domingo, 2 de mayo de 2021

Pintar y pensar. Homenaje a Quico Rivas (Catálogo de la exposición "Pintar y pensar. Homenaje a Quico Rivas", Arte sonado, La Granja de San Ildefonso,14 de abril al 1 de julio 2012)

 

Carlos García-Alix (León, 1957) Francisco Rivas, 2005.
Óleo sobre lienzo. 40 x 40 cm. Colección Hugo Rivas

Manolo Quejido - Carlos García-Alix. Algo más que dos retratos de Quico Rivas

Una de las mejores sorpresas que aguarda al visitante de esta ya de por sí sorprendente exposición es la posibilidad de contemplar, reunidos por primera vez, dos espléndidos retratos, separados entre sí por casi tres décadas. El representado en ambos no es otro que Quico Rivas (1953-2008), poeta, crítico de arte, agitador contracultural y espíritu perdidamente enamorado de la pintura, a la que dedicó páginas inolvidables. El más antiguo de los lienzos es obra de Manolo Quejido, y está fechado en 1978; el autor del segundo es Carlos García-Alix, quien lo compuso en 2005; en el primero, el retratado contaba 25 años; en el segundo, 52. En sus desbordantes escritos, Rivas retrató a varias generaciones de artistas y compartió con ellos su experiencia, que fue, por tanto, la de un retratado por la pintura.

La cuestión generacional es siempre intrigante. ¿Qué significa trabajar en el seno de una pléyade necesariamente contemporánea de al menos dos generaciones, aquella que le antecede y aquella que le sucede? Quejido nace en 1946; García-Alix, en 1957. En perfecta simetría, conocieron a Quico con once años de diferencia. Aunque a primera vista representan a hornadas distintas, ambos pintores forman parte de dos generaciones que llevan treinta años entrecruzándose en una tentativa conjunta de mantener viva la llama de la conciencia crítica y la sensibilidad estética colectivas. En este sentido, el libro póstumo de Quico Rivas, Cómo escribir de pintura sin que se note, (Árdora Ediciones 2012) que incluye sendos textos acerca de Quejido y García-Alix, constituye un testimonio emblemático.

Los responsables de esta doble exposición, agrupados bajo el nombre colegiado de Compañía Poética Momentánea, no hemos querido dejar pasar la oportunidad de conversar (por escrito) con dos pintores genuinamente aficionados a la escritura.

COMPAÑÍA POÉTICA MOMENTÁNEA: ¿Has escrito alguna vez sobre tu obra o la de otros artistas? ¿Cómo crees que debe afrontarse esa tarea?

MANOLO QUEJIDO: Algunas líneas, sí, aunque prefiera hablar con los colegas pintores de cuanto nos proponemos, disentimos, participamos, antes que escribir sobre la obra. Sobre la mía, escribo no de lo hecho, sino de su pre-ocupación, de lo que le antecede sin presuponerla.

CARLOS GARCÍA-ALIX: He hecho ambas cosas, escribir sobre mi obra y también sobre la de otros pintores amigos. Da que pensar que los pintores siempre teman más al juicio de otros pintores que al de los críticos. Creo que esto se debe a que la práctica del oficio de la pintura aporta un tipo de conocimiento que a la mayoría de los críticos les resulta hermético o ajeno. Supongo que hay múltiples maneras de afrontar un texto sobre la obra de uno mismo y también sobre la de los demás, pero ante todo creo que es necesario establecer una relación con la obra a partir del pathos que la obra aporta, de su carga más personal e intransferible, y no perderse en lugares tan comunes como influencias o relaciones con otras obras, ya sean del pasado o del presente. Se hace necesario por tanto una visión más poética que erudita, más atenta a lo que le es propio al artista que a lo que le une a un tiempo y un lugar histórico.

CPM: ¿Qué destacarías en la escritura de Quico Rivas sobre arte y artistas? Quico escribió sobre tu pintura. ¿Hay algo de lo que dijo que te sorprendiera?

MQ: Como se aprecia, no me fue dada la destacada capacidad de escribir para sí, para ti y para todos, que logra de forma tan sabrosa.

CGA: Lo que más me gusta de la crítica de arte de Quico es su amenidad. Vamos, que da gusto leerlo. Antes que crítico, Quico es un escritor que sabe que lo único que no le está permitido es aburrir a sus lectores. La vieja máxima latina de instruir deleitando es algo que Q nunca olvida. De hecho, esta lucha contra el aburrimiento fue clave en su adolescencia, en su revuelta generacional, una reivindicación, en definitiva, de la vida como obra de arte. Así que mientras otros críticos trabajan arduamente sobre la base de una amplia erudición de la historia del Arte, o un sólido conocimiento académico de disciplinas tan variadas como la historia, la filosofía, la sociología, o esa fantochada reciente de la “gestión cultural”, Quico acude al lance armado, sobre todo, de literatura, intuición y olfato. Naipes que, a la vista está, liga con soltura, maestría, a veces insolencia y casi siempre una punta de cachondeo sevillano. En Quico siempre hay algo de gran burlador. Lo que me sorprendió entonces —hablamos de los primeros años 90—, fue que no hablaba de mi pintura sino de otras muchas cosas cercanas a mí: de Atadell, de mi hermano, mi familia, mis gustos literarios… ¿Y mi pintura? Eso es lo que entonces me inquietaba. Ahora sé que su manera de hablar de mi pintura era esa. No hay duda que la crítica más formalista, o canónica, le importaba muy poco.

CPM: La historia del arte y los anales de la literatura están colmados de pintores que fueron a su vez notables escritores y de escritores que cultivaron apasionadamente la pintura. ¿Esta relación de aparente simpatía y complementariedad entre ambas disciplinas es siempre tal, o conlleva algún tipo de interferencia o conflicto de intereses? Quico Rivas fue alejándose de la escritura crítica en la misma medida en que intensificó su dedicación a la práctica de la pintura. ¿Dejarías de escribir, si dejaras de pintar? ¿Hasta qué punto lo uno es inseparable de lo otro?

MQ: Diríamos que aunque el trazo primigenio no sea pintura ni escritura, de hecho ya las presupone y por un tiempo van indistinguibles al unísono, hasta que el grillete de la diferencia entre significante-significado las separa, casi irreparablemente. No es de necesidad que quien pinta se vea abocado a escribir y quien escribe haya de pintar. De suyo, pintura y escritura son irreductibles la una a la otra. No obstante, se producen muchos tipos de relaciones teóricas en el entrecruzamiento de sus fronteras, que llaman a practicarlas al mismo tiempo, por separado y también cruzadas, excluyéndose, integrándose, etc. Quizás indiciando su indiscernible origen. Alguna vez he pensado que si pintar tuviera un punto final, quizás eso de escribir —siempre tan restringido para el pintor a las anotaciones de las que se vale para atender a los requerimientos propios y los que se le proponen— le ocuparía totalmente, como de hecho le ocupa la pintura… Y escribiendo sobre dichas consideraciones, se da cuenta de que esta escritura, ésta, será la única que le es pertinente. Cada pintura será siempre para él la última pintura, y escribir será siempre recomenzar el torturante escribir.

CGA: No puedo hablar por los demás, pero en mi caso sí conlleva un conflicto. Creo que escribir requiere una colocación mental muy diferente de la que exige la pintura. Otro punto de vista, otro tipo de atención. Son trances-lances distintos. Y la escisión, o el conflicto, se agudiza de una manera angustiosa, ya que tanto la literatura como la pintura son diosas que exigen toda nuestra energía. No están dispuestas a compartir, y parece que se complacen en castigar al osado que lo pretenda. La infidelidad se paga. Y luego está lograr una equivalencia de calidad entre cuadros y textos, algo realmente complicado. Para mí, el paradigma de esto es Solana, que por cierto se quejaba siempre de la incompatibilidad de abordar en paralelo ambos procesos. Solana es igual de grande en su pintura y en su literatura. Y por supuesto, si yo dejara de pintar, escribiría o haría cine.

Lo importante es la voluntad-necesidad de contar algo. En cualquier caso, y esto es lo esencial, me considero un pintor. A esta actividad he dedicado la mayor parte de mi tiempo y mis energías. Que me guste escribir, que haya publicado algunos libros y artículos no me otorga la condición de escritor tal y como yo la concibo. Aprender a leer y escribir es la base fundamental de nuestra educación desde la infancia.

Esto no sucede con el dibujo y la pintura. De ahí que me resulte difícil de entender la alergia a escribir de tantos creadores plásticos. Toda persona con una educación básica, bachillerato, debería poder expresarse correctamente con la palabra hablada y escrita. Aunque quizás, y desgraciadamente, esto sea pedir peras al olmo.

CPM: ¿Fondo o figura? ¿Color?

MQ: Dice Gilles Deleuze que: “Pintar es modular la luz o el color, o la luz y el color en función de una señal espacio, de lo que resulta la cosa en su presencia (LA FIGURA)”. Prosigue negando que LA FIGURA sea lo figurativo: “De ahí que el tema de la pintura no sea evidentemente lo figurativo, ni siquiera cuando se asemeja a algo, puesto que ella es la cosa misma en su presencia sobre la tela”. Y concluye diferenciando esa “presencia sobre la tela”, del “asexuado” plano, homogéneo en todos sus puntos, de la fotografía: “LA FIGURA que resulta es una semejanza más profunda que la de la fotografía, una semejanza a la cosa más profunda que la cosa misma, no similar, es decir, producida por medios diferentes, los de la operación de modulación”. Por tanto, el pintar estratificado y catastrófico que “sexualiza” el plano, no igualándolo en todos sus puntos, hace que Fondo-Figura-Color se entre-tengan produciendo LA PINTURA.

