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domingo, 28 de octubre de 2007

Hijos de Felipe


Aún cuando no esté en algunas cosas de acuerdo con este articulo, me parece uno de los más brillantes que se ha escrito a raíz del 25 aniversario de la victoria socialista de 1982. Quienes rondamos los treinta (lustro arriba- lustro abajo) deberíamos leerlo con atención.

Y Felipe hizo España a su imagen y semejanza
Jose Javier Esparza

28 de octubre de 1982, González y Guerra en el balcón de Ferraz, victoria histórica sobre la base de 10 millones de votos y, además, apoyada en todos los grandes resortes del poder que funcionaban (y funcionan) en España y en Europa… Llegó Felipe. Después, OTAN y Rumasa, Comunidad Europea y GAL, crecimiento económico y corrupción, ampliación de servicios sociales y paro en masa… Las luces y las sombras arrojan claroscuros que presentan distintos matices según el observador. Se marchó Felipe en 1996, aunque no quería. Dejó el poder, pero España era, psicológicamente hablando, felipista.

Sólo se podía votar PSOE
Puede hacerse un paralelismo tal vez algo vertiginoso, pero no infundado: del mismo modo que Zapatero jamás habría ganado de no mediar los atentados del 11-M, Felipe jamás habría conseguido una mayoría tan apabullante de no haber mediado el golpe del 23-F. La diferencia no está tanto en el suceso como en la reacción que ocasionó en el país: si ante el 11-M España se rompió, ante el 23-F España se unió. Fruto de esa unión fue el voto masivo al PSOE en 1982, convertido desde el golpe en única alternativa posible.

(Atrás deben quedar las necesarias preguntas sobre el papel que realmente jugó el PSOE en aquella enorme conspiración. Esta historia tal vez nunca se sabrá del todo, pero limitémonos a una serie de constataciones: quien estaba pidiendo a voces un golpe de timón no era una extrema derecha ya residual, sino figuras clave del sistema como el honorable Tarradellas; nadie habría opuesto demasiada resistencia a un movimiento como el que, al parecer, auspiciaba Armada, más institucional que violento; si el 23-F fracasó, ello fue porque ese no era el golpe que sectores muy influyentes del sistema estaban acariciando, sino otra cosa muy distinta y, con total probabilidad, provocada por los servicios de información precisamente para abortar otras maniobras de mayor altura).

Que el PSOE era, desde el 23-F, la única alternativa posible, decía. Veámoslo de este otro modo: era también el único lugar hacia donde el país podía huir (hacia delante) una vez cerrada la vía derecha por el autohundimiento de UCD y por el chafarrinón de los espadones, simétrico este último de la desconfianza que inspiraba el Partido Comunista en un mundo donde todavía existía el Muro de Berlín. La cuestión era que o bien uno tenía convicciones muy propias de la derecha, y entonces votaba a la AP de Fraga, o bien uno era un ciudadano común y corriente, moderado y sensato pero progresista y moderno, y entonces sólo podía votar al PSOE. ¿Por qué? Porque el PSOE se había convertido en “lo que había que votar”. Todo el voto no ideológico se pasó en masa a Felipe. Él lo ideologizó; al menos, a buena parte de él.

El macizo de la raza
Merece la pena detenerse aquí. En todas las sociedades, y desde luego en España, funciona lo que podríamos llamar la “mayoría neutra”, que es la que, en condiciones de normalidad socioeconómica y paz civil, prevalece siempre. Conquistar a esa “mayoría neutra” es el objetivo primordial del político que quiere asentar una hegemonía duradera. Dionisio Ridruejo, poniendo el asunto en el contexto del franquismo, hablaba del “inconmovible macizo de la raza”. Y en efecto, el franquismo duró casi cuarenta años y el dictador murió en su cama porque el “inconmovible macizo de la raza” estaba cómodo con el régimen y (o) tenía pavor a un cambio.

