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jueves, 7 de mayo de 2020

"La Nueva Ola Madrizlenya" (JOB [Jesús Ordovás], Disco Exprés 495, febrero 1979)




La Nueva Ola Madrizlenya

El ROCK “MADE IN MADRID” representado hasta ahora casi exclusivamente por BURNING, COZ, LEÑO, ÑU, TOPO, MAD, CUCHARADA, MOON y otra media docena de grupos que siguen más o menos el mismo esquema rockero, le han salido unos hijos que no quieren saber nada del rock pesado y duro que hacen los grupos de marras. ¿Por qué? Porque tienen su propio rollo, hacen su vida por otro lado y se montan sus propios festivales y tinglados.

Son la NUEVA OLA POP-ROCKERA MADRILEÑA, que, nacida de las bodas incestuosas del POP y del ROCK que se ha hecho aquí y allá, prepara otra ofensiva de incalculables proporciones y de singulares aportaciones. Cuando surgió el RAMONCÍN, después de tirarse un año o así ensayando en húmedos e inmundos sótanos de Vallecas, nadie se podía imaginar que el cheli iba a cotizar en la bolsa de valores comerciales casi tanto como Camilo Sexto, que tendría su columna en LA CODORNIZ o que se montaría a las espaldas del mismísimo UMBRAL.

De la misma forma, nadie puede aventurar donde estará EL ZURDO (una de las mentes más preclaras de la nueva ola madrileña) dentro de un año, o si los grupos surgidos de las cenizas de KAKA DE LUXE y otros de similares características conseguirán romper aguas y materializar todas las ideas que tienen.

Pero por lo pronto, los grupos que hay ya formados y que han debutado, en algún caso, en festivales y en el santuario del rock de la Capital del Reyno (M&M) son cuatro. A saber: PARAISO, NACHA POP, ZOMBIES Y ZUMBETTES y ALASKA Y LOS PEGAMOIDES.

El Paraíso del Zurdo

PARAÍSO es el grupo de EL ZURDO, un personaje imposible de definir y clasificar (a medio camino de VAINICA DOBLE y DEVO) que trae más imaginación que ritmo al panorama poprockero hispano-marroquí. KAKA DE LUXE fue, en buena medida, su experiencia más POP, aunque él la recuerda como un INFIERNO y es por eso que a su nuevo grupo lo ha llamado PARAÍSO. El grupo lo formó a raíz de la disolución de KAKA DE LUXE, y es el más numeroso de toda la Historia de España desde la invasión de los moros: son doce, trece, catorce o quince.

¿Qué cuantos de KAKA se fueron con él a PARAÍSO? El tío responde sin pestañear: "Pues la mayor parte, o sea yo". La mili se llevó a uno y Alaska a los demás. El Zurdo consiguió reunir a buena parte de PARAÍSO poniendo anuncios en Disco Exprés, Sal Común y otras revistas, y pasándose por los programas de FM más abiertos a la cosa. En el anuncio decía: "PARAÍSO, grupo en la línea de BLONDIE, MODERN LOVERS Y DEAD SCHOOL... busca gente en Madrid, tenemos algunas cosas sobre que trabajar, da igual el grado de experiencia, no somos profesionales (por ahora)".

No contestó mucha gente, y llegar a reunirse todos los que son ahora para ensayar les llevó más de dos meses. Pero el grupo es ya una realidad, aunque un poco vaga y el otro día se presentó en la discoteca M&M. Lo más característico y sobresaliente de PARAÍSO es que la guitarra eléctrica la toca Isabel, una chica con pinta de punki que aporta más “imagen” que versatilidad con el instrumento. Otra característica de este peculiar PARAÍSO del Zurdo es que junto a “Isabel-la-Punki” coexisten y colaboran músicos de variado pelaje y experiencia (ex-sinfónicos, ex-yaseros, popis y punkis).  O sea, lo que podía haber sido KAKA DE LUXE, "pero a lo bestia", según expresión del propio Zurdo, al que entrevistamos y fotografiamos en el garaje que ha alquilado el barrio de LAVAPIÉS.

"Queremos ser lo que fueron LOS BEATLES en su momento" -dice descaradamente y sin ambages el Zurdo. Para añadir a los cinco segundos: “Vamos a ser los TUBES de España, porque la Orquesta Mondragón no va por ahí. Los Mondragones van de ibéricos y nosotros de ibéricos nanay. Tenemos un repertorio de lo más marchoso: hacemos unas versiones feroces del MONGOLOIDE de DEVO, el Top of the Pops de los REZILLOS, Hermano Dame Una Moneda, Camina No Corras, el instrumental ese de los Ventures, una de X-RAY SPEX y otra de los CARS. Todas en castellano, por supuesto. Y el resto de las canciones del repertorio hasta quince, son nuestras. Hay rocanroles años 50, temas lentos en plan VELVET UNDERGROUND, piezas chicles, etc.

El ZURDO además ni siquiera tiene respeto por los montajes punkies: “Hemos dedicado una canción a SID VICIOUS Algo Le Pasa a Mi Beibi, en la que nos cachondeamos del montaje que hay en torno al VICIOSO, eso de que el pobrecito va a pasar a la cárcel y va a sufrir mucho, cuando todos los viejos rockeros han estado en la cárcel y nadie les ha limpiado los mocos. Además, personalmente creo que ha matado a su beibi

Alaska y los pegamoides

Por su parte, Alaska y LOS PEGAMOIDES, la otra facción de EX-KAKAS DE LUJO, intentaron montar un festival A BENEFICIO DE SID VICIOUS. O sea que no coinciden con el ZURDO en ésto; ni en otras cosas. Su actitud es más provocativa y menos razonada. La aparentemente espontánea estrella del grupo es, obviamente, ALASKA, una chica de dieciséis años más bien bajita que toca la guita y escucha Dinamita (el programa de radio más fuerte y descarado que realiza el Doctor Champú, que ha tomado partido rotundo y concluyente por Nueva Ola, al igual que los demás disyoqueis de la Onda Dos FM de Madrid).

¿Pero por qué es ALASKA la estrella del conjunto -y no sólo del conjunto de la Nueva Ola Poprockera hispano-portuguesa-? Pues porque la chica se lo monta estelar, porque va por la calle llamando la atención de la gente con sus ropas multicolores, sus aditamentos y sus chicos también multicolores, porque es una tía en un mundo en el que hasta ahora todo lo hacemos los tíos y porque es una cachonda y le hecha bastante cara al asunto.

Pero eso no es todo: la tía ha escuchado cantidad de grupos ingleses, yanquis y eslavos de la Nueva Ola y se ha fabricado una imagen en la línea de POLIESTIRENE del grupo X-RAY SPEX, de SIOUXSIE & THE BANSHEES, de BLONDIE y de otros grupos, grupillos y grupetes de tal guisa.

Ella y LOS PEGAMOIDES también posaron para nuestro fotógrafo en el mismo Lavapiés -aún siendo de un barrio de clase la más chic- y demostraron tener bastante imaginación a la hora de hablar de sus influencias, posturas y actitudes. Entre los grupos preferidos de ALASKA y LOS PEGAMOIDES están, además de los de marras, ERIC EL TRAVIESO (Wreckless Eric), ADAM y SUS HORMIGAS (Adam & His Ants), CABARET, OBJETOS ESFÉRICOS y EL ENCHUFE CON SUS CABLES de Mánchester.

¿Pero quiénes son los PEGAMOIDES? “Pues unos seres de goma de otro planeta que acompañan a Alaska aquí en la Tierra”, recita Campoamor. En realidad son casi todos EX-KAKA DE LUXE, pero dejan que lo diga yo. Ellos siguen dando más detalles sobre la estructura de pega de los PEGAMOIDES. Que son inmunes a todo lo sintético y están hechos de espuma detergente y fibra sintética...

