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sábado, 18 de enero de 2025

"El triunfo de la imaginación" de José María Castroviejo (Baleares, 28 de febrero de 1963)

 


El triunfo de la imaginación

HACE unos años que se puso de moda, de torpísima moda, el arremeter contra la imaginación, esa gran facultad del alma, que es tal vez el mayor regalo que Dios ha podido hacer a la criatura humana. Toda la literatura denominada despectivamente imaginativa, fue puesta, no en cuarentena, sino en confinamiento, que aspiraba a ser definitivo. Aunque nada, como se sabe, es en esta vida definitivo. Pero sucede que, y precisamente ahora, la gente, la pobre gente de hoy, empieza a darse cuenta de que el mito del progreso indefinido de nuestros abuelos, amenaza no solo con estallarle entre las manos y dejarle por tanto sin manos, sino también en dejarla sin alma y resulta que aún hay quien no se resigna a perder de todo el alma. Víctor Hugo, aquel mago decimonónico, que en el fondo abominaba de muchos mitos de su gran siglo, dejó escrita una hermosa verdad, que dice: “Un hada está escondida en todo cuanto ves”. Por ello no ha mucho que en Kiel supieron reunirse más de trescientos amigos, y estudiosos de toda Europa, de los cuentos de hadas para oír entre otras cosas, a una maravillosa señora que encantó al auditorio, relatando con bella memoria y voz, ciento cincuenta hermosísimos cuentos de hadas. Parece iniciarse una feliz alborada, en la que el mundo harto de bombas atómicas, de monstruos de tontos que se daban y degenerados de toda laya, vuelve hacia un limpio estilo, que es el ala blanca de la feliz imaginación, para reivindicar la gracia que tanta falta nos hacía. Gracia sin la cual no se hubieran producido ni la Odisea ni el Quijote, por citar solamente dos obras egregias en las que, por cierto, se demuestra que imaginación no significa necesariamente pugna con el realismo. William Blake ha dicho aquello tan profundo de la “La imaginación es el hombre”, y Lord Dunsany el gran recreador irlandés, el gran imaginativo, nos supo ofrecer la bellísima enseñanza de que “Maravillarse en el hombre es santidad”, mientras, Julien Green, por su parte, acaba de insistir sobre “La necesidad de imponer el sueño y la alucinación a la realidad, como al tuviese contacto con lo eterno”. Traigo esto a capítulo porque Álvaro Cunqueiro, el gran imaginativo, el gran fabulador, que en tantos aspectos puede emparejarse con Jorge Luis Borges, nos acaba de ofrecer el regalo de otro hermosísimo libro Cuando el viejo Sinbad vuelva a las islas, que primeramente vio la luz en lengua gallega, y que Editorial Argos presenta ahora en castellano, en edición, por cierto, primorosa.

¿Quién no se ha maravillado con las tribulaciones, naufragios y aventuras de aquel maravilloso Sinbad el marino, que recorrió “todos los mares que el sol alumbra”? El relató que de sus siete viajes hace la gentil Scheherezade al sultán Shahriar otras tantas noches, es uno de los mayores encantos de esa linterna mágica que se llama precisamente Las mil y una noches, Álvaro Cunqueiro, nuestro gran recreador de mitos, no podía permanecer indiferente a la tentación que representan la gnómica y la fantasía del fabuloso marino de Bagdad. Si “Mythos”, siguiendo a Mircea Eliade, es también narración, he aquí a Sinbad encantándonos a través de la estupenda prosa cunqueiriana, como supo encantar definitivamente a través de la dulce voz de Scheherezade al sultán cruel e implacable.

Por las islas de Las Cotovias —¡qué bello pretexto!— que el pequeño y fiel Sari negaba, sale otra vez al gran mar el viejo Sinbad, maduro y sereno como un patriarca, constelado de experiencias y saberes, de casos y de cosas, en el hermosísimo relato que hoy nos brinda, como el mejor regalo, Álvaro Cunqueiro. Una nostalgia de ronseles, de caracolas fabulosas llenas, de rompientes, de trozos de cable, de continentes tostados, de canela e ilusión, que es como un maravilloso atlas mágico desenrollado y goteante del mar. Páginas, ¡ay!, cortas para nuestra ansiedad. ¡Ahí y tierras inexistentes, que nos tiran, con la marea, del corazón, como “Reino Doncel”, más allá de Trapobana, porque “hay tierras que solo son memoria”.

Sari, Abdalá el ciego, “vigía y dedo pulgar de Sinbad”, Monsaide, el Cangrejo, Venadita, la de la memoria de sed... Todos los muñecos que rodean a Sinbad, en conversas o reposos, en viajes o naufragios, quedan ya prendidos en nuestro recuerdo por la magia evocadora del autor de Merlín y Familia que vuelve a ofrecernos el don de un claro y acuñador castellano perfecto. Tan perfecto como la inmensa melancolía final, cuando Sinbad, ciego es guiado por la fiel mano del otro ciego Abdalá.

El corazón del viejo piloto, ya entre nieblas late todavía con el recuerdo alucinante de la plata o el oro del mar, de las estrellas que se funden sumisas y exactas en un solo grito, de las galernas y los naufragios en un alba de desolaciones, de las arenas emocionadas que brillan, de la tentación indescriptible del límite y de las descubiertas…

Pero los que lo quieren, quieren la paz para el viejo marino: por eso el también anciano Monsaide no deja que Arfee el Moro, cuente a Sinbad la nueva de la nave “Venadilla”, que acaba de mojar quilla en la alegría verde de la mar.

—¡Qué tenga paz!

—Tienes razón. ¡Qué tenga!

La paz nos llega también, salado presente al espíritu aglobado de nuestros días y nuestras noches, con todas las páginas ejemplares del libro, que nos recuerdan al oído de la perfección de los versos de Mallarmé, de vuelta de todo intelectualismo retórico, tantas veces citados y nunca suficientemente repetidos:

La chair est triste, hélas! et j'ai lu tous les livres.

Fuir ! là-bas fuir! Je sens que des oiseaux sont ivres

D'être parmi l'écume inconnue et les cieux!

 

(Copyright PYRESA. Prohibida su reproducción)  

José María CASTROVIEJO, Baleares,  28 de febrero de 1963, p. 16.

viernes, 24 de agosto de 2018

Entrevista a Juan Perucho (ABC Cultural, 10 de noviembre de 1995)


