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sábado, 7 de diciembre de 2013

Otra entrevista a Cristóbal Serra. (Pòrtula, nº 227, agosto de 2000.)



Hará una semana, jugando con el buscador, encontré una entrevista con Cristóbal Serra realizada por dos escritores mallorquines -Maria I. Deyà y Antoni Roca- para una modesta revista local de Marrachí (o Marratxí), Pòrtula, en el año 2000. De gran interés, he considerado conveniente traducirla para facilitar así su difusión. Se ha intentando respetar, en la medida de lo posible, los giros y usos, enormemente ricos, que del idioma original (el mallorquín) da Serra. Que la disfruten.

CRISTÓBAL SERRA,
SURREALISTA Y ESPIRITUAL


Cristóbal Serra Simó (Palma, 1922) destaca como escritor y traductor en lengua española. Licenciado en derecho (1946) por la Universidad de Madrid y en filosofía y letras (1963 ) por la de Valencia, es autor de una abundante producción literaria iniciada con "Péndulo" (1957) y "Viaje a Cotiledonia" (1965), y continuada con "Retorno a Cotiledonia" (1973), "Péndulo y otros papeles" (1975), "Diario de Signos " (1980), "Con un solo ojo" (1986), "La noche oscura de Jonás" (1984), "La soledad esencial" (1987), "Augurio Hipocampo" (1994) o "Nótulas" (1999). Ha traducido al español obras de William Blake, Lao- Tsé, Edward Lear, Herman Melville, Henri Michaux y Jonathan Swift. Interesado por la cultura de los signos proféticos, ha escrito "Guía para el lector del Apocalipsis" (1980) y "Visiones de Catalina de Dülmen" (2000). De carácter autobiográfico, ha publicado "Las líneas de mi vida" (2000).

El domicilio de Cristóbal Serra está lleno de libros, incluso los hay sobre la mesita alrededor de la cual nos hemos sentado para hacer la entrevista. La tarde es calurosa, sofocante, y el sol de poniente quiere entrar por las ventanas atravesando las persianas. El ventilador resulta insuficiente para proporcionarnos un poco del aire que necesitamos para combatir el calor.

¿Qué le parece si comenzamos hablando de "Viaje a Cotiledonia"?  Es una obra sin duda interesante aunque quizá salió en un momento histórico y cultural -los años sesenta- no demasiado propicio para este tipo de literatura.

"Viaje a Cotiledonia" es un viaje quimérico, imaginario, como lo son también "El Quijote" o "La Odisea".

¿Y qué quería decir con este viaje quimérico?

Lo que quería hacer era un informe sobre los hombres, sobre la humanidad que me rodeaba, pero al mismo tiempo lo quería hacer mediante una cierta deformación. En aquellos momentos tenía muchas ganas de inventar palabras y quería tener la experiencia de dar sentido a las palabras que creaba, por ejemplo "bilibú", que querría decir "bu la bilis", a la amargura, y eso me daba pie para crear personajes alegres y desenvueltos. Así fui generando los personajes que aparecen en Cotiledonia. Pienso que la experiencia insular me sirvió bastante, pero no es un viaje real por la isla. Tenía muy arraigado el absurdo y por otra parte creo que los mallorquines tenemos un poco de inclinación al absurdo.

Sin ir más lejos, creo que dentro de las mismos cuentos populares mallorquines [rondalles] hay mucho de absurdo. ¿Está hoy vigente Cotiledonia?

No sé, lo que pasa es que en ella se pone un poco en solfa esta civilización que nos hemos dado, una civilización donde las personas actúan de acuerdo a unas determinadas reglas, se someten a ellas, se dejan llevar mucho por el instinto y están dominadas y gobernadas por la materia y el dinero [doblers].

Allí viven los"dobeïtes", palabra que deriva de dinero [doblers]. ¿Da una gran importancia a las palabras?

Sí, en otras épocas creaba palabras y de las palabras salía la historia: los "onirites", que eran los más soñadores, los "oneraris", que eran aquellos que llevaban sobre los hombros la carga de trabajo...

¿Y del dinero?

La nuestra es una civilización onerosa. De hecho tenemos la palabra dinero que es muy significativa. Creo que tanto en italiano como en mallorquín tenemos palabras muy dadaístas, palabras como doi (disparate) o doblers (dinero), con mucho significado, palabras que cuando se pronuncian de forma repetida parecen originar un estado de obsesión, como si fueran divinidades: dinero, dinero, dinero [doblers, doblers, doblers]... Esa es una palabra que tiene mucha fuerza.

¿No siente que su obra está muy influenciada por los surrealistas franceses, aunque su formación sea aparentemente anglosajona?

Eso dicen de mí, aunque no acabo de verlo claro. Antes de la guerra ya empecé a perfeccionar el francés, para luego pasar al inglés y al italiano.

Entonces, ¿cuáles piensa que son sus influencias?

Los ingleses siempre han sido muy inclinados a los viajes imaginarios, pero siempre he creído que lo que más me ha influido ha sido una palabra: “albaricoque” [albercoc]. Tenía un tío que era boticario y como a mí las matemáticas y la geometría no se me daban nada bien, siempre me decía que era un "cotiledón", que era como decirme albaricoque. La primera edición de "Viaje a Cotiledonia" estaba dedicada a los habitantes del albaricoque terrestre.

¿Se considera un escritor o un filósofo?

Empecé por leer mucha filosofía, pero abandoné esta enfermedad [afecció], porque cada vez más me daba cuenta de que la filosofía, en general casi toda ella, tenía una marcada tendencia a lo racional, y yo necesitaba más lo irracional. Por lo tanto, la literatura me resultaba una forma de expresión que me iba mejor, y de esta manera acudía a la imagen del lenguaje analógico, a la asociación de palabras y a jugar con ellas, y todo esto me aleja progresivamente de la filosofía, excepto de la oriental, de la que nunca me he alejado.

¿Y en cuanto a la escritura?

La filosofía en el fondo es sabiduría, pero a mí me daba la impresión de que me ponía en el potro de tortura y a mí lo que me interesaba era la evasión. Por ello tiendo a la expresión aforística, a una expresión condensada que se encuentra en la filosofía oriental y también en la tradición mediterránea más antigua.