Ese macizo inconmovible secundó mayoritariamente al Rey, a Suárez y la transición porque, en ese momento, eran la garantía de paz y normalidad. La aguda crisis económica y el 23-F rompieron tales garantías, y entonces fue elegido Felipe González. Felipe dejó de resultarle atractivo al inconmovible macizo de la raza porque los crímenes de Estado y la corrupción rompieron la paz civil, al mismo tiempo que el paro y la quiebra financiera del Estado habían roto la normalidad socioeconómica. Entonces se escogió a Aznar, la única alternativa posible, y éste devolvió a España paz y normalidad hasta el punto de ser reelegido con mayoría absoluta. A Aznar se le quebró la paz civil el 11-M, y entonces hubo una mayoría que escogió a Zapatero. Hoy… Hoy el Gobierno intenta por todos los medios, y todos los días, convencernos de que hay paz civil y normalidad socioeconómica.

Y ese inconmovible macizo de la raza, ¿qué ideología tiene? Propiamente ninguna. Pero reacciona conforme a los valores y principios que se imponen como convenientes, mayoritarios o, simplemente, “correctos” (aquí reside la fuerza de la denominada “corrección política”). El político que está en el poder sabe que la idea que se hace la gente acerca de la normalidad y la paz (digamos el bienestar) presenta unos u otros colores según el enfoque con el que se mira. Generalizar el enfoque propio, el que uno tiene, se convierte entonces en una tarea de primer orden para asentarse en el poder. El franquismo fracasó estrepitosamente en la tarea; en los años sesenta, la sociedad ya era más “moderna” que el régimen. El socialismo, después de 1982, tuvo un éxito mucho mayor. Conceptos como “progreso”, por ejemplo, pasaron a convertirse en dogmas incontestables. Incluso el propio concepto de “izquierda” devino en algo casi mágico, que todos querían compartir.

Felipe hizo a España a su imagen y semejanza en el sentido de que los valores y principios de la sociedad pasaron a ser, poco a poco, los del socialismo en el poder: una idea primaria de la igualdad (entre hombre y mujer, entre profesor y alumno, entre delincuente y víctima, etc.), una identificación del progreso con la ruptura de cualesquiera órdenes tradicionales, un concepto asistencial y un tanto caciquil del Estado… La España que eligió a Aznar en 1996 era mucho más de izquierdas, en su mentalidad cotidiana, que la España que eligió a Felipe en 1982. La España que dejó Aznar en 2004 seguía siendo, en ese sentido, de izquierdas. Lo seguirá siendo incluso si el próximo marzo vota mayoritariamente a Rajoy. Y el PP, probablemente, no tendrá vigor para rectificar los valores y principios que son mayoritarios en España; los que sembró Felipe González a partir de un 28 de octubre de 1982

sábado, 29 de septiembre de 2007

Leyendo el último libro de Cesar Alonso de Los Rios



"El Congreso de Intelectuales de 1984 montado por el Partido Socialista, y en el poder, habría sido una gran ocasión para la recuperación crítica de la memoria histórica, si se hubiera dedicado a reflexionar sobre el hecho de que la misma generación de intelectuales que apoyó el Régimen de Franco, y algunos de cuyos miembros más eminentes se encontraban allí, en los años cincuenta y sesentas, los movimientos de contestación a aquel.
No es posible encontrar un precedente semejante en algún otro país. Este es un hecho político y cultural único, insólito. Sin embargo o ha sido soslayado de forma sistematica o ha sido minimizado."


Un ejemplo: un articulo de Haro Tecgler


"Dies Irae" publicado en Informaciones, Madrid, 20 de noviembre de 1944.