JUAN PERUCHO: «El PÚBLICO HA DESBARATADO EL ARTE»
No es posible embotellar en una entrevista los mundos prodigiosos de Juan Perucho. Perucho es un raro. Se escapa con el primer fantasma que pasa. Se pierde por los siglos de los siglos de sus incunables. Se relame como un niño con «esas patatitas recién cogidas del huerto con un chorrito de aceite de oliva».
Descubre en los baúles cadáveres exquisitos. Es poeta. Escribe historias inverosímiles. Su mirada sobre el arte sobrecoge. Luego está el énfasis, el entusiasmo y el asombro con los que habla de sus pasiones, y el sosiego de sus melancolías.
Juan Perucho publica estos días «Presencias secretas. Historia gráfica de lo invisible», y al mismo tiempo ve reconocida, hoy mismo, su trayectoria de escritor disparatado y culto. De ejemplar libre único que afirma, por ejemplo, que descubrió a Tápies en el levantamiento de un cadáver o que antes, en arte, el público no existía. Son las historias naturales de Perucho, que esta semana ha cumplido setenta y cinco años.
HUBO siempre dos peruchos en Perucho. Dos peruchos radicalmente distintos: estudiaba Derecho para agradar a su padre mientras escribía versos. Ejercía de abogado sin vocación mientras ganaba el Premio de poesía Ciudad de Barcelona Vivió durante un tiempo pendiente de la ley Hipotecaria, aborreciéndola. mientras se ensimismaba entre fantasmas y artilugios mecánicos.
Juan Perucho ha sido juez cuarenta y cuatro años, siempre en pequeños pueblos catalanes, y escuchándole y leyéndole, la verdad es que nadie lo diría. Lo fue, en parte, por consejo de don Eugenio d’Ors. «No sé si le gustara esto que le voy a decir», me dice que le dijo, «pero para hacer esta literatura que usted hace es necesario que tenga un segundo oficio». Vio d'Ors claramente, añade ahora Perucho, que nunca iba a poder vivir de la literatura, y acertó. «Me hice juez y gracias a esto he tenido libertad. Libertad para escribir lo que me daba la gana. He sido todo el tiempo el dueño de mí mismo». Y asesta. «Soy mucho más humano que un juez. El juez tiene que ser equitativo La equidad es fundamental, cosa que está casi olvidada».
Salvado por las lecturas
(No cree, por cierto, Perucho en los jurados, quizá por deformación profesional y, seguro, por su certeza de que siempre será mejor que juzguen tos jueces asistidos por la virtud de la equidad).
Así que, por la mañana, en el juzgado y por la tarde... ¿cómo se salta desde el juzgado, o el casino, de Gandesa a Lovecraft?
-Por las lecturas a mí me han salvado las lecturas. Mi literatura nunca ha salido de la vida. Sale de las lecturas. Por eso dicen que mi literatura es culturalista Efectivamente lo es. En uno de sus cuentos dice Azorín que le más misterioso de Ja vida es la realidad de la que formarnos parte. Bueno, pues a mí lo que me interesa es saber qué hay detrás de esa realidad. qué hay detrás de los espejos. A mí me impulsa lo maravilloso, lo misterioso, lo fantástico, las cosas imposibles busco la verdad revelada, las verdades inducidas por la razón no me interesan.
-Los racionalistas rara vez ven fantasmas, ¿no?
-Nunca, no los ven nunca. Es cuestión de causa-efecto. Hay que estar predispuesto. Las normas, las convenciones, los hombres sujetos a reglas... no me dicen nada literariamente. ¿Para qué voy a contar yo la historia de Pepito que se enamora de Pepita y se quieren mucho y ahorran para comprarse un piso en Tarrasa, si esto sucede todos los días a todo el mundo? Yo busco los personajes ingrávidos, que rompen moldes, que hablan de cosas maravillosas en cien idiomas. que vienen del más allá...
-Pero supongo que la historia de Pepita se puede contar de muy diversas formas...
-Pues que las cuenten otros. A mí Pepita no me interesa cuando me pongo a escribir.
Para apuntalar sus razones. Perucho recurre a Platón que también habló lo suyo de fantasmas, a San Pablo, a Juan Ramón. Todo menos quedarse en lo cotidiano, lo chato, lo obvio. Perucho nació en una biblioteca que ahora tiene treinta mil volúmenes. Es hijo de un comerciante catalán y de una castellana y creció en un ambiente bilingüe y convencional, nada propicio para que naciera en él su pasión por la literatura fantástica poblada de monstruos, fantasmas e ingenios mecánicos con vida propia. Muy pronto, sintiéndose ya poeta -«no soy más que eso, un poeta»— Perucho hace toda una reflexión filosófica sobre los monstruos. Desde entonces hay dos peruchos en Perucho que conviven como un matrimonio estable y asombrosamente bien avenido. Una vida muy normalita. muy ordenada, muy conservadora, y una literatura disparatada y prodigiosa.
-Hábleme de esas primeras lecturas, tan decisivas
-Desde el principio simultaneé clásicos con modernos. Heródoto y Píndaro con, por ejemplo, las revistas francesas más vanguardistas. Sentía una curiosidad enorme por todo lo nuevo. La del surrealismo, de la mano de aquella fantástica antología de Gerardo Diego, fue la primera puerta que abrí y. de ahí, salí disparado a Eluard, Bretón... Era una máquina devoradora de toda letra impresa. Luego, poco tiempo después, paseando por París di con un libro de Lovecraft. «El color caído del cielo», traducido, me acuerdo, por un hijo de François Mauriac, que me fascinó. Ha sido una de las lecturas más maravillosas de mi vida, por ella entró en el mundo onírico. Lovecraft pudiera parecer un escritor barato, facilón. . peto no. Era un hombre que no vivía en la realidad, y eso me fascinaba.
Literatura escapista
-No le gusta que le comparen con Tolkien, verdad?
-No. no me gusta. Tolkien es demasiado un autor de dibujos animados. Me interesa muy poco.
-¿Y con Cunqueiro?
-Sí, me siento más próximo al mágico Cunqueiro, aunque sé que nunca llegaré a escribir como él. Nuestros mundos, de todos modos, no son los mismos. Yo soy mediterráneo y él céltico, sus sueños son más brumosos y desdibujados que los míos. Mi misterio es más corpóreo.
Los temas de Perucho han resultado ser, con los años, los temas de muchos escritores europeos de vanguardia. Pero nacieron en los años cuarenta y cincuenta en Barcelona, cuando la llamada literatura social se enseñoreaba de la mayor parte de las cuartillas de los escritores de entonces.
-Entonces, efectivamente, imperaba la literatura de combate, que a mí me ha aburrido siempre. También aburrían a los demás mis fantasmas y mis historias fantásticas, no creas. No me leía nadie. Es más. me acusaban de hacer una literatura escapista. Y tal vez. Pero yo creo que toda literatura es escapista. Toda gran literatura. El caso es que estábamos arrinconados. ¿Quiénes? Pues Luján, Néstor Luján. por ejemplo, y yo. y otros muchos escritores entonces jóvenes que comenzamos a escribir en «Alerta». Nunca nos consideramos diletantes, sino auténticos trabajadores. Todos los días escribíamos, paso a paso, nada espectacularmente, pero sin desmayo. Siempre supimos que no iba a tener gran resonancia lo que escribiéramos, estábamos bien seguros de que seguiríamos en la sombra por los siglos de los siglos, o, al menos, hasta esta edad bíblica que ya tengo...
Español siendo catalán
Hace dos años Juan Perucho escribió sus memorias, que tituló «Los jardines de la melancolía» y que para sus más fieles resultaron decepcionantes. Decepcionantes por cortas y estrechas, por no contener ni mucho menos el caldo peculiar y prodigioso que empapa y destila su mundo. Perucho dice que, efectivamente, apenas habla de él porque son memorias intelectuales. «Y por pudor, claro». En «Los jardines...» se detiene Perucho en su infancia, en su familia, en su formación, en esa manera suya de ser esparto) que es siendo catalán, de viajes, de autómatas, de gastronomía, bibliofilia... Y de tos otros. Ni un retazo de su formación jurídica, ni un sentimiento, apenas alguna creencia... «Al final, dice, destilan desencanto, porque el tiempo ha ido ensuciando y marchitando todos los valores en los que creíamos».
-Esa mirada trascendente, incluso religiosa, sigue presente en casi toda su obra, ¿no?
-Nunca he abandonado el sentido de la sacralidad de la vida. Siempre he tenido instinto religioso. Me he distanciado muchas veces, pero siempre vuelvo. Después de tanto leer, he sabido que lo más importante del mundo es la bondad. Hay que ser bueno. Luego, la belleza, que también es buena, y lo último, es decir, lo tercero, la inteligencia. Pero la inteligencia puede ser diabólica. Ahora lo que más me emociona es la lectura de los primitivos religiosos: San Procopio, San Macario... Te voy a contar una historia bellísima de San Macario…
Navega Perucho entusiasmado por las historias más viejas e inverosímiles que uno puede imaginar. Son historias que solo conoce él, rarísimas, que le hacen subir y bajar de la butaca impetuosamente, correr a la biblioteca, acertar con el libro exacto y regodearse en el asombro que produce a su interlocutor el relato. Pero no hace falta llegar hasta los primitivos religiosos. Juan Perucho es crítico de arte desde hace cuarenta artos. Sus opiniones y descubrimientos en la revista Destino han hecho escuela: Gaudí, Ponç, Cuixart. Tápies... Sabe mucho de arte, porque ha visto mucho, porque siempre le ha interesado lo visual, le ha intrigado lo que no entendía. ha buscado el secreto y el porqué de cada trazo. Habla Perucho de arte y comienza por la superficie de las cosas, pero luego baja y baja tanto, que sobrecoge.
-Desde que era chico compraba revistas de arte para saber, para entender. Me las traían de Francia, de Inglaterra, estudiaba, leía... hasta que paulatinamente me fui adentrando al otro lado del espejo e instalándome en la esencia.
-En la esencia del arte abstracto
-Sí. La esencia de la abstracción es, a mi modo de ver, la renuncia de lo aparente para ir a la interioridad de las cosas, a sus esquemas, a la esencia geométrica de la realidad, a lo permanente. Cada tiempo tiene su arte, desde luego, pero yo siempre he admirado más el arte del pasado. El arte moderno no busca la belleza. busca el carácter, la expresión y no es, en contra de lo que yo creía en un principio, imperecedero. Muchas obras de arte modernas no van a resistir ese implacable cedazo que es el tiempo.
-Usted fue el descubridor de Tápies, su gran valedor durante años
-Descubrí a Tápies haciendo una exhumación de cadáveres.
-¿...?
-Si, en mis tiempos de juez tenía que presenciar junto al forense el levantamiento de cadáveres y un día me dí cuenta de que la tapa de la caja que salía era un Tápies. Una tapa desconectada de la realidad de la muerte con unos bermellones rarísimos como sartales de zarpa que han arañado la superficie, una tapa castigada por el tiempo de la que penden unas cenefas... una tapa que, en definitiva, si la cuelgas de la pared es un Tápies.
-Que no te sorprenda tanto lo que te digo, continúa Perucho, porque Tápies descubrió el misterio de la muerte a través de la materia degradada. Puede ser un féretro. una pared castigada por la lluvia o un cubo de materiales de desecho. Tápies ha sido el primer pintor que ha hecho de la materia degradada una obra de arte.
Un arte demasiado fácil
-¿Qué dice Tapies de esta teoría?
-La rechaza un poco, claro. Le cuesta creerme. Pero para mí es la verdad. Es mi revelación de la obra de Tápies.
Perucho fue también el descubridor del arte más joven de los años de posguerra, se ha interesado por el cómic, ha escrito de cartelismo, de técnicas de reproducción masiva, de las tendencias más vanguardistas. Pero ahora cree que el arte ha tomado el sendero de la facilidad y que eso es malo.
-El arte de hoy es demasiado fácil. Gran parte del arte que se hace ahora es pura gratuidad, es un producto que no es humano, en el que además se ha impuesto el criterio de la mayoría. Ahora todo se hace en función de la masa, lo mismo en arte que en literatura. Y antes el público no existía. El gran público ha desbaratado la función del arte y de la literatura. Y el comercio los ha herido de muerte. Ya sé que esto no lo debiera decir, pero es la verdad. Y la crítica se limita a hacer elucubraciones con un lenguaje expresivo profesional. Pero no hay un «quid divinum». Sin misterio no hay gran arte. Por eso los mejores críticos de arte son los poetas. Desde Baudelaire a Juan Manuel Bonet. Son los poetas los que mejor captan la verdad revelada en el arte, los que intuyen, que es lo más que se puede hacer. El gran arte no se puede explicar.
Blanca BERASÁTEGUI, ABC Cultural, 10 de noviembre de 1995, pp.16 y 18

