viernes, 6 de febrero de 2026

¿Entrevista? a Andrés Sánchez- Pascual sobre la traducción a Nietzsche (Diario de Mallorca, 6 de febrero de 1978)

 

CONVERSACIÓN CON ANDRÉS SÁNCHEZ PASCUAL, SU TRADUCTOR

ENTENDER A NIETZSCHE

En un comentado artículo “Sobre la recuperación de Nietzsche”, de Gonzalo Sobejano, después de señalar el impacto que una nueva y distinta lectura de ese pensador único ha provocado en algunos jóvenes pensadores del país, se nos dice: “Asisto con expectante curiosidad al despertar de esta otra manera de entender a Nietzsche. Y considero la nueva traducción de sus obras como una aportación útil, segura, digna del mayor reconocimiento”. Probablemente resulte innecesario decir que el realizador de esas nuevas traducciones, que van apareciendo en Alianza Editorial y que pueden calificarse de definitivas, es Andrés Sánchez Pascual. Traductor, realizador de inteligentes introducciones y confeccionador de exhaustivas y necesarias notas a los textos traducidos, Sánchez Pascual es asimismo conocido como ensayista, faceta, esta última, en la que hay que recordar el número por él dirigido de la “Revista de Occidente” dedicado a Nietzsche. Actualmente, y desde hace algo así como medio año, Sánchez Pascual ha echado raíces en nuestra ciudad como director y catedrático de Filosofía de la Escuela Normal de Magisterio. Con el propósito de dar a conocer al lector algunos aspectos de las razones de su quehacer, hemos conversado con él larga y amistosamente. Reflejo de esas conversaciones pretende ser esta entrevista. Reflejo que ha de ser pálido, pues ¿quién duda que la entrevista se ha convertido, como alguien dijo, en algo así como un artículo de saldo? Sin embargo, ante la inevitabilidad, pasemos a lo único que puede hacerse: entrevistar.

—Es de sobras conocido que, en nuestro país y en lo que ya de siglo, se han dado cantidad de traducciones de Nietzsche. ¿A qué se debe, entonces, esa imperiosa necesidad de volver a traducir a Nietzsche?

—Se puedo decir que ahí confluyen dos factores. En primer lugar, nos encontramos con que los manuscritos de Nietzsche hasta mediados de los años cincuenta estaban literalmente secuestrados. Y así, cuando Schlechta, en su edición de Nietzsche de 1954, nos descubre algunas de las falsificaciones que sufrieron los textos de éste, el mundo intelectual de Europa empieza a comprender que Nietzsche no era el fantoche fascistoide presentado por los falsos amigos y los falsos enemigos. Una nueva imagen de Nietzsche se levanta a partir del establecimiento de un nuevo texto alemán; me refiero, por supuesto, a las obras que no publicó el propio Nietzsche. Resulta evidente, por tanto, la necesidad de establecer un nuevo texto castellano, de acuerdo con los escritos originales, que actualmente están editando, en una labor de investigación encomiable, Colli y Moritinari. Pero además, por otra parte, y como ha mostrado Gonzalo Sobejano en su magnífico libro Nietzsche en España, todas las traducciones al castellano que se habían dado hasta ahora eran un ejemplo de deshonestidad. Falta en la que influyó, sin duda, la mala intelección que sufrió Nietzsche, dependiente de interpretaciones parciales, que nada tenían que ver con el mensaje filón de este filósofo. Y no hablemos ya de esos que lo entendieron como un vociferador y como tal lo tradujeron. En una palabra, nos encontrábamos con que todas las traducciones eran inservibles, excepto quizá la primera que se hizo del Zaratustra, la de Juan Fernández. Y ello tanto por las traducciones en sí como por la falsificación de los textos. De ahí esa necesidad que he intentado satisfacer.

DIEZ AÑOS

—Es de suponer que ese trabajo habrá sido arduo, ¿cómo lo has realizado?

—En realidad, he estado trabajando en ello más de diez años, realizando la traducción por etapas. Primero fue preciso fijar el texto, luego fijar el vocabulario y ponerlo a prueba, para, por último, llevar a cabo la definitiva elaboración. Llegando al extremo de que la mayoría de los textos han sido traducidos varias veces.

—Me atrevería a decir que ésta no ha sido una buena inversión económica.

—Por supuesto que no. En ésta labor, la que hay que añadir la gran cantidad de tiempo dedicado a la búsqueda de textos, viajes a Alemania, etc., tan sólo he perdido dinero. Pero eso, en este caso, era secundario. Lo que intentaba era recrear la escritura nietzscheana. Y el intento creo que no ha resultado fallido.

LOS ERRORES

— Sin embargo, tu traducción parece dura, resistente a la lectura, cargada de signos de puntuación.

—En el original ocurre lo mismo, el alemán de Nietzsche produce extrañeza al lector. Y la puntuación, elemento básico, es algo que las otras ediciones castellanas pasaban por alto. En ello influyó evidentemente, el que el noventa por ciento de ellas se hubiesen hecho del francés y no del alemán. Como ejemplo tenemos, todavía, una reciente antología en la que algunos fragmentos están traducidos directamente del francés, callándose la boca su hacedor, y en la que existen algunos errores tan graves que parecen de chiste.

—Esto me recuerda la airada polémica que mantuviste en el otoño del 73 con Fernando Savater en las páginas literarias de “Informaciones". ¿Qué me dices respecto a ella? ¿Cómo surgió?

—Todo empezó porque siempre he considerado que cualquier interpretación textual necesita un texto, y si el texto falla, si es inválido, toda interpretación será como mínimo caprichosa. De ahí que, por la corrupción de textos, me parezca el “Inventario” de Savater una de las peores selecciones existentes. Y eso es lo que dije. Lo cual no tiene que ver con la altura intelectual de Savater, que es superior en mucho a muchos de los imbéciles que le atacan. Lo malo de las polémicas es que se agrian y resultan vergonzosas al pasar al terreno personal. Como fue el caso de ésta.

OFERTA DE CAMPO FIABLE

—Sin embargo, y con respecto a tus prólogos ¿no se te puede acusar de asepsia interpretativa, de postura aparentemente neutra, y digo aparentemente porque ninguna interpretación, ni siquiera su ausencia, puede ser neutra?

—Mi misión como traductor es ofrecer al lector un campo fiable en el que pueda optar. Por ello, no me parece que los prólogos sean el lugar más adecuado para interpretar. Mi postura frente a Nietzsche está bastante meditada, pero quizás no está explícita y no se deje traslucir en mis escritos. Sin embargo, en algunos lugares me he situado en una posición bastante clara. En el caso del número de la “Revista de Occidente” dedicado a Nietzsche. De todos modos, aunque no haya mostrado mi postura amplia frente a Nietzsche, no voy a aprovecharme de los prólogos para ello. Sería una traición al lector. Te puedo decir que estoy en favor de las interpretaciones de Deleuze y Klossowski, pero no de las reinterpretaciones: ésas que tanto abundan. De hecho, creo que Deleuze y Klossowski han realizado dos de las lecturas más importantes de Nietzsche. Siendo la de Klossowski la más actual.

—De todos modos, dada tu no clara explicitación, ¿preparas algo, algún libro, donde se refleje lo que pertenece a tu pensamiento?

—Estoy preparando dos libros. Uno se titulará “Transvaloraciones”, y viene a ser una crítica de la moral. Algunos capítulos (por ejemplo, el final, titulado “La vida sexual de los nenúfares”) los he sometido ya, en diversas lecturas, a la crítica de algunos amigos.

—¿Parte de Nietzsche?

—Parte del callejón sin salida al que ha llegado el humanitarismo burgués, el humanismo reblandecido. El otro que estoy escribiendo versa sobre Nietzsche.

—¿Sobre o a partir de Nietzsche?

—Mejor diría acerca de Nietzsche. Con él quisiera proporcionar al lector una plataforma textual para que se enfrente, se las entienda con Nietzsche. Y naturalmente, en él tengo en cuenta lo que se ha dicho sobre él, pues Nietzsche es una de tantas metáforas. Y no da lo mismo leerlo antes o después de Heidegger, o de Klossowski, o de Hitler. En una palabra, lo que pretendo con ese libro es proporcionar una introducción a la lectura de Nietzsche.

EL NIETZSCHE MAS INCISIVO

—Y en cuanto a las traducciones, ¿aparecerán más?

— Por supuesto, aparecerán más, y se publicará el corpus integral de la obra de Nietzsche.

—¿Incluidos los textos póstumos?

