domingo, 29 de junio de 2008

Una entrevista a Pla (y III)

SP Oiga, si le parece, podríamos hablar de literatura. A su juicio, ¿en qué consiste saber escribir?
JP Yo creo que, para escribir en una determinada lengua, la primera cosa que se requiere es enterarse de cómo va formada esta lengua. El genio de todas las lenguas latinas consiste en poner un artículo, un substantivo, un verbo y un predicado. La mejor frase que se ha hecho en nuestra lengua es «la puerta es verde». Punto. Y luego sigue otra frase. Ahora bien : todo el problema de la literatura estriba en acertar con el adjetivo que acompaña a la puerta. Y si quiere usted un ejemplo más sutil, en vez de describir una puerta describa usted un bigote, unos ojos o una conciencia. En definitiva, yo soy partidario de la literatura realista poética. ¿Usted no?
SP Tendríamos que definir lo que es realismo poético.
JP El realismo poético consiste en encontrar los adjetivos. En la mayoría de los escritores los adjetivos son falsos. En cambio los adjetivos de Shakespeare son siempre verdad. Shakespeare, que es el mayor escritor del mundo (salvando los orientales, que como le digo desconozco) acierta siempre los adjetivos. Es lo esencial. Acertar de verdad. Con toda la complejidad que la limitación humana permita.
SP O retratando esta limitación.
JP O retratando esta limitación.
SP Entonces la diferencia entre un adjetivo bien puesto y un adjetivo mal puesto...
JP Es la diferencia que hay entre la buena literatura y la mala literatura, entre la literatura que dura y la literatura que no dura. Porque supongo que a usted le interesa que su literatura dure. Supongo que usted escribe para luchar contra este terrible fenómeno de la muerte.
SP Se podría decir que sí.
JP Seguro. Tome usted cosas escritas por Shakespeare sobre la muerte. Fenomenal. A raíz de la muerte de mi madre lo he visto más claro que nunca. Yo aplicaba al fenómeno de la muerte un cierto racionalismo que ahora me ha fallado. Creía, como todo el mundo, que es más fácil morir que vivir. Decíamos: la muerte es una cosa natural. Pero de pronto usted ve un muerto en su casa y dice: no estoy conforme. Además, en la vida se produce un fenómeno curioso que nosotros llamamos le retour d'âge, que sensualmente es muy importante, y que proporciona la sensación de una cierta inmortalidad. Los viejos pensamos que no tenemos que morirnos nunca. Usted ya lo verá cuando tenga mi edad. Es fenomenal. Y es completamente erróneo. Pero la gente se aferra a esta sensación y haría cualquier sacrificio por ello. Extraordinario. Pues bien: llega un momento en que todo este racionalismo, aplicado a la muerte, se derrumba. Llega un momento en que todo falla. El fenómeno de la eternidad es inmenso. Esto de que te entierren en... en un agujero cualquiera para siempre más ! ¡ Un hecho impresionante !

(JP se sirve algo de vino y lo mezcla con agua.)