La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronado por el águila de Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España.
Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad —lacrima coeli— una llovizna fina y gris.
El instituto, el subconsciente, nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de la Falange.
Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y enderezador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo.
Y así, en este día de dolor —Dies Irae— a las once —once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de vuelo de su presencia—, la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica, y, entre la doble fila de seminaristas —cirios encendidos en sus manos— ha pasado al Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse de allí donde el mármol vela su cuerpo.
Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan firme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Un articulo de Cayetana Alvarez de Toledo en El Mundo


Por Cayetana Alvarez de Toledo, (EL MUNDO, 14/09/07)

El viernes pasado, en un hotel de San Sebastián, un puñado de intelectuales y políticos de izquierdas presentaba ante la prensa el partido que venían de fundar. Su portavoz, una mujer menuda, lúcida y valiente, resumía de manera emotiva su objetivo principal: «Defenderemos la bandera de España, por la que ha sido asesinada tanta gente».
Unas horas antes, a pocos kilómetros, otra mujer, también pequeña de estatura, de firmes convicciones liberales y un heroísmo concreto y eficaz, se había puesto manos a la obra: desafiando los insultos y las amenazas de muerte, izaba la bandera nacional en la fachada del Ayuntamiento de Lizartza.
Dos escenas, dos preguntas: ¿qué ha llevado a personas como Rosa Díez, Fernando Savater o Mikel Buesa a escindirse sentimental y orgánicamente del Partido Socialista para montar un nuevo partido? En la encrucijada en la que nos hallamos, cuando lo que toca es aunar esfuerzos para defender la cohesión de España y la libertad de sus ciudadanos, ¿cómo se explica que Rosa Díez y Regina Otaola no luchen de la mano?
En el ajetreo de la rentrée, con Zapatero entregado en cuerpo («a las ocho desayuno y a las ocho y media salgo a correr») y alma («si no hubiera intentado el proceso de paz sería un presidente sin entrañas») a engañar a los españoles respecto a sus aficiones, decisiones e intenciones, ha pasado inadvertido el alcance del golpe que ha sufrido el Partido Socialista con la salida de Rosa Díez.
En efecto, la escisión constitucionalista del PSOE es la prueba más humillante y dolorosa de la traición de Zapatero a sus votantes. Al marcharse de un partido en el que ha militado durante 30 años, Rosa Díez ha dicho dos cosas que hasta ahora nadie en la izquierda se había atrevido a reconocer en público: primero, que ya no se fía de Zapatero, ni cuando desempolva, oportunista, la palabra «España», ni cuando proclama, táctico, su «firmeza» contra ETA; y, segundo, que este PSOE, el que González rehizo y Zapatero ha deshecho, ya no tiene remedio.
Los únicos que podían regenerar al Partido Socialista desde dentro han renunciado a hacerlo. Hoy el PSOE es una opción política peor, menos coherente, menos decente que ayer. Le quedan la ramplonería de Pepiño, los tejemanejes de Rubalcaba y la demagogia de Chacón. Es decir, un inmenso vacío ideológico, político y humano. Esta traición del PSOE a sí mismo, o al menos a la idea de España, deja al PP como única alternativa. No sólo para los liberales de verdad, sino también para quienes se sitúan en ese limbo, quizá contradictorio, pero muy poblado, que Rosa Díez ha bautizado como la «izquierda liberal». Lo curioso, por volver a la segunda pregunta, es que algunos todavía no lo quieran reconocer.
