CONVERSACIÓN
CON ANDRÉS SÁNCHEZ PASCUAL, SU TRADUCTOR
ENTENDER
A NIETZSCHE
En un comentado artículo
“Sobre la recuperación de Nietzsche”, de Gonzalo Sobejano, después de
señalar el impacto que una nueva y distinta lectura de ese pensador único ha
provocado en algunos jóvenes pensadores del país, se nos dice: “Asisto con
expectante curiosidad al despertar de esta otra manera de entender a Nietzsche.
Y considero la nueva traducción de sus obras como una aportación útil, segura,
digna del mayor reconocimiento”. Probablemente resulte innecesario decir
que el realizador de esas nuevas traducciones, que van apareciendo en Alianza
Editorial y que pueden calificarse de definitivas, es Andrés Sánchez Pascual.
Traductor, realizador de inteligentes introducciones y confeccionador de
exhaustivas y necesarias notas a los textos traducidos, Sánchez Pascual es
asimismo conocido como ensayista, faceta, esta última, en la que hay que
recordar el número por él dirigido de la “Revista de Occidente” dedicado a
Nietzsche. Actualmente, y desde hace algo así como medio año, Sánchez Pascual
ha echado raíces en nuestra ciudad como director y catedrático de Filosofía de
la Escuela Normal de Magisterio. Con el propósito de dar a conocer al lector
algunos aspectos de las razones de su quehacer, hemos conversado con él larga y
amistosamente. Reflejo de esas conversaciones pretende ser esta entrevista.
Reflejo que ha de ser pálido, pues ¿quién duda que la entrevista se ha
convertido, como alguien dijo, en algo así como un artículo de saldo? Sin
embargo, ante la inevitabilidad, pasemos a lo único que puede hacerse:
entrevistar.
—Es de sobras conocido que,
en nuestro país y en lo que ya de siglo, se han dado cantidad de traducciones
de Nietzsche. ¿A qué se debe, entonces, esa imperiosa necesidad de volver a
traducir a Nietzsche?
—Se puedo decir que ahí
confluyen dos factores. En primer lugar, nos encontramos con que los
manuscritos de Nietzsche hasta mediados de los años cincuenta estaban
literalmente secuestrados. Y así, cuando Schlechta, en su edición de Nietzsche
de 1954, nos descubre algunas de las falsificaciones que sufrieron los textos
de éste, el mundo intelectual de Europa empieza a comprender que Nietzsche no
era el fantoche fascistoide presentado por los falsos amigos y los falsos enemigos.
Una nueva imagen de Nietzsche se levanta a partir del establecimiento de un
nuevo texto alemán; me refiero, por supuesto, a las obras que no publicó el
propio Nietzsche. Resulta evidente, por tanto, la necesidad de establecer un
nuevo texto castellano, de acuerdo con los escritos originales, que actualmente
están editando, en una labor de investigación encomiable, Colli y Moritinari.
Pero además, por otra parte, y como ha mostrado Gonzalo Sobejano en su
magnífico libro Nietzsche en España, todas las traducciones al
castellano que se habían dado hasta ahora eran un ejemplo de deshonestidad.
Falta en la que influyó, sin duda, la mala intelección que sufrió Nietzsche,
dependiente de interpretaciones parciales, que nada tenían que ver con el
mensaje filón de este filósofo. Y no hablemos ya de esos que lo entendieron
como un vociferador y como tal lo tradujeron. En una palabra, nos encontrábamos
con que todas las traducciones eran inservibles, excepto quizá la primera que
se hizo del Zaratustra, la de Juan Fernández. Y ello tanto por las traducciones
en sí como por la falsificación de los textos. De ahí esa necesidad que he
intentado satisfacer.
DIEZ
AÑOS
—Es de suponer que ese trabajo
habrá sido arduo, ¿cómo lo has realizado?
—En realidad, he estado
trabajando en ello más de diez años, realizando la traducción por etapas. Primero
fue preciso fijar el texto, luego fijar el vocabulario y ponerlo a prueba,
para, por último, llevar a cabo la definitiva elaboración. Llegando al extremo
de que la mayoría de los textos han sido traducidos varias veces.
—Me atrevería a decir que
ésta no ha sido una buena inversión económica.
—Por supuesto que no. En
ésta labor, la que hay que añadir la gran cantidad de tiempo dedicado a la
búsqueda de textos, viajes a Alemania, etc., tan sólo he perdido dinero. Pero
eso, en este caso, era secundario. Lo que intentaba era recrear la escritura
nietzscheana. Y el intento creo que no ha resultado fallido.
LOS
ERRORES
— Sin embargo, tu
traducción parece dura, resistente a la lectura, cargada de signos de
puntuación.
—En el original ocurre lo
mismo, el alemán de Nietzsche produce extrañeza al lector. Y la puntuación,
elemento básico, es algo que las otras ediciones castellanas pasaban por alto.
En ello influyó evidentemente, el que el noventa por ciento de ellas se
hubiesen hecho del francés y no del alemán. Como ejemplo tenemos, todavía, una
reciente antología en la que algunos fragmentos están traducidos directamente
del francés, callándose la boca su hacedor, y en la que existen algunos errores
tan graves que parecen de chiste.
