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jueves, 23 de marzo de 2017

Documentos traspapelados: "Sanz del Rio y la fortuna del krausismo en España" por Josep Pla (Destino, 24 de marzo de 1941)


Sanz del Rio y la fortuna del krausismo en España

Por JOSÉ PLA

I
A mediados de julio de 1843, un joven profesor suplente de la Universidad de Madrid, don Julián Sanz del Río, emprendía un viaje a Alemania, llevando la misión, que el Gobierno le había conferido, "de perfeccionarse en el conocimiento de los sistemas filosóficos de aquel país". La razón de haber obtenido Sanz del Río esta que llamaríamos hoy bolsa de viaje, era su tesis doctoral, destinada a demostrar la necesidad de crear en España una cátedra de Filosofía del Derecho. En la invocación de esta necesidad, el joven profesor citaba el criterio de los grandes pensadores alemanes del ochocientos: Kant, Fichte, Schelling y Hegel. Al lado de estos nombres ya famosos, Sanz del Río citaba un nombre mucho menos conocido, pero al que daba uno beligerancia absolutamente superior: Friedrich Krause. Krause había muerto en 1832 y en la historia de la cultura alemana estaba catalogado como un modesto y oscuro discípulo de Schelling. Sanz del Río había conocido a Krause indirectamente y a través del "Curso de Derecho Natural" de Henri Ahrens. La obra del famoso profesor de Bruselas se había traducido y publicado en Madrid en 1841.
En su viaje a Alemania, Sanz del Rio se detuvo unos días en París. Tuvo una entrevista con Víctor Cousin, el filósofo de moda, que profesaba un eclecticismo de agua de rosas en concordancia perfecta con la enorme prosperidad creada en Francia por la monarquía de julio. Prosperidad, aburrimiento, revolución... "Francia se aburre", había dicho en la Cámara, sintetizando el malestar de hartura del momento, el poeta Lamartine. Esta entrevista separó definitivamente a Sanz del Río, no sólo del eclecticismo, sino de la corriente francesa en general. Nuestra experiencia recuerda haber presenciado movimientos de espíritu acrecidos al de Sanz del Río en algunos pensionados españoles en el extranjero. "Francia — hemos oído decir muchas veces — no tiene interés alguno: es el país más burgués y conservador de la tierra."
Sanz del Río llegó a Bruselas y corrió afanoso a visitar a Henri Ahrens, que profesaba entonces en la Universidad de la capital de Bélgica. Ahrens familiarizó al español con las ideas de Krause y le dio la embocadura en las nebulosidades del "krausismo". Por consejo de Ahrens, Sanz del Río, en el momento de escoger el centro cultural alemán donde cumplir su misión, eligió la Universidad de Heidelberg, donde profesaba filosofo un yerno del maestro: el barón von Leonhardi. Se ignora el género de sistema filosófico que presentaba a sus oyentes von Leonhardi, porque este señor ha dejado un recuerdo muy borroso. Pero sin duda en la casa del yerno encontró el viajero español reminiscencias del suegro. En las orillas del Neckar, Sanz del Río conoció una personalidad singularísima: Federico Amiel, el ginebrino, incierto, flotante, tímido, de una pulcra finura de espíritu. Amiel se interesaba también por el "krausismo".
La misión de Sanz del Rio era muy vasta. Familiarizarse con los sistemas filosóficos, alemanes... ¡Ahí es nada! El profesor español decidió concretar la vaguedad del encargo consagrándose exclusivamente al estudio de Krause. Durante los dieciocho meses que pasó en Heidelberg, no hizo más que estudiar a Krause. De vuelta a Madrid, Sanz del Río se dedicó con ardor de neófito a popularizar la doctrina y el nombre de Krause. De manera que en el momento que en Alemania el nombre de este filósofo, que evocaba casi exclusivamente una existencia meramente física y era ya casi desconocido, entraba en el reino de las sombras más espesas, en España nacía a una nueva vida. Comenzaba la extraordinaria e inexplicable fortuna de este filósofo en la península; lo que don José Ortega y Gasset ha llamado la "aventura krausista". Sanz del Río tradujo — mejor sería decir "adaptó" — en dos libros la doctrina del "maestro". Estos fueron el "Sistema" y el "Ideal de la Humanidad" (1860), que tuvieron gran repercusión en algunos núcleos intelectuales y políticos españoles del tiempo.
Hemos presenciado también en nuestra época fenómenos parecidos al de la llegada de Sanz del Rio a Madrid. Con nuestro difunto e inolvidable amigo Juan Creixells habíamos comentado muchas veces las singularidades de este fenómeno. Creixells conocía la materia, pues había sido pensionado en el extranjero algunas veces. El pensionado llega trayendo en sus maletas unos libros misteriosos, la última palabra de la materia, obra de un profesor desconocido en España, la verdadera lumbrera en cierne, la estrella montante del firmamento. Los libros son guardados en los cajones mejor cerrados del futuro profesor, y su difusión entre la "élite" se produce oralmente: es una difusión de oreja a oreja. Y ya comprenderá el lector que la existencia en España de un joven ciudadano que guarda en los cajones de su mesa un misterio auténtico — el misterio del profesor Kitikof o el misterio del profesor Menerschmit —  ha de implicar la entrada automática, o casi, del interfecto en el profesorado. Luego, el profesor se casa y a veces un editor publica la traducción — suele ser generalmente una adaptación — del misterio que constituyó la base de su carrera. Y no pasa nada más. La situación de espíritu en que uno se encuentra después de leer el misterio del Dr. Kitikof o el misterio del profesor Mostuchef es la misma en que puede uno encontrarse después de haber sido objeto del timo de las misas. Es la estafa cometida con el señuelo de la última novedad, y redunda siempre en detrimento — no sólo para el lector y el alumno — de lecturas y conocimientos de solidez probada que hubieran podido acometerse.
La fortuna del sistema de Krause en España fue más duradera. A pesar de la oscuridad del sistema, se produjo a su alrededor, "ab initio", un positivo entusiasmo. Esta oscuridad nadie la discute: es una oscuridad de lenguaje y de concepto. Tantas cuantas veces he preguntado por Krause y el krausismo a alemanes cultivados en materia filosófica he recibido respuestas evasivas. La mayoría de las personas consultadas me han dicho que en Alemania Krause es totalmente desconocido; algunos me han asegurado que es tan ininteligible como el sánscrito o el turco para una persona lega en estos idiomas. Y todos me han dicho la sorpresa que les produce la curiosa fortuna de tal filósofo en estas latitudes. Ante esta realidad, algunos han supuesto que Sanz del Río fue el "autor inconsciente de una enorme mixtificación". La aventura del krausismo fue realmente singularísima.
¿Qué es el krausismo? En Alemania nadie sabe dar razón de este sistema. En España, no creo que exista una exposición correcta del mismo. En España, sobre la oscuridad inicial de la doctrina se proyectó la discusión entre krausistas y antikrausistas que llegó incluso a los cafés madrileños y acabo por convertir la elucubración germánica en un puro galimatías. Sin embargo el krausismo español ha tenido la suerte de que un cura francés, doctor en letras persionado en la Casa de Velázquez de Madrid, el Reverendo Pedro Jobit, le consagrara dos importantes trabajos. Bajo el título general de "Los educadores de la España contemporánea", Jobit ha publicado dos volúmenes sobre la materia: el primero se titula "Los krausistas"; el segundo. "Cartas inéditas de D. Julián Sanz del Río". (París. De Boccard, editor.)
Destino, política de unidad, nº 199. 10 de marzo de 1941 p. 10