Pero estas ideas sólo las tenemos los contemplativos. La gente que se dedica a ganar dinero y a comprar autos no tiene tiempo para pensar. El mundo moderno ha inventado la acción para distraerse de la muerte.
SP El mundo occidental.
JP Es verdad. No conozco mucho la filosofía oriental, pero estas ideas sobre la transmigración son de un impacto tremendo.
SP Lo esencial de la filosofía oriental, más que la transmigración, es el no dar valor a la individualidad.
JP Ya, ya. Pero la característica del mundo occidental está en dar valor a la individualidad.
SP Exacto. Por esto Kipling decía que Oriente y Occidente nunca se podrían entender.
JP Sin embargo, creo que los indios tienen razón. Al menos filosóficamente y en un sentido panteísta.
SP No sé si usted sabe que en la India apenas existe el miedo a la muerte. Miedo a la muerte, racionalismo y ateísmo, son inventos occidentales. Hay que ir con mucho cuidado con todo esto.
JP Usted dirá.
SP Volviendo a la literatura, ¿usted lee novelas?
JP Considero que un hombre que después de los cuarenta años todavía lee novelas es un puro cretino. Lo cual no quiere decir que en el mundo no existan ocho o diez novelas magníficas.
SP ¿Como cuáles?
JP Stendhal; dos o tres cosas de Balzac ; «Guerra y Paz» de Tolstoi ; algunas narraciones de este chico inglés, Dickens; muy buenas. Y en fin, esta historia de Proust, que no está nada mal.
SP ¿Y Dostoyewsky?
JP Dostoyewsky he tenido que leerlo en inglés. Vaya con cuidado con las traducciones francesas, porque son todas falsas.
SP En estos momentos, ¿qué lee?
JP En estos momentos leo las «Memorias» de Tayllerand, que fue un tipo considerable. Más importante que Napoleón; ya ve lo que le digo. Pero sírvase más vino. Esto no hace daño. Yo he sido un gran bebedor, sí, casi un puro alcohólico. Ahora lo he dejado, exceptuando el whisky, que no hace daño. El coñac hispano, en cambio, es muy peligroso. Probablemente ha causado más bajas que la guerra civil. Oiga, ¿este aparato suyo está funcionando?
SP Sí, pero no se preocupe usted.
JP Caramba. Con la cantidad de sandeces que le he dicho. ¿Cree que dará algún resultado este sistema? Usted tenía que haber hecho como los periodistas, mandarme unos papeles con unas preguntas, y yo, esta noche,'tras una prudente reflexión, le habría escrito frases inmortales.
SP Hemos de asumir el riesgo.
JP En todo caso tenemos que acordar que ustedes volverán.
SP No le quepa la menor duda de que volveremos.
JP Pero sin traerme este aparato. Me avisan con unos días de tiempo y vienen a comer la cocina popular que aquí se estila. Y si no les gusta nuestra cocina popular, les freiremos una tortilla y al caray. Ahora podemos ir a Pals. Le enseñaré a usted el paisaje más importante del país.
SP Sí, vamos.

viernes, 27 de junio de 2008

Una entrevista a Pla (II)

