarismos, han
demostrado que no tenían legitimidad ni credibilidad.
-Pero, a cambio, los nacionalismos resurgen por
todas partes.
-Hay una forma de nacionalismo muy hostil a la
democracia, intolerante y en expansión, como el de los serbios. Pero también
muchas naciones son nacionalistas sin que ello les impida ser demócratas. La
separación de los países de la antigua URSS ha sido bastante pacífica, con
relativamente pocos muertos por conflictos étnicos y nacionales: pienso que, en
Rusia o Ucrania, el nacionalismo no es una fuerza tan importante como se cree.
Con la excepción de Yugoslavia, los ejemplos de nacionalismo más peligrosos
tienen lugar en zonas bastante apartadas de Occidente, como Pakistán.
-Si el nacionalismo es poco preocupante, ¿por
qué es pesimista con respecto al Este europeo?
-Por los problemas económicos. Cuando España
encaró su transición tenía una economía de mercado, una sociedad civil y un
grado alto de desarrollo económico, lo cual no es el caso de estos países.
-La expansión del fundamentalismo islámico
tampoco abona su tesis. En Argelia, por ejemplo, los integristas iban a acceder
al poder democráticamente y sus adversarios han tenido que organizar un golpe
de Estado para impedirlo, lo cual es una situación bastante contradictoria.
-Yo no pienso que el mundo islámico vaya a
evolucionar pronto hacia la democracia liberal, y eso, efectivamente, va contra
mi tesis, porque los integristas argelinos lo primero que hubieran hecho es
suprimir las libertades personales. Pero el fundamentalismo es una reacción
contra la presencia de elementos occidentales en ciertas sociedades. y se ha
dado en los países que previamente habían estado más occidentalizados, como
Irán.
Creo que cuando observamos este problema somos
muy prisioneros de nuestro propio tiempo y nos olvidamos de que el
fundamentalismo es sólo la tercera corriente importante que atraviesa el mundo
islámico en este siglo. Primero estuvo el liberalismo, cuando un líder como
Ataturk decidió suprimir el islamismo turco, y después vino el nacionalismo
laico de Nasser o los sirios. Ambas corrientes fueron muy occidentalistas. Y el
fundamentalismo es como un antivirus que reacciona contra cuerpos extraños,
pero después puede bajar.
Por otra parte, algunos de los elementos más
reaccionarios y antidemocráticos del mundo árabe se están perpetuando gracias
al dinero del petróleo. Si ese dinero se acabara y se vieran forzados a
confrontar sus contradicciones sin muletas se abriría una posibilidad de
evolución democrática importante.
-En su libro usted apunta que las sociedades
industriales del Este, como Japón o los “cuatro pequeños dragones" -Corea,
Singapur, Taiwán, Hong Kong-, que ya cuentan con una tradición de
autoritarismo, podrían potenciarlo en el futuro.
-Si, y eso me parece una amenaza mucho más
peligrosa que la de los musulmanes. Porque no creo que el integrismo. a la
larga, tenga mucho éxito, mientras que estas sociedades asiáticas sí son muy
poderosas.
-El concepto de “thymos” -autoestima que necesita del reconocimiento ajeno-, que
toma de Platón, parece el eje de su filosofía de la historia. ¿Puede ampliarlo?
-Es fácil de entender. Según Hegel. la lucha
por el reconocimiento ajeno es la fuerza que mueve la historia. Todo el mundo
quiere que los demás reconozcan lo que uno vale. Y esto está en la base de
muchos fenómenos sociales, como la política o la religión. La democracia, en
este sentido, significa una especie de “respeto universal” a la humanidad
básica de todos los hombres. Implica vivir en una sociedad donde los derechos
de cada persona son reconocidos por todos los demás. Nadie sufre de inseguridad
cuando los demás no intentan dominarle.
-Usted insinúa que con la democracia expandida
por todo el mundo no habría guerras. ¿No es eso mucho esperar?
-Bueno, basándonos en la experiencia podemos
decir que, si esa hipótesis se diera, efectivamente no habría necesidad de
guerra, porque los países pueden competir en muchos otros campos. De hecho, en
los dos últimos siglos las democracias no han ido a la guerra entre sí, sino
contra potencias no democráticas.
-La hipótesis de EE.UU. compitiendo con Japón y
la Europa unida como superpotencias próximamente, ¿cómo afecta a su esquema?
-En primer lugar, no creo que Europa vaya a ser
una superpotencia militar más allá de las diferencias políticas de sus países,
teniendo en cuenta cómo ha reaccionado en la guerra del Golfo o con la guerra
civil yugoslava. Si la Europa unida es proteccionista habrá problemas con el
comercio con EE.UU. pero nada más. En cuanto a Japón, de momento parece muy
reticente a emprender un sendero militarista.
-¿Seguirá EE.UU. ejerciendo como “policía del mundo'’?
-Creo que EE.UU. cumplirá sólo una parte de
este papel, porque actualmente está atravesando una fase de debilidad económica
y, además, el público americano está en contra de un protagonismo internacional
excesivo. Creo que, en el futuro, EE.UU. se concentrará más en sus propios
problemas domésticos, aunque sin volver al aislacionismo de los años 20 y 30.
-Si hubiera otra invasión de Kuwait, ¿cómo
respondería EE.UU.?
-Si hubiera otra guerra del Golfo me temo que
no desempeñaríamos el mismo papel. El Congreso se opondría.
-Su libro dedica varios capítulos a analizar la
relación entre crecimiento económico y democracia, pero no acaba de quedar
claro qué vínculos de necesidad ve entre los dos conceptos.
-Creo que el crecimiento económico no es ni
necesario ni suficiente para que haya democracia, pero ayuda mucho a que se
produzca. En la práctica, puede haber crecimiento sin democracia, y a la
inversa. Pero lo normal es que el desarrollo económico amplíe las clases medias
de la sociedad, favorezca la educación y provoque un estado de “expectativas
crecientes" que habitualmente culminan en una transición democrática.
-En Iberoamérica, sin embargo, las transiciones
democráticas han ido habitualmente por delante del desarrollo económico.
-Si, los países que liberalizaron su política
en los 80 están tratando ahora de liberalizar su economía, como Argentina o
México.
-Y cuando ha sucedido al revés ha planteado
serios problemas de interpretación, como en el caso de Chile. ¿Como valorar que
una dictadura sanguinaria haya conseguido generar un “boom” económico?
-No es el único caso. Ocurrió también en España
o en Corea del Sur. Hay quien defiende que el autoritarismo. al no tener que
enfrentarse a una oposición política, puede concentrarse, con más éxito y más
contundencia, en cuestiones puramente económicas. A mi esta teoría no me vuelve
loco. Creo que el autoritarismo no es necesario en este caso y que las
democracias también pueden afrontar decisiones económicas muy duras. Es lo que
ha ocurrido en Polonia, donde se ha optado por una economía de "shock” con
pleno consenso social. Argentina es otro ejemplo.
-Patterson afirma que, mientras el modelo
estadounidense triunfa en todo el mundo, en E.E.UU. la gente lo considera
insuficiente.
-No estoy de acuerdo. El modelo democrático
estadounidense puede estar desprestigiado entre intelectuales, que practican un
relativismo muy fuerte, pero no para el pueblo.
-¿Cómo explica que sólo el 45 por ciento votara
en las últimas presidenciales?
-En EE.UU. la participación siempre ha sido
escasa, pero eso no implica que quienes no votan desaprueben el sistema.
Ocurre, más bien, que en la política de mi país no hay grandes diferencias
entre contrincantes. y en el fondo no importa demasiado votar por uno o por
otro. Cuando la diferencia sí es importante, como ocurrió recientemente cuando
David Duke se presentó para gobernador de Luisiana, la gente va a votar
masivamente.
***
El
hombre que quiso acabar con la historia
En verano de 1989, Fukuyama publicó en la
revista “The National Interest” un
artículo que tuvo amplia resonancia. En “El
fin de la historia” formulaba su tesis de que. al no existir ya
alternativas políticas viables a la democracia liberal tras el derrumbe del
comunismo, la historia, en sentido hegeliano, había acabado.
“Para mí
fue un misterio que el articulo creara tanta polémica -explica el escritor
en el bar del hotel Copley Plaza de Boston-,
Creo que llegó en un momento en que el mundo estaba atravesando por muchos
cambios simultáneos: los sucesos de China, la caída del muro de Berlín...
También pienso que fui mal interpretado: mucha gente creyó que yo afirmaba que
ya no habría más guerras ni conflictos sociales y esa no era mi intención”.
Fukuyama, sin embargo, ocupaba el enclave
adecuado para que su escrito encontrara audiencia. Doctor en Ciencias
Políticas, ex director de Planificación del Departamento de Estado
estadounidense, trabaja desde hace algunos años para la Rand Corporation, un
“tanque de cerebros" creado por la aviación de EE.UU. para elaborar
estudios de estrategia internacional. En Rand, el autor de “El fin de la
historia”, ha preparado informes sobre la URSS y. recientemente, sobre el fundamentalismo
musulmán para el Gobierno norteamericano.
Nacido en Chicago en 1952, de madre japonesa y
padre americano de ascendencia japonesa. Fukuyama no habla el idioma de sus
antecesores. Está casado y tiene dos hijos. Su principal mentor fue y sigue
siendo el filósofo Allan Bloom, con quien Fukuyama estudió en la Universidad de
Cornell. Autor de “El cierre de la mente
americana" (un “best-seller"
en los últimos cinco años). Bloom ha sido el más influyente teórico de la
necesidad de reafirmar la tradición occidental en EE.UU., puesta en la picota
por los partidarios del multiculturalismo.
***
La
profecía de López Rodó
En “El
fin de la historia y el último hombre" Fukuyama saca a España a
colación en varias ocasiones. En una de ellas cita la afirmación de López Rodó
conforme “España estará lista para la
democracia cuando la renta per cápita alcance los 2.000 dólares”. Y añade
Fukuyama: “Probó ser completamente
profético: en 1974, en vísperas de la muerte de Franco, la renta per cápita
estaba en 2.446 dólares”.
En otro capítulo argumenta que el Opus Dei y
sus tecnócratas laicos reflejaron “la
nueva conciencia de la Iglesia española en los años 50, tras descubrir que no
había conflicto entre cristianismo y democracia”, lo que en su opinión fue
uno de los factores decisivos para socavar la legitimidad franquista, “último exponente del conservadurismo
decimonónico europeo basado en el trono y el altar, el mismo que había sido derrotado
por la revolución francesa". También destaca el “importante papel” del rey Juan Carlos y el “hecho destacable” de que las Cortes franquistas aprobaran “su propio suicidio”.
"La
transición española es especialmente interesante -explicó Fukuyama a ‘La
Vanguardia”- Muchos autores, en los años
60. consideraban que la tradición católica incapacitaba a España para una
democracia estilo occidental, por contraste con los países protestantes
europeos, y que lo mismo ocurría para muchos países iberoamericanos. Tras la
muerte de Franco se probó que esto era una falacia y que España podía construir
una democracia similar a la de cualquier otro país.”
“Por otra
parte -añade- España presenta una
perfecta ilustración de la correlación entre economía y política, y demuestra
que el desarrollo económico puede ser muy favorable para la democratización de
un país.” De los actuales nacionalismos catalán y vasco, Fukuyama dice que
“el nacionalismo debe modernizarse, como
hizo antes la religión, y desplazarse a la esfera privada".
La Vanguardia, 9 de febrero de 1992, pp. 55-56
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miércoles, 21 de diciembre de 2016
"Pla contra Wagner" (I)
¡BRAVO,
Xavier Montsalvatge; magnífico! Lo que ha escrito usted sobre Wagner y sus
discípulos en el número 549 de DESTINO es de una exactitud que merece ser
subrayada. Sospecho que nos dará usted muchas sorpresas. Tiene usted una manera
de ver las cosas por dentro que está por encima de la mayoría de los tópicos y
lugares comunes al uso del profundo provincianismo en que vivimos. Hay que ser
joven, hay que romper la costra de cartón periodístico que nos ahoga, saber
decir ¡no! a tiempo, no tener miedo al ridículo. Cuando se tiene una pluma en
la mano y algo que decir, hay que hacerlo contra viento y marea, prescindiendo
de las diferentes asociaciones de bombos mutuos a que ha quedado reducida,
casi, nuestra vida artística
Tiene
gran interés que eso que ha escrito usted de Wagner lo haya escrito un músico—y
un músico de su categoría—. Cuando, estando el infrascrito en Berlín, antes del
advenimiento del nacional-socialismo, constaté, en una crónica periodística, el
descenso que se notaba de la música del aparatoso artistazo entre el público
alemán, los músicos de aquí me molieron a palos y un compañero de periódico,
Rosendo Llatas, me dio una rociada dialéctico-erudita literalmente abrumadora.