¡DEVOTEORIA PARA LOS MASS MEDIA! -digo. “No-contesta Alaska, casi ofendida- más bien POLIESTIRENOTEORIA"

-¿Y cómo dejasteis un nombre ya conocido por el Alcalde Madrid como era el de KAKA DE LUXE por otro todavía desconocido?

Responde Campoamor: "Pues para no liamos a tortas con la casa de discos".

Y si antes erais PUNKIS, ¿ahora que sois? ALASKA Y LOS PEGAMOIDES A CORO: "¡Punkis evolucionados!"

Zombies y Zumbettes

Los ZOMBIES son contemporáneos de KAKA DE LUXE (RIP por la KAKA y por el LUJO y bienvenidos sean los nuevos híbridos), pero ya no son los mismos que antes. Antes reconocías a los ZOMBIES porque siempre iban juntos un tipo muy grande y otro delgadito. El grande se fue. Pero sigue el delgadito, que ha reorganizado el grupo, y el delgadito no es otro que Bernardo, el Zombie por excelencia, la cara del grupo, que canta, toca la guitarra, compone y habla. Tiene un sentido curioso e inimitable de como posar en el escenario, pero cuando está fuera de las tablas no parece el mismo: es parco en gestos y palabras, tímido, nervioso; pero tiene “estilo”.

Al igual que los otros tres grupos de la Nueva Ola Poprockera Made in Madrid, los ZOMBIES (o sea, Bernardo, que es el que marca la dirección de la cosa) recrean y adaptan los esquemas anglosajones a su gusto y posibilidades. Así, Bernardo está en la onda de ENO, TELEVISION, MAGAZINE y DAVID BOWIE, aunque luego los ZOMBIES no intenten ser una imitación de ninguno en particular. Lo suyo es hacer buen POP-ROCK. Y de todos es sabido que el POP-ROCK de CALIDAD y con ESTILO está por ahí.

Los ZOMBIES se presentaron el otro día en M&M y realizaron unas curiosas versiones de clásicos del POP (como Poison Ivy y Needles & Pins), temas instrumentales cortos y contundentes (nada de vaguedades) con las ZUMBETTES a los coros, y canciones propias de títulos obsesivos y elocuentes: SUCIO AMOR, AUNQUE ME DEJES ERES MI NENA, LA INVASIÓN DE LOS MARCIANOS ROSAS, EL RAPTO, EL FRECUENTADOR DE LA OSCURIDAD, NO PUEDO LIMPIAR LA ALFOMBRA PORQUE ESTOY ESPERANDO UN NIÑO, y otras, como A LA SOMBRA DE UN BANANO de Vainica Doble.

Buenas canciones para escuchar, y para bailar, sobre todo si están las ZUMBETTES animándote.

Las ZUMBETTES son dos chicas bien puestas que salen al escenario y se sitúan en el centro y en primer plano, moviéndose con el suficiente estilo como para invitarte a bailar. Pero además tienen una peculiar forma de cantar; gimen, hacen insinuaciones eróticas, maúllan como gatas, gritan. Y fuera del escenario se hacen las marcianos. Estuvieron haciéndose las marcianas, maullando durante una hora, en Radio España FM Onda Dos, hasta el punto de exasperar a varios tíos que escuchaban la emisora, que llamaron para decir al realizador del programa -yo mismo, por ejemplo- que lo que hacían los ZOMBIES y LAS ZUMBETTES no tenía raíces.

Ese tío acertó. Evidentemente, los ZOMBIES y las ZUMBETTES no hacen ROCK CON RAÍCES. Hacen POP-ROCK por NARICES.

Nacha Pop

Tres cuartos de lo mismo hacen NACHA POP, que no es un grupo de tías, como pudiera pensar cualquiera, sino un cuarteto de tíos vestidos con cazadoras de cuero negro y vaqueros. Cuatro chavales que estudian en el Liceo Francés, lo cual ya te dice que son hijos de clase media o alta, al igual que casi todos los ZOMBIES, los PEGAMOIDES y demás POP-ROCKEROS DE LUJO. ¿Cómo coño sino iban estar al día de todo lo que hacen los grupos ingleses yanquis y croatas? Porque tienen posibilidades, tiempo y ganas de divertirse y ven en el POP-ROCK que se hace en Londres o en Nueva York una rica fuente de emociones, fantasía e inspiración. Algo que no tienen casi ninguno de los grupos rock madrileños, que se expresan más burda y pesadamente, con más metal pero menos gracia.

Aunque NACHA POP también le dan fuerte al metal, sólo que no en pesado y reiterativo, porque en lugar de haberse comido el coco con PURPURAS PROFUNDAS y SABATINAS NEGRAS han mamado los discos de POP que les pone su amigo Mario Armero, también disyoquei de la FM Onda Dos madrileña; discos de los Raspberries, Kinks, Beatles, Elvis Costello, Graham Parker... y REGGAE, también un poco de buen Reggae.

O sea que ya lo sabes: Esta es la onda de NACHA POP -el nombre viene que ellos se llaman entre sí como si fueran carrozas, y el que más pita es el Nacho que es un popi; todavía no se han presentado en M&M, en el santuario, pero lo harán un día de estos. Y ese día debes de estar allí, si quieres saber como se lo hacen los de la Nueva Ola Poprockera.

Así que, se acabó eso de que en Madrid sólo hay chelis o sufridos rockeros de barrio que te dan el muermo y la paliza con lo jodidos que están. Hacía falta un poco de humor, sangre joven, grupos de tíos y tías con ganas de moverse y de romper moldes. Y aquí están. Son tuyos.

JOB, Disco Exprés 495, febrero 1979, pp. 23-26.

martes, 30 de octubre de 2018

Arranque de la Nueva Ola/ "Movida" madrileña (II): "Madrid por el lado salvaje" de Oriol Llopis (Star, 1977, nº 28 y 30)