SP ¿Escribe usted cada día?
JP Hay días que no escribo nada y me limito a pasear. Es muy agradable vivir aquí. Ustedes no lo aguantarían ni veinticuatro horas.
SP Me parece que usted dispone de una dimensión contemplativa.
JP Y solitaria. Yo soy un solitario y un contemplativo, poco aficionado a hablar con la gente.
SP Pero es usted un conversador extraordinario.
JP Yo no sé nada de nada. Me gustaría saber cómo se las agencian estos profesores que no tienen nada que decir y que no de hablar, y que encima viven de lo que hablan. Es un curioso misterio, todo esto. ¿No le parece? Es como los médicos que sólo utilizan la penicilina. No va muy bien el mundo. Con esta leyenda de que todos somos iguales se cree que el mundo marchará, y la verdad es que hay muy poca gente que de verdad sepa algo. Quiero decir algo real. Llegará un momento en que la gente sabrá manipular un complicado mecanismo, pero no sabrá encender un fuego.
SP Usted ve el futuro con pesimismo.
JP Esto no quiere decir que el mundo deje de funcionar. Hay muchas cosas que van mal y que funcionan; quiero decir que funcionan sin ningún resultado. Probablemente la historia es una de estas cosas que funcionan sin ningún resultado.
SP De momento estamos aquí hablando usted y yo, y esto ya es algo.
JP Esto es mucho. Y se cultivan los campos y todo el mundo tiene una barra de pan cada mañana. El misterio de la barra de pan diario es muy grande. En este sentido hemos llegado a resultados importantes. Pero aparte de esto no creo que se haya conseguido nada más.
SP Ahora iremos a la luna
JP ¿Y qué quiere que vayamos a hacer a la Luna? Todo esto son historias para entusiasmar a los chiquillos y a los norteamericanos. Usted sabe muy bien que en la Luna no hay restaurantes y que el ambiente allí es de lo más inhóspito. Ahora bien : los chicos norteamericanos, que están hartos del Maine y del Connecticut y del atlas terráqueo, quieren la geografía de la Luna. A los chicos norteamericanos les divierte salir de su casa, y quizá por esto mantienen siempre alguna guerra fuera de su país. No interprete usted la historia a base de filosofías complicadas. La historia funciona así.
SP Yo opino que merece la pena ir a la Luna, tal vez por falta de alternativas, y porque cuando se profundiza en algo, sea lo que fuere, se profundiza en todo.
JP Seguro, seguro, puede ser muy conveniente. ¿No quiere comer cerezas? Las primeras no son muy buenas ; son las que se comen los pájaros.
SP Usted debe de ser un experto en agricultura.
JP Yo, desgraciadamente, no sé labrar, porque no me enseñaron ; pero trato bastante a los payeses de este país, que son gente endemoniada; gente que se defiende, gente complicada, desengañada, abandonada y pobre. Yo no soy más que un payés de la parroquia de Llofriu. A mí me hicieron estudiar, pero tal vez esto haya sido un error.
SP ¿Usted no cree que con su obra ha enriquecido a los demás?
JP ¿Yo? No, nada. Vamos; mi sentido del ridículo llega hasta aquí.
SP Sin embargo, ha de admitir que en algo ha contribuido a la toma de conciencia de su país.
JP Hombre, ciertamente yo he ido a la procesión de mi país. Yo he tomado parte en la procesión de mi país con una cerilla. Hay quien ha ido con una candela, quien con un hachón y quien con un cirio: yo he ido con una cerilla. He creído que había que ir a la procesión y he tomado la única cosa que podía llevar. Eso es todo.
SP ¿Cómo ve el futuro de España?
JP España es un país que está todavía en formación. Probablemente nos encontramos en el comienzo de su historia. Cuando yo nací éramos dieciséis millones a comer diariamente de la olla ; hoy somos treinta y un millones, y como que no hay más cera que la que se quema, la cosa ha cambiado. Por esto abrigo la esperanza de que las revoluciones que hemos visto en este siglo se hayan acabado ya, por aquello que decía Goethe que de la cantidad sale la calidad.
SP Esto lo dicen los marxistas.
JP Marx lo sacó de Goethe.
SP Usted, desde el ángulo religioso, ¿por dónde navega?
JP Yo, hasta la fecha, carezco de sensibilidad religiosa. Me encuentro como un mediterráneo más, y ya sabe que los mediterráneos no tenemos sensibilidad religiosa. Nosotros creemos aquello de que la vida es una aventura, a menudo desagradable, situada entre una Nada inicial y una Nada final. Esta frase es una tontería, pero es una frase inmortal. Nosotros, la religión la utilizamos cuando estamos enfermos y cuando nos tenemos que morir. No sé por qué.
SP ¿No cree usted que la alternativa está entre si la cosa funciona de alguna manera o si la cosa no funciona de manera alguna?
JP Ya sé que hay gente con sensibilidad religiosa que cree en la Providencia y en un Dios con barbas que dirige el mundo. A mí la teología me parece que no es nada. Con todos los respetos, me parece una mera elucubración del barroco, desconectada del mundo real. La religión ya es otra cosa. Probablemente la religión es una importante forma de acción.
SP Ahora tendríamos que hablar de su ética. ¿Cuál es su ética?
JP La ética burguesa corriente: la bondad. Yo creo que no he hecho nunca daño a nadie. Entiéndame : puede que haya hecho mucho daño sin enterarme ; pero, al menos, no he pedido nunca nada a nadie y he luchado contra lo que me parecía mal. Por ejemplo: yo he sido un gran adversario de la prostitución. Ahora bien, si usted me dice que el capitalismo es una inmoralidad colectiva, entonces le diré que yo estoy dentro de esta inmoralidad. Pero no creo que el comunismo resuelva nada.
SP ¿Qué opina de Jesucristo?
JP El Sermón de la Montaña es muy importante. Me parece que es lo más importante del mundo occidental.
SP ¿Cómo interpreta usted el Sermón de la Montaña?
JP De una manera literal. Que hay que hacer siempre el bien.
SP Pero el Sermón de la Montaña dice algo más. Sugiere una inversión de valores.
JP Es que el bien no es más que una inversión de valores. La gente está abocada a la maldad.
SP A buscar sólo su propio interés.
JP Eso, a la maldad. En general. Cuidado : le digo esto a beneficio de inventario.
...

jueves, 26 de junio de 2008

Una entrevista a Pla (I)

Aqui os presento parte de una de esas entrevistas que siempre me han gustado, de vez en cuando, releer: la que realizó en 1966 Salvador Pániker a Josep Pla para el fantástico libro Conversaciones en Cataluña. Viene, además, muy a cuento, después de la reedición que Kairós realizó, hace cuatro años, seleccionando algunas de las entrevistas de este libro y de su continuación, Conversaciones en Madrid. Espero que os interese.