Agradecí la rociada — porque siendo liberal de palabras y de hechos, soy
insensible a los elogios y a las críticas—; pero los hechos quedaron en su
sitio. En 1925-26, Wagner estaba en Alemania totalmente acabado. Luego vino la
preponderancia del partido nacional-socialista y un buen día Goebbels anunció
al pueblo alemán que el músico preferido por el «bello Adolfo» era Ricardo Wagner
y que lo que le gustaba más al salvador (!) del pueblo alemán era aquella parte
de su obra menos italianizante, sino la más selvática, la más aria, la que
contiene la mitología más sangrienta y anticristiana de los rubios: la
«Tetralogía». ¡Ah, Dios mío, la que se armó1 Si ustedes hubieran visto a los
alemanes correr detrás de Wagner, poner el retrato en el salón, agotar las
localidades en conciertos y óperas, donde daban la música del genio ario! Fue
un delirio, algo repugnante,
Luego,
se formó el mito: los periódicos y revistas se cansaron de repetir que Mozart, Schumann,
Schubert y Beethoven eran blandengues y que afeminaban el ánimo, y que lo
grande, lo recio, lo alemán, alemán, alemán era Wagner. Se prescindió
cuidadosamente de la polémica Nietzsche-Wagner, a pesar de que después de lo
dicho por Nietzsche en «El caso Wagner» no hay apenas nada más que decir, ni
aun desde el punto de vista de la dimensión tudesca del pedantesco artistazo.
La discusión quedo aparte y la censura de Estado puso grandes re paros a la
edición auténtica de «El caso Wagner». Por eso se hizo la edición esta tal de
las obras de Nietzsche, con los es purgos necesarios para que la obra pudiera
llegar «a todas las manos alemanas». Resuelto el pequeño problema tan
expeditivamente, Nietzsche se convirtió en el filósofo de la casa y Wagner en
el proveedor de sensaciones divinas. Las señoritas del país se vistieron de Brunildas
y los jóvenes de Lohengrins, todo proveniente de los modos del artesanado más
exquisitamente distinguido. Recuerden las ingenuas fotografías arias de la
época de lo guerra. Son del mismo tiempo en que los campos de concentración estaban
en pleno funcionamiento.
Ahora,
en Barcelona, los mitólogos del país dicen lo mismo, con veinticinco años de
retraso, que lo que se dijo en Berlín en la época prehistórica de antes de la
guerra: que Wagner es lo grande y lo recio y lo adusto y lo fuerte, y que toda
otra música es blandengue porque afemina el ánimo, y lo entibia, y lo convierte
en un terreno abonado para el escepticismo. Esos Lohengrins honorarios olvidan
que los wagnerianos alemanes desaparecieron hace ya mucho tiempo y que aquel
país, a pesar de lo grande, lo recio, lo adusto y lo fuerte, ha dejado de ser,
por el momento, un país de soberanía alemana. Es un ligero tropiezo.
Relato
todo eso para recordar, con hechos, lo que se hizo notar, a propósito de Wagner,
hace ya tanto tiempo: una gran parte de su obra tiene muchísimo más que ver con
cosas extravagantes a la música que con la música misma. La música de Wagner
tiene que ver con la mitología, con el patriotismo, con la religión, con la
raza, con la anécdota legendaria o histórica, con la moral y con mil cosas más;
pero con la música, con la realidad de la música, con la música pura, menos.
Ello se comprende porque Wagner fue, ante todo — como demuestran sus escritos y
su correspondencia —, un montador de grandes espectáculos, un empresario de
maquinarias teatrales que en su tiempo parecieron grandiosas y que hoy nos parecen
dramas bastante ingenuos del señor Guimerá. Pretendió siempre Wagner dar al
público cosas completamente mascadas y hechas y a estos efectos puso música a
sus pesadísimos y soporíferos dramones. Si se descarna la música que contienen
de la osatura del dramón, sólo excepcionalmente se digiere. Y es que en Wagner
hay una confusión constante de los límites de las bellas artes, una negación
sistemática de que la música haya de ser ante todo musical La música ha de
servir, siempre según él, a otras necesidades que a las de la música misma.
Truco antiguo y ya desacreditado. Es el truco del pintor que quiere hacer pasar
su mercancía averiada representando escenas gratas a lo populachería política o
social sucesiva. En grotesco es el caso de aquel barítono que cantaba en Málaga
y que trató de soslayar una silba merecidísima, gritando: «¡Viva Málaga!
¡Vivan las mujeres de Málaga! ¡Viva el vino de Málaga! ¡Viva Andalucía!»
Los
artes tienen límites. Es siempre preferible que la pintura sea pictórica y la
música, musical esencialmente. Si se involucra todo, el caos es excesivo. Así
al menos se creyó siempre en la escuela, y hablo de escuela en el mejor sentido
de la palabra: la teoría estética general y los límites de las artes están
formulados de manera insuperable en la inmortal correspondencia entre Goethe y
Schiller. En este orden de ideas, esa correspondencia recoge lo que de más vivo
y eterno tiene lo antiguo.
Los
trozos de música wagneriana que se mantienen independientemente de los
monstruosos dramones que la sostienen, son, ante todo, naturalistas, y algunos,
por el camino de la pura mistificación, pretenden llegar a un misticismo
cósmico y panteístico. En el siglo XVIII, las palabras mistificación y mística
se hacían arrancar del mismo tronco. Wagner nos describe el murmullo de la
selva, el ruido de las setas al nacer en los rincones sombríos y húmedos del bosque,
la aparición de la hierba, los ladeos de los dioses septentrionales, las interpretaciones
amorosas de los héroes masculinos y femeninos, los susurros de los colores del
crepúsculo, el ruido de los pisadas de los peregrinos, los murmullos del agua de
los ríos y riachuelos, «et sic de ceteris». Todo eso, no lo niego, es importante,
sobre todo desde el punto de vista de la armonía imitativa, que a veces es en
su obra de un paralelismo fotográfico. ¿Pero es tan decisivo como se dice?
¿Puede tener la música como finalidad el mero realismo, la pura imitación de
los ruidos de la Naturaleza, el puro gemido y balbuceo humano intimo? La
captación de esos espectáculos siempre se dejó para la literatura, lo música
tuvo siempre otros perspectivas distintas. La pesadez plúmbea de Wagner, sin
embargo, no le viene de su naturalismo ni de su realismo. Si no fuera por esos
momentos, su música seria la pesadez suprema, el aburrimiento químicamente
puro, la geología.
Insistir
sobre el daño que ha hecho Wagner a sus seguidores, tendría muy buen sentido.
Algunos, como Strauss y Debussy, no solamente imitaron lo bueno de Wagner, que
es su naturalismo, sino que lo hicieron con uno elegancia congénita. (Sin
embargo, el folleto de Cocteau contra Debussy en tanto que wagneriano, está
vivo como el primer día.) En este país, los wagnerianos imitaron lo peor del
artistazo y aquí están sus mamotretos. Recientemente, un crítico los ha
enumerado. Su simple enumeración produce un efecto horrísono. ¡Cuán triste es
tener que recordar que de Morera no quedarán, gracias a Wagner, más que sus
sardanas, y que de los wagnerianos cien por cien no que dará ni eso!
Para
terminar, me permitiré aconsejar la lectura de la conferencia de don Juan Maragall
pronunciada en la Asociación Wagneriaria de Barcelona, sobre «El drama musical
de Mozart» («Obres Completes», página 678).
"Contra
Wagner". Destino, núm. 550 (21 febrero 1948), p. 5.
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domingo, 2 de diciembre de 2007
Otra foto fija: 24 de febrero de 1981
Con materiales que me ha enviado Zápiro y alguna "cosilla" más que he encontrado "por ahí" aquí os envio -oh lectores- dos nuevos testimonios de lo que fueron esos días, en este caso centrados en Barcelona y en "el día" después."La noche del 24 de febrero de 1981 yo tenía veintitrés años, llovía y hacía mucho frío en Barcelona, y era uno de los dos mil que habíamos considerado necesario participar en la movilización ciudadana contra el intento de golpe de Estado. Esa noche se me cayó la cara de vergüenza y es probable que la cara siga en el suelo desde entonces. Había soportado muy escocido el hecho de pasar las primeras horas del golpe de Estado en la habitación de que disponía en casa de mis padres, escuchando la radio como un bobo y tomando notas de alta semiótica: bajé a las Ramblas y sólo vi al cantante Raimon que iba preguntando con la mirada, como yo, sólo que él debía de tener las respuestas, por adulto y por poeta. Éramos una generación sin épica, una generación de héroes prestados, ropavejeros, de segunda mano (tiene ventajas: hay muy poco arrepentimiento en los que trato: el arrepentimiento se basa en la acción), que ni de desencanto podíamos presumir: más que una generación éramos un pasillo ... Pero la noche del 24 de febrero el escozor se transmutó en desaliento: el golpe de Estado fue para Cataluña lo mismo que para el Departamento de Estado norteamericano: un asunto interno.
Arcadi Espada 'Contra Catalunya. Una crónica'
“Nunca lo sentí tanto y tan claramente como una noche que me llevó a las orillas del llanto político... Fue la del 24 de febrero de 1981, al día siguiente del golpe de estado del 23-F... hacía frío. Era de noche. Por el Arco de Triunfo abajo, camino del Parlamento de Cataluña, desfilaban los demócratas catalanes en oposición al golpe y en defensa de la democracia. Pero apenas desfilaba nadie. Cuatro gatos, si se comparaba con Madrid: los mismos que nos manifestábamos contra Franco. Nada del millón que recibió a Tarradellas. No había más gente que la de Comisiones Obreras y UGT, del PCE-PSUC y del PSC-PSOE. El resto brillaba por su ausencia, “Tranquil, Jordi, tranquil” era la frase del día. Y “tranquilos por si acaso”, la consigna de la noche. No sólo éramos pocos los manifestantes ateridos bajo una llovizna inclemente, sino que, llegados al Parlamento, desde dentro no abrieron las puertas. Como pasó con Joan Corominas cuarenta años antes, la democracia en España era un problema... exterior... y ahí estábamos los tontos útiles de siempre, los emigrantes, los sindicalistas, los antifranquistas, los antifascistas, los forasteros que nunca habían acabado de entender cual era su sitio. Y sin una bandera. Ni una bandera española... Antes de aquella noche había decidido irme de Barcelona por razones morales y políticas. Después de aquella noche me alegré de haber tomado esa decisión por razones de higiene ciudadana, de pulcritud ética... cuando se encuentra a alguien o a algo para echarle la culpa de todo, es fácil no tener la culpa de nada ni correr el menor peligro porque, al fin y al cabo, lo malo es siempre ajeno, siempre viene de afuera. Eso es el nacionalismo. De ahí su éxito.”
Federico Jiménez Losantos, "La ciudad que fué. Barlelona, años 70."
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lunes, 22 de octubre de 2007
Extracto de "Adiós Cataluña" de Albert Boadella

'El mariscal cabezón y sus sablistas'
No se trata de ninguna fantasía: esta gesta sucedía cada noche en Barcelona ante 2.000 personas, realizada por nuestra milicia [el grupo teatral Els Joglars]. Poco tiempo antes, Banca Catalana había sucumbido, hostigada por unos cuantos prohombres del catalanismo, los cuales, bajo la noble divisa Todo por la Patria, se dedicaron a exprimir dicho símbolo de manera literal, no metafórica, como la Guardia Civil. El batallón de vivales que tenía encomendada la vigilancia de las arcas lo encabezaba el mariscal Pujol [Banca Catalana, fundada por el propio Pujol en 1959, quebró en 1982. Los directivos del que ya era president desde hacía dos años fueron exonerados de los delitos de apropiación indebida y falsedad en documento mercantil], antes de ser nombrado Reichführer. Una vez ascendido el Mariscal a la presidencia del Reich regional, el fiscal general del Estado instruyó una querella contra el clan de marrulleros y su capo, por asalto injustificado al botín con resultado de evaporación. Fue entonces cuando el Mariscal realizó uno de los actos cumbre de su ensalzada carrera político-militar: disfrazó en ataque a Catalunya lo que solo era una acción de la Justicia española contra un presunto sablazo en el que se hallaba implicado. El Mariscal organizó manifestaciones y proclamas, acusando al enemigo español de un ataque desleal a Catalunya [...].
