viernes, 6 de febrero de 2026

Entrevista a Andrés Sánchez- Pascual sobre la traducción a Nietzsche (Diario de Mallorca, 6 de febrero de 1978)

 

CONVERSACIÓN CON ANDRÉS SÁNCHEZ PASCUAL, SU TRADUCTOR

ENTENDER A NIETZSCHE

En un comentado artículo “Sobre la recuperación de Nietzsche”, de Gonzalo Sobejano, después de señalar el impacto que una nueva y distinta lectura de ese pensador único ha provocado en algunos jóvenes pensadores del país, se nos dice: “Asisto con expectante curiosidad al despertar de esta otra manera de entender a Nietzsche. Y considero la nueva traducción de sus obras como una aportación útil, segura, digna del mayor reconocimiento”. Probablemente resulte innecesario decir que el realizador de esas nuevas traducciones, que van apareciendo en Alianza Editorial y que pueden calificarse de definitivas, es Andrés Sánchez Pascual. Traductor, realizador de inteligentes introducciones y confeccionador de exhaustivas y necesarias notas a los textos traducidos, Sánchez Pascual es asimismo conocido como ensayista, faceta, esta última, en la que hay que recordar el número por él dirigido de la “Revista de Occidente” dedicado a Nietzsche. Actualmente, y desde hace algo así como medio año, Sánchez Pascual ha echado raíces en nuestra ciudad como director y catedrático de Filosofía de la Escuela Normal de Magisterio. Con el propósito de dar a conocer al lector algunos aspectos de las razones de su quehacer, hemos conversado con él larga y amistosamente. Reflejo de esas conversaciones pretende ser esta entrevista. Reflejo que ha de ser pálido, pues ¿quién duda que la entrevista se ha convertido, como alguien dijo, en algo así como un artículo de saldo? Sin embargo, ante la inevitabilidad, pasemos a lo único que puede hacerse: entrevistar.

—Es de sobras conocido que, en nuestro país y en lo que ya de siglo, se han dado cantidad de traducciones de Nietzsche. ¿A qué se debe, entonces, esa imperiosa necesidad de volver a traducir a Nietzsche?

—Se puedo decir que ahí confluyen dos factores. En primer lugar, nos encontramos con que los manuscritos de Nietzsche hasta mediados de los años cincuenta estaban literalmente secuestrados. Y así, cuando Schlechta, en su edición de Nietzsche de 1954, nos descubre algunas de las falsificaciones que sufrieron los textos de éste, el mundo intelectual de Europa empieza a comprender que Nietzsche no era el fantoche fascistoide presentado por los falsos amigos y los falsos enemigos. Una nueva imagen de Nietzsche se levanta a partir del establecimiento de un nuevo texto alemán; me refiero, por supuesto, a las obras que no publicó el propio Nietzsche. Resulta evidente, por tanto, la necesidad de establecer un nuevo texto castellano, de acuerdo con los escritos originales, que actualmente están editando, en una labor de investigación encomiable, Colli y Moritinari. Pero además, por otra parte, y como ha mostrado Gonzalo Sobejano en su magnífico libro Nietzsche en España, todas las traducciones al castellano que se habían dado hasta ahora eran un ejemplo de deshonestidad. Falta en la que influyó, sin duda, la mala intelección que sufrió Nietzsche, dependiente de interpretaciones parciales, que nada tenían que ver con el mensaje filón de este filósofo. Y no hablemos ya de esos que lo entendieron como un vociferador y como tal lo tradujeron. En una palabra, nos encontrábamos con que todas las traducciones eran inservibles, excepto quizá la primera que se hizo del Zaratustra, la de Juan Fernández. Y ello tanto por las traducciones en sí como por la falsificación de los textos. De ahí esa necesidad que he intentado satisfacer.

DIEZ AÑOS

—Es de suponer que ese trabajo habrá sido arduo, ¿cómo lo has realizado?

—En realidad, he estado trabajando en ello más de diez años, realizando la traducción por etapas. Primero fue preciso fijar el texto, luego fijar el vocabulario y ponerlo a prueba, para, por último, llevar a cabo la definitiva elaboración. Llegando al extremo de que la mayoría de los textos han sido traducidos varias veces.

—Me atrevería a decir que ésta no ha sido una buena inversión económica.

—Por supuesto que no. En ésta labor, la que hay que añadir la gran cantidad de tiempo dedicado a la búsqueda de textos, viajes a Alemania, etc., tan sólo he perdido dinero. Pero eso, en este caso, era secundario. Lo que intentaba era recrear la escritura nietzscheana. Y el intento creo que no ha resultado fallido.

LOS ERRORES

— Sin embargo, tu traducción parece dura, resistente a la lectura, cargada de signos de puntuación.

—En el original ocurre lo mismo, el alemán de Nietzsche produce extrañeza al lector. Y la puntuación, elemento básico, es algo que las otras ediciones castellanas pasaban por alto. En ello influyó evidentemente, el que el noventa por ciento de ellas se hubiesen hecho del francés y no del alemán. Como ejemplo tenemos, todavía, una reciente antología en la que algunos fragmentos están traducidos directamente del francés, callándose la boca su hacedor, y en la que existen algunos errores tan graves que parecen de chiste.