¿Qué le atrae de la filosofía oriental?

Las filosofías orientales son un poco revolucionarias porque no se adaptan a nuestra forma de ver la vida, la de los occidentales, que se convierte [esdevé] en utilitarista y dirigida a la acción, al trabajo, mientras que la oriental es una filosofía de la inacción, de la contemplación y, claro, esto hace que algunos valores queden muy alterados. Entonces, por ejemplo, importan la filosofía china, por poner un ejemplo, la convierten en una filosofía revolucionaria. En "El péndulo" dije que la filosofía occidental consistía en masticarse con los propios dientes.

¿Con qué filosofía oriental se siente más identificado?

En especial con la filosofía oriental china. Considero que el misticismo debe estar combinado con el humor, y que la filosofía oriental china responde a esta característica.

Y con pensamiento filosófico oriental, ¿cómo se vive en una cultura occidental?

Mantengo una actitud crítica, pero que no trasciende, porque si uno no está llamado a la acción y, por añadidura, no le da importancia, no se convierte en un perturbador de nada. Ahora bien, interiormente se puede negar algunos de los valores vigentes que a uno le rodean.

Es usted, por lo tanto, crítico con la sociedad occidental actual…

Sí, mucho.

¿Y cuáles piensa que son sus puntos más criticables?

Me siendo muy cristiano, pero creo que nos hemos dedicado a que una civilización, que llamamos cristiana, que al cabo de los años y de los siglos, no tiene nada de cristiana. Algo tendrá esta civilización cuando, desde el punto de vista del Apocalipsis, va camino de su propia destrucción. Hemos llegado a un techo de materialismo y de organización de la materia que ha repercutido sobre el cosmos y sobre todo, y que ha alterado muchas cosas. Toda esta civilización es muy hostil al espíritu propiamente cristiano.

¿Quiere decir que vamos hacia la autodestrucción?

Creo que sí. Nosotros no tenemos la responsabilidad de que comenzaran estos tiempos, pero ya hemos avanzado así como civilización y tenemos ahora un montón de problemas [un grapat de problemas] muy serios. Si enjuiciamos esta civilización desde un punto de vista espiritual, estamos ante una civilización con carencias, pero si lo hacemos desde un punto de vista simplemente material, resulta muy satisfactoria. Por lo tanto todo depende del punto de vista que cada uno adopte. Todos los materialistas se encuentran bien dentro de esta civilización, pero todo aquel que tenga un poco de preocupación espiritual se siente angustiado.

¿Política y espiritualidad son incompatibles?

No seré yo quien diga que son incompatibles, ahora bien, lo que es evidente es que la política es acción. Muchos de los documentos espirituales que nos han llegado, por ejemplo los Evangelios, no tienen nada que ver con la acción, sino que más bien tienen que ver con la contemplación y miran hacia el interior y no hacia el exterior. No debemos olvidar que nuestra civilización está orientada hacia el exterior, y la prueba más evidente es que nos dominan todo un conjunto de instrumentos, externos a nosotros, que nos genera una servidumbre.

Como por ejemplo...

La servidumbre que tenemos hacia el dinero es seria, muy seria. Cierto es que es imprescindible, tal y como hemos construido este mundo, pero al mismo tiempo tiene un poder de atracción enorme para la inmensa mayoría.

¿Se considera una persona pesimista?

Nosotros nos hemos dejado seducir por el pensamiento optimista de los norteamericanos, que consideran que todo va bien y que todo es maravilloso, pero eso no quiere decir que aquellos que no compartimos su optimismo estemos chalados [tronats]. Lamentablemente, la vida nos da más argumentos para el pesimismo que para el optimismo.

¿Pero esta actitud no puede generar un malestar ante la vida?

Si seguimos con el caso norteamericano, se les ve muy aferrados a todo lo material. De hecho los ingleses y los norteamericanos ya hace años que se vendieron al demonio, porque para mí el demonio es la materia. Estos pueblos tienen un pacto con la materia y desde ahí lo tienen que justificar  todo [des d'aquest moment han de justificar-ho tot].

Y nosotros los hemos copiado.

Claro, el mundo en que vivimos es un mundo de mimetismos, desgraciadamente.

¿Podemos charlar sobre una cultura norteamericana?

No sé qué es la cultura norteamericana. Creo que los norteamericanos son una herencia del pueblo inglés y que, por tanto, deberíamos tener primero bien presente como son los ingleses; sus características o qué papel han tenido en la historia.

Si no puede entender el optimismo, pero sí el pesimismo, ¿qué debemos hacer en esta vida? ¿Vivir en una constante depresión?

¡Noooo! Hemos de matizar lo del pesimismo, por eso ya he dicho antes que no hay nada más salvador que el humor, que tener sentido del humor. A veces los fundamentalismos se desarrollan por una falta de sentido del humor. Debemos superar la concepción pesimista del mundo, y por eso me he caracterizado siempre por mi papel de "payaso triste" [per la meva “pallasseria trista”].

¿Qué conclusiones ha sacado de sus estudios sobre el Libro del Apocalipsis?

No es que me haya entregado mucho en su estudio, pero todos pasamos por diferentes situaciones [estats] en esta vida, y un día, cansado de leer libros monumentales, empecé a estudiar este libro misterioso, lleno de símbolos [figurat]; y el estudio terminó con un libro que no pretende hacer una interpretación definitiva.

¿Y por qué no?

¿Y quién puede hacerlo de un libro tan lleno de símbolos [figurat]? Es uno de esos libros misteriosos que deben tenerse en consideración porque están ahí por algún motivo.

Por tanto, en las religiones orientales debería también existir un libro parecido al Apocalipsis.