II
SEGUN el testimonio de Azorín, siempre tan pulcro y ponderado, con su obra sobre el krausismo el Rdo. P. Jobit ha realizado una labor admirable: ha estudiado, él, cura católico, a Krause, masón y protestante, y a los krausistas con una objetividad y una imparcialidad que ni los defensores ni los impugnadores españoles de Krause han llegado a tener en ningún momento.
Como los sistemas de Fichte, de Schelling y de Hegel, el sistema de Krause es un sistema monístico, con un principio único y fundamental sobre el que se basa todo: la existencia de Dios.
Pero este aspecto de la doctrina es el que ha tenido, en España, menos importancia. El krausismo español puso en la doctrina del "maestro" el acento en la idea de Krause según la cual la sociedad es un "organismo" y su evolución es esencialmente "orgánica". Esta es una idea típica de la filosofía alemana, que Hegel y la escuela histórica llevan a sus últimas consecuencias: a la negación del libre arbitrio. De la concepción de la sociedad como organismo en el que sus componentes — los hombres — están desprovistos de libre arbitrio, dedujo Carlos Marx la concepción materialista de la historia, piedra angular del marxismo, pivote del determinismo económico-social que llena toda su doctrina.
Schelling no llevó su sistema a afirmaciones tan radicales y trata de hacer compatible la concepción orgánica de la sociedad con la libertad humana y en definitiva con el individualismo. Hasta el punto en que es posible comprender la ampulosa jerga de Krause, parece que este filósofo siguió por esta senda. El desarrollo social es un crecimiento orgánico que está íntimamente condicionado al desarrollo individual. Esta modalidad que podríamos llamar individualista es la que sedujo a don Julián Sanz del Río y la que, según Jobit, explicó el éxito del krausismo en España, país de profundos individualistas.
De manera, pues, que tenemos que un filósofo alemán, de un país, por tanto, de constante tradición intelectual panteísta, se impone, por lo que puede contener su doctrina de respeto al individualismo, a algunas individualidades primero y luego a un gran sector de opinión de un país como España, reputado país de individualistas. La cosa es bastante curiosa y pintoresca y quizá roza ciertos aspectos locoides y desorbitados que a veces afloran en la cultura de los pueblos. Lo cierto es que don Julián Sanz del Río fue profesor de la Universidad de Madrid durante catorce años. Durante esta época formó una cierta cantidad de discípulos de primera categoría: Giner de los Ríos, Azcarate, Federico de Castro, Ruiz de Quevedo, Tapia, Sales y Ferré, Fernando de Castro, Canalejas, etc. Estos hombres, que fueron casi todos más tarde profesores, continuaron la tendencia de su maestro y difundieron el krausismo. Algunos de estos discípulos ocuparon en la política situaciones importantísimas: Pi y Margall, Salmerón y Castellar, tres presidentes de la primera República española, fueron krausistas.
Sería completamente falso suponer que el krausismo fue un fuego de virutas. A pesar de que la doctrina cuando se divulgó en España había pasado completamente de moda en Alemania; a pesar de que la ciencia y la corriente filosófica en la misma Alemania habían arrinconado al krausismo; a pesar de los singularísimos orígenes del sistema de Krause en España, lo cierto es que se formó en esta península, alrededor de estas ideas, un movimiento trabado, profundo, que, como todos los sectarismos, utilizó la ayuda mutua para proyectarse sobre la sociedad. Creo que una de las razones de su éxito estriba en la parte que Krause y Sanz del Río dan en su sistema a la pedagogía, entendida, no sólo en su aspecto educativo, sino en su aspecto moral. Más peso tiene esto a mi modo de ver, que todos estas garambainas formuladas por los krausistas oportunistas, según los cuales el krausismo expresa "una tendencia instintiva del espíritu nacional" y en este sentido tiene sus raíces en las ideas de algunos de los más ilustres filósofos españoles del siglo XVI. Esto es absurdo; en cambio, la "confesión laica", la dirección de las conciencias, aderezada con la ayuda mutua en el campo material entre sus adeptos, fueron realidades tangibles.
En el estado de letargia intelectual en que se encontraba España en el momento en que don Julián Sanz del Río comenzó su labor, el krausismo fue un estimulante, un excitante. Sus adeptos consideraron que éste era el instrumento útil para "rehacer" el alma nacional y para llevar o la práctica un vasto plan de reformas. El krausismo fue, además, en España, lo "moderno", entendiendo por ello el espíritu de la Reforma, lo protestante. El Sr. Jobit no va tan lejos, pero cree que el krausismo fue en España un premodemismo en el sentido, por decirlo así, eclesiástico de la palabra. Lo que importa en todo caso es subrayar esto: que lo que podía contener el krausismo de metafísica y de especulación filosófica pura fue rápidamente abandonado y que lo que contó del sistema fue su empirismo organizador, la dirección — repitámoslo — de las conciencias.
Sobre el krausismo entendido como pedagogía educativa y moral se fundó la célebre Institución Libre de Enseñanza, creada por uno de los más directos y apreciados discípulos de Sanz del Río: don Francisco Giner de los Ríos. La Institución se fundó en 1876. La influencia de la Institución en la vida española ha sido inmensa, y el Sr. Posada ha podido declarar que en la enseñanza oficial no se ha hecho nada, desde hace muchísimos años en España, que no haya llevado el sello y la influencia de los hombres formados o inspirados por el krausismo. El momento álgido de esto influencia coincidió con el triunfo e implantación de la segunda República española: los intelectuales de la política de la República estaban imbuidos de esta tendencia y la Constitución de 1931 se elaboró y construyó bajo esta influencia.
En los primeros años de desarrollo del krausismo la polémica fue singularmente agria El “Ideal de la Humanidad" fue condenado por la Congregación del Índice. Don Julián Sanz del Río fue desposeído de su cátedra en 1867. Después de su muerte, en 1869, la lucha continuó alrededor de sus discípulos. Don Marcelino Menéndez y Pelayo fue el campeón del antikrausismo. Don Marcelino ejercitó su terrible causticidad y su enorme fuerza dialéctica contra Krause y su apóstol español. Toda la obra inmensa de don Marcelino respira el santo horror a las nebulosidades, es un canto a nuestra vida multisecular: latina, realista, católica, clara, humana. Es un canto de optimismo.
Cuando se estudien a fondo los orígenes de la revolución española, habrá que tener en cuenta, a mi entender, estos tres elementos: el krausismo, como doctrina; la implantación de la mística del socialismo; la rebelión de las masas señalada por Ortega desde 1926. Pero esta rebelión es una simple consecuencia de las dos causas anteriores. El gigantesco drama español que hemos vivido desde 1931 es algo más que un choque entre estas dos concepciones, forasteras y recentísimas, de fascismo y bolchevismo. Hay que tener en cuenta otras corrientes, más antiguas, más profundas, más arraigadas. El krausismo es una de estas corrientes, forma una de las bases de la revolución, y Sanz del Río es uno de sus “abuelos" más indiscutibles.
Destino, política de unidad, nº 201. 24 de marzo de 1941, p.10

lunes, 20 de marzo de 2017

Documentos traspapelados: Martín de Riquer en la Guerra de España. Testimonio del medievalista de su paso por el "Tercio de Montserrat" (Destino, 22/07/1939) y artículo de Félix Ros (Destino, 24/06/1939).