Madrid por el lado salvaje

Mis amigos dicen que no debería seguir predicando tan descaradamente las excelencias marchosas de  Madrid, ahora que estoy de vuelta en Barcelona... sabes, me consideran un poco como un “renegado”. Pero si tú sabes pasar de regionalismo y otras estupideces me disculparás. Por mi parte, procuro ser lo más imparcial posible. A mí me gusta el rollo que envuelve al Rock’n Roll, y si en Madrid se desarrolla mejor que otros sitios, pues para que quitarle méritos.
La cuestión es que durante un año he hurgado lo suficientemente profundo por la capital del reino, me he pasado lo suficiente y he hablado lo necesario como para poderte asegurar que las huestes de los “boy-scouts” o las oleadas de gurús prefabricados no han hecho estragos. El rollo que se llevan los castizos es, a grosso modo, menos mental, más físico, más “p’al cuerpo”. Más espontáneo, en suma. ¿Por qué? Esto es lo que hay que averiguar, esta y otras cuestiones son las que tienes —o intentan tener— su respuesta aquí, rememorando un pasado y un presente que se desarrolla en el marco ideal para las aventuras del siglo XX: la ciudad.
La personalidad, los rasgos, el carácter de una persona o una sociedad se crean y evolucionan por este extraño y voluble fenómeno que son las influencias. Y una ciudad, los cambios que se producen en ella, las innovaciones y las corrientes que paulatinamente va siguiendo no pueden mantenerse al margen de las mencionadas influencias. Detroit no sería como es si en su barriga no hubiesen instalado esas monstruosas factorías de automóviles que son la General Motors, Buick, Cadillac, etc.; la agresividad de esta ciudad tiene un porqué, su personalidad está influenciada por el hecho de que casi la totalidad de las personas cuya edad oscila entre los dieciséis y los veintidós años —comprobado— tienen que currar en las cadenas de montaje. ¿O.K.? Otro ejemplo podría ser Ámsterdam: puente de enlace entre la mercancía que proviene de Asia y el mercado Europeo, era de esperar que su ambiente se caracterice por una sensación de pasote gordo casi instituido... y así podríamos ir sacando a relucir muchos ejemplos. Vamos ahora a la ciudad de Madrid, y por lo tanto deberemos buscar las influencias que la han determinado.
Pero primero y antes que nada tengo que contarte los medios de que disponía para captar un poco el movimiento de la metrópolis, su historia y sus —tal vez— frustradas ambiciones. Yo no soy de allí, y la cronología de un madriles marchoso contada por un forastero puede hacer desconfiar a cualquiera (aunque, por otra parte, garantice la ausencia de chauvinismos); es muy posible, y desde luego, muy lógico, que no aceptes la crónica de unos acontecimientos que ocurrieron en el 65 si yo te he dicho que no estaba allí. De hecho, con mis propios ojos solo he vivido la temporada 76-77, y que de hecho ha sido precisamente lo que me ha impulsado a procurarme en exclusiva las confidencias de un hijo legítimo de la City, un castizo que ha vivido toda la historia por el lado salvaje, el marginado, el que plasma mejor como piensa y cómo evoluciona un chaval espabilado que intuye y se revuelve contra las presiones de la ciudad, la eternamente odiada y querida ciudad.
El tipo en cuestión, que prefiere mantener su nombre en el anonimato por razones obvias, y al que llamaremos —suena bien— el confidente enmascarado ha vivido la época de la violencia callejera suministraban gratuitamente las bandas de barrio, ha visto un evolución hacia épocas más idealistas pobladas de Kerouacs y Ginsbergs, ha sentido en su alma el resurgimiento del Rocanrol Way of Life y, finalmente, ha saboreado el dudoso placer de intuir que Junkie, el libro de W. Burroughs, empieza a ser la Biblia de algunos sectores oscuros.
La personalidad
Después de darle vueltas y más vueltas a la cosa, por mi parte he llegado a la conclusión de que los puntos básicos que han influido en la personalidad de Madrid, que la han ido delineando y coloreando son tres: el carácter de los castizos (desde luego, mucho más vacilón que el de un proletario barcelonés, por ejemplo), el asunto de la inmigración en masa de familias a la capital y, por último, el fenómeno que merece más atención por sus especiales características: la base americana establecida en Torrejón de Ardoz. Este último punto fue quizás el que influyó más decisivamente en el hecho de que Madrid tomara un cariz marcadamente rockero. Y esto es serio. Se pueden pasar épocas en que el adjetivo rockero sea más o menos aplicable, pero una ciudad, una persona rockera lo es para toda la vida. El rock no puede enrrollarte una temporada y dedicarte a la siguiente al ping-pong, se es rocker para toda la vida. Y en Madrid para esto, el barniz rockero —afortunadamente— permanece siempre, intocable por las corrientes metafísicas, intocable por el jazz-rock, intocable por la moda de los partidos políticos. (Aunque de hecho el rock sea también un partido político, el más importante).
Me he perdido un poco... estábamos hablando de las influencia recibidas por la ciudad. Por partes. En primer lugar, el temperamento que desde siempre ha caracterizado a los madrileños... los “pichis”, esos casi mitológicos y legendarios macarrillos castizos fueron los tatarabuelos de los colóquelas que pululan hoy por Madrid, y desde luego no podían haber tenido antecesores más ejemplares, más picaros y más aleccionadores en cuanto a la forma de enrrollarse. El vacile por espíritu deportivo, por “amor al arte” se viene practicando en la capital desde principios de siglo, nada menos. Y la sangre de los “pichis” corre hoy por las venas de los que montan tenderetes en el Rastro, arman broncas rocanroleras en los Colegios Mayores y organizan la Cascorro Factory. Y esto influye en el ritmo, la cadencia, el estilo con el que se hacen las cosas... 
Otro factor es el de la inmigración. Como centro de confluencia y meta de miles de familias provincianas, la ciudad se ha visto poblada por otra ciudad, como un mundo conteniendo en su interior otro mundo, el formado por extraños, andaluces (otro carácter que también se las trae), maños... además, el fenómeno de la inmigración afecta casi exclusivamente a la capital, con lo que la despoblación de la provincia es progresiva, y sucede exactamente lo mismo con los municipios de las provincias vecinas. La sucesión demográfica de la ciudad de Madrid está creando desde hace más de una década lo que se ha dado en llamar el desierto central, en contraposición al oasis madrileño.
La consecuencia de todo esto es que el estilo de vida que vamos a contar, el que nos interesa a ti y a mí, no ha sido diseñado y forjado exclusivamente por el madrileño nativo. La personalidad del ambiente no proviene de una sola dirección, no se ha desarrollado únicamente desde el interior, sino también desde el exterior.
Imagínate el caso de una familia que llega de Cáceres arrastrada por el padre, ansioso de empleo en la capital, y todas las connotaciones que ello implica: suegros, tías, la instalación en un bloque del extrarradio... y, sobre todo, los hijos: media docena de chavales gamberretes ávidos de las emociones fuertes que —no lo dudan— va a depararles la gran capital. Poco controlados, la escuela es poco visitada, cambiando pronto los libros por discos, las alpargatas por botines puntiagudos, la regla y el bolígrafo se transforman en algún peine de proporciones exageradas. Y estos chavales no se quedan al margen de la marcha ciudadana, sino que se sumergen en ella encantados, atraídos por el “rollo” del mismo modo que a sus padres les fascinarán los grandes almacenes o la anchura de las calles. Y así es como Madrid adquiere un colorido heterogéneo. compuesto de andaluces que fabrican pulseras en la calle, chicos que sus padres han enviado a estudiar a la capital, dibujantes de posters que esperan encontrar en la ciudad su gran oportunidad...
Este fenómeno me recuerda invariablemente, salvando las distancias, al que se produce en Nueva York. (Oigo gritos: "Rhhaaáááü! Sacrilegio! ¿Qué está diciendo este animal?"). Pero déjame continuar un poco, a ver si nos ponemos de acuerdo. Yo me estoy refiriendo al hecho de que N.Y., es una delirante macedonia de portorriqueños, negros, téjanos, chíchanos, californianos... cada uno aporta su granito de arena, algo de estilo “vacilón” característico de su tierra, y así es como se crea el sello de la ciudad, entre los extranjeros y los de casa. Del mismo modo, en Madrid sucede un fenómeno parecido: el gallego que conociste hace dos años en Ibiza está allí, el japonés que recogiste haciendo autostop en una carretera rural está allí, el valenciano loco del festival de Burgos también está allí... ellos contribuyen a elaborar la “marca” que define de algún modo la ciudad, y juegan un papel tan importante como los propios madrileños.