No. La religión cristiana, que entronca con la religión judía, es una religión histórica como el judaísmo. Estas dos religiones, por lo tanto, tienen un carácter más histórico que el que pudieran tener las religiones orientales, que no dan importancia a la historia. De hecho, la historia occidental entronca directamente con esta religión judeocristiana, y eso hace que esta religión sea profética. Por otra parte, el cristianismo lo han hecho aún más histórico las instituciones y las iglesias, y la han convertido en una religión eminentemente histórica que ha tenido la oposición de todos aquellos que han tenido un sentido de la historia completamente distinto al que el cristianismo había mantenido, como es el caso del socialismo. El cristianismo debería haber mirado más hacia el futuro, debería haber sido más escatológico, de acuerdo con la profecía, pero la iglesia católica siempre ha sido más conservadora que inclinada a mirar hacia el futuro. Por eso su lugar ha sido ocupado parcialmente por el socialismo o por el comunismo, que reivindicaban otro tipo de mundo [un altre estat a la terra].

También ha escrito un libro visionario.

Es un libro sobre las visiones de Ana Catalina Emmerick, una monja alemana del siglo XVIII.

Y sobre las profecías de Nostradamus, ¿qué nos puede decir?

Lo que nos demuestran sus profecías es que la historia no es como nos dicen los historiadores, que la han escrito con unos criterios determinados, sino a la luz de la profecía, que existe un determinismo divino. Si hay un señor que sabe, de una manera general, lo que tiene que pasar es que hay un determinismo divino, y esto es lo que nos anuncia Nostradamus. Él anticipó la revolución francesa, la guerra civil española o el fascismo, incluso aportando nombres propios como Franco o Mussolini.

Estamos entonces predestinados…

No, no es una predestinación del individuo, sino un determinismo divino de carácter histórico.

Y si todo ya está previsto, no se debe poder hacer nada para cambiar el curso de la historia.

Los profetas simplemente lo han avisado, pero los pueblos han seguido el camino que han querido. Un profeta no es una persona que anuncia lo que ocurrirá tal día, sino que advierte lo que puede suceder de forma general.

Si las profecías sirven para advertir, ¿qué sentido ha tenido el tercer secreto de Fátima?

Una vez que han dado a conocer la profecía, parece que no había motivo para mantener el secreto. Desconozco el motivo de tanto secretismo. Creo que las profecías tienen un sentido general y no particular.

¿Piensa que esta civilización tiene miedo al futuro?

Creo que sí, porque nuestros conflictos siempre son históricos, y en general es porque la gente no conoce precisamente el fundamento verdadero de la historia. Los orientales han tenido menos obsesión por la historia. Sus religiones no tienen un carácter histórico, pero las dos religiones que han nutrido occidente, el judaísmo y el cristianismo, son eminentemente históricas.

¿Cómo ve la vida en Mallorca?

Los mallorquines de tiempo atrás, de otras generaciones, estaban mucho más centrados en lo que propiamente éramos, un viejo pueblo mediterráneo, que no ahora, que sin duda alguna, nos hemos desnaturalizando. El turismo ha sido el factor más desnaturalizador, aunque ha sido la corriente económica la que más se ha aprovechado porque no había otra alternativa. Si no hubiera un concepto de economía global, se habrían dado otros aspectos de la economía de Mallorca que, debido a que el territorio es pequeño, no son importantes. En otros tiempos, dentro de sus dimensiones también reducidas, todo respondía mucho más a la propia idiosincrasia y había más armonía. Ahora todo es más inarmónico dentro Mallorca, se ha ido despersonalizando a la isla y esto puede llegar a una despersonalización total. Todos aquellos que lo hemos seguido con atención nos hemos dado cuenta de este proceso de desnaturalización. Teniendo presente como está el proceso de vasallaje económico, esto es muy difícil de parar y somos víctimas de la economía. Sólo lo pararíamos si el hombre económico fuera de otra naturaleza.

¿Cuál sería la antítesis del hombre económico?

Para el hombre económico, lo primero de todo es la economía, y para mí eso significa que está mentalmente viciado. Creo que a las personas las deberíamos educar de una forma menos sensible hacia los valores que nos dominan, porque hay otros muchos valores que no son necesariamente materiales. Muchas manifestaciones, que desde un aspecto utilitario no aportan nada, creo que deberían revalorizarse, y por eso pienso que la educación es de una gran importancia. Mallorca, por ejemplo, no es una tierra de grandes lectores. En esta isla hemos llegado al punto de organizar el territorio para el turismo, y nos llenamos la boca en alabanzas a nuestra manera de vivir, pero no hay formación fuera del consumismo, para disfrutar de lo que es más inmediato y la gente no se interesa por muchas de las cosas que les debería interesar.

Es muy crítico.

Temo lo que es convencional porque no me satisface. Rompí con ciertos convencionalismos porque hay muchos y nos ahogan, y cuestan mucho romper.

¿Cuál, por ejemplo, de estos convencionalismos ha roto?

Me tocó estudiar la carrera de derecho, pero la dejé (rompre amb ella) cuando me di cuenta que no me interesaba nada porque consideraba que todo era un puro convencionalismo. Entonces me puse a estudiar filosofía. Luego impartí clases, pero me cansé.

¿Cuál fue su experiencia en la enseñanza?

Dentro de la docencia tuve la experiencia que los chicos no son tan buenos como nos dicen, sino más bien niños malos [dolentons]. Una parte de la psicología optimista que nos dice que los chicos [al·lots] son unos angelitos, pero la verdad es que pueden ser incluso crueles.

¿Quiere decir que el hombre es malo por naturaleza?

Creo que no se puede generalizar, pero diría que es una cortesía decir que el hombre es bueno por naturaleza. Rousseau era muy educado.

¿Hacia dónde cree que va la humanidad?

La ciencia llevada a la práctica, casi siempre tiene una concepción mecánica y materialista del hombre y yo no tengo esta concepción, en el sentido de que creo que el hombre está asociado a este cuerpo que nos conduce, pero del que nos liberamos cuando morimos. Siempre he creído en una supervivencia después de la muerte: unos le llaman inmortalidad y otros otra cosa. Tengo la convicción de que los muertos son los que están más vivos, porque al ser espíritus, no tienen ya la condición material y disfrutan de su condición espiritual. Quizás por eso creo en los visionarios, que son capaces de salir del tiempo y del espacio.

¿Cuáles son sus objetivos literarios inmediatos?

Ya no me planteo objetivos inmediatos. Escribí "Las líneas de mi vida", un libro autobiográfico, porque sentía mucho vacío.