EL TERCIO DE MONTSERRAT
Los defensores de Villalba

ANIVERSARIO DE VILLALBA. — El domingo pasado, en San Feliu de Llobregat, el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat, destinado yo a Cataluña, asistía a una Misa de campaña. Yo, detrás de la formación, recordaba con honda nostalgia tantas otras Misas de campaña a las que asistí confundido en aquellas mismas apretadas filas, y hasta dos veces de gastador, "sin mover ni un solo músculo de la cara", a pesar de las moscas y de los piojillos. Es ya muy pequeño el Tercio de Montserrat, pequeño por el número de los requetés que hoy lo integran — unos 500 —, no por lo que ha luchado y vencido. Habíamos llegado a ser cerca de 900, los días alegres de nuestro descanso en Riaza; después comenzaron las bajas, primero en el Ebro, últimamente en Extremadura. En total son unos 300 los requetés de Montserrat que han caído; otros muchos nos fuimos a cursillos — un 75 por 100 de la Unidad tenía condiciones para ser oficial, y de ella hemos salido unos ciento en diferentes Academias—; luego, últimamente, han venido los licenciamientos. No obstante el Tercio conserva su carácter inconfundible: la misma alegría, la misma cordialidad entre oficiales y requetés, y todavía quedan muchas boinas rojas que ya son casi blancas, desteñidas por el sol de los parapetos de Aragón, de Guadalajara, de las marchas de Extremadura, de la batalla del Ebro... A fines de este mes hará un año de la primera batalla de Villalba. Fuimos de los primeros en llegar para detener el avance rojo por tierras de Tarragona, y lo detuvimos, y los primeros también en reflejarnos en las aguas del Ebro. Allí cayeron los mejores; y no digo que fueron los mejores por el hecho de morir; los que cayeron — os lo confirmará cualquier requeté de Montserrat — eran ya los mejores en vida, y ni uno sólo de nosotros las olvidará nunca. La más pura sangre de la flor de Cataluña se derramó en las viñas de Villalba, entre aquellos racimos de uva que apagaron tantas veces nuestra terrible sed de la batalla; 300 son los muertos de Montserrat, los heridos son incontables; sin duda todos los que en este Tercio hemos formado hemos caído heridos por lo menos una vez.
No hay duda que el Ebro fue la acción más brillante de Montserrat, y concretamente las dos batallas de Villalba — 30 de julio y 19 de agosto de 1938 —. La mejor en eficacia militar y en espíritu. Nunca, como en aquellos días, he oído las palabras "deber", "honor", "Patria", pronunciados con mayor seriedad y con el auténtico sentido; y los frases como: "—¿Tienes miedo? —Yo sólo temo a Dios", o "— ¿Estás preparado?—Si; no tengo nada que temer". Os aseguro que eran dichas con un convencimiento firme y decidido. Y, a pesar de todo, el buen humor no se perdió por nada; se cantaba en las trincheras que casi rozaban al enemigo, respondiendo a sus morterazos o a sus ráfagas, y se hacía broma. Hubo casos chocantes, como el de un camillero, que causó justificado asombro en todos nosotros, porque en los días rudos no dejó de trabajar ni un solo segundo trasladando heridos a los puestos de socorro del pueblo, desarrollando una actividad equiparable a la de cuatro hombres que se relevaran y descansaron; este requeté hubo un momento, cuando regresaba do llevar a un camarada con la pierna partida, que se paró en el trecho más batido de la carretera de Villalba a Gandesa, donde más habían muerto, se sentó en el suelo y con uno calma inverosímil se sacó del bolsillo aguja e hilo, se quitó los pantalones y se zurció un desgarrón, en calzoncillos, mientras el enemigo, que le veía perfectamente, se dedicaba a bordar su silueta a bolazos, sin acertarle ni una vez. Pues bien, el tal camillero, cuando pasaron los días más rudos, se cansó de la batalla y se marchó hacia retaguardia y se alquiló en una masía para arrancar patatas u otra labor agrícola por el estilo.
LA SECCION DE CHOQUE. — Imaginaos una bandera negra, con una calavera y las aspas de Borgoña en forma de tibias; ésta era la bandera de la sección de choque del Tercio de Montserrat, que mandó el excelente caballero alférez Miguel Regás, muerto al frente de sus requetés, que murieron todos o su vez, menos dos que quedaron heridos. Esta bandera fue confeccionada por las chicas de Muñana, pueblecillo de Ávila, a las que no hago preceder ningún adjetivo por galantería. Allí se formó la citada Sección; cualquiera que no nos conociese hubiera dicho que ingresar en esta Sección era una fuente de prebendas o de enchufes, porque todo el Tercio lo solicitó. Ellos tenían que romper por los sectores más peligrosos y acudir a los sitios de más peligro; llevaban una dotación extraordinaria de bombas de mano y fusiles con escape de gases para balas antitanque, y además un emblema característico. Se vio que se trataba de una Sección de hidalgos cuando, después de la primera batalla de Villalba, siguiendo el ejemplo de su alférez, todos se quitaron el emblema porque — decían ellos — no podían presumir de ser de choque estando en una Unidad donde todo el mundo lo era y todo el mundo se batía con la misma valentía. Después de la segunda batalla de Villalba, en el lugar donde había perecido toda la sección encontré medio enterrada, deshecha y rota en mil girones aquella famosa bandera que sólo cayó al suelo cuando ya no hubo brazos vivos para enarbolarla. ¡Y qué orgullo el nuestro! Mientras la bandera de nuestro Sección de choque apareció, después de la lucha, convertida en un harapo, todos los banderines republicanos que el Tercio cogió al enemigo estaban nuevos y coloridos, sin uno mancha ni una gota de sangre: no habían sido defendidos con hombría, como hacían nuestros soldados.
LOS DESCANSOS. —En vida de compaña descansos significa lo siguiente: levantarse e prisa y corriendo a las seis de la moñona, asearse y vestirse bien y limpio "porque estamos descansando y no en el frente". Un cuarto de hora después a hacer cola para el chocolate del desayuno y a las ocho a instrucción práctica, pero como ya no somos quintos nada de marcar el paso y hacer variaciones, sino arrastrarse por el suelo con las cartucheras llenas, la cuña directa, la cuña inversa y tomar el cementerio del pueblo como todos los días; a las once y media. Fagina, a comer y libertad hasta las dos, hora en que empieza la instrucción teórica, modo de usar la careta anti-gas, piezas que contiene el fusil ametrallador, cómo se vendo a un herido o se desmonta una Loffitte, manera de saludar la bandera y obligaciones del imaginaria hasta las cuatro; a los cinco, instrucción práctica hasta las siete, hora en que se cena; después rosario, retreta y todo el mundo al cuartel hasta el toque de silencio, en que hay que dormir. A esto se le llama descansar; en cambio, a pasarse todo el santo día entre las montas de la chabola, fumando y charlando, con sólo cuatro horas de guardia, se le llama estar en línea. A pesar de ello, el Tercio de Montserrat se divertía y organizaba fiestas. Nunca olvidaremos, por años que vivamos, la estatua de Juan Pablo Bonet, perínclito hijo de Torres de Berrellen, autor del primer tratado sobra el arte de enseñar a hablar a los sordomudos, a cuyo pie tenían lugar los formidables manteos de los requetés que cometían quintadas y el de uno que marchó del Tercio para enchufarse y esperar que nosotros le ganáramos la guerra. El nombre Juan Pablo Bonet, repetido de uno manera machacona, se convirtió en una especie de grito de guerra. En Riaza, cuando "descansábamos" de nuestra estancia en el frente de Guadalajara, se organizaron festejos magníficos por los días de la toma de Castellón. Bailes, habilidades, masas corales, una especie de banda que soplaba mucho, "Xiquets de Valls" y juegos malabares a cargo del requeté Héctor Feliu, ex artista de circo, que dejaba maravillado a todo el mundo. En San Esteban de los Patos (Ávila), cuando nos preparábamos paro la ofensiva de Cataluña, hubo también uno fiesta en la que hasta se recitaron versos, se cantó mucho y se bailaron sardanas en medio de la meseta castellana, bajo el cielo purísimo de Santa Teresa.
LOS CORNETAS. —Ningún requeté de Montserrat dejará de acordarse en toda su vida del Cabo Cornetos, últimamente Sargento, Agustín Suñer. Yo, después que salí del Tercio, he recorrido muchos batallones y he conocido muchas Unidades, pero nunca he encontrado ningún corneta, no que superase, sino tan sólo que igualase a Suñer. Hace cantar a la trompeta con un sonido no igualado por nadie y con tal fuerza que en Guadalajara, que el frente estaba muy alejado, hasta los rojos oían sus toques de Diana u oración. Además sabia toques para todo, tanto para llamar al cabo de la tercera escuadra del segundo pelotón de la primera sección de la cuarta compañía, como para avisar al Oficial médico que tenía que ir a comer. Sabía numerosas dianas; las más bellas las empleaba los días en que el parte oficial de la noche anterior había constatado más victorias que de costumbre. Por otra parte es un hombre maravilloso; su vida no tiene nada que envidiar a las de Guzmán de Alfarache o Gil Blas. En invierno, al lado del hogar de la chabola nos explicaba sus aventuras, con un estilo directo y colorido, que nunca nos llegaba la hora de dormir. Otro corneta famoso es Héctor, del que ya he hablado. Realizaba el milagro de llevar los zapatos lustrosos en pleno lluvioso invierno por las fangosas calles de Torres, mientras tocaba Silencio envuelto en un capote impecable. La lástima es que muy a menudo se le perdía la trompeta provocando la ira inenarrable del Cabo Suñer. El domingo, cuando estaba con los requetés en San Feliu, oí de repente un toque de trompeta violentamente agudo y destemplado, con altos y bajos raros, en seguida dije: "Este es el Feto"; y realmente así era. Nunca corneta alguno se ha cargado con broncas más imponentes y siseos de sus camaradas; él siempre contestaba con una simpática sonrisa de oreja a oreja hasta que se hartó y pidió ingresar en la Sección de Choque, sin duda por ver si le mataban de una vez y se acababan los escándalos; pero evidentemente su destino es ensordecer con la trompeta, pues ha resultado ser uno de los dos únicos supervivientes de lo primera plantilla de aquella sección y ahora vuelve o estar en la banda. En ella, y nada menos que de director, está el Peque, muchacho de Torres de Berrellén, que cuando abandonamos aquel pueblo, de tan dulces recuerdos, sobre todo para algún corneta, se vino con nosotros, pasó mucho tiempo de fusilero, hasta que entró de discípulo de Suñer y llevo camino de ser digno de tan buen maestro.
MARTÍN DE RIQUER.
Destino. Política de unidad. Nº 105. 22 de julio de 1939. p 3.