Y llegamos ya al tercer fenómeno que ha influido en el colorido de los madriles. La base americana. La instalación yanqui en Torrejón de Ardoz fue algo decisivo en la educación de la juventud de la capital... fue el puente ideal, el enlace perfecto entre la moda de América y la devoción con que aquí esperábamos todo lo que oliese a USA.
De Estados Unidos, vía Torrejón de Ardoz, llegaron los Blue Jeans, rebautizados como “téjanos”, acabaron con los pantalones de tela corriente, y llegaron las máquinas del millón, que destruyeron el imperio de los futbolines. llegaron los junke-box, más adelante los equipos de discoteca, las luces psicodélicas, los Bloody Mary... los yanquis, quizás sin saberlo, cerraban de un carpetazo una época para iniciar otra, más al día gracias a las “novedades” que traían de contrabando a la ciudad los fines de semana.
El ayer
Retrocediendo en el tiempo, los primeros datos marchosos empiezan a aparecer entre el 63 y el 65. En esta época no hay ni boîtes ni discotecas, mi filmotecas, ni nada. Prácticamente todo aquel que tiene entre quince y dieciocho años debe optar entre las actividades diocesanas de la parroquia de su barrio, apuntarse a las reuniones sabaderas de la Falange o la O.J.E. hacerse niño pijo declarado o.… ir a unas dudosas "salas de baile". Como es obvio que los buenos muchachitos que escogieron las primeras opciones que he mencionado no son, evidentemente, los que contribuyeron a la historia de un Madrid marchoso, vamos a olvidarnos cortésmente de ellos, dedicando toda la atención a los aficionados a los bailongos domingueros. Estos eran "La Paloma", "El Parral", "La Casa de Córdoba" y "Los Jóvenes". Unas salas de baile extremadamente perniciosas para la salud, tanto moral como física. Porque en estos antros, los que mandan son la banda del Rata, los Ojos Negros o Los Espigas. Viene del barrio de Vallecas, de Palomeras, las zonas más agresivas de Madrid... acudir a estos bailes con una mujer era un suicidio, desde luego. “Ten por seguro que te la levantaban”, me comenta el confidente enmascarado. Si uno de los Espigas se empeñaba en que tu amiguita bailase con él, ya podías despedirte de ella, porque no la volvías a ver en toda la tarde. Y no era cuestión de resistirse o cederla, o lo aceptabas por las buenas o te dejaban el cuerpo golfo.
Por esto no abundaba mucho la presencia femenina en estos antros, excepto en el "AZAR", que terminó llamándose "La Flor de Azahar", debido a que allí era el único sitio donde se atrevían a entrar las feúchas, los cardos del barrio, con la inútil esperanza de pescar entre los golfos algún novio con el que refugiarse en las últimas filas del cine vecino.
En estos locales se respira una tensión indescriptible. Uno tiene la sensación de que está sentado encima de una bomba de tiempo, sabes seguro que va a estallar, aunque no tienen ni idea de cuándo. Cualquier excusa —un empujón involuntario, un vaso que gotea sobre la impecable camisa floreada es válida para empezar el follón. Entonces es la desbandada general, ningún escondrijo te garantiza segundad... y menos con la certeza de que hoy ha venido la banda del Mescua, los del Bar Sol y Aire, y la técnica que emplean no te deja títere con cabeza: por la espalda, y botellazo en el coco...
¿Por qué este rollo de bronca agresiva? Amigo, la gente en aquella época no sabía nada del chocolate, sino que se castigaban el cuerpo con anfetaminas, con fármacos baratos —Totinales, Dormidinas— que se consiguen mediante historias raras contadas a los dependientes de las Farmacias. Y este ritual implicaba toda una historia: la selección de la farmacia, esperan que no hubiese ningún cliente en el interior, que el farmacéutico sea un bonachón despistado... sólo entraba uno en el establecimiento, desde luego. Los demás esperaban en la esquina. A veces sale bien, a veces hay que empezar de nuevo: “Me lo iba a dar pero ha salido el de las gafas y ha dicho que sin receta no, el muy c.…” Ahora te toca entrar a ti, no yo ya entré ayer, la imparable discusión hasta que al fin uno se decidía, y de nuevo la historia: “Para mi abuela, no hay forma de que duerma por las noches...”. Te podías pasar la tarde del sábado así. 
La cuestión es que las anfetas, digeridas con un par de cervezas, eran las estrellas principales de la fiesta. Por esto el aspecto de la sala era, en conjunto, el de una película a cámara rápida, los nervios a flor de piel, codazos, empujones, te pasa algo tío, a mi no, y a ti, vete con cuidado, macho, a ver si… Y a las nueve la escapada en masa por parte de los “civilizados”: la orden paterna era a las diez en casa, sino se acabó el salir... Pero los “malos” se quedaban, ellos no tenían que asistir a la cena dominical, y esto era un privilegio envidiable. De hecho, la valía de los padres se medía por la hora que te fijaban como tope para regresar a casa. Tus padres eran en caso de no ponerte límites de horario el modelo ideal que tus amigos mostraban a los suyos como ejemplo a seguir...
Además, empieza a ser imprescindible trasnochar si se quiere vivir el ambiente que hay en estos sitios nuevos que están abriendo. Estamos en 1965, tío, y Nika's y Caravell son las primeras salas en las que se aprecia una buena voluntad por ambiental el local, darle una personalidad propia. Son ya algo más que cuatro paredes y un tocadiscos destartalado, aquí hay ambiente!
***
Es entonces en el 65 cuando empiezan a aparecer los conjuntos “yeyés”... algo más que la simple orquestina de acompañamiento para bailar, porque los integrantes de esos conjuntos musicales eran jóvenes, como sus auditores, y se vestían como ellos... eran como ellos. Y en una revista que se llamaba “Mundo joven" aparecían fotos de ellos, contando lo que les gustaba y lo que no, en unas entrevistas deliciosamente idiotas. En Madrid se empezaban a forjar los primeros ídolos nacionales de la música “yeyé”, con sus respectivos seguidores, con sus fans minifalderas que les pedían autógrafos y-cómo no-sus correspondientes clubs de admiradores. Por aquella época los Gatos Negros exhibían sus hermosas y oxigenadas greñas rubias (Todos eran rubios, recuerdas?), y el rockero Michael Rivers, futuro Mike Ríos, futuro Miguel Ríos balanceaba sus caderas y el idioma en que cantaba sus rocks, pasando del inglés al español sin ningún tipo de prejuicios. Otros famosos eran Los Continentales, Los Estudiantes (Fernando Arbex incluido) y, sobre todo, Los Botines, que se llevaban la palma y los favores de las jovencitas, aprovechando la ventaja que les proporcionaba el tener un hermoso cantante de ojos románticos y melancólicos...Camilo Sesto. Porque por si no lo sabías, el bueno de Camilo también pasó por su correspondiente época de cantante-rockero-en grupo-revelación.
Actualmente Nika’s, enclavado en Avenida de las Américas esquina Cartagena, es un bar de barra americana.
Pero la gente piratilla, que le había cogido el gusto a este tipo de locales, pronto se trasladó a otros sitios que estaban abriendo sus puertas, nuevos locales que ofrecían emociones más fuertes. Se habla de los Rolling Stones, esos tipos que llevan el pelo más largo y más sucio que los Beatles, se habla en Londres, donde la gente se fuma los canutos tranquilamente en la calle, y es obligado darse un garbeo por las tardes por Picadilly, en la calle Corazón de María, donde entras y casi no ves un palmo a tu alrededor, porque aquello está cantidad de oscuro, y hay luces rojas, y aquello parece un infierno, y ponen la música a todo trapo y huele tela de mosqueante y... en Picadilly empezó a aparecer un nuevo personaje de la película el “dealer", el vendedor de rollo, que se hacía un recorrido determinado, pasando por la cervecería de la Pza. Santa Ana. Si no lo atrapabas a las seis de la tarde, allá debías esperarlo por la noche en Picadilly. A veces venía, a veces no...
De todas formas, la campanada la dieron un par de años más tarde La Linterna, hoy convertido en un mesón, y Stone‘s. La Linterna, junto al metro de Callao, fue el símbolo de uno de los momentos más significativos del Madrid salvaje, porque instauró el primer “recorrido”, el primer barrio propio de los freaks. Eran unas manzanas en que había todo lo necesario: los locales con música y cerveza donde mojar tu boca pastosa, los oscuros y acogedores callejones donde, con la emoción que provocaba la novedad del ritual, se hacían los primeros contactos con el negro de la Base que “tenía”, y además el folklore, el sentirse uno más entre otros como tú, el poder pensar joder, tío, esto parece el Dome de Ámsterdam, vaya vacilón se trae la gente... y ya los primeros atisbos de una cultura marginal en toda regla, una cultura que iba perfeccionándose lentamente, enriqueciéndose, tomando consciencia de sí misma. Maduraba. Porque la gente empezaba a sentir inquietudes, aunque no nos perjudicaba directamente la guerra del Vietnam era indecente, se descubría una nueva literatura, la de Kerouac... la gente se empollaba “En el camino" y el “Do it" de Jerry Rubín circula de mano en mano.