¿Y cómo son esas líneas?

Como una mariposa: voy pasando por encima de los hechos, como cuando recuerdo mi infancia, en Son Alegre, con aquellos cielos azules.


“Los hombres somos unas sombras que algunas veces nos mezclamos con la luz del crepúsculo. Nada más.”

 ("Nótulas") de Cristóbal Serra.


domingo, 19 de octubre de 2008

Una interpretación (terrible) de Auschwitz

Momentos de descanso y esparcimiento de los trabajadores de Auschwitz

Siguiendo la reflexión que Gregorio Luri está realizando en su blog partiendo de esta fotografía, os presento, una de las interpretaciones más terribles, y quiza, también, de más demoledoras que conozco, sobre "esos hechos". El autor, aún no lo suficientemente conocido en España, es, para aquellos lectores de El pensamiento cautivo de Czeslaw Milosz, aquel que se esconde detrás de "B": Tadeusz Borowski.

De él Milosz dice:

"Lo que sufrió en el campo hizo de B un escritor. Descubrió que su terreno propio era la prosa. En todos sus relatos, B es un nihilista. Por nihilismo, no entiendo amoralidad. Al contrario, este nihilismo proviene de una pasión ética: es un amor desgraciado al mundo y a los hombres. Al describir lo que ha visto, B quiere ir hasta el final, presentar exactamente un mundo en que no hay lugar para la indignación. El género humano, en los cuentos de B, está desnudo, despojado de los buenos sentimientos que duran tanto como dura el hábito de la civilización. El hábito de la civilización no es duradero. Basta un repentino cambio en las condiciones de vida, y la humanidad vuelve al estado de salvajismo primitivo. ¡Cuántas ilusiones en las mentes de los honrados ciudadanos que circulan por las calles de las ciudades inglesas o norteamericanas y que se consideran criaturas llenas de virtud y de bondad! Es fácil despreciar a una mujer que quiere entregar su hijo a la muerte para salvar su propia vida. Y sin embargo, la mujer que, leyendo el relato de este acto, instalada en un cómodo sillón, desprecia a su hermana infortunada, debería preguntarse si en ella misma, frente a la muerte, el espanto no sería más fuerte que el amor. Puede que sí y puede que no. Pero, ¿quién podría saberlo por anticipado?"

Bueno, y ahora el texto:

"Trabajamos bajo tierra y sobre la tierra, bajo techado y a la intemperie, usando palas, picos y palancas. Trabajamos en la plataforma del tren, cargando sacos de cemento, colocando ladrillos o raíles del ferrocarril, vallando fincas, allanando el terreno con nuestros pies... Ponemos los cimientos de una civilización nueva y terrible. Ahora sé qué elevado precio pagaron otros en la Antigüedad. ¡Qué crimen espantoso fueron las pirámides de Egipto, los templos y estatuas griegas! ¡Cuánta sangre tuvo que derramarse sobre las calzadas romanas, las fortificaciones fronterizas y los edificios de las ciudades! La Antigüedad fue un enorme campo de concentración, donde a un esclavo se le marca con un hierro candente en la frente y se le crucificaba si intentaba huir. La Antigüedades la era de la explotación de los esclavos.

Me acuerdo de cómo me gustaba Platón. Hoy sé que mentía. Porque los objetos sensibles no son el reflejo de ninguna idea, sino el resultado del sudor y la sangre de los hombres. Fuimos nosotros los que construimos las pirámides, los que arrancamos el mármol y las piedras de las calzadas imperiales, fuimos nosotros los que remábamos en las galeras y arrastrábamos arados mientras ellos escribían diálogos y dramas, justificaban sus intrigas con el poder, luchaban por las fronteras y las democracias. Nosotros éramos escoria y nuestro sufrimiento era real. Ellos eran estetas y mantenían discusiones sobre apariencias.

No hay belleza si está basada ea el sufrimiento humano. No puede haber una verdad que silencie el dolor ajeno. No puede llamarse bondad a lo que permite que otros sientan dolor.

¿Qué dice la historia antigua de nosotros? Sólo nos ha legado la memoria del astuto esclavo de Terencio y Plauto, los tribunos del pueblo –los hermanos Graco– y el nombre de un esclavo: Espartaco.

Nosotros hemos hecho la historia, pero la Historia narra la vida de un criminal cualquiera como Escipión o de simples hombres de leyes como Cicerón o Demóstenes. Nos entusiasma la matanza de los etruscos, la conquista de Cartago, las traiciones, astucias y saqueos. ¡La ley romana! ¡Hoy rige la misma ley!

¿Qué sabrá el mundo de nosotros cuando ganen los alemanes? Se levantarán enormes construcciones, autopistas, fábricas y estatuas gigantescas; cada uno de sus ladrillos lle­vará la huella de nuestras manos, nuestros hombros habrán llevado las traviesas y bloques de hormigón. Mientras tanto, matarán a nuestras familias, a los enfermos y a los viejos. Matarán a los niños.

Y nadie sabrá nada de nosotros. Los poetas, los juristas, los filósofos y los sacerdotes silenciarán nuestro recuerdo. Ellos se encargarán de crear la belleza, la bondad y la verdad. Crearán una nueva religión."
Tadeusz Borowski. Nuestro hogar es Auschwitz

domingo, 27 de julio de 2008

Lévi-Strauss y la antigua liturgia católica

"Si Vd. quiere hacerme hablar como etnólogo, le diría que lo que pasa en la Iglesia des­pués del último Concilio me llena de turbación. Me parece, visto desde fuera, que se empobrece, o que se despoja a la fe religiosa (o a su ejercicio) de una gran parte de valores capaces de hacer vibrar la sensibilidad, que no es menos importante que la razón.
Lo que me desconcierta es el empobrecimiento del ritual. Un etnólogo siempre tiene un respeto muy grande por el ritual.
Una sociedad religiosamente viva sería una sociedad capaz de enriquecer su ritual...
El etnólogo no conoce ni una sola sociedad sin dimensión religiosa...
No creo que una sociedad cualquiera pueda apoyarse sobre bases estrictamente racionales. Los hombres, para vivir juntos, tienen necesidad de algo más, de un sistema de valores que con­servan al abrigo de toda "contestación" y que constituye un víncu­lo entre ellos.
El hombre es particularmente exigente respecto a los ritos: cuanto más cambia el mundo cotidiano, tanto más se acoge a la permanencia del rito. El contacto con lo sobrenatural engendra una emoción; la emoción exige y engendra el recuerdo de emo­ciones anteriores. Todo cambio en los ritos provoca el estupor, la interrogación, hasta la incomprensión, la crítica y el rechazo. Es un grave error pensar que los ritos pueden degenerar en la anarquía sin que las creencias lo hagan también"

Entrevista en La Croix, Febrero 1978

miércoles, 23 de julio de 2008

Benedictinos

Fresco de la catacumba de Hermes en Roma (s. VIII). Primera representación de San Benito de Nursia.