***

Pérdida de la mano amiga

"Suspéndanse los brazos, y retira cada cual el furor...
Lope. "Fiestas de Denia".


¡Con qué ilusión habíamos entrado en aquel Madrid tronchado y lleno de desmontes! Era el Madrid de los primeros momentos para España; hubo que adelinear nuestra misión en forma inverosímil. El cansancio, la atrofia resultan a los veces hábiles y expeditivos como no sería posible imaginar. Una mañana, entre dos problemas, me tropecé por un pasillo al alférez delgado, moreno, narigudo y nervioso que desde hacía un mes encontraba en todas las ciudades y en todos los momentos.

— ¿Qué sabes de Martín de Riquer?
— Pues sigue en Valencia, en el hospital.
— ¿Cómo en el hospital?
— Sí. ¿No lo sabías? Le han cortado un brazo.
— ¡Que le han cortado...!
Soy un poco dramómono y mejor amigo. A los pocos días, estaba hasta la mitra de los conflictos de Madrid y determiné escaparme por Valencia para darle un abrazo —- y él a mí medio — a Riquer. Hicimos una ruta de guerra, como se acostumbraba hasta hace muy poco, completamente imprevista. Llegamos a Valencia de madrugada. A la mañana, pregunté en la Radio a los de la Compañía de Propaganda, me dieron varias pistas y cerca del mediodía entraba yo en el Hospital de la Facultad de Medicina. Mi herido no estaba en fichas, pero le conocían por todos los pisos como el más charlatán. Se quedó de piedra cuando me vio aparecer dando voces por la puerta de aquello sola tan grande.
Cuando Martín entró en Valencia con su camión altavoz, Luys Santa Marina acababa de apoderarse de la ciudad, las tropas del Generalísimo no habían entrado aún y estaban las calles llenas de coroneles y carabineros del ejército rojo. Todos se cuadraban ante aquella sahariana azul arañada de flechas rojas, ante aquel gesto duro de impulso hecho carne. El camión se dirigió al Gobierno Civil. Santa Marina acababa de abandonarlo momentáneamente y Riquer recibió orden telefónica de continuar hacia Alicante. La carretera estaba frisada de controles rojos; tierras sin liberar adelante, hacia los crispadas palmeras alicantinas, a través de la carretera de la Marina, tan suave, llena de luz, amojonada de casitas mordidas de "riu-raus" y "torres de foc" de legendaria traza. Cada control es una impertinencia más, salvada con la naturalidad de esos hombres ilusionados -que quieren llegar antes que nadie a la tumba de José Antonio. El rencor embrutecido y estúpido acechará a la entrada de un pueblo, maldito cien veces; allí, unos naranjeros llenos de moho (con el caño helado de arma cobarde que se esconde en graneros y no se descuelga más que como arrancamos una fruta del árbol, definitivamente, para la hora cárdena de la venganza) han de lanzar sus inconscientes escupitajos de plomo contra la carne caliente de los soldados españoles. Los asesinos huyen; quedan dos muertos y cuatro heridos, entre éstos los dos oficiales. En el hospital rojo a que los conducen, Martín reclama a gritos su sala de oficiales; al final, han de inventarla para ellos dos. Durante las días que tardan aún en presentarse las fuerzas liberadoras, dos convalecientes de nuestro ejército montan guardia perpetua, bayoneta al brazo, al pie de aquellas camas, y un sargento, que empieza a poder arrostrar su pierna herida, da cada noche el parte a esos jefes por la gracia de Dios. Tres días de operaciones dolorosas: médicos y enfermeras están asustados del valor ancho y caudaloso de aquel hombre lleno de fiebre. "¿Pero, por qué no gritas?" "Los falangistas no gritamos." Viene una gangrena. El brazo derecho cae, como desmontado, y en el molde que vació él sobre la blanda atmósfera, viértase el escultórico invisible brazo del dolor. Es un dolor que aprieta, que estira escalofriantemente de las puntas hiperbólicas de las venas, de los nervios, de las articulaciones; los pulsa como cuerdas de guitarra, atornillando más y más las supuestas llaves. Es la sensación de que le duele a uno un dedo determinado, uno fracción pequeña de músculo. Sobrevive la presencia misteriosa de lo que fue nuestro, en su única manifestación actual del dolor; y podemos, así, experimentar la sensación de que nuestra otra mano cruce el brazo sufriente sin encontrarle, sin acariciar ni calmar su desamparo, que no tiene remedio; manoteando vanamente al aire, para enredarse los dedos en esos hilos a través de los cuales el dolor emite sus prerrogativas...
¡Buen Martin de Riquer, lleno de ánimo esforzado! ¿Recuerdas nuestros viejos tiempos de discusión; entonces, que todavía era posible elucubrar sobre tantas cosas? Nuestros discrepancias revestían un matiz curiosísimo, porque en los momentos en que los trallazos de la bandera de JONS disipaban en nuestro flojo cielo levantino los últimos humos de liberalismo que barcos de todos los países habían echado a volar sobre nuestro puerto común, andabas pensando en tu Cataluña agreste y foránea, sumergido por los procelosos documentos de Llull y del "Recognoverunt Proceres". ¡Cuántas veces habías dicho que si tú te sintieses español serías falangista! Cuando te presentaron o Luys, dijiste: "He aquí a un hombre que tiene toda la razón." Y habías estado peleándote con él hasta las cinco de la mañana. ¿Recuerdas nuestros crepúsculos primaverales en el jardín del Ateneo, tan característico de nuestra Barcelona de litografía, donde, ante tantos amigos divertidos extrañamente con nuestra ira bipartita hemos defendido siempre las dos puntas más separadas de la misma cuerda de violín? Y aquellos amigos... ¿Te das cuenta, Martín, de que nos hemos quedado casi solos? Muchos estuvieron contigo, en el 'Tercio de Nuestra Señora de Montserrat"; otros fueron fusilados, como Servicio de Información y Milicias de Franco en zona roja. Repasa mentalmente y verás cuántos nos faltan; y que, cuando en adelante nos sentemos junto al surtidor del viejo jardín, vamos a sostener la conversación a solas y por lo bajo; y que, además, Martín, no vamos a discutir ya, sino a estar muy de acuerdo, irremediablemente de acuerdo en todo.