La cuestión es que La Linterna era la pasada más grande de Madrid. Tenía este delicioso anticonformismo, inocente informalismo que caracterizaba todo lo que planeábamos en aquella época., a algún loco se le había ocurrido llenar el local con ventiladores giratorios, supliendo las aspas por bombillas de colores. Y las tuberías de agua, los cables de electricidad y todo tipo de tubo conductor había sido dejado al descubierto, y pintado de colores chillones. Era el estallido del Pop, la primera moda pensada por y para la gente “informal”, esta moda que tan sutilmente panfletaria “Qui êtes-vous, Polly Magoo?”. Pero estábamos hablando de La Linterna. La gente lleva allí sus propios discos, especialmente alguna joya comprada de segunda mano a algún mecánico americano, de la Base inevitablemente, que se está deshaciendo de su discoteca... Y los discos adquiridos de esto modo son cosas inimaginables, estábamos acostumbrados a unas portadas convencionales, y de repente las portadas psicodélicas nos aturdían. Luego nos enteramos de que existía una cosa, llamada ácido, diferente a todo lo demás... este acontecimiento fue uno de los que marcó más a esta sociedad, este pequeño refugio que nos habíamos creado. En Madrid se tripa cantidad a finales de los sesenta. Y si la música de los Doors, te reducía de tamaño, o el delirio de Cream estrechaba las paredes de tu habitación, siempre te quedaba el recurso de perderte por los jardines de la Moncloa, tan oportunamente próximos, tan acogedores...
Porque la naturaleza, el contacto con el campo es algo que se descubre con la filosofía hippie, tan influenciada por el orientalismo. Se planean escapadas a Ibiza, esta lejana Ibiza de la que tanto hablan los que han estado allí, utópica, ideal. Pero por sus características de ciudad instalada en la meseta, para la gente de Madrid era mucho más difícil acercarse al rollo mediterráneo y balsámico que prometían las Islas Baleares. Para ellos fue algo aún mucho más mítico que para los freaks de la costa, pues para los madrileños era casi inalcanzable. Además, contrariamente a los pasados de Barcelona, ellos no tenían la posibilidad de huir hacia pueblecitos de la costa redimidos del mal trip, de la ciudad, no tenían un Cadaqués, ni Calella, ni, sobre todo, una Floresta soleada donde continuar la historia iniciada en invierno. Poco dinero significa poca autonomía, poca autonomía significa no poder llegar muy lejos... y los pueblos cercanos a la capital de España no son precisamente el sueño de todo freak naturalista que desee un rollo sano. Si realmente uno quería huir de la ciudad, la escapada suponía un mínimo de 300 kilómetros, toda una odisea de autostop y noches en la cuneta.
Por esta misma época se montan las primeras organizaciones. destinadas a contactar y traer los grupos extranjeros que hacen “música progresiva”. “M.M.”, ahora llamado tal vez con un exceso de pomposidad “New Concert Hall M.M.” consigue montar los primeros conciertos internacionales y subterráneos de la capital. Van actuando sucesivamente los primitivos y gloriosos Soft Machine, Kevin Ayers, Blodwyn Pig, Chicken Shack... grupos que de momento son de segunda fila, pero que prometen.
Éramos los primeros, joder, los pioneros, grita el confidente enmascarado mientras su vaso de cerveza se tambalea peligrosamente. Éramos los pioneros. Nos sentíamos un poco colonizadores, los colonos del rollo en la ciudad, en el país. Muchos ya habían soltado a sus padres el discurso explicando porque creían que era mejor abandonar los estudios, inscribirse tal vez en una academia de Bellas Artes... y algo en nuestro interior nos hacía sentir un poco héroes, un poco mártires. Las tiendas de discos, las librerías, eran de una pobreza absoluta, siempre faltaba lo que nosotros considerábamos primordial. Estábamos mamando desesperadamente dos estímulos que provenían del exterior, de la vieja y mitificada Europa, de la soleada y hippiosa América. Lo que nos interesaba era difícil de conseguir, pero de todas formas sentirnos “incomprendidos”, en el fondo, nos encantaba...
Aunque a finales de los sesenta siguen existiendo las bandas de buscabroncas, estos ya tienen sus propios locales de reunión. Porque al contrario que en un principio, ahora ya hay sitios para todos los gustos. Y los que se consideran marginados por una sociedad que, a su vez proclamaba a gritos la marginación de la que era objeto, éstos se agrupan en Stone‘s donde se revive la violencia y la agresividad de otros tiempos. Porque allí acuden portorriqueños por un lado y americanos de la Base por el otro. El cóctel, como te podrás imaginar, resulta explosivo. Y además de explosivo, es la paranoia. La policía empieza a querer controlar las historias... hay primeras detenciones por consumo, peligrosidad social, atentado a la salud pública... Por no mencionar otras bandas, de características muy especiales—aunque fácilmente reconocibles— que por esta época se dedican a entrar en los bares de piojosos, y haciéndose pasar por policías de paisano, se lían a provocar, pedir documentación y repartir leña a diestro y siniestro. Fue la primera gran época de paranoia ciudadana. Se empezó a ver claro que no se podía ir de inocente por el mundo...
La muerte de Jimi Hendrix y Janis Joplin, en 1970, marcaba la desaparición de dos grandes músicos, junto con algunas esperanzas. El desengaño era el sentimiento principal con que se inauguraban los setenta. La generación de Wright y Woodstock se marchitaba.
Hoy
A las utopías y los movimientos que van contra una corriente o una dirección convencional siempre les dan palos. Y a las personas de iguales características, no digamos. En San Francisco, si mal no recuerdo, se hizo-hace ya muchos años —cómo pasa el tiempo— un entierro simbólico del movimiento "hip", con ataúd y todo. En Madrid, y de hecho en todas las ciudades donde existiese un movimiento contracultural se hizo otro tanto, aunque con menos aparatosidad, pues cualquier manifestación artística, cualquier tipo de reunión se interpretaba inmediatamente como algo de matiz subversivo y disuelta a mamporros. Así, el idealismo filosófico fue borrándose lentamente de nuestra historia, fue languideciéndose en silencio sin poder hacer nada, el ejemplo que nos había dado el frustrado Mayo del 68 parisino era desalentador.
Mucha gente que conocíamos empezaba a “echar raíces”, y todo fue perdiendo su carisma “batallador”, ese espíritu de lucha sorda que al principio definía tan bien nuestro rollo.
No creas que con esta parrafada he pretendido crear la introducción para anunciar la muerte del madriles marchoso, ni mucho menos. Al contrario. Se planearon —y se intentan mantener— proyectos realmente interesantes, aunque el problema de la pasta siempre termina echando por tierra muchas ilusiones. El más ambicioso y prometedor ha sido el de acondicionar el Ateneo Politécnico para conciertos, exposiciones, actuaciones de grupos de teatro independientes... y, además, han tenido el detalle de brindar a los grupos de música un local donde ensayar. Naturalmente, los intereses de su aparición, y parece que el Ateneo va a ser el metro de Prosperidad, el Politécnico podía haber sido —de hecho aún puede serlo— una castiza Factory warholiana, pero...
De todas formas, dejémonos de historias tristes, tío, estaría bien terminar esta biografía (bastante confusa, no lo niego) del Madrid marchoso con la evocación de dos zonas donde aún hay acción a punta pala. Una, naturalmente, es el Rastro, especialmente los domingos por la mañana. La crema y nata de la “punkitud” madrileña se da cita allí, amén de algún que otro Jesús freak despistado. La producción de Comix marginales es delirante, Carajillo Vacilón, Mmm, Bazofia, y, sobre todo, las paridas que organiza la Cascorro Factory, que hay que reconocerlo, a pesar de estarse arruinando intenta mover a la gente. Si lo consigue o no es cosa tuya. Y sobre todo, el Rastro es revitalizador, porque te hecha en toda la cara que el rrrollo no está muerto, sigue vivito y coleando, planeando historias raras tales como "El Pollo Urbano” (cuya presentación en sociedad fue el delirio), armando broncas rocanroleras en el Colegio Maravillas, montando teatro callejero... El Rastro es, desde luego, el pulso de Madrid.
La otra zona de acción es más física, menos creativa que el Rastro. Pero muy vacilona. En un vagón de metro encontré un grafiti que aludía a la zona en cuestión de una forma definitiva. De hecho, la mencionada inscripción refería un problema salarial, pero lo que más me chocó fue el doble sentido que tenía la frase, pues al mismo tiempo. que el lío político, retrataba humorísticamente la marcha de pasote gordo que hay por allí. El grafiti chillaba:

"¿Quieres suicidarte? no uses una pistola:
Vete a Urrera y la muerte viene sola".
Porque Urrera es mortal, tío. Es el último recorrido del pasadete que queda en Madrid. Recuerdo que en Barcelona ha habido dos o tres recorridos que han pasado a los anales de la historia. Uno era el de la Pza. Real, otro fue el de la Plaza del Rey, y uno de los últimos fue el que, pasando de la Enagua a Araña, finalizaba con un canutillo en el Turo-Park. Otros tiempos...
Pero estábamos hablando de Urrera, de los bajos de Urrera. Allí hay una veintena de pubs con la música a un volumen muy aceptable, aunque desde luego no es un barrio recomendable para los amantes del jazz-rock ni para seguidores de gurús y derivados, pues es difícil doblar una esquina sin encontrarte con cuatro siluetas y una brasa que circula en sentido giratorio. En Urrera los sábados aún es la fiesta. El niño pijo de Serrano, el vacilón que está haciendo la mili en Madrid, el artista, el traficante, todo el mundo que compone la fauna de la City se reúne por allí.
Esto es, a grandes rasgos, la historia de Madrid por el lado salvaje. Las comparaciones son odiosas, pero si recurrimos a ellas nos daremos cuenta de que Madrid tiene una marcha mucho más fuerte, más pesada que otras ciudades. Su condición de callejón sin salida, de opresión sin solución posible, es quizás el factor condicionante que la han obligado a adoptar esta postura de agresividad en su comportamiento. Para unos esto será precisamente lo ideal, otros lo rehuirán mosqueados. No se puede recomendar una cosa a todo el mundo, porque no va a satisfacer a todo el mundo... Yo me he limitado a darte una serie de datos. Tú, con ellos puedes hacer lo que quieras. De nada.
Dedicado al “Malaguita”, compinche de tantas noches locas en Argüelles.
Oriol Llopis, Star, números 28 (pp. 4-6) y 30 (pp. 31-33). 1977.

