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domingo, 28 de octubre de 2007

Hijos de Felipe


Aún cuando no esté en algunas cosas de acuerdo con este articulo, me parece uno de los más brillantes que se ha escrito a raíz del 25 aniversario de la victoria socialista de 1982. Quienes rondamos los treinta (lustro arriba- lustro abajo) deberíamos leerlo con atención.

Y Felipe hizo España a su imagen y semejanza
Jose Javier Esparza

28 de octubre de 1982, González y Guerra en el balcón de Ferraz, victoria histórica sobre la base de 10 millones de votos y, además, apoyada en todos los grandes resortes del poder que funcionaban (y funcionan) en España y en Europa… Llegó Felipe. Después, OTAN y Rumasa, Comunidad Europea y GAL, crecimiento económico y corrupción, ampliación de servicios sociales y paro en masa… Las luces y las sombras arrojan claroscuros que presentan distintos matices según el observador. Se marchó Felipe en 1996, aunque no quería. Dejó el poder, pero España era, psicológicamente hablando, felipista.

Sólo se podía votar PSOE
Puede hacerse un paralelismo tal vez algo vertiginoso, pero no infundado: del mismo modo que Zapatero jamás habría ganado de no mediar los atentados del 11-M, Felipe jamás habría conseguido una mayoría tan apabullante de no haber mediado el golpe del 23-F. La diferencia no está tanto en el suceso como en la reacción que ocasionó en el país: si ante el 11-M España se rompió, ante el 23-F España se unió. Fruto de esa unión fue el voto masivo al PSOE en 1982, convertido desde el golpe en única alternativa posible.

(Atrás deben quedar las necesarias preguntas sobre el papel que realmente jugó el PSOE en aquella enorme conspiración. Esta historia tal vez nunca se sabrá del todo, pero limitémonos a una serie de constataciones: quien estaba pidiendo a voces un golpe de timón no era una extrema derecha ya residual, sino figuras clave del sistema como el honorable Tarradellas; nadie habría opuesto demasiada resistencia a un movimiento como el que, al parecer, auspiciaba Armada, más institucional que violento; si el 23-F fracasó, ello fue porque ese no era el golpe que sectores muy influyentes del sistema estaban acariciando, sino otra cosa muy distinta y, con total probabilidad, provocada por los servicios de información precisamente para abortar otras maniobras de mayor altura).

Que el PSOE era, desde el 23-F, la única alternativa posible, decía. Veámoslo de este otro modo: era también el único lugar hacia donde el país podía huir (hacia delante) una vez cerrada la vía derecha por el autohundimiento de UCD y por el chafarrinón de los espadones, simétrico este último de la desconfianza que inspiraba el Partido Comunista en un mundo donde todavía existía el Muro de Berlín. La cuestión era que o bien uno tenía convicciones muy propias de la derecha, y entonces votaba a la AP de Fraga, o bien uno era un ciudadano común y corriente, moderado y sensato pero progresista y moderno, y entonces sólo podía votar al PSOE. ¿Por qué? Porque el PSOE se había convertido en “lo que había que votar”. Todo el voto no ideológico se pasó en masa a Felipe. Él lo ideologizó; al menos, a buena parte de él.

El macizo de la raza
Merece la pena detenerse aquí. En todas las sociedades, y desde luego en España, funciona lo que podríamos llamar la “mayoría neutra”, que es la que, en condiciones de normalidad socioeconómica y paz civil, prevalece siempre. Conquistar a esa “mayoría neutra” es el objetivo primordial del político que quiere asentar una hegemonía duradera. Dionisio Ridruejo, poniendo el asunto en el contexto del franquismo, hablaba del “inconmovible macizo de la raza”. Y en efecto, el franquismo duró casi cuarenta años y el dictador murió en su cama porque el “inconmovible macizo de la raza” estaba cómodo con el régimen y (o) tenía pavor a un cambio.

Ese macizo inconmovible secundó mayoritariamente al Rey, a Suárez y la transición porque, en ese momento, eran la garantía de paz y normalidad. La aguda crisis económica y el 23-F rompieron tales garantías, y entonces fue elegido Felipe González. Felipe dejó de resultarle atractivo al inconmovible macizo de la raza porque los crímenes de Estado y la corrupción rompieron la paz civil, al mismo tiempo que el paro y la quiebra financiera del Estado habían roto la normalidad socioeconómica. Entonces se escogió a Aznar, la única alternativa posible, y éste devolvió a España paz y normalidad hasta el punto de ser reelegido con mayoría absoluta. A Aznar se le quebró la paz civil el 11-M, y entonces hubo una mayoría que escogió a Zapatero. Hoy… Hoy el Gobierno intenta por todos los medios, y todos los días, convencernos de que hay paz civil y normalidad socioeconómica.