Desde que Díez, Savater y compañía anunciaron su decisión de fundar un nuevo partido político bajo las siglas UPD, se ha generado un intenso debate en torno a cuál de los dos grandes partidos nacionales se verá más perjudicado. La polémica no tiene mucho sentido y, a estas alturas, tampoco gran interés. La decisión está tomada y sólo el tiempo dirá hasta qué punto fue un acierto o un error. Bastante más útil a efectos de entender (y remediar) la deriva centrífuga de España es analizar los motivos por los que personas lúcidas y honestas procedentes de la izquierda, que dicen estar dispuestas a enarbolar la bandera de la libertad frente al nacionalismo, no lo hacen hasta sus últimas consecuencias. Esto es, apoyando al partido que lleva años luchando bajo esa misma bandera y es el único capaz de lograr que algún día ondee física y metafóricamente en todos los municipios de España.
No creo que sea por vanidad o afán de protagonismo, como insinúan los críticos del nuevo partido. Pero los argumentos de sus promotores tampoco resultan convincentes: decir, como ha hecho Rosa Díez, que el PP «no se atreve» a comportarse como un partido nacional es sencillamente ridículo. En cuanto a la justificación de Savater para no apoyar al PP -que en sus despachos mandan las truculentas, homófobas y antiliberales sotanas-, estoy con Jon Juaristi en que revela poco conocimiento o bastante mala fe. ¿De verdad lo que separa a Savater de María San Gil y Mariano Rajoy son los obispos? No serán monseñores Uriarte y Setién. Ni tampoco Cañizares, quien, al menos en la cuestión de la lucha contra el terrorismo, ha demostrado tener las ideas más claras y el juicio menos voluble que aquéllos que apoyaron los primeros coqueteos dialécticos de Zapatero con los etarras.
No son argumentos objetivos, sino reflejos instintivos, los que todavía impiden a muchos españoles preocupados por España apoyar al PP. Prejuicios, recelos y aversiones que están ligados a nuestra historia colectiva y nuestras historias individuales. El fondo de la cuestión no está en un análisis racional, sino en lo que podríamos llamar el bloqueo biográfico que sufre buena parte de la izquierda española.
«Yo dejé de ser de izquierdas hace 20 años. Pero tuvieron que pasar otros 15 para que pudiera votar al PP». La confesión del intelectual catalán José García Domínguez resume el problema mejor que cualquier disquisición académica. Estamos ante una cuestión ontológica: ser de izquierdas es una cuestión de piel, irracional, atávica, existencial. Quienes lucharon contra el franquismo, quienes pueden adornar sus biografías con regates a los grises y una estancia más o menos prolongada en la cárcel, quienes se ganaron el derecho a albergar un sentimiento de superioridad moral y atesoran el recuerdo sepia de Suresnes, siguen, de un modo u otro, cautivos de su biografía. No consiguen desprenderse de sus prejuicios. El rechazo a la derecha se mantiene vivo, como una corriente subterránea que riega a toda la izquierda y brota con mejor o peor intención según las hipotecas y las sensibilidades de cada biografía.
Ahí tenemos a un Juan Luis Cebrián que compensa sus escarceos con la dictadura con uno de los ataques más explícitos jamás proferidos contra la legitimidad democrática del PP: «Es como si Franco se hubiera presentado a las elecciones y las hubiera ganado». Ahí está Zapatero, el autoproclamado «rojo», el nieto redentor, que en privado califica al PP de «derecha golpista y reaccionaria» y en público se dedica a remover fosas y pactar contra España para mantenerse en el poder. Y, desgraciadamente, ahí están también algunos de los promotores de partidos como Ciutadans de Catalunya o ahora UPD, que al simultanear un discurso prácticamente idéntico al del PP con un rechazo explícito a ese mismo partido acaban reforzando el tópico del que llevan viviendo los nacionalismos desde hace 30 años: «Es que los del PP son unos fachas».
