Volviendo a leer el tercer volumen de la historia de la filosofía de Copleston, me he topado, al final del libro, en una recapitulación a los tres primeros tomos (los que van de la filosofía griega a Duns Escoto), con uno párrafo que, para mi gusto, plantean con una claridad inusual la relación entre cristianismo, filosofía y salvación. Espero que os interese."El hecho de que los primeros escritores cristianos tornasen términos e ideas del neoplatonismo puede inclinarle a uno a subrayar la continuidad entre el pensamiento griego y el cristiano. Y ésa es la línea que he seguido en mis volúmenes primero y segundo. No tengo la menor intención de renunciar ahora a la validez de esa línea de pensamiento; pero conviene subrayar igualmente el hecho de que hubo también un agudo corte entre el pensamiento griego y el cristiano. Un neoplatónico como Porfirio advirtió con mucha claridad la diferencia entre una filosofía que asignaba poca importancia a la historia, y para la que la idea de un Dios encarnado era impensable, una religión que atribuía una importancia profunda a acontecimientos históricos concretos, y que se fundaba en la creencia en la Encarnación. Además, la aceptación cristiana de Cristo como el Hijo de Dios, y de la revelación divina en la historia, significaron que para los cristianos la filosofía como tal no podía ser el camino de salvación. Escritores cristianos como Clemente de Alejandría interpretaban la filosofía en su sentido literal como "amor a la sabiduría", y veían la filosofía griega, especialmente el platonismo en sentido amplio, como una preparación para el cristianismo, que cumplió en el mundo griego una función análoga a la cumplida entre los judíos por a Ley y los Profetas. Choca así la amistosa actitud tomada por un Clemente le Alejandría hacia la filosofía griega, en contraste con la actitud tomada por un Tertuliano. Pero si se considera un poco más de cerca la actitud del primero, se pueden ver sus implicaciones, a saber, que el papel de la filosofía griega había sido asumido de una manera definida por la religión cristiana. Y, en realidad, cuando la filosofía se desarrolló en el mundo cristiano medieval, tendió a ser "académica", asunto de universidades y de lógicos profesionales. Ningún filósofo cristiano consideró realmente a la filosofía como un camino de salvación; y cuando se reprocha a los pensadores medievales el que atendiesen excesivamente a sutilidades lógicas, se olvida a veces que para ellos era difícil que la filosofía tuviese sino una finalidad “académica". Cuando en la Edad Moderna se encuentra de nuevo la concepción filosofía como "camino de salvación", esa concepción tiene generalmente su origen o en una pérdida de fe en la teología cristiana y un deseo ir encontrarle un substitutivo, o, en el caso de pensadores cristianos, en el deseo de encontrar una perspectiva aceptable para los que ya no son cristianos. El cristiano creyente mira a la religión para encontrar inspiración a su vida y guía para su conducta, y no a la filosofía, por muy interesado que pueda estar en ésta."
