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jueves, 13 de octubre de 2022

"El mundo de Europa oriental: una trágica pérdida de tiempo, de personas y de energía." Entrevista de Gabriela Adameşteanu a Ioan Petru Cualianu (22, núm. 13(63), 5 de abril de 1991)

 

"El mundo de Europa oriental: una trágica pérdida de tiempo, de personas y de energía." 

Entrevista de Gabriela Adameşteanu a Ioan Petru Cualianu  


Gabriela Adameșteanu: ¿Cuántos años tenías cuando marchaste de Rumanía?

Ioan Petru Culianu: 22. Como tu revista.

G.A.: Probablemente eres el único que se fue con esa edad, lo que te permite formar parte, de una manera más profunda, del nuevo mundo en el que te integraste.

I.P.C.: Ya antes vinieron otros. Por ejemplo, Andrei Codrescu. También es un gran escritor, y también es alguien apreciado extraordinariamente como reportero en los Estados Unidos. Como poeta es notable, pero su éxito no proviene de la poesía, sino del hecho de que muy a menudo retransmite para la National Public Radio, una estación de radio muy escuchada por la intelectualidad. La radio estatal en los Estados Unidos no tiene mucho dinero (solo las radios privadas tienen fondos importantes), pero hace programas de muy buena calidad. Y Andrei Codrescu es uno de los garantes de esa calidad. Conmigo es diferente. Escribo en seis idiomas; y cuando se escribe en seis idiomas, no se tiene, en realidad, un idioma propio.

G.A.: ¿Seguiste escribiendo literatura durante estos años?

I.P.C.: Escribí, y dejé de escribir. En realidad no tenía un idioma en el que escribir.

G.A.: ¿Cuándo se empieza a escribir en un idioma se pierde el otro?

I.P.C.: Creo que sí. Se tiene que decidir bien en qué idioma se escribe. Me marché a Italia, así que conozco muy bien el idioma italiano, pero solo últimamente escribo en italiano, porque es completamente diferente escribir cuando escribes para ti y cuando te piden que escribas algo. Obtuve dos doctorados en Francia, escribo mis libros científicos en francés, pero dudé mucho en escribir literatura en ese idioma. Eventualmente comencé a escribir en francés, pero publiqué en Italia. Las cosas no siempre salen como uno las planea. De hecho, casi nunca salen así.

G.A.: ¿Dejaste de escribir en rumano inmediatamente después de irte?

IPC: No, no. Escribí varias novelas en rumano que después deseché. Y me alegro de haberlo hecho: me di cuenta que es una extraordinaria suerte no tener que dar una salida inmediata a lo que uno escribe.

G.A.: ¿Es una oportunidad?

IPC: Sí. A veces creo que escritores muy prolíficos han tenido la desgracia de poder publicarlo todo.

G.A.: ¿Te refieres también a Mircea Eliade, en algunas de las prosas que escribió aquí?

IPC: Sí. Pero en su caso era una situación completamente diferente. Hubo muchas peticiones por parte de los editores.

G.A.: Pero no todos los escritores de la época escribieron un libro tan rápido. Él mismo confesó, en Las promesas del equinoccio, que después se arrepintió.

I.P.C.: La parte fantástica de la prosa de Eliade sigue siendo, en todo caso, muy interesante. En sus diarios afirma que escribió cierta prosa fantástica más rápido de lo normal. Aún así no creo que la velocidad sea necesariamente la culpable.

G.A.: ¿Escribes rápido?

IPC: No. Hace tiempo escribía muy rápido. Pero las historias siempre necesitan su tiempo. Crecen poco a poco, como las plantas. Aunque eso probablemente tú ya lo sepas. En cierto modo, cuando empiezo a escribir, la planta está ahí. Sé lo que es, y lo que tengo que decir, pero no empiezo a escribir hasta que no lo sé. Por esa razón no se debe escribir demasiado.

G.A.: ¿Seguiste lo que sucedió durante este tiempo en Rumania?

I.P.C.: Lo seguí con creciente dolor, desde la primavera. O desde el invierno. Al principio, muy al principio, no sospechaba nada. Tan bien aborregados estábamos por quienes organizaban el gran guión de la Televisión. ¿No?

G.A.: Durante los primeros meses del año pasado vivimos (como casi todo el mundo) con la impresión de que nuestra “buena” Televisión se estropeaba cada dos semanas. Más tarde empecé a pensar que tal vez ya todo empezó a ir mal con las primeras imágenes.

IPC: Sí. Pero el guión había sido muy bien estudiado. Se decía que era la operación de la KGB más exitosa y espectacular desde la retirada del ejército soviético de Afganistán. Obviamente, la KGB tiene una tradición bastante importante de éxitos, especialmente en el extranjero. Aunque dentro de la Unión Soviética parece que o está perdiendo terreno o planteando guiones muy... inquietantes.

G.A.: Sin embargo, la gente salió espontáneamente a la calle. Y esa es también la tesis de România Mare: que no hubo revolución.

I.P.C.: No sé cuáles son las conclusiones extraídas por România Mare. Yo saco la conclusión de que România Mare existe precisamente porque no hubo revolución. Si hubiera habido una revolución, România Mare no existiría. Por supuesto que la gente salió a la calle, pero eso también estaba previsto en el guión. Creo que desde el punto de vista del desarrollo del guión fue un gran acierto. Pero a medida que los corresponsales occidentales comenzaron posteriormente a hacer notar las inconsistencias, comenzando por las víctimas que no eran víctimas, sino de la morgue y...

G.A.: Pero murieron más de mil personas...

I.P.C.: Sí, pero es muy curioso cómo murieron algunas. Aunque la Securitate se había puesto del lado del Gobierno Provisional, se enviaron autobuses con guardias de la Securitate para apoyar al ejército, el ejército abrió fuego, cayendo todo el autobús. Por lo que entiendo, muchas de las víctimas, diabólicamente pensadas, eran discapacitados; gente que se metió en ese autobús para que se produjera un derramamiento de sangre. Es el plan más terrible que se pudo estudiar y llevar a cabo.

G.A.: ¿Pero por qué había que derramar tanta sangre?

I.P.C.: No lo sé. Será la especificidad nacional. Si la dictadura de Ceaușescu forma la especificidad rumana, entonces seguramente se necesitaba algo de sangre. Pero estas son solo suposiciones.

G.A.: Estoy un poco ofendido cuando le echas la culpa de todo a la KGB. ¿No podría la Securitate organizarlo todo por sí misma?

I.P.C.: La estupidez de la Securitate es histórica, de una profundidad sin precedentes.

G.A.: ¿Por qué fue necesaria una transición tan espectacular, cuando en todos los demás países del Este no hubo un solo muerto?

I.P.C.: No sé ahora cuántas víctimas se preveían, sólo creo que se preveía cierto derramamiento de sangre. Si tenías sangre, tenías que hacerla fluir. Solo que otros países del Este no tenían un Ceaușescu. Solo los rumanos podían permitirse ese lujo.

G.A.: ¿De verdad era tan grande el poder real de Ceauşescu, si en un solo día pasó de dictador todopoderoso a autoestopista?

I.P.C.: Esto demuestra que toda la Securitate lo defraudó. Fue a uno de sus reductos, a Târgovişte, y allí encontró al ejército estacionado, pero nadie le recibió. Dorin Tudoran acaba de escribir un artículo muy bonito, en el que dice que en realidad todo lo que está sucediendo (y no es sólo su hipótesis) en la Unión Soviética y en los países satélites, no es más que un plan urdido por la KGB. Probablemente en algún momento -durante la época de Andropov- la KGB trabajó con superordenadores (son máquinas que cuestan decenas de millones de dólares y que pueden crear un modelo del mundo que se adelantase a varias décadas o más) y vio que el modelo no llevaba a ninguna parte. Y luego, se dieron cuenta que sin cambiar a una economía de mercado, las pérdidas serán mayores que las ganancias. Derribaron el Muro, y obviamente dieron inicio a todos los movimientos que ahora se están dando en los países satélites.

