"Si Vd. quiere hacerme hablar como etnólogo, le diría que lo que pasa en la Iglesia después del último Concilio me llena de turbación. Me parece, visto desde fuera, que se empobrece, o que se despoja a la fe religiosa (o a su ejercicio) de una gran parte de valores capaces de hacer vibrar la sensibilidad, que no es menos importante que la razón.Lo que me desconcierta es el empobrecimiento del ritual. Un etnólogo siempre tiene un respeto muy grande por el ritual.
Una sociedad religiosamente viva sería una sociedad capaz de enriquecer su ritual...
El etnólogo no conoce ni una sola sociedad sin dimensión religiosa...
No creo que una sociedad cualquiera pueda apoyarse sobre bases estrictamente racionales. Los hombres, para vivir juntos, tienen necesidad de algo más, de un sistema de valores que conservan al abrigo de toda "contestación" y que constituye un vínculo entre ellos.
El hombre es particularmente exigente respecto a los ritos: cuanto más cambia el mundo cotidiano, tanto más se acoge a la permanencia del rito. El contacto con lo sobrenatural engendra una emoción; la emoción exige y engendra el recuerdo de emociones anteriores. Todo cambio en los ritos provoca el estupor, la interrogación, hasta la incomprensión, la crítica y el rechazo. Es un grave error pensar que los ritos pueden degenerar en la anarquía sin que las creencias lo hagan también"
Entrevista en La Croix, Febrero 1978