miércoles, 31 de enero de 2018

Paco Morales entrevista a Guillermo Pérez-Villalta (La Luna de Madrid, nº 1, noviembre de 1983)



La estancia en la pintura de Guillermo Pérez-Villalta
Pérez-Villalta enseña las pinturas de sus últimos años en las salas Pablo Picasso del paseo de Recoletos desde mediados de noviembre a finales de año. Y qué más apropiado para este primer número de La Luna que mantener una entrevista con uno de los valores más sólidos de la nueva pintura madrileña, aunque haya nacido en el Sur y lo sienta como suyo. Una conversación que empezó sobre una pintura concreta y acaba concretando sobre principios de la Pintura.
EL CUADRO
¿Cómo se llama este cuadro?
La Estancia.
¿Cuándo nace?
Bueno. Hay un momento primero del cuadro, como el más lejano, el más remoto, que fue un día en Málaga. Un momento con una especie de gran borrachera. Un momento muy particular mío en que cogí el cuaderno de apuntes que tenía al lado y garabateé un dibujo que en un principio se llamaba "Málaga es letal", que fue el primer título del cuadro. Luego se llamó "Vino amargo" y ha terminado llamándose "La Estancia". Ese dibujo se quedó en ese cuaderno y lo olvidé por completo. Es durante mi hepatitis cuando se gesta el cuadro, pues un día estaba mirando ese cuaderno y de pronto descubrí el dibujo y me devolvió toda la imagen que lo generó. Y cogí de nuevo el cuaderno y garabateé otros dibujos que sí son realmente el germen del cuadro. Lo primero no tiene apenas parecido con el resultado final. Hay un germen anterior y una historia posterior que es mi meditación durante los meses de cama. De él quedan los tres personajes que aparecen en el cuadro, dentro de una habitación en la que estaba yo en aquel momento con una historia muy dramática y muy sentimental. Había una ventana por la que se veía el Paseo Marítimo de Málaga, que en principio iba pintado a modo de tarjeta postal, sobre el muro, pero fue eliminado en la evolución del cuadro.
Hay dos personajes en un muro y otros dos, más corpóreos, en primer plano...
El cuadro es una disquisición sobre mi propia soledad, los otros personajes son recuerdos o son imágenes. No son reales. El único personaje real en aquel instante soy yo. Más que yo, la habitación, la estancia, el tiempo que transcurre en la estancia es lo exclusivamente real.
El simbolismo es bastante claro. El personaje que está tumbado-dormido es una reflexión sobre mi propio descanso durante la hepatitis. En estos momentos de estar tumbado yo imaginaba lugares placenteros o sitios y momentos agradables. Siempre imaginaba que era verano y que estaba en el sur. Que estaba durmiendo la siesta después de bañarme, y eso queda. El personaje está en bañador, en el bañador que utilicé ese verano. Y hace un poco de referencia a eso, al mundo ideal, o de la ensoñación o de la belleza o del placer en un sentido casi estético. El dejarte ir a ese lado como agradable y ataráxico de la vida... El otro personaje, que es el mismo, está representado como una figura de pasión. Está realmente inspirado en un Cristo sevillano que se llama el Cristo del Perdón o Cristo de la Misericordia, no me acuerdo muy bien, y hace referencia al lado sufriente, intenso, al lado mental, dramático por decirlo de alguna manera.
El personaje interior está en la estancia cerrada, bajo arcos, y el durmiente se halla bajo un emparrado al aire libre. ¿Es el mar el placer y la pasión lo construido?
No, no es necesariamente el mar, lo placentero es un sitio caluroso y agradable en el verano. Ese es el lado bueno. El otro personaje, que no es necesariamente el lado malo, representa lo pensante, que a veces me puede gustar más que el otro.
En el lado placentero hay una especie de bodegón, unas copas. Es de lo poco que queda, tal cual, de la idea originaria. La copa que está encima de la paleta hace referencia al abandono de la pintura por el placer vital. Para mí la pintura tiene que ver más con el lado sufriente, con el no vital. El hecho de pintar me supone siempre una pérdida de vida; del estudio para adentro, cuando pinto, la vida queda fuera, y la copa supone la vida. Pintar tiene un lado para mí incluso negativo. La mayoría de las veces pintas porque no vives.
El personaje sufriente se halla sobre un abismo representado por la fuga de las baldosas...
Se trata de dar la idea de depresión. La pérdida de tu suelo, de tu pie, esa cosa de la caída. Es similar al primer personaje del cuadro "La Primavera". Está cayendo, le faltan los pies... La parte del Ecce Homo estuvo dominada desde un principio por la escalera en espiral que tiene para mí un simbolismo muy fuerte y aparece en muchos de mis cuadros desde hace tiempo como referencia a la perpetua evolución hacia arriba. Con el proceso del arte, o con el de la vida, siempre estás dando vueltas hacia arriba sobre el mismo punto. Estás en el mismo sitio, pero cada vez tienes más experiencia, estás más alto. Esta escalera está pintada mal a propósito. Toda la perspectiva de la escalera es falsa, porque el punto de fuga de todas las líneas que la componen está en el corazón del personaje. Quizá la existencia de esa curva de la escalera me lleva a crear ese espacio curvo que hay detrás, que es el Templo, donde entra un extraño rayo de luz, un poco místico que cae justamente sobre el centro del círculo, que es el lugar sagrado.
Mientras el lado recto de la otra parte del cuadro es la idea mediterránea un poco tópica. No se sabe por qué pero la recta siempre es un poco tranquilizadora. La ortogonal funciona siempre como elemento claro; las coordenadas matemáticas son perpendiculares y sobre ello se monta la idea de un orden lógico.
Y la iluminación del cuadro, ¿qué papel juega?
Hay dos luces en el cuadro. Una que incide sobre el Ecce Homo, que es además la luz general del cuadro, por donde todas las sombras que se arrojan vienen dadas por esta luz, que es muy intensa, amarilla, una luz como de interior, de meditación. La otra, la que entra por la ventana es como el rayo de luz de las anunciaciones. No es la misma luz, es blanca, es una luz mística.
Además de estos dos personajes, que son tú, hay otros dos sobre el muro...
Los dos personajes del muro son personas reales, aunque estén caricaturizados. Entra aquí una iconografía muy del barroco español, el juego de representar a una señora como santa al hacerle un retrato. Aquí todos los personajes están jugando un poco a eso. Son retratos y están representándose a sí misinos, pero a la vez, representan ideas. El Ecce Homo es a la vez un Ecce Homo y soy yo. Y si no no tiene sentido la historia. El personaje desnudo del muro es báquico, o sacado de una bacanal. En la cuestión de las tres caras hay otro juego. Una mira hacia delante ignorando al personaje al que corona de espinas. Otra mira al frente y la tercera, que está dibujada en rojo mira hacia atrás, ignorando a su vez las otras dos. En el personaje báquico hay un cambio y es que cortina al otro con espinas, aunque también lleva una corona de pámpanos y hace referencia a la dualidad que hay en el amor entre el lado hermoso, agradable y vital y el lado sufriente, de pasión. Porque una situación amorosa siempre es doble.
El segundo personaje del muro, que se apoya en el primero representa lo transitorio de toda la situación y es el centro del cuadro, ya que el cuadro es en el fondo una divagación sobre el paso del tiempo. La sensación del infinito paso del tiempo en una habitación, que fue mi hepatitis.
Y el cordero sobre un arco iris...
El cordero tiene dos sentidos, primero como víctima que se inmola (el cordero pascual) y todo el cuadro es un tema sobre un personaje que se inmola, que soy yo, y segundo tiene forma de hígado y está pintado de amarillo, que es el lado sufriente del momento en que pinté.
El arco iris es accidental. Yo creo que en un cuadro intervienen siempre tres factores: lo meditado, lo accidental y lo inconsciente. Puede que yo haya meditado mucho todo el cuadro, pero lo accidental tiene gran importancia. Si en un determinado momento, yo veía que compositivamente a este cuadro le faltaba algo y en ese instante yo estaba eufórico y puse el arco iris como símbolo de la buena esperanza, pues tiene mucho sentido. Además une con una línea dinámica dos personajes, el motivo de las copas no lograba comunicar una zona con otra. Y si de pronto encuentras un elemento así, que además tiene mucho que ver con mi vida, me parece que es un hallazgo.
Todo el tema del cuadro es el tema de la pasión, del amor como pasión, y en este sentido el personaje plácidamente dormido es en el fondo el más estúpido de todos.
Fuera ya del juego iconográfico y representativo, hay otro juego técnico en las diferentes formas de pintar que se hallan en el cuadro.
Sí, claro. Los dos personajes míos son realistas, con dos realismos distintos. La figura sentada pretende ser más pintura clásica española, más barroca, más pensando en un Ribera o en un Zurbarán, y el personaje dormido está más en la línea de una determinada pintura académica del siglo XIX. De un Alma Tadema, de un Sargent, de un cierto Sorolla, que es la pintura que mejor pintó la realidad. Yo siempre digo que en el siglo XIX se pintó maravillosamente nada.
La parte del muro, aunque con las veladuras posteriores ha desaparecido algo, es una abstracción en toda regla. Pintada además "comme il faut", con brocha gorda y echando los chorreones de pintura. En los personajes del muro hay una reflexión sobre la manera de pintar de Kitaj, de cierta última pintura americana y de ciertos modos transvanguardistas.
Todo esto está representado, es algo que me encanta hacer, porque se supone que la pintura moderna es real. Que cuando se pinta sobre un lienzo es el lienzo lo importante, porque no hay intento de crear un espacio ilusorio. Y justamente al estar pintando en un muro, que además no es el primer plano estoy metiendo la irrealidad. Me interesa una irrealidad que se supone que es real. Una pintura de chorreón que no está realmente en el lienzo, sino en un segundo plano dentro del cuadro. El realismo supone un juego irreal y puedes hacerlo sin ningún problema.