G.A.: ¿Pero no crees que ahora los países satélites se están liberando de la influencia de Moscú?

I.P.C.: Mira lo que te digo: no me lo creo en absoluto. Alemania ha sido el golpe más espectacular dado por los soviéticos. Hoy por hoy toda Alemania está, poco a poco, abandonando su vínculo con Europa Occidental: este sería el precio a pagar por la anexión de Alemania Oriental. El precio político, no los seis mil millones de dólares regalados a la Unión Soviética, etc. Pero políticamente, incluso si se mantiene dentro de la OTAN, ya está completamente fuera del paraguas occidental. Así, de esta manera, la OTAN cambiará por completo. Es una gran victoria soviética, con Alemania Occidental fuera del programa político común de los países de Europa Occidental a causa de la Alemania Oriental y del partido socialista. Parece que, en este momento, la KGB ya no domina la situación en la Unión Soviética. Si es así o no, no lo sé. Tal vez esté ideando un nuevo plan diabólico.

G.A.: ¿Me va a decir ahora que también la KGB está relacionada con la [Uniunea] Vatra Românească?

I.P.C.: La Securitate ya dirige la [Uniunea] Vatra Românească. La KGB ahora tiene otras cosas que hacer, porque todo va yendo como es debido en Rumania (dejando aparte a la economía). Mientras que las cosas no marchan muy bien en la Unión Soviética. Andropov ya utilizó a Hungría para estudiar la transición a una economía de mercado. Eso lo llevó a que se dejara que la KGB continuara tranquilamente por ese camino. ¿Crees que Gorbachov tiene tanto peso personal? De ninguna manera. Todos sabemos que un Jefe de Estado es un títere.

G.A.: ¿Era Ceaușescu también un títere?

I.P.C.: Ceaușescu estuvo en algún momento de acuerdo con todos. Y probablemente por esa razón ha tenido tanta paciencia durante tanto tiempo. Con los unos y con los otros.

G.A.: ¿Por qué Ceaușescu convenía a los occidentales?

I.P.C.: Hay sutilezas que yo, que no tengo nada que ver con la política, no sé. Pero lo puedo adivinar. Durante un tiempo fue intermediario en todo el asunto de Oriente Medio. Rumania era el lugar donde los emisarios secretos de la OLP podían encontrarse con los emisarios secretos israelís, etc. Un lugar donde probablemente se llevaron a cabo operaciones que ni siquiera sospechamos. En cuanto a Iliescu, no me parece que tuviera esa posición clave que le aseguró el primer liberalismo de Ceauşescu a principios de los 70. Iliescu es un advenedizo...

G.A.: Pero, por ejemplo, lo que está sucediendo ahora con los búlgaros, ¿no contradicen en algo tu manera de ver las cosas? Superaron el problema de las elecciones. El Parlamento y su presidente, Zheliu Zhelev, elegido por la oposición, ofrecen mucha más credibilidad.

I.P.C.: Entonces eso quiere decir que no debemos culpar de lo que está sucediendo ahora en Rumania a la KGB, sino a la Securitate. Sí, eso es correcto. Pero la Securitate es tan descomunal y tan estúpida que no veo cómo...

G.A.: Matei Călinescu dijo que hoy por hoy la Securitate sólo controla algunas partes de la sociedad. Ya no controla a toda.

I.P.C.: Y tiene razón. Pero sólo la Securitate es capaz de manipular de esta manera. Domina la política nacionalista, domina [Uniunea] Vatra Românească, domina los medios de comunicación. Y tiene un extraordinario poder de influencia. Siempre pueden decir: “Esto básicamente lo hicimos nosotros y por esa razón no podéis recriminarnos nada”. Ahora me doy cuenta de por qué România Mare puede mantener la misma tesis que yo, pero con conclusiones totalmente opuestas.

G.A.: Es por esa razón por lo que estamos tratando de rehabilitar a “nuestra buena Securitate”, que es la que se deshizo de Ceaușescu.

I.P.C.: Así que ahora alguien tiene que huir de la Securitate.

G.A.: ¿Tienes un guión?

I.P.C.: Ya veremos. Puede ser que, al final, sean las razones de orden económico las que reciban...

G.A.: ¿También estabas al tanto de la literatura rumana?

I.P.C.: Estaba al tanto hasta cierto punto. Ya te dije que leí tu novela, Una mañana perdida, en 84. Leí las novelas de Augustin Buzura, a quien admiré hasta la revolución. Después, ya no. Afortunadamente, he conocido más sobre las cosas que quedarán que sobre las que no. Hay una fórmula novedosa de la que pocos podrían escapar, la fórmula de Constantin Ţoiu: se puede criticar de todo siempre que en algún momento digas que “ha llegado la luz” ...

G.A.: ¿Cuál es la situación de la literatura en Estados Unidos en relación con la crítica literaria?

I.P.C.: Toda opinión sobre cualquier cosa de la vida intelectual estadounidense pasa, casi siempre, por una única publicación: la New York Review of Books. Es esa revista la hace que algo sea valorado como bueno o malo. No es, por supuesto, la única publicación, pero sí la más importante. Las cosas que pasan aquí, en América -justificadas o no- son las más importantes, las de mayor peso… por la amplitud del mercado, por su eco, por la atracción que tienen de inmediato en los medios de comunicación de Europa occidental. No conozco al detalle la literatura estadounidense de hoy o, mejor dicho, solo conozco lo que me interesa en cada momento. Estados Unidos es, con diferencia, el lugar más interesante del mundo. El único lugar algo comparable en términos de creatividad es París -pero no en términos de extensión. París es un lugar interesante. Por lo demás Europa no tiene mucho que decir. Supongo.

G.A.: ¿Constituye el mundo de la Europa del Este una zona cultural separada?

I.P.C.: Desafortunadamente, creo que sí. Es una gran y trágica pérdida de tiempo, personas y energía. En un período temporal, como bien dices, de más de cincuenta años, se ha destruido todo el potencial de esa zona.

G.A.: Actualmente hay una discusión sobre Mircea Eliade en publicaciones estadounidenses especializadas: se le critica severamente por ciertos artículos escritos durante el período de 1936-37 en periódicos rumanos; se critican ciertos silencios en sus memorias como respecto a esa época.

I.P.C.: Eso es absurdo. Es, como poco, un crimen contra la inteligencia. Pero de esa manera puedes entender cómo, en aquel entonces, alguien -alguien incluso como Mircea Eliade- pudo caer en la trampa. Todo parecía tener un significado determinado, se creaba un lenguaje que daba la impresión de que comunicaría, lo sé, los resortes de la realidad de forma verosímil. Más aún desde entonces, todos repetían las mismas cosas: no era la innovación de los rumanos. La idea con los judíos, que es sin duda la fuente de las motivaciones económicas legionarias, ya se había incubado desde finales del siglo XIX en Alemania, en Francia y en Inglaterra especialmente. Pero leído a una distancia de cincuenta años, aun haciendo una abstracción de la guerra y del holocausto (por mucho que no se pueda hacer esa abstracción), todo aparece hoy como un crimen contra la inteligencia. Y sigues preguntándote cómo alguien como Eliade pudo caer en la trampa. Sobre todo porque Eliade tiene, digamos, un centenar de artículos políticos, de los cuales ni siquiera el 10% son del período de 1937. El resto son increíblemente bienintencionados y actuales para nosotros. Mircea Eliade comenzó como un demócrata, escribió contra Mussolini, escribió contra la llegada de Hitler al poder (algo que los demás no hicieron). Entre los ilustres colegas vivos de Eliade, al menos uno acogió con entusiasmo el ascenso de Hitler al poder. Entonces, en el 33, Eliade era obviamente un demócrata. Dice que mantuvo este posición hasta 1934, después comenzó una cierta vacilación, y en 1937, obviamente, un deslizamiento.