CGA: Una vieja disyuntiva la de situar la relación entre fondo o figura, una ecuación que nunca se resuelve. En realidad es la misma antinomia que existe entre clasicismo y barroco, entre la forma abierta o la forma cerrada. En el clasicismo las cosas son, y la claridad exige delimitar nítidamente la figura y el fondo. La relación que establecen fondo y figura para lograr la unidad del cuadro respeta siempre esta diferencia. Pero en el barroco, sin embargo, las cosas parecen ser, y el fondo y la figura se penetran, se integran, las sombras del fondo se unen a las sombras de la figura, las luces rompen la integridad de la forma, los contornos se pierden, las líneas tiemblan, aparecen y desaparecen…, todo está en duda, todo es un non finito. Se es barroco o se es clasicista no por una cuestión estética, sino espiritual. Y yo me inclino, o me reconozco, en el barroco, en el parece ser, en el conflicto permanente entre el fondo y la figura. Aunque a menudo intento negarme y siento melancolía por la unidad y claridad perdida... ¿Color? Otro conflicto.

Casi siempre me sobra el color, me molesta, y busco un no color, un cierto gris, o mejor dicho, una grisalla. Si me falta el sombra natural, o la tierra verde, o el negro humo, o el pardo, me siento indefenso frente al cuadro. Si un color me queda limpio, lo ensucio, lo quiebro, lo adultero. A veces me han dicho que mis cuadros resultan sordos, apagados o mortecinos, y creo que es verdad, pero… así es como me salen, así es como me gustan. Cada pintor tiene su color, su paleta, reflejo de su propia luz interior. Hay pintores solares y pintores crepusculares, o nocturnos. Pero claro, esto no es una cualidad de los pintores, todas las personas tienen su luz, ya sea cenital, oblicua, reflejada…, hay quien brilla y quien destella, que no es lo mismo, hay quien refracta y quien refleja. La dificultad de colocar un color junto a otro me resulta angustiosa. Y esa búsqueda, ese conflicto entre el fondo y la figura, entre el color y el no-color hace que todos mis cuadros sean finalmente cementerios de otros cuadros. ¿Qué puedo hacer? Pintar sin remedio

sábado, 1 de mayo de 2021

Entrevista con Sánchez Pascual “Jünger pasará a la historia como «El Insobornable»” (Punto y Coma, nº 9, 15 de febrero-15 abril de 1988)


Andrés Sánchez Pascual es suficientemente conocido como para trazar aquí su perfil. Catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona, sus traducciones (sobre todo las de Nietzsche y, ahora, las de Jünger) le confieren un criterio de primer nivel a la hora de entender la cultura alemana. Nadie mejor que él, por tanto, para hablamos de uno de sus más eximios representantes: el autor de “Tempestades de Acero”.

PUNTO Y COMA. - No es frecuente que un traductor alcance notoriedad pública. Sin embargo, las versiones al castellano que Vd. ha hecho de la obra de Nietzsche le han granjeado una admiración general. ¿Qué actitud ha tenido Vd. ante la obra nietzscheana?

SANCHEZ PASCUAL- La experiencia, una experiencia muy temprana en mi vida, me ha convencido de que no es posible “leer” bien —lo que yo llamo “leer” bien— ningún texto, y mucho menos un texto filosófico, sin “traducirlo” de alguna manera, es decir, sin reescribirlo. Ahí estaría, creo, el sentido de mi ocupación con los de Nietzsche.

PUNTO Y COMA. - ¿Qué ha supuesto para Vd. pasar de Nietzsche a Jünger? ¿Ve Vd. Similitudes entre ambos autores?        

SANCHEZ PASCUAL – En realidad, mi “encuentro” con Ernst Jünger no viene “tras” una etapa de ocupación en Nietzsche. Hace muchísimos años que es Jünger uno de mis autores de cabecera. En cuanto al texto en si mismo, Nietzsche ha influido mucho en Ernst Jünger. incluso en los matices de la escritura. “Pasar” de uno a otro es permanecer en una atmósfera muy similar.

PUNTO Y COMA. - ¿Qué faceta de Ernst Jünger le atrae más?

SANCHEZ PASCUAL- En primer lugar, el autor de Diarios, el memorialista. Después, el escritor de libros de viaje.

PUNTO Y COMA. -  Un “Tempestades de Acero” Jünger ha sometido el texto a diversas y continuas revisiones. ¿Podría decirnos si en otras obras fuertemente ligadas al espíritu del tiempo en que fueron escritas, como por ejemplo “El Trabajador”, el autor ha introducido esas modificaciones?

SANCHEZ PASCUAL- Los autores suelen adoptar con respecto a sus textos una de estas dos actitudes: o bien considerarlos acabados y ajenos ya a sus vidas —por tanto, intocables—, o bien reescribirlos continuamente. Ernst Jünger tiende más a lo segundo. A veces ha retocado textos suyos con el fin de hacerlos inmasticables para la moda del momento. Es lo que ha ocurrido con “Tempestades de Acero” y sobre eso creo que se dice lo suficiente en la nota preliminar a la reciente traducción española de esa obra. En otros casos —por ejemplo, “El Trabajador”—. prefiere dejar intacto el texto, como un testimonio histórico. De todos modos, a la edición de “El Trabajador” en sus Obras Completas Jünger le ha añadido un importantísimo apéndice. Pero, como digo, ha dejado intocado el texto del libro.

PUNTO Y COMA. - Hoy Jünger es un autor de gran prestigio. ¿Piensa que podría llegar a ponerse de moda? ¿Qué papel adjudica Vd. a Jünger dentro de la cultura europea contemporánea?

SANCHEZ PASCUAL- En lo que ve me alcanza, Ernst Jünger no es precisamente un autor de moda; si acaso, de anti-moda. Con los insultos lanzados contra Ernst Jünger por los alemanes mismos se podría componer un grueso volumen. Su prestigio, sí, es inmenso. Y permanecerá. Pienso que en la cultura europea quedara como “El Insobornable”.

Punto y Coma, nº 9, 15 de febrero-15 abril de 1988, pp. 28-29.

miércoles, 13 de enero de 2021

"Nuestras ideas estéticas" (Leopoldo Lugones, Σoφíα, Revista Teosófica, 1902, nº 5, pp. 173-183)

 


NUESTRAS IDEAS ESTÉTICAS

EN cierto prólogo sobre asunto puramente literario, al querer definir la emoción de belleza, dije: «Sentir la belleza es percibir la unidad del Universo en la armonía de las cosas»; agregando comentarios que, dado el asunto principal y la naturaleza digresiva de aquel postulado, no pudieron ser ni lo bastante extensos, ni lo suficientemente especiales.

Trato, ahora, de hacer esto; aunque no se me oculten, así la dificultad que emana de la carencia de definiciones precisas como el implícito obstáculo que apareja el intento de especular sobre cosa tenida hasta hoy por indefinible. En efecto, se ha convenido después de mucho discutir, en la imposibilidad de llegar a una definición enteramente comprensiva de la belleza, que es un accidente en la triple manifestación para nosotros asumida por la incognoscible Realidad; y siendo los otros dos accidentes —vale decir la verdad y el bien — substancialmente idénticos con el de que se trata, es claro que no sólo ha de serles aplicable también la cualidad negativa antes mencionada respecto a éste, sino que no ha de encontrársele a ninguno una neta especificación. Los tres son uno, y manifiestan a la Realidad como negaciones, del mismo modo que al agua su falta de color, olor y sabor; pues implicando la realidad una absoluta ausencia de ilusión, y siendo ésta el todo para nosotros, dado nuestro concepto meramente fenomenal del Universo—la existencia de aquélla no puede ser afirmada sino por la negación de toda cualidad. Las cualidades son los aspectos de la ilusión, y como dependen de ésta, son transitorias. Ahora bien; no hay más que una cualidad que haga posible al ser: la de existir. Y ésta es precisamente la que, hasta por definición, le falta a la ilusión; de modo que afirmar el ser implica negar todas las cualidades que le atribuimos.

En rigor, esto obligaría a la negación de la belleza, del bien y de la verdad, y en pura abstracción es así, no siendo aquellos tres otra cosa, como queda dicho, que aspectos de la Realidad, es decir ilusiones a su vez. Pero ya es sabido cómo el único medio de agotar la ilusión es experimentarla, y de aquí que en las presentes condiciones humanas debamos vivir en ella, estudiándola teórica y prácticamente, por ser el único camino de la Realidad. Errando deponitur error.

Fácilmente se comprende que la existencia de un andamiaje implica un edificio inconcluso; pero también no es menos cierto que por medio del andamiaje se concluirá el edificio. Es nuestro caso. El hecho de pluralizar el aspecto necesariamente único de la Realidad significa que no la poseemos; más al mismo tiempo, nos da la seguridad futura de su posesión. Cuanto mejor estudiemos tales aspectos, más habremos tendido a acentuar su convergencia hacia el ápice donde, por la negación de sus cualidades particulares, han de afirmar la de existir que les es común, y cuya condición esencial es la unidad, según se ha visto.