—Se puede decir que sí. Pues en contra de la opinión de Schlechta, los póstumos son fundamentales. Y entiendo por póstumos, no los inéditos, es decir, aquellos libros que Nietzsche ya dejó acabados, preparados para la publicación antes, de hundirse en la locura, libros, estos, que fueron los falsificados. Entiendo por póstumos, al contrario, los fragmentos que quedaron sin la reelaboración de Nietzsche, y que por ello son más directos, más valientes, más incisivos. De esos fragmentos, unos inciden en puntos no tratados en los libros, diciéndonos así algo |totalmente nuevo sobre algo incomunicado. Otros, en cambio, fueron utilizados y traspasados de lo inmediato a lo elaborado, perdiendo a veces en el traspaso, dada su menor valentía, claridad de referencias. Por esa razón, también resultan estos últimos capitales, ya que explicitan, nos dirigen, a puntos que pueden parecer oscuros. De ahí que a menudo en mis notas aparezcan, ya que lo que pretendo es ofrecer totalidad de materiales, para que luego se trabaje. Pues solo con fidelidad de textos podrá llegarse a una verdadera lectura e interpretación de Nietzsche. Y eso parece ser algo que muchos presurosos intérpretes olvidan.

Y aquí, sin más, acabamos esta real y, a pesar de ello, ficticia entrevista con el que es artífice de esa posibilidad de leer con fidelidad a uno de los pensadores más sintomáticos y más profundos de la modernidad:Federico Nietzsche.

Francisco Monge, Diario de Mallorca, 6 de febrero de 1978, p.31

miércoles, 31 de diciembre de 2025

"Aquel puerto de Andratx de la postguerra" de Rosa Planas, Diario de Mallorca, 16 de noviembre de 1980.

 


Antes de la llegada del turismo ya vivían el lugar algunos “excéntricos” extranjeros.

AQUEL PUERTO DE ANDRATX DE LA POSTGUERRA

Fue, sin duda, el Puerto de Andratx uno de los lugares más idílicos de Mallorca, aún hoy conserva, a pesar del atentado ecológico del que ha sido objeto, ese carácter especial de los puertos mallorquines que conjugan la luminosidad y la melancolía.

El Puerto se caracterizaba por las suaves ondulaciones de sus colinas cubiertas de pinos, por la serenidad de su entorno y por la escasez de cualquier tipo de construcción. Era un puerto marinero en donde sus habitantes vivían esencialmente de la pesca, y en el que todo además cosmopolita era totalmente desconocido. No había industria ni negocios, únicamente un aserradero en donde se fabricaban tablones, que eran remitidos a Valencia con el objeto de fabricar cajas.

Las casas del Huerto en su mayoría estaban encaladas, aunque también las había que eran de puro marés. Se trataba de sencillas moradas de pescadores en las que escaseaban los muebles superfluos y en las que, sin embargo, abundaban las sillas y algún que otro oxidado despertador.

En aquellos tiempos curiosos, no hace más de treinta años, existían solamente dos lugares de hospedaje, la Pensión Moragúes y la Pensión Rico. En estas pensiones llenas de paz, eran tratados con solicitud los primeros pioneros del turismo, unos pocos extranjeros que habían descubierto la paradisíaca isla de Mallorca.

Hoy todo ha cambiado, la metamorfosis se ha desarrollado en el sentido más kafkiano, la mariposa se ha convertido, o mejor dicho la hemos convertido, en insecto. El Puerto de Andratx se ha transformado en un puerto turístico y la naturaleza ha sufrido el terrible cambio: de lo gratuitamente hermoso a lo interesadamente funcional. La agresión a la belleza tiene en el puerto su máximo exponente. Donde en un tiempo hubo tan sólo pinares ricos en aromas y matices existen hoy energuménicas grúas y construcciones a medio terminar. Se ha destruido parte del encanto de la naturaleza, pero no ha sido desterrado del recuerdo de quienes conocieron el Puerto tal y como era cuando disponía de su verdadera identidad.

RECUERDOS DE CRISTOBAL SERRA

Cristóbal Serra, conocido escritor mallorquín, vivió gran parte de su infancia y juventud en el Puerto de Andratx. Esta etapa de su vida la recoge en su último libro: “Diario de Signos”, de inminente aparición. Serra nos habla de los veranos en el Puerto, de los higos chumbos que constituían un tributo al calor africano, tórrido y cruel... De las cabras campando a sus anchas en las rastrojeras, de las aguas negras de la Mola y también, cómo olvidarlos, de los extravagantes extranjeros que llenaron con sus poéticas manías las páginas de la historia local y de este libro de Signos.

Muchos de los habitantes del Puerto habían emigrado a Cuba en busca de mejor fortuna, ésto hacía que el carácter de alguno de estos emigrantes fuera de lo más pintoresco. Este pintoresquismo se reflejaba en muchos aspectos de la vida del Puerto, en ciertas casas y, sobre todo, en la Imaginación de algunos porteños. De los que marcharon a Cuba, la mayoría regresaron, no siempre verdaderamente enriquecidos, pero sí con unos pocos ahorros con los que se compraban un pequeño huerto, pero sin dejar Jamás de dedicarse a la pesca.

Eran muy escasos los extranjeros que vivían de forma permanente en el Puerto, Serra recuerda a algunos en su libro, quizá el más Inquietante de entre todos sea M. Flower, que vivía a bordo de su barco el “Jane” y que su amor a los animales había convertido en una verdadera arca de Noé. Este personaje se distinguía por su obcecado amor a los gatos y por su ferviente religiosidad, que contrastaba con el anticlericalismo de los habitantes del Puerto. Las misas de dos y tres personas eran lo típico de aquellos tiempos.

Otro de los extranjeros perennes era el misterioso habitante de “La casa del inglés”, nombre con que era asignada la vivienda de este personaje. Este hombre solitario que poseía una vasta cultura había sido cónsul en Abisinia, vivía en el Puerto tan sólo durante los inviernos y en el verano desaparecía como si huyera del agobiante calor. Se decía que era un gran conocedor de la lengua núbica y que poseía gran número de manuscritos y libros de incalculable valor.

En el Puerto, la forma de vida venía del mar y también el sustento de quienes allí vivían. Había muchos pescadores especializados en un tipo determinado de pesca y también los había que sobresalían por su especial pericia y dominio en los temas del mar. Entre éstos destacaba “Perdigó”, que era un genio de la pesca de “serrans”, algunos de sus ejemplares poseían dimensiones extraordinarias.

A pesar de que dominaba la vida marinera también se encontraban algunos huertos, la mayoría de los cuales estaban situados a la entrada del Puerto, en la zona denominada “Saluet”. Esta región, según el autor del “Diario de Signos”, fue en tiempos pasados “una ciénaga hirviente de vida donde andaban libres toda clase de pájaros”. Ahora, por ser quizá el lugar más fértil, se ha convertido en tierra de cultivo donde se crían sobre todo los pimientos. Este vegetal sufre cada verano la tiranía de un sol devastador, que abrasa inmisericorde cuanta vegetación existe.

La gente del Puerto era amable, pero se distinguía por una extraña hostilidad hacia todo lo de fuera. Con la guerra civil no cambió esta actitud, quizá se acrecentó la incomprensión hacia todo lo foráneo y se cebó con nuevos y trágicos argumentos el resentimiento del pobre, que desde entonces fue más firme.

Este rechazo hacia todo lo que era ajeno al Puerto se debía también a que los extranjeros constituían una nota discordante en la armonía reinante. Esos primeros turistas eran seros extravagantes, que al igual que George Sand, en Valldemosa causaron el consabido revuelo con su desusada excentricidad. Algunos de ellos iban descalzos, otros hacían largos paseos nocturnos sin justificación aparente. Esas rarezas típicas de los seres ajenos a la rutina, eran tachadas por los habitantes del Puerto como siniestras maniobras de espionaje, pero a pesar de esos recelos los inocentes extranjeros poco tenían que ver con los espías, a lo sumo eran, como el marido de M. Flower, un simple e inofensivo ilustrador de tebeos ingleses.

LA MOLA

Dos o tres lugares eran los que más sobresalían en el Puerto y formaban parte del vocabulario esencial de los que allí vivían. En cierto modo, eran los protagonistas naturales de la vida del Puerto. Esos inigualables parajes son: La Mola y Cala Marmassen.

La Mola es una solitaria atalaya morisca, que se levanta sobre las montañas y el mar y desde donde, en los días claros, se ve con gran nitidez el contorno misterioso de la Isla Dragonera. Desde ese torreón morisco se ve también toda la costa que se extiende desde el Puerto hasta San Telmo.