Hace unos días, paseando por la librería que San Pablo tiene en la plaza de Jacinto Benavente, aquí en Madrid, descubrí, en un pequeño apartado, una serie de volúmenes (12) modestísamente encuadernados por una editorial que desconocía hasta el momento (Ediciones Monte Casino) con un título prometedor: La tradición Benedictina. Ya en casa, navegando por internet, descubrí que la susodícha editorial era una minúscula empresa regentada por las monjas de un pequeño monasterio benedictino de Zamora (ver aquí) y que detrás de tal enorme colección (cada volumen tiene aproximadamente mil páginas) de historia benedictina, se escondía una sóla persona: García M. Colombás, un monje de la Abadía de Montserrat.

¿Pero qué tiene -además de por tamaño- de "grandioso", La tradición benedictina? Así, a vuela pluma, podría citar ciertos aspectos como:

  • La muy interesante introducción al monaquismo en general, y al cristiano en particular, del primer volumen de la colección
  • La dificilmente mejorable introducción a San Benito, a la regla benedictina, Gregorio Magno y a los siglos V y VI del segundo volumen.
  • El estudio pormenorizado del desarrollo del monacato carolingio, Cluny, San Bernardo, el Cister ... del tercer volúmen y de los dos volumenes del tomo IV
  • El estudio de la Francia cisterciense de los siglos XVII y XVIII (incluidas las polémicas en torno a Rancé, La Trapa y Port-Royal) del primer volumen del tomo VII
  • El gran estudio del muy olvidado monaquismo cisterciense y benedictino del siglo XIX en el Tomo VIII
  • Los estudios en torno a Thomas Merton y a Jean Leclercq incluidos en el segundo volumen del tomo IX....
  • etc, etc, etc...

Más sorprendente es que, después de -calculo- más de 12.000 páginas, en el "Post Scriptum", el autor se descuelgue con la siguiente declaración:

"La presente obra no ha querido ser más que un ensayo histórico. Ensayo, en sentido de obra que trata de una materia sin la profundidad, el aparato y la extensión propios de un tratado completo; histórico, en la acepción de pertenecer a la historia, esto es, a la narración verdadera y ordenada de los acontecimientos pasados y cosas memorables, y también de exposición ordenada cronológicamente de los hechos, doctrinas, etc., que tienen relación con un tema o conjunto de temas. Nuestro tema ha sido la tradición benedictina. Tradición en el doble sentido de parethéke o depósito, y de parádosis o transmisión; benedictina, es decir, propia del monacato que, de una u otra forma, reivindica para sí la paternidad del fundador de Montecasino.
Con este propósito en la mente hemos intentado seguir el desarrollo de la tradición benedictina desde sus más hondas raíces y su formación en el remoto siglo VI hasta nuestros mismos días.
Toda división de la historia es arbitraria, pues la corriente de la vida no se interrumpe; sólo se acaba con la muerte. Es también necesaria. Hemos partido nuestro relato en siglos —la división adoptada más comúnmente—, y al frente de cada siglo o grupo de siglos hemos colocado una introducción y al final, una conclusión. Tal vez el lector esperaba, al término de la obra, una más o menos brillante conclusión general. No la encontrará. Por dos razones. Primera, porque la obra ha terminado, pero no la tradición benedictina. Segunda, porque el autor ha preferido que sea el lector mismo quien saque de la lectura sus propias conclusiones, en vez de imponérselas.
La historia es, sin duda, una maestra de vida; pero una maestra a menudo en paro por falta de alumnos que quieran aprovechar sus lecciones. El autor se atreve a esperar que no falten del todo alumnos aplicados que saquen algún fruto de la lectura de su obra. Sería la mejor recompensa de sus afanes. Pues "el componer libros es cosa sin fin y el demasiado estudio fatiga al hombre", dijo Qohelet (Ecles 12,12)."

En fin...

lunes, 25 de febrero de 2008

El cristiano y el comisario

... Harvey Cox, y la “teología de la muerte de Dios” (¡¡!!), Teilhard de Chardin y su evolucionismo cósmico al “punto omega”, Rahner y su teología del “cristiano anónimo”, Bulthmann y su estudio de los evangelios desde el Kerygma... cristianismo sociologizado, psicoanalizado, reducido a ética y -por fin- secularizado... muchos años han tenido que pasar, para, con cierta perspectiva, seamos conscientes de “ciertas cosas” que desde el interior de la propia Iglesia se difundieron décadas atrás. Para intentar explicar -¡y criticar!- tales asuntos y no aburrir (especialmente a quienes no tengáis mucho interés por estos temas) os dejo aquí, una “joya” que allá en 1966 escribió en su libro De la seriedad de las cosas el, probablemente, mayor teólogo católico del siglo XX: Hans-Urs von Balthasar. A leer y a disfrutar.