JP Es muy ingenioso este aparato
SP Es un aparato alemán.
JP Los alemanes son muy ingeniosos; fabrican unos tornillos excelentes. Ello es una prueba de la inteligencia humana, que como sabe usted muy bien, es muy poca cosa.
SP Los alemanes han hecho algo más que tornillos.
JP Han hecho el idealismo alemán.
SP ¿Qué opina del idealismo alemán?
JP Que se puede interpretar de muchas maneras. Como la poesía de Riba.
SP ¿Usted cómo lo interpreta?
JP ¿La poesía de Riba?
SP El idealismo alemán.
JP Cuando se pone el artículo al final de la frase, el verbo se puede poner en presente, en pasado, en futuro o en lo que quiera, y entra usted en un galimatías espantoso. Es muy divertido.
SP No le gustan los alemanes.
JP Los alemanes son unos grandes científicos.
SP ¿Usted vive aquí todo el año?
JP Todo el año.
SP ¿No se encuentra muy aislado?
JP Yo tengo una edad descarada, tengo sesenta y ocho años; una edad absolutamente escandalosa. A esta edad todo es diferente.
SP Usted viaja bastante.
JP Me gustaría viajar más. Ahora estoy muy cansado ; mi madre murió hace quince días, y esto, claro, siempre produce una cierta cosa extraña. Pruebe este vino; no se si le gustará. ¿Le gusta? Lamento no poder ofrecerle otro; este año el vino no salió muy bueno. Llovió demasiado.
SP Es un vino excelente, y con su permiso me iré sirviendo a discreción.
JP Pues claro, beba hombre, beba.
SP Su madre tendría muchos años.
JP Ochenta y nueve. Mujer de gran carácter; una de estas mujeres de Palafrugell, que con el tiempo se vuelven morenas y un poco jorobadas. Una mujer de aquí. Típica. Pesaba treinta y seis kilos, por esto ha durado tanto. Comprendo el horror que le inspiran a usted los gordos. Es evidente que no le gustan los gordos. Pero usted trae unos papeles y querrá tocar una temática : venga, lea.
SP Le advierto que lo que quiero es charlar.
JP Y yo le advierto que soy un tipo —y perdone— bastante anticonvencional. No tiene usted que confundirme; a mí todo este mito del hombre de letras y la vida del intelectual de París, no me interesa nada. Lo odio. Al intelectual, en tanto que intelectual, lo odio. Es un ente que no tiene nada que ver con nada. Es un monstruo.
SP Funciona en el vacío.
JP No es nada. Nada. Y dentro sólo tiene una inmensa vanidad. Sin embargo, dicen que para vivir todo esto es útil.
SP No lo crea. Ni siquiera es útil para vivir.
JP Tampoco para vivir. Se engañan, pues.
SP No se lo digo con ánimo de halagarle ; pero, a mí, su posición me parece muy plausible.
JP Es que si usted se propusiera halagarme tampoco lo conseguiría.
SP Yo me he dedicado bastante a la filosofía y puedo asegurarle que la pura especulación es una trampa. Ahora me dedico también a la acción. Claro que una trampa la hay en todas partes, ¿no le parece?
JP Seguro
SP ¿Pero no estaremos hablando como si estuviéramos frente a un auditorio?
JP No le preocupe, esto. Es la única manera de hablar : con una cierta afectación, con un énfasis intelectual notorio, porque el léxico lo trae. Usted, en este momento, se ha convertido en un elemento del léxico. Contrariamente no nos entenderíamos y entraríamos en un extraño y confuso cachondeo. Me parece a mí.
SP A mí también me lo parece.
JP ¿Y usted ha publicado alguna cosa?
SP Artículos en revistas de filosofía.
JP Ah. ¿Conoce a aquel señor, aquel que ahora está en Madrid?
SP ¿Zubiri?
JP Vaya libro complicado el que ha escrito últimamente.
SP Muy escolástico.
JP ¿Usted ha estudiado a Santo Tomás?
SP Sí, lo he estudiado.
JP Buen asunto Santo Tomás.
SP Buen asunto.
JP Más buen asunto que el idealismo alemán.
SP El idealismo alemán también es importante.
JP También. Seguro.
SP Y Kant.
JP Seguro; pero Kant no era idealista.
SP Si me lo permite le diré que Kant es importantísimo porque lo cambia todo; Kant lleva el hombre al quirófano, lo desmonta pieza por pieza y lo vuelve a montar de una manera diferente, aunque por fuera todo quede igual que antes. En mi opinión, el que no ha presenciado esta operación quirúrgica no puede entender una palabra del mundo moderno.
JP Kant viene de los ingleses.
SP A usted le gustan los ingleses.
JP Tenemos mucho que aprender de ellos.
SP Ahora dígame: de la función del escritor, en el mundo actual, ¿qué opina?
JP En baja, en franca baja. ¿No le parece?
SP No lo sé.
JP Me parece que es una cosa tan agotada como la escultura griega. Teniendo en cuenta esta especie de media cultura que se va implantando por el mundo, la gente sólo leerá novelas policíacas. Cuando digo la gente quiero decir la masa. No creo en la igualdad humana; creo que la cosa funciona de otro modo. Éste es un tema sobre el cual nunca se habla; pero tenemos que reconocer que hay gente absolutamente cerrada. Y es que el hombre no es un animal racional; el hombre es un animal sensual. Por esto yo estoy en favor de las religiones.
SP ¿En favor de las religiones?
JP En el sentido de que la religión es una cosa antisensual.
SP ¿Cree usted?
JP Vaya si lo creo. ¿Usted no? Hablo de las religiones que conozco. No de las grandes religiones del Oriente. Aunque en la escultura religiosa hindú hay mucha sensualidad.