domingo, 7 de enero de 2018

Historia (y despedida) de la revista DESTINO (Destino,Tercera etapa, Nº 1, 29 de marzo-3 de abril de 1985)


Historia de DESTINO
El primer número de DESTINO apareció el 6 de marzo de 1937. Desde aquellos difíciles tiempos, en plena guerra civil, hasta nuestros días, DESTINO ha pasado por muchas etapas, distinguiéndose en todas ellas por su seriedad y su prestigio.
Sergio Vilar, en su Historia del antifranquismo[1], y opinando sobre los años 1958-1975, expresa: «Algunos periódicos, mensuales, semanarios y diarios efectúan una sistemática labor informativa y de opinión contra el sistema dictatorial. A pesar de la censura directa e indirecta, y superando los secuestros y las suspensiones, Serra d'Or, Cuadernos para el Diálogo, Cambio 16, Mundo, Triunfo, DESTINO y Posible hacen una plausible difusión de las ideologías liberales, progresistas e incluso deliberadamente de izquierdas.»
Es curioso que DESTINO se vea incluido en esa corta lista. Nunca pudieron pensarlo quienes lo fundaron (José M. ª Fontana y Javier de Salas) cuando lo hicieron. Y, sin embargo, así llegó a ser. No deliberadamente izquierdista, pero sí respecto a la difusión de ideologías liberales y progresistas.
En cambio, su creación fue de signo absolutamente contrario.
En diciembre de 1936, huyendo de la Barcelona roja, por su significación falangista (era camisa vieja de las JONS), llega a Burgos José M. ª Fontana. Allí, se da cuenta de la gran cantidad de catalanes que pueblan Burgos, Salamanca, San Sebastián. Son catalanes falangistas, o monárquicos, e incluso republicanos de derechas, o católicos que han visto arder iglesias, o ricos que han visto incautadas sus fábricas, o gente de orden o conservadores que han visto a milicianos saquear pisos y han oído hablar de paseos en la Rabassada...
Y allí, en la Zona Nacional son tratados casi como medio rojos por el solo hecho de ser catalanes.
Ellos, que precisamente han afrontado multitud de riesgos, para poder cruzar esa frontera de Irún donde ya ondea la bandera roja y gualda, que tanta emoción causaba a muchos volver a ver al cabo de cinco años...
Ellos, que aún en privado, en la habitación donde escuchan el parte de Radio Nacional, se ponen en pie cuando suena el himno nacional...
A José M. ª Fontana quien, con su mujer, vive en una casa de la calle de la Puebla, con derecho a cocina, esto no le gusta.
Fontana es un hombretón de 1,90 metros de estatura que, tras la unión de FE con las JONS, fue nombrado, por José Antonio Primo de Rivera, Jefe Provincial de Tarragona, subordinado sólo al Jefe Territorial de Cataluña, Roberto Bassas, asesinado en 1939.
Se le ocurre la idea de fundar un periódico que sea órgano de los cata lañes huidos. Xavier de Salas[2], huésped también en el mismo piso, se le une entusiásticamente.
«Lo teníamos todo estudiado —escribe[3]y sólo nos faltaba el título: confeccionamos una lista, y mi mujer escogió la palabra DESTINO. Allí, en la calle de la Puebla, nació el semanario hoy tan conocido...»
Obsérvese que, aunque con inconfundibles connotaciones nacionales o franquistas, si se quiere —Franco ya era Jefe del Gobierno del Estado allí—, esa cabecera no era proveniente de Unidad de Destino en lo Universal, ese segundo punto de Falange Española de las JONS, a mi juicio tan enigmático como «Por el Imperio hacia Dios» y otros por el estilo. Será más tarde, cuando Ignacio Agustí remachará DESTINO con el subtítulo «Política de Unidad», que durará exactamente hasta el n.° 418 (21 de julio de 1945); en el n.° 419 (28 de julio) ya no aparece.
Por otra parte, poco se podía hablar de unidad cuando apareció el primer número de DESTINO, el 6 de marzo de 1937, ya que en la Zona Nacional no andaban muy bien avenidos Falange, el Requeté, Renovación Española y la CEDA. Estos dos últimos partidos —monárquicos alfonsinos y derechas gilroblistas— eran minoritarios.
Franco, un poco harto de algunas rencillas más o menos relevantes, y deseoso de que todo estuviera bajo su mando, ya estaba concibiendo. La Unificación, que costó dos muertos y un condenado a muerte, Hedilla, quien, aunque no fue ejecutado, tuvo que sufrir cárcel, destierro y quedó marcado hasta su muerte.
El 19 de abril de 1937 Franco, de un plumazo, borró Renovación y CEDA, y unió sus restos a Falange y al Requeté, bajo el nombre único de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, y sometidos a su propia jefatura.
Lo curioso es que, ese mes, no se habían formado grescas entre partidos distintos, sino entre los propios falangistas, unos franquistas, de Sancho Dávila, y otros hedillistas. A punto estuvo de que se armase, en Salamanca, la marimorena que, pocos días más tarde, se organizaba en la Zona Roja entre el PSUC y la Generalitat, por un lado, contra la CNT y el POUM, por el otro: els fets de Maig.
Continuemos con esa revista de Fontana y Salas: su primer número —ya hemos dicho que apareció el 6 de marzo de 1937— eran apenas unas hojas escritas con mucha retórica para consumo intelectual de los soldados.
Sigue relatando José M. ª Fontana:
«Para la publicación, nos costó mucho convencer a Pepe Ribas[4] y obtener su asentimiento. Al fin nos ayudó Calviño[5], que por aquel entonces empezó a ser el brazo derecho y la eminencia de la Territorial. Por fin se nos dio permiso y dinero; Vicente Cadenas, la gamba azul, Delegado Nacional de Prensa y Propaganda, nos revalidó la autorización y nos nombró delegados territoriales de Prensa y Propaganda. Entre los dos hacíamos los números íntegramente: corríamos luego a una horrenda imprenta católica (?) de Valladolid[6], y después de dos días de luchas regresábamos con nuestros ejemplares a Burgos.
DESTINO se orientó hacia nuestros camaradas del frente, exaltando en sus columnas las acciones bélicas y las muertes gloriosas, además de introducir en su formato secciones varias, tales como una reseña de prensa barcelonesa, idea mía de cierto éxito, y que me permitió recibir y seguir las incidencias políticas marxistas a través de los diarios de la Barcelona roja.
Un día entró en mi despacho de la Territorial un sujeto bajo, con barba de tres días, lleno de granos, febril y demacrado, vistiendo un enorme capote manta que casi arrastraba. Era mi antiguo compañero de Universidad y redactor jefe de L'Instant[7], Ignacio Agustí. Le abracé con mi natural efusividad, y vi en él al hombre que necesitábamos. Me acuerdo que, en su fase neurasténica, semejante a la de casi todos al llegar, me decía que no sabría escribir en castellano, y yo le animé e incluso le di tema para un artículo de prueba: una glosa sentí mental a la muerte de Pauleta Pamiés. El artículo resultó estupendísimo. DESTINO ganó un redactor jefe me nos ocupado que sus directores, y las letras castellanas al magnífico escritor de Mariona Rebull»[8].
Ignacio Agustí, por su parte, nos expone:
«Pusieron a mi disposición un coche con un chófer-soldado, y a partir de entonces todas las semanas iba a Valladolid y volvía con el número hecho. Siento ahora no haber podido encontrar ni un sólo número de aquella colección del primitivo DESTINO, que significaría para mí la reviviscencia de un mundo huido. Allí encontré de pronto el castellano que no había vuelto a cultivar literariamente desde los años de mi infancia. Me asombró que reapareciera tan fresco sin apenas asomo de contagio o impureza»[9].