Si bien toda negación supone una afirmación previa, ambas componen por partes iguales nuestro conocimiento, sin prioridad de la una sobre la otra. Y así, nuestra certidumbre depende del contraste, que necesariamente implica dualismo, careciendo por consiguiente de la condición esencial de la existencia; es certidumbre, pero no realidad. Así, el conocimiento de lo bello no sería tal sin el conocimiento de lo feo; el de lo verdadero sin el de lo falso; el de lo bueno sin el de lo malo. El egoísmo resulta de la lucha por la eternidad que estos aspectos transitorios libran, para imponerse como realidades, y es imposible que tal lucha cese sin la previa desaparición de la fuente de todo egoísmo: la ilusión de la personalidad.

Ahora bien; tiende a esto sin duda, la resolución de las personalidades pequeñas en otras mayores que van constituyendo seres cada vez más elevados: aunque el proceso comienza en el Universo al revés, es decir, por desdoblamiento de éstos, continuado hasta la mitad del ciclo de manifestación, para de ahí volver por síntesis a la primitiva unidad.

El más elevado carácter de este proceso lo asume la idea panteísta, en virtud de la cual el Universo es la única persona, en su grande y sencilla dualidad de fuerza y materia, o noúmeno y fenómeno, según que se lo considere física o metafísicamente; pues más allá sólo quedan las negaciones que conducen, por eliminación, a la afirmación de lo Absoluto. El Universo, considerado del modo que expresan éste y el anterior párrafo, es el extremo límite en que podemos concebir la negación de la personalidad dentro del raciocinio corriente; y de paso, esto es lo contrario del idealismo que dice: el mundo es mi representación; pues para el hombre resulta al revés, y él viene a ser el microcosmos creado a imagen y semejanza del Ser Supremo[1].

El Arte, sobre todo en su más compleja sino más perfecta manifestación, la poesía, parece como que ha presentido esto, siendo, desde las edades más remotas, declaradamente panteísta. La gran ley de la analogía, en virtud de la cual «lo que está arriba es como lo que está abajo», tiene su formulación en la metáfora, alma de la poesía. Comparar (y de paso buscaré los ejemplos más vulgares), a los ojos de la mujer amada con las estrellas, ¿qué es sino exaltar la facción humana hasta los astros, y en el mismo movimiento traer los astros a nuestro alcance, por la analogía del brillo que a una y a los otros es común.? Además, y esto es lo importante, las metáforas infundiendo a las cosas el alma de los seres con quienes las comparan, o simplemente poniendo a las cosas en acción para compararlos, las suponen vida y las personifican. Es la expresión artística de las religiones, a la cual llamamos mitología.

Aquí sale al paso una aparente dificultad. Si la belleza es uno de los tres aspectos fundamentales de la Realidad, y si para alcanzarla es menester ir refundiendo en seres cada vez más sintéticos a los que lo son menos, la manera de no conseguirlo es dar un alma a cada cosa, personificándola. La dificultad, ya se ha dicho, es sólo aparente. En efecto, dar un alma a las cosas es afirmar su unidad substancial, manifiesta para el artista en la semejanza que les encuentra, y que no siendo intelectual ni física, tiene que ser emocional. Física no es, porque precisamente un parecido muy visible perjudica a la comparación poética; e intelectual tampoco, porque si sólo interviniera en ésta la razón, no existiría. Se siente a la metáfora, no se la razona. Su naturaleza emociona, excluye el raciocinio, porque el único medio, de comprender una emoción, es experimentarla; de no, serán inútiles todos los raciocinios.

Es la emoción la que personifica; la razón pondera sencillamente los elementos de la comparación, bien que, estando todas las facultades en tan íntima unión, y siendo tan desconocidos sus empalmes, es casi imposible determinar cuánto le toca a cada una en la producción del fenómeno mental. A este respecto se procede por aproximación. Sin embargo, es fácil comprender que el raciocinio no entra como elemento principal en las personificaciones. El artista, antes que pensar, siente las secretas semejanzas de las cosas que así manifiestan su unidad substancial; y ora refiriéndolas a su propio ser, humanizándolas como en el politeísmo heleno, ora difundiendo su ser en ellos para unificarse con el alma universal, como en el panteísmo hindú proclama, implícitamente a lo menos, la unidad espiritual del Todo. El Arte inmortaliza, sólo porque infunde alma a sus creaciones. Y tal fenómeno se opera por medio de la emoción. La obra de arte es siempre una expresión de amor, directa con mucha frecuencia.

¿Dónde está el ser del artista, cuando tiene frente por frente al esbozo escultórico o pictórico, a la página literaria y musical? ¿No podría decirse, con verdad, que en ese esbozo y en esa página? ¿Que en ellos vive, que en ellos siente, que en ellos se angustia, abstrayéndose de todas las preocupaciones que el instinto vital requiere, indiferente al alimento y al sueño, al resguardo de la intemperie, a la precaución de la enfermedad, dando sin tasa, en minutos de vida reduplicada, lo más noble de su liga para esa verdadera reproducción, tan imperiosa como la otra, aunque mucho más elevada porque no es ciega?

Las obras de un autor tienen aire de familia como sus hijos. A unas y otros se les reconoce de un modo igual, por más distintos que todos sean; y esto no es un resultado físico, pues precisamente en lo físico se diferencian; ni racional, pues al primer golpe de vista, sin pensarlo siquiera, se lo advierte. Es un fenómeno de simpatía; inconscientemente se ha comprendido al ver la obra, que el autor está allí. Pero hay más. No es una peculiaridad persistente lo que designa esa presencia; no la repetición de una palabra y motivo en la página, de un rasgo en el esbozo, sino la armonía que emana del conjunto. Y es que cada artista tiene su armonía, porque cada uno tiene su unidad. En el ser complejo que todos somos, no se concibe la unidad sin la armonía. Y de aquí que sentir una armonía implica conocer una unidad. Sentir una armonía. ¿Se ve ahora por qué doy al sentimiento la prioridad en la obra de Arte? La Magia tiene razón, sin duda, cuando simboliza en el corazón al Sol y en el cerebro a la Luna. Electivamente, es el sentimiento lo que pone en función a las facultades intelectuales, la luz que ellas devuelvan reflejada en palabras y en colores, para que sea accesible al ser relativo.

Reflejada he dicho, pues el sentimiento puro, es decir, el fenómeno en virtud del cual nos sentimos uno con la humanidad y con el Universo, no tiene manifestación objetiva, siendo en su aspecto inferior instinto, y en el superior, conciencia absoluta: lo Inexpresable.

Semejante impotencia de expresar lo que se siente, ocasiona el deje de melancolía visible a poco andar en todo esfuerzo de Arte, y más aún en la poesía. ¿Será, como pretenden algunos, la nostalgia de la patria espiritual, que el hombre experimenta a sus horas; y, como quieren otros, la conciencia de su aislamiento, resultado de su singularidad como ser reflexivo entre los demás que no lo son; ¿o todavía el efecto del antagonismo en que se encuentran su indesalojable convicción de inmortalidad y su pensamiento capaz del infinito, con la perecedera instabilidad de su materia y la eterna relatividad de sus nociones? Es todo eso a no dudarlo, pero con facilidad se advierte que también todo eso puede volverse por pasiva en una fórmula más general, si se ha atendido las anteriores consideraciones.

He dicho: vivimos en la ilusión que para nosotros es todo, siendo imposible salir de ella sino agotándola por la experiencia, hasta llegar a la destrucción de la que engendra todos los egoísmos: la ilusión de la personalidad. Esto sería reintegrarnos en nuestra unidad con el Todo. Pero la negación de ese yo que causa nuestro aislamiento equivale a la muerte, o mejor dicho, a la negación de la vida tal como la concebimos, la vida relativa, la vida de ilusión. Nuestro ser resiste, y de aquí el conflicto que el arte manifiesta en sus melancolías. El camino de la Verdad, así como el del Bien, presentan los mismos obstáculos, pues todos conducen a la reintegración de la Unidad primera, por la renuncia del yo ilusorio.

Concepto místico, se dirá, y lo aceptaría de buen grado si se ha de dar a la palabra místico su verdadera acepción. En efecto, místico es todo aquel que ha llegado a la unidad con el gran Ser. Para el teólogo cristiano, el que llegó por la vía purgativa a la iluminativa, y por ésta a la unitiva. Ahora bien; el Arte, por ser panteísta, es místico. Manifiesta la comunidad del alma del artista con el Universo, por la parte de aquella alma que se difundió en éste, y que, asegurando la inmortalidad del primero, vuelve inmortales a los seres en que lo manifiesta.

Todo el Arte es armonía; y es más artista quien siente con mayor amplitud la que expresa la unidad del Universo.

La emoción artística, se ha dicho (bien que en un concepto enteramente fisiológico), provoca estados superiores de vitalidad, y a ello debe tender, porque en ello consiste su utilidad. Y bien, ¿se quiere estado de vitalidad superior al que resulta de sentirse uno con el gran Ser en la inmensa armonía que manifiesta su unidad?

Y no es que yo pretenda hacer del Arte una religión activa y de los artistas un sacerdocio militante. El Arte con tendencias políticas o religiosas, o patrióticas, sería un subordinado, que es decir un inferior. La propia grandeza del origen que le atribuyo excluye una suposición semejante. Y lo mismo digo de ese Arte en el cual el hombre es un mero accidente de la naturaleza material, que viene a serlo todo: como viviente un animal, y como ente moral una resultante de fuerzas ciegas.

Nada más lejano del Arte, del Arte Creador, que intenta humanizar a todos los seres, dotarlos del espíritu superior que es el hombre, para exaltarlos al más elevado nivel; creador sólo por esto, pues existiendo aquellos de antemano, la creación consistiría en el alma superior que se les habría infundido. ¡Crear! . . . Nadie crea; únicamente se repite en otros, hasta ser uno en ellos, y, por lo tanto, no distinto de ninguno.

Pero el materialismo actual ha infestado también el Arte, que de creador se ha vuelto repetidor. Su más alto objetivo es la descripción de la Naturaleza por la naturaleza misma. Y aquel superior intento de elaborarla para espiritualizarla, es pura «metafísica» conforme a la mísera clasificación del positivismo dominante. Nada de encarnar en la Naturaleza descripta una grande idea; a esto lo ha sucedido un avieso determinismo, que considera único móvil la satisfacción de los deseos más egoístas. Es decir, que cuando el hombre tiende más y más al dominio de la materia por la Ciencia, en Arte habría de realizar lo contrario. Ora es el amor carnal, traducido en el culto a la hembra, por el que se llega a proclamar la superioridad de la mujer, signo característico de todas las decadencias. Ora la redención de la humanidad, dependiendo del acceso más a menos fácil a la satisfacción de las necesidades materiales. Y por encima las fuerzas ciegas — en forma de apetitos — dominando a su natural regente, como si la excesiva influencia de aquella irremediable subordinada, y la redención dependiente de esa esclavitud sensual, fueran los exponentes más claros de semejante paradoja artística.

¡La Naturaleza por la Naturaleza misma! ¡No!... El más noble objeto del Arte es el hombre. Pero el hombre como entidad espiritual, desde que sólo en tal concepto puede considerársele uno con el Gran Ser.

De aquí que el otro costado del Arte actual—el psicológico—sea tan deficiente como el naturalista. En efecto, se trata de una forma de auto-idolatría (el hombre adorándose a sí mismo) si ligeramente irónica y escéptica en la forma, enormemente ingenua en el fondo. Por considerarse ayer como centro del Universo, hoy como ápice de la animalidad, el hombre ha tendido siempre a adorarse. El actual psicologismo no hace otra cosa. Ese estudio al menudeo de las más nimias acciones, de las ideas más mediocres y fugaces; ese desmenuzamiento de la personalidad, prueba el excesivo valor que se da a cada una de sus partículas—cuanto más pequeña mejor, según parece—para hacer gala de sagacidad, adulando de paso al mediocre que es multitud. Y así poco a poco van desapareciendo del Arte los héroes. ¡Si los mismos caracteres del romanticismo hacen sonreír con discreta incredulidad, cuánto más no ha de aplicarse esto a los tipos de las literaturas anteriores!

La ciencia nos ha enseñado que no hay hombres superiores ni inferiores; que no hay sino hombres distintos...

¿Cuál sería entonces el papel del héroe? Clitemnestra, ó Atalía, o Macbeth. ¿Para qué si por las aceras abundan las burguesas, asesinas, intrigantes, devotas y adúlteras? «Don Quijote», paladín ilustre en ínsulas y costas firmes, a qué tu lanza, pararrayos de la injusticia, tu espada insigne, tus carcomidos fierros que antes de amenguar redoblan el brillo de tu empresa; ¿a qué seguirte por Guirafontainas y Trapobanas, y atravesar las tres Arabias sobre el rastro de tu rocín sublime, si cualquier Apajarado Testahuera te vale y aun excede en tu celda de manicomio? Y tú rey Lear, con la canosa barba removida por los huracanes de tu propia boca; y tú infernal Ugolino cuyos dientes, cual si hubieran mordido mármol, dejaron su huella eternizada en aquellos tercetos que parecen hileras de tumbas; y tú viejo Ursus, con ese tu corazón, pan blanco y tierno que están celando a regañadientes tu filosofía, y tú lobo, ¿quiénes sois para con el mediocre de normalidad perfectamente anodina?

Esa literatura psicológica, sin una grande idea que le preste su vigor, y empeñada en lucir todas las pequeñas, se parece a los árboles de Navidad, cargados de juguetes y farolillos, pero sin vida propia; antes incitando a la destrucción con la artificiosa anarquía de su compostura.

Sin embargo, tales procedimientos son un resultado de las ideas dominantes. Tenido hoy el hombre por un compuesto de materia, nada más, ha de ser un subordinado de la materia. Y conceptuado, por otra parte, como la más elevada forma de vida, cada uno de sus átomos ha de adquirir excepcional valor. Es otro síntoma de decadencia la autoidolatría. Las civilizaciones materialistas han llegado a esto por el camino de la negación espiritual. La monstruosa creación del SuperHombre, ese producto del materialismo naturalista y el idealismo materialista a la vez — el hombre-fiera del cual Nerón es el prototipo — ¿no está confirmando, mejor que nada, aquella auto idolatría.?

Cuanto más se parece a la verdad es más mentira la mentira. Así la actual literatura psicológica que parece tener por objeto el más elevado fin del arte: el hombre. Ya se dijo antes que se trataba del hombre como espíritu, en el sentido de encaminar hacia él a la naturaleza, para exaltarla y reasumirla en él.

Manifestar la unidad substancial de la naturaleza en el espíritu humano, por medio de una armonía de palabras, sones, colores, líneas, personificando lo inmaterial para concretarlo y lo material para humanizarlo, a fin de que, volviéndose más accesibles al entendimiento resulte más clara aquella unidad: he aquí el objeto del Arte.

Es, como se ve, la vieja fórmula de la Tabla de Esmeralda, aplicada en sentido alquímico: «fijar el volátil y volatizar el fijo», pues «lo que está arriba es como lo que está abajo», y la Grande Obra consiste en restaurar la unidad substancial del Todo. «El mejor atanor es el hombre», añadían los filósofos espagíricos, porque aquella unidad había de manifestarse en el espíritu humano. Ahora bien; la unidad de un ser complejo depende de la armonía de sus partes, y quien percibe tal armonía percibe al mismo tiempo tal unidad. Cuanto más elevado el ser, más sintético; y para nosotros éste es el ser humano, la síntesis universal, el microcosmos.

El artista, adivinando la unidad substancial de las cosas en el alma, que las descubre o infunde, es un revelador del Universo bajo sus aspectos más íntimos. Y cuanto más posee la excelsa cualidad de transubstanciar su espíritu en los seres que le rodean, más elevado es su numen, más potente su verbo. Los seres se transfiguran en su emoción, y lo bello es la parte de él que en ellos hay: el espíritu.

Recuerdo la ocasión en que lo comprendí. Fue al comienzo de la primavera, con un ardiente sol, bajo un grupo de algarrobos enormes. No obstante, el franco calor, la tierra recién despierta conservaba aún su cariz de invierno. Las copas de sus árboles, como destartaladas armazones de chozas, se estremecían, dijérase que de frío aún. Pero de un día para otro había asomado sobre su desnudez un levísimo bozo verde. Nada más lleno de frágil ternura que ese follaje tan análogo a la plumazón de los pichones sobre una desnudez tan áspera.

Si el árbol ha servido con tanta frecuencia de fetiche, es porque tiene algo de eterno aquella inmovilidad nutrida de fuerza. El árbol no ve, ni oye, ni gusta, ni palpa, ni huele. Con todo, vive como los seres divinos en quienes es paciencia la certeza de la inmortalidad.

Aquellos de mi relato, eran benévolos gigantes que vestían de sombra a una aldea entera, y expresaban la indulgencia un poco tosca de su natural con la dulzura de bayas. Sus leñosos brazos mecían en rumoreo paternal el sueño de los nidos; con sus ñores tapizaba el colibrí al suyo, y las cigarras, con irreverente atolondramiento, los cubrían de cascabeles. Nada de esto acontecía aún. Ni la tierra verdeaba todavía, ni los pájaros trinaban. Mas el pueblo enjuto y ardiente de las hormigas manifestaba ya su diligencia laboriosa. Muchas obreras discurrían por los troncos con su sagaz presteza de mercaderes. La corteza, rugosa como la piel de un paquidermo, intrincaba sus haces de fibras, se retorcía en nudos sobre la patente musculatura de mis gigantes, y cada grieta era un nido posible, un abrigo que la exploradora examinaba. Inmensas cicatrices a la que había acudido como una sangre tenebrosa la resina, penetraban en la carnadura de aquellos ancianos. Allá se acogían los hormigueros, amparados en la profundidad de tan poderosos corazones.

Siguiendo a uno de los insectos en sus correrías por el árbol, di de pronto con un brotecito que surgía de una grieta. Era allá más hostil la aspereza, más empedernidos los nudos de esa cascara de leña bruta. Parecía enteramente muerta en su sequedad, y, no obstante, a su través asomaba la vida interna. ¡Desde qué remota hondura vendría el hilo de savia que mantenía a aquella delicadeza tan visiblemente infantil! ¡Y cómo sería de potente el ímpetu de corazón del coloso, cuando así se abría paso, en busca de luz, por entre la prieta densidad de su madera, hasta manifestarse en esa plúmula verde que tiritaba al viento, si bien tibio, todavía harto inclemente para su fragilidad, titubeando entre el soplo enemigo y la familiar corteza demasiado maciza! Sin embargo, no quería volverse a la sombra de donde viniera, a la blanda albura que fuera su protoplasma. Presentía que, en su debilidad, recién vestida de verde por la luz, residía en potencia el vigor de todo el árbol; que las raíces hundidas en el suelo como trompas enormes, chupaban para él los jugos; que el renaciente mundo de hojas respiraba para él; que el alma de fuego solar concentrada en el leñoso organismo, a él lo vivificaba, y que en suma la tierra y el sol estaban colaborando en él, nuevo foco de la universal energía.

Y el árbol, en su aparente indiferencia, sin duda palpitaba con el sobresalto de su pequeño vástago. Las más altas ramas sabrían ya la nueva; en las raíces habría reflejado, hecha obscura inquietud, la emoción de todo el organismo. Los ensueños de la estación fría, los cariñosos fantaseos de la quietud invernal, los anhelos de revivir que tornó más agudos la escarcha, estuvieron concentrándose en el alma indecisa del vegetal, y por la concentración depurándose, y exaltándose por la depuración, con tal urgencia de expresarse en una obra de fecundidad, que a la primer temperie rompieron por la compacta ceguedad de los tejidos, reventaron la inerte corteza, invencibles de ternura en la trémula fragilidad del retoño.

Al verlo, el lenguaje se enternecía de diminutivos. ¿No era, en efecto, aquel brote el hijito del coloso, la criaturita en la cual ponía éste lo mejor de su ser? ¡Qué inquietud me producía la hormiga que le palpaba con sus antenas vivaces! Lo veía desamparado. El árbol quedaba impotente en su misma fuerza, ante el minúsculo animal que le era superior por el movimiento y la inteligencia. La ramilla verde, aislada sobre aquella sequedad, no alcanzó la culminante dicha de la copa, cerca del sol, en la embriaguez del puro azul. Se quedó trepada en la mitad del tronco, más interesante por su soledad, más intrépida por su confianza de vivir entre la aspereza ingrata.

Con la misma seguridad alegre sus foliolas se volvían para el cielo, y había tanto alborozo manifiesto en su verdor, tanta espiritual sensibilidad en su gracia, que el campo entero afirmaba en ella a la Primavera.

Mas ¿quién sino el ser pensante hubiera podido notar esa armonía y afirmar por ella esa unidad; quién, fuera de ese, habría interpretado esas manifestaciones de la vida, y de qué otro modo hubiera podido hacerlo sino suponiendo al minúsculo vegetal un alma, y poniéndolo en relación con la suya propia, convertirlo en el símbolo de la vida renaciente.?

He aquí cómo procede el artista; si el ejemplo no corrobora a la teoría por falta de interés y deficiencia de expresión, mía es la culpa. Pero basta, me parece, para dar siquiera una idea de la operación espiritual á que he aludido.

Y séame ello perdonado, siquiera por lo espontáneo del movimiento que me arrastró, luego de tan árida disciplina mental, semejante al viajero que habiendo bordeado durante horas bajo el sol el espinoso seto de un frutal, sucumbe, en el primer portillo, a la provocación de la primera fruta.

LEOPOLDO LUGONES

M. S. T.

(Σoφíα, Revista Teosófica, 1902, nº5, pp. 173-183)

 

PS: Fue previamente publicado en la revista Philadelphia de Buenos Aires. 



[1] De intento elimino la palabra Dios, que, degradada por las religiones positivas, trae aparejado ahora un concepto humanamente personal.

viernes, 8 de mayo de 2020

"Carta a una siempreviva" por Cristóbal Serra (En. "Manifiesto español o una antología del narradores", Antonio Beneyto (Ed.) 1973)


Carta a una siempreviva

Cristóbal Serra nació en Palma de Mallorca, en 1922. Estando la guerra civil a punto de terminar cae enfermo y su dolencia le lleva a vivir en el Puerto de Andraitx (Mallorca) conde se entrega a la contemplación y a la lectura. Estudia posteriormente derecho en Barcelona. De esta época datan sus inquietudes literarias. Comienza entonces a escribir su primer libro: Péndulo, desligado de toda influencia, aunque luego descubra que está bajo el signo de Kafka y Michaux. Aparte de esta labor, Cristóbal Serra ha dedicado también su atención a otras actividades: crítica literaria, articulista en revistas y periódicos, traductor de Lao Tse, y de poetas como Blake y Michaux. También de Herman Melville. Actualmente traduce a Lulio. Desde 1952 es profesor de conversación en los cursos para Extranjeros de la Universidad de Barcelona, que se celebran los verán os en Palma de Mallorca. En 1953 se licenció en Filosofía y letras y más tarde obtiene un puesto de profesor en la Escuela de Magisterio de su ciudad natal, donde ejerce actualmente. Cristóbal Serra comenzó a escribir bajo el enunciado surrealista o expresionista en prosa “sincopada” y poética, pero últimamente ha derivado hacia una poesía en prosa que se presenta como caricatura de un mundo que el señala como absurdo. Maneja un lenguaje muy personal, sobre todo en su último título, Viaje a Cotiledonia, y se entrega frecuentemente a los juegos de la palabra. Por medio de la burla y el disparate se opone a todo lo tradicional y formalista. Interesa su prosa, no por su riqueza o su capacidad para sembrar imágenes, sino por su rigor expresivo, por su facilidad para atraer al lector hacia el objeto. Varios textos de Cristóbal Serra figuran también en el libro Narraciones de lo real y fantástico (Barcelona, 1971)


Mrs. B. Flower: Querida inmortal y nunca olvidada siempreviva: deja que te cuente tu propia historia, ahora que moras en la eternidad.

¿Quién eras? ¿Qué significaste para el puerto? Son pocos los que ahora lo saben. Como cosa olvidada, dejaste este mundo un día invernal de cierzo crudo, y nadie supo ya más de ti. Pero yo quiero evocarte. ¿Quién era aquella dama vieja, arrugada, paticoja, que usaba un velo de novia de tul rosa para ir a misa los domingos? Entonces el puerto no estaba asfaltado y levantaba nubes de polvo tu paso, como las que sembraba el ardiente siroco. Tú provenías de un mundo fantástico y absurdo. No te duela, donde estés, que te diga que eras un personaje dickensiano, pues a Dickens lo encontrabas zafio y tu inglés acendrado era enemigo de su hinchazón retórico. Con tu tocado hamletiano, tus faldas de color canela, tu cayado, tus perros, y tus gatos que te seguían, constituías el único espectáculo circense del puerto. ¿Quién ha encarnado como tú un personaje, sin pretenderlo? Nadie. El puerto, desde que desertaste de la vida, no contemplaba esa comba que fuiste tu. Porque tu eras realmente saltarina y andabas rítmicamente como si pasara por debajo de tus pies una cuerda floja. Eras graciosa como una rodante pelota multicolor, pues bailaban tus caderas, tu cabeza se movía a compás, y tus brazos se aspeaban como los de un recién nacido.

Eras la elegida del Señor para recrear el Arca de Noé. Porque, dime, ¿qué fue tu “Jane”, del que tan orgullosa estabas, sino un Arca de Noé? No era un barco abandonado, desarbolado, al que su propietaria tenía encallado. Eso lo decían las malas lenguas y las comadres de pobre imaginación. Tu barco era el Arca de Noé. Y quienes eso negaren, les voy a enumerar los animales que en tu barco llegaste a albergar. Allí tenías a tu gato Polifemo, falto de un ojo, a cuatro o cinco mínimos rozagantes, a tres perros escuálidos, a una gaviota enfermiza y alicaída, a un mirlo enjaulado.

Uno de tus mínimos deglutía mal. Le aplicaste un emplasto de brea y lo saneaste. Al ojo de Polifemo no pudiste devolverte la luz y tus escuálidos perros fueron siempre pelilacios. Los orondos eran los mínimos que se comían a diario su buena ración de angulas y la leche la bebían a borbotones haciendo toda clase de borborigmos.

Nadie va a creerme ahora. Pero yo sé cuantas acuarelas te pintaron tus mínimos. Con lamer, los muy lametones, tu aguada, te completaban la obra que estabas haciendo. Eras sencillamente maravillosa pintando las posiciones de los gatitos, ahora panza arriba, ahora soñolientos y tumbados. Tus trazos eran sutiles, como era sutil tu suciedad. Dudo que te hubieses lavado alguna vez en tu vida. Para ti no rezaba aquello tan ingles de “Godliness in cleanleness”. Sí, un día te bañaste en el mar, aquel día que te ocurrió lo que tú y yo sabemos. Nadie más.

Fuimos los dos a bañarnos para celebrar la belleza del día. Se había apoderado de los dos la morriña septembrina, mes en que los dos habíamos nacido, y teníamos que salir a descubrir el pulcro horizonte, las aguas mansas, espejantes. Llevabas la desaliñada indumentaria de siempre y sobre tu hombro tu gaviota enfermiza. Era un día pre-otoñal. Las lluvias torrenciales del día anterior habían dejado húmedas las rocas, refulgentes las higueras, cambiados los asfódelos. Las aguas vecinas de la costa gozaban de una quietud que rozaba la inmovilidad. Gorjeaban los pájaros sobre los pinos y otros describían vuelos sobre las aguas.

Te echaste al mar con la gaviota sobre tu cabeza. Creías domesticada al ave, pero ella, apenas columbró aquel límpido azul del horizonte, de desfallecida, pasó a aletear y rauda emprendió el vuelo, llevándose entre sus garras prendida tu peluca. Tu Señor debió de permitir este accidente.

Luego, poco a poco, me fui enterando que estabas muy acuitada por aquel lamentable accidente. Además, luego se te había de morir el mirlo el día de San Agustín, mientras que estabas leyendo, en voz alta, un sonoro sermón de san Juan Crisóstomo. Después de la muerte del mirlo, recuerdo que yo leí una Devoción de Donne, que tu escuchaste con atención. Decía: “Un cristal no es menos frágil porque en él este representada la cara de un rey; ni un rey menos frágil porque Dios se represente en él”.

A pesar de tus extraños ojos, te tomé simpatía. Eras inglesa, sí, pero no de las que no les importa nada lo español. Sentías hacia todo lo nuestro, hacia nuestra historia, una incandescente y cálida pasión. Revoloteabas sobre páginas trágicas de nuestros anales como un pajarillo de sedeñas alas. Eras la clase de inglesa que raras veces se encuentra. Severa, con asomos de ternura. Te gustaba leer a Chesterton y detestabas a aquel tumor frío del ibsenismo que firmaba G.B.S.

Pero te tomé ojeriza porque tenías el achaque de la mezquindad escocesa. Muchos espíritus religiosos he conocido avaros como tú, tarados de “bíblica avaricia”. No es que amontonaras dinero, pero medías tus gastos, discutías los precios en la cantina del puerto, esperando poder dejar una triste herencia a unos parientes lejanos aristócratas. Me dolía ver que no pagabas al tartajoso Pablo, que tartajeaba desde que un rayo casi le fulminó, cuando venía a refugiarse en el puerto, después de haber sufrido muchos males de amor. El pobre tenía cojas las facultades y calcular no sabía. La calculista eras tú que le pagabas una miseria por martillear a diario los metales herrumbrosos de tu barco.

En las grandes solemnidades eclesiásticas, ibas a misa tempranera, casi al rayar el alba. Devotamente rezabas sola, porque, en el puerto, pocos eran los que te acompañaban en aquel homenaje eclesiástico. Pero olvidabas que alguien, sin saber de cálculo, no tenía ni para tomar un café mal molido y peor hecho. Uno de esos días, a las primeras luces del amanecer, Pablo arrojó dentro de un barril de alquitrán tus cuatro gatos rozagantes. ¡Qué alquitranados quedaron! Tú, entonces, como colaboradora de la revista “El Arca”, te desataste en un artículo sobre la dureza de corazón de las gentes del puerto y de paso en aquel esgrimiste la pluma contra los toros, tachándolos de detestable espectáculo.

Empeoró tu salud a causa de aquel ensañamiento y todo tu cuerpo quedó convertido en un eczema. ¡Pobre Bárbara! Te llevaron al hospital y allí te vi entre gasas protectoras. Parecías Lázaro recién salido de la huesa. Todo tu cuerpo espolvoreado de azufre, siempreviva amarilla. Mejoraste pronto porque eras de recia condición. Este disgusto todavía no te llevó a la tumba. Otro sería el que te llevaría.

Cuando la visión de tus ojos quedó empañada por unas cataratas, acogiste a una pueblerina que habían violado aquellos días, para que te cuidase todo. La muchacha era silenciosa e hizo cuanto pudo para aliviar tu congoja. Pero, una noche, aunque descubrió que unos hombres rodeaban el lastre de tu barco, temerosa, hízose la dormida. Supongo que comprenderás la razón de aquel silencio. Te robaron el plomo, que en aquellos tiempos de posguerra era valiosísimo. Y por esta causa despediste a la chica y te fuiste a vivir en un pisito sombrío del puerto. ¿Por qué no quisiste comprar nuevo plomo, aguardando recuperar el que te habían robado? Te pregunto eso porque en el pisito te mustiaste para siempre y llegaste a morir más enteca que un gorrión despechugado.

***
Te fuiste de este mundo, sin haber podido realizar aquel guión que concebiste: Una echadora de cartas, un raro capitán, una mujer con un perrazo negro, diversos puertos mediterráneos, un tesoro áureo en Venezuela, una revuelta sudamericana, un episodio de nuestra guerra civil. En este guión, no habías olvidado ni el Azar, ni el Destino, dos protagonistas del guión de tu vida.

(Del libro inédito: “Cartas del Puerto”.)

En. Antonio Beneyto (Ed.), Manifiesto español o una antología de narradores, Ediciones Marte, Barcelona, 1973 pp. 436-438

jueves, 7 de mayo de 2020

"La Nueva Ola Madrizlenya" (JOB [Jesús Ordovás], Disco Exprés 495, febrero 1979)




La Nueva Ola Madrizlenya

El ROCK “MADE IN MADRID” representado hasta ahora casi exclusivamente por BURNING, COZ, LEÑO, ÑU, TOPO, MAD, CUCHARADA, MOON y otra media docena de grupos que siguen más o menos el mismo esquema rockero, le han salido unos hijos que no quieren saber nada del rock pesado y duro que hacen los grupos de marras. ¿Por qué? Porque tienen su propio rollo, hacen su vida por otro lado y se montan sus propios festivales y tinglados.

Son la NUEVA OLA POP-ROCKERA MADRILEÑA, que, nacida de las bodas incestuosas del POP y del ROCK que se ha hecho aquí y allá, prepara otra ofensiva de incalculables proporciones y de singulares aportaciones. Cuando surgió el RAMONCÍN, después de tirarse un año o así ensayando en húmedos e inmundos sótanos de Vallecas, nadie se podía imaginar que el cheli iba a cotizar en la bolsa de valores comerciales casi tanto como Camilo Sexto, que tendría su columna en LA CODORNIZ o que se montaría a las espaldas del mismísimo UMBRAL.

De la misma forma, nadie puede aventurar donde estará EL ZURDO (una de las mentes más preclaras de la nueva ola madrileña) dentro de un año, o si los grupos surgidos de las cenizas de KAKA DE LUXE y otros de similares características conseguirán romper aguas y materializar todas las ideas que tienen.

Pero por lo pronto, los grupos que hay ya formados y que han debutado, en algún caso, en festivales y en el santuario del rock de la Capital del Reyno (M&M) son cuatro. A saber: PARAISO, NACHA POP, ZOMBIES Y ZUMBETTES y ALASKA Y LOS PEGAMOIDES.

El Paraíso del Zurdo

PARAÍSO es el grupo de EL ZURDO, un personaje imposible de definir y clasificar (a medio camino de VAINICA DOBLE y DEVO) que trae más imaginación que ritmo al panorama poprockero hispano-marroquí. KAKA DE LUXE fue, en buena medida, su experiencia más POP, aunque él la recuerda como un INFIERNO y es por eso que a su nuevo grupo lo ha llamado PARAÍSO. El grupo lo formó a raíz de la disolución de KAKA DE LUXE, y es el más numeroso de toda la Historia de España desde la invasión de los moros: son doce, trece, catorce o quince.

¿Qué cuantos de KAKA se fueron con él a PARAÍSO? El tío responde sin pestañear: "Pues la mayor parte, o sea yo". La mili se llevó a uno y Alaska a los demás. El Zurdo consiguió reunir a buena parte de PARAÍSO poniendo anuncios en Disco Exprés, Sal Común y otras revistas, y pasándose por los programas de FM más abiertos a la cosa. En el anuncio decía: "PARAÍSO, grupo en la línea de BLONDIE, MODERN LOVERS Y DEAD SCHOOL... busca gente en Madrid, tenemos algunas cosas sobre que trabajar, da igual el grado de experiencia, no somos profesionales (por ahora)".

No contestó mucha gente, y llegar a reunirse todos los que son ahora para ensayar les llevó más de dos meses. Pero el grupo es ya una realidad, aunque un poco vaga y el otro día se presentó en la discoteca M&M. Lo más característico y sobresaliente de PARAÍSO es que la guitarra eléctrica la toca Isabel, una chica con pinta de punki que aporta más “imagen” que versatilidad con el instrumento. Otra característica de este peculiar PARAÍSO del Zurdo es que junto a “Isabel-la-Punki” coexisten y colaboran músicos de variado pelaje y experiencia (ex-sinfónicos, ex-yaseros, popis y punkis).  O sea, lo que podía haber sido KAKA DE LUXE, "pero a lo bestia", según expresión del propio Zurdo, al que entrevistamos y fotografiamos en el garaje que ha alquilado el barrio de LAVAPIÉS.

"Queremos ser lo que fueron LOS BEATLES en su momento" -dice descaradamente y sin ambages el Zurdo. Para añadir a los cinco segundos: “Vamos a ser los TUBES de España, porque la Orquesta Mondragón no va por ahí. Los Mondragones van de ibéricos y nosotros de ibéricos nanay. Tenemos un repertorio de lo más marchoso: hacemos unas versiones feroces del MONGOLOIDE de DEVO, el Top of the Pops de los REZILLOS, Hermano Dame Una Moneda, Camina No Corras, el instrumental ese de los Ventures, una de X-RAY SPEX y otra de los CARS. Todas en castellano, por supuesto. Y el resto de las canciones del repertorio hasta quince, son nuestras. Hay rocanroles años 50, temas lentos en plan VELVET UNDERGROUND, piezas chicles, etc.

El ZURDO además ni siquiera tiene respeto por los montajes punkies: “Hemos dedicado una canción a SID VICIOUS Algo Le Pasa a Mi Beibi, en la que nos cachondeamos del montaje que hay en torno al VICIOSO, eso de que el pobrecito va a pasar a la cárcel y va a sufrir mucho, cuando todos los viejos rockeros han estado en la cárcel y nadie les ha limpiado los mocos. Además, personalmente creo que ha matado a su beibi

Alaska y los pegamoides

Por su parte, Alaska y LOS PEGAMOIDES, la otra facción de EX-KAKAS DE LUJO, intentaron montar un festival A BENEFICIO DE SID VICIOUS. O sea que no coinciden con el ZURDO en ésto; ni en otras cosas. Su actitud es más provocativa y menos razonada. La aparentemente espontánea estrella del grupo es, obviamente, ALASKA, una chica de dieciséis años más bien bajita que toca la guita y escucha Dinamita (el programa de radio más fuerte y descarado que realiza el Doctor Champú, que ha tomado partido rotundo y concluyente por Nueva Ola, al igual que los demás disyoqueis de la Onda Dos FM de Madrid).

¿Pero por qué es ALASKA la estrella del conjunto -y no sólo del conjunto de la Nueva Ola Poprockera hispano-portuguesa-? Pues porque la chica se lo monta estelar, porque va por la calle llamando la atención de la gente con sus ropas multicolores, sus aditamentos y sus chicos también multicolores, porque es una tía en un mundo en el que hasta ahora todo lo hacemos los tíos y porque es una cachonda y le hecha bastante cara al asunto.

Pero eso no es todo: la tía ha escuchado cantidad de grupos ingleses, yanquis y eslavos de la Nueva Ola y se ha fabricado una imagen en la línea de POLIESTIRENE del grupo X-RAY SPEX, de SIOUXSIE & THE BANSHEES, de BLONDIE y de otros grupos, grupillos y grupetes de tal guisa.

Ella y LOS PEGAMOIDES también posaron para nuestro fotógrafo en el mismo Lavapiés -aún siendo de un barrio de clase la más chic- y demostraron tener bastante imaginación a la hora de hablar de sus influencias, posturas y actitudes. Entre los grupos preferidos de ALASKA y LOS PEGAMOIDES están, además de los de marras, ERIC EL TRAVIESO (Wreckless Eric), ADAM y SUS HORMIGAS (Adam & His Ants), CABARET, OBJETOS ESFÉRICOS y EL ENCHUFE CON SUS CABLES de Mánchester.

¿Pero quiénes son los PEGAMOIDES? “Pues unos seres de goma de otro planeta que acompañan a Alaska aquí en la Tierra”, recita Campoamor. En realidad son casi todos EX-KAKA DE LUXE, pero dejan que lo diga yo. Ellos siguen dando más detalles sobre la estructura de pega de los PEGAMOIDES. Que son inmunes a todo lo sintético y están hechos de espuma detergente y fibra sintética...

¡DEVOTEORIA PARA LOS MASS MEDIA! -digo. “No-contesta Alaska, casi ofendida- más bien POLIESTIRENOTEORIA"

-¿Y cómo dejasteis un nombre ya conocido por el Alcalde Madrid como era el de KAKA DE LUXE por otro todavía desconocido?

Responde Campoamor: "Pues para no liamos a tortas con la casa de discos".

Y si antes erais PUNKIS, ¿ahora que sois? ALASKA Y LOS PEGAMOIDES A CORO: "¡Punkis evolucionados!"

Zombies y Zumbettes

Los ZOMBIES son contemporáneos de KAKA DE LUXE (RIP por la KAKA y por el LUJO y bienvenidos sean los nuevos híbridos), pero ya no son los mismos que antes. Antes reconocías a los ZOMBIES porque siempre iban juntos un tipo muy grande y otro delgadito. El grande se fue. Pero sigue el delgadito, que ha reorganizado el grupo, y el delgadito no es otro que Bernardo, el Zombie por excelencia, la cara del grupo, que canta, toca la guitarra, compone y habla. Tiene un sentido curioso e inimitable de como posar en el escenario, pero cuando está fuera de las tablas no parece el mismo: es parco en gestos y palabras, tímido, nervioso; pero tiene “estilo”.

Al igual que los otros tres grupos de la Nueva Ola Poprockera Made in Madrid, los ZOMBIES (o sea, Bernardo, que es el que marca la dirección de la cosa) recrean y adaptan los esquemas anglosajones a su gusto y posibilidades. Así, Bernardo está en la onda de ENO, TELEVISION, MAGAZINE y DAVID BOWIE, aunque luego los ZOMBIES no intenten ser una imitación de ninguno en particular. Lo suyo es hacer buen POP-ROCK. Y de todos es sabido que el POP-ROCK de CALIDAD y con ESTILO está por ahí.

Los ZOMBIES se presentaron el otro día en M&M y realizaron unas curiosas versiones de clásicos del POP (como Poison Ivy y Needles & Pins), temas instrumentales cortos y contundentes (nada de vaguedades) con las ZUMBETTES a los coros, y canciones propias de títulos obsesivos y elocuentes: SUCIO AMOR, AUNQUE ME DEJES ERES MI NENA, LA INVASIÓN DE LOS MARCIANOS ROSAS, EL RAPTO, EL FRECUENTADOR DE LA OSCURIDAD, NO PUEDO LIMPIAR LA ALFOMBRA PORQUE ESTOY ESPERANDO UN NIÑO, y otras, como A LA SOMBRA DE UN BANANO de Vainica Doble.

Buenas canciones para escuchar, y para bailar, sobre todo si están las ZUMBETTES animándote.

Las ZUMBETTES son dos chicas bien puestas que salen al escenario y se sitúan en el centro y en primer plano, moviéndose con el suficiente estilo como para invitarte a bailar. Pero además tienen una peculiar forma de cantar; gimen, hacen insinuaciones eróticas, maúllan como gatas, gritan. Y fuera del escenario se hacen las marcianos. Estuvieron haciéndose las marcianas, maullando durante una hora, en Radio España FM Onda Dos, hasta el punto de exasperar a varios tíos que escuchaban la emisora, que llamaron para decir al realizador del programa -yo mismo, por ejemplo- que lo que hacían los ZOMBIES y LAS ZUMBETTES no tenía raíces.

Ese tío acertó. Evidentemente, los ZOMBIES y las ZUMBETTES no hacen ROCK CON RAÍCES. Hacen POP-ROCK por NARICES.

Nacha Pop

Tres cuartos de lo mismo hacen NACHA POP, que no es un grupo de tías, como pudiera pensar cualquiera, sino un cuarteto de tíos vestidos con cazadoras de cuero negro y vaqueros. Cuatro chavales que estudian en el Liceo Francés, lo cual ya te dice que son hijos de clase media o alta, al igual que casi todos los ZOMBIES, los PEGAMOIDES y demás POP-ROCKEROS DE LUJO. ¿Cómo coño sino iban estar al día de todo lo que hacen los grupos ingleses yanquis y croatas? Porque tienen posibilidades, tiempo y ganas de divertirse y ven en el POP-ROCK que se hace en Londres o en Nueva York una rica fuente de emociones, fantasía e inspiración. Algo que no tienen casi ninguno de los grupos rock madrileños, que se expresan más burda y pesadamente, con más metal pero menos gracia.

Aunque NACHA POP también le dan fuerte al metal, sólo que no en pesado y reiterativo, porque en lugar de haberse comido el coco con PURPURAS PROFUNDAS y SABATINAS NEGRAS han mamado los discos de POP que les pone su amigo Mario Armero, también disyoquei de la FM Onda Dos madrileña; discos de los Raspberries, Kinks, Beatles, Elvis Costello, Graham Parker... y REGGAE, también un poco de buen Reggae.

O sea que ya lo sabes: Esta es la onda de NACHA POP -el nombre viene que ellos se llaman entre sí como si fueran carrozas, y el que más pita es el Nacho que es un popi; todavía no se han presentado en M&M, en el santuario, pero lo harán un día de estos. Y ese día debes de estar allí, si quieres saber como se lo hacen los de la Nueva Ola Poprockera.

Así que, se acabó eso de que en Madrid sólo hay chelis o sufridos rockeros de barrio que te dan el muermo y la paliza con lo jodidos que están. Hacía falta un poco de humor, sangre joven, grupos de tíos y tías con ganas de moverse y de romper moldes. Y aquí están. Son tuyos.

JOB, Disco Exprés 495, febrero 1979, pp. 23-26.

miércoles, 29 de abril de 2020

Carlos Edmundo de Ory Reencuentro con el fundador del postismo (Diario 16, 21 de noviembre de 1982)


CARLOS EDMUNDO DE ORY
Reencuentro con el fundador del postismo

Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 1923), narrador, ensayista y, sobre todo, poeta, fue el creador, con Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi, del postismo, un movimiento literario y vital que, allá por 1945, abrió paso a las vanguardias artísticas españolas y, según su fundador, a la mismísima contracultura mundial. Estrafalario, hereje, heterodoxo, poeta maldito —según el cliché— el autor de «Técnica y llanto» y «Los poemas de 1944», al fijar su residencia en Francia, se ha visto aún más alejado de los beneficios de las modas literarias españolas, por lo que su obra no siempre ha contado con la debida atención.

Descalificadas con una mueca de espanto y aversión las entrevistas, artificiales montajes a los que prefiere responder por escrito, concentrado en su obra, aislado, solo. Anclado el mar a cien metros, bramando indeciso entre ola y ola, conversamos en Cádiz, tierra natal de hace cincuenta y nueve años, Cádiz de su alma y vida («Andaluz, anda con luz»), Gades poético portado siempre como un retrato antiguo, resonancias vivas de amor a-mar.

Desparrama sus huesos y palabras en casas de amigos, recitales. Algo famoso a su pesar, repasamos su aventura vital, que la vida engloba su vivir y su obra, aspectos estos que se funden en Ory como en ningún otro poeta.

«Hay que vivir y sentir como se escribe. Vivir es un acto de vida, como escribir. Hay que vivir poéticamente. No comprendo cómo hay poetas que tienen secretario. Escribir un poema, amar, es revolucionario. El poeta no es una vedette, no es un artista de cine, la poesía es todo lo contrario a frivolidad. Es un acto social por excelencia, porque es cotidiano, vital. El poeta tiene que ser revolucionario en todos los momentos, salvo, quizá, en el retrete. El poeta tiene que estar en el mundo, aquí, en nuestro tiempo. No a las fugas del pasado. Yo estoy preocupado por todo lo que pasa en el mundo. Ya lo he dicho otras veces, entramos en la era crucitariana, apta para la cultura integral. Sin embargo, no estamos informados. Seguimos leyendo los periódicos y oyendo la televisión, que nos envenena minuto a minuto. Sólo esperamos de la falsa jerarquía el anuncio del apocalipsis.

Los verdaderos poetas, como decía, son revolucionarios. Claro está, los poetas, no cabe duda, son el testimonio único de la dificultad de vivir. En estos días de miseria, inagotables son las posibilidades de expansión de la conciencia humana. Pero aparece también, entre la esperanza, la desesperación paralizante. Dentro de una situación dada por sentada (la época), el hombre tiene que optar por una orientación de destino.

Hay una ecología interna y externa, que hay que sentirlas, una explosión del mundo. Hay que sentir desde otro punto de vista, el poeta es un cuerpo antes que nada, un cuerpo que se mueve, que siente, que viaja. Soy un hombre cuyo máximo asombro es el descubrimiento de qué estoy en un planeta en movimiento. Yo no entiendo cómo la gente va a trabajar, cómo vive sin haber contemplado el medio en el que se desenvuelve. Lo primero que hago al levantarme es abrir la ventana y saludar al sol, al nuevo día que viene

Poeta maldito
Taumaturgo errante, plateado jinete antiapocalíptico, cotidiano estandarte del ser y el estar, Orypresente. Energeia, metanoia, paranoia andante, sedante, nunca silente, jamás Edmundecido. Hablamos de una contradicción: el Ory-mito, «poeta maldito» para posterior uso apologético en razón inversamente proporcional al silencio y olvido que su obra fue reducida por la cultura oficial.

«Sueno, en mi caso concreto, como en otros, se han producido una serie de circunstancias que han dado lugar al mito, como la anatemización del postismo, la frustración que supuso siempre mi vida y mi obra aquí, mutitada por la censura, el posterior exilio..., en fin, siempre me señalaron con el dedo por mi físico y vestimenta, no me ha preocupado mucho esa pasión enfermiza que tenían por mí y por mi escritura, a la que también recurren. Es evidente que me retrato continuamente en mis poemas, pero no son autorretratos muy heroicos. Mi carencia de prejuicios saludables, la lógica de mi insumisión, molesta demasiado a la comodidad ambiente.

El eufemismo del “poeta maldito”, cosa en la que no creo, por otro lado, ya que me parece una invención de la cultura oficial, del sistema, era algo cualitativo que sustituía a una característica esencial en mí: la rebeldía. Esto, desgraciadamente, se maneja como caricatura o iconografía, pero es un papel que me han hecho jugar a la fuerza, bien a mi pesar, y que mi alejamiento, mi exilio voluntario, contribuye a reforzarlo. No paseo por la acera de lo establecido, soy muy móvil, viajo, y además resulta difícil verme vivir. Tengo a los hombres y sus calles como asombro cotidiano, al igual que mis escritos e incluso yo mismo.

A esto hay que añadir que se me ha clasificado, asimilado, a una etapa de mi vida, la del postismo. En general, hasta hace poco no se había informado bien sobre mi obra, no se había hecho nada bueno. O era postista o me señalaban con dos cruces más: el introrrealismo del cincuenta y uno con Darío Suro o el “Atelier de Poesie Ouverte” del sesenta y ocho en Amiens. Ahora hay estudios buenos sobre mi obra, como el de José Polo de Bernabé.»

El postismo
No podemos evitarlo. El postismo surge de sus cenizas, Fénix alada que rebrota del espejo y nos alcanza. ¿Qué fue el postismo? ¿Y qué fue del postismo? Mago gris que detiene el tiempo, Ory [mira al] reloj responde, vindicativo, claudicante:

«Una herejía en su época, como he dicho en alguna ocasión. Era el último, el más nuevo, el mejor, el post y el ismo, el ismo y el post. Fue en enero de mil novecientos cuarenta y cinco, a poco de terminar la segunda guerra mundial y ocho meses antes de Hiroshima y Nagasaki, cuando salimos a la calle a invocar un sol de una mañana primaveral junto al "grito de un camaleón enfurecido. Proclamamos una estética al grito de “España lanza el postismo”, una estética auroral, enfocada desde la sombra de una decadencia: “Aquella muerta doncella de faldas largas y cabellos caballos que la actualidad artística y académica proclama para sí.” Diciendo mierda al Parnaso, sentamos piedra de escándalo pisándolo todo con nuestra andadura revolucionaria. Y por eso, como dijo Chicharro, nos echaron de la poesía. El postismo significó una avanzada de la contracultura mundial. Fue precursor de las formas de cultura marginales, tanto en la expresión como en el comportamiento. La palabra postismo carece en absoluto de programática y, por consiguiente, de contenido ideológico. El postismo fue la locura inventada. Todo empezó con mi soneto paranoico.»
Mutilada, prohibida su obra, anatemizada, la censura se cebó en Carlos Edmundo de Ory: «Respecto a esto, creo que los mayores problemas radican en la educación y en la información. Hay que revisar las reglas y los códigos permisivos. Estos no deben estar sustentados por una tradición patriarcal henchida de intolerancia. La hipocresía no tiene derecho a autorizar. El “prohibido prohibir” de mayo del sesenta y ocho tiene toda su vigencia.»

Ausencia de Gobierno
Animal anarquizante, Ory abomina de todo Gobierno: «Lo mejor es la ausencia de todo Gobierno. Los abusos autoritarios limitantes en su escrupulosidad legal, imponen reglas suplementarias al juego propio de la dinámica grupal. Jamás se aconseja lo inútil del capricho y la fantasía, y, en cuanto al arte y la literatura, entran en el círculo de lo serio y respetable una vez oficializados por la ideología imperante, única capaz de marginar lo indeseable. La sociedad moderna destierro a los poetas, ya desde “La república”, de Platón, a menos que sean Premio Nobel o algo parecido. Ya lo dijo Octavio Paz: El poeta moderno no tiene lugar en la sociedad, porque, efectivamente, “no es nadie”. Esto no es una metáfora: la poesía no existe para la burguesía ni para las masas contemporáneas.»

Y, sin embargo, los tiempos han cambiado. Aunque ya sea quizá un poco tarde para ese aventurero vital, fraterno camarada de Rimbaud, a quien le preguntamos sobre la situación española y una hipotética vuelta del tránsfuga.

«Voluntad de cambio hay, es indudable. Pero no creo demasiado en este invento. Por otro lado, España es un país más dentro del mundo desesperante en que vivimos. Aunque la situación esté llena de incertidumbres, cada vez más a mí me gustaría volver, pero la verdad es que aquí no tendría trabajo

Carlos Edmundo de Ory, confeso de hechicería, dirían, dirán, dijeron los diarios, hechicero mágico inconcluso, inconcluyente, afluente, río, agua turbulenta en movimiento, lúdico, lúdico:

«Trabajo en el lenguaje, investigo el lenguaje y una de las cosas que tengo es el humor. Pero no sólo hay ludismo en mi poesía. Me interesan otros aspectos de mi obra, como el misticismo religioso. Con el ludismo pasa un poco como las anécdotas que se cuentan sobre mí, que se han exagerado y han engordado el mito

Anécdotas
Capítulo sagazmente sonsacado con ayuda de memorias ajenas. Anécdotas como aquella del congreso de escritores en Segovia en que, junto a otros. Caballero Bonald entre ellos, entraron por error en un velatorio y tuvieron que seguir el mortuorio rito. O la imitación en el mismo hotel de la actriz Joan Fontaine, que degeneró en el mito de que descendía por las escaleras a culazos. Olas de su bohemia vida parisiense y madrileña, donde apuntaba los teléfonos en las paredes de las calles. «No te preocupes, cuando necesite llamarte vendré aquí.» O lo de venir a tomar café a Cádiz. O el famoso baño vestido —él dice que en traje de baño— en una barca en Asturias, para llegar a otro barco. Tuvo que alcanzar la orilla y desde allí, aminorada la marcha del bote para esperarle, logró su objetivo: «Todos los poetas congresistas que iban allí —afirma Ory— ya estaban en la barca haciendo sus sonetos epitáficos.»

Su casa está siempre abierta a todos, en Amiens, cerca de la Universidad donde imparte sus clases tal y como me recuerdan Rafael de Cózar y Fernández Palacios. Allí acuden amigos, alumnos, a recibir influenciad, en peregrinación a La Cabaña, entrañable casa donde reposa, no se sabe si feliz, un buda enorme que tiene en su habitación y los pasillos se llaman cosas como avenida Nosferatu... «Yo no quiero dirigir a nadie —salta enseguida Ory—, que cada uno sea como es, como debe ser.»

Inimitable Ory, siempre adjetivado, mosaico siempre falto de postreros azulejos, últimos elementos de la clave buscada, ineficaz el tratamiento de emergencia, inasibles los corazones y las rosas. Eterno misterio.

Fuera, por la ventana, el mar toca el piano y silba el viento su eterna melodía. Carlos Edmundo de Ory sentencia: «Vivir es una aventura

Alfonso Domingo, Diario 16 [Disidencias], 21 de noviembre de 1982, p. IV.