La Mola está rodeada de abismos y en ella siempre, por estar al descubierto, ya sea en verano o en invierno, sopla un fresco y fuerte viento. Las aguas que se ven desde la Mola son oscuras e inquietantes, ello ha llevado al autor del “Diario de Signos” a decir que “las aguas son el monstruo, el terror invisible, el abismo que te quiere tragar, envolver, anonadar”. En realidad, esta es la sensación que provoca el asomarse, aunque sea tímidamente, a los cortados precipicios de la Mola.

RAMON VERA

El Puerto no ha sido ni es únicamente un lugar lleno de atractivos naturales y de pintorescas anécdotas, el Puerto es, sin duda, la cuna de Importantes artistas, que desgraciadamente esperan ser promocionados y lanzados fuera del reducido espacio en que se han movido y creado. Entre estos artistas locales quizá destaca por la viveza y originalidad de su obra el pintor Ramón Vera. Es este un artista que nada tiene que envidiar a la vanguardia europea pues posee el mismo encanto primitivo de un Rousseau el Aduanero. Es imaginativo y sus temas, que giran siempre en torno a la vida del Puerto, están tratados con calor y sentimiento. Su concepción plástica es un prodigio de color y poesía.

Ramón Vera mezcla y confunde en su creación el exotismo de Cuba, donde había vivido, y las formas cálidas y mediterráneas de la costa de Andratx. Es la suya una pintura literaria, de anécdotas, pero en ningún momento superficial. Barcos, peces y pescadores son, sin duda, los protagonistas de su pintura y los eternos personajes de su alucinada creación.

Ramón Vera es un gran artista que murió trágicamente en un accidente de automóvil y dejó su obra desperdigada... Falta todavía que sea reconocido por sus compatriotas. No obstante, para quien desee iniciarse en su pintura, que se sepa que algunos de sus cuadros sirven de motivo de decoración en uno de los restaurantes del Puerto y que ayudan a algo más que a abrir el apetito.

LA PROCESION DEL CARMEN

Tal vez era esta la celebración más importante en la vida del antiguo Puerto. Como hemos dicho antes, sus gentes no se caracterizaban por un fervor religioso excesivo, sin embargo, al llegar las fechas de la patrona de los pescadores, parecía que el alma de esas gentes se transformaba y no tan sólo en lo interior sufría modificaciones, sino que todas las barcas se engalanaban con banderas de colores, que llenaban el cielo y el mar de un inusitado esplendor.

Una flota de barcas de “bou”, casi todas ellas propiedad de los hermanos Vera (familia del pintor Ramón), surcaba las tranquilas aguas del Puerto. El recorrido se iniciaba a media tarde y se prolongaba hasta entrada la noche, entonces se convertía en un espectáculo de ensueño, ya que se iluminaban las barcas y se mezclaba su luz con. el color sanguinolento del ocaso que caía. La distancia era lo de menos, apenas llegaban hasta el faro y volvían. Iban todas capitaneadas por la barca principal, propiedad de los Vera, llamada “Virgen del Carmen”, ésta abría la procesión llevando en su proa la imagen de la Virgen. Ramón Vera quiso plasmar en su pintura la belleza y emoción de esta fiesta singular. Algunos de sus cuadros más interesantes tienen como tema este aspecto mágico e inolvidable del viejo Puerto de Andratx.

Rosa Planas, Diario de Mallorca, 16 de noviembre de 1980, p. 43.



lunes, 11 de agosto de 2025

"El loco Blake" de Rosa Planas (Diario de Mallorca, 31 de octubre de 1980)


El loco Blake

"Julien Green en su obra “la Suite inglesa”, nos presenta a Blake como un verdadero islote dentro de la literatura inglesa. Ni su época lo tuvo en cuenta ni formó escuela después de su muerte. Sugirió como un furúnculo en la piel tersa de Inglaterra. Sus visiones fueron herméticas y sus símbolos apuntaron certeramente al corazón de la civilización occidental.

Los ingleses le llamaban “mad Blake” (loco Blake), pero más que su locura les inquietaba lo terrible de su persona y lo inexplicable de sus profecías. Era indecente y violento, todo lo contrario a un honorable caballero británico. Su actitud constituía un insulto al puritanismo.

Su amor apasionado hacia Cristo le llevó a odiar todo cuanto está fuera del espectro evangélico y en ese todo se incluye con especial énfasis; la filosofía, la política, la moral, las instituciones, la especulación, la monotonía, el pragmatismo y la burguesía.

En Blake, el hombre debe ahondar en su propia condición, que es la del ser que no se integra en ninguno de los mundos conocidos, porque ni es animal del todo ni tampoco una naturaleza absolutamente espiritual. El hombre debe crear su propio medio, su verdadero espacio donde conocerse y encontrar su razón de ser, conseguir e “Matrimonio del Cielo y del Infierno. Dios no rechaza al Diablo, ni el infierno repele al ciclo. Los contrarios se necesitan para existir, únicamente a través de la oposición de los principios se engendra la realidad. Esta dialéctica se desencadena en el corazón del hombre, que es por su condición un campo de batalla, una guerra civil entre los sentimientos hijos de una madre común: la existencia.

El cristianismo de Blake se aleja de toda moralidad y se convierte en un canto a la libertad y a la facultad creadora del espíritu. Quien atenta contra la Imaginación ataca a Cristo. Para Blake, el mundo es una visión fuera de la cual no hay más que sombras. En uno de sus arrebatos el poeta afirmará: “Yo no conozco otro cristianismo ni otro Evangelio que el de la libertad, del alma y del cuerpo, para ejercitarse en las ar tes divinas de la Imaginación, mundo real y eterno del que este Universo Vegetal no es sino débil sombra”.

Lo que Blake llama la “Ley sagrada" no es un conjunto de normas escritas, ni tampoco un código de compartimiento social. Lo sagrado es irracional y va más allá de lo psicológico, que es lo único que reflejan las leyes humanas. La naturaleza de la Ley es incomprensible para el hombre que no somete su inteligencia a la fe. Para Blake. la moral no es el fin último de la religión ni siquiera el camino de la santidad. La poesía, que es la esencia del arte, es un sendero mucho más’ firme que cualquier tortuoso silogismo ético. El “Genio Poético" es el elemento divino del hombre y su acción es la única manifestación de Dios sobre la Tierra.

De querer situarla, la obra de William Blake supondría un eslabón entre el romanticismo desbordado y el hermetismo profético heredado de la Biblia y de los grandes poetas teólogos: Dante y Milton. Del Dante recibe la caótica visión de una cristiandad desleal con el Evangelio. Su crítica a la Iglesia va más allá de la observación del carácter lascivo y simoníaco que el poeta florentino denunció en la Roma del Renacimiento. Blake ve en el inmovilismo dogmático de todas las iglesias cristianas, la ciénaga en donde nacen toda clase de hedores y corrupciones.

En cuanto a su obra gráfica, no es más que la plasmación de algunas de sus más prístinas visiones. No se puede separar de su obra poética porque es una línea quee avanza en la misma dirección. Por su truculencia y esculturalismo se acerca a la pintura de Miguel Ángel. Ambos artistas, hacen del cuerpo humano un fin en sí mismo. Las formas, lejos de reflejar serenidad, están llenas de angustia y expectación. El movimiento es esencial en Miguel Ángel y en Blake, pero se trata de un dinamismo que emana del interior de lo, cuerpos, un fluido incontenible que se desborda en los músculos y en las expresiones de terror que asumen los rostros. Aunque Blake prefiere la miniatura, su visión plástica es colosalista como la de Buonarrotti y su “Juicio Final" sorprende por la inmensidad dentro de lo reducido de sus dimensiones, 47’5 x 38 cm.

Los grabados y pinturas más famosos del poeta están conservados en la Tate Gallery londinense. Allí se pueden contemplar los matices, la magia y la locura de este artista extraordinario.

Thomas Merton, escritor y monje trapense, sintió la llamada del misterio religioso a través de la lectura de Blake. Le impresionaron vivamente sus “Libros Proféticos" y las extravagantes anécdotas de su vida. Aunque no deja de recalcar la heterodoxia del poeta, Merton deja ver entre líneas. que esta heterodoxia es más pura que muchas insinceras ortodoxias. Su inclinación hacia Blake le permite afirmar que éste “Escribió poesía mejor cuanto tenía doce años que Shelley en toda su vida". Y es porque para Merton. el arte va mucho más allá del simple ejercicio literario del estilo que se adquiere con los años y la experiencia. 