El benévolo comisario: Camarada cristiano, ¿puedes escanciarme de una vez vino claro sobre lo que pasa con vosotros los cristianos? ¿Queréis aún realmente algo en nuestro mundo? ¿En que veis la justificación de vuestra existencia? ¿Cual es vuestra misión?
El cristiano: Por lo pronto somos hombres como los demás, que cooperamos en la obra de construir el futuro.
El comisario: Lo primero lo creo, y lo segundo lo quiero esperar.
El cristiano: Sí, desde fecha muy reciente estamos “abiertos al mundo” y algunos de nosotros se han “convertido” seriamente “al mundo”,
El comisario: Eso me parece una sospechosa habladuría de curas. Mucho más bonito, fuera, en efecto, que vosotros, “hombres como los demás”, os convirtierais de una vez a una existencia digna del hombre. Así pues, al grano. ¿Por qué sois aún cristianos?
El cristiano: Hoy día somos cristianos mayores de edad; pensamos y obramos por propia responsabilidad moral.
El comisario: Lo primero quisiera esperarlo, pues os las dais de hombres. Pero ¿creéis en algo especial?
El cristiano: Eso tiene poca importancia; lo que importa es la palabra de la época, el acento se pone hoy en el amor al prójimo. El que ama a su prójimo, ama a Dios.
El comisario: En caso de que existiera; pero como no existe, no lo amáis.
El cristiano: Lo amamos implícitamente inobjetivamente.
El comisario: ¡Hola! Vuestra fe no tiene objeto. ¡Adelante! La cosa se va aclarando.
El cristiano: Pero ¡no es tan sencillo, eh! Nosotros creemos en Cristo.
El comisario: Algo he oído hablar de él, Pero parece que se sabe históricamente de él terriblemente poco.
El cristiano: ¡De acuerdo! Prácticamente nada. Por eso creemos menos en el Jesús histórico que en el Cristo del
kerygma.
El comisario: ¿Qué palabra es esa? ¿Chino?
El cristiano: Es griego. Significa la predicación del mensaje. Nos sentimos afectados por el acontecimiento verbal del mensaje de la fe.
El comisario: ¿Y qué hay al cabo en ese mensaje?
El cristiano: Depende de cómo es afectado uno por él. A uno le puede prometer el perdón de los pecados. Esta fue desde luego la experiencia de la primitiva Iglesia. A ello hubo de ser estimulada por los acontecimientos en torno al Jesús histórico, del que, a la verdad, no sabemos bastante para estar ciertos de que...
El comisario: Y a eso llamáis conversión al mundo. Sois en efecto los mismos oscurantistas de siempre. ¿Y con esa palabrería difusa pensáis colaborar en la construcción del mundo?
El cristiano (jugando su última carta): ¡Tenemos a Teilhard de Chardin! ¡En Polonia produce ya impresión!
El comisario: Eso también lo tenemos nosotros y no necesitamos adquirirlo de vosotros. Pero enhorabuena por fin estáis tan delante también vosotros. Sólo que tenéis que tirar a la calle todos esos cachivaches místicos que no tienen nada que ver con la ciencia. Entonces podremos entablar entre nosotros diálogo sobre la evolución. En el resto de historias no me meto. Si vosotros mismos sabéis tan poca cosa de ellas, ya no sois peligrosos. Y os ahorráis una bala. En Siberia tenemos campamentos muy útiles, allí podéis demostrar vuestro amor a los hombres y trabajar activamente en la evolución. Y ahí sacaréis más que en vuestras cátedras alemanas.
El cristiano (algo desilusionado): Usted desconoce la dinámica escatológica del cristianismo. Nosotros preparamos el advenimiento del reino de Dios. Nosotros somos la verdadera revolución universal.
Egalité, liberté, fraternité: esta es originariamente nuestra causa.
El comisario: La lástima es que otros hubieron de dar la batalla por vosotros. Pasada la refriega, no es difícil patrocinar la causa. Vuestro cristianismo no merece un tiro de pólvora.
El cristiano: ¡Usted está ya con nosotros! Sé quien es usted. Usted es sincero, usted es un cristiano anónimo.
El comisario: No se propase joven. También yo sé ahora bastante. Os habéis liquidados a vosotros mismos y nos hacéis ahora la persecución ¡A otra cosa!

domingo, 24 de febrero de 2008

Esperando a San Benito

"Siempre es peligoso establecer paralelismos históricos demasiado estrechos entre periodos; entre los más engañosos los establecidos entre nuestra propia era en Europa y Norteamerica y el Imperio romano en decadencia durante la Edad Oscura. No obstante existen ciertos paralelismos. Un giro crucial se produjo en la antiguedad cuando hombres y mujeres de buena voluntad abandonaron la tarea de defender el imperium y dejaron de identificar la continuidad de la comunidad civil y moral con el mantenimiento del imperium. En su lugar se pusieron a buscar, a menudo sin darse completamente cuenta de ello, la construcción de nuevas formas de comunidad dentro de las cuales pudieran proseguir la vida moral de tal modo que moralidad y civilidad sobrevivieran a las épocas de barbarie y oscuridad venideras. Si mi visión del estado actual de la moral es correcta, debemos concluir también que hemos alcanzado el punto crítico. Lo que importa ahora es la construcción de formas locales de comunidad en cuyo interior la civilidad, la vida moral y la vida intelectual puedan sostenerse en la nuevas edades oscuras que caen sobre nosotros. Y si la tradición de las virtudes fue capaz de sobrevivir a los horrores de las edades oscuras pasadas, no carecemos totalmente de esperanza. Empero, en nuestra época los bárbaros no esperan al otro lado de la fronteras, sino que llevan gobernárdonos hace algún tiempo. Y nuestra falta de conciencia de ello constituye parte de nuestra difícil situacón. No estamos esperando a Godot, sino a otro sin duda muy diferente: estamos esperando a San Benito"

miércoles, 20 de febrero de 2008

Contra "El trabajador" (Der Arbeiter)

"Nos encontramos en el trance de constriur una casa; estamos muy ocupados. Y hasta que se termine la casa, ¿no es acaso el empleo, hasta el extremo de todas nuestras fuerzas, lo único que importa?"... si con la imagen de la construcción se alude a una nueva ordenación de nuestro saber espiritual, más allá de una simple protección vital y de la satisfacción de las necesidades mínimas, se ha de responder ante todo [con] una defensa del ocio... pues el ocio es uno de los fundamentos de la cultura occidental... ya se echa de ver en la lectura de la Metafísica de Aristóteles, en su primer capítulo. Y la etimología nos orienta... ocio se dice en griego scolh; en latín, schola; en castellano, escuela. Así pues, el nombre con el que denominamos los lugares en que se lleva a cabo la educación, significa ocio. Escuela no quiere decir escuela, sino ocio.