El lunes pasado, en estas mismas páginas, Rosa Díez decía que su partido servirá para «dejar sin efecto el discurso socialista que ha cuestionado la legitimidad democrática del PP» porque «romperá la estrategia del PSOE de hacer un cordón sanitario» alrededor del principal partido de la oposición. En la práctica, ya veremos. En la teoría, es exactamente al revés. No ha pasado una semana y ya hemos visto cómo algunos de sus impulsores recurren a los mismos obtusos latiguillos anti-PP acuñados por las lumbreras de Ferraz.
La izquierda española, tanto la que representan Zapatero y su círculo de estrategas sin principios como la que sí tiene una idea de España y de la libertad, sigue anclada en el pasado. Desprovista de argumentos por el triunfo aplastante del capitalismo y la consolidación de una derecha liberal en España, se aferra a la Historia: su contribución a la lucha por las libertades durante la dictadura sirve para justificar su oposición al único partido que hoy defiende esas mismas libertades.
Por eso, volviendo al gran reto de los próximos años, que es cómo fomentar la unidad institucional de España y la libertad de sus ciudadanos, la primera tarea es lograr que todos aquéllos que comparten estos objetivos básicos superen sus prejuicios y se sumen al gran proyecto colectivo que hoy encabeza el Partido Popular. La regeneración de la democracia española es posible, pero nunca podrá conseguirse mientras una parte sustancial de la izquierda no interiorice que la derecha representa hoy los valores de libertad, igualdad y solidaridad amenazados por un nacionalismo radicalizado a la sombra de Zapatero, que devora a los ilusos y a los moderados, como demuestran la última Diada y la espantada de Josu Jon Imaz.
Frente a los escrúpulos políticos, ideológicos o incluso estéticos, les propongo un ejercicio: cojan ustedes el programa electoral del PP, bien el de 2004, bien el que pronto se va a presentar; revisen, una a una, todas sus propuestas; y al acabar apunten en un papel todas aquéllas con las que no estén de acuerdo. Apuesto doble a sencillo a que la lista será muy breve. La defensa de los valores constitucionales, la apuesta por la derrota definitiva del terrorismo sin contrapartidas políticas, la bajada de impuestos, el apoyo a las familias, la firmeza ante la inmigración ilegal, la apuesta por una educación de calidad libre de dogmatismos, clericales y anticlericales… El ideario del PP refleja mejor que ningún otro lo que sienten, piensan y quieren la inmensa mayoría de los españoles.
Lo que falta en España no son partidos políticos, sino una izquierda libre de prejuicios. No es imposible. En Europa, ante los grandes retos nacionales, destacadas figuras de la izquierda están superando sus viejos recelos para unir fuerzas con la derecha. El ejemplo más evidente es el de Francia, donde la fuga de cerebros socialistas hacia las filas de Sarkozy refleja una voluntad generosa y real de servir a su país. En Alemania, Merkel encabeza una Gran Coalición. Y en el Reino Unido, Gordon Brown ha emprendido una campaña de captación de dirigentes y militantes conservadores bajo un lema inteligente e integrador: Todo el talento.
Todo el talento. De eso se trata: de sumar y no de restar, de agrupar fuerzas para abordar los grandes retos que tiene España, empezando por la conquista definitiva de la libertad. Esa es la potentísima bandera que el Partido Popular enarboló con determinación y coraje hace ya mucho tiempo y que mantiene levantada, aun en las circunstancias más difíciles, cuando cae la noche y las luces se apagan en Lizartza.