Se ha discutido si fue o no Ignacio Agustí el creador de DESTINO. El mismo aclara en su Ganas de hablar que fueron Fontana y Salas. Pero como es algo ambiguo al explicar el momento en que se incorpora a DESTINO —parece decir que lo hizo en el primer número y, sin embargo, no fue hasta algo después— hay un detalle revelador: Agustí llega a la Zona Nacional, a Salamanca desde Lisboa, en 1937 y, en las páginas 322-323 de su citado libro, expone:
« (...) una noche me desperté en mitad de un sueño; y no era broma. Había estrépito de bombas y disparos de fusil no lejos de mi posada. Fue un corto período, un lapso breve de noche. Al día siguiente me dijeron que había acontecido en una lucha interna entre dos grupos encontrados de la Falange. El hasta entonces jefe del partido, Manuel Hedilla, había sido encarcelado
Posteriormente, va a Burgos.
O sea, que no hay duda de que Ignacio Agustí llegó a Burgos más de un mes después de que apareciese el primer número de DESTINO.
En esa época, lo dirigía José M. ª Fontana, y se tiraban unos mil ejemplares. A partir del n.° 34 pasa a hacerse cargo de la dirección Ignacio Agustí. Lo cambia notablemente, varía el formato, aumenta las páginas —se puede hablar ya de revista— y se amplía el número de colaboradores. A partir del n.° 37 se vincula a DESTINO una persona que jugaría un papel decisivo en su historia: José Vergés. Escribía una página sobre política internacional que, con el tiempo, llegaría a tener gran prestigio. Firmaba con los seudónimos de Fog (niebla en inglés) y Mascaró.
El 30 de enero de 1938, Franco organiza su primer Gobierno (antes era Junta Técnica del Estado). Lo preside él, naturalmente, y nombra ministro del Interior a su cuñado Ramón Serrano Suñer. Después de los sucesos de abril del 37 en Salamanca, Dionisio Ridruejo, un poeta camisa vieja, se había convertido en el hombre de confianza de Serrano Suñer. Este le nombra Director General de Propaganda, cargo que incluye responsabilizarse de las publicaciones falangistas.
Y Ridruejo contrata al equipo de DESTINO. Se adscribe a Xavier de Salas como secretario y procura una mejora sustancial en las condiciones de la publicación de la revista. De ahí que le pusieran a Ignacio Agustí un coche con un chófer-soldado, como él nos ha relatado.
En los locales de la Dirección General de Propaganda, en Burgos, se congregaron los colaboradores de DESTINO ya citados, más otros como Juan Ramón Masoliver, Antonio Tovar, Carlos Sentís, el músico Xavier Montsalvatge, J. de Soler y el pintor Pedro Pruna.
Agustí contrató también, en Burgos y para DESTINO, a Eugenio D’Ors, por consejo de Juan Ramón Masoliver.
Explica Ignacio Agustí que al famoso Xenius, del que tanto había oído hablar de niño «hombre que había sido piedra de escándalo y defenestrado de la Mancomunidad», lo encontró todavía joven, aunque con las sienes plateadas. Agustí pensaba que sería más viejo. Con un uniforme «como de chófer de casa de postín», D’Ors se había alejado de la vertiente nacional-socialista de la Falange[10].
«Me dijo que Juan Ramón Masoliver le había hablado de la conveniencia de incorporarse al equipo de DESTINO. (Juan Ramón no me había dicho nada de eso.) Creía que era el momento oportuno de llevar a término la política de misión que él venía propugnando desde hacía años. Había que aprovechar todos los medios para elevar el tono de la política, para trascendentalizar el momento histórico. Me proponía, de entrada, publicar en DESTINO una conferencia que acababa de dictar no recuerdo con exactitud sobre qué tema.
Aunque no conservo —ni he podido hallar en ninguna parte— ejemplares de la colección de DESTINO de Burgos en que la conferencia fue impresa, me imagino que D’Ors se refería en ella a temas relacionados con la catolicidad y Europa. Los lectores de DESTINO no estaban acostumbra dos a textos de ese estilo, tan trascendentes. Eugenio D’Ors había exigido algunas peculiaridades en la presentación tipográfica del texto, que apareció tres o cuatro semanas: por ejemplo, hizo que la conferencia apareciera en cada entrega alrededor de una fotografía suya, los dedos de su mano cálida sobre su frente de pensador, apoyados levemente en sus cejas, es pesas e hirsutas. También el cuerpo de letra debía ser mayor que el habitual. De hecho, la mitad de cada uno de aquellos números de DESTINO era ocupado por la conferencia de D’Ors»[11].
También contrató Agustí a Castanys. El popular dibujante de Xut y El Be Negre se había refugiado en San Sebastián y, una vez empezada su colaboración en el DESTINO burgalés, la continuó, en la segunda época barcelonesa, hasta su fallecimiento.
Se comprende que, con la plantilla mencionada. DESTINO llegase, aun en plena guerra, a ser una revista bastante digna, de la que se vendían, ya, dos mil ejemplares, no sin pasar serias vicisitudes.
«Las dificultades a nuestro paso fueron constantes —escribe Fontana[12]y de todo tipo: una vez era el jefe provincial de Burgos, que pre tendía refundir DESTINO en el órgano que entonces dirigía Faustino Renedo (...). Otra vez, el administrador nacional intentando incautarse de to do el dinero que nosotros habíamos logrado acumular (...)»
Una vez Barcelona cae en poder de las fuerzas nacionales (26 de enero de 1939), una importante parte del equipo de DESTINO entra tras ellas. Su director sigue siendo Ignacio Agustí.
El DESTINO barcelonés iniciará su andadura el sábado 24 de junio de ese mismo año. Es el n.° 101, con el sub título «Política de unidad». Señala: «2. ª época»; fecha 24 de junio MCMXXXIX (así, en números romanos), Año de la Victoria. Formato: gran folio (540 x 382 mm). Tiene ocho páginas a cinco columnas, impresas en NAGSA, calle Casanova, 212-214, con la redacción en Avenida del Generalísimo[13], 442, bis. Precio: 60 céntimos.
En su primera página, se ven, bajo la cabecera, dos fotografías del Desfile de la Victoria en Madrid, dos editoriales («Bajo el signo de la Victoria» y «Política de Unidad» --explica la redundancia con el subtítulo), un artículo («Hacia José Antonio») de Luys Santa Marina y la siguiente «Breve Historia de DESTINO», en un recuadro:
«Apareció el 7 de marzo de 1937, Primer Año Triunfal[14], en Burgos. Se imprimió en la Imprenta Católica, de Valladolid. Consiguió mejorar sus insuficientes condiciones tipográficas en la Imprenta de FET y de las JONS, de Burgos, a donde se trasladó en octubre, sin abandonar su modestia inicial. Aumentó progresivamente el número de sus páginas; paralelamente —con la afluencia de nuevos refugia dos catalanes— iban aumentando también sus inscripciones-donativos; se llegó al millar. El número total de la tirada en los últimos tiempos era de cuatro mil ejemplares. Los tres mil ejemplares que no correspondían a los suscriptores se repartían, en los distintos frentes, a los voluntarios y soldados de las Banderas y Tercios catalanes del Ejército de Franco; a aquellos mil suscriptores iniciales de la primera época de DESTINO corresponde hoy, en nuestros ficheros, una numeración especial en cifras romanas.