... ciertamente... ese sentido original de ocio ha pasado completamente inadvertido en la negación del ocio que el mundo totalitario del trabajo tiene como programa, y para librar de obstáculos nuestra visión de la esencia del ocio hemos de vencer una resitencia, nuestra propia resistencia, que deriva de una revaloración del mundo del trabajo... "No se trabaja por el hecho de vivir, sino que se vive para trabajar"... [en esta] frase... queda expresada la opinión vulgar y corriente... [si] contestamos "trabajamos para tener ocio".. ¿No ha de parecerle esta frase al hombre del mundo totalitario del trabajo algo inmoral, que va contra la ley fundamental de la sociedad humana?...ahora bien... aquella frase... la formuló Aristoteles. Y el hecho de que se expresara así, a quien se supone tan entregado a la faena cotidiana, da a la frase una gravedad especial... parece dar a entender que lo que se expresa es algo casi evidente... se puede suponer que los griegos (y el medieval) no podrían comprender en absoluto nuestra máxima del trabajo por el trabajo mismo.... la idea y el caracter ejemplar del trabajo, han conquistado y dominado casi todo en ámbito de la actuvidad humana y hasta la misma existencia humana... el nuevo concepto del trabajo y del trabajador es una auténtica variación en la concepción del ser de hombre en general y en la interpretación de la existencia humana en general."

viernes, 15 de febrero de 2008

Los ojos del icono

Hay libros cuya descatalogación retrata a todo un país o a toda una industria editorial... libros como Los ojos del icono, obra de José Jimenez Lozano editada en 1988 por la entonces Caja de ahorros de Salamanca. Y decimos que "retrata", no sólo porque Jose Jimenez Lozano, haya sido Premio Castilla y León de las Letras (1988), Premio Nacional de las Letras Españolas (1992) y Premio Cervantes (2002) o por porque en este libro esté en el origen de una de las aventuras culturales más ricas de las últimas decadas (Las edades del hombre), sino simplemente por ser uno de los mejores libros de estética que se han editado en España. Los ojos del icono es -no exageramos- una obra fuera de lo común, que, partiendo de "esa agnóstica neutralidad del cristal y el aluminio" de nuestra época posmoderna, empieza una búsqueda de la salvación -estética al menos- a través de las imágenes -iconos- que nos presenta el libro. Así, a lo largo de libro se nos presentan cuadros de Mathias Grünnewald, Malévich, Paul Klee, Massacio, Frank Halls, Vermeer, Crananch, Brueghel, Cezánne, Holbein, Durero y Velazquez; autores como Pascal, Spinoza, Teresa de Ávila, Dostoievski, Nietzsche, Hegel o Bernardo de Clarabal. Un autentico festín de imágenes, frecos, iconos unidos a un texto -si se nos apura- fundamental, sólo comparable -Rafael Conte dixit- a "el del célebre Las voces del silencio" de André Malraux.

"...pura expresión de mi amor a la pintura, mi fascinación por ella, y su implicación en la historia y en la vida humana"

PD: aún cuando el libro no haya vuelto a ser reeditado desde 1988, existe una -muy reciente- traducción checa .

martes, 12 de febrero de 2008

Iglesia y estética (II) Un texto de Milosz.

"Barroco. Sus vidas eran duras y monótonas. Iban detrás del arado, sembraban, empuñaban la hoz y después segaban con la azada, así una y otra vez, de sol a sol. Sólo los domingos, cuando iban a misa, todo cambíaba de repente. Dejaban atrás la momotonía para sumergirse en la blancura y el oro de los capiteles de columnas onduladas, en el dorado marco de los cuadros, del ciborio, en el centro del altar. Y todavía más oro y blancura arriba, bajo la cúpula, mezclándose con la luz y el azul del cielo. Miraban alrededor y la música de los órganos los hacía levitar.
El barroco de los palacios y de las torres de las iglesias no es el más importane, sino el de los interiores de los templos. ¡Qué hallazgo más maravilloso! No es extraño que el barroco jesuita se extendiera al este de Europa, hasta las ciudades de Polock y Witebsk, que conquistara América Central y del Sur. La línea ondulada en lugar de la recta, la forma caprichosa y abundante de colocar los ropajes de las estatuas, los ángeles rollizos que vuelan y que invitan al oro, al esplandor dorado dispuesto de la manera más generosa.
¿Quizás el barroco surgió para rivalizar con el cofre o la colmena dorados que son los interiores de muchas iglesias ortodoxas, donde el canto, el olor al incienso y las palabras de la liturgia sustituyen a la teología y la propagación de la buena nueva? Sólo sé que unos caballeros de Kiev, en el siglo X, se encontraron en Hagia Sophia, la iglesia más grande de Bizancio, y una vez en el interior del templo ya no sabían si estaban en la Tierra o en el Cielo. Según la leyenda este hecho motivó que el príncipe de la Rus de Kiev eligieron para su país la religión cristiana. De todos modos, el barroco católico rivalizó de forma eficaz con la iglesia ortodoxa, frenó la marcha de la Reforma, quizá las paredes desnudas de una iglesia protestante no podían anunciar el Reino de los Cielos"
Abecedario. Czeslaw Milosz

Esto es, en la liturgia y las iglesias de entonces se consegía crear una ruptura con el mundo "de fuera", introduciendo al creyente en un espacio y en un tiempo nuevo. La vulgaridad de los templos y de la supuesta liturgia actuales tiene sus raíces, por contra, en un intento eclesial por intentar imitar aspectos, facetas o estéticas de un mundo, que además, generalmente, no se entiende.