miércoles, 6 de junio de 2007

Documento de Girauta "Rodríguez al sótano de la historia"


Mantenerse firme en principios y valores procura sinsabores las más de las veces, pero evita al político el ridículo y la caída fatal a los sombríos sótanos de la historia. A uno de ellos ha ido a parar el aún presidente Rodríguez, cuyo partido, por boca de Blanco, osa exhibirse tras el comunicado de la ETA halagando a su líder por haber intentado la paz y, agárrense al asiento, por haberlo hecho con transparencia. La transparencia de las veinticinco reuniones con los terroristas, supongo. La transparencia de jugar a las cartas en dos mesas: la del Gobierno Aznar, proponiendo el pacto por las libertades, y la mesa del hampa.
Opacidad, Pepiño, es la palabra. Opacidad comprensible en quien ha resuelto engañar de tal modo al Estado de Derecho. Tiene miga que los socialistas, precisamente, se hayan hartado de acusar al PP de hacer política con el terrorismo.
A quien ha mantenido sus principios le basta con insistir en la única línea que se ha mostrado eficaz contra el terror: transmitir a los encapuchados el mensaje claro e inamovible de que jamás obtendrán rédito político alguno con sus actos, de que su "lucha" acabará en largas condenas y en repudio social.
Se trata de un mensaje y de una actitud que ya habían calado, reduciendo a la ETA a su peor situación... hasta el día en que Carod, siendo presidente en funciones de la Generalidad, les ofreció en Perpiñán su botella de oxígeno, les concedió la iniciativa política de la tregua catalana y configuró la estrategia que había de unir los destinos de socialistas y separatistas, armados o no.
Fue la estrategia del modelo tripartito, que tanto mal ha hecho a Cataluña. La izquierda toda, por encima de sus ideas nacionales o antinacionales, preveía extenderla con el tiempo al País Vasco. Un plan que no iba sólo contra el PP. También dejaba fuera de juego a CiU en Cataluña y al PNV en el País Vasco. Sólo una estúpida inercia y varios lustros de convencida pedagogía del odio impidieron a Mas e Ibarretxe percatarse de su alineamiento moral con quienes iban a liquidarlos. Se han equivocado de enemigo, pues al fin su supervivencia va a depender de su capacidad de entenderse con el PP. Eso sí, bajando los humos. O eso, o nada.
Rodríguez, haga balance de lo suyo: la ETA rearmada, dueña de la agenda política española, legitimada por las renuncias morales de los patxinadies y, por fin, liquidando un proceso para abrir otro. El proceso que muere deja como legado la normalización del debate territorial y autodeterminativo. El que empieza es el que le envía a usted, presidente, al sótano de la historia. Y el que tendrá que arreglar el PP.