De aquella época heroica queda sólo nuestro afán, renovado cada día con el recuerdo de lo que modestamente lucimos entonces, y con nuevo brío ante lo que nos toca hacer. Salimos a la luz por segunda vez, con una nueva ambición, la que trae consigo nuestra Victoria, que no tendría objeto sin la conservación latente y constante de las virtudes españolas que lo hicieron posible. Sobre este papel, cuyas tonalidades concuerdan con las del pan cotidiano de todos los españoles ganados a la Patria[15], no se hallarán otras consignas que las del servicio permanente de España, a las órdenes del Caudillo, Generalísimo de los Ejércitos.»
En el principio de esta segunda época se ven las firmas (además de los citados Agustí y Santa Marina) de Buenaventura Bassegoda, Félix Ros, Pedro Laín Entralgo, Juan Ramón Masoliver, Diego Victoria, Dionisio Ridruejo, Francisco Casares, Gin, Claudio Colomer, Jaime Vicens Vives, Dr. Martínez Vargas, Martín de Riquer, Fernando Valls Taberner, Miguel Llor, Ramón Garriga, Manuel de Montoliu, Gabino Tesán, José Esteban Vilaró, Carlos Martínez Barbeito, Oriol Montalt, G. M. Selva, José M.ª Junoy, Juan Teixidor, Tomás Garcés, Jaime Ruiz Manent, Josefina de la Maza, Pedro Boye, José M.ª Boix Selva, Bartolomé Soler, J. F. Rafols, Eugenio y Santiago Nadal, Francisco de Cossío, José Pla, Manuel Brunet (y con seudónimo: Romano), Antonio Tovar, Sebastián Juan Arbó, J. M. Perera, Miguel Utrillo, Guillermo Díaz Plaja (firmando con su nombre y con el seudónimo «Sagitario»), etc... e ilustraciones de Ramón de Campmany, Jaime Busquets, Pedro Pruna, Manolo Hugué, Manuel Muntañóla y, alternándose cada semana, un chiste de Junceda o de Castanys.
Como puede observarse, DESTINO ya contaba con una colaboración de lujo.
Para mayor realce, en 1940, Agustí contrata a Azorín y recontrata a Eugenio D’Ors.
Azorín cobraba 200 ptas. por cada artículo, cifra superior a la corriente para los colaboradores de la época. D’Ors regateó con Vergés, pues no se consideraba, ni muchísimo menos, inferior al académico monovarense. Xenius indicó a Vergés que, en realidad, el suyo no se trataba de un solo artículo, sino de un conjunto de seis artículos, aunque comprimidos. Explicaba:
«Cada una de las glosas era un compendio, una síntesis de pensamiento. El esfuerzo creador es, por lo menos, el de cualquier articulista multiplicado por seis. Esto debe tenerse en cuenta a la hora de valorarlos.»
Vergés contestó:
«Para DESTINO lo que cuenta es su dimensión global. Su artículo será para nosotros una sola pieza. Nos da igual que los fragmentos sean cuatro, seis o uno. Lo que vale es la longitud total»[16] —y calculó, sobre un ejemplar, los centímetros que llenaría la glosa de Eugenio D´ Ors, llegando a un acuerdo después de más de una hora de discutir el precio.
Otras firmas que ya vemos en 1940 son las de José M. a de Sagarra, Andrés Revesz, Fernando M. Castiella, Luis Perales, José Ruiz-Fornello, Penella de Silva, Miguel Tormo, Carlos Sentís, Miguel Capdevila, Luis Moure-Mariño, Álvaro Cunqueiro, Juan Antonio de Zunzunegui, Cristal (Antonio del Cerro, hijo), Javier Montsalvatge, Eduardo Aunós, Jacinto Miquelarena, Concha Espina, José M.ª Pemán, Federico de Madrid, Xavier de Salas, Juan Sampelayo, Lorenzo Riber, Ángel Zúñiga, Miguel Dols, etc. (No cito los ya expresados anteriormente: por recién contratados o de la plantilla de 1939; y subrayo los más asiduos.) Ignacio Agustí, José Pla, Romano, Andrés Revesz, Pendía de Silva y uno de los hermanos Nadal publican en cada número.
La revista se compone de: Editorial, El mundo y la política, El conflicto europeo, críticas de libros, exposiciones artísticas y cine; temas diversos de economía, historia, cultura militar, actualidad universal, arte y letras, etc., todo ello profusamente ilustrado. La penúltima página —Retablo—, la dedica a crucigramas, ajedrez, grafología y humor. Hay bastante publicidad.
La redacción de DESTINO se trasladó a la Ronda de San Pedro 7, entl. 1. ª, según consta en el n.° 107 correspondiente al 5 de agosto de 1939.
En 1942, el conde de Godó compró el 50 % de la revista: la operación era rentable para ambas partes, pues a Vergés y Agustí —los dueños de DESTINO— les resultaba muy caro el tiraje en NAGSA más el alquiler del piso para la redacción y, por otra parte, La Vanguardia tenía parada parte de su maquinaria por el escaso cupo de papel que se le había asignado. Y así el n. º 244 se imprime ya en los talleres de La Vanguardia, y la redacción se instala en la sede de ésta, en Pelayo, 28.
En 1942, el inquieto Ignacio Agustí se siente fogosamente monárquico y decide marchar a Suiza para, desde allí, defender la causa de Don Juan de Borbón que habitaba en Lausana. Alfonso XIII ya había fallecido, e incluso antes había abdicado en su hijo don Juan, previas renuncias de sus hijos mayores de Alfonso y don Jaime.
En DESTINO colaboraba Álvaro Ruibal —quien ahora firma diariamente ERO en La Vanguardia—, un fino gallego que había logrado amistades en todas partes. Aunque Ruibal era de ideología republicana —y lo sigue siendo[17]— hizo la guerra como soldado en las tropas franquistas (nacionalista geográfico) y, cuando le convenía, sacaba a relucir sus méritos. No era sólo esto lo que le había conseguido tan amplio círculo de amista des entre personas allegadas al Régimen, sino su amena conversación y amplia cultura.
Ruibal se prestó a acompañar a Agustí a ver a Juan Aparicio a Madrid quien, tras la destitución de Ridruejo y Tovar (por un artículo publicado en Arriba: «El hombre y el currinche»), había sido nombrado Delegado Nacional de Prensa y era el hombre-clave de ésta en la España de entonces.
Aparicio les recibió muy amable mente y, respecto a la petición de Ignacio Agustí de ser enviado a Ginebra, que está a pocos kilómetros de Lausana, en las mismas orillas del Lago Leman, le repuso:
«Por mí no hay inconveniente, pero en mi Delegación no tenemos dinero para eso.»
«No importa —replicó Agustí—, el conde de Godó lo tiene.»
Y de esta forma quedó implícitamente nombrado corresponsal de La Vanguardia en Ginebra.
Fue pura casualidad pero, al poco rato, entraba en el despacho de Aparicio el director de La Vanguardia. Luis de Galinsoga, a quien el primero le dijo:
 «¡Hombre!, acaba de estar aquí tu corresponsal en Ginebra.»
Cosa que al interpelado le hizo muy poca gracia.
De vuelta a Barcelona, Galinsoga le echó la gran filípica a Ignacio, pero éste se las arregló con Godó, y su nombramiento y su viaje a Suiza fueron dos realidades.
Allí, de vez en cuando enviaba alguna crónica a La Vanguardia, visitaba a D. Juan, publicaba un artículo pro restauración en La Gazette de Lausana (20 de enero de 1944) y, lo más importante, escribió Mariona Rebull.
Mientras tanto, como director de DESTINO había quedado Álvaro Ruibal.
Pese a que es, precisamente en esa época, cuando DESTINO se inclina hacia posturas más distantes de la oficial (ser anglófilo, entonces, era sinónimo de antifranquista; España había pasado de «neutral» a «no beligerante» y había enviado al frente a la División Azul), Ruibal no tuvo muchos problemas en su dirección. Recuerda, sí, que el Gobernador Civil Correa Véglison le llamó reticente y le ordenó:
« ¡Tenga la bondad de mirarme a la cara!», porque él bajaba la vista, ante las insensateces que le exponía.
« ¿Qué quiere que haga, si usted no me convence, pero no tengo más remedio que acatar cuanto me dicta?», replicó.
A lo que Correa respondió:
«Sí, claro...»
Ruibal cree que lo peor de Correa era su entorno: una pandilla de gandules, embaucadores e incluso ladrones que actuaban como secretarios del Gobierno Civil.
Los mayores roces con él los tuvo a causa de las Sesiones Destino de cine que, por lo general, presentaban películas norteamericanas, no por sus méritos aliadófilos sino, sencillamente, porque eran las mejores.
Correa le conminó a que ofreciese películas alemanas. Estaba empeñado, especialmente, en una cuyo título era GPU. Hizo que la distribuidora UFA la pasase en privado para el director de DESTINO y su crítico cinematográfico, Ángel Zúñiga, quienes salieron de la sala convencidos de que el filme era un bodrio.
«Le haré todos los artículos anticomunistas que quiera —le dijo Ruibal a Correa—, pero me daría vergüenza exhibir GPU en Sesión Destino.»
Por fin, el 2 de julio de 1942, Zúñiga mostró en sesión de Cine retrospectivo y moderno el filme El hombre de la figura de cera, considerada como una obra magistral del expresionismo alemán. El público provocó un tumulto, al no entenderla.
Se sacaron la espina con el estreno de Rebeca de Alfred Hitchcock, en el cine Coliseum, presentada por DESTINO el 8 de enero de 1943. Esta película batiría todos los récords de recaudación que, desde 1930, tenía El desfile del amor.
Y, también patrocinada por el semanario, el 15 de noviembre de 1943, tuvo lugar la reaparición de Walt Disney tildado de rojo en Barcelona, en los cines Avenida de la Luz y Publi.
Durante su dirección, Ruibal con trató a Julio Coll, como crítico teatral, pues el semanario no tenía cubierto tal empleo en Barcelona y, únicamente, publicaba las críticas que enviaba Antonio Espina —que firmaba B. Ruiz Soto— desde Madrid.
En primavera de 1944, regresa Ignacio Agustí y reasume la dirección. Pero Vergés ya dominaba el mecanismo de funcionamiento de la revista.
La orientación del semanario era, entonces, claramente aliadófila pues, por una parte, el haber entrado Esta dos Unidos en guerra contra Alemania hacía afirmarse más en sus opiniones antinazis a los redactores de DESTINO y, por otra, desde ese mismo punto de vista, las autoridades españolas eran más condescendientes («¿y si ganan los aliados?») con las publicaciones críticas a los antiguos amigos. Tanto es así que España había vuelto a pasar a ser oficialmente neutral (ya olvidada la no-beligerancia) y Franco había retirado del frente la División Azul, desposeyendo de su nacionalidad española a quienes no quisieron regresar, continuando el combate junto a los alemanes.
En este 1944 ocurrirán varios sucesos directamente relacionados con DESTINO.
Santiago Nadal publicó un artículo titulado Verona y Argel en el que aludía al proceso de Verona (por el que fueron ejecutados el conde Ciano y otros) y al fusilamiento de un político de Pétain que se había pasado a la Francia Libre, y De Gaulle, en vez de acogerle, ordenó su muerte. Santiago Nadal decía, en su artículo, que había que terminar con las venganzas y los asesinatos políticos.
Téngase en cuenta que, en esa época (y hasta 1950, por lo menos) eran frecuentes los fusilamientos en España. Un autor tan poco sospechoso de izquierdismo o antifranquismo como el general Ramón Salas Larrazábal da, por un lado[18], la cifra de 26.581, desde 1940 a 1950, entre ejecuciones sobre la población civil por los ejércitos beligerantes españoles y ejecuciones judiciales, y, por otra parte[19], la de 23.000 ejecuciones en la represión, desde el 1 de julio de 1939 al 31 de diciembre de 1961 (las separa de caídos en el maquis, homicidios en las guerrillas, etc.): el 1 de julio de 1939 toda España era ya de Franco.
El artículo estaba tan finamente escrito que había sido aprobado por la censura. Pero el gobernador civil de Barcelona. Antonio Correa Véglison, montó en cólera y ordenó se detuviese a Santiago Nadal, quien ingresó en la cárcel Modelo como preso común.
Álvaro Ruibal que, entre sus múltiples amistades, contaba con la del médico de la cárcel, consiguió que éste le ingresase en la enfermería. José Pla acudió al alcalde de Barcelona (Miguel Mateu) quien intercedió ante Correa, explicándole que Santiago Nadal había combatido con los nacionales y, después de tres semanas de discusiones (Correa quería enviar a Nadal al campo de concentración de Nanclares de Oca), con ocasión del Viernes Santo, se le puso en libertad.
Nadal explicaba: «Fueron unos días terribles, porque entonces estaba agonizando mi hermano Eugenio, cosa que el señor Correa sabía perfectamente, porque se lo dijo Mateu»[20].
Salió de la cárcel con el tiempo justo de ver morir a Eugenio.
Un grupo de falangistas, mientras tanto, asaltó la redacción del semanario, destrozando cuanto encontraron a su paso y haciendo huir a la reducidísima plantilla que se encontraba allí. A quienes no lo sepan, jamás se les ocurrirá quién les capitaneaba —hoy vivo— ni yo pienso expresarlo aquí.
Otro artículo, El justo medio, éste de Agustí, provocó tales amenazas que su autor creyó prudente salir de Barcelona por unos días, recorriendo España en automóvil con un amigo.
La muerte de Eugenio Nadal, que era un apasionado de las letras, dio a Teixidor la idea de bautizar con ese nombre al plan de un concurso literario que Agustí había propuesto. Su convocatoria apareció en DESTINO el verano de ese mismo año.
Así nació el famoso y primero en su género, en España, tras la guerra, Premio Nadal. El 6 de enero de 1945, reunidos en el Restaurante Suizo, de la Rambla de Capuchinos n.°. 31, Ignacio Agustí, Juan Teixidor, José Vergés, Juan Ramón Masoliver y Rafael Vázquez Zamora, como componentes del Jurado de adjudicación del Premio Eugenio Nadal 1944 para novelas inéditas, tras las reglamentarias votaciones, otorgaron el galardón (¡5.000 ptas.!) a la novela Nada de Carmen Laforet, una joven absolutamente desconocida en el campo de las letras y, también, desde luego, a los miembros del jurado. Esta desconocida logró superar las calificaciones obtenidas por César González Ruano, Carlos Martínez Barbeito, José M. ª Álvarez Blanco, Esteban P. de las Heras y las otras veintiuna obras presentadas.
A este jurado se sumó Néstor Luján en 1948 y Sebastián Juan Arbó en 1950. Del Restaurante Suizo pasó al Glacier y de éste al Hotel Oriente. Pese a su ánimo —expresado en DESTINO en enero de 1953— de seguir en las Ramblas, el prestigio social adquirido lo hizo situarse en el Ritz.
El 12 de enero de 1957, DESTINO publica que, en el jurado del Premio Nadal, José M. ª Espinás sustituye a Agustí por dolencia de éste; pero el 11 de enero de 1958 ya publica los nombres de los miembros del jurado —los mismos que el anterior— sin excusa alguna.