Aquí, como en mucha de mi pintura, hay un juego, muy barroco español por otra parte, del cuadro dentro del cuadro, de la pintura dentro de la pintura. Esto es algo conceptual totalmente.
¿A qué proceso se somete el espectador al acercarse a una obra así?
El espectador tiene que hacer un trabajo mental. Se le dan bastantes pistas, eso sí, para que deshilvane la historia, pero ha de usar de su propio trabajo.
Hay una cosa que me he dado cuenta... el autorretrato del personaje sentado no es tan bueno, y eso despista un poco. Porque en el durmiente todo el mundo me reconoce y en el otro no, lo cual me da rabia, porque yo quería que la sensación de dualidad se notase inmediatamente. Pero hay datos para que la realidad más teorética se entienda. La parte más "íntima" no me interesa que se entienda y si se entiende, pues muy bien, porque esa es la que me ha motivado en principio a pintar el cuadro. Pero el resultado es el cuadro como tesis, la experiencia es el principio.
LA PINTURA
¿Qué tal eso que se denomina "la cocina"?
Ya te he dicho que el hecho de pintar me parece una pesadez tremenda, lo maravilloso es el írselo imaginando y ver cómo resuelves todos los problemas. Yo cuando pienso un cuadro, tengo una imagen primaria-primaria que está bullendo dentro de mi cabeza que es lo que quiero contar. Ocurre que no sé cómo pintarlo.
Hay un momento en que me surge la chispa pero no sé exactamente qué es. Veo la imagen plástica de esa obra, veo una distribución. Ese es el momento del garabato, quizá aún no muy concreto, pero si lo bastante claro para saber la distribución de las cosas. Hay veces, aunque pueda parecer formalista, que me viene una imagen plástica que no sé qué es, una imagen plástica puramente. Ese cuadro aún no lo pinto. Y llega un momento en que esa imagen aparece unida a algo que me afecta y ahí nace un cuadro. También me sucede exactamente lo contrario. Una idea que me afecta se convierte en imagen plástica, y yo la dejo bullir en la mente hasta que llega el momento del garabato, y empieza un proceso analítico puramente, de trabajo fundamental, para mí maravilloso. El momento de los bocetos es el más creativo, mientras voy distribuyendo las cosas, las voy dando color, aquí va esta forma, esta imagen va allá, este círculo se opone a este triángulo, esto pesa más que esto otro. El momento de labor propiamente de cabeza mientras vas comprendiendo que el cuadro ya está.
Luego viene la cuestión de pintarlo, en donde interviene la frescura o pesadez de la materia, la intensidad del color, la textura... Me he dado cuenta últimamente que yo la pintura-pintura la encuentro un poco ñoña. Viendo la exposición de Bonnard, que es una buena y maravillosa lección de pintura te preguntas: ¿Hay algo aquí?
La idea es lo primero, y es válido, para las Artes en general, lo segundo; el garabato, para las artes plásticas en particular, y lo tercero; la ejecución, es lo moderno, el placer de la pintura, la pincelada, la soltura... A mí me parecen la mayoría de las veces puras necedades. Dices: Sí, sí, efectivamente es un cuadro muy fresco. Yo me pongo delante de un lienzo con un brochón y pinto cuadros muy frescos, maravillosos (yo lo sé hacer) de muy buen color y bien hecho..., pero es que eso a mí no me interesa. Prefiero que me quede un cuadro torpe, porque está lleno de dudas, de problemas y de agarrotamientos. Eso que se llama "fresco" y "lleno de pintura" a mí me parece bastante antiguo.
¿Es acaso la pintura para ti algo gratuito?
No. Lo mínimo que se le puede pedir a un pintor es que sepa pintar, y a partir de ahí ya veremos. Que un cuadro esté bien pintado no quiere decir que sea un buen cuadro. Los del XIX pintan como dioses, pero ¿qué pintan?... Es que no hay nada en esa pintura.
Cuando yo me pongo a pintar en el lienzo, hay casi una especie de acto reflejo.
Voy cogiendo los colores sin pensar: Este color es, este color no es. Es más sencillo. Si vas a pintar algo que está recibiendo una luz de sol poniente ya sabes que es un amarillo-naranja, y sabes cómo va a ir pintado eso. Sabes que para las sombras hay que ir poniendo unos pigmentos que normalmente serán violáceos-verdosos porque para la luz son amarillo-naranjas. Se sabe que las formas cuando se alejan van difuminándose. Hay una serie de reglas que están como adquiridas... Cuando tú conduces no estás pensando si metes la primera o la segunda, o si aprietas el embrague o el acelerador. Vas conduciendo. Sólo hay que pensar el itinerario antes de emprenderlo.
Lo que pasa es que uno no es tan buen pintor. Yo me encuentro con miles de problemas que no sé resolver. Y eso es parte de la maravilla que es pintar un cuadro, si no, seria aburridísimo. Ya te digo que pintar me interesaría bastante poco si no fuera por esos problemas. Cuando ya sé pintar algo, dejo de pintarlo inmediatamente, porque ya lo sé pintar. Tengo un proceso de escalera en espiral, por el cual voy aprendiendo nuevos datos que añadir a mi bagaje. Con el tiempo, y si no me cobijo en una terrible depresión terminaré pintando bien, por ahora voy tirando. Tenía un terrible problema a mediados de los 70; ni puta idea de cómo pintar figuras. Me he pasado los últimos años con la figura humana, olvidando la perspectiva, que ya domino. Sé crear unos espacios de una archicomplicación tremebunda, pero no me interesa. Sin embargo el hecho de enfrentarse en 1983 a una idea de anatomía que no sea representativa, sino expresiva, o plantearse el escorzo de un nuevo modo me hace seguir pintando.
Hay varias maneras de plantearse la figura. La más sencilla sería "a lo Hockney". Consiste en hacer una fotografía de la persona y pintar algo muy suelto basado en una representación realista previa: la fotografía. Para mí esto sólo es interesante en los momentos en que te interesa dar esa connotación específica. El primer cuadro donde me planteo algo así es "El pintor y la modelo" de 1975, en el que aparezco yo de espaldas pintando (pintado de un modo realista) una mujer representada de modo caricaturesco, una figura femenina que es como un Picasso de cachondeo. No podemos repetir el cubismo porque ya está hecho, podemos tenerlo en nuestro bagaje, pero no repetir el mismo proceso analítico-disgregador que ya hizo Picasso. Bueno, pues esa primera figurita, al hacer ese proceso aprehensible a los ojos, fue un rollo enorme de meditación, porque me planteé una figura realista que no era tal.
El siguiente paso viene en "El discurso de la verdad", donde hay un personaje con los pies muy pequeñitos y una serie de deformaciones espaciales dentro de la figura que me alucinaron muchísimo. Me encontré en ese cuadro con la solución al problema de cómo expresar un espacio únicamente con la figura. En el cuadro "Personajes a la salida de un concierto de rock" vuelvo de nuevo al lado picassiano que me interesa menos en sus resultados finales. A partir de "El discurso de la verdad" vuelvo a mirar intensamente la obra de los manieristas, Pontormo sobre todo, y me di cuenta de lo que quería hacer con la figura humana. En "La melancolía", el cuadro del Museo de Arte Contemporáneo, llegó por primera vez a figuras que son naturales e innaturales a la vez.
¿El mero acto de pintar te divierte?
Exclusivamente el oficio me daba placer hace unos años, me lo pasaba muy bien. Ahora me interesa el proceso mental de la pintura. No me interesa la pintura de acción. Pollock y todo eso son como un desenfreno, como una orgía y a mí no me dice nada la pintura aniquiladora, sino más bien una pintura que funcione como un rosario. Vas diciendo "ora pro nobis", "ora pro nobis" veinte veces, como algo tántrico y mientras, una parte de la mente te va funcionando maravillosamente.
Para que me surja un cuadro me tienen que pasar cosas, y a partir de aquí empezar a generar el pensamiento. Pero si me dedico a pintar y no me ocurre nada, mi pintura no existe ni puede existir. Echo en falta la pintura que a la vez me dé vida.
LA EXPOSICION
¿Qué diferencias hay en tu obra desde tu última exposición en Madrid?
Hay un ciclo que comienza en el primer cuadro de la otra exposición "San Jorge matando al dragón" y que acaba en el "Jasón” que es el punto central de ésta. Es un ciclo muy coherente, que va siendo cada vez más introspectivo hasta llegar a unos grados mentales exorbitantes. A partir de aquí se produce un cambio fundamental en mi pintura y en mi vida, y empiezo a trabajar de un modo totalmente distinto. Los primeros cuadros de esta exposición tienen que ver mucho con la última. "La noria" es una meditación sobre el mundo artificial frente al natural. Es un personaje que bebe agua de la noria, y no del río. "Los augurios y el azar" va sobre la relación tiempo-orden y sobre lo que puede haber de orden en lo casual. Luego hay un ciclo que iban a ser tres cuadros y se quedan en dos, "Ícaro" y "Faetón" que tratan sobre los peligros del artista, fundamentalmente sobre el más grave, que son las elucubraciones del propio artista al ir buscando cuestiones cada vez más complejas.
El peligro de locura que eso puede conllevar. De aquí paso a "La melancolía", que es el final de este ciclo: la meditación artística acaba siendo la melancolía, y de la melancolía surge el arte. La melancolía es muy difícil de explicar, es un estado que no es ni euforia ni depresión.
Estos devaneos terminan siendo el cuadro del "Jasón" con el que tuve la visión clara de para qué servía la pintura. Desde entonces la pintura se convierte para mí en un proceso de conocimiento. Te vas trasmutando con ella y acaba siendo el soporte de tu evolución. Ya la pintura no tiene sentido ni siquiera como elemento de producción de placer. Sólo queda el hecho de que yo "veo" ahora más que hace tres años. Y a partir de saber qué es la pintura empiezo a hablar con ella y a saber cómo puedo manejarme apoyándome en ella. ¿Y de qué voy a hablar?... Pues voy a hablar de mí, de lo que me pasa. Aquí pinto "La Primavera" que es el primer cuadro en que empiezo a contar mi vida utilizando una serie de iconografías y de elementos pictóricos.
Ahora sólo me mueven las cosas que me producen chispa, me mueve la Pasión. El Hecho Artístico y mi propia vida se han convertido en algo único. Ahora vivo en mi propia "Estancia".
PACO MORALES, La Luna de Madrid
nº 1, noviembre de 1983, pp. 21-23.