¡Qué cambios! Te presentaste en San Sebastián, a decirles que no querías más que un fusil para marchar al frente. Había por allí chicas de mucho jeme, pero a ti todo aquello no te importaba. Te importabas tú, que eras una verdadera importación en España, y era ésta lo que querías conquistar en ti, a través de tu nueva persona. Luego vinieron aquellos meses duros, color ceniza, ásperos como una manta sobre la que el fango seco fuese cuchillas como grandes hojas de tabaco puestas a secar. Es el paso lento de los botas que duelen, a través de los campos de posición, a través de la vena que cada trinchera fue para vosotros, según circulasteis por su cuna como sangre hirviendo; es la suciedad densa y sin ninguna esperanza; la suciedad que embrutece y borra todos los objetivos finales y el móvil por el que los que sabíais griego estabais allí. Del lado de acá, al alcance de vuestras tormentarias, quedábamos otros compañeros de armas, dando pasos desesperados bajo un cielo plúmbeo de meses y meses, por el mapa sin mares de cuatro metros cuadrados de celda, esperando un piquete que no llegó. Tú te peinabas con rápidos peines de balas; adormecías a los acordes de una "Heroica" orquestada por veinte profesores del 7'5; tu jardín florecía sólo con brazos de aquellos que convirtieron su anatomía en un simple sistema de raíces bajo la tierra removida... Y el tuyo, el derecho, Martín; el que abanderaba aquella mano que escribió las dudas tremendas contra la Patria por la que ahora te estabas jugando todo el cuerpo, ha sido extinguido al final. Como si hubieras de purificarte y durante tanto tiempo te hubiese sido conservado sólo para su servicio. Hoy, que ya España no necesita de él, cábete la merced de haberlo perdido, perdido como expresión de tantas cosas lejanas que tu brazo liberoloide representó. Liberal, liberado.
¡Cuántas veces he pensado el mal negocio de aquel que muriese por el último disparo de esta guerra — de tan cruel exterminio! Realmente, la suerte de ese rezagado no parecía haber de ser envidiable. Y el último disparo no ha sido de muerte; ha sido tan sabio que muere sólo aquello que, para purificación de un hombre excepcional, había de morir. Tú, Martín de Riquer, gran escritor y gran amigo, no vas a ofrecer a nuestra cordialidad más que la mano izquierda. Con ella encenderás de hoy en adelante tus complicadas y eternas pipas; ella empuñará el gran azor negro de tu paraguas de poeta; ella inscribirá tu espíritu en las cuartillas desordenadas. Dios, con la pérdida de tu mano, de tu brazo, te ha concedido la pacificación. Su voluntad te ha desarmado, y es preciso que te sientas desarmado ante ello. ¡Con qué noble espíritu, con qué adicta serenidad ha acogido tu madre la pérdida! Pérdida, pero no extravío; porque la Patria sólo ha necesitado una parte de ti y tu madre había hecho ya la donación total y sin esperanzas. Martín: tú parecías un chico solo, tan niño y tan improvisado. Tu espíritu de aventura y tu simpatía generosa y exaltada hacían suponer siempre que circulabas hecho un robinsón por el mundo. Éramos muy pocos los que sabíamos que tras de ti quedaba lo vigilancia comprensiva de una madre, escrutándote perpetuamente por los más lejanos horizontes. Lo que yo no supuse es que tu madre fuese como es: tan parecida a ti, alta, delgada y dulce; y dispuesta a emprender el camino doloroso que la lleve hacia ti. Tu madre va en tu busca, ahora, llevándote tu paraguas irónico, porque él —; disimuladamente, tras su tela desteñida — prolongará tu único brazo de caballero único. Llegará sonriendo y tan sencilla como tú. Martín: ella ha pensado muchos días y noches en cómo ser tu brazo derecho en adelante. Al cabo, ha tropezado con el olor misterioso de algo irremediable. Ella lo acollaba todo; pero es que de repente se le ha ocurrido una de esas cosas que sólo piensan las madres. Es conmovedora: 'Mi hijo no podrá tomar nunca más un tranvía en marcha.' Martín, amigo, ella ha pensado eso con gran insistencia.
FELIX ROS
Destino. Política de unidad., nº 101, 24 de junio de 1939, p. 3

"Tercera centuria catalana". Ignacio Agustí, J. M. Fontana, R. Roses, A. Figueras
y Rosendo Riera leyendo uno de los primeros números de "Destino".
Julio de 1937. El Cabezón.

viernes, 24 de febrero de 2017

Documentos traspapelados. El poeta y el Partido (Comunista): “Reportaje a Neruda”. Pro Arte, Santiago de Chile, 1952. Entrevista-homenaje a Pablo Neruda. Sobre la estética del realismo socialista y la política de la Unión Soviética.


Pablo Neruda en Moscú con motivo del Premio Mundial de la Paz.
Aleksandr Fadaiev saluda a Delia de Neruda
REPORTAJE A NERUDA
ProArte. Edición Nº 160 — Santiago de Chile, viernes, 28 de noviembre de 1952 — pp. 1 y 6.
A mediados del pasado mes, concertamos este reportaje con Pablo Neruda, en su casa de Isla Negra. Se lo habíamos ofrecido a nuestros lectores, y aunque con bastante tardanza, cumplimos hoy el deseo de éstos y el nuestro al darlo, aunque muy por debajo de nuestros propósitos. No contendrá la observación del repórter acerca del poeta y de su ambiente, pues esta edición ha debido reducirse a las realidades materia les del momento.
En el refugio de Isla Negra, entre su escuadra fantasma de pequeños veleros traídos de todas las tiendas marinas del mundo; entre caracoles, viejos libros náuticos, mapas medievales, cajas de música, figurillas de Oriente, y ante la mirada perenne de María Celeste y Medusa, los mascarones de proa que Pablo y Delia Neruda dejan descollantes, durante sus ausencias, allí nos habló el poeta, como desprendido de ese mareo mágico que le rodea, sobre las cosas terrenales, mirando el mar sin verlo, atento sólo a la comunicación de su verdad: el realismo socialista.
Es nuestro propósito aquí, no interrumpir esa comunicación. Perdónesenos pues, la parquedad del diálogo, en lo que a nosotros respecta.
Para quien conozca a Neruda sus residencias —la del mar y la de la ciudad— son el reflejo de su genio. Hemos conocido otras capas de poetas, y; ¡ay! cómo les desmentían, cómo nos mostraban una materialidad mezquina, tan diferente de lo que ellos exteriorizaban.
Su casa de Isla Negra y todo lo que ella contiene es como un maravilloso cofre gigante, dentro del cual se suele dormir. La de Santiago, en la Avenida Lynch, es un cofre más grande y más repleto aun de cosas y de ideas de las cosas. El escritor británico O. S. Fraser, que en su interesante libro —modestamente titulado "News from South America", editado en Londres— dedica un capítulo a su pasada por Chile, lo hace casi exclusivamente para hablar del poeta y de su gente. Fraser dice allí, refiriéndose a la casa santiaguina del poeta: "Es la única casa de poeta en que yo haya estado, que es como un poema, una expresión completa y original de personalidad". Es en este ambiente donde Neruda nos ha llevado. Y no hay contradicción posible. Un hombre que ama así la vida, no puede sino combatir de modo implacable a las ideas y hombres que viven muertos en vida. Por eso es que este mensaje suyo que hoy entregamos Incluye propósitos, de él y nuestros.
Que quienes mezclan mal las cosas, se desprendan por un instante de su intolerancia para escucharlo.