Y ese inconmovible macizo de la raza, ¿qué ideología tiene? Propiamente ninguna. Pero reacciona conforme a los valores y principios que se imponen como convenientes, mayoritarios o, simplemente, “correctos” (aquí reside la fuerza de la denominada “corrección política”). El político que está en el poder sabe que la idea que se hace la gente acerca de la normalidad y la paz (digamos el bienestar) presenta unos u otros colores según el enfoque con el que se mira. Generalizar el enfoque propio, el que uno tiene, se convierte entonces en una tarea de primer orden para asentarse en el poder. El franquismo fracasó estrepitosamente en la tarea; en los años sesenta, la sociedad ya era más “moderna” que el régimen. El socialismo, después de 1982, tuvo un éxito mucho mayor. Conceptos como “progreso”, por ejemplo, pasaron a convertirse en dogmas incontestables. Incluso el propio concepto de “izquierda” devino en algo casi mágico, que todos querían compartir.

Felipe hizo a España a su imagen y semejanza en el sentido de que los valores y principios de la sociedad pasaron a ser, poco a poco, los del socialismo en el poder: una idea primaria de la igualdad (entre hombre y mujer, entre profesor y alumno, entre delincuente y víctima, etc.), una identificación del progreso con la ruptura de cualesquiera órdenes tradicionales, un concepto asistencial y un tanto caciquil del Estado… La España que eligió a Aznar en 1996 era mucho más de izquierdas, en su mentalidad cotidiana, que la España que eligió a Felipe en 1982. La España que dejó Aznar en 2004 seguía siendo, en ese sentido, de izquierdas. Lo seguirá siendo incluso si el próximo marzo vota mayoritariamente a Rajoy. Y el PP, probablemente, no tendrá vigor para rectificar los valores y principios que son mayoritarios en España; los que sembró Felipe González a partir de un 28 de octubre de 1982

sábado, 29 de septiembre de 2007

Leyendo el último libro de Cesar Alonso de Los Rios



"El Congreso de Intelectuales de 1984 montado por el Partido Socialista, y en el poder, habría sido una gran ocasión para la recuperación crítica de la memoria histórica, si se hubiera dedicado a reflexionar sobre el hecho de que la misma generación de intelectuales que apoyó el Régimen de Franco, y algunos de cuyos miembros más eminentes se encontraban allí, en los años cincuenta y sesentas, los movimientos de contestación a aquel.
No es posible encontrar un precedente semejante en algún otro país. Este es un hecho político y cultural único, insólito. Sin embargo o ha sido soslayado de forma sistematica o ha sido minimizado."


Un ejemplo: un articulo de Haro Tecgler


"Dies Irae" publicado en Informaciones, Madrid, 20 de noviembre de 1944.

La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronado por el águila de Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España.
Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad —lacrima coeli— una llovizna fina y gris.
El instituto, el subconsciente, nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de la Falange.
Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y enderezador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo.
Y así, en este día de dolor —Dies Irae— a las once —once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de vuelo de su presencia—, la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica, y, entre la doble fila de seminaristas —cirios encendidos en sus manos— ha pasado al Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse de allí donde el mármol vela su cuerpo.
Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan firme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó.

jueves, 7 de junio de 2007

"¿Cómo ser conservador-liberal-socialista?. Un credo" por Leszek Kołakowski (Encounter, Octubre de 1978, pp. 46-49)




Lema: “¡Por favor, pase hacia adelante a la parte trasera!” Esta es una traducción aproximada de un ruego que oí una vez en un tranvía en Varsovia. Lo pongo como eslogan de una poderosa Internacional que nunca existirá.

Un conservador cree:

1.Que en la vida humana nunca ha habido y nunca habrá mejoras que no impliquen deterioros y males. Este precio debe ser considerado y tenido en cuenta a la hora de confeccionar los proyectos sociales de reforma y perfeccionamiento. Así, los innumerables males son compatibles entre sí (los podemos sufrir comprensiva y simultáneamente); mientras que los muchos bienes se limitan o anulan entre sí, no pudiendo gozarse enteramente de ellos al mismo tiempo. Es perfectamente posible una sociedad en la que no haya ningún tipo de libertad o igualdad, mientras que es imposible un orden social en el que conviva la libertad e igualdad absoluta. Esto se puede aplicar igualmente a la compatibilidad de la planificación y del principio de autonomía o del principio de seguridad y del progreso técnico. No hay un final feliz en la historia de la humanidad.