lunes, 11 de febrero de 2008

Iglesia y estética

No, no he visto este horror en una iglesia española (es austriaca) pero "ilumina" muy bien cierta estética "moderna", en este caso más propia de una discoteca que de otra cosa, que se ha ido desarrollando en la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II, allá por los sesenta. Aquí en España, aún sin llegar a los límites que, parece ser, se han alcanzado en algunas iglesias alemanas o austriacas (ver aquí, aquí y aquí) también hemos caido en "excesos", como puede verse en algunas catedrales de nuevo cuño. No creo que haya que ser un tradicionalista preconciliar para ver cosas tan evidentes. Ni siquiera -puestos a asumir una postura laica e ilustrada- creo que se deba ser creyente, para criticar barbaridades que no hacen nada, más bien al contrario, para educar a la población en un sentido estético.
Después de todo, quizá debamos refugiarnos en "la oscura Edad Media", cuando Alberto Magno escribia:

"La belleza requiere tres elementos: en primer lugar una magnitud... elegante y conveniente; en segundo lugar una formación proporcionada...; en tercer lugar una difusión de color bueno y luminoso"

Mariale in Evangelium super "Missus est Gabriel Angelus"

O la visión de ciertas iglesias llevaba a decir:

"... el alegre encanto de los edificios sustenta y recrea los sentidos del hombre, mientras alegra y robustece su corazón"

Gesta abbatum Dancti Germani Autissiodorensis

Aunque, puede que de lo que estemos más necesitados de aquella época, sea de la vena profética de un Bernardo de Claraval, que ante la contemplación de ciertos horrores estéticos de la época exclamaba:

"¡Por Dios!, si no se averguenzan de estas tonterías, ¿por qué al menos, no se arrepienten de los gastos?"

Apologia ad Guilhermun abbatem

miércoles, 6 de febrero de 2008

El latín y la vertebración de Europa

Hace unos días, en un amistoso diálogo en el blog de Juan Pedro Quiñonero en torno a la vertabración de la literatura y la cultura de Europa y de España, propuse al latín como uno de los caminos por los que podría afianzarse una Europa que vaya más allá de las instituciones de la Unión Europea... y puse como ejemplo y muestra, la existencia en Madrid de un Circulus Latinus Matritensis en el que se habla de vez en cuando (una vez al mes) la lengua de Ciceron. Puesto en contacto con uno de sus miembros, me abrió los ojos a un mundo que no conocía en toda su profundidad: la existencia de una autentica red de páginas (ver aquí y aquí), blogs y hablantes latinos a lo largo de todo el mundo, de periodicos (ver aquí ), de radios online (ver aquí y aquí) , de cursos gratuitos, de centros de inmersión linguistica en latín (uno es la universidad de Lexington, en Kentacky y otro, el Vivarium Novum, en Montella, cerca de Nápoles, en donde se estudian a los clásicos y se puede convivir unos días en latín), e incluso de un programa de busqueda por la red de latinoparlantes através del programa Skype.

¿Quién dijo que el latín era una "lengua muerta"?

martes, 8 de enero de 2008

Libros y cafés

Aquí puedes entrar en la librería-cafetería Massolit de Cracovia.

"Van desde los cafés de Copenhague ante los cuales pasaba Kierkegaard en sus contados paseos hasta los mostradores de Palermo. No hay cafés primeros ni determinantes en Moscú, que es ya un suburbio de Asia. Muy pocos en Inglaterra después de una moda pasajera en el siglo XVIII. Ninguno en Norteamérica fuera del puesto avanzado galo de New Orleans. Si trazamos el mapa de los cafés, tendremos uno de los indicadores esenciales de la "idea de Europa".
El café es un lugar para la cita y la conspiración, para el debate intelectual y para el cotilleo, para el flâneur y para el poeta o el metafísico con su cuaderno. Está abierto a todos; sin embargo, es también un club, una masonería de reconocimiento político o artístico-literario y de presencia programática. Una taza de café, una copa de vino, un té con ron proporcionan un local en el que trabajar, soñar, jugar al ajedrez o simplemente mantenerse caliente todo el día. Es el club del espíritu y la poste-restante de los homeless. En el Milán de Stendhal, en la Venecia de Casanova, en el París de Baudelaire, el café albergó a la oposición política que existía, al liberalismo clandestino. Tres cafés principales de la Viena imperial y de entreguerras ofrecieron el ágora, el centro de la elocuencia y la rivalidad, a escuelas contrapuestas de estética y economía política, de psiconalálisis y filosofía. Quienes quisieran conocer a Freud o a Karl Kraus, a Musil o a Carnap, sabían exactamente en qué café buscarlos, en qué Stammtisch [mesa] se sentaban. Danton y Robespierre se reunieron por última vez en el Procope. Cuando las luces se apagaron en Europa, en agosto de 1914, Jaurès fue asesinado en un café. En un café de Génova escribe Lenin su tratado sobre empirocriticismo y juega al ajedrez con Trotski.
Obsérvense las diferencias ontológicas. Un pub inglés, un bar irlandés tienen su propia aura y sus mitologías. ¿Qué sería de la literatura irlandesa sin los bares de Dublín? Si no hubiera existido la Museum Tavern, ¿dónde se habría tropezado el Dr. Watson con Sherlock Holmes? Pero no son cafés. No tienen mesas de ajedrez, ni periódicos gratuitos en sus perchas, a disposición de los clientes. Sólo muy recientemente se ha convertido el propio café en una costumbre pública en Gran Bretaña, y conserva su halo italiano. El bar americano desempeña un papel vital en la literatura y el eros norteamericano, en el carisma icónico de Scott Fitzgerald y Humphrey Bogart. La historia del jazz es inseparable de él. Pero el bar americano es un santuario de luz tenue, incluso de oscuridad. Retumba con la música, muchas veces ensordecedora. Su sociología, su tejido psicológico están impregnados de sexualidad, de la presencia de mujeres, bien sea esperada, soñada o real. Nadie escribe tomos sobre fenomenología en la mesa de un bar americano (compárese con Sartre). Hay que pedir nuevas bebidas si uno quiere seguir siendo bienvenido. Hay
"gorilas" para expulsar a los no deseados. Cada uno de estos rasgos define un ethos radicalmente distinto del propio del Café Central, el Deux Magots o el Florian. "Habrá mitología mientras haya mendigos", dijo Walter Benjamin, un apasionado entendido en cafés y peregrino entre ellos. Mientras haya cafés, la "idea de Europa" tendrá contenido."


George Steiner "Una idea de Europa"