La desaparición de Agustí en el jurado del Nadal y, prácticamente, de las páginas de DESTINO, es debida a que Vergés le envió a un viaje por Oriente Próximo. Agustí, tras su abrumador éxito con Mariona Rebull había abandonado ostensiblemente su trabajo en DESTINO, dejando como redactor jefe a Néstor Luján e instalándose en Sitges, desde donde, de vez en cuanto, venía a Barcelona y daba una vuelta por la redacción, quejándose de algo. Por ello, Vergés (que ya le había comprado su participación) le dio vacaciones.
Cuando regresó, su stress le obligó a ingresar en una clínica psiquiátrica, donde escribió Desiderio, lo que atestigua que no estaría tan mal de la cabeza. Agustí acusaba a Vergés de «haberle arrancado de DESTINO»[21].
Hacia esas fechas (1956) la redacción fue trasladada a Tallers, 62-64, 3. °, detrás de La Vanguardia y local también perteneciente a ésta.
Para entonces, ya eran colaboradores habituales (además de los antes citados) nombres de la talla de Néstor Luján, Tristán La Rosa, José M.ª Espinás, Antonio Vilanova, Sebastián Gasch, Cianófilo (Dr. José Espriu, hermano del poeta), Rafael Vázquez Zamora, Joaquín M.ª de Nadal, Joaquín Folch y Torres, Sempronio (Aveli Artís Gener), Miguel Masriera, Carlos Soldevila, Manuel del Arco, Luis de Castresana, Arturo Llopis, Luis Romero, Lorenzo Gomis, Jesús Fernández Santos, Camilo José Cela, Carlos Rojas, Rafael Abella, etc.
En enero de 1957, DESTINO se permite el lujo de que opinen sobre el año recién terminado: Ángel Zúñiga desde Nueva York, Carlos Sentís des de París, Julián Cortés Cabanillas desde Roma, Ramón Garriga Nogués desde Helsinki, Cecilio Benítez de Castro desde Buenos Aires y Tristán La Rosa desde Londres.
Néstor Luján sucede en la dirección a Ignacio Agustí. Imprime a la línea editorial —dentro de la prudencia que las condiciones del Régimen exigían— una orientación más liberal. Prestigiosos intelectuales vinculados al movimiento democrático catalán son contratados para la revista (Francesc de Carreras como secretario de redacción, y también Xavier Roig y Carlos Pérez de Rosas), mientras se reciben artículos de jóvenes escritores de fuera de Cataluña, entre los que destaca Francisco Umbral. El nivel cultural de la publicación va en constante alza y lo mismo sucede con su venta que, de los 20 o 22.000 ejemplares que se expendían, cada semana, en 1954 (27.000 de tirada; ver Anexo) pasa a más de 47.000 (59.000 de tirada) en 1969.
El nuevo director no se limita sola mente a su tarea sino que, además, viaja con frecuencia a lugares exóticos y sus bellas notas tienen gran aceptación por parte de los lectores.
Pero el creciente prestigio de DESTINO va aparejado a los constantes problemas con la censura: tuvo quince expedientes y sufrió dos meses de suspensión.
Luján, hombre de una cultura enciclopédica, y que escribe sobre todo lo habido y por haber, crea los números monográficos, con un doble objetivo: engrandecer la revista, al propio tiempo que evitar roces con la censura, ya que eran políticamente asépticos. El primero (en 1964) fue sobre la Guerra Mundial de 1914 1918, y el segundo sobre Shakespeare. Así, sucesivamente, lanzó temas históricos, artísticos e incluso gastronómicos.
El 1° de abril de 1969, el Tribunal Supremo confirma la sentencia condenando a Néstor Luján a ocho meses de prisión menor y multa de 10.000 pesetas por haber publicado una carta sobre el problema de la lengua catalana que fue considerada como propaganda ilegal. Y el 15 de junio de ese mismo arto, el Tribunal Supremo confirma la resolución del Ministerio de Información y Turismo contra Lujan que ha cesado como director de DESTINO en diciembre de 1967.
Accede a la dirección de DESTINO, meramente como firma con carnet de periodista —que era obligatorio— el músico Javier de Montsalvatge, quien ocupa este cargo transitoriamente. De todas formas, este nombramiento es más formal que real, pues la dirección es Vergés —aconsejado por Luján— quien la ejerce.
DESTINO continuaba haciéndose con muy poca plantilla: los colaboradores eran excelentes y cobraban poco —como era norma en aquella época— y, por consiguiente, la empresa era ampliamente rentable.
En 1952, Agustí había vendido su parte a Vergés, por lo que DESTINO había quedado al 50 % entre este último y el conde de Godó.
En 1972 —cuando cesó Fraga en el Ministerio—, es rehabilitado jurídica mente como director de DESTINO Néstor Luján, pero éste, para no des lustrar la imagen de su compañero Montsalvatge, acepta figurar como director-adjunto.
Más tarde, ostentará la dirección José Carlos Clemente, periodista vinculado al carlismo.
En 1974, DESTINO se vende a un grupo cuya cabeza visible es Jordi Pujol, el brillante banquero de Catalana. Se sabe que el precio fue muy alto. El diario El País lo cifró en cincuenta millones, y no ha sido desmentido públicamente.
Pero la idea de Jordi Pujol de hacer catalanismo en castellano, cuando ya salían revistas en catalán, no tuvo gran éxito, pese al gran aporte de su grupo.
DESTINO había estado ganando dinero, desde que salió en Barcelona por primera vez hasta que se vendió a Pujol.
En enero de 1975, la plantilla fija de DESTINO estaba integrada por Luján, Vergés, Montsalvatge, Carlos Pérez de Rozas, dos compaginadores y una empleada de archivo.
En ese mismo año, surgen graves conflictos entre los periodistas que hacían la revista y sus nuevos propietarios (matiz ligeramente izquierdista de los primeros, que choca con el nacionalismo catalán conservador de los segundos). A ello se añade mutua desconfianza y escaso entendimiento entre ambos grupos.
Así, en abril, la empresa despidió a Carlos Pérez de Rozas, lo que motivó que, por solidaridad, se fuese también Montsalvatge (Luján ya había dimitido antes.) Manuel Jiménez de Parga, que era colaborador y el abogado laboralista de DESTINO, tras renunciar de su cargo en la empresa, se convirtió en el defensor de Pérez de Rozas.
El despacho que dejaba Luján fue ocupado por Baltasar Porcel, quien se convirtió en el hombre clave de DESTINO, a pesar de que nunca fue de signado oficialmente director. Pese a la categoría intelectual de Porcel y a sus esfuerzos, ña revista decayó verticalmente en prestigio y ventas. En 1977 se nombró director a Josep Pernau, quien se mantuvo durante un año. Pero en 1978, Pujol y sus asociados decidieron desprenderse de una empresa que les estaba dando escasos beneficios tanto económicos como políticos. DESTINO se vendió a El Noticiero Universal (Editorial Mencheta).
El 1° de abril de 1978 apareció DESTINO (N. º 2.112) bajo la dirección de Jordi Doménech. A pesar de la notoria competencia profesional de este periodista, y aunque trató de imprimir a la revista un mayor dinamismo, DESTINO languideció y su último número (el 2.230) se fechó en la semana del 2 al 8 de julio de 1980: 48 páginas, color, precio: 75 ptas.
Como dice Sergio Vilar en el libro con cuya cita hemos empezado esta Historia de DESTINO: «Paradójicamente, todas las publicaciones, menos dos, que defendieron y adoptaron las posiciones democráticas bajo la dictadura, al llegar la democracia tuvieron graves problemas financieros que las obligaron a desaparecer»[22].
DESTINO fue, hasta hoy, una de éstas.
J. L. VILA-SAN-JUAN
Destino. Tercera etapa. Nª 1. 29 de marzo 3 de abril de 1985, pp. 85-94.