2.Que no sabemos en qué grado las diferentes formas de vida social tradicional -familias, rituales, naciones, comunidades religiosas- son imprescindibles para la existencia de una sociedad tolerable o simplemente viable. No hay ningún argumento que certifique que destruyendo estas formas de vida -o calificándolas de irracionales- aumentemos las posibilidades de felicidad, paz, seguridad o libertad. No tenemos ningún conocimiento cierto de lo que podría ocurrir si, por ejemplo, aboliéramos la familia monógama o si renunciáramos a la costumbre ya consagrada de enterrar a los muertos, y la sustituyésemos por el reciclaje racional de los cadáveres para fines industriales. Haríamos bien en esperar lo peor.

3.Que la idee fixe de la Ilustración -que la envidia, la vanidad y la agresividad están causadas por las deficiencias de las instituciones sociales y que estas serán barridas cuando se reformen estas instituciones- no sólo es completamente increíble y contraria a toda experiencia, sino altamente peligrosa. ¿Cómo es posible que estas instituciones aparecieran si eran tan contrarias a la verdadera naturaleza del hombre? Aspirar a institucionalizar la fraternidad, el amor y el altruismo es tener ya un proyecto seguro de despotismo.

Un liberal cree:

1.Que sigue siendo válida la vieja idea de que el fin del Estado es la seguridad --incluso si la noción de “seguridad” incluye no sólo a la protección de las personas y la propiedad por medio de la ley, sino a la aplicación de varios tipos de previsión social. Los parados no deben morirse de hambre ni a los pobres les debe de faltar una ayuda médica. Los niños deben tener acceso libre a la educación. Todo esto es parte de la seguridad. Con todo, la seguridad no debe ser nunca confundida con la libertad. El Estado no garantiza la libertad regulando y actuando directamente sobre las diferentes áreas de la vida, sino no haciendo nada. De hecho, la seguridad sólo puede expandirse a expensas de la libertad. De cualquier manera, hacer a la gente feliz no es la función del Estado.

2.Que las comunidades humanas no sólo están amenazadas por su degradación sino además por su estancamiento -una sociedad puede estar tan organizada que no deje lugar a la iniciativa individual y a la inventiva. El suicidio colectivo de la humanidad es concebible no sólo por el simple hecho de que no somos hormigas, sino por su transformación definitiva en un hormiguero.

3.Que es altamente improbable que una sociedad en la cual todas las formas de competitividad hayan sido eliminadas continúe manteniendo los estímulos necesarios para la creatividad y el progreso. Tener más igualdad es un medio y no es un fin en sí mismo. En otras palabras, que no tiene sentido una lucha por más igualdad si de esto resulta el descenso de nivel de aquellos que son mejores, y no el ascenso de los excluidos. La perfecta igualdad es un ideal que se destruye a sí mismo.

Un socialista cree:

1.Que toda sociedad en la cual la búsqueda de beneficio sea el único regulador del sistema productivo está tan amenazada por una gran -quizá la más grande- catástrofe, como la sociedad en la que el motivo del beneficio ha sido absolutamente eliminado de las fuerzas de producción-regulación. Existen buenas razones tanto para limitar -por motivos de seguridad- la libertad de la actividad económica, como para impedir que el dinero deba de producir automáticamente más dinero. Aún así, la limitación de la libertad debe ser denominada así, y no como una forma más alta de libertad.

2.Que es absurdo e hipócrita justificar cualquier forma de creación de beneficios basándose en la imposibilidad de una sociedad perfecta y pacífica y en la inevitabilidad de la desigualdad. Esta clase de pesimismo antropológico conservador que conlleva la creencia asombrosa de que un impuesto progresivo sobre la renta es una abominación inhumana es tan sospechoso como el tipo de optimismo histórico sobre el que se basó el Gulag.

3.Que la tendencia a regular la economía por medio de controles sociales importantes debe ser apoyada, aunque el precio a pagar sea una aumento de la burocracia. Tales controles deben, sin embargo, ser ejercidos desde una democracia representativa. Por este motivo es esencial planificar instituciones que sirvan de contrapeso a la amenaza que para la libertad supondría el crecimiento de estos mismos controles.


Tal como lo veo este sistema de ideas reguladas no es auto-contradictorio. Y que por lo tanto es posible ser un conservador-liberal-socialista. Esto equivale a decir que estas tres designaciones particulares no serán por mucho tiempo opciones excluyentes entre sí.

En cuanto a la Internacional grande y poderosa que mencioné al principio, nunca existirá, porque no puede prometer a la gente la felicidad.

Traducido por Don Cógito (Ver aquí original)