SP Mucha sensualidad. Pero se trata de una sensualidad mística. Igual que hay un misticismo que va hacia el cielo, hay un misticismo que va hacia la tierra. Son dos maneras de neutralizar la soledad del hombre.
JP Esta es la posición, sí señor. El recurso de la sensualidad es un admirable recurso, tan importante como el del idealismo alemán. La gente encuentra un camino en el comer, en las mujeres y en todo esto. Seguro. Un camino importantísimo, enorme. Yo todo esto sólo lo sé por lo que he leído.
SP Es un camino válido.
JP Usted dirá. Y quizás un camino mucho más humano que los otros caminos. Quizá. Es un camino que debe dar una cierta tranquilidad. Yo, desgraciadamente, he sido un hombre poco sensual. Es una cosa de la cual me arrepiento profundamente.
SP ¿Usted podría resumirme, en pocas palabras, las fases más importantes de su vida?
JP Sí. París : cinco años, ninguna relación con el mundo exterior, salvo el periodismo y la lectura. Me he pasado la vida leyendo. Sin resultado alguno, porque he leído a tontas y a locas. He leído cuanto me ha caído a mano.
SP ¿En qué época todo esto?
JP Yo llegué a París por primera vez el año 19, recién terminada la primera guerra mundial. Es el momento más grande de la historia de Francia.
SP ¿Y después de estos cinco años?
JP Me fui a Italia. Luego hice un viaje a Rusia; viví en Alemania durante la inflación ; estuve en Inglaterra, volví a España, y así hasta que llegó la guerra civil española.
SP Siempre como periodista.
JP Puramente como periodista. A base de mandar un telegrama diario a los periódicos. Cuando llegó la República me enviaron a Madrid, donde viví el experimento republicano español día a día, los años que duró. Ya sabe usted cómo acabó todo aquello. Ya sabe lo mal que acabó todo aquello. Horrible. La gente más inteligente del país, la gente oficialmente más inteligente del país, y ya sabe usted cómo acabó.
SP ¿Por qué fracasó la República?
JP Porque al parecer, en el mundo hay una especie de hombres, que los castellanos llaman tontos, pero que son muy listos, y otra especie muy lista, que son unos puros tontos. Esto ocurre en política. Creo yo. El nivel medio político del mundo es muy bajo; pero contiene cierto sentido común, un cierto instinto de no molestar a los demás y de no ocasionarles más sufrimientos del que ya tienen. Éste es el objetivo general de la política en el mundo. Éste y el mantenimiento de la paz.
SP ¿El pueblo desea la paz?
JP El pueblo desea que los restaurantes estén abiertos, que las cloacas funcionen y que haya sitio en los autobuses. Yo he visto a las amas de casa alemanas volverse histéricas en las colas del pan durante la inflación. Porque el caso es que todo tiene un límite. Esto de que el hombre posee una resistencia ilimitada es una leyenda, que probablemente inventó Plutarco, pero totalmente falsa y totalmente estúpida.
SP El hombre desea unas cuadrículas.
JP El hombre es un ser limitado, muy limitado. Creo yo.
SP Y después de la guerra, ¿usted qué ha hecho?
JP Después de la guerra, durante diecisiete años he vivido aquí porque no tenía pasaporte.
SP ¿Por qué no tenía pasaporte?
JP Por lo que sea. Un día se lo explicaré, porque es una historia divertida.
SP Sin embargo, usted ha viajado y ha publicado crónicas desde el exterior.
JP Cierto. Al cabo de diecisiete años saqué un pasaporte y entonces me llamó Vergés, el dueño de «Destino», que es un chico de Palafrugell, muy amigo mío, y me dijo: «¿Por qué no hace usted un viaje por Europa y nos cuenta cómo se vive por ahí?» Y salí y demostré que en Europa se vivía muy bien. Ésta es una de las pocas cosas positivas que yo he hecho en esta vida.
SP Recuerdo que usted enfatizaba la influencia de lord Keynes.
JP Seguro. La inmensa prosperidad europea es hija de lord Keynes. Esto lo entiende hasta una criatura.
SP ¿Por qué?
JP Porque si usted tiene una fábrica de pañuelos y sus propios obreros no tienen facilidad para comprar, tarde o pronto tendrá usted que cerrar la fábrica ; pero si usted va subiendo los jornales usted irá fabricando pañuelos indefinidamente. Es la manera de acabar con las crisis del capitalismo antiguo.
SP Si tuviera que citar a gente importante de nuestra época, ¿a quién citaría?
JP Primero Lenin. O, si lo prefiere, Marx. Después Freud : el descubrimiento de la sensualidad ha sido un fenómeno antibarroco muy importante. Luego Einstein. Y probablemente Keynes. ¿Está conforme? Y el papa Juan XXIII, que ha sido un tipo considerable. No le hablo del mundo oriental, porque lo desconozco. Siento gran simpatía por la India y por China. En cambio me atraen escasamente los japoneses.
SP Ah, caramba.
JP Japón me parece un país más bien desagradable; creo que los japoneses no tienen sentido moral. Pero darán guerra porque son muchísimos. Usted no puede llegar a imaginar la cantidad de japoneses que hay. Un amigo, que estuvo en el Japón hace poco, me dijo que siempre tenía la impresión de encontrarse delante de mil quinientos japoneses. Tanto si iba al campo como si daba un paseo en autobús, siempre había mil quinientos japoneses delante. Algo tremendo.