martes, 5 de junio de 2007

¿Y ahora qué?


Hoy cuando me he enterado de la noticia he puesto la SER. El locutor informó que el discurso del presidente se iba ha articular en torno a la idea de “la tranquilidad”, “el aviso a Eta de que así no se consigue la paz” y la “búsqueda de consenso con el PP”


Más tarde el presidente dice “Hoy quiero asegurar que el Gobierno, con la fuerza de la ley y el estado de derecho, pone y pondrá todos los medios para la defensa de la convivencia, de la libertad y de la seguridad de todos los ciudadanos”


Después leí eso de “El talante de Zapatero se ha convertido en un fascismo que deja a los partidos y a los ciudadanos sin derechos”


y que


“ETA ha decidido suspender el alto el fuego indefinido y actuar en todos los frentes en defensa de Euskal Herria a partir de las 00.00 horas del 6 de junio”


Nada de todo esto me extraña pero tengo miedo

sábado, 19 de mayo de 2007

Documento: Un artículo de Sabater rechazado por El País.


Casa tomada
FERNANDO SAVATER /
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Como no soy jurista -y cada vez entiendo menos el guirigay de quienes lo son-, no puedo decir nada relevante sobre la sentencia del Tribunal Supremo que parte salomónicamente por la mitad a ANV, éstos sí, aquéllos no, pasemisí, pasemisá. Lo único claro es que el brazo político de ETA (que adopta nombres distintos pero practica siempre la misma obediencia) va a estar ampliamente presente en las elecciones y luego en las instituciones vascas, salvo una poco probable ilegalización penal en el último momento. Y también resulta indudable que la Ley de Partidos habría autorizado otras salidas legales para impedir real y totalmente esa presencia. ¿Que no había plazo para una impugnación de ANV? Si usted lo dice, le creeré, pero resulta raro que se nos haya echado el tiempo encima cuando la estrategia de ETA se conoce desde hace meses: primero un partido en clara continuidad con Batasuna como señuelo, luego reactivar la cáscara vacía de otro partido 'dormido' en la legalidad y dotarlo milagrosamente de militantes, medios, etcétera, de modo que permita el avance travestido de los de siempre. 'Larvatus prodeo', que diría Descartes. ¿Que ANV rechaza desde 1930 el recurso a la violencia? Parece que a estas alturas y mediando un reciente atentado con víctimas habría que exigir un deslinde del terrorismo etarra más explícito a quienes tan a las claras provienen de él: si no le entendí mal, se lo oí decir al propio Fernández Bermejo en una entrevista con Iñaki Gabilondo en 'Cuatro'. ¿Ah, pero es que lo realmente infumable es la Ley de Partidos! Ahora se oye por todas partes: en el País Vasco lo dicen desde el consejero Azkarraga, ese espejo de juristas, hasta el rejuvenecido Alfonso Sastre, cuyas ideas políticas siempre han sido un poco peores que sus obras de teatro, háganse una idea. Pongo la radio y en la tertulia escucho a un mequetrefe que compara esa ley aprobada por amplia mayoría parlamentaria con las dictadas por Franco: es que prohíbe cosas y nuestro héroe es partidario caiga quien caiga (él no caerá, descuiden) del prohibido prohibir. Supongo que de genialidades como ésta le viene el descrédito a Mayo del 68. Acudiendo a fuentes más serias, me deja perplejo leer en un editorial de 'El País' (7-5-07) que «es una ley excepcional y de muy problemática aplicación, en la medida en que es limitativa de derechos». Hombre, muchas leyes limitan derechos pero siempre los de quienes los utilizan para lesionar o impedir el ejercicio de los de otros. Como explica a continuación el propio editorial, es el caso de quienes impiden la libre competencia democrática apoyando la eliminación física o la intimidación permanente de sus adversarios políticos. La Ley de Partidos defiende el ejercicio de los derechos políticos de todos, menos de los que quieren simultanear política y crimen para ganar a dos bandas. ¿Y «excepcional»? ¿Por qué es excepcional, si no fue dictada por decreto del Ejecutivo sino aprobada en la sede legislativa adecuada? Claro que siempre contó con la oposición de los nacionalistas de toda laya y desde luego hoy mantener una ley que contraríe a los nacionalistas es algo realmente excepcional ¿Ha sido recurrida en el Tribunal de Estrasburgo! Bueno, no sabemos si prosperará el recurso, pero existe algún precedente orientativo. Por ejemplo, cuando se ilegalizó el Partido de la Prosperidad turco -al que pertenecía entonces el islamista Gül y que contaba con seis millones de votos- por apoyar la violencia separatista y atentar contra la laicidad de Estado, el Tribunal de Estrasburgo ratificó tal medida dictaminando que «la democracia representa un valor fundamental en el orden público europeo pero si se demuestra que los responsables de un partido político incitan a la violencia o mediante mecanismos ilegítimos buscan la destrucción de la propia democracia su disolución puede considerarse justificada» (citado por R. Navarro Valls, 'Las dos almas de Turquía', 'El Mundo', 3-5-07).Puede ser que la culpa de todo la tenga, en última instancia, el obstruccionismo del PP a la buena voluntad pacificadora gubernamental. Es lo que parece dar a entender, entre otros miles, John Carlin en su artículo 'Es la hora de gobernar juntos' (El País, 6-5-07). Compara la oposición inicial de Ian Paisley a sentarse junto a