— ¿Cómo se podría sintetizar la idea del realismo socialista en la literatura y el arte.

—Sobrepasando los cánones antiguos, el realismo socialista muestra la transformación del hombre en el periodo de nacimiento de la nueva sociedad. Es decir, no se reduce a retratar al hombre y al paisaje, sino que contribuye a la formación y a la construcción del porvenir. De esta manera, el arte de nuestra época llega a cumplir un rol fundamental, como una materia tan necesaria como el acero o el ladrillo de las nuevas construcciones. El libro y la pintura deben señalar la proximidad y la fecundidad de la época socialista que viene, y deben mostrar los fundamentos humanos sociales y naturales de la esperanza contemporánea. De esta manera, el escritor se convierte en creador de la historia, asumiendo, por primera vez, un papel directo en la construcción de una época.

— ¿En qué medida crees que tal tendencia ha existido o existe en la literatura?

—En general, tenemos una noble tradición en nuestra América, en especial en la novela. Esta novela tuvo la influencia de Tolstoi y de otros protagonistas de una gran época; pero si contamos estrictamente las inclinaciones de nuestro relato americano, hallamos el naturalismo satisfecho o el realismo pesimista. El naturalismo satisfecho es, en general, la visión de los terratenientes proyectada a los ambientes populares del campo americano. Y el realismo pesimista es la incursión de la burguesía de las ciudades para deformar el alma y el contenido de la literatura.

Novelas extraordinarias como "Huasipungo" o "El señor Presidente", son verdaderos agujeros cavados por la desesperación.
En mis conversaciones con los escritores soviéticos, me contaban ellos cómo en medio de la represión, después de la revolución de 1905 Gorki escribía "La Madre", monumento a la fe en el destino humano. No podemos pensar que las terribles condiciones de nuestro pueblo justifiquen las obras atroces. Es más bien la influencia de las capas retrógradas de la actual sociedad, que pide a los artistas un mundo sombrío y sangriento, para mostrar que el hombre no tiene salida ni solución.
Aparte de esto tenemos la influencia de novelistas como Faulkner, llenos de perversidad, o poetas como Eliot, falso místico reaccionario, que dispone de un cielo particular para la nobleza británica. Y no es por casualidad que estos dos escritores reciben el Premio Nobel, coronación y premio que da una sociedad agonizante a sus propios enterradores.

Si lee uno las revistas de nuestra América, del Uruguay o de Panamá, se ve la preocupación cosmopolita, el deseo de no dejar número sin mencionar al ideólogo nazi Heidegger, o al destructivo Sartre. Este es el reflejo del cosmopolitismo y de la desnacionalización de los actuales dirigentes de nuestra sociedad criolla. La capa superintelectual se aleja de nuestros problemas y de la lucha del pueblo con sus episodios conmovedores y su grandeza. Vemos revistas, como "Sur", de Buenos Aires, que consagran números enteros a espías internacionales y colonialistas, como Lawrence de Arabia, a traidores como Drieu La Rochelle, que se envenenó antes de ser ahorcado en los momentos de la liberación de París, y que ahora abre sus páginas a un joven poeta polaco, que ha cambiado su patria —donde tanto se ha sufrido y se ha construido— por los dólares del Departamento de Estado [Ver nota abajo]. La Revista "Sur" nunca se ha preocupado de Julius Fuchik, el héroe inmortal, que antes de ser asesinado por los nazis, escribió en su calabozo, en papeles de cigarrillos, su grandiosa profesión de fe "Memorias escritas bajo la horca", y que son, a la vez, que un gran libro de todas las épocas, un canto a la esperanza y una confirmación de fe en el destino.

—Sin embargo —decimos a Neruda— no es posible esperar un cambio radical de posición, en escritores y artistas que se han nutrido de un sistema como el que tú denuncias. ¿Qué estímulos propone este realismo?
—No podemos pensar en el cambio repentino, a través de una fórmula repetida de la expresión y del contenido de los actuales artistas y escritores —nos responde el poeta—. Este cambio debe desarrollarse por los propios medios personajes y siguiendo el desarrollo más profundo y más sincero. No sacaríamos nada con catalogar la exterioridad pasajera con nombres progresistas, si no tenemos el cambio mismo de la concepción, producido a través de una lucha personal.

No creo que forzosamente esté ligado a una actividad política este desarrollo; pero sí a un cambio de criterio, a un reavalúo de las distintas partes de la sociedad.

Si durante el período de agonía del feudalismo se hubieran condenado los artistas a continuar los trabajos de tapicería galante o de rondeles para las nobles damas, sin ver el despertar de la burguesía en las ciudades, y consecuentemente el progreso humano, habrían perdido estos artistas su derecho a existir, porque no habrían visto el amanecer de una nueva clase dirigente.
En el momento actual del mundo, las fuerzas de avance, de progreso y de creación, se sitúan en el proletariado. El despertar de estos millones de hombres, la resurrección del mundo colonial, los nuevos públicos increíblemente numerosos, tienen que transformar forzosamente todos los órdenes del arte. Ante este fenómeno, es enteramente fútil discutir sobre arte dirigido o arte libre. Se trata de arte vivo o arte muerto.
Hace sólo algunos meses conversaba yo en Ginebra con el director Ansermet. Él me decía las conclusiones de su nuevo libro, que pronto aparecerá. "La música ha muerto" —me decía—. "La hemos sepultado". Yo le respondí que la música no ha muerto en la Unión Soviética, esto creo que puede ser bien claro para todos, como lo fue para Ansermet. La música atravesó por una crisis, también en la Unión Soviética, tendió a hacerse jeroglífica, atonal, disonante, hermética, difícil y antipopular. Esto venia de la influencia cosmopolita de los maestros europeos, que están matando la música. El Partido Comunista de la URSS que naturalmente, al revés de lo que pasarla con el Partido Liberal o Radical de Chile, se preocupa de toda la vida de su pueblo, y también de la ciencia y de las artes, advirtió el peligro, y señaló la gravedad de la situación. En un país eminentemente musical, en que millones de hombres llenan las salas de concierto y que ahora es difícil conseguir entradas sin tomarlas con anticipación, las salas iban quedando semivacías, el pueblo se apartaba de la música.
Los grandes compositores a quienes he tenido el honor de conocer, como Prokofieff, Schostakovich, Khachaturian, entregan ahora la totalidad de su esfuerzo a una música ligada con la tradi­ción rusa y con el porvenir de la tierra soviética. Prokofieff acaba de recibir un nuevo Premio Stalin por su “Cantata de los Bosques”, que es considerada su obra más importante. Y así, el reconocimiento de una deuda hacia su pueblo y hacia el porvenir, en vez de ser, como se ha dicho, una esterilización de la materia artística, es, pre­cisamente, la puerta de la fecundidad.