—Esto me recuerda la airada polémica que mantuviste en el otoño del 73 con Fernando Savater en las páginas literarias de “Informaciones". ¿Qué me dices respecto a ella? ¿Cómo surgió?

—Todo empezó porque siempre he considerado que cualquier interpretación textual necesita un texto, y si el texto falla, si es inválido, toda interpretación será como mínimo caprichosa. De ahí que, por la corrupción de textos, me parezca el “Inventario” de Savater una de las peores selecciones existentes. Y eso es lo que dije. Lo cual no tiene que ver con la altura intelectual de Savater, que es superior en mucho a muchos de los imbéciles que le atacan. Lo malo de las polémicas es que se agrian y resultan vergonzosas al pasar al terreno personal. Como fue el caso de ésta.

OFERTA DE CAMPO FIABLE

—Sin embargo, y con respecto a tus prólogos ¿no se te puede acusar de asepsia interpretativa, de postura aparentemente neutra, y digo aparentemente porque ninguna interpretación, ni siquiera su ausencia, puede ser neutra?

—Mi misión como traductor es ofrecer al lector un campo fiable en el que pueda optar. Por ello, no me parece que los prólogos sean el lugar más adecuado para interpretar. Mi postura frente a Nietzsche está bastante meditada, pero quizás no está explícita y no se deje traslucir en mis escritos. Sin embargo, en algunos lugares me he situado en una posición bastante clara. En el caso del número de la “Revista de Occidente” dedicado a Nietzsche. De todos modos, aunque no haya mostrado mi postura amplia frente a Nietzsche, no voy a aprovecharme de los prólogos para ello. Sería una traición al lector. Te puedo decir que estoy en favor de las interpretaciones de Deleuze y Klossowski, pero no de las reinterpretaciones: ésas que tanto abundan. De hecho, creo que Deleuze y Klossowski han realizado dos de las lecturas más importantes de Nietzsche. Siendo la de Klossowski la más actual.

—De todos modos, dada tu no clara explicitación, ¿preparas algo, algún libro, donde se refleje lo que pertenece a tu pensamiento?

—Estoy preparando dos libros. Uno se titulará “Transvaloraciones”, y viene a ser una crítica de la moral. Algunos capítulos (por ejemplo, el final, titulado “La vida sexual de los nenúfares”) los he sometido ya, en diversas lecturas, a la crítica de algunos amigos.

—¿Parte de Nietzsche?

—Parte del callejón sin salida al que ha llegado el humanitarismo burgués, el humanismo reblandecido. El otro que estoy escribiendo versa sobre Nietzsche.

—¿Sobre o a partir de Nietzsche?

—Mejor diría acerca de Nietzsche. Con él quisiera proporcionar al lector una plataforma textual para que se enfrente, se las entienda con Nietzsche. Y naturalmente, en él tengo en cuenta lo que se ha dicho sobre él, pues Nietzsche es una de tantas metáforas. Y no da lo mismo leerlo antes o después de Heidegger, o de Klossowski, o de Hitler. En una palabra, lo que pretendo con ese libro es proporcionar una introducción a la lectura de Nietzsche.

EL NIETZSCHE MAS INCISIVO

—Y en cuanto a las traducciones, ¿aparecerán más?

— Por supuesto, aparecerán más, y se publicará el corpus integral de la obra de Nietzsche.

—¿Incluidos los textos póstumos?

—Se puede decir que sí. Pues en contra de la opinión de Schlechta, los póstumos son fundamentales. Y entiendo por póstumos, no los inéditos, es decir, aquellos libros que Nietzsche ya dejó acabados, preparados para la publicación antes, de hundirse en la locura, libros, estos, que fueron los falsificados. Entiendo por póstumos, al contrario, los fragmentos que quedaron sin la reelaboración de Nietzsche, y que por ello son más directos, más valientes, más incisivos. De esos fragmentos, unos inciden en puntos no tratados en los libros, diciéndonos así algo |totalmente nuevo sobre algo incomunicado. Otros, en cambio, fueron utilizados y traspasados de lo inmediato a lo elaborado, perdiendo a veces en el traspaso, dada su menor valentía, claridad de referencias. Por esa razón, también resultan estos últimos capitales, ya que explicitan, nos dirigen, a puntos que pueden parecer oscuros. De ahí que a menudo en mis notas aparezcan, ya que lo que pretendo es ofrecer totalidad de materiales, para que luego se trabaje. Pues solo con fidelidad de textos podrá llegarse a una verdadera lectura e interpretación de Nietzsche. Y eso parece ser algo que muchos presurosos intérpretes olvidan.

Y aquí, sin más, acabamos esta real y, a pesar de ello, ficticia entrevista con el que es artífice de esa posibilidad de leer con fidelidad a uno de los pensadores más sintomáticos y más profundos de la modernidad:Federico Nietzsche.

Francisco Monge, Diario de Mallorca, 6 de febrero de 1978, p.31