.....

lunes, 23 de junio de 2008

domingo, 22 de junio de 2008

Dos entrevistas a Eugenio Trías

Al hilo de la muy interesante entrevista que, hace unos días, realizó Fernando de Haro, para Popular Televisión a Eugenio Trías he comprobado que, además, circula por la red, otro diálogo con el filósofo barcelonés, dividido en tres artes (ver aquí, aquí y aquí) y realizado por A Parte Rei, revista de filosofía para la Asociación de Televisión Educativa Iberoamericana. Espero que os interese.

sábado, 21 de junio de 2008

Tadeusz Różewicz


Hoy quiero presentaros a otro gran poeta de la "Escuela polaca de poesía", Tadeusz Różewicz. Rózewicz, es sin duda, uno de los grandes poetas polacos junto a Herbert o Milosz. Aún así, Rózewicz, al contrario de muchos de los poetas de esta escuela, es un poeta del escepticismo, del alejamiento de los valores arraigados en su país (como podría ser el patriotismo o la religiosidad). Marcado radicalmente por la guerra, contempla el mundo desde el punto de vista de quien ve detrás de la inocencia, la pequeñez o la dulzura; el crimen, la bestialidad o la destrucción. Representa, además, un extremo formal de esa poesía: llevando hasta el límite el desarrollo de una poesía desnuda, lacónica, carente de rima y puntuación, que deja de lado el lirismo en favor de la imagen real. Precisamente el poema que os presento hoy, podría entenderse casi como un manifiesto de esta manera de entender la poesía.

EN LA SUPERFICIE DEL POEMA Y EN SU INTERIOR

Una blanca colina de sal
sobre un plato de cristal
las huellas de los dedos
los huecos las sombras
las chispas de los cristales

Blanca sal
en un plato
los huecos de los dedos
las sombras
el destello (de la luz)

sal
en un plato
las huellas de los dedos
las luces las sombras
el destello (de los granos)

en un cenicero
(ceniciento) se apagaron los fríos
terroncillos de ceniza
una colilla
blanquiamarilla aplastada
retorcida (arrugada)
la huella de unos labios

en un cenicero
terroncillos de ceniza gris
pagados (sin luz)
una colilla
blanquiamarilla
apagada con un dedo
la huella de una boca

en un cenicero
terroncillos tibios
de ceniza
una colilla blanca
apagada con un dedo
un rastro de carmín