A partir de aquí, la simulación de hostilidades con el Estado español permitió encubrir cualquier amaño, mientras pareciera realizado en beneficio de la etnia oprimida. Comprobado el éxito de la argucia y bajo el lema Ara és l'hora, catalans, que en cristiano vendría a ser «maricón el último», los elegidos se lanzaron al asalto del erario público con un éxito sin precedentes. Aquellos que no lo consiguieron momentáneamente, es decir, el resto de la élite autóctona, advirtieron que sólo era cuestión de aguardar la ocasión y permanecer agazapados esperando un día imitar al jefe, el cual, como era previsible, salió judicialmente indemne de toda sisa o saqueo bancario, exceptuando el aura de rapacidad que ha compartido con la familia.
La paciencia los ha premiado a casi todos, y, con los años, nadie se ha quedado sin ración. Nacionalistas radicales, moderados, escépticos, juiciosos, indecisos, conformados, tibios, pacíficos o completamente sonados, todos han obtenido su parte del desvalijamiento patrio con cargo al contribuyente. Para ello, el Gobierno regional desplegó un esfuerzo colosal de imaginación, inventando nombres altisonantes que dieran empaque a las miles de sinecuras repartidas. Encontraríamos cientos de ejemplos: Dirección General de la Memoria Democrática, Oficina de Promoción de la Paz y los Derechos Humanos, Departamento del Colectivo Gay, Lesbianas y Transexuales; Consorcio para la Normalización Lingüística, Consejo Asesor del Desarrollo Sostenible de Catalunya, Patronato pro Europa, Instituto del Mediterráneo, Oficina de la Gente Mayor Activa, Area de Historia y Pensamiento Contemporáneo, etc. [...]
Una vez finalizadas las campañas de Ubú y Teledeum [dos de las obras más antipujolistas de Els Joglars], con la intención de seguir combatiendo al ejército de sablistas que se apoderaba progresivamente del territorio, decidimos aumentar nuestro arsenal escénico, incorporando un arma de apariencia benigna, pero que en la práctica resultó maléfica. El ingenio llegó hasta nuestras manos por puro azar.
La compañía Comediants estaba realizando una película donde, en una de las escenas, aparecía el Teatre Municipal de Girona con todas las localidades repletas de cabezudos. Asomando por un palco habían colocado también un cabezudo de Pujol, pero como TV3 aportaba unos dineros en la producción, los directivos de la cadena gubernamental amenazaron a los cómicos con retirar la subvención si aparecía el careto del Mariscal en la secuencia. Los chicos de Comediants, que siempre han sido fervientes devotos del movimiento «porro y buen rollo, tío», no quisieron entrar en hostilidades y se esfumó repentinamente de la película el importuno cabezudo. Enterados del lance, les sugerimos a los Comediants la posibilidad de utilizarlo nosotros, cosa que no tuvimos que repetirles dos veces, porque el endiablado cabezudo parecía quemarles las manos.
El ingenio estaba realizado con auténtica destreza, ya que aquella tropa tenía unas facultades extraordinarias para estos menesteres, pero también hay que reconocer que el propio Mariscal en persona favorecía enormemente su impacto visual. El artefacto descubría de forma incuestionable que Pujol era un genuino cabezudo en la realidad. En una sociedad normal, cualquier dirigente con una característica similar no constituye nada significativo, pero cuando se trata del conductor de un pueblo dispuesto a sacralizarse, el asunto toma otro cariz.
PUJOL, EL SAGRADO
Esta peculiaridad convertía la efigie caricaturesca en mucho más auténtica que la de carne y hueso, y de aquí su fuerza transgresora con solo el gesto de fingir afanarle una peseta del bolsillo a un espectador. Hasta entonces, jamás me hubiera imaginado que una simple cabeza de cartón poseyera tan atrayente poder catártico, ya que solo con aparecer un instante bajo cualquier excusa transformaba la situación en un ataque directo al Reichführer y, por consiguiente, a todo un montaje que se pretendía sagrado [...]. Comediants había fabricado y colocado en nuestras manos un ingenio letal.
En el Palau de la Música la prodigiosa efigie solo aparecía en la parte final de Virtuosos de Fontainebleau, pero era suficiente para convertirse en lo más transgresor de una obra que no reparaba en otros descaros. A partir de entonces viajábamos con nuestra arma amenazadora por todas partes. La gran testa del mariscal Pujol podía aparecer en los lugares más insólitos, y las reacciones iban de la consternación al regocijo.
Entre las muchas apariciones hubo una que resultó particularmente señalada. Ocurrió durante una cena que mi entrañable amigo el diputado socialista Romà Planas había organizado para simular, en clave de humor, el juicio que los militares no habían conseguido hacerme. Era la época en que los socialistas nos reían las gracias, y allí estaban aguerridos capitanes del PSC como los alcaldes de Lleida, Mataró y Hospitalet, el rector de la Universidad Central y el estado mayor de la milicia socialista con varios diputados nacionales y regionales. Como nosotros no salíamos de casa sin el cabezudo, después del simulacro de juicio bufo le pedí al teniente de la compañía, Jesús Agelet, que se enfundara la cabeza del Mariscal y diera un par de vueltas por las mesas con la intención de poner un final sandunguero al acto.
A medida que el cabezudo iba desfilando entre las mesas, los notables del socialismo catalán le propinaban golpes, insultos y empujones, con tal violencia, que temí por la integridad del teniente Agelet. Al llegar a la mesa presidencial, el alcalde de Lleida, como empujado por un resorte, se levantó y, colocándose detrás del supuesto Pujol, lo agarró por la cintura e inclinándole hacia delante empezó a simular una sodomización. La escena duró escasamente pocos segundos, pero lo suficiente para que toda la oficialidad socialista prorrumpiera en risas y aplausos ante la simbólica penetración del adversario por la retaguardia del Mariscal.
CASTIGO AL «SODOMITA»
Toda la fiereza que el PSC no demostró jamás en el combate real ante el pujolismo fue exhibida allí contra el icono. La impotencia y el resentimiento concentrados durante tantos años, intentando conquistar la jefatura del Reich, transformó la cena en un aquelarre de enorme eficacia terapéutica para aquella buena gente. Naturalmente, una vez finalizado el acto, los notables del PSC volvieron a su dimensión gallinácea y andaban trastornados pidiendo carretes de fotos a los periodistas y reclamando su silencio. Como con San Pedro, el gallo se quedó ronco de tanto socialista que negó la asistencia al satánico acto.
Nosotros, sin tenerlo previsto, le hicimos un servicio al Mariscal, desfogando para unos cuantos años más el rencor enquistado por una oposición acomplejada con el éxito popular del Führer regional. Lejos de considerarlo un favor, Pujol se puso como un basilisco al enterarse de los detalles del aquelarre, del cual se había chivado Marius Carol, periodista de La Vanguardia Española que estuvo presente. El Mariscal juró venganza; pero sobre nosotros tenía un problema, y es que había apurado ya todas las represalias posibles. Entonces, el frenesí vengativo le hizo concentrar sus iras en el sodomita del cabezudo, el campechano Antoni Siurana, alcalde de Lleida. Este municipio era un feudo socialista muy apetecido por un Pujol que sentía una especial debilidad ante el mundo rural, donde cosechaba los mayores éxitos.
La represalia del Mariscal consistió en poner una cantidad ingente de efectivos y medios financieros para derrotar al alcalde Siurana durante la campaña de las elecciones municipales de Lleida. Algunos convergentes, ignorando los motivos profundos de la obcecación presidencial, encontraban desmesurada la inversión de dineros y esfuerzo empleados para asaltar aquella plaza. No comprendían que el revanchismo contra España que albergan las entrañas de Pujol forma parte del mismo espíritu vengativo con el que deseaba hundir a su simbólico violador. Para conseguirlo, llegó a pactar incluso con los acérrimos enemigos del PP y de otro grupo, de signo ultraderechista, llamado Grup Freixa. Lejos de lo que pueda parecer, Pujol es un hombre dominado por estas miserias. Si no hubiera sido así, Catalunya tendría hoy una dimensión distinta y se hallaría menos abocada al sectarismo pedestre, principal causante de la enorme incompetencia política que asola el territorio.
El eje Convergència-PP-Freixa ganó finalmente la guerra municipal, obteniendo durante cuatro años el mando en la plaza de Lleida. Con ello quedó patente que no se debe menospreciar nunca la venganza de un sodomizado en efigie. Como he dicho antes, directamente contra nosotros, el Mariscal, militarmente, no podía hacer más de lo que estaba haciendo. Sin embargo, aunque la represalia del aquelarre socialista no nos alcanzó, llevábamos unos años padeciendo las consecuencias de nuestra particular guerra contra el timo regional. La constante ofensiva del batallón convergente, en los frentes de la comunicación y de la contratación municipal en Catalunya, empezaba a dar sus frutos. Si a ello sumamos el vacío absoluto de la cadena gubernamental TV3, las consecuencias del bloqueo se notaban crudamente en el quebranto de nuestra intendencia. No obstante, las intenciones de Pujol iban más allá del boicot que nos infligía. Nuestra compañía servía de ejemplo al resto de colegas, para demostrar que quien emprendiera un camino similar sabía a lo que se exponía.
Su política de escarmiento tuvo una enorme eficacia en este sentido, ya que nadie osó colocarse en una senda parecida. Estábamos más solos que la una. Además de la exclusión institucional, también nos encontramos con que los fieles correligionarios que nos seguían desde los inicios de la compañía con la seguridad de que éramos militantes de la sagrada causa andaban muy mosqueados por nuestros ataques a los símbolos de la patria y dejaban de acudir paulatinamente al teatro de operaciones. El goteo de los medios afines al delirio provinciano, presentándonos como renegados del movimiento revanchista nacional, hizo mella en mucha gente, que empezó a considerar un deber cívico no aportar su contribución a nuestras campañas.
Las cosas se ponían tan feas, que incluso el Ayuntamiento de Figueres retiró de la programación cultural una obra nuestra, alegando falta de calidad. Sin dudarlo un instante, para que no cundiera el ejemplo, aparecimos de inmediato en la ciudad con nuestro armamento, incluido el cabezudo. Lo hicimos, estratégicamente, en un día de mercado. Montamos allí una gresca, con escarnio nacionalista incluido, en la que la policía municipal no sabía qué hacer, pues nos seguían algunos periodistas con las cámaras, y reprimir entonces una acción espontánea de Els Joglars tampoco hubiera significado la mejor imagen ante el resto de España. Finalmente, escoltados por la propia policía, fotógrafos y televisiones, acudimos al domicilio del concejal de Cultura a entregarle una suculenta ración de paja y alfalfa para su alimento, pues el tipo en cuestión, para más inri, se llamaba Jordi Cuadras.
Frente a la situación de cerco que padecíamos, y antes que batirnos en retirada, tratamos de rehacer nuestra maltrecha intendencia presentando a TVE la propuesta de una serie de capítulos sobre Catalunya. La presencia de Pilar Miró en la Dirección General del Ente facilitó la aprobación del proyecto, y aprovechamos aquella insólita bula para lanzar desde el circuito catalán de TVE la más feroz embestida a la política nacionalista que se ha realizado en España desde una televisión.
Sólo el título, Som una meravella [Somos una maravilla], ya se mofaba del eslogan recién inventado por la Generalitat: Som 6 mil·lions [Somos 6 millones], de catalanes, naturalmente. Los temas más candentes de la política autóctona pasaban por nuestro laboratorio de campaña, y allí, mediante una mezcla de sarcasmo, pitorreo y mala uva, se cargaban y orientaban los obuses [...]
Pilar Miró, lejos de amedrentarse por la carga virulenta de los capítulos y las consiguientes protestas de los políticos regionales, me ofreció la dirección del circuito catalán de TVE. Siempre he lamentado haber rechazado aquella insólita oferta.
Hay que situar el hecho en una sociedad que se mueve entre una mezcolanza de quimeras históricas, símbolos subrepticios, culto a supuestos mártires, complejos de persecución o la simple exaltación de esencias trilladas, pero de alto contenido sentimental. Todo se apoya en una apología de los rasgos diferenciales cuya lista es la siguiente:
- La lengua catalana (algo hay que hablar).
- La sardana (creada en el siglo XIX por el andaluz Pepe Ventura).
- La rosa del día de San Jorge.
- L'hereu y la pubilla (herencia en los primogénitos).
- La fiesta del día de San Esteban (para hacer canelones con los restos de Navidad).
- La mona de Pascua (pastel con veleidades escultóricas).
- La obsesión por los rovellons (níscalos).
- Los castellers (grupo humano en sentido vertical).
- El caganer (escultura escatológica que se coloca en el Belén).
El caporal de los mossos d'esquadra aparecía precipitadamente para entregarle al cabezudo mariscal Pujol una maleta con el rótulo Banca Catalana a ambos lados. El cabezudo limpiaba el contenido y metía precipitadamente también la pasta en sus bolsillos, mientras seguía bailando. Las huestes concentradas en el Palau de la Música, al percatarse de la operación, mostraban su euforia prorrumpiendo en vítores y aplausos.
No se trata de ninguna fantasía: esta gesta sucedía cada noche en Barcelona ante 2.000 personas, realizada por nuestra milicia [el grupo teatral Els Joglars]. Poco tiempo antes, Banca Catalana había sucumbido, hostigada por unos cuantos prohombres del catalanismo, los cuales, bajo la noble divisa Todo por la Patria, se dedicaron a exprimir dicho símbolo de manera literal, no metafórica, como la Guardia Civil. El batallón de vivales que tenía encomendada la vigilancia de las arcas lo encabezaba el mariscal Pujol [Banca Catalana, fundada por el propio Pujol en 1959, quebró en 1982. Los directivos del que ya era president desde hacía dos años fueron exonerados de los delitos de apropiación indebida y falsedad en documento mercantil], antes de ser nombrado Reichführer. Una vez ascendido el Mariscal a la presidencia del Reich regional, el fiscal general del Estado instruyó una querella contra el clan de marrulleros y su capo, por asalto injustificado al botín con resultado de evaporación. Fue entonces cuando el Mariscal realizó uno de los actos cumbre de su ensalzada carrera político-militar: disfrazó en ataque a Catalunya lo que solo era una acción de la Justicia española contra un presunto sablazo en el que se hallaba implicado. El Mariscal organizó manifestaciones y proclamas, acusando al enemigo español de un ataque desleal a Catalunya [...].
A partir de aquí, la simulación de hostilidades con el Estado español permitió encubrir cualquier amaño, mientras pareciera realizado en beneficio de la etnia oprimida. Comprobado el éxito de la argucia y bajo el lema Ara és l'hora, catalans, que en cristiano vendría a ser «maricón el último», los elegidos se lanzaron al asalto del erario público con un éxito sin precedentes. Aquellos que no lo consiguieron momentáneamente, es decir, el resto de la élite autóctona, advirtieron que sólo era cuestión de aguardar la ocasión y permanecer agazapados esperando un día imitar al jefe, el cual, como era previsible, salió judicialmente indemne de toda sisa o saqueo bancario, exceptuando el aura de rapacidad que ha compartido con la familia.
La paciencia los ha premiado a casi todos, y, con los años, nadie se ha quedado sin ración. Nacionalistas radicales, moderados, escépticos, juiciosos, indecisos, conformados, tibios, pacíficos o completamente sonados, todos han obtenido su parte del desvalijamiento patrio con cargo al contribuyente. Para ello, el Gobierno regional desplegó un esfuerzo colosal de imaginación, inventando nombres altisonantes que dieran empaque a las miles de sinecuras repartidas. Encontraríamos cientos de ejemplos: Dirección General de la Memoria Democrática, Oficina de Promoción de la Paz y los Derechos Humanos, Departamento del Colectivo Gay, Lesbianas y Transexuales; Consorcio para la Normalización Lingüística, Consejo Asesor del Desarrollo Sostenible de Catalunya, Patronato pro Europa, Instituto del Mediterráneo, Oficina de la Gente Mayor Activa, Area de Historia y Pensamiento Contemporáneo, etc. [...]
Una vez finalizadas las campañas de Ubú y Teledeum [dos de las obras más antipujolistas de Els Joglars], con la intención de seguir combatiendo al ejército de sablistas que se apoderaba progresivamente del territorio, decidimos aumentar nuestro arsenal escénico, incorporando un arma de apariencia benigna, pero que en la práctica resultó maléfica. El ingenio llegó hasta nuestras manos por puro azar.
La compañía Comediants estaba realizando una película donde, en una de las escenas, aparecía el Teatre Municipal de Girona con todas las localidades repletas de cabezudos. Asomando por un palco habían colocado también un cabezudo de Pujol, pero como TV3 aportaba unos dineros en la producción, los directivos de la cadena gubernamental amenazaron a los cómicos con retirar la subvención si aparecía el careto del Mariscal en la secuencia. Los chicos de Comediants, que siempre han sido fervientes devotos del movimiento «porro y buen rollo, tío», no quisieron entrar en hostilidades y se esfumó repentinamente de la película el importuno cabezudo. Enterados del lance, les sugerimos a los Comediants la posibilidad de utilizarlo nosotros, cosa que no tuvimos que repetirles dos veces, porque el endiablado cabezudo parecía quemarles las manos.
El ingenio estaba realizado con auténtica destreza, ya que aquella tropa tenía unas facultades extraordinarias para estos menesteres, pero también hay que reconocer que el propio Mariscal en persona favorecía enormemente su impacto visual. El artefacto descubría de forma incuestionable que Pujol era un genuino cabezudo en la realidad. En una sociedad normal, cualquier dirigente con una característica similar no constituye nada significativo, pero cuando se trata del conductor de un pueblo dispuesto a sacralizarse, el asunto toma otro cariz.
PUJOL, EL SAGRADO
Esta peculiaridad convertía la efigie caricaturesca en mucho más auténtica que la de carne y hueso, y de aquí su fuerza transgresora con solo el gesto de fingir afanarle una peseta del bolsillo a un espectador. Hasta entonces, jamás me hubiera imaginado que una simple cabeza de cartón poseyera tan atrayente poder catártico, ya que solo con aparecer un instante bajo cualquier excusa transformaba la situación en un ataque directo al Reichführer y, por consiguiente, a todo un montaje que se pretendía sagrado [...]. Comediants había fabricado y colocado en nuestras manos un ingenio letal.
En el Palau de la Música la prodigiosa efigie solo aparecía en la parte final de Virtuosos de Fontainebleau, pero era suficiente para convertirse en lo más transgresor de una obra que no reparaba en otros descaros. A partir de entonces viajábamos con nuestra arma amenazadora por todas partes. La gran testa del mariscal Pujol podía aparecer en los lugares más insólitos, y las reacciones iban de la consternación al regocijo.
Entre las muchas apariciones hubo una que resultó particularmente señalada. Ocurrió durante una cena que mi entrañable amigo el diputado socialista Romà Planas había organizado para simular, en clave de humor, el juicio que los militares no habían conseguido hacerme. Era la época en que los socialistas nos reían las gracias, y allí estaban aguerridos capitanes del PSC como los alcaldes de Lleida, Mataró y Hospitalet, el rector de la Universidad Central y el estado mayor de la milicia socialista con varios diputados nacionales y regionales. Como nosotros no salíamos de casa sin el cabezudo, después del simulacro de juicio bufo le pedí al teniente de la compañía, Jesús Agelet, que se enfundara la cabeza del Mariscal y diera un par de vueltas por las mesas con la intención de poner un final sandunguero al acto.
A medida que el cabezudo iba desfilando entre las mesas, los notables del socialismo catalán le propinaban golpes, insultos y empujones, con tal violencia, que temí por la integridad del teniente Agelet. Al llegar a la mesa presidencial, el alcalde de Lleida, como empujado por un resorte, se levantó y, colocándose detrás del supuesto Pujol, lo agarró por la cintura e inclinándole hacia delante empezó a simular una sodomización. La escena duró escasamente pocos segundos, pero lo suficiente para que toda la oficialidad socialista prorrumpiera en risas y aplausos ante la simbólica penetración del adversario por la retaguardia del Mariscal.
CASTIGO AL «SODOMITA»
Toda la fiereza que el PSC no demostró jamás en el combate real ante el pujolismo fue exhibida allí contra el icono. La impotencia y el resentimiento concentrados durante tantos años, intentando conquistar la jefatura del Reich, transformó la cena en un aquelarre de enorme eficacia terapéutica para aquella buena gente. Naturalmente, una vez finalizado el acto, los notables del PSC volvieron a su dimensión gallinácea y andaban trastornados pidiendo carretes de fotos a los periodistas y reclamando su silencio. Como con San Pedro, el gallo se quedó ronco de tanto socialista que negó la asistencia al satánico acto.
Nosotros, sin tenerlo previsto, le hicimos un servicio al Mariscal, desfogando para unos cuantos años más el rencor enquistado por una oposición acomplejada con el éxito popular del Führer regional. Lejos de considerarlo un favor, Pujol se puso como un basilisco al enterarse de los detalles del aquelarre, del cual se había chivado Marius Carol, periodista de La Vanguardia Española que estuvo presente. El Mariscal juró venganza; pero sobre nosotros tenía un problema, y es que había apurado ya todas las represalias posibles. Entonces, el frenesí vengativo le hizo concentrar sus iras en el sodomita del cabezudo, el campechano Antoni Siurana, alcalde de Lleida. Este municipio era un feudo socialista muy apetecido por un Pujol que sentía una especial debilidad ante el mundo rural, donde cosechaba los mayores éxitos.
La represalia del Mariscal consistió en poner una cantidad ingente de efectivos y medios financieros para derrotar al alcalde Siurana durante la campaña de las elecciones municipales de Lleida. Algunos convergentes, ignorando los motivos profundos de la obcecación presidencial, encontraban desmesurada la inversión de dineros y esfuerzo empleados para asaltar aquella plaza. No comprendían que el revanchismo contra España que albergan las entrañas de Pujol forma parte del mismo espíritu vengativo con el que deseaba hundir a su simbólico violador. Para conseguirlo, llegó a pactar incluso con los acérrimos enemigos del PP y de otro grupo, de signo ultraderechista, llamado Grup Freixa. Lejos de lo que pueda parecer, Pujol es un hombre dominado por estas miserias. Si no hubiera sido así, Catalunya tendría hoy una dimensión distinta y se hallaría menos abocada al sectarismo pedestre, principal causante de la enorme incompetencia política que asola el territorio.
El eje Convergència-PP-Freixa ganó finalmente la guerra municipal, obteniendo durante cuatro años el mando en la plaza de Lleida. Con ello quedó patente que no se debe menospreciar nunca la venganza de un sodomizado en efigie. Como he dicho antes, directamente contra nosotros, el Mariscal, militarmente, no podía hacer más de lo que estaba haciendo. Sin embargo, aunque la represalia del aquelarre socialista no nos alcanzó, llevábamos unos años padeciendo las consecuencias de nuestra particular guerra contra el timo regional. La constante ofensiva del batallón convergente, en los frentes de la comunicación y de la contratación municipal en Catalunya, empezaba a dar sus frutos. Si a ello sumamos el vacío absoluto de la cadena gubernamental TV3, las consecuencias del bloqueo se notaban crudamente en el quebranto de nuestra intendencia. No obstante, las intenciones de Pujol iban más allá del boicot que nos infligía. Nuestra compañía servía de ejemplo al resto de colegas, para demostrar que quien emprendiera un camino similar sabía a lo que se exponía.
Su política de escarmiento tuvo una enorme eficacia en este sentido, ya que nadie osó colocarse en una senda parecida. Estábamos más solos que la una. Además de la exclusión institucional, también nos encontramos con que los fieles correligionarios que nos seguían desde los inicios de la compañía con la seguridad de que éramos militantes de la sagrada causa andaban muy mosqueados por nuestros ataques a los símbolos de la patria y dejaban de acudir paulatinamente al teatro de operaciones. El goteo de los medios afines al delirio provinciano, presentándonos como renegados del movimiento revanchista nacional, hizo mella en mucha gente, que empezó a considerar un deber cívico no aportar su contribución a nuestras campañas.
Las cosas se ponían tan feas, que incluso el Ayuntamiento de Figueres retiró de la programación cultural una obra nuestra, alegando falta de calidad. Sin dudarlo un instante, para que no cundiera el ejemplo, aparecimos de inmediato en la ciudad con nuestro armamento, incluido el cabezudo. Lo hicimos, estratégicamente, en un día de mercado. Montamos allí una gresca, con escarnio nacionalista incluido, en la que la policía municipal no sabía qué hacer, pues nos seguían algunos periodistas con las cámaras, y reprimir entonces una acción espontánea de Els Joglars tampoco hubiera significado la mejor imagen ante el resto de España. Finalmente, escoltados por la propia policía, fotógrafos y televisiones, acudimos al domicilio del concejal de Cultura a entregarle una suculenta ración de paja y alfalfa para su alimento, pues el tipo en cuestión, para más inri, se llamaba Jordi Cuadras.
Frente a la situación de cerco que padecíamos, y antes que batirnos en retirada, tratamos de rehacer nuestra maltrecha intendencia presentando a TVE la propuesta de una serie de capítulos sobre Catalunya. La presencia de Pilar Miró en la Dirección General del Ente facilitó la aprobación del proyecto, y aprovechamos aquella insólita bula para lanzar desde el circuito catalán de TVE la más feroz embestida a la política nacionalista que se ha realizado en España desde una televisión.
Sólo el título, Som una meravella [Somos una maravilla], ya se mofaba del eslogan recién inventado por la Generalitat: Som 6 mil·lions [Somos 6 millones], de catalanes, naturalmente. Los temas más candentes de la política autóctona pasaban por nuestro laboratorio de campaña, y allí, mediante una mezcla de sarcasmo, pitorreo y mala uva, se cargaban y orientaban los obuses [...]
Pilar Miró, lejos de amedrentarse por la carga virulenta de los capítulos y las consiguientes protestas de los políticos regionales, me ofreció la dirección del circuito catalán de TVE. Siempre he lamentado haber rechazado aquella insólita oferta.
Hay que situar el hecho en una sociedad que se mueve entre una mezcolanza de quimeras históricas, símbolos subrepticios, culto a supuestos mártires, complejos de persecución o la simple exaltación de esencias trilladas, pero de alto contenido sentimental. Todo se apoya en una apología de los rasgos diferenciales cuya lista es la siguiente:
- La lengua catalana (algo hay que hablar).
- La sardana (creada en el siglo XIX por el andaluz Pepe Ventura).
- La rosa del día de San Jorge.
- L'hereu y la pubilla (herencia en los primogénitos).
- La fiesta del día de San Esteban (para hacer canelones con los restos de Navidad).
- La mona de Pascua (pastel con veleidades escultóricas).
- La obsesión por los rovellons (níscalos).
- Los castellers (grupo humano en sentido vertical).
- El caganer (escultura escatológica que se coloca en el Belén).
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jueves, 18 de octubre de 2007
Propuesta de reforma parcial de la constitución española

PRESENTADA UNA PROPUESTA DE REFORMA CONSTITUCIONAL
Puedes aquí descargar el documento
Alejo Vidal Quadras, Santiago Abascal, Iñaki Ezquerra, Francisco Caja e Inmaculada Castilla de Cortázar, en representación de las fundaciones que presiden presentaron este jueves en un hotel de Madrid una propuesta de reforma constitucional. Sorprende, por falta de costumbre, su cuidada elaboración. Parten de la idea de que es imposible volver a pactar con el nacionalismo porque ya no queda nada que ceder salvo la propia soberanía de España. Vidal Quadras lanzó un mensaje a su propio partido: “Si alguien en mi partido, sea quien sea, vuelve a decir lo del 96 es que ha perdido por completo el contacto con la realidad”.
(Libertad Digital) No es un brindis al sol ni una pataleta propia del final de una legislatura desastrosa. El texto, encabezado por un ejercicio de intenciones –Por la concordia nacional y la reforma constitucional– ha contado con un asesoramiento jurídico de alto nivel que se advierte nada más comenzar a leerlo. Basta reproducir una frase de Vidal Quadras durante la presentación para quedarse tranquilo: “Si Gabi Cisneros vivera estaría hoy con nosotros en esta mesa”.
Los representantes de las fundaciones Concordia, Papeles de Ermua, Defensa de la Nación Española y Convivencia Cívica Catalana reunieron a varios medios de comunicación en el hotel madrileño Príncipe y Serrano para exponer los detalles de una reforma constitucional que pretende calar ante el próximo proceso electoral. Dejan claro que no son un nuevo partido ni dependen del PP. Son representantes de la sociedad civil que se han puesto a trabajar en serio ante una realidad que ya se ha convertido en el principal problema de España.
El encuentro con la prensa comenzó con una introducción de Iñaki Ezquerra que puso ejemplos claros de lo que supone aumentar el poder de los nacionalistas. “La Justicia será injusticia, habrá purgas sistemáticas como sólo ellos saben hacer. A los no nacionalistas se les acosaría formalmente por fraudes en la Renta o hasta con acusaciones de pederastia”. El colmo del éxodo propiciado por estas purgas sería “salir sin honor por culpa de un juez vendido al nacionalismo”.
La sobre-representación que se ha concedido a los nacionalistas queda plasmada, lamentó Ezquerrra, en la importancia que se da a “los viajes de Ibarretxe” a Madrid para visitar a Zapatero, “como si viniera de lejanas colonias”.
Francisco Caja, profesor de Filosofía de la Universidad de Barcelona y presidente de Convivencia Cívica Catalana diseccionó los ejes de la reforma constitucional. Caja hizo hincapié en que esta propuesta que se lanza a la sociedad, a diferencia de procesos como el Estatuto catalán, tiene la voluntad inequívoca de llevarse a cabo dentro de los cauces que establece la propia Constitución para su reforma.
Y es que desde este movimiento cívico se asume la dificulta intrínseca que entrañan este tipo de reformas, en el caso de nuestra Constitución la reforma agravada prevista en el artículo 168.1 obliga a la aprobación por dos tercios del Congreso, la disolución de las Cortes para conformar unas cámaras constituyentes que ratifiquen la reforma y, lo que subrayó Caja como más importante, la aprobación en referéndum por el pueblo español. Caja remarcó este último punto, ya que, en definitiva, será la nación española donde reside la soberanía quien decida sobre la reforma.
Entrando en materia Santiago Abascal se encargó de comunicar la agenda política que ha de acompañar a esta iniciativa y que se centra en tres ejes:
La derrota de José Luis Rodríguez Zapatero en las elecciones y la consiguiente sustitución de la dirección del actual PSOE.
Concluir por necesidad que ya no se puede llegar a pactos de gobierno con nacionalistas (ni parecidos ni distintos a los ya conocidos en 1993, 1996 y 2004) por su reiterada negativa a colaborar en la lucha contra ETA y su inequívoca voluntad secesionista.
Llegar a un pacto de legislatura e incluso a un gobierno de concentración nacional entre PP y PSOE para abordar la reforma constitucional que se presenta. Se habló, en este sentido, de la posibilidad de adoptar los modelos francés o alemán.
Para Abascal todos estos principios están presentes en la inmensa mayoría de la sociedad española y "en las bases de los dos grandes partidos nacionales", no así en sus elites.
Todos coincidieron en que si se rechaza cualquier escenario de pacto con los nacionalistas es porque ya no queda nada que se pueda pactar, “no hay objeto material que se pueda acordar con ellos, no queda nada salvo la soberanía de España”. Para aquellos que invocan la capacidad moderadora de los pactos Abascal también tuvo una respuesta: “Ningún pacto con nacionalistas ha conseguido moderarles, nunca se les ha frenado”.
Alejo Vidal Quadras comenzó su discurso con una alegoría de las misiones de la NASA en las que se dice eso de “Houston, tenemos un problema”. Pues “Houston lleva recibiendo esa señales de problema desde hace muchos años y Houston no se entera. Pero tiene que enterarse porque si no la nave se desintegra”. No se trata de impaciencia, matizo Vidal Quadras: “Llevamos treinta años intentando integrar a los nacionalistas pero no quieren, ¡no son integrables!, aunque sea doloroso decirlo. Hay que neutralizarlos (...) por lo menos quiero preservar la dignidad de mi país”. Otro mito que el eurodiputado desmontó es el de la existencia de distintas intensidades de nacionalismo: “No hay nacionalismo moderado, todos son separatistas. Lo de Pujol era una ilusión”. Para Vidal Quadras el nacionalismo, sin distinción, está en “rebelión subversiva contra el Estado”. Tampoco es cierta la creencia de que si se neutraliza al nacionalismo se generará inestabilidad. “No pasaría nada. Me apuesto lo que queráis a que los nacionalistas se callarían y sus gritos se transformarían en suaves balidos. Los conozco muy bien”, zanjó.
Imposible el 96
En el aire flotaba una pregunta sobre las intenciones del PP, conocidas las repetidas ocasiones en las que se recuerda el escenario electoral del 1996 y la posibilidad de reeditar pactos de gobernabilidad. Pero también hubo respuesta: “Si alguien en mi partido, sea quien sea, vuelve a decir lo del 96 es que ha perdido por completo el contacto con la realidad. No hay más que dar. No queda nada. Sólo España”. Los líderes del PP que insisten en el posibilismo, señaló Vidal Quadras, “necesitan una reflexión más profunda. Es un mecanismo psicológico: ante lo terrible se tarda en reaccionar”. Alberga pues, esperanzas de que sólo hace falta tiempo.
Con vistas a marzo, el presidente del Fundación Concordia dijo que “por primera vez ganar las elecciones no es electoralismo, es la buena acción del día”. Según Alejo Vidal Quadras, el PP “todavía no se ha definido sobre la reforma integral de la Constitución pero debe hacer suya esta agenda y definirse a la mayor brevedad posible. Reveló también que Mariano Rajoy “está al tanto de la iniciativa pero de momento no ha dicho nada”.
miércoles, 3 de octubre de 2007
Discurso de Boadella en la Presentación de UPD (sobre derechas e izquierdas)

Desde hace bastante tiempo, por una u otra razón, me veo entremetido en estos berenjenales de la política, y cada vez que me encuentro en esta situación mi mente se formula la misma pregunta, una pregunta casi metafísica: “¿qué hace un chico como yo en un lugar como éste?”. Lo digo así porque, aun siendo la razón esencial de mi oficio la comunicación con el público, este oficio tiene como fundamento plantear un mundo donde la ficción parezca realidad, o sea, todo lo contrario del objetivo que anima esta iniciativa. Aquí se busca el máximo acercamiento a la vida real. A los auténticos problemas de cada ciudadano, intentando que las querencias tribales o el resentimiento mezquino o las fantasías históricas de unas supuestas etnias no mareen la perdiz sobre esta realidad ineludible e imprescindible para practicar una política justa. En definitiva, se busca que ningún interés particular ni chantajista se arrogue la representación del núcleo esencial de la democracia como es la voluntad ciudadana.
En este sentido, la razón por la que me meto en estos berenjenales, a pesar de no ser éste mi escenario natural, tiene todavía un resquicio teatral, tiene que ver con aquella famosa frase que aparece en el primer acto de Hamlet donde se dice: “Algo huele a podrido en el Estado de Dinamarca”.
Yo no sé a qué huele actualmente Dinamarca o si huele a algo más que a cerveza Karlsberg, pero estoy convencido de que ésta es una frase que, hoy precisamente, se puede trasladar de forma literal a España, y lo afirmo así categóricamente, porque creo que estamos asistiendo a una inquietante putrefacción en las estructuras políticas españolas y por consecuencia en los medios de comunicación o viceversa, lo primero consecuencia de lo segundo.
Tampoco hay que ponerse las manos a la cabeza, porque, como ustedes saben, todas las cosas que dependen de los seres vivos tienden a la putrefacción, y entre ellas la política siempre se ha caracterizado por ser un pudridero donde lo que cuenta más positivamente es la resistencia que uno es capaz de ofrecer a la irreversible descomposición.
Sin embargo, aun aceptando este principio biológico-moral, pienso que actualmente en nuestro país se han alcanzado unas cotas de fermentación tan irrespirables que pueden dañar seriamente la ecología social, o lo que es lo mismo, el buen ambiente entre los ciudadanos de esta nación, y cuando digo nación, me refiero a la nación española, y punto. Y cuando digo ciudadanos no pienso en gallegos, catalanes, vascos, valencianos, etc. Sino en ciudadanos españoles y punto. Por todo ello, considero que la participación de gentes no vinculadas directamente a la política profesional puede aportar una ráfaga de aire natural en un clima político altamente contaminado. Ésta es la razón de mi presencia y la de mucha otra gente, y también de mi fraternidad con los compañeros de la nueva aventura llamada PRO.
Pero hay otra razón de índole más personal. Necesito creer en que es posible organizar una formación política que jubile de una vez por todas esta coartada caduca y sectaria que, bajo el rótulo de izquierda o de derecha, se ha convertido hoy en la justificación de todas las imposturas morales y que pretende además situarnos obligadamente en un lado y contra el otro.
¿No hay manera de organizar algo distinto? ¿Tenemos que seguir consumiendo tópicos?
¡Coño! Vivimos en el 2007, hace un siglo y medio de la industrialización. Estoy saturado de política arqueológica.
Es que bajo estos conceptos decimonónicos yo no sé ni lo que soy.
Basándome en los preconcebidos degradados he anotado para ustedes una pequeña lista de mis dudas más domésticas:
Me encantan los pasodobles. ¿Esto es música de derechas o izquierdas?
Llevo treinta y dos años siendo fiel a una sola mujer. ¿Moral de la derecha, de la izquierda o del centro derecha?
No me gusta ni Tàpies, ni Miró, ni Ferran Adrià. ¿Criterio artístico ultra derechista o de centro?
Adoro el champagne y detesto el cava. ¿Gustos de la derecha o de centro izquierda?
Estoy encantado de que existan cuantos más ricos mejor. Así tengo mayores posibilidades de alcanzar un día un status semejante. ¿Complejo de centro derecha o de centro izquierda?
Desde que fui monaguillo, cada noche antes de acostarme rezo un padrenuestro en latín. ¿Tendencia sospechosa a la derecha o a la ultra derecha?
Pienso que los toros son el único arte completo que existe hoy en el mundo occidental. ¿Espectáculo de derechas o de izquierdas?
Creo que los débiles, por el hecho de serlo, no siempre tienen la razón. ¿Convicción de derechas o de derechas?
La existencia de fuerzas intangibles o divinas me parece un buen tema para polemizar, pero no es un tema de Estado. ¿Pensar así es de centro izquierda o de izquierdas?
Naturalmente que estoy por la igualdad de oportunidades, pero ante todo creo en el mérito y en la selección: el que no vale, a la cola o a la puta calle. ¿Derecha, izquierda, centro?
Estoy convencido que detrás del medio ambiente, el calentamiento global y las ONG, se ha instalado la banda de aprovechados más numerosa de los tiempos modernos. ¿Dudas de centro izquierda o derecha?
Por último, no siento ningún complejo en decir ¡Viva España! ¿Qué soy? ¿Un derechista o un fascista?
En fin, ustedes juzgaran; en todo caso lo que queda claro es que soy poco ortodoxo. Espero que el nuevo partido aparque tal corrupción en los términos. Tampoco hay que esperarlo todo, este partido no va a ser perfecto. Sólo faltaría eso. ¿Saben cuál sería mi partido perfecto? Pues sería un partido donde yo fuera el presidente, el secretario general, y el único militante y aun disidente.
No obstante, creo que este nuevo partido tiene un espacio para todos aquellos que no estamos por dogmatismos en la política, lo que en definitiva significa que estamos por la libertad. Lo que también quiere decir que estamos por el respeto a las reglas de juego, por la Constitución y por la igualdad entre todos los españoles, sean de donde sean.
Por lo tanto, a todo aquel que se sienta en esta situación y quiera además contribuir a la reconstrucción del “buen rollo” nacional, creo que ha nacido su partido.
En este sentido, la razón por la que me meto en estos berenjenales, a pesar de no ser éste mi escenario natural, tiene todavía un resquicio teatral, tiene que ver con aquella famosa frase que aparece en el primer acto de Hamlet donde se dice: “Algo huele a podrido en el Estado de Dinamarca”.
Yo no sé a qué huele actualmente Dinamarca o si huele a algo más que a cerveza Karlsberg, pero estoy convencido de que ésta es una frase que, hoy precisamente, se puede trasladar de forma literal a España, y lo afirmo así categóricamente, porque creo que estamos asistiendo a una inquietante putrefacción en las estructuras políticas españolas y por consecuencia en los medios de comunicación o viceversa, lo primero consecuencia de lo segundo.
Tampoco hay que ponerse las manos a la cabeza, porque, como ustedes saben, todas las cosas que dependen de los seres vivos tienden a la putrefacción, y entre ellas la política siempre se ha caracterizado por ser un pudridero donde lo que cuenta más positivamente es la resistencia que uno es capaz de ofrecer a la irreversible descomposición.
Sin embargo, aun aceptando este principio biológico-moral, pienso que actualmente en nuestro país se han alcanzado unas cotas de fermentación tan irrespirables que pueden dañar seriamente la ecología social, o lo que es lo mismo, el buen ambiente entre los ciudadanos de esta nación, y cuando digo nación, me refiero a la nación española, y punto. Y cuando digo ciudadanos no pienso en gallegos, catalanes, vascos, valencianos, etc. Sino en ciudadanos españoles y punto. Por todo ello, considero que la participación de gentes no vinculadas directamente a la política profesional puede aportar una ráfaga de aire natural en un clima político altamente contaminado. Ésta es la razón de mi presencia y la de mucha otra gente, y también de mi fraternidad con los compañeros de la nueva aventura llamada PRO.
Pero hay otra razón de índole más personal. Necesito creer en que es posible organizar una formación política que jubile de una vez por todas esta coartada caduca y sectaria que, bajo el rótulo de izquierda o de derecha, se ha convertido hoy en la justificación de todas las imposturas morales y que pretende además situarnos obligadamente en un lado y contra el otro.
¿No hay manera de organizar algo distinto? ¿Tenemos que seguir consumiendo tópicos?
¡Coño! Vivimos en el 2007, hace un siglo y medio de la industrialización. Estoy saturado de política arqueológica.
Es que bajo estos conceptos decimonónicos yo no sé ni lo que soy.
Basándome en los preconcebidos degradados he anotado para ustedes una pequeña lista de mis dudas más domésticas:
Me encantan los pasodobles. ¿Esto es música de derechas o izquierdas?
Llevo treinta y dos años siendo fiel a una sola mujer. ¿Moral de la derecha, de la izquierda o del centro derecha?
No me gusta ni Tàpies, ni Miró, ni Ferran Adrià. ¿Criterio artístico ultra derechista o de centro?
Adoro el champagne y detesto el cava. ¿Gustos de la derecha o de centro izquierda?
Estoy encantado de que existan cuantos más ricos mejor. Así tengo mayores posibilidades de alcanzar un día un status semejante. ¿Complejo de centro derecha o de centro izquierda?
Desde que fui monaguillo, cada noche antes de acostarme rezo un padrenuestro en latín. ¿Tendencia sospechosa a la derecha o a la ultra derecha?
Pienso que los toros son el único arte completo que existe hoy en el mundo occidental. ¿Espectáculo de derechas o de izquierdas?
Creo que los débiles, por el hecho de serlo, no siempre tienen la razón. ¿Convicción de derechas o de derechas?
La existencia de fuerzas intangibles o divinas me parece un buen tema para polemizar, pero no es un tema de Estado. ¿Pensar así es de centro izquierda o de izquierdas?
Naturalmente que estoy por la igualdad de oportunidades, pero ante todo creo en el mérito y en la selección: el que no vale, a la cola o a la puta calle. ¿Derecha, izquierda, centro?
Estoy convencido que detrás del medio ambiente, el calentamiento global y las ONG, se ha instalado la banda de aprovechados más numerosa de los tiempos modernos. ¿Dudas de centro izquierda o derecha?
Por último, no siento ningún complejo en decir ¡Viva España! ¿Qué soy? ¿Un derechista o un fascista?
En fin, ustedes juzgaran; en todo caso lo que queda claro es que soy poco ortodoxo. Espero que el nuevo partido aparque tal corrupción en los términos. Tampoco hay que esperarlo todo, este partido no va a ser perfecto. Sólo faltaría eso. ¿Saben cuál sería mi partido perfecto? Pues sería un partido donde yo fuera el presidente, el secretario general, y el único militante y aun disidente.
No obstante, creo que este nuevo partido tiene un espacio para todos aquellos que no estamos por dogmatismos en la política, lo que en definitiva significa que estamos por la libertad. Lo que también quiere decir que estamos por el respeto a las reglas de juego, por la Constitución y por la igualdad entre todos los españoles, sean de donde sean.
Por lo tanto, a todo aquel que se sienta en esta situación y quiera además contribuir a la reconstrucción del “buen rollo” nacional, creo que ha nacido su partido.
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sábado, 22 de septiembre de 2007
lunes, 17 de septiembre de 2007
Un articulo de Cayetana Alvarez de Toledo en El Mundo
El viernes pasado, en un hotel de San Sebastián, un puñado de intelectuales y políticos de izquierdas presentaba ante la prensa el partido que venían de fundar. Su portavoz, una mujer menuda, lúcida y valiente, resumía de manera emotiva su objetivo principal: «Defenderemos la bandera de España, por la que ha sido asesinada tanta gente».
Unas horas antes, a pocos kilómetros, otra mujer, también pequeña de estatura, de firmes convicciones liberales y un heroísmo concreto y eficaz, se había puesto manos a la obra: desafiando los insultos y las amenazas de muerte, izaba la bandera nacional en la fachada del Ayuntamiento de Lizartza.
Dos escenas, dos preguntas: ¿qué ha llevado a personas como Rosa Díez, Fernando Savater o Mikel Buesa a escindirse sentimental y orgánicamente del Partido Socialista para montar un nuevo partido? En la encrucijada en la que nos hallamos, cuando lo que toca es aunar esfuerzos para defender la cohesión de España y la libertad de sus ciudadanos, ¿cómo se explica que Rosa Díez y Regina Otaola no luchen de la mano?
En el ajetreo de la rentrée, con Zapatero entregado en cuerpo («a las ocho desayuno y a las ocho y media salgo a correr») y alma («si no hubiera intentado el proceso de paz sería un presidente sin entrañas») a engañar a los españoles respecto a sus aficiones, decisiones e intenciones, ha pasado inadvertido el alcance del golpe que ha sufrido el Partido Socialista con la salida de Rosa Díez.
En efecto, la escisión constitucionalista del PSOE es la prueba más humillante y dolorosa de la traición de Zapatero a sus votantes. Al marcharse de un partido en el que ha militado durante 30 años, Rosa Díez ha dicho dos cosas que hasta ahora nadie en la izquierda se había atrevido a reconocer en público: primero, que ya no se fía de Zapatero, ni cuando desempolva, oportunista, la palabra «España», ni cuando proclama, táctico, su «firmeza» contra ETA; y, segundo, que este PSOE, el que González rehizo y Zapatero ha deshecho, ya no tiene remedio.
Los únicos que podían regenerar al Partido Socialista desde dentro han renunciado a hacerlo. Hoy el PSOE es una opción política peor, menos coherente, menos decente que ayer. Le quedan la ramplonería de Pepiño, los tejemanejes de Rubalcaba y la demagogia de Chacón. Es decir, un inmenso vacío ideológico, político y humano. Esta traición del PSOE a sí mismo, o al menos a la idea de España, deja al PP como única alternativa. No sólo para los liberales de verdad, sino también para quienes se sitúan en ese limbo, quizá contradictorio, pero muy poblado, que Rosa Díez ha bautizado como la «izquierda liberal». Lo curioso, por volver a la segunda pregunta, es que algunos todavía no lo quieran reconocer.
Desde que Díez, Savater y compañía anunciaron su decisión de fundar un nuevo partido político bajo las siglas UPD, se ha generado un intenso debate en torno a cuál de los dos grandes partidos nacionales se verá más perjudicado. La polémica no tiene mucho sentido y, a estas alturas, tampoco gran interés. La decisión está tomada y sólo el tiempo dirá hasta qué punto fue un acierto o un error. Bastante más útil a efectos de entender (y remediar) la deriva centrífuga de España es analizar los motivos por los que personas lúcidas y honestas procedentes de la izquierda, que dicen estar dispuestas a enarbolar la bandera de la libertad frente al nacionalismo, no lo hacen hasta sus últimas consecuencias. Esto es, apoyando al partido que lleva años luchando bajo esa misma bandera y es el único capaz de lograr que algún día ondee física y metafóricamente en todos los municipios de España.
No creo que sea por vanidad o afán de protagonismo, como insinúan los críticos del nuevo partido. Pero los argumentos de sus promotores tampoco resultan convincentes: decir, como ha hecho Rosa Díez, que el PP «no se atreve» a comportarse como un partido nacional es sencillamente ridículo. En cuanto a la justificación de Savater para no apoyar al PP -que en sus despachos mandan las truculentas, homófobas y antiliberales sotanas-, estoy con Jon Juaristi en que revela poco conocimiento o bastante mala fe. ¿De verdad lo que separa a Savater de María San Gil y Mariano Rajoy son los obispos? No serán monseñores Uriarte y Setién. Ni tampoco Cañizares, quien, al menos en la cuestión de la lucha contra el terrorismo, ha demostrado tener las ideas más claras y el juicio menos voluble que aquéllos que apoyaron los primeros coqueteos dialécticos de Zapatero con los etarras.
No son argumentos objetivos, sino reflejos instintivos, los que todavía impiden a muchos españoles preocupados por España apoyar al PP. Prejuicios, recelos y aversiones que están ligados a nuestra historia colectiva y nuestras historias individuales. El fondo de la cuestión no está en un análisis racional, sino en lo que podríamos llamar el bloqueo biográfico que sufre buena parte de la izquierda española.
«Yo dejé de ser de izquierdas hace 20 años. Pero tuvieron que pasar otros 15 para que pudiera votar al PP». La confesión del intelectual catalán José García Domínguez resume el problema mejor que cualquier disquisición académica. Estamos ante una cuestión ontológica: ser de izquierdas es una cuestión de piel, irracional, atávica, existencial. Quienes lucharon contra el franquismo, quienes pueden adornar sus biografías con regates a los grises y una estancia más o menos prolongada en la cárcel, quienes se ganaron el derecho a albergar un sentimiento de superioridad moral y atesoran el recuerdo sepia de Suresnes, siguen, de un modo u otro, cautivos de su biografía. No consiguen desprenderse de sus prejuicios. El rechazo a la derecha se mantiene vivo, como una corriente subterránea que riega a toda la izquierda y brota con mejor o peor intención según las hipotecas y las sensibilidades de cada biografía.
Ahí tenemos a un Juan Luis Cebrián que compensa sus escarceos con la dictadura con uno de los ataques más explícitos jamás proferidos contra la legitimidad democrática del PP: «Es como si Franco se hubiera presentado a las elecciones y las hubiera ganado». Ahí está Zapatero, el autoproclamado «rojo», el nieto redentor, que en privado califica al PP de «derecha golpista y reaccionaria» y en público se dedica a remover fosas y pactar contra España para mantenerse en el poder. Y, desgraciadamente, ahí están también algunos de los promotores de partidos como Ciutadans de Catalunya o ahora UPD, que al simultanear un discurso prácticamente idéntico al del PP con un rechazo explícito a ese mismo partido acaban reforzando el tópico del que llevan viviendo los nacionalismos desde hace 30 años: «Es que los del PP son unos fachas».
El lunes pasado, en estas mismas páginas, Rosa Díez decía que su partido servirá para «dejar sin efecto el discurso socialista que ha cuestionado la legitimidad democrática del PP» porque «romperá la estrategia del PSOE de hacer un cordón sanitario» alrededor del principal partido de la oposición. En la práctica, ya veremos. En la teoría, es exactamente al revés. No ha pasado una semana y ya hemos visto cómo algunos de sus impulsores recurren a los mismos obtusos latiguillos anti-PP acuñados por las lumbreras de Ferraz.
La izquierda española, tanto la que representan Zapatero y su círculo de estrategas sin principios como la que sí tiene una idea de España y de la libertad, sigue anclada en el pasado. Desprovista de argumentos por el triunfo aplastante del capitalismo y la consolidación de una derecha liberal en España, se aferra a la Historia: su contribución a la lucha por las libertades durante la dictadura sirve para justificar su oposición al único partido que hoy defiende esas mismas libertades.
Por eso, volviendo al gran reto de los próximos años, que es cómo fomentar la unidad institucional de España y la libertad de sus ciudadanos, la primera tarea es lograr que todos aquéllos que comparten estos objetivos básicos superen sus prejuicios y se sumen al gran proyecto colectivo que hoy encabeza el Partido Popular. La regeneración de la democracia española es posible, pero nunca podrá conseguirse mientras una parte sustancial de la izquierda no interiorice que la derecha representa hoy los valores de libertad, igualdad y solidaridad amenazados por un nacionalismo radicalizado a la sombra de Zapatero, que devora a los ilusos y a los moderados, como demuestran la última Diada y la espantada de Josu Jon Imaz.
Frente a los escrúpulos políticos, ideológicos o incluso estéticos, les propongo un ejercicio: cojan ustedes el programa electoral del PP, bien el de 2004, bien el que pronto se va a presentar; revisen, una a una, todas sus propuestas; y al acabar apunten en un papel todas aquéllas con las que no estén de acuerdo. Apuesto doble a sencillo a que la lista será muy breve. La defensa de los valores constitucionales, la apuesta por la derrota definitiva del terrorismo sin contrapartidas políticas, la bajada de impuestos, el apoyo a las familias, la firmeza ante la inmigración ilegal, la apuesta por una educación de calidad libre de dogmatismos, clericales y anticlericales… El ideario del PP refleja mejor que ningún otro lo que sienten, piensan y quieren la inmensa mayoría de los españoles.
Lo que falta en España no son partidos políticos, sino una izquierda libre de prejuicios. No es imposible. En Europa, ante los grandes retos nacionales, destacadas figuras de la izquierda están superando sus viejos recelos para unir fuerzas con la derecha. El ejemplo más evidente es el de Francia, donde la fuga de cerebros socialistas hacia las filas de Sarkozy refleja una voluntad generosa y real de servir a su país. En Alemania, Merkel encabeza una Gran Coalición. Y en el Reino Unido, Gordon Brown ha emprendido una campaña de captación de dirigentes y militantes conservadores bajo un lema inteligente e integrador: Todo el talento.
Todo el talento. De eso se trata: de sumar y no de restar, de agrupar fuerzas para abordar los grandes retos que tiene España, empezando por la conquista definitiva de la libertad. Esa es la potentísima bandera que el Partido Popular enarboló con determinación y coraje hace ya mucho tiempo y que mantiene levantada, aun en las circunstancias más difíciles, cuando cae la noche y las luces se apagan en Lizartza.
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domingo, 16 de septiembre de 2007
martes, 7 de agosto de 2007
Why Spain must put out more flags

From The Times
August 2, 2007
Thomas Catan in Madrid
To outsiders it may not seem particularly controversial. But yesterday Spaniards of all stripes were angrily debating a Supreme Court ruling that the Spanish flag must fly outside all public buildings — even in independent-minded regions.
The ruling revived the divisive issue of Spanish unity as those in favour of a centralised state clashed with separatists on internet forums.
“That the Supreme Court has to intervene so that the Spanish flag can fly in Spain is a clear symptom of how neurotic and divided we Spanish are,” a poster called “Atanatos” wrote in Periodista Digital, praising the court’s decision.
Others viewed it as imposition from Madrid. “We live in a democracy and I think it’s unfair to make us fly a flag that we Basques have no good feelings toward,” wrote “Rizzo” on the website of La Vanguardia. “If that flag is placed in my town hall, I’ll be the first to go to a protest march or Spanish flag-burning.”
Foreign visitors are often bewildered at the sheer number and variety of flags on display in Spain. The national flag — red and yellow with the Spanish coat of arms — was adopted only in 1981, when the country returned to democracy after four decades of dictatorship.
However, it must fly alongside the ensigns of the country’s seventeen autonomous regions and two autonomous cities. Some of those still associate the Spanish flag with the repression of the Franco dictatorship, which sought to extinguish the country’s regional identities in favour of a centralised state.
In the most restive regions — Catalonia and the Basque Country — the Spanish flag is often supplanted altogether, bombarded with paint or torn down by supporters of independence.
At public rallies in Spain, still other flags are on display. Right-wing marchers sometimes carry the Spanish flag in use during Franco’s rule, which bears a fascist-style eagle with a sun behind its head.
Leftist marchers will often bear the red, purple and gold standard in use during the Second Republic and scrapped by Franco after his 1936 military coup that sparked the Spanish Civil War.
The Republican flag has become popular with the labour unions and in women’s rights and gay pride marches.
The latest ruling came in response to an appeal by the Basque regional government, which had been ordered by a lower court to fly the Spanish flag outside the academy of its regional police force, the Ertzaintza.
The Basque government argued that it had not flown the Spanish flag outside its police headquarters in more than 20 years. The Supreme Court dismissed the argument, saying that that did not exempt it from doing so.
Lest independent-minded regional governments try to get around the ruling by hanging the Spanish flag in a disused back room or dark cupboard, the Supreme Court specified that it must be hung “permanently” in “a preferential place, inside or outside the building”.
The Basque government said yesterday that it would simply obey the law, without elaborating. But many believed that the Spanish flag will be attacked mercilessly by proindependence protesters if it complied.
There are often violent incidents during the annual fiestas of the Basque city of Bilbao, when the Spanish, Basque and European flags must all be raised above the town hall. Ironically, it is the Ertzaintza riot police that are charged with protecting the Spanish flag during those disturbances, much to the fury of proindependence protesters.
The Mayor of the Catalan town of Matadepera, Jordi Comas, was charged this year with insulting the Spanish flag after refusing to hang it in his town hall.
August 2, 2007
Thomas Catan in Madrid
To outsiders it may not seem particularly controversial. But yesterday Spaniards of all stripes were angrily debating a Supreme Court ruling that the Spanish flag must fly outside all public buildings — even in independent-minded regions.
The ruling revived the divisive issue of Spanish unity as those in favour of a centralised state clashed with separatists on internet forums.
“That the Supreme Court has to intervene so that the Spanish flag can fly in Spain is a clear symptom of how neurotic and divided we Spanish are,” a poster called “Atanatos” wrote in Periodista Digital, praising the court’s decision.
Others viewed it as imposition from Madrid. “We live in a democracy and I think it’s unfair to make us fly a flag that we Basques have no good feelings toward,” wrote “Rizzo” on the website of La Vanguardia. “If that flag is placed in my town hall, I’ll be the first to go to a protest march or Spanish flag-burning.”
Foreign visitors are often bewildered at the sheer number and variety of flags on display in Spain. The national flag — red and yellow with the Spanish coat of arms — was adopted only in 1981, when the country returned to democracy after four decades of dictatorship.
However, it must fly alongside the ensigns of the country’s seventeen autonomous regions and two autonomous cities. Some of those still associate the Spanish flag with the repression of the Franco dictatorship, which sought to extinguish the country’s regional identities in favour of a centralised state.
In the most restive regions — Catalonia and the Basque Country — the Spanish flag is often supplanted altogether, bombarded with paint or torn down by supporters of independence.
At public rallies in Spain, still other flags are on display. Right-wing marchers sometimes carry the Spanish flag in use during Franco’s rule, which bears a fascist-style eagle with a sun behind its head.
Leftist marchers will often bear the red, purple and gold standard in use during the Second Republic and scrapped by Franco after his 1936 military coup that sparked the Spanish Civil War.
The Republican flag has become popular with the labour unions and in women’s rights and gay pride marches.
The latest ruling came in response to an appeal by the Basque regional government, which had been ordered by a lower court to fly the Spanish flag outside the academy of its regional police force, the Ertzaintza.
The Basque government argued that it had not flown the Spanish flag outside its police headquarters in more than 20 years. The Supreme Court dismissed the argument, saying that that did not exempt it from doing so.
Lest independent-minded regional governments try to get around the ruling by hanging the Spanish flag in a disused back room or dark cupboard, the Supreme Court specified that it must be hung “permanently” in “a preferential place, inside or outside the building”.
The Basque government said yesterday that it would simply obey the law, without elaborating. But many believed that the Spanish flag will be attacked mercilessly by proindependence protesters if it complied.
There are often violent incidents during the annual fiestas of the Basque city of Bilbao, when the Spanish, Basque and European flags must all be raised above the town hall. Ironically, it is the Ertzaintza riot police that are charged with protecting the Spanish flag during those disturbances, much to the fury of proindependence protesters.
The Mayor of the Catalan town of Matadepera, Jordi Comas, was charged this year with insulting the Spanish flag after refusing to hang it in his town hall.
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miércoles, 6 de junio de 2007
Documento de Girauta "Rodríguez al sótano de la historia"

Mantenerse firme en principios y valores procura sinsabores las más de las veces, pero evita al político el ridículo y la caída fatal a los sombríos sótanos de la historia. A uno de ellos ha ido a parar el aún presidente Rodríguez, cuyo partido, por boca de Blanco, osa exhibirse tras el comunicado de la ETA halagando a su líder por haber intentado la paz y, agárrense al asiento, por haberlo hecho con transparencia. La transparencia de las veinticinco reuniones con los terroristas, supongo. La transparencia de jugar a las cartas en dos mesas: la del Gobierno Aznar, proponiendo el pacto por las libertades, y la mesa del hampa.
Opacidad, Pepiño, es la palabra. Opacidad comprensible en quien ha resuelto engañar de tal modo al Estado de Derecho. Tiene miga que los socialistas, precisamente, se hayan hartado de acusar al PP de hacer política con el terrorismo.
A quien ha mantenido sus principios le basta con insistir en la única línea que se ha mostrado eficaz contra el terror: transmitir a los encapuchados el mensaje claro e inamovible de que jamás obtendrán rédito político alguno con sus actos, de que su "lucha" acabará en largas condenas y en repudio social.
Se trata de un mensaje y de una actitud que ya habían calado, reduciendo a la ETA a su peor situación... hasta el día en que Carod, siendo presidente en funciones de la Generalidad, les ofreció en Perpiñán su botella de oxígeno, les concedió la iniciativa política de la tregua catalana y configuró la estrategia que había de unir los destinos de socialistas y separatistas, armados o no.
Fue la estrategia del modelo tripartito, que tanto mal ha hecho a Cataluña. La izquierda toda, por encima de sus ideas nacionales o antinacionales, preveía extenderla con el tiempo al País Vasco. Un plan que no iba sólo contra el PP. También dejaba fuera de juego a CiU en Cataluña y al PNV en el País Vasco. Sólo una estúpida inercia y varios lustros de convencida pedagogía del odio impidieron a Mas e Ibarretxe percatarse de su alineamiento moral con quienes iban a liquidarlos. Se han equivocado de enemigo, pues al fin su supervivencia va a depender de su capacidad de entenderse con el PP. Eso sí, bajando los humos. O eso, o nada.
Rodríguez, haga balance de lo suyo: la ETA rearmada, dueña de la agenda política española, legitimada por las renuncias morales de los patxinadies y, por fin, liquidando un proceso para abrir otro. El proceso que muere deja como legado la normalización del debate territorial y autodeterminativo. El que empieza es el que le envía a usted, presidente, al sótano de la historia. Y el que tendrá que arreglar el PP.
Opacidad, Pepiño, es la palabra. Opacidad comprensible en quien ha resuelto engañar de tal modo al Estado de Derecho. Tiene miga que los socialistas, precisamente, se hayan hartado de acusar al PP de hacer política con el terrorismo.
A quien ha mantenido sus principios le basta con insistir en la única línea que se ha mostrado eficaz contra el terror: transmitir a los encapuchados el mensaje claro e inamovible de que jamás obtendrán rédito político alguno con sus actos, de que su "lucha" acabará en largas condenas y en repudio social.
Se trata de un mensaje y de una actitud que ya habían calado, reduciendo a la ETA a su peor situación... hasta el día en que Carod, siendo presidente en funciones de la Generalidad, les ofreció en Perpiñán su botella de oxígeno, les concedió la iniciativa política de la tregua catalana y configuró la estrategia que había de unir los destinos de socialistas y separatistas, armados o no.
Fue la estrategia del modelo tripartito, que tanto mal ha hecho a Cataluña. La izquierda toda, por encima de sus ideas nacionales o antinacionales, preveía extenderla con el tiempo al País Vasco. Un plan que no iba sólo contra el PP. También dejaba fuera de juego a CiU en Cataluña y al PNV en el País Vasco. Sólo una estúpida inercia y varios lustros de convencida pedagogía del odio impidieron a Mas e Ibarretxe percatarse de su alineamiento moral con quienes iban a liquidarlos. Se han equivocado de enemigo, pues al fin su supervivencia va a depender de su capacidad de entenderse con el PP. Eso sí, bajando los humos. O eso, o nada.
Rodríguez, haga balance de lo suyo: la ETA rearmada, dueña de la agenda política española, legitimada por las renuncias morales de los patxinadies y, por fin, liquidando un proceso para abrir otro. El proceso que muere deja como legado la normalización del debate territorial y autodeterminativo. El que empieza es el que le envía a usted, presidente, al sótano de la historia. Y el que tendrá que arreglar el PP.
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lunes, 21 de mayo de 2007
Documento: Nace en San Sebastián una plataforma que impulsa la creación de un nuevo partido político nacional

(tomado de bastaya.org)
Como el día era desapacible, a las 45 personas que acudieron a la cita en San Sebastián no les costó demasiado dedicar la mañana del sábado a deliberar sobre la viabilidad de un nuevo partido político y la forma más adecuada de proceder. Muchas otras personas convocadas a esta reunión privada no pudieron asistir, pero reiteraron su interés por formar parte del proyecto puesto en marcha el 19 de mayo. La mayoría de los reunidos eran vascos, y muchos de ellos tienen una larga experiencia en organizaciones políticas, sindicales y cívicas, en muchos casos procedentes del ámbito de la izquierda, pero también de tradición liberal y ciudadana. Pretenden poner en marcha un proyecto que interese a personas de un amplio espectro democrático, y de toda España.
Los presentes aprobaron formar una nueva plataforma que convoque y reúna a quienes consideran necesario formar un nuevo partido político, activo en toda España, que aporte nuevas propuestas políticas para los problemas considerados más acuciantes: lucha contra ETA; regeneración de la democracia; oposición al nacionalismo obligatorio; reforma de la Constitución para reforzar las libertades ciudadanas y la igualdad, con independencia del territorio de residencia, etcétera. Este partido, abierto a cualquier persona que apoye su programa y sus objetivos e ideas básicas, deberá tener un carácter inequívocamente nacional, y se unirá a Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía, nacido en Cataluña, si comparte los compromisos y las líneas maestras del proyecto.
El debate sirvió para establecer por consenso las líneas maestras del nuevo partido que se quiere crear:
* El nuevo partido tendrá un ámbito nacional español inequívoco, con la ventaja de nacer libre de las hipotecas territoriales y clientelares asumidas tanto por el PSOE como por el PP en estos años.
* Se comprometerá a impulsar un gran debate sobre la reforma de la Constitución, con vistas a resolver algunas deficiencias patentes en materia de igualdad y derechos, modelo territorial –con la vista puesta en un modelo federal cerrado, donde todas las comunidades tengan idénticas competencias dentro de un Estado sólido igualitario-, y mejorar la separación de poderes, especialmente para mejorar la autonomía del judicial respecto del ejecutivo.
* Promoverá la reforma de la Ley Electoral para impedir expresamente el peso excesivo de los nacionalismos periféricos y las distorsiones que imponen al sistema constitucional y a la voluntad ciudadana expresada en las elecciones, como ha ocurrido con la reforma del Estatuto de Cataluña.
* Será una alternativa al sistema actual de dos partidos nacionales antagónicos y obligados a aliarse con partidos regionales o separatistas para conseguir mayorías parlamentarias.
* Asumirá medidas de regeneración democrática y propondrá su institucionalización, comprometiéndose a actuar de manera más abierta y transparente que las organizaciones de modelo centralizado tradicional, y lanzando un debate sobre la conveniencia de listas abiertas, limitación de mandatos, tutela judicial de los derechos de afiliados, etcétera.
* Promoverá una política de Estado para luchar contra ETA, o cualquier otro grupo terrorista, sin concesiones políticas de ningún tipo, menos dependiente del partido que gane las elecciones o de las características personales del presidente del gobierno de turno, a salvo por tanto de las contingencias que han arruinado el eficaz y añorado Pacto Antiterrorista.
Los presentes se comprometieron a trabajar en la creación y desarrollo de una plataforma que impulse la constitución de este partido, trazado a grandes rasgos. La idea es profundizar en estas cuestiones durante los próximos meses, lanzando el debate en toda España y canalizándolo a través de un sitio específico en internet de próxima apertura, donde los interesados en participar puedan incorporarse a la plataforma. La idea es que el proyecto haya madurado lo suficiente a principios del próximo otoño y que, entre tanto, se incorporen al mismo personas y grupos de toda España, sea para converger con “Ciudadanos” u otros grupos políticos análogos en un partido común -lo que se considera muy deseable- o, en su caso, para fundar un nuevo partido político listo para presentarse a las elecciones generales del 2008 en la mayor parte de España.
Los presentes aprobaron formar una nueva plataforma que convoque y reúna a quienes consideran necesario formar un nuevo partido político, activo en toda España, que aporte nuevas propuestas políticas para los problemas considerados más acuciantes: lucha contra ETA; regeneración de la democracia; oposición al nacionalismo obligatorio; reforma de la Constitución para reforzar las libertades ciudadanas y la igualdad, con independencia del territorio de residencia, etcétera. Este partido, abierto a cualquier persona que apoye su programa y sus objetivos e ideas básicas, deberá tener un carácter inequívocamente nacional, y se unirá a Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía, nacido en Cataluña, si comparte los compromisos y las líneas maestras del proyecto.
El debate sirvió para establecer por consenso las líneas maestras del nuevo partido que se quiere crear:
* El nuevo partido tendrá un ámbito nacional español inequívoco, con la ventaja de nacer libre de las hipotecas territoriales y clientelares asumidas tanto por el PSOE como por el PP en estos años.
* Se comprometerá a impulsar un gran debate sobre la reforma de la Constitución, con vistas a resolver algunas deficiencias patentes en materia de igualdad y derechos, modelo territorial –con la vista puesta en un modelo federal cerrado, donde todas las comunidades tengan idénticas competencias dentro de un Estado sólido igualitario-, y mejorar la separación de poderes, especialmente para mejorar la autonomía del judicial respecto del ejecutivo.
* Promoverá la reforma de la Ley Electoral para impedir expresamente el peso excesivo de los nacionalismos periféricos y las distorsiones que imponen al sistema constitucional y a la voluntad ciudadana expresada en las elecciones, como ha ocurrido con la reforma del Estatuto de Cataluña.
* Será una alternativa al sistema actual de dos partidos nacionales antagónicos y obligados a aliarse con partidos regionales o separatistas para conseguir mayorías parlamentarias.
* Asumirá medidas de regeneración democrática y propondrá su institucionalización, comprometiéndose a actuar de manera más abierta y transparente que las organizaciones de modelo centralizado tradicional, y lanzando un debate sobre la conveniencia de listas abiertas, limitación de mandatos, tutela judicial de los derechos de afiliados, etcétera.
* Promoverá una política de Estado para luchar contra ETA, o cualquier otro grupo terrorista, sin concesiones políticas de ningún tipo, menos dependiente del partido que gane las elecciones o de las características personales del presidente del gobierno de turno, a salvo por tanto de las contingencias que han arruinado el eficaz y añorado Pacto Antiterrorista.
Los presentes se comprometieron a trabajar en la creación y desarrollo de una plataforma que impulse la constitución de este partido, trazado a grandes rasgos. La idea es profundizar en estas cuestiones durante los próximos meses, lanzando el debate en toda España y canalizándolo a través de un sitio específico en internet de próxima apertura, donde los interesados en participar puedan incorporarse a la plataforma. La idea es que el proyecto haya madurado lo suficiente a principios del próximo otoño y que, entre tanto, se incorporen al mismo personas y grupos de toda España, sea para converger con “Ciudadanos” u otros grupos políticos análogos en un partido común -lo que se considera muy deseable- o, en su caso, para fundar un nuevo partido político listo para presentarse a las elecciones generales del 2008 en la mayor parte de España.
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