* *
¿Debe considerarse, en general, que existe un abandono de la línea humanística de los gran­des creadores?

—En la literatura vemos desaparecer ante el público más letrado, nombres que, como los de Tolstoi, Balzac, Hugo, son los nombres titánicos de la creación artística. Estos nombres arrancan de la tradición humanística de siglos, y se unen a los de Dante, Bacon, Cervantes y Shakespeare, Ra­belais y Montaigne, es decir, a una línea directa de adelanto en el conocimiento. La influencia que estos hombres tuvieron sobre una época, en que la burguesía no tenía la continuidad del pensamiento, sirvió a todo el despertar de nuestra lite­ratura americana. Hoy se desea desviar esta línea humanística, y confundir los espíritus con movi­mientos de retraso, como el existencialismo o el abstraccionismo. Estas corrientes, en vez de dar salida a los conflictos humanos, llevan al labe­rinto de la negación o de la inutilidad.
Yo creo en el BIEN, y no creo que el MAL sea el terreno de la fecundidad artística —afirma enfáticamente Neruda—. Yo creo en las ideas des­preciadas por falsas corrientes actuales, que ya terminan su efímera vida, como la verdad y la belleza. Creo que el arte debe contener el bien, la verdad y la belleza. El cultivo del mal, en el sentido byronlano o baudelieriano, es la reacción individual de un artista ante la hostilidad completa de una sociedad. Pero, ¿cómo sentir esta hostilidad en un momento auroral del mundo? Un nuevo mundo está naciendo ante nuestros ojos, la Unión Soviética, transforma la naturaleza con las más vastas concepciones, para alcanzar la pros­peridad y la paz, quinientos millones en la China cambian sus modos de vida retrasados, y se ponen con entusiasmo infinito a cambiar el fondo y la forma de su país. He visto las imprentas más grandes del mundo en antiguos países feudales, como Polonia y Rumania; he visto detenerse el tráfico en las calles de Moscú, por los suscriptores de una nueva edición de las obras completas de Balzac; he visto a los obreros del Báltico pasar sus vacaciones en el Mar Negro en Rumania; en fin, todo nos dice que un concepto más racional, más elevado y más digno de la vida se ha esta­blecido con una firmeza indestructible. Los artis­tas no tienen derecho a cerrar los ojos, y sí, deben abrirlos.
Quisiéramos —interrumpimos— que nos ha­blaras ahora, de lo que has afirmado, como la ne­cesidad de simplificar los medios de expresión, y que se observa cada vez de manera más notable en tu última poesía.
—Mi propia experiencia literaria, me indica, có­mo se transforma el estilo para adaptarlo a un nuevo público. Hace años, tuve que escribir un poema para leerlo ante ciento veinte mil perso­nas fue en el Brasil, cuando Prestes habló por primera vez al pueblo de Sao Paulo. Este poema, me enseñó mucho. Tenía que contener realismo, romanticismo revolucionario y absoluta simplicidad. Y además debía ser entendido por aquel inmenso número de personas, empleados, profe­sionales, artistas, obreros del puerto de Santos, y campesinos negros de las haciendas del café. Cada verso fue recibido con un alto murmullo por la masa, lo que me indicaba cómo llegaba a una inmensa mayoría de los que allí estaban. Estu­dié dentro de mí lo que no había producido: más tarde escribí “Los muertos en la Plaza”, y más tarde, este desarrollo hacia la simplicidad, me permitió abarcar casi todo el “Canto Gene­ral”. Pero creo que mi próximo libro será aún más sencillo.
Conversamos en seguida con Neruda acerca de la situación mundial, en relación con la paz y la guerra, cuyo diálogo terrible él ha debido escu­char en Europa durante estos dos últimos años. Sus referencias son una acusación sostenida contra la política Internacional oficial de nuestros días. Nos dice, entre otras cosas:
—El Senado norteamericano ha votado hace muy poco tiempo crédito para provocar insurrecciones en los países del socialismo, y para enviar misio­nes de espionaje y de sabotaje a estos países. El Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile. General Celedón, que regresó no hace mucho, ha declarado en “El Mercurio”:
"Estados Unidos se prepara en forma intensiva para la guerra".
En estas condiciones, es bien difícil, pero no im­posible, mantener o aumentar la amistad entre los pueblos. El fascismo norteamericano impide que salgan de sus fronteras, hombres universalmente amados, como Paul Robeson, o cierran sus puertas al que más gloria ha dado a los Estados Unidos, al gran comediante Carlos Chaplin. Es difícil para todo el mundo entrar a territorio nor­teamericano. Una inquisición, nueva forma de la Gestapo, se ha introducido en el cine, en los pe­riódicos y en las embajadas norteamericanas, los institutos norteamericanos de cultura en cada país, se dedican a la penetración en los medios inte­lectuales y estudiantiles, exportando sus ideas bélicas y sus conceptos brutales de dominación del mundo, encubriéndolos con falsas facilidades a nuestros jóvenes estudiantes. La embajada norte­americana distribuye en los colegios de Chile, pro­paganda contra la Unión Soviética; esta propa­ganda es exactamente la misma de Goebbels. A ningún joven progresista o que tenga en sus fa­milia algún pariente de ideas liberales, se le dis­pensa becas de las fundaciones norteamericanas
— ¿Observaste esa tensión de que habla cons­tantemente la prensa a través de la llamada corti­na de hierro?
—La cortina de hierro es una intención norteamericana para ocultar o disimular sus prepara­tivos de guerra. Ellos quieren impedirnos todo contacto con países nuevos, que han resuelto a su manera problemas que los afligían por edades. En este sentido, el bloqueo de Chile es casi com­pleto. No podemos comerciar ni con la China, ni vender cobre a Polonia, ni recibir libros de casi ninguna parte, mientras “Visión” y el "Reader & Digest", son violentamente descargados sobre nues­tro público para deformar y envenenar nuestra nacionalidad.
Hace poco, en la revista “Time” se publicó una gruesa calumnia en contra mía. No creo necesario desmentir, porque calumnias de este tipo se han hecho contra muchos chilenos, en esa misma re­vista. Citaré los casos del Presidente Aguirre Cerda y del Presidente señor Ibáñez. A esta revista no le gusta desmentir sus calumnias, que forman la parte principal de su texto. Yo recuerdo que en Moscú, habiéndome hecho una revista literaria una entrevista, hice saber que algunos de los concep­tos emitidos por el periodista, como expresados por mí, no estaban en mis declaraciones. Los colegas del periodista aquel, lo citaron y lo en­juiciaron, haciéndolo renunciar a su puesto, por permitirse alterar mis declaraciones. Eso es un ejemplo de moral periodística que la revista "Time” estaría muy lejos de seguir; por el contrario, allí se premiarla al tergiversador
Lo peor es que esta cortina norteamericana inunda el mundo occidental, y aísla cada vez más a los pueblos. Hay que recordar que la más expresión más alta del arte coreográfico soviético, la bailaría Ulanova, con toda su trouppe, fue expulsada de Italia después de dar “Romeo y Julieta”, como nunca más podrán verlo los italianos, y por órde­nes de la embajada norteamericana. Estos son crímenes contra la cultura, y éste es el camino de Hitler.
La última vez que escuche a Ehrenburg, en Berlín, él nos decía:
"Se acaba de formar un comité presidido por un antiguo embajador norteamericano en Moscú, para la liberación de Rusia. En los Estados Unidos se quiere liberar a los rusos de los rusos. Oficial­mente yo puedo asegurar que en la Unión Sovié­tica no permitiríamos ninguna institución que qui­siera liberar a Norteamérica de los norteamericanos”.