G.A.: ¿Fue entonces un desliz puntual? ¿No fue una posición consistente desde el inicio?

IPC: No lo creo. En el caso de Eliade parece un desliz. Son básicamente tres artículos en los que hay serios matices de xenofobia y chovinismo. Sobre uno Eliade también dejó por escrito que no es suyo. Todos los que conocemos los escritos de Eliade de ese período nos damos cuenta que, por supuesto, la entrevista se basó en lo que dijo el mismo Eliade; pero que la forma de escribir no es la suya. Y ahí está el único lugar donde hay una referencia directa a los judíos. Pero hay tres artículos de un chovinismo muy desagradable. Y por lo demás, hay algunos artículos a favor de la Guardia de Hierro de Moţa, Marin, etc., que, por favor, se pueden explicar de otra manera. Sin embargo, con todo el desliz en el 37, Eliade no aparece como un antisemita.

G.A.: ¿Ni durante el resto de tu vida?

I.P.C.: Ni durante el resto de mi vida, sin duda. Pero tampoco a través de su obra como periodista de opinión. Aunque hay dos artículos vergonzosamente machistas. Pero, repito, en cuanto a la entrevista que plantea la cuestión judía, tendemos a creer que no la escribió. Pero no podemos creerle cuando dice que nunca la había dado. La dio, por supuesto. Pero probablemente no la editó.

G.A.: Durante aquellos años, ¿Mircea Eliade estuvo más cerca de Nae Ionescu?

I.P.C.:  La cercanía de Eliade con Nae Ionescu no puede tomarse como algo negativo. Nae Ionescu lo descubrió, como descubrió a otros: a Mihail Sebastian o a Eugen Schileru. Nae Ionescu era un hombre muy abierto. Durante la guerra, el futuro exdiputado comunista, George Călinescu, lo acusó de filosemitismo.

G.A.: ¿A Nae Ionescu?

IPC: Sí. Nae Ionescu era un espíritu muy versátil. Y ciertamente no era un antisemita. Pero su obra, a cincuenta o sesenta años de distancia, me parece desoladora. Es de una pobreza tremenda.

G.A.: Cuando, en el último año, se pudo empezar a mencionar el nombre de Nae Ionescu, parecía que se estaba intentando colocar en un pedestal. Me sorprendió, porque había leído su libro de no ficción La rosa de los vientos sin ningún entusiasmo. Pero me imagino la fascinación por la gente. Lo vi, por ejemplo, en Octav Onicescu. Su rostro se iluminó cuando, después de cincuenta años, mencionó el nombre de Nae Ionescu.

I.P.C.: Sí, era apuesto, inteligente y rápido de reflejos. Pero es fascinante la enorme distancia que hay entre él y Eliade. Todo el periodismo de opinión de Eliade, todo lo que Eliade escribió durante ese período sigue siendo interesante. Incluso cuando repite al cien por cien las cosas que decía Nae Ionescu. O de Nichifor Crainic... Me parece que Eliade no entendió, o que lo entendió de una manera muy particular, lo que decían los ortodoxos. De hecho, no debería sorprendernos, porque Eliade tenía sus raíces indias, y sus aventuras eróticas, la importancia del sexo, etc., que no encajaban bien en la ortodoxia. Ni siquiera en algunos liberales. Mutatis mutandis, Eliade fue como un especie de reformador. Eliade vivió la fraseología de Nae Ionescu, que bajo su pluma aparece sobrecogedora, llena de vitalismos, de ambigüedades, de cosas sin fundamento; pero le dio un significado muy personal.

G.A.: ¿Y cómo aparece el trăirism ["existencialismo” ideado por Neo Ionescu] a una distancia de cincuenta y sesenta años? Era una variante del existencialismo, ¿no?

I.P.C.: Yo creo que sí, pero incluso el existencialismo ahora, a una distancia de varias décadas, parece deplorable. Y no a partir de sus representantes más pequeños, como Sartre, sino incluso en los más grandes, como Heidegger: la pobreza conceptual, los clichés, el uso de una dudosa tradición, parecen ahora lamentables. Sé que esto va a horrorizar a algunos de mis amigos. (Risas.) En Alemania hay una corriente anti-heideggeriana muy fuerte. Me tomó su tiempo darme cuenta de esto.

G.A.: ¿Pero esa corriente antiheideggeriana no está ligada a los acontecimientos de la biografía de Heidegger?

I.P.C.: No, no tiene nada que ver con la biografía. Sino con que Heidegger, desde un principio, teologiza las cosas primitivamente, y es un gran manipulador del lenguaje. En alemán suena extraordinariamente simple, incluso simplón. Sus complicaciones provienen de un montón de galimatías estilísticos, asonancias, aliteraciones, etimologías verdaderas o falsas… todo un saco de tropos, un juego literario, detrás del cual se esconde una pobreza conceptual aterradora. Unas declaraciones apodícticas sobre el origen, el destino de Occidente, de la humanidad en general. Es tanto más inútil formularlos cuanto que, afortunadamente, siempre resultan falsos. Por supuesto, Heidegger pertenece a una tradición que quería comprender las percepciones de la civilización occidental. Sin embargo, la civilización occidental ya es completamente diferente a como la que conoció Heidegger en 1938-1939. Y lo que ahora es interesante en ella, [Heidegger] lo pasó totalmente por alto: habría sido de una inautenticidad radical para él.

G.A.: ¿Qué es muy interesante en la civilización occidental actual?

I.P.C.: Muy interesantes son los temas cognitivos que se debaten hoy, todas las cosmologías. Heidegger estaba poniendo la autenticidad radical fuera de los debates cosmológicos, ¿no? Pues bien, esto es exactamente lo que se ha vuelto más interesante hoy en día, gracias a las hipótesis científicas, al estudio de las multiplicaciones. Heidegger pertenece a una tradición filosófica que pasa por a través de la teología cristiana (diría que la peor parte). El memento mori, la meditación sobre la muerte no pertenece a la parte más fascinante de la teología cristiana, que es la de la multiplicación de los mundos, la exploración de las posibilidades desconocidas de Dios, en las que el hombre no tiene ningún papel interesante. Pensar que eres humanista solo porque te preocupa la muerte de un hombre me parece un error capital. Pero Heidegger, sin duda, sigue siendo uno de los más grandes escritores del siglo.

G.A.: ¿Y no era algo más que escritor?

I.P.C.: Todos somos escritores, incluido, entre nosotros, Einstein. No hay otra disciplina. Y en ciencia se dice que las teorías no se aceptan por su verdad, sino por las estrategias para hacerlas aceptar, por su elegancia estética. Si las demostraciones de Einstein no hubieran sido estéticamente elegantes, sus compañeros matemáticos no se habrían dejado convencer por ellas.

G.A.: Aquí en los Estados Unidos se habla bastante de la muerte de la literatura.

I.P.C.: Los científicos que estudian la cibernética afirman que, en momento dado, el lenguaje articulado podría desaparecer del mundo, y ser reemplazado por otro sistema de comunicación. No sé de cuántos cientos de miles de años estamos hablando. Depende mucho del extraordinario desarrollo de los ordenadores. Incluso ahora, una de las cosas más interesantes que estoy haciendo son los “mundos alternativos”. Por ahora son un poco primitivos, pero cuando se desarrollen, será así: coges una máscara, te pones unos guantes y con la ayuda de la máscara y los guantes estás en un mundo completamente diferente. Obviamente, el programa te da el mundo en el que estás. Pero puedes estar donde quieras. Y realmente funcionas en ese mundo; es decir, tus manos, a través de guantes, toman los objetos de ese mundo, palpan los objetos, ¿comprendes?

G.A.: ¿Dónde está ese mundo?