—Esto me recuerda la
airada polémica que mantuviste en el otoño del 73 con Fernando Savater en las
páginas literarias de “Informaciones". ¿Qué me dices respecto a ella?
¿Cómo surgió?
—Todo empezó porque
siempre he considerado que cualquier interpretación textual necesita un texto,
y si el texto falla, si es inválido, toda interpretación será como mínimo
caprichosa. De ahí que, por la corrupción de textos, me parezca el “Inventario”
de Savater una de las peores selecciones existentes. Y eso es lo que dije. Lo
cual no tiene que ver con la altura intelectual de Savater, que es superior en
mucho a muchos de los imbéciles que le atacan. Lo malo de las polémicas es que
se agrian y resultan vergonzosas al pasar al terreno personal. Como fue el caso
de ésta.
OFERTA
DE CAMPO FIABLE
—Sin embargo, y con
respecto a tus prólogos ¿no se te puede acusar de asepsia interpretativa, de
postura aparentemente neutra, y digo aparentemente porque ninguna
interpretación, ni siquiera su ausencia, puede ser neutra?
—Mi misión como traductor
es ofrecer al lector un campo fiable en el que pueda optar. Por ello, no me
parece que los prólogos sean el lugar más adecuado para interpretar. Mi postura
frente a Nietzsche está bastante meditada, pero quizás no está explícita y no
se deje traslucir en mis escritos. Sin embargo, en algunos lugares me he
situado en una posición bastante clara. En el caso del número de la “Revista de
Occidente” dedicado a Nietzsche. De todos modos, aunque no haya mostrado mi
postura amplia frente a Nietzsche, no voy a aprovecharme de los prólogos para
ello. Sería una traición al lector. Te puedo decir que estoy en favor de las
interpretaciones de Deleuze y Klossowski, pero no de las reinterpretaciones:
ésas que tanto abundan. De hecho, creo que Deleuze y Klossowski han realizado
dos de las lecturas más importantes de Nietzsche. Siendo la de Klossowski la
más actual.
—De todos modos, dada tu
no clara explicitación, ¿preparas algo, algún libro, donde se refleje lo que pertenece
a tu pensamiento?
—Estoy preparando dos
libros. Uno se titulará “Transvaloraciones”, y viene a ser una crítica de la
moral. Algunos capítulos (por ejemplo, el final, titulado “La vida sexual de
los nenúfares”) los he sometido ya, en diversas lecturas, a la crítica de algunos
amigos.
—¿Parte de Nietzsche?
—Parte del callejón sin
salida al que ha llegado el humanitarismo burgués, el humanismo reblandecido.
El otro que estoy escribiendo versa sobre Nietzsche.
—¿Sobre o a partir de
Nietzsche?
—Mejor diría acerca de
Nietzsche. Con él quisiera proporcionar al lector una plataforma textual para
que se enfrente, se las entienda con Nietzsche. Y naturalmente, en él tengo en
cuenta lo que se ha dicho sobre él, pues Nietzsche es una de tantas metáforas.
Y no da lo mismo leerlo antes o después de Heidegger, o de Klossowski, o de
Hitler. En una palabra, lo que pretendo con ese libro es proporcionar una
introducción a la lectura de Nietzsche.
EL
NIETZSCHE MAS INCISIVO
—Y en cuanto a las
traducciones, ¿aparecerán más?
— Por supuesto,
aparecerán más, y se publicará el corpus integral de la obra de Nietzsche.
—¿Incluidos los textos póstumos?
—Se puede decir que sí.
Pues en contra de la opinión de Schlechta, los póstumos son fundamentales. Y
entiendo por póstumos, no los inéditos, es decir, aquellos libros que Nietzsche
ya dejó acabados, preparados para la publicación antes, de hundirse en la
locura, libros, estos, que fueron los falsificados. Entiendo por póstumos, al
contrario, los fragmentos que quedaron sin la reelaboración de Nietzsche, y que
por ello son más directos, más valientes, más incisivos. De esos fragmentos,
unos inciden en puntos no tratados en los libros, diciéndonos así algo |totalmente
nuevo sobre algo incomunicado. Otros, en cambio, fueron utilizados y
traspasados de lo inmediato a lo elaborado, perdiendo a veces en el traspaso,
dada su menor valentía, claridad de referencias. Por esa razón, también
resultan estos últimos capitales, ya que explicitan, nos dirigen, a puntos que
pueden parecer oscuros. De ahí que a menudo en mis notas aparezcan, ya que lo
que pretendo es ofrecer totalidad de materiales, para que luego se trabaje.
Pues solo con fidelidad de textos podrá llegarse a una verdadera lectura e
interpretación de Nietzsche. Y eso parece ser algo que muchos presurosos
intérpretes olvidan.
Y aquí, sin más, acabamos
esta real y, a pesar de ello, ficticia entrevista con el que es artífice de esa
posibilidad de leer con fidelidad a uno de los pensadores más sintomáticos y
más profundos de la modernidad:Federico Nietzsche.
Francisco Monge, Diario
de Mallorca, 6 de febrero de 1978, p.31

No hay comentarios:
Publicar un comentario