La política de guerra de los propietarios del salitre y del cobre de Chile, política de colonización, ha llegado a ofrecer síntomas de locura. No olvidemos que el señor Forrestal, Ministro de Guerra yankee después de proclamar la instalación de bases aéreas en la luna, para bombardear a la URSS, terminó por tirarse de una ventana.
Yo sostengo que es posible la convivencia entre los sistemas y los regímenes diferentes, en nuestro mundo actual, y que sólo es posible la compe­tencia pacifica de ellos. A este respecto, un mi­llonario yanki decía con franqueza a un amigo:
No temamos a vuestros tanques, sino a vues­tras cacerolas”.
Nosotros no tenemos por qué temer ni a los tanques que aplastaron el nazismo ni a las cace­rolas en que se preparé comida para millones de hombres.
* *
La entrevista con el poeta del Canto General ha seguido un poco el orden desordenado de nues­tras preguntas. De repente se detiene, sonriente, frente al repórter con ademán de reproche, cuando la conversación se prolongaba ya demasiado rato sobre la situación mundial:
—Tú no harás que yo olvide mi gran interés por referirme a nuestra poesía.
—Es que lo de casa queda siempre para el final.
—Mi impresión es que la poesía sigue su curso venturoso en nuestro país. Las publicaciones que llegaban de Chile —a pesar de que no hay ninguna estrictamente literaria—, rara vez las abría sin encontrar un nuevo nombre. Las tendencias de la poesía chilena en los jóvenes poetas, son una franca inspiración hacia la claridad (a la vez, posiblemente, la mayor dificultad también que ven­cer), y una preocupación grande sobre Chile y las cosas del país, hacia lo que llamaríamos con título de almacén: "los frutos del país” Hay tam­bién una creciente tentativa de tomar parta en los problemas del pueblo, y aun cierta precipita­ción en ello. En un país tan extraordinariamente po­lítico como el nuestro, la poesía política es algo natural que no sólo nos viene de los clásicos como Quevedo y Lope, sino de poetas como Pezoa Véliz, Pedro Antonio González y Dublé Urrutia
Lo interesante en esta situación es el desarrollo de cada una de las personalidades poéticas, la maduración de sus cualidades, la misma lucha individual de cada uno de los jóvenes poetas por llegar a expresar el considerable reino que los poetas de este tiempo debemos conquistar, y el lenguaje más directo y más hermoso.
Hay, naturalmente, una cosa establecida: ha terminado el ciclo de la poesía oscurantista, o lo menos estamos en su momento crepuscular. Las tinieblas no tienen nada que ver, ni deben tener nada que ver con nuestra vida. No hay sitio tampoco para la "angustia”, en un mundo en que mayor número de hombres cada vez comparten la lucha, la liberación y la alegría. Las angustias metafísicas son bien pequeñas al lado de la terri­ble condición material de la gente. Sin embargo, si los poetas no pueden, por incapacidad, compar­tir los dolores y las luchas generales de todos los hombres, no tenemos guerra contra ellos. El mismo curso de la vida les irá mostrando el cami­no, si en realidad son poetas, es decir, si son gene­rosos. Habrá siempre el caso de los irreductibles devoradores de papel. Esos se empapelarán por dentro hasta morir sin humildad y sin heroísmo.
— ¿Qué opinión te merecen los artistas chile­nos que encontraste en el extranjero?
—También allí he encontrado ejemplos de la vitalidad juvenil de nuestra patria. Quiero seña­lar especialmente el extraordinario éxito del pin­tor Nemecio Antúnez que acaba de hacer una nueva exposición en Europa, esta vez en Oslo. Es un joven maestro que busca su camino, y que ha adquirido ya los medios de expresión y la orientación de nuestro tiempo. Venturelli ha hecho a China un regalo digno de nuestra patria. La única pintura que adorna el Comité Nacional de la Paz de China en un mural de nuestro gran pintor. Por otra parte, me ha asombrado la obra realista y espléndida da la joven pintora Carmen Cereceda.
— ¿Y Matta?
—Siento a Matta muy inquieto. Las ondas eléc­tricas del tiempo que viene no pueden dejar de llegar a un explorador tan inteligente.
La entrevista ha terminado en Isla Negra, el día 11 de Octubre. Nos es muy fácil recordar la fecha, porque el 11 es la víspera del 12 y el 12 es el llamado Día de la Raza. Pasó la noche con nosotros el arquitecto español Germán Rodríguez-Arias, amigo íntimo de Pablo y, además, el constructor de la encantada casa marina del poeta. Temprano, nos levantamos. Hormiguita y Germán Rodríguez dormían aún. Pablo nos con­dujo a una pequeña elevación del terreno cerca de la casa, donde ese día debía inaugurarse un mástil para la bandera nacional. Pepe, el chofer del station-wagon de Pablo, que acorta las a veces largas esperas en el auto, leyendo el “Canto Ge­neral", como si fuera un breviario, portaba solem­nemente la insignia chilena, mientras Pablo lle­vaba las “provisiones'’ para la ocasión: un cen­tenar de cohetes, petardos y otros detonantes
Se izó la bandera en lo alto del mástil, y enton­ces se celebró el Día del Descubrimiento con una salva interminable de petardos, que despertó a toda la pequeña colonia de Isla Negra.
Pero nuestro amigo Rodríguez-Arias no habla aún despertado. Entonces Neruda le espetó el siguiente discurso, con una voz que el otro pudo haberla escuchado aún dormido:
"El haber nacido en la península ibérica es una gran responsabilidad. ¡Tendrás que pagarlo!”.
Y desencadenó sobre su amigo tal estrépito de petardos, que ésta hubo de saltar al campo para unirse a tan sonoras celebraciones.
Así es Pablo Neruda inflexible contra la mentira compartida, combatiente ardoroso por los derechos humanos, y al mismo tiempo alegre y juguetón como un muchachito, cuando el humor le corre como una comezón por las arrugas de la risa
***
Creemos que tus juicios de este reportaje co­rrerán de boca en boca —le decimos—. Habrá pros y contras, como debe ser cuando como ahora, la comprensión entre hombre y hombre se ve en­trabada por los prejuicios y las intolerancias.
—Sí, así debe ser —nos dice, despidiéndose con la mano sobre nuestro hombro—. Que siga esta conversación a través de "Pro Arte”, con todos los que se interesen por ella. Que me pregunten lo que quieran. Tengo un gran deseo de que hable­mos libremente de estas cosas.

Y aquí dejó Neruda iniciada esta conversación. Nuestras columnas están desde hoy esperando el debate.



[Nota del editor] Pablo Neruda hace aquí referencia al poeta polaco Czeslaw Milosz que, en 1951, pidió asilo en París tras servir como agregado cultural en las embajadas de la “Polonia soviética” de Estados Unidos y de Francia entre 1946 y ese mismo año. Milosz es el autor, entre otros libros, de La mente cautiva y Otra Europa, en donde hace referencia no sólo a su huida “del Este” y al clima totalitario que imperaba en Polonia durante esos años, sino a la relación que Milosz mantenía con Neruda (había traducido al polaco varios poemas del autor chileno) y al gran disgusto con que acogió estas declaraciones. Czeslaw Milosz vivió (él, su mujer y sus dos hijos) hasta una década más tarde, cuando fue contratado como profesor de Literatura Polaca en Berkeley (California) de 1961, de los magros ingresos que supusieron sus colaboraciones periódicas con la prensa polaca del exilio, sus traducciones y los ingresos que obtenía de unos libros que eran sistemáticamente boicoteados por la intelectualidad filo-comunista francesa.