Un tarro de mermelada
una masa rosada
con oscura humedad
en su interior
bordes transparentes
tras los bordes
oscuros granos

húmeda dulce
masa en un tarro verde
manchitas de luz
granos claros y oscuros

En un plato
de porcelana blanco
junto a un poroso limón
un huevo
dos tomates recubiertos
de piel tersa roja
en un plato blanco
un liso (pálido) huevo
un limón de interior transparente
dos tomates rojos

Una taza de té ya vacía
en la taza una cucharilla
los brillos de níquel
en el fondo de la taza
los negros posos del té

Una taza
de latón una cucharilla
húmedas marrones
hojas de té
una funda de gafas
azul
una agenda de bolsillo
con los números blancos
1970

Una mosca encima de una caja
(de cerillas) se limpia
las alas transparentes

un termo chino
gris plateado unos extraños signos
letras

pequeña naturaleza muerta
que disminuye calla
cura
duerme

la mosca golpea
pausadamente en el cristal
una gota horada una piedra

en un plato de latón
setas
marrones cálidos sombreros
rugosas raíces
cubiertas de tierra

pequeña naturaleza
muerta iluminada hasta la mitad
la otra parte en la sombra

la mosca golpea en la ventana
tras la que está
la gran madre naturaleza
con un grupo de árboles
y un camino
y un cartero
que se acerca
hacia mí (a mi casa)

EPÍLOGO DEL POEMA

Despacio cuidadosamente
hay que quitar las palabras
desnudar la imagen del cuadro
las formas del color
las imágenes de los sentimientos
hasta el meollo
hasta el lenguaje del sufrimiento
hasta la muerte

Hay poemas
internos
y poemas externos
hay poemas acabados perceptibles
echados
a la superficie
por la sabiduría por la rutina
rayos de cristal
claros
como la luz
pero hay otros
fluidos soñolientos
oscuros

(Traducción Fernando Presa González)

miércoles, 18 de junio de 2008

Provincianos

Rue Descartes

Bajando por la calle Descartes
Pasaba hacia el Sena, el joven bárbaro en el viaje
Intimidado por la llegada a la capital del mundo.

Fuimos numerosos, de Iassí, de Koloschbar,
de Vilna y Bucarest, de Saigón y Marrakech,

Con nuestra avergonzada memoria de las costumbres familiares
De las que aquí no era justo hablar con nadie:
El batir las manos para llamar a la servidumbre,

Y llegan corriendo las niñas descalzas
La comunión del pan con las bendiciones,
El Coro de las Plegarias exorcizadas por los amos y los domésticos.

Dejé atrás las provincias nebulosas.
Entraba en las universales, encantado, con admiración.

Luego, muchos de Iassí y de Koloschbar, o de Saigón o de Marrakech
Fueron asesinados porque se rebelaron contra de las costumbres familiares,
Luego, sus colegas tomaron el poder
Para asesinar en nombre de las hermosas ideas universales.

Mientras tanto, conforme a su naturaleza, permanecía la ciudad,
Soltando una carcajada ronca en la oscuridad de la noche,
Amasando los largos panes y llenando de vino las vasijas de barro,
Comprando en los mercados los peces, los limones y el ajo,
Indiferente, al honor y a la humillación, y a la grandeza y a la gloria,

Porque todo esto ya fue y se convirtió
En los monumentos que ya no eran de nadie,
En las arias o en los giros de palabras apenas perceptibles.
De nuevo apoyo los brazos sobre el granito hostil de la costa,
Como si regresara de un largo viaje por las regiones subterráneas.
Y de súbito viera girar en la claridad la rueda de las estaciones
Allí donde cayeron los imperios y los que vivían murieron,
Y no hay aquí, ni en ninguna parte, la capital del mundo.
Y todos las humilladas costumbres resucitaron de la desgracia.
Y sé ahora que el tiempo de las generaciones humanas no es el mismo que el de la Tierra.

Y de todos mis pecados graves, hay uno del que más me acuerdo:
Cuando una vez, en el sendero del bosque, junto al arroyo
Lancé una piedra grande sobre la serpiente enroscada en la hierba.
Y todo lo que sucedió después en mi vida ha sido un castigo merecido
Que tarde o temprano alcanzará a quien se atreviera romper lo prohibido.

Czeslaw Milosz (1980)
Traducción de Bárbara Stawicka-Muñoz.