Sinn Feinn, sus actuales socios de gobierno, con declaraciones semejantes de Mariano Rajoy o María San Gil respecto al reconocimiento de Batasuna. Entre otras diferencias que sería obvio señalar (los dos extremos irlandeses en colisión tenían mutuos lazos con grupos violentos, mientras que en España el brote de terrorismo antiterrorista no vino precisamente de los populares), omite Carlin que la intransigencia de Paisley no ha cesado porque sí, sino porque IRA ha entregado las armas y Sinn Feinn ha reconocido finalmente la policía y la magistratura norirlandesas. Puede que el feroz clérigo haya cambiado, pero sólo cuando también han cambiado las circunstancias, tras una suspensión del Parlamento autonómico y una renovada actitud de firmeza del siempre oportunista Blair. Muchas cosas pueden objetarse a la política del PP, sin duda, pero ahora que la valiosa y valerosa María San Gil se ha visto apartada momentáneamente de la política por enfermedad, conviene recordar en su honor y en el de su partido que cualquier concejal del PP en el País Vasco ha hecho más por la defensa de las libertades constitucionales de ustedes y mías que todos los intelectuales abajofirmantes que luchan contra la derechización del mundo desde sus cómodos negocios artísticos o académicos.Aunque duela decirlo y dejando a un lado la pureza de las intenciones iniciales, ejem, lo indudable ya es que el Gobierno de Zapatero ha fracasado en toda regla en el supuesto 'proceso de paz'. Una ETA acorralada, políticamente cortocircuitada y que podía haber sido eliminada en año y medio de haber seguido la política conjunta PP-PSOE de finales del Ejecutivo anterior (según afirma la Policía francesa) se encuentra hoy revitalizada, rearmada y dispuesta a actuar en cualquier momento. Batasuna no ha cambiado ni un ápice sus planteamientos políticos, ha pasado de fuerza marginal y casi mendicante a interlocutor político privilegiado, además de volver como fuerza electoral y recuperar probablemente sus posiciones perdidas en muchos municipios claves para su financiación y reafirmación estratégica. Ha aumentado la presencia radical en los medios de comunicación vascos, sigue la coacción sobre los ciudadanos disidentes y desde luego la extorsión a empresarios y profesionales, contra la que por lo visto nada puede hacerse (¿se imaginan lo que sería saber que cientos de empresas, comercios, restaurantes, profesionales están pagando mensualmente cantidades importantes a Al-Qaida pero que nada puede intentarse penalmente contra ellos porque bastante sufren ya los pobrecillos?). De Juana Chaos se pasea tranquilo por el mundo y dentro de poco tendrá problemas de sobrepeso, por lo que habrá que mandarle a su domicilio para que haga régimen. Y para colmo todo el mundo asume como inevitable que ETA volverá matar. Digo yo que en cuanto acabemos de desvelar las patrañas y mentiras de la supuesta 'conspiración' del 11-M, habrá que empezar con las del 'proceso de paz'. Denunciar a quienes dijeron que no había negociaciones políticas (lean, lean los documentos incautados al 'comando Donosti'), a los que aseguraban sin enrojecer que Aznar hizo lo mismo, a los que sacaban la foto de las Azores cada vez que se les señalaba la de Patxi López con Otegi, a los que nos contaron las virtudes humanitarias y los efectos salvadores del tratamiento penal a De Juana, por no mencionar a quienes aseguraban que había 'indicios borrosos' de la voluntad de ETA de dejar próximamente las armas 'Cuatro' podría hacer otro buen reportaje, muy objetivo, sobre este tema y hasta le sugiero un título, más triste pero no menos verdadero que el del anterior: 'La victoria de los embusteros'.Uno de los mejores cuentos de fantasmas que conozco es 'Casa tomada', de Julio Cortázar. En él, una pareja de hermanos mayores y solteros vive en la casa de sus antepasados. Poco a poco, deben ir cerrando habitaciones y bloqueando puertas de las estancias 'tomadas' por entidades que no se precisan pero se presienten hasta que finalmente tienen que abandonar su hogar invadido por el Mal. En el País Vasco, muchos de quienes hemos luchado contra el expansionismo del nacionalismo obligatorio estamos en la misma tesitura. ETA y adláteres ocupan las localidades pequeñas, luego las medianas, luego barrios de las grandes y espacios públicos comunes: nosotros vamos cerrando puertas y retrocediendo. Cada vez con menos apoyos y más críticas de quienes se impacientan por nuestras quejas. Los socialistas vascos por ejemplo nos tienen por 'miserables', cuando no por extremistas de derechas (con el PSE pasa lo que con la Ertzaintza, aunque peor: en sus filas hay gente decente y combativa, pero con los mandos actuales no hay manera). Y aún eso es preferible a los que nos muestran su 'solidaridad humana' por las amenazas que sufrimos, para acto seguido criticar la Ley de Partidos o recomendar el diálogo como solución de nuestros males. No, que quede claro: no queremos solidaridad 'humana' sino política. La 'humana' que se la guarden los simpáticos donde mejor les encaje Y habrá que irse, claro. Ya no podemos hacer más. Ustedes, nuestros conciudadanos, tienen la palabra. Si refrendan electoralmente lo que hasta ahora se viene haciendo, sólo nos queda salir a la intemperie y buscar refugio donde sea. «Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada».