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miércoles, 23 de julio de 2008

Benedictinos

Fresco de la catacumba de Hermes en Roma (s. VIII). Primera representación de San Benito de Nursia.

Hace unos días, paseando por la librería que San Pablo tiene en la plaza de Jacinto Benavente, aquí en Madrid, descubrí, en un pequeño apartado, una serie de volúmenes (12) modestísamente encuadernados por una editorial que desconocía hasta el momento (Ediciones Monte Casino) con un título prometedor: La tradición Benedictina. Ya en casa, navegando por internet, descubrí que la susodícha editorial era una minúscula empresa regentada por las monjas de un pequeño monasterio benedictino de Zamora (ver aquí) y que detrás de tal enorme colección (cada volumen tiene aproximadamente mil páginas) de historia benedictina, se escondía una sóla persona: García M. Colombás, un monje de la Abadía de Montserrat.

¿Pero qué tiene -además de por tamaño- de "grandioso", La tradición benedictina? Así, a vuela pluma, podría citar ciertos aspectos como:

  • La muy interesante introducción al monaquismo en general, y al cristiano en particular, del primer volumen de la colección
  • La dificilmente mejorable introducción a San Benito, a la regla benedictina, Gregorio Magno y a los siglos V y VI del segundo volumen.
  • El estudio pormenorizado del desarrollo del monacato carolingio, Cluny, San Bernardo, el Cister ... del tercer volúmen y de los dos volumenes del tomo IV
  • El estudio de la Francia cisterciense de los siglos XVII y XVIII (incluidas las polémicas en torno a Rancé, La Trapa y Port-Royal) del primer volumen del tomo VII
  • El gran estudio del muy olvidado monaquismo cisterciense y benedictino del siglo XIX en el Tomo VIII
  • Los estudios en torno a Thomas Merton y a Jean Leclercq incluidos en el segundo volumen del tomo IX....
  • etc, etc, etc...

Más sorprendente es que, después de -calculo- más de 12.000 páginas, en el "Post Scriptum", el autor se descuelgue con la siguiente declaración:

"La presente obra no ha querido ser más que un ensayo histórico. Ensayo, en sentido de obra que trata de una materia sin la profundidad, el aparato y la extensión propios de un tratado completo; histórico, en la acepción de pertenecer a la historia, esto es, a la narración verdadera y ordenada de los acontecimientos pasados y cosas memorables, y también de exposición ordenada cronológicamente de los hechos, doctrinas, etc., que tienen relación con un tema o conjunto de temas. Nuestro tema ha sido la tradición benedictina. Tradición en el doble sentido de parethéke o depósito, y de parádosis o transmisión; benedictina, es decir, propia del monacato que, de una u otra forma, reivindica para sí la paternidad del fundador de Montecasino.
Con este propósito en la mente hemos intentado seguir el desarrollo de la tradición benedictina desde sus más hondas raíces y su formación en el remoto siglo VI hasta nuestros mismos días.
Toda división de la historia es arbitraria, pues la corriente de la vida no se interrumpe; sólo se acaba con la muerte. Es también necesaria. Hemos partido nuestro relato en siglos —la división adoptada más comúnmente—, y al frente de cada siglo o grupo de siglos hemos colocado una introducción y al final, una conclusión. Tal vez el lector esperaba, al término de la obra, una más o menos brillante conclusión general. No la encontrará. Por dos razones. Primera, porque la obra ha terminado, pero no la tradición benedictina. Segunda, porque el autor ha preferido que sea el lector mismo quien saque de la lectura sus propias conclusiones, en vez de imponérselas.
La historia es, sin duda, una maestra de vida; pero una maestra a menudo en paro por falta de alumnos que quieran aprovechar sus lecciones. El autor se atreve a esperar que no falten del todo alumnos aplicados que saquen algún fruto de la lectura de su obra. Sería la mejor recompensa de sus afanes. Pues "el componer libros es cosa sin fin y el demasiado estudio fatiga al hombre", dijo Qohelet (Ecles 12,12)."

En fin...