I.P.C.: Está en los ordenadores. Obviamente, esto también plantea problemas filosóficos muy interesantes, porque básicamente nosotros también, en nuestros mundos, estamos, podríamos decir, en nuestros ordenadores. Nuestra conciencia es en realidad una pantalla tridimensional. Otros dicen que tendría más de tres dimensiones. Nuestra imaginación, incluso nuestra conciencia, es similar a la pantalla de un ordenador. Creo que son exactamente las operaciones de los ordenadores las que crean las imágenes. La analogía del ordenador funciona en la medida en que nosotros también tenemos una pantalla, pero por otro lado nosotros mismos somos ese ordenador.

G.A.: Un ordenador que no se domina lo suficiente, ¿verdad? Porque, de hecho, parecería que no estamos usando todas nuestras disponibilidades en absoluto.

I.P.C.: Claro, un ordenador tal vez de poca potencia. Pero en la historia del mundo, muchas religiones, técnicas y folklores han buscado programas de acceso al ordenador, a la verdad, a los secretos de la mente.

G.A.: Estamos llegando al espacio de las doctrinas orientales.

I.P.C.: Sí, se puede decir que también son formas de actuar en algunos programas especiales de la mente humana. Científicamente aún no se conocen. Se conocen ciertos estados especiales de biocorrientes circulantes, llamados ondas alfa, ondas theta, que tienen propiedades muy curiosas sobre el organismo. En las ondas theta, por ejemplo, el cuerpo ya no reacciona al dolor. Pero no quisiera darles mucha importancia a tales cosas, porque en realidad no se conocen con precisión. Son físicos los que lo han investigado. Hay un movimiento New Age muy importante e interesante en California que afirma ser capaz de manipular la mente de tal manera que produzca los resultados deseados. Algo así como la magia, por así decirlo, pero usan técnicas de bombardeo subliminal. Como el hilo musical de los grandes almacenes que tiene mensajes subliminales que te hacen comprar, sentirte muy bien, feliz, entrar en un mundo artificial, en una especie de paraíso. Pero que también contiene mensajes subliminales para que no robes. Y hay leyes que regulan su uso, porque obviamente hubo objeciones. Algunos dicen que eso es una forma de manipular la conciencia. Pero este ejemplo es solo la punta del iceberg de un montón de técnicas. Algunas técnicas, para cambiar la conciencia, el subconsciente, son completamente desquiciadas, otras son muy interesantes; si en determinadas situaciones conoces la fórmula correcta, la conciencia puede producir resultados sorprendentes que superan a la naturaleza. Algunos físicos han investigado sobre uno de los llamados pensadores positivos más interesantes, un tal Napoleon Hill, que forma un grupo y luego camina a través del fuego con sus seguidores. Camina sobre brasas. Movidos por sus afirmaciones, los físicos realizaron investigaciones para demostrar que no estamos ante un fenómeno sobrenatural. Y los electroencefalogramas han demostrado que si entras en la etapa alfa o theta tienes cierta protección contra el dolor.

G.A.: ¿Y esa New Age es de California?

I.P.C.: No, está en todas partes. Pero las “más potentes” están, digamos, en California. Está muy comercializada. Pero algunas cosas son interesantes. Otras son ridículas.

G.A.: Retrocedamos un poco al momento de tu partida.

I.P.C.: Me fui en el 72. Tenía un volumen en Cartea Românească, que ya había sido anunciado en el programa de 1970 en la Editorial Eminescu. Luego, más tarde, Mircea Ciobanu llevó el manuscrito, pero ya sin ninguna esperanza. Eran cuentos surrealistas.

G.A.: ¿Oníricos?

I.P.C.: Sí. Probablemente entonces se habrían definido así.

G.A.: De repente, después de las tesis de 1971, el término onirismo desapareció y también la literatura onírica.

I.P.C.: No puedo explicar por qué mis cuentos no pudieron ser publicados. Tengo la impresión de que cuando me llamó el jefe de redacción para decirme abatido que no podía publicarme, se pronunció la palabra “mística”. Pero desde 1970, hasta las revistas dejaron de publicarme, porque yo le había dicho muy resueltamente un “no” al guardia de la Securitate que había solicitado mis servicios. Y cuando pidió mis servicios, el guardia de Securitate me preguntó: “¿Qué quieres hacer?” “Me gustaría escribir, estudiar”, le respondí. Yo era un estudiante de italiano. “Y como profesión, ¿qué te gustaría ser?” “¡Me interesaría trabajar en una revista!” Me dijo: “¡Podemos hacer todo esto!” Pero yo no era un buen chico. Y como no era un buen chico, tuve señales de inmediato. Y desde 1970 no he podido publicar mi prosa. Entonces fue una señal muy clara, que realmente no tenía nada que hacer en Rumania. Afortunadamente lo entendí y logré salir en el 72. Dos semanas después de la graduación. Estuve en Italia casi cinco años, y después me trasladé a Holanda, donde estuve doce años, de manera intermitente. Fui estudiante aquí en Chicago, en el 75, y estudié con Mircea Eliade. 

G.A.: ¿Conocías ya a Eliade?

I.P.C.: Le conocí en 1974, pero ya mantenía una correspondencia con él desde 1971, todavía viviendo en Rumanía, antes de las tesis. Y luego, cuando marché de Rumanía, empezamos a escribirnos muy a menudo. Nos encontramos en septiembre del 74, en París, y un poco más tarde, en el 75, conseguí irme a trabajar con él. Luego volví a ver a Eliade en verano, un mes en París, y pasamos juntos prácticamente todas las noches. Cuando estuve en Holanda, él también fue a visitarme, con su mujer. Desde 1986 me invitaron aquí a dar conferencias y teníamos varios proyectos en los que estábamos trabajando juntos, pero, lamentablemente, tres semanas después de mi llegada, sufrió un ataque. Permaneció en el hospital durante ocho días. Eliade era un hombre muy generoso, muy encantador e inocente. Tenía un encanto muy especial. Y tenía una gran inteligencia e incluso una prudencia, en cierto sentido, práctica. Entendía muy bien las relaciones sociales, los mecanismos de cierta, lo sé, sociedad intelectual de la que formaba parte: allí no era un extraño, ni se sentía extraño. Pero su gran franqueza formaba parte de su encanto. Por eso, en algún momento puede explicarse cómo Eliade pudo ver las partes generosas de un movimiento sin, digamos, comprender su lado oscuro.

G.A.: ¿Cuántos libros tienes en total?

I.P.C.: Quince. Tengo varios libros que prácticamente no existen (fueron editados con editoriales muy pequeñas, de muy poca tirada), y otros fueron muy bien recibidos- la mayoría en Italia. En Francia solo tengo publicados cinco. Y en Estados Unidos uno publicado y cuatro en imprenta. Además, recientemente publiqué varios cuentos escritos con un colaborador. Escribimos “a cuatro manos”. Escribo bien mi trabajo científico en inglés, pero para la literatura se necesita algo más.

G.A.: ¿Pero eso no significa ya una traducción?

I.P.C.: No, no. Para nada. Todo está escrito conjuntamente. Así es mucho más divertido, de verdad.

Chicago, 2 de diciembre de 1990


lunes, 20 de noviembre de 2017

Dos pasajes de "Eros y magia en el Renacimiento" de I. P. Culianu (1984), referidos a la manipulación de las masas y de los individuos.



“2. La manipulación de las masas y los individuos
De vinculis in genereDe los vínculos en general») de Giordano Bruno, pertenece a estos escritos oscuros cuya importancia en la historia de las ideas supera de buen trecho la que tienen ciertas obras célebres. Por la franqueza, e incluso el cinismo, que demuestra en el análisis de su materia, podría compararse al Príncipe de Maquiavelo; además el tema de las dos obras está emparentado: la de Bruno se interesa por la manipulación psicológica en general, la de Maquiavelo se ocupa más especialmente de la manipulación política. Pero ¡qué pálido y ridículo se ve, hoy en día, al príncipe-aventurero maquiavélico comparado al mago-psicólogo de Bruno! La popularidad del Príncipe ha favorecido su consideración durante sucesivos siglos, y le ha llevado, recientemente, hasta la moderna teoría del «Príncipe» —el partido comunista— lanzada por A. Gramsci. Inédito hasta una fecha tardía, poco leído y siempre mal entendido, el De vinculis in genere es sin embargo el escrito que merecería ocupar, hoy en día, el verdadero y único puesto de honor entre las teorías de manipulación de las masas. Sin saberlo, los trusts de inteligencia que dominan el mundo se han inspirado en él: han llevado a la práctica las mismas ideas de Bruno. Podría existir una cierta continuidad ya que Bruno parece haber ejercido su influencia sobre el movimiento ideológico, a principios del siglo XVII, conocido bajo el nombre de rosacruz, cuya repercusión fue enorme. Pero, por lo que sabemos, no ha existido, ni antes de Bruno ni después de él, ningún autor que haya tratado esta materia bajo su aspecto empírico, dejando de lado cualquier consideración de orden ético, religioso o social. De hecho, a nadie se le hubiera ocurrido tratar un tenía como éste desde el punto de vista del mismo manipulador, sin poner primero, como principio fundamental de su investigación, algún derecho divino o humano intangible en el nombre del cual la manipulación estaría condenada.
En el siglo XIX, podemos encontrar, claro está, a unos ideólogos como Karl Marx o Friedrich Engels que creen que la religión es como un «opio para el pueblo». En este sentido, además, sólo repiten un enunciado del De vinculis bruniano donde la religión está considerada únicamente en su calidad de instrumento de manipulación de las masas. Pero, mientras que Marx y Engels tienen unos ideales humanitarios y utópicos, Bruno no manifiesta ninguna preocupación por salvaguardar la dignidad humana: el único derecho que tiene ante sus ojos no pertenece ni a Dios ni a los hombres, sino al mismo manipulador.
Hacia finales del siglo XIX, G. Le Bon sentó las bases de la disciplina llamada «psicología de las masas» (Psychologie des foules, editado en 1895). Más tarde, Sigmund Freud la desarrolló en su obra Psicología de las masas y análisis del yo (1921) que tuvo grandes repercusiones. Pero tanto Le Bon como Freud tenían por objetivo determinar cuáles son los mecanismos psicológicos que actúan dentro de una masa y dirigen su composición, y no enseñar cómo dominar una masa. La ciencia, con sus escrúpulos de orden moral, se niega a seguir un punto de vista que gustosamente deja a cargo del hombre político (de un Adolf Hitler, autor del Mein Kampf, por ejemplo). Se deja al Príncipe lo que le pertenece, aunque después se proteste -como lo hizo Freud- contra los abusos de un Stalin y el «nuevo orden» establecido en la Unión Soviética.
Toda la humanidad ha oído hablar del Príncipe de Maquiavelo, y numerosos políticos se han esforzado en seguir su ejemplo. Pero sólo hoy en día podemos apreciar lo mucho que el De vinculis supera al Príncipe, tanto por su profundidad como por su actualidad e importancia: hoy en día, ya ningún jefe político del mundo occidental pensaría en actuar como el Príncipe de Maquiavelo, pero, en cambio, podría utilizar los recursos de persuasión y manipulación tan sutiles como los que los trusts de inteligencia son capaces deponer a su disposición. Para comprender y poner de relieve la actualidad de De vinculis, deberíamos estar informados acerca de la actividad de estos trusts, de los ministerios de Propaganda; deberíamos poder echar un vistazo a los manuales de las escuelas de espionaje, aunque ya podamos hacernos una idea de lo que contienen viendo lo que, a veces, se trasluce de estas organizaciones cuya finalidad ideal es garantizar el orden y el bienestar común, allá donde ya existe.
El Principe de Maquiavelo era el antepasado del aventurero político cuya figura está desapareciendo. Por el contrario, el mago del De vinculis es el prototipo de los sistemas impersonales de los medios de comunicación, de la censura indirecta, de la manipulación global y de los trusts que ejercen su control oculto sobre las masas occidentales. Desde luego, no es el modelo seguido por la propaganda soviética porque a esta última le falta la sutileza que tan bien se aplica en Occidente. Por el contrario, el mago de Bruno es del todo consciente de que, tanto para atar a las masas como para atar a un individuo, debe tener en cuenta toda la complejidad de las expectativas de los sujetos, y debe crear la ilusión total de que está ofreciendo unicuique suum. Por esta razón, en la manipulación bruniana se necesita tener un conocimiento perfecto del sujeto y sus deseos: sin tenerlo, no puede haber ningún «vinculo». También por esta razón, el mismo Bruno admite que se trata de una operación extremadamente difícil que sólo puede realizarse desplegando unas facultades de inteligencia, perspicacia e intuición que estén a la altura de esta labor. Su complejidad en nada queda disminuida porque la ilusión debe ser perfecta para satisfacer las múltiples expectativas que se ha propuesto. Cuantos más conocimientos tenga el manipulador sobre aquellos que quiere «vincular», mayor serán sus probabilidades de éxito puesto que sabrá escoger el momento propicio para crear el vinculum.
Vemos que la magia erótica bruniana se propone ofrecer a un manipulador los medios para que controle a unos individuos aislados así como a unas masas. El supuesto fundamental es que existe un gran instrumento de manipulación: el eros en su sentido más amplio, aquello que se quiere, que va desde el placer físico hasta las cosas más insospechadas, pasando probablemente por la riqueza, el poder, etc. Todo puede definirse en relación con el eros, puesto que la repugnancia y el odio sólo representan el lado negativo de la misma atracción universal: «Todos los afectos y vínculos de la voluntad se reducen y se refieren a dos: la repugnancia y el deseo, o el odio y el amor. Sin embargo, el odio se reduce él mismo al amor, y por ello resulta que el único vínculo de voluntad es el eros. Está demostrado que todos los olios afectos que una persona puede sentir sólo son, tanto formalmente como fundamental y originalmente, amor. Por ejemplo, la envidia es amor de alguien por sí mismo, y no soporta ni la superioridad ni la igualdad del otro; el mismo principio se aplica a la emulación. La indignación es amor por la virtud [...]; el pudor y el miedo [verecundia, timor] no son más que amor por la honestidad y por lo que da miedo. Se puede decir lo mismo para los otros afectos. Por lo tanto, el odio no es más que amor por el contrario o por lo opuesto, y así mismo, la ira sólo es una especie de amor. Para todos aquellos que están destinados a la filosofía o a la magia, es del todo evidente que el vínculo más elevado, más importante y el más general [vinculum summum, praecipuum et generalissimum] pertenece al eros: lo que explica que los platónicos llamaran al amor el gran demonio, daemon magnus».
La acción mágica tiene lugar por un contacto indirecto (virlualem seu otentialem), a través de sonidos y figuras que ejercen su poder sobre los sentidos de la vista y el oído (Theses de Magia, XV, vol. III. pág. 466). Pasando por las aberturas de los sentidos, imprimen en la imaginación ciertos afectos que son de atracción o repulsión, de goce o repugnancia (ibid.).
Sonidos y figuras no han sido escogidos sin falta de criterio: provienen del lenguaje oculto del espíritu universal (De Magia. III, pág. 411). Entre los sonidos, el manipulador debe saber que las armonías trágicas provocan más pasiones que las cómicas (ibid., pág. 433) porque son capaces de actuar sobre las almas que dudan (ibid., pág. 411).”
“A su vez, las figuras son capaces de provocar la amistad o el odio, la pérdida (pernicies) o la disolución (ibid., pág. 411). De hecho, este fenómeno artificial puede comprobarse cada día cuando los individuos o las cosas que vemos provocan espontáneamente nuestra simpatía o antipatía, repugnancia o atracción (ibid., pág. 447).
La vista y el oído sólo son las puertas secundarias por las que el «cazador de almas» (animarum venator), el mago, puede introducir sus «vínculos» y sus cebos (De vinculis in genere. III. pág. 669). La entrada principal (porta et praecipuus aditus) de todas las operaciones mágicas es la fantasía (De Magia. III, pág. 452); ésta es la única puerta (sola porta) de todos los afectos, o afecciones, internos y es el «vínculo de los vínculos» (vinculum vinculonun) (ibid., pág. 453). La fuerza del imaginario se multiplica por dos cuando interviene la facultad cogitativa poique esta es capaz de subyugar al alma (ibid.). Sin embargo, el «vínculo» tiene que pasar obligatoriamente por la fantasía porque «no hay nada en la razón que no haya sido anteriormente percibido por los sentidos [quod prius nonfuerit in sensu], y no hay: nada que, partiendo de los sentidos, pueda llegar hasta la razón sin pasar por la fantasía» (Theses de Magia, XLIII, vol. III, pág. 481).”
“Ésta sería la voluntad del manipulador, que debe ser de tipo especial. En efecto, Bruno avisa a cualquier operador de fantasmas —en este caso al artista de la memoria— para que regule y controle sus emociones y sus fantasías de manera que, creyendo ser su dueño, no sea, por el contrario, la víctima de sus habilidades. «Procura no transformarle de operador en instrumento de los fantasmas», éste es el mayor peligro que el discípulo tiene ante si (Sigillus sigillorum, 11,2, pág. 193). El verdadero manipulador debe ser capaz de «ordenar, corregir y disponer la fantasía, componer sus especies según su voluntad» (Theses de Magia, XLVIII, vol. III, pág. 485).
Parece ser que el hombre está dotado de un cerebro extremadamente complejo y desprovisto de cualquier tipo de dispositivo especial que le permita analizar los estímulos según su lugar de origen: resumiendo, no es capaz de distinguir directamente entre las informaciones oníricas y las que le transmiten los sentidos, la imaginación de lo tangible. Bruno exige del operador una labor sobrehumana: primero debe guardar inmediatamente y sin equivocarse las diferentes informaciones según su origen y. después, debe hacerse completamente inmune frente a cualquier emoción provocada por causas externas. En definitiva, se supone que ya no reacciona ante ningún estímulo externo No debe dejarse conmover ni por la compasión, ni por el amor del bien y de lo verdadero, ni por nada, para evitar ser «vinculado» a su vez. Para ejercer el control sobre los demás, hay que estar protegido ante cualquier control que venga de los demás (Theses de Magia, XLVIII).
Con una lucidez, extraordinaria, Bruno expone una clara distinción entre la teología (con los fundamentos de la moral que era, no lo olvidemos, una materia exclusivamente teológica) y la «especulación laica» (civilis speculatio), para la cual se ofrece personalmente como representante. Para la teología hay una religión verdadera y creencias falsas, hay un bien y un mal, y en gran parte tienen una naturaleza ideológica. En estas condiciones, no se puede realizar ningún tipo de manipulación de los individuos ni de las masas, sino que se trata más bien de cumplir una misión cuya finalidad es convertir a la única verdad. Por el contrario, para Bruno, sólo existe un principio válido, sólo hay una verdad: todo es manipulable, no existe nadie en absoluto que pueda librarse de las relaciones intersubjetivas, ya sea un manipulador, un manipulado o un instrumento (De vinculis, III, pág. 654). Incluso la teología, la fe cristiana y cualquier otra fe sólo son convicciones de masas instauradas por operaciones de magia.
Para que salga con éxito una operación —Bruno no se cansa nunca de decirlo—, tanto el operador como los sujetos deben estar plenamente convencidos de su eficacia. La fe es la condición previa de la magia: «No existe operador —sea mago, médico o profeta— que pueda desempeñar nada si no existe una fe previa en el sujeto» (De Magia, III, pág. 452); lo que también explica la frase de Hipócrates: «El médico más eficaz es aquél en quien más gente confía» (ibid., pág. 453). «El primer fundamento de la unión universal […] es que haya credulidad no solamente en nosotros, los que operamos, sino también en los pacientes. Ésta es la condición necesaria ya que sin ella no se puede obtener nada […]» (De Magia mathematica. VI. vol. III, pág. 495). «La fe es el mayor vinculo, el vínculo de los vínculos (vinculum vinculorum); de él provienen lodos los demás: la esperanza, el amor, la religión, la piedad, el miedo, la paciencia, el goce, la indignación, el odio, la ira, el desprecio etc. » (Theses de Magia, LIII, vol. III, pág. 490). «Es necesario que el operador posea una fe activa y el sujeto de la operación una fe pasiva. Esta última, sobre todo, es un requisito para cualquier sujeto, porque sin ella, ningún operador, ya sea natural, racional o divino, puede desempeñar nada [...]» (ibid.).
Resulta evidente que los ignorantes serán las personas mejor dispuestas a dejarse convencer por los fantasmas de la teología y los de la medicina: «Vincular [vincire] a estas personas resulta todavía más fácil cuantos menos conocimientos tienen. En ellos, la fuerza del alma se dispone y se abre de tal manera que deja el paso libre a las impresiones provocadas por las técnicas del operador, abriendo así ampliamente aquellas ventanas que, en otras personas, siempre se mantienen cerradas. El operador tiene libres las vías para crear todos los vínculos que quiera: la esperanza, la compasión, el miedo, el amor, el odio, la indignación, la ira, la alegría, la paciencia, el desprecio de la vida, de la muerte, de la fortuna ...» (De Magia, III, págs. 453-454). El hecho de mencionar al profeta junto al mago y al médico, no es una casualidad. La consecuencia más evidente de las especulaciones de Bruno consiste en que toda religión es una forma de manipulación de las masas. Utilizando técnicas eficaces, los fundadores de religiones han sabido influir, de una manera duradera, en la imaginación de las masas ignorantes: han podido canalizar sus emociones y utilizarlas, provocando sentimientos de abnegación y autosacrificio que no hubieran manifestado de manera natural.
Enunciados como éste se prestan con facilidad a los malentendidos; el más común sería considerar que Bruno realiza aquí una crítica sociológica de la religión. Y en verdad, Bruno se sitúa más lejos de la religión que de la teología, a la que no intenta «desenmascarar», sino que únicamente procura mirarla desde un punto de vista operativo más amplio. No condena en absoluto a la religión en nombre de unos principios humanitarios que lo son completamente ajenos. De hecho, no se interesa por la religión en sí, sino por la manera que emplea cualquier religión para instaurarse, siempre y cuando, por un lado, las masas estén dispuestas a aceptarla y, por otro, el mensaje sea conveniente y tenga la capacidad de realizar la conversión de las masas. En cuanto al manipulador, será todavía más persuasivo, más firme en su fe y en su fuerza de convicción, cuando consiga apagar en él y en los demás la philautia, el amor por uno mismo, el egoísmo (De vinculis. III. págs. 652,675). Todo es manipulable, enseña Bruno: pero el manipulador no tiene derecho a utilizar su poder sobre las masas con fines egoístas. Además, parece ser que la existencia del amor propio en el sujeto facilita de alguna manera la creación de «vínculos».
De manera general, resulta más fácil ejercer una influencia duradera en las masas que en un individuo. Para las masas se emplean unos vínculos que son de orden más general. En el caso de un individuo, es necesario conocer primero muy bien sus placeres y sus fobias, lo que suscita su interés y lo que le deja indiferente: «Resulta, en efecto, más fácil manipular [vincire] a varias personas que a una sola» (ibid., pág. 688).”
“3. Vinculum vinculorum
La fórmula «vinculo de los vínculos», Bruno la aplica —ya lo hemos visto— a tres cosas distintas: el eros, la fantasía, la fe. Ciertamente, como sabemos que el eros es una operación fantástica, podemos reducir la lista a dos términos. Después, aprendemos que la fe sólo puede formarse y prosperar en el terreno de la imaginación, lo que viene a significar que, en el fondo, el vinculum vinculorum es el sintetizador receptor y productor de fantasmas.
Sin embargo, Bruno suele reservar esta fórmula para describir la fuerza extraordinaria del eros, daemon magnus, que preside todas las actividades mágicas. Estas últimas sólo son, finalmente, una explotación extremadamente hábil de las propensiones y actitudes individuales, para crear vínculos duraderos cuya finalidad es someter al individuo, o al grupo, a la voluntad del manipulador.
El postulado de esta operación es que nadie puede librarse del círculo mágico: cada persona o bien está manipulada, o bien es un manipulador. Para poder ejercer sus técnicas, después de conseguir un dominio extraordinario sobre su propia fantasía, y habiendo dejado de lado su amor propio, que le hacía vulnerable frente a las adulaciones y las injurias de los demás, el manipulador se dedica a conocer y penetrar, gracias a la intuición, tanto las propiedades como las reacciones y las emociones del sujeto que quiere vincularse...”
“¿Cuál es el objetivo de esta descripción del vinculum cupidinis, del vínculo libidinal? Esta pregunta resulta ser más compleja de lo que parece porque el tratado bruniano, en más de una ocasión, no resulta ser muy explícito, ni mucho menos. Como ya le hemos dado una respuesta, todavía nos queda justificarla.”
...
“Una tercera hipótesis, que no pone en cuestión la idea de manipulación, consiste en decir que el conocimiento de la fenomenología erótica le sirve, al operador, no tan sólo para ejercer su influencia sobre el mundo exterior sino también para obtener una inmunidad perfecta en relación con los «vínculos» de cualquier tipo. Esto es muy probable, y vendría a decir que el operador bruniano es aquel que sabe todo sobre el amor, para aprender a no amar. En efecto, el que ama está vinculado: «El amor del amante es pasivo, es un vínculo. El amor activo es otra cosa, es una fuerza activa en las cosas, y es el que vincula [est ille qui vincit]» (ibid., pág. 649).”

Ioan P. Culianu. Eros y magia en el Renacimiento, ed. Siruela 1999. pp. 131-140.
“5. De la magia como psicosociología general
Aunque la magia erótica de Bruno sea poco ortodoxa, su estudio nos ha permitido conocer un poco mejor las consecuencias extremas a las que puede llegar la identidad, tanto sustancial como operacional, entre eros y magia.
Tendremos que volver hacia atrás para considerar nuevamente cuál puede ser el parentesco entre eros y magia: ¿dónde acaba el eros?, ¿dónde empieza la magia? Parece que la respuesta sea sencilla: en cuanto se manifiesta el eros, la magia también se manifiesta. Por esto, finalmente, la magia erótica representa el grado cero de cualquier magia.
Todavía nos queda precisar la definición de la magia como operación espiritual. En cualquier caso, se trata de un postulado transitivo, y podemos afirmar que toda operación espiritual es al mismo tiempo una operación mágica. Como el eros viene a ser la actividad pneumática natural más sencilla (aquella que interviene en cualquier proceso intersubjetivo), resulta que todos los fenómenos eróticos son al mismo tiempo unos fenómenos mágicos en los que el individuo interviene en calidad de manipulador, de manipulado o de instrumento de manipulación.
Para que un sujeto participe de las operaciones mágicas, la idea misma de magia no debe pasar el límite de su consciencia. De hecho, puesto que ningún acto tiene lugar sin un movimiento del pneuma, se puede decir que toda la existencia de un individuo queda circunscrita en la esfera de la magia natural. Y como las relaciones entre individuos están condicionadas por criterios «eróticos», en el sentido más amplio de la palabra, resulta que la sociedad humana, en sus diferentes niveles, no es más que obra de magia. Por mucho que no sea consciente de ello, todo ser que, debido a la constitución del mundo, esté integrado en un relevo intersubjetivo también está participando en un proceso mágico. Únicamente el operador puede, primero, situarse como un observador de las relaciones intersubjetivas poique ha entendido el conjunto de este mecanismo, y puede realizar, simultáneamente, un conocimiento con la finalidad de sacarle provecho.
Todo esto recuerda curiosamente el concepto de «proceso de transferencia» estudiado por Jacques Lacan: según él, el mundo es un inmenso aparato de intercambios intersubjetivos, donde cada uno hace a su vez el papel de paciente o el de analista, En cuanto al facultativo, aunque Lacan no lo diga expressis verbis, se sitúa en una posición parecida a la del operador de Bruno: ha aprendido los mecanismos del mundo, sabe que el mundo no es más que una máquina de transferencias, y observa todo esto para poder aprovecharlo. Ciertamente, también se supone que debe transferir en el paciente el provecho que haya sacado para poder curarlo.
Las posibilidades del mago son más amplias: las del médico están relativamente más limitadas. Si tenemos dos individuos. A y B, y la relación entre ellos, que podemos llamar Y, y suponemos que A quiere a B pero que B no le corresponde, resulta que su relación, Y, queda definida con estos términos. La labor del mago es modificar Y: si ofrece sus servicios a A, conseguirá para él los favores de B. Pero supongamos que la familia de A decide que, por algún motivo de interés, A debe abandonar su intensa pasión por B: poniéndose a su servicio, el operador modifica Y y «cura» a A. Ésta sería la labor del médico. También podemos imaginar que A es un manipulador mágico que quiere conseguir los favores de B. Es mago, y no médico. De estos tres casos, dos pertenecen a la magia y uno a la medicina. ¿Cuál es, exactamente, la frontera entre estas dos disciplinas? Podemos damos cuenta de que las competencias del médico se limitan, jurídicamente, a los casos que presentan el afecto de A en conflicto con los intereses de la sociedad, lo que significa que el afecto se situaría fuera de la normalidad. Por el contrario, el operador de la magia erótica en general puede utilizar sus conocimientos en contra de la sociedad y en contra de la voluntad de un individuo.
Supongamos ahora que A es un individuo múltiple, una masa que tiene reacciones uniformes. B es un profeta, el fundador de una religión o un jefe político que subyuga utilizando procedimientos mágicos de persuasión. Sus prácticas, como las del médico, se admiten porque al conseguir el consenso social, el mismo operador dicta las reglas de la sociedad.
Tres hipóstasis: mago, médico, profeta. Su vínculo es indisoluble, y sus límites no quedan bien definidos. El «psicoanalista» también pertenece a este círculo porque sus actuaciones están en el límite de lo ilícito y lo sobrehumano. (Reconozcamos que, hoy en día, su situación sigue siendo la misma: un cirujano nunca dirá que un psicoanalista es su «colega», aunque tenga el diploma de médico.)
Como hoy en día se han especializado y delimitado las competencias, podríamos decir que los otros dos operadores de la magia bruniana (el mago, propiamente dicho, y el profeta) han desaparecido. Es más probable, sin embargo, que sencillamente se hayan camuflado tras unas apariencias sobrias y legales: el analista sólo sería una de ellas, y no precisamente la más importante. Actualmente, el mago se encarga de las relaciones públicas, de la propaganda, de la prospección de mercados, de las encuestas sociológicas, de publicidad, de la información, la contra información y la des-información, de la censura, de operaciones de espionaje c incluso de criptografía (esta ciencia fue, durante el siglo XVI, una rama de la magia). Esta figura clave, para la sociedad contemporánea, sólo representa la continuidad del manipulador bruniano, cuyos principios va siguiendo, procurando presentarlos con fórmulas técnicas c impersonales. Los historiadores concluyeron sin razón que la magia había desaparecido con la llegada de la «ciencia cuantitativa». Esta sólo ha sustituido una parte de la magia, prolongando sus sueños y sus finalidades, recurriendo a la tecnología. La electricidad, los medios de transporte rápidos, la radio y la televisión, el avión y el ordenador no son más que las realizaciones de aquellas promesas, formuladas por la magia, que respondían a los procedimientos sobrenaturales del mago: producir luz, desplazarse instantáneamente de un punto a otro del espacio, comunicarse con regiones lejanas del espacio, volar por los aires y disponer de una memoria infalible. Podemos sostener que la tecnología viene a ser una magia democrática que permite a todo el mundo gozar de las facultades extraordinarias de las que, hasta ahora, sólo podía presumir el mago.
Por el contrario, nada ha reemplazado a la magia en el terreno que le es propio: el de las relaciones intersubjetivas. Al mantener una función operacional, tanto la sociología como la psicología y la psicosociología aplicada representan, hoy en día, la continuación directa de la magia renacentista.
¿Qué se pretendía conseguir con el conocimiento de las relaciones intersubjetivas?
Una sociedad homogénea, ideológicamente sana y gobernable. El manipulador de Bruno tenía la responsabilidad de impartir a sus sujetos una educación y una religión correctas: «Ante todo, hay que cuidar mucho la manera de educar a alguien, vigilar el lugar donde sigue sus estudios, vigilar el tipo de pedagogía, de religión, de culto, los libros y los autores estudiados. Pues lodo esto genera por sí mismo, y no por casualidad, todas la cualidades del sujeto» (Theses de Magia, III). El control y la selección son los pilares del orden. No hace falta tener mucha imaginación para entender que la función del manipulador bnuniano la ejerce, ahora, el estado: este nuevo «mago integral» se encarga de producir los instrumentos ideológicos necesarios para conseguir una sociedad uniforme. Cualquier educación crea unas expectativas que ni el mismo estado es capaz de satisfacer. Para los frustrados, existen unas centrales ideológicas que crean expectativas alternativas. Digamos que si el estado produce la «cultura», estos otros centros manipuladores producen la «contracultura» que va dirigida, ante todo, a los marginales.
No hay que engañarse en lo que respecta al carácter de las modas culturales alternativas: en ciertas circunstancias, pueden resultar ser más potentes que la cultura del estado: en tal caso, acabarán sustituyendo a esta última, ya sea siguiendo la evolución, ya sea creando una revolución. Por esta razón, el estado que quiera subsistir, debe tener la capacidad necesaria para asegurar a sus ciudadanos una educación infalible, y, si puede, debe satisfacer sus deseos. Si no lo consigue, debe procurar producir él mismo su contracultura, cuyos componentes ideológicos deben estar organizados de tal manera que impidan la cohesión de los marginados así como el aumento de su poder. El método más sencillo y más eficaz, pero también el más inmoral, consiste en dejar que vaya prosperando el mercado de los fantasmas destructivos y autodestructivos de todo tipo, al mismo tiempo que se va abonando la idea de que existen fuentes alternativas de poder, entre las cuales la más importante sería el «poder mental». Los efectos de la violencia se vuelven contra los agresores, la autodestrucción anula otra parte de los marginados, y, mientras tanto, el tercio restante está ocupado meditando y extasiándose ante las posibilidades desconocidas, pero siempre inofensivas, claro está, de la psique humana. Aunque, en ciertos casos, algunos ritos violentos vayan asociados con prácticas mentales, resulta poco probable que realmente consigan atacar la cultura del estado. La ventaja de estas operaciones sutiles consiste en no recurrir a la represión directa para salvar la idea de libertad, cuya importancia no debe ser desestimada. Por otro lado, las modas alternativas también representan una fuente considerable de prestigio y riqueza para sus creadores: y esto asegura el buen funcionamiento de todas las industrias que están relacionadas con ellas: la imagen, el disco, la moda de la indumentaria. A su vez, el éxito en el mercado de estas operaciones acaba siendo un peligro para el estado que, hasta este momento, había estado ayudándolas discretamente con la finalidad de desviar la atención de los marginados. Pero resulta que el fenómeno adquiere tales proporciones que prácticamente ya no puede ser controlado ni por los manipuladores directos ni por el estado mismo. Surgen entonces nuevas modas que no han sido inventadas por el estado para asegurar su propia subsistencia. Estalla una nueva ola de violencia que el estado no había programado. Las prácticas auto destructivas acaban por afectar a los representantes de las nuevas generaciones que hubiesen podido responder a las expectativas más nobles del estado. La situación se complica cada vez más, y las medidas que se toman exigen un gasto considerable de inteligencia que hubiera sido más útil para unos fines mejores.
Y nos preguntamos si el estado occidental, hoy en día, es realmente un mago o si sólo es un aprendiz de brujo que pone en movimiento unas fuerzas ocultas e incontrolables.
Es difícil contestar a esta pregunta. En cualquier caso, el estado-mago, siempre y cuando no se trate de unos vulgares prestidigitadores, es preferible al estado policial que es aquel que, para defender su propia «cultura» caduca, no duda en reprimir todas las libertades así como la ilusión de las libertades, transformándose en una cárcel donde ya no existe esperanza. Demasiada sutilidad y demasiada flexibilidad son los mayores defectos del estado-mago, que puede degradarse y transformarse en un estado brujo. Una carencia total de sutilidad y de flexibilidad son los mayores defectos de un estado policial, que se ha transformado en un estado-carcelero. Pero la diferencia fundamental entre los dos, la que hace inclinar la balanza a favor del primero, es la naturaleza de la magia: la magia es una ciencia de las metamorfosis, tiene la capacidad de cambiar, puede adaptarse a cualquier circunstancia, puede mejorarse. Por el contrario, la policía jamás puede ser otra cosa que lo que es: en el caso que nos ocupa, es el defensor a ultranza de unos valores caducos, de una oligarquía política inútil y perjudicial para la vida de las naciones. El sistema de coacción está condenado a desaparecer porque lo que defiende no es más que un montón de fórmulas sin ninguna vitalidad. Por su parte, el estado-mago está esperando la posibilidad de desarrollar nuevas oportunidades y nuevas tácticas, y precisamente el exceso de vitalidad puede interferir en su funcionamiento. Seguramente él también sólo podrá explorar una ínfima parte de sus recursos mágicos. Pero intuimos que éstos serán de una riqueza extraordinaria y, en principio, no deberían tener ninguna dificultad en arrancar el árbol seco de la ideología policial.
¿Por qué esto no ocurre? Porque la sutilidad de sus juegos internos agota la atención del estado-mago, y éste resulta tener poca preparación para enfrentarse al problema de una magia fundamental y eficaz en sus relaciones externas. Este monstruo de inteligencia se queda sin recursos en cuanto debe proyectar operaciones a largo plazo o cuando tiene que poner cara de «encanto» para las relaciones internacionales. Su pragmatismo sin contemplaciones ni miramientos acaba creándole una imagen que, aun siendo más bien falsa, resulta repulsiva a la mirada de sus interlocutores. Este defecto, hecho de promesas y discursos bizantinos, le perjudica tanto como sus excesos de inteligencia y su incapacidad para proponer soluciones radicales.
Si nos extrañamos porque el estado policial todavía sigue funcionando también podemos preguntamos porque el estado-mago, que dispone de una cantidad de recursos ilimitada, funciona tan mal; incluso parece que vaya perdiendo terreno, día a día, frente a los progresos ideológicos y territoriales del otro.
La conclusión es evidente: el estado-mago agota su inteligencia creando diversiones internas y demuestra ser incapaz de elaborar una magia a largo plazo para neutralizar la hipnosis provocada por las cohortes policiales que van avanzando. Así y todo, parece que el futuro le pertenezca y aunque el estado policial consiguiera una victoria provisional, no cabría ninguna duda sobre esta cuestión: la coacción violenta deberá rendirse ante los procedimientos sutiles de la magia, la ciencia del pasado, del presente y del futuro.”

Ioan P. Culianu. Eros y magia en el Renacimiento, ed. Siruela (1999). pp. 147-152.