Rosa Planas, Diario de Mallorca, 31 de octubre de 1980, p. 38.


lunes, 14 de julio de 2025

"Fui conserje en un hotel; luego leí a Blake". Entrevista a Cristóbal Serra (El Mundo/El Día de Baleares. Lunes 30 de abril de 2001).


Cristóbal Serra, en el centro de la foto, solía comer en el palmesano y desaparecido celler Montenegro, en la calle del mismo nombre


 OPINIÓN. CONVERSACIONES EN EL ROMPEOLAS

PREMIO RAMON LLULL, 2000 EN LAS ILLES BALEARS // ESCRITOR, TRADUCTOR. NACIÓ EN PALMA, BEBE VINO BLANCO Y ANDA DESPACIO // «ESTÁN AGONIZANDO UNOS TIEMPOS EN LOS QUE PRACTICAMENTE HAN MUERTO TODOS LOS VALORES», AFIRMA

CRISTOBAL SERRA

“Fui conserje en un hotel; luego leí a Blake.”

Una entrevista de EMILIO ARNAO

PALMA.— Por teléfono he quedado con Cristóbal Serra, escritor, para comer en el Celler Montenegro, donde sé que él acostumbra a llenarse de arroz. Llego antes que él y pido aceitunas y Coca-Cola. Saco la grabadora y el cuaderno. Al momento baja por las escaleras del celler, como un trovador francés, Cristóbal, con gafas, amable, una camisa gris como el día, a punto de la tormenta. Compartimos mesa, una jarra de vino, «¿les pongo el arroz?» Después de la entrevista. «A ver, Arnao, qué quieres de mi». Botón rojo. Click. Estamos grabando. El celler está prácticamente vacío, sólo una pareja de extranjeros, que más que comer, se dan piquitos y hacen manitas. Enfrente de nuestra mesa, un joven solo come como un pequeño oso. Nosotros oímos los sorbidos de la sopa. Pero el restaurante, antiguo y socialista hoy es todo para nosotros. «Cristóbal quiero que me cuentes tu vida, tu literatura, el humanismo, tus gafas, en fin, Palma, esta ciudad tan distinta de cuando tu eras un muchachote borrascoso»

—¿Borrascoso? Mala información. Mi adolescencia en Palma está plagada de palomas y con el agua del mar, la del puerto, más limpia que cualquier cala de hoy en día. Viví en el puerto de Andraitx. Luego estudié Derecho en Madrid. Volví y me di cuenta que me gustaba más la literatura, las lenguas. Fui a Valencia y a Barcelona y me licencié en Historia, en lenguas, Francés e Inglés. Trabajé en Mallorca durante 25 años como profesor y también me dediqué a la traducción.

—Entonces su literatura llega mucho más tarde, no demasiado joven.

—Sobre los 30 me di cuenta que a mí lo que me gustaba era escribir, pensar y escribir, todo en prosa, pero siempre con los tonos líricos de lo poético. He creído fundamentalmente en lo lírico.

—La lírica, lo espiritual, un nuevo humanismo, ¿cree usted que deben afianzarse en este mundo de las tecnologías, la diosa ciencia, el neoliberalismo, este siglo que empezamos?

—Podrás comprender que yo tango una mirada sesgada. A diferencia de vosotros, tengo un concepto muy apocalíptico de la historia. Todo lo que está pasando se acomoda de manera tan real al final de unos tiempos, no al final del mundo, ojo, yo creo que están agonizando unos tiempos en los que prácticamente han muerto todos los valores, y no digamos los valores de la Cristiandad, la religión.

André Malraux dijo que “el siglo XXI será religioso o no será”. ¿Entonces?

—Yo creo que todavía mantenemos el concepto de religión heredado de las religiones judías y cristiana, es decir, el judeocristianismo. En este sentido, este conflicto tan marcado entre religión y ciencia es propio de mentalidades deliminatorias. Los conocimientos de la ciencia tampoco son absolutos, de la misma manera que, ni mucho menos, son absolutos los que siempre se han dado en el ámbito de la religión. Por tanto, para mí no existe conflicto. Entiendo que los valores del espíritu tendrán siempre que prevalecer, porque si hay algún sentido en el libro del apocalipsis es justamente cuando habla del triunfo del espíritu De modo que así es, yo doy gran importancia a un mundo que hable siempre de espiritualidad. humanismo, como queramos llamarlo.

—Volvamos a la literatura usted nació en el año 22. Ha visto e imagino que leído todo el siglo XX español. Hoy estamos en un punto donde hay demasiado autor y excesivas publicaciones. ¿En literatura española, se ha escrito se esté escribiendo bien?

—Escribir bien no lo dudo, pero no basta sólo escribir bien. Seguimos concediendo demasiado valor a la forma A mí me interesan las obras que formalmente correctas van un poco más allá, si quieres, que están más allá de la literatura. España, en su historia literaria, ha pecado, salvo notables excepciones, por ser excesivamente formalista, del mismo modo que la francesa. Sin embargo, en los autores franceses, y sobre todo en la literatura inglesa yo encuentro destellos, por ejemplo, dentro de la mística, que a mí me siguen inquietando cada vez que los leo. Sin embargo con los españoles, místicos incluidos, me aburro, porque están al amparo del estilo de una maraña complicada y oscura que no deja ver lo auténtico. Yo prefiero, en literatura, lo auténtico. Recuerdo una frase de Bergamín que decía: “En la literatura española te sirven el menú, pero nunca la carta”. Esta es la idea, hay poca variedad, estamos siempre en el menú. En España hay mucho menú y demasiadas novelas. Sin embargo, en poesía…

— Un poeta.

Claudio Rodríguez.

—¿Usted en un poema qué busca?

—En primer lugar que aparezca claro el contenido poético. La poesía tiene que ser oscura, sí, pero no un puro juego formal. Yo busco en el poema una impresión directa, un golpe, una revelación Esto me ha pasado con Laforgue, con Baudelaire, Rimbaud, pero también con Rubén Dario. Oliverio Girondo sin embargo, muchos de los célebres no me llegan y como no me llegan directamente pues no me interesan.

—De esos disparos directos ¿recuerda alguno en estos momentos?

—Sí, como no. Tiene que ser de Blake. Ya está «Ver un mundo en un grano de arena/un cielo en una flor silvestre/ tener el infinito en la palma de la mano y la eternidad, en una hora». Estos versos de Blake, junto con sus aforismos relampagueantes, me impresionan. En cuanto intuyo el relámpago en el misterio, es cuando encuentro al hombre sensible que quizá pueda haber en mí.

Cristóbal Serra, al que el año pasado le dieron el Premio Ramón Llull de les Illes Balears, traductor y autor de numerosísimos libros (toda su obra traducida al francés), cuando ha recitado esos versos de William Blake lo ha hecho en inglés. El inglés, idioma de agua y madera, en la voz de C.S. suena muy moderno, etéreo, de antes y ahora, como si se arrastrara por la arena una serpiente imposible. No tengo más preguntas. Nos hemos quedado solos en el celler, entre los toneles y las herramientas de labranza. Le digo que si comemos ya. «Si, claro, arroz de bacalao amb pellotes. Yo bebo vino blanco. Todos los viernes me siento en esta misma mesa. Espero que venga alguien. Hoy has venido tú. Estoy siendo sincero contigo Palma ha cambiado tanto. Me encuentro cómodo entre vosotros, los jóvenes. A mí, ya ves, me quedan estas comidas y algunos libros que escribir, todavía».

—Es usted un hombre sensible.

 —Bueno, eso lo dices tú, que no me conoces. Pero si, me gustaría que se me recordara como una persona que ha sido más sensible de lo que muchos jamás han pensado.

Con o sin sensibilidad entre William Blake y William Blake, las cuatro de la tarde, lo que sí ha llegado es el arroz amb pelletes y el vino blanco, sin aguja, sin una peluquería fija, el pelo de Cristóbal. Ha ocurrido con su voz de chicarrón para adentro, el mediodía, infinito o eterno, en una mano, en una hora. Entre risas y un cierto contubernio (terciamos en política y en acontecimientos de amor), llega una amiga que resulta ser de los dos.  Yo tomo café doble. Y Cristóbal, lírico y con gafas monárquicas, pide café doble también, porque los dos ya hemos puestos sobre la mesa los mismo naipes místicos, redondos y desaparecidos. Nos quejamos por romanticismo, porque las metáforas ya no son aquellos caballos blancos de un prado de nieve tardío. “Yo también fui profesor de literatura, Cristóbal”. “Y yo, mucho antes, conserje de un hotel, por las noches.  Iba para conserje, pero los turistas me rompían los cristales y lo dejé”. Carmen rubia, manos pequeñas, amiga y psicóloga, pide un carajillo de coñac y nos habla de la pintura de Menéndez Rojas. A Cristóbal Serra, aquí en Baleares, lo han hecho premio Ramón Llull, el año pasado pero según he adivinado en su ojos él prefiere su etapa de conserje cuando las aguas de Palma todavía estaban limpias como una costa. «Yo leía, bajo un cielo de palomas el verso de los poetas lakistas». Tal vez es místico y atlántico, sigue esperando todos los días a que le caiga, entre el bosque, el relámpago, vestido de azul, vivo, brutal, invisible, en el centro mismo de la carne.

El Mundo/El Día de Baleares. Lunes 30 de abril de 2001, p.7.

lunes, 7 de julio de 2025

"Sobre Baudelaire" de Cristóbal Serra (Diario de Mallorca, 1 de agosto de 1974)


 Notas intimas

SOBRE BAUDELAIRE

He buscado en la literatura con una curiosidad insaciable el aforismo perfecto. De acuerdo con mis exigencias, éste tenía que producir convulsión inmediata, como esa clara de huevo que a la histérica le da una sacudida. Yendo así en su búsqueda, lejos de encontrado, ha dado con diversos tipos de ellos. He conocido entre otros el aforismo-huevo, el aforismo-peladilla y el aforismo-ova de mar. Este último más bien áspero, raspa la piel de quien con él entra en contacto.

Porque mis esfuerzos fueron infructuosos, estoy por decir que el aforismo puro, en su condición de tal, es imposible. Los hombres más dotados para esta especie de suicidio que nos deja patitiesos —un Vaché por ejemplo— se suicidaron y no de mentirijillas. 

Vaché, cuando escribe sus “Cartas de Guerra", hace y deshace no se toma la molestia de razonar ni de disparatar. Señala con la más altiva indiferencia. No trata de adular el sentimiento ni la opinión. Por eso, escribe al desgaire aforismos cuasi-perfectos: “el Arte no existe, seguramente -por tanto es inútil cantarlo ¡sin embargo! Se hace arte porque así es y no de otra manera. Puesto que así es necesario vomitar un poco de ácido o de antiguo lirismo, que se haga de un tirón brusco -pues las locomotoras van deprisa”.

Escribir con la máxima penuria de medios es tanto como morir. Mientras se vive, hay que decir con palabras esto y lo otro, y por mucho esfuerzo que pongas, te quedas siempre corto. El lenguaje es, pues, un peligro en la medida en que le pedimos lo que el pobrecito no puede darnos. Hasta hay quien le exige la revelación suprema, sin sospechar que es tan impotente como los tentáculos del pulpo con todo su serrallo de ventosas. En cambio, ahí están sus muchas posibilidades, siempre que se convierta en pura diablura poética.

Del trato con el lenguaje he sacado una lección graciosa, maravillosa, inútil, que bien puede calificarse de poética. No es otra que la que Baudelaire nos dio al aconsejarnos que cuanto se escriba, aunque sea prosa, ha de ser poesía. Es decir, el consejo baudeleiriano nos advierte que no escribamos como escribió fulanito y menganito y no seamos en literatura el ordeñador que tira de la ubre antas veces solicitada por los ordeñadores seculares. Ahora bien, tales consejos no son lo mismo que el dejarse llevar, juego peligroso, arriesgado. No conocemos por ventara poetillas que, por dejarse llevar, la tonta corriente los lleva como a esos corchos cabezones que arroja el pescador de caña.

Todos los que han escrito notas íntimas han sido un tanto contrabandistas de la literatura. La venganza o el castigo que mismos se infringen por dicho contrabando ilegal, consiste en no publicar sus cosas, como no sea después de muertos. No quieren verse en la propia vitrina. Quieren envejecer antes de darse a conocer sin rebozos. Así que esconden el fraude, lo mantienen secreto. Recompensa amarga o feliz, según sean los temperamentos, pero recompensa lógica y merecida. Porque el pudor también se paga.

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Las notas íntimas de Baudelaire las encontramos —en “Cohete”, “Mi corazón al desnudo", y el “Carnet” —, fragmentos que se publicaron en las Obras Póstumas. No podía ser de otro modo. El viejo Baudelaire podrido aquí no aparece ni pizca diabólico, nada “flor del mal" y sí extremadamente humano.

Si tuvo pose como artista, aquí se nos revela especialmente sincero. Se nos muestra trabajador, inclinado a la oración, y preocupado por pagar puntualmente sus deudas. Pobre, porque el ocio en la sociedad burguesa no da para mucho al artista, se esfuerza en ayudar a la mujer que ama y con la que siempre se ha solazado. Lo más sorprendente es que, en el curso de estas libres notas, no se muestra duro criticando a sus cofrades. Como no sea con George Sand que le exaspera, sus críticas no conocen el odio ni las ideas preconcebidas.

El ensañamiento lo reseña Baudelaire para ciertas ideas que flotan en su siglo y es despiadado consigo mismo, con el hombre, y sobre todo con la literatura. La teoría política de Baudelaire es resueltamente reaccionaria por asco de la mediocridad democrática. Sus pujos aristocratizantes en todos los órdenes le apartan de una visión mostrenca de la política. Considera absurda la creencia en el progreso en mayúscula y así escribe: la creencia en el progreso es una creencia de perezosos. Una doctrina de belgas. El pensamiento de Baudelaire en estos textos es fundamentalmente apocalíptico. El fin del mundo que él ve próximo, lo imagina como un triste triunfo de Mamón. Fue uno de los que alertaron contra el fatídico dinerismo. Con visión profética, nos imagina “americanizados”, víctimas de la sociedad de consumo. Podríamos hurgar párrafos en los que prevé la lógica de los fascismos: “Los gobiernos se verán forzados, para mantenerse y para crear un fantasma de orden, a recurrir a medios que harán estremecer la humanidad actual, de suyo tan endurecida”.

En estas notas íntimas Baudelaire amontonó todas sus cóleras. Por eso es también ése un libro de rencores. Haciendo gala de prudencia, cree conveniente publicarlo cuando haya amasado una fortuna considerable que le permita salir de Francia para ponerse a buen recaudo.

Baudelaire APOLO -. MI CORAZON AL DESNUDO Traducción de A. Esclasans.

CRISTOBAL SERRA, Diario de Mallorca, 1 de agosto de 1974, p. 31.


martes, 25 de febrero de 2025

"Ucrania: la colonia europea de la Rusia Soviética" por Jordi Ventura (Destino Nº. 1471; 16 de octubre de 1965)

 


Ucrania: la colonia europea de la Rusia soviética

En pocos años, e incluso meses, cierta clase de información se ha generalizado ya lo bastante para que se pueda hablar de ella un suscitar hipócritas desgarramientos de vestiduras en sectores determinados. Siendo las cosas como son, ya es posible estudiar el genocidio de ciertas naciones por parte de Stalin, puesto que las mismas autoridades soviéticas han «rehabilitado» a los chechenos, ingusetios o alemanes del Volga, casi aniquilados por orden de aquel dictador. Los campos de concentración rusos ya no son «una vil calumnia de los fascistas». Y las masas obreras del mundo ya han podido aprender que las dictaduras jamás son buenas, aunque se proclamen «del proletariado».

Claro está que ahora resulta que todo fue culpa de Stalin y, mientras se le cubre a él de oprobio, se vuelve a afirmar, sin vergüenza, la «justicia» de la «solución marxista-leninista de la cuestión nacional». Pero, como decía de Hitler uno de los jueces de Nuremberg: es imposible que un hombre solo haya podido cometer tantos crímenes. Y así, por ejemplo, el otro ucraniano, Nikita Kruschev, fue el encargado, entre otros, de realizar la labor imperialista rusa en Ucrania. Y en aquella nación, todo el aparato del Partido Comunista ruso se puso al servicio de un genocidio sólo comparable al cometido contra los judíos.

Pero de Ucrania no se habla, o muy poco. Y los soviéticos de hoy, si lo hacen, es justamente para encubrir la opresión de que es y ha sido objeto la nación ucraniana.

En este mar de confusión y de confusionismo con respecto a lo que pasa en la URSS, los rusos no se hallan solos. Por extraño que parezca, añaden su leña al fuego los «expertos» del Departamento de Estado norteamericano, para quienes en la URSS sólo hay una nación —la rusa— y las demás naciones y nacionalidades no rusas son «un invento del siglo XIX».

A ambos puntos de vista —cuando menos, verbalmente genocidas— les da un mentís (interesado, cómo no), a la China comunista, que desde hace unos pocos años ha denunciado el carácter colonialista de la Unión Soviética. E incluso, según noticias muy recientes, parece ser que Radio Pequín tiene emisiones en ucraniano para el millón y medio o dos millones de ucranianos que ahora residen en las regiones de Vladivostok y de Jabárovsk, en el Oriente soviético. Las emisiones, desde luego, son para recordar e insistir en la opresión de Ucrania por parte de los rusos. Con el paso de los años, y a medida que el pleito nacional ucraniano se daba a conocer, los partidos dependientes de la URSS han intentado diversas maniobras para evitar de explicar por qué la nación ucraniana no es libre e independiente como en apariencia promete la constitución de la URSS. Una de ellas, leída recientemente en una de sus revistas, es que hace ya más de cuarenta años que «las naciones y nacionalidades soviéticas son las más libres del mundo.» «Incluso—añaden con descarada contradicción—, a raíz de los XX y XXII congresos del PCUS han visto ampliadas sus prerrogativas». Este argumento nos recuerda que, bajo el imperio zarista, se había abolido veinte veces el suplicio del knut. Con una sola abolición —pero sincera— habría sido bastante. Y, de la misma forma, a las naciones soviéticas les habría bastado conseguir la libertad una sola vez... pero realmente, claro está.

RAZONES ECONOMICAS DE LA AGRESION RUSA

El imperialismo y la política colonial del Gobierno ruso han encontrado su expresión en la planificación economía de la URSS, basada en la explotación despiadada de las riquezas de los países ocupados, en provecho de Rusia, de su desarrollo económico y de su expansión política.

La élite política rusa, educada en la tradición imperialista, no quería aceptar la independencia ucraniana que, para ellos, representaba una pérdida demasiado importante para Rusia. El mismo Stalin en 1920, dio una explicación clarísima a la ocupación por los rusos de los restantes países del antiguo estado zarista:

«Rusia central, este hogar de la revolución mundial, no podría aguantar mucho tiempo sin la ayuda de las regiones periféricas que abundan en materias primas, en combustible, en productos alimenticios».

Esta idea, que Stalin supo vestir con fraseología seudomarxista, la repitió una y otra vez, junto con la frase —que desde entonces ha hecho fortuna— de «regiones periféricas», para designar a las naciones distintas del Estado central.

Era, pues, preciso reconquistar Ucrania y los otros países limítrofes. Y lo hicieron por medio de una guerra de las más atroces.

LOS DOS TIPOS DE COLONIAS

Es muy interesante notar que, antes de 1917, y con excepción de Lenin, ciertos marxistas rusos, si bien consideraban a Rusia como un país colonial, se olvidaban sistemáticamente de mencionar entre las colonias rusas a las naciones de Ucrania, Polonia y Finlandia. Contra este punto de vista, que perduró en la posguerra, se alzó el comunista ucraniano [Mykhailo] Volobuiev (lo cual, claro está, le costó la vida), quien, en un bien documentado artículo de 1928, sostenía que hay dos categorías de colonias: las colonias formadas por los países menos desarrollados, sin establecer distinciones en el hecho de que se hallen separadas o no de la metrópoli por el mar o el océano, u otras grandes extensiones, y las colonias de «tipo europeo». Era una variante de la teoría del marxismo etnista que hemos denominado «de las naciones proletarias». Para Volobuiev, tanto Ucrania como Polonia o Finlandia, eran colonias rusas del tipo europeo.

Como decía el profesor ucraniano: «lo esencial de las consecuencias de la dependencia de una “colonia de tipo europeo” radica sobre todo en el hecho de la desviación del desarrollo de sus fuerzas productivas en beneficio de la economía de la metrópoli.»

EXPLOTACION COLONIAL DE UCRANIA

En 1928, Volobuiev demostró que la Rusia soviética sacaba de Ucrania aproximadamente el mismo provecho de tipo colonial que la Rusia de los zares, lo cual representaba un 20 por ciento de los beneficios de la economía de Ucrania. El economista ucraniano afirmó abiertamente que la instauración del poder soviético no había resuelto en absoluto el problema de la liquidación de la situación colonial de Ucrania. Por su serie de artículos, Volobuiev fue deportado y desapareció para siempre en la década de los 1930. Pero de algo sirvió su valiente acusación ya que, por lo menos desde Volobuiev, Moscú ha dejado de publicar los datos comprometedores respecto a los beneficios de la economía ucraniana.

Aún así, la explotación colonial de Ucrania por Rusia quedo demostrada ampliamente por una serie de cifras referentes a las inversiones oficiales Así, por ejemplo, en los años 1920-1928, Ucrania proporcionó a Rusia un promedio del 40 por ciento del total de los recursos de la URSS, pero, en cambio, sólo recibió un 19 por ciento del total de las inversiones del Estado soviético. La desproporción en el reparto de las inversiones no dejaba lugar a dudas: Rusia obtenía la mayor parte, y estos porcentajes han seguido siendo iguales e, incluso, en algunos años, han aumentado. Son sobre todo las regiones étnicamente rusas (regiones económicas del noroeste, del centro, del Volga y del Ural) las que siguen recibiendo más de la mitad de las inversiones.

Rusia absorbe por lo menos un 60 por ciento de los créditos concedidos a la economía y a la población, mientras que Ucrania sólo recibe un 15 por ciento, aproximadamente. Esta política, que favorece el desarrollo de la Rusia étnica, se realiza en detrimento de la mayoría de las restantes naciones de la «Unión» y tiene como consecuencia la desigualdad discriminatoria en el desarrollo económico de las Repúblicas soviéticas, en especial de Ucrania. El Gobierno ruso, al aplicar una política colonial rígida, descuida voluntariamente el desarrollo económico de Ucrania y favorece el desarrollo de Rusia.

Generalmente, cuando pensamos en Ucrania, en seguida nos viene al pensamiento el trigo del famoso «granero de Europa» Esta fama sigue siendo justa, ya que Ucrania es un país agrícola desarrollado. Así, en 1961, Ucrania cosechó más de quince millones de toneladas de trigo, es decir, mucho más que el Canadá o que el conjunto de los grandes países de Europa. En cuanto a la producción de azúcar, ocupa el segundo lugar mundial después de Cuba. Pero Ucrania es igualmente un país industrializado, rico en recursos naturales. De hecho, es otro más de aquellos países sometidos que podrían bastarse a sí mismos en una independencia económica casi completa.

Es lo que ya supo ver el profesor Volobuvef, quien acompañaba sus reproches contra Rusia con la demanda de separar Ucrania y su economía de la Unión Soviética. Decía que, ya bajo la dominación zarista, Ucrania aspiraba a formar porte directamente de la economía mundial y que «la Revolución de Octubre» no resolvió la cuestión nacional ucraniana, puesto que Ucrania siguió siendo miembro de la URSS. Únicamente la revolución proletaria mundial, opinaba el profesor Volobuvef, podría permitir que Ucrania entrase directamente, y no a través de la economía rusa, en el sistema mundial de la economía. Y, de todas formas, según él, la URSS debería existir hasta entonces no como un sistema económico centralizado, sino como un sistema federal de las economías nacionales, distintas e independientes

Que el profesor ucraniano tenía razón, lo demuestran los resultados actuales, con la disminución constante de la parte de Ucrania en la producción total del Estado, así como lo indican las cifras siguientes, extractadas de publicaciones de la Oficina Central de Estadística de Moscú.

No hay duda de que ha habido una desigualdad progresiva entre el desarrollo de la productividad de Rusia y de Ucrania. Mientras que en Rusia la producción industrial ha aumentado cincuenta veces en comparación con 1913, en Ucrania sólo ha aumentado treinta y dos veces. En cuanto a la producción de la industria pesada, se ha acrecentado treinta y cinco veces en Ucrania y sesenta veces en Rusia. El aumento de la producción en ciertas regiones de Rusia es el siguiente: cuarenta y cinco veces en Leningrado, setenta y ocho en Moscú, ciento dieciocho en el Ural, ciento veinticuatro en las regiones del Volga-Viatka, trescientas ochenta y cuatro en Siberia occidental, noventa y cuatro veces en Siberia oriental y setenta y tres veces en el Extremo Oriente.

EL FACTOR HUMANO

Como siempre, el factor humano —ya que el hombre sigue siendo y será el capital más importante— va estrechamente ligado con los factores económicos, sociales y culturales. Por el lado demográfico, la opresión del pueblo ucraniano se ha hecho sentir, como no podía ser de otro modo, en el número global de su población. En cincuenta años, Ucrania ha perdido casi veinte millones de personas como consecuencia del genocidio, las persecuciones y las guerras. En cuanto al lugar desocupado por los ucranianos, lo toman en seguida miles de rusos, enviados allí por el Gobierno. Aplicando vanos procedimientos, uno de los cuales consiste en enviar a los ucranianos al Kazakstán o a otras regiones del Asia central so pretexto de que necesitan allí mano de obra especializada y técnicos, el Gobierno ruso soviético hace que los rusos emigran a Ucrania, con el mismo pretexto, realizando así poco a poco la colonización étnica del país.

El número de colonos rusos aumenta continuamente. En 1922 el número de rusos en Ucrania era de casi dos millones. En 1926 pasaban ya de los tres, o sea un 8 por ciento de la población del país. Pero en 1959 eran ya más de siete millones, o sea el 16,9 por ciento de la población.

Como son el núcleo del poder ocupante de Rusia, los rusos, como miembros del aparato gubernamental y económico de Moscú, habitan sobre todo en las ciudades ucranianas. Según el censo de 1959, el 81 por ciento de los rusos que viven en Ucrania (o sea 5.720.000) residen en las ciudades, en donde constituyen el 29,9 por ciento, y un 19 por ciento (1.365.000) habitantes en el campo, en donde constituyen el 6 por ciento de la población rural.

La comparación de la evolución etnográfica de los rusos y de los ucranianos demuestra indiscutiblemente la destrucción deliberada de la nación ucraniana. En 1897 había cuarenta y ocho millones de rusos y unos veinticinco millones y medio ucranianos en el territorio actual de URSS. A pesar de las guerras de 1914-20, el número de rusos no dejo crecer: el censo de 1926 revela que había entonces setenta y ocho millones de rusos y treinta y cinco y medio de ucranianos. En 1939 había noventa y nueve millones de rusos y treinta y cinco y medio de ucranianos, es decir, menos que en 1926, a pesar de la adquisición de territorios de la Ucrania occidental, con unos millones más.

No es licito, como sugieren determinados prosoviéticos, explicar esta gran disminución, por lo demás constante, de la población no rusa por la rusificación de sus habitantes, ya que los censos conservan la «nacionalidad» de quienes, por unas razones u otras, han abandonado la lengua autóctona. La explicación es mucho más dura y más espantosa a la vez. Fue el hambre de 1921-1922, en que más de un millón de ucranianos perecieron. El hambre de 1932, en que murieron un millón y medio. Y la del año siguiente, 1933 en que el número total de víctimas paso de tres millones. Estas hambres, como ahora es bien sabido, fueron provocadas adrede y «científicamente» por Stalin y lo, suyos, Kruschev entre ellos.

LA OPRESION CULTURAL

El sector de la cultura y de la educación a siempre uno de los sectores en que más se ejerce la discriminación nacional. La educación siempre fue una cosa importante en Ucrania. Y la cultura, su secuela, también. Pero, mientras que en la última década del siglo XVIII, bajo la autonomía, la Academia ucraniana de Kyiv (cerrada mis tarde por los rusos) había podido publicar 250 libros en ucraniano, en el siglo siguiente, de 1847 a 1856, tan sólo 25 libros ucranianos pudieron salvar los obstáculos presentados por la censura rusa. Sucesivos ukazes rusos fueron suprimiendo las publicaciones en ucraniano hasta que en 1876 no sólo se prohibieron las publicaciones de cualquier clase, sino incluso su importación.

La propaganda de los comunistas rusos habla hoy del mejoramiento apreciable de la educación en la URSS en comparación con los tiempos del dominio zarista. Ello es exacto, pero sólo refiriéndose a las tierras de habla rusa. No sucede igual en Ucrania según las mismas estadísticas oficiales.

Rusia: 1 escuela para 887 habitantes, en 1950; 967 habitantes, en 1956.

Ucrania: 1 escuela para 1.320 habitantes, en 1950; 1.363 habitantes, en 1956.

Ucrania padece una rusificación intensa a penas disimulada. Las protestas procedentes de la población o, incluso a veces, de los medios comunistas ucranianos, no dieron resultado alguno. Los rusos se escudan tras una fraseología «internacionalista», «una sola lengua es necesaria para la comprensión de los pueblos», etcétera, y el terror y las represalias hacen el resto.

Otro medio potente de rusificación lo constituyen las publicaciones. En este terreno domina la misma discriminación que 50 los restantes sectores de la vida política, económica, social, universitaria y cultural.

Según el censo de 1959, había en la URSS 55 por ciento de rusos, 18 por ciento de ucranianos y 23 por ciento de otras nacionalidades. Pues bien, siempre según fuentes soviéticas, el 28 por ciento de los periódicos publicados en la URSS eran en lengua ucraniana, pero —esto es muy importante— la tirada que se les permitía sólo representaba el 10 por ciento del total de los periódicos soviéticos. Los periódicos en ucraniano son pocos porque, como es sabido, periódicos y revistas son un medio eficacísimo de influir en las masas. Y lo mismo sucede con los libros, los publicados o los depositados en las bibliotecas públicas. En Ucrania hay 76.800 bibliotecas públicas (un 25 37, ciento de todas las de la URSS), con 373 millones de libros. Pero la mayoría de estos libros están en ruso, so pretexto de ello se facilita la intercomprensión de pueblos soviéticos En las bibliotecas escolares el hecho es aún más claro.

Veamos cuál es la proporción de libros en ucraniano y en ruso en los últimos años de que hemos tenido noticia, teniendo en cuerna el porcentaje de ucranianos y de rusos en la URSS…

La publicación de libros en ucraniano sólo representa el 46 por ciento de codos los libros publicados en la República ucraniana. Su tirada representa el 71 por ciento (contra el 80 por ciento en 1940) de la tirada total de todos los libros publicados en la República. Por otra parte, en Ucrania, donde hay siete millones de rusos, se publicaron en 1958 2.534 libros (títulos) en lengua rusa, mientras que en las restantes repúblicas, en donde hay cinco millones de ucranianos (por lo menos tres millones en la Federación rusa), sólo se publicaron cinco libros en lengua ucraniana. En 1961, esa día había bajado a dos.

Para los siete millones de rusos en Ucrania se publican tres diarios, pero para los cinco millones de ucranianos fuera de Ucrania no se publica ni un solo periódico en ucraniano...

LA INDEPENDENCIA Y SU DESTRUCCION

Una enorme cantidad de hechos referentes a Ucrania, desde 1917, han sido cuidadosamente disimulados para evitar que el público mundial sepa que diez días después de la revolución en el Imperio ruso, los ucranianos formaron un Gobierno independiente provisional. En diciembre del mismo año 1917, la Rusia de Lenin y Trotski, seguida inmediatamente después por Francia e Inglaterra, reconocían a la flamante República Nacional Ucraniana. Pocos días mis tarde, por Navidad comenzó la primera invasión rusa de la Ucrania independiente. Los combates continuaron hasta mayo de 1918, es decir, hasta la derrota completa de los rusos en Ucrania. Los acuerdos de paz firmados en junio previeron la normalización de las relaciones diplomáticas y consulares entre ambos países. Y, por consiguiente, el Gobierno ucraniano pudo abrir consulados generales en Moscú y en Petersburgo (Leningrado, después), así como los consulados en Kursk, Tula, Vorónezh, Kazán, Sarátov, Tsaritsyn (que más adelante Stalin bautizaría con su nombre), Astrakán, Tomsk, Omsk y en varias otras ciudades.

En diciembre de 1918, Rusia volvió a atacar Ucrania, por segunda y definitiva vez. Esta nueva invasión rusa se realizó en un momento difícil de la historia ucraniana. Durante un año, el país se encontró en el «triángulo de la muerte»: Polonia que la atacaba por el oeste; los rusos de Lenin por el norte, y los rusos blancos del general Denikin por el sur. A todo ello vino a añadirse una epidemia de tifus.

El comandante en jefe del ejército ucraniano, y presidente del Directorio de la República, Simon Petliura, era un patriota completo, cuyo patriotismo no se paraba, como los trenes rusos, en los límites del Imperio zarista, sino que abarcaba todas las tierras de la etnia ucraniana. Por ello, la asamblea proclamo la reunión a la República de Ucrania Occidental, o sea los territorios que habían pertenecido a Austria-Hungría. Estas tierras fueron el precio que Polonia cobró por contribuir, junto con los rusos blancos, a la derrota de la nueva Ucrania Era en noviembre de 1920. Ucrania volvió a quedar descuartizada y empero otra época de genocidio. Los polacos comenzaron a establecerse en masa en las tierras ucranianas de Galitzia y de Volhynia e iniciaron la polonización de los siete millones de ucranianos que el Estado contenía. El Gobierno rumano llevó a cabo una política [similar] en Bukovina septentrional, que había ocupado. Y Ucrania Transcarpática, que había sido parte de Hungría, fue incluida en Checoslovaquia.

Pero el pueblo jamás olvidó a Simon Petliura y lo que su Gobierno había representado. Por ello, el Gobierno soviético lo hizo asesinar en 1926, en su exilio de París, por el agente secreto [Samuel] Schwarzbard. Pero el ideal de la liberación de Ucrania siguió adelante. Y aun treinta años después, en el XX Congreso del Partido Comunista, [Anastás] Mikoyan tuvo que advenir a los unos de los «peligros del petliurismo».

LA ORGANIZACION DE NACIONALISTAS UCRANIANOS

A la muerte de Petliura, fue Eugene Konovalets quien le sucedió en la dirección del movimiento. Inteligente y valiente a la vez, su organización militar (UVO) y la Organización de Nacionalistas Ucranianos nuevamente creada fueron dos armas terribles que dieron mucho que hacer a los cuatro Estados que se habían repartido a su patria. Cuando su nombre llegó a adquirir tanta popularidad como el de Petliura, Moscú decidió que había llegado el momento de hacerle asesinar. Esta vez no a tiros, como a Petliura, ni en París, sino con una bomba de relojería que, en 1958, le entrego en Rotterdam el agente Valyulth [Pável Sudoplátov], haciéndole creer que era un paquete lleno de informes secretos sobre Ucrania.

La muerte de Konovalets fue un golpe serio para el movimiento revolucionario. Y los rusos aprovecharon la tensa situación internacional para propalar la especie de que los nazis se habían «desembarazado» de él por «colaborador molesto».

El pacto de amistad nazi-soviético de 22 de agosto de 1939 hizo caer Galitzia y Volhynia de manos de los rusos. Las restantes fracciones de Ucrania englobadas en Polonia las ocuparon los alemanes. Meses antes, el 15 de marzo, con la caída del estado checoslovaco, la Ucrania ocupada por los checos se había declarado independiente, bajo la presidencia de Mns. Avgustýn Voloshin. El cambio de condiciones políticas trajo también consigo un cambio en las formas de lucha por la liberación. Las filas de la OUN crecieron con numerosos militantes salidos de su cautiverios en cárceles polacas y del campo de internamiento de Bereza Kartuska​. La filas de OUN también crecieron con la República Transcarpática [República de Ucrania de los Cárpatos], que Hitler había querido dar a Hungría y que tuvo que sucumbir al tener contra a ella a polacos, húngaros y alemanes.

Loa ucranianos aprendieron así a desconfiar de las promesas nazis. Al estallar la guerra entre éstos y los rusos, el 30 de junio de 1941 los ucranianos proclamaban de nuevo la independencia y, un año después, organizaban el Ejercito Partisano de Ucrania (UPA). A la cabeza del nuevo Gobierno se hallaba Yaroslav Stetskó, y era jefe del OUN, Stepán Bandera, un ucraniano de las tierras antes ocupadas por los polacos. El ejército ucraniano de la resistencia llegó a tener más de doscientos mil hombres bajo las armas.

Igual que Moscú, Hitler quiso considerar a Ucrania como una rica colonia que explotar, y el reino de terror nazi hizo que, una vez más en su historia, los ucranianos tuvieran que luchar en dos frentes distintos, contra dos ejércitos diferentes. Stepán Bandera fue arrestado e internado en el campo de concentración alemán de Sachsenhausen. La Gestapo asesinó a miembros de su familia. Y el gobernador colocado por Hitler a la cabeza del Reichskommissar de Ucrania, Erich Koch, comenzó a despoblarla. De nuevo, el hambre volvió a abatirse sobre el país.

Con la derrota alemana y la vuelta de los rusos (que se anexionaron casi todo el territorio de la etnia ucraniana) las represalias fueron terribles. Aun así, la guerra de guerrillas fue continua, entre los años 1944 y 1952, contra una gran potencia que tenía en sus manos a la mitad de Europa y de Asia. Quizá bastará, para comprender lo que fue aquello, recordar que, en 1947, Rusia se vio obligada a firmar un tratado militar con Checoslovaquia y Polonia para acabar con el ejército clandestino de Ucrania.

Desde 1952 cesaron los verdaderos combates, si bien la lucha en sí no cesó. Desde Múnich, donde por cierto existe una Universidad de Ucrania en el exilio, Stepán Bandera siguió dirigiendo al OUN. Su nombre se había convertido en el símbolo de la liberación en la enorme cárcel de los pueblos, desde el San hasta Sajalín y el Kamchatka, para los millones de presos en los campos de concentración rusos. Bandera era el enemigo número uno del Kremlin. Era preciso aniquilarle y, después de diversas tentativas, tuvieron éxito el 15 de octubre de 1959

Fue el instrumento el agente del KGB (Comité de Seguridad del Estado ruso) Bogdán Stashynsky. El arma era un modelo de perfección, una pistola de cianuro, que el asesino escondió entre un ramo de flores. Disparada directamente sobre la nariz, la muerte instantánea daba la impresión total de un ataque al corazón.

Condecorado por los rusos y bien considerado en su país, dos años después Stashynsky pasó a Alemania Occidental, donde confesó el asesinato de Bandera, achacado hasta entonces por los rusos al «espionaje alemán» o a querellas intestinas de los nacionalistas.

Al asesinar a Bandera, quisieron suprimir al dirigente de un movimiento deliberación que era peligroso para ellos y, con él, quizá las aspiraciones del pueblo ucraniano por la libertad. Pero no ha sido así, y las noticias que, de vez en cuando, se filtran a través de la URSS dan cuenta de actos de resistencia y de nacionalismo ucranianos.

LA LUCHA IDEOLOGICA POR LA LIBERTAD

Si alguien pregunta: ¿hay movimientos activos de resistencia en la Ucrania actual?, la respuesta será afirmativa si se refiere a hacer volar trenes, disparar contra coches oficiales, tirar bombas incendiarias dentro de vagones destinados al transporte de granos o sabotear oleoductos. Pero este tipo de lucha no es ya muy eficaz en la URSS actual. Al fin y al cabo, la pérdida de cinco, o incluso cincuenta trenes no hará mucha mella en el sistema de seguridad soviético o en su potencial militar o industrial. Y las células de resistencia lo saben, si bien algunas siguen prefiriendo este sistema clásico de guerrillas. Pero la mayoría de los grupos resistentes saben que han de atacar al corazón de lo que perjudicará más a Moscú: su cohesión y estabilidad política internas. Los rusos dicen que el sistema capitalista lleva consigo los gérmenes de su propia destrucción. Resulta que esta es una gran verdad referida al sistema del imperio ruso soviético.

Y su talón de Aquiles es la genocida opresión de su política nacional. Sin ella jamás se habría formado el ANB (Bloque Antibolchevique de Naciones) encabezado por Ucrania, uno de cuyos miembros, el ucraniano P. Poltava, decía en un folleto circulado en Kyiv y Leópolis en 1950:

«Nosotros, los nacionalistas ucranianos, no somos chauvinistas. Al luchar por un Estado ucraniano independiente sólo luchamos por la obtención para el pueblo ucraniano de los mismos derechos de que gozan desde hace tiempo la mayoría de las naciones del mundo.

Queremos vivir en amistad y colaboración con todos los pueblos del mundo, con inclusión del pueblo ruso si edifica su Estado dentro de sus territorios etnográficos. No luchamos contra ningún pueblo vecino, sino únicamente contra todas las fuerzas imperialistas que nos oprimen o tienen la intención de oprimirnos.

Nosotros, los revolucionarios ucranianos, luchamos: 1.º, por el Estado ucraniano independiente en los territorios de la etnia ucraniana, con un régimen político y social justo...; 2.º, por la realización de la independencia nacional de cada nación de la Unión Soviética; 3.º, por la eliminación de todo imperialismo en la vida internacional: 4.º, contra el bolchevismo, por una democracia verdadera, contra la dictadura y el totalitarismo de cualquier clase que sea, por la libertad de palabra, de prensa, de reunión y de ideologías.»

Jordi Ventura, Destino, 16 de octubre de 1965, nº 1471, pp. 30-33 y 35.