[1] Pág. 420 (Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 1984).
[2] Barcelonés de gran cultura que, más tarde, llegarla a ser director del Museo del Prado.
[3] Fontana, José M. ª: Los catalanes en la guerra de España, pág. 304 (Edit. Samarán, Madrid, 1951).
[4] José Ribas Seba era el jefe de la Territorial de FN de las JONS de Cataluña. Más tarde fue Teniente de Alcalde de Barcelona.
[5] Mariano Calviño de Sabucedo y Gras, hombre habilísimo en el savoir faire (como le define Ignacio Agustí) llegó a ser Consejero Nacional del Movimiento y Procurador en Cortes por designación directa del Jefe del Estado, varios cargos más (falangistas) y presidente y consejero de innumerables-empresas comerciales y bancarias.
[6] Sic el interrogante. Era la Imprenta Católica.
[7] L'lnstant era un diario de la noche, de Barcelona, muy unido a Radio Associació de Catalunya. Ignacio Agustí lo dirigió desde el 1. ° de enero de 1935 hasta julio del 36.
[8] Fontana, J. Mª: Óp. cit. págs. 304-305.
[9] Agustí, Ignacio: Ganas de hablar, pág. 325 (Edit. Planeta. Barcelona, 1974).
[10] Agustí, Ignacio: Óp. cit. págs. 41 y 42.
[11] Ídem, pág. 42.
[12] Fontana, J. M. ª: Óp. cit. pág. 319.
[13] Actualmente, otra vez, Diagonal.
[14] Lo del «Año triunfal» era retórica del momento; pero respecto al día está equivocado: el primer número de Burgos apareció el 6 de marzo de 1937, sábado, igual que lo es ese 24 de junio de 1939 en que renace en Barcelona.
[15] Amarillento; el pan era de maíz.
[16] Agustí, Ignacio: Óp. cit. pág. 44.
[17] «Aunque hay que reconocer que ése (refiriéndose el rey Juan Carlos I) no lo hace mal», me dijo.
[18] En La Historia del Franquismo, pág. 31 (Diario-16. Madrid, fascículos colección aún no terminada).
[19] Salas Larrazábal, Ramón: Pérdidas de la guerra, pág. 428 (Ed. Planeta. Barcelona, 1977).
[20] Vilar, Sergio: La oposición a la Dictadura, pág. 525 (Edit. Aymá. Barcelona, 1976).
[21] Agustí, I: Óp. cit. pág. 402.
[22] Vilar, Sergio: Historia del antifranquismo, pág. 445 (Plaza & Janés. Barcelona, 1984).