Ucrania:
la colonia europea de la Rusia soviética
En pocos años, e incluso
meses, cierta clase de información se ha generalizado ya lo bastante para que
se pueda hablar de ella un suscitar hipócritas desgarramientos de vestiduras en
sectores determinados. Siendo las cosas como son, ya es posible estudiar el
genocidio de ciertas naciones por parte de Stalin, puesto que las mismas
autoridades soviéticas han «rehabilitado» a los chechenos, ingusetios o
alemanes del Volga, casi aniquilados por orden de aquel dictador. Los campos de
concentración rusos ya no son «una vil calumnia de los fascistas». Y las
masas obreras del mundo ya han podido aprender que las dictaduras jamás son
buenas, aunque se proclamen «del proletariado».
Claro está que ahora
resulta que todo fue culpa de Stalin y, mientras se le cubre a él de oprobio,
se vuelve a afirmar, sin vergüenza, la «justicia» de la «solución
marxista-leninista de la cuestión nacional». Pero, como decía de Hitler uno
de los jueces de Nuremberg: es imposible que un hombre solo haya podido cometer
tantos crímenes. Y así, por ejemplo, el otro ucraniano, Nikita Kruschev, fue el
encargado, entre otros, de realizar la labor imperialista rusa en Ucrania. Y en
aquella nación, todo el aparato del Partido Comunista ruso se puso al servicio
de un genocidio sólo comparable al cometido contra los judíos.
Pero de Ucrania no se
habla, o muy poco. Y los soviéticos de hoy, si lo hacen, es justamente para
encubrir la opresión de que es y ha sido objeto la nación ucraniana.
En este mar de confusión
y de confusionismo con respecto a lo que pasa en la URSS, los rusos no se
hallan solos. Por extraño que parezca, añaden su leña al fuego los «expertos»
del Departamento de Estado norteamericano, para quienes en la URSS sólo hay una
nación —la rusa— y las demás naciones y nacionalidades no rusas son «un
invento del siglo XIX».
A ambos puntos de vista
—cuando menos, verbalmente genocidas— les da un mentís (interesado, cómo no), a
la China comunista, que desde hace unos pocos años ha denunciado el carácter
colonialista de la Unión Soviética. E incluso, según noticias muy recientes,
parece ser que Radio Pequín tiene emisiones en ucraniano para el millón y medio
o dos millones de ucranianos que ahora residen en las regiones de Vladivostok y
de Jabárovsk, en el Oriente soviético. Las emisiones, desde luego, son para
recordar e insistir en la opresión de Ucrania por parte de los rusos. Con el
paso de los años, y a medida que el pleito nacional ucraniano se daba a
conocer, los partidos dependientes de la URSS han intentado diversas maniobras para
evitar de explicar por qué la nación ucraniana no es libre e independiente como
en apariencia promete la constitución de la URSS. Una de ellas, leída recientemente
en una de sus revistas, es que hace ya más de cuarenta años que «las
naciones y nacionalidades soviéticas son las más libres del mundo.» «Incluso—añaden
con descarada contradicción—, a raíz de los XX y XXII congresos del PCUS han
visto ampliadas sus prerrogativas». Este argumento nos recuerda que, bajo
el imperio zarista, se había abolido veinte veces el suplicio del knut.
Con una sola abolición —pero sincera— habría sido bastante. Y, de la misma
forma, a las naciones soviéticas les habría bastado conseguir la libertad una
sola vez... pero realmente, claro está.
RAZONES ECONOMICAS DE LA
AGRESION RUSA
El imperialismo y la
política colonial del Gobierno ruso han encontrado su expresión en la
planificación economía de la URSS, basada en la explotación despiadada de las
riquezas de los países ocupados, en provecho de Rusia, de su desarrollo
económico y de su expansión política.
La élite política rusa,
educada en la tradición imperialista, no quería aceptar la independencia
ucraniana que, para ellos, representaba una pérdida demasiado importante para
Rusia. El mismo Stalin en 1920, dio una explicación clarísima a la ocupación
por los rusos de los restantes países del antiguo estado zarista:
«Rusia central, este
hogar de la revolución mundial, no podría aguantar mucho tiempo sin la ayuda de
las regiones periféricas que abundan en materias primas, en combustible, en
productos alimenticios».
Esta idea, que Stalin
supo vestir con fraseología seudomarxista, la repitió una y otra vez, junto con
la frase —que desde entonces ha hecho fortuna— de «regiones periféricas»,
para designar a las naciones distintas del Estado central.
Era, pues, preciso
reconquistar Ucrania y los otros países limítrofes. Y lo hicieron por medio de
una guerra de las más atroces.
LOS DOS TIPOS DE COLONIAS
Es muy interesante notar
que, antes de 1917, y con excepción de Lenin, ciertos marxistas rusos, si bien
consideraban a Rusia como un país colonial, se olvidaban sistemáticamente de
mencionar entre las colonias rusas a las naciones de Ucrania, Polonia y
Finlandia. Contra este punto de vista, que perduró en la posguerra, se alzó el
comunista ucraniano [Mykhailo] Volobuiev (lo cual, claro está, le costó la
vida), quien, en un bien documentado artículo de 1928, sostenía que hay dos
categorías de colonias: las colonias formadas por los países menos desarrollados,
sin establecer distinciones en el hecho de que se hallen separadas o no de la
metrópoli por el mar o el océano, u otras grandes extensiones, y las colonias
de «tipo europeo». Era una variante de la teoría del marxismo etnista
que hemos denominado «de las naciones proletarias». Para Volobuiev,
tanto Ucrania como Polonia o Finlandia, eran colonias rusas del tipo europeo.
Como decía el profesor ucraniano:
«lo esencial de las consecuencias de la dependencia de una “colonia de tipo
europeo” radica sobre todo en el hecho de la desviación del desarrollo de sus
fuerzas productivas en beneficio de la economía de la metrópoli.»
EXPLOTACION COLONIAL DE
UCRANIA
En 1928, Volobuiev demostró
que la Rusia soviética sacaba de Ucrania aproximadamente el mismo provecho de
tipo colonial que la Rusia de los zares, lo cual representaba un 20 por ciento
de los beneficios de la economía de Ucrania. El economista ucraniano afirmó abiertamente
que la instauración del poder soviético no había resuelto en absoluto el
problema de la liquidación de la situación colonial de Ucrania. Por su serie de
artículos, Volobuiev fue deportado y desapareció para siempre en la década de
los 1930. Pero de algo sirvió su valiente acusación ya que, por lo menos desde Volobuiev,
Moscú ha dejado de publicar los datos comprometedores respecto a los beneficios
de la economía ucraniana.
Aún así, la explotación
colonial de Ucrania por Rusia quedo demostrada ampliamente por una serie de
cifras referentes a las inversiones oficiales Así, por ejemplo, en los años
1920-1928, Ucrania proporcionó a Rusia un promedio del 40 por ciento del total
de los recursos de la URSS, pero, en cambio, sólo recibió un 19 por ciento del
total de las inversiones del Estado soviético. La desproporción en el reparto
de las inversiones no dejaba lugar a dudas: Rusia obtenía la mayor parte, y
estos porcentajes han seguido siendo iguales e, incluso, en algunos años, han
aumentado. Son sobre todo las regiones étnicamente rusas (regiones económicas
del noroeste, del centro, del Volga y del Ural) las que siguen recibiendo más
de la mitad de las inversiones.
Rusia absorbe por lo
menos un 60 por ciento de los créditos concedidos a la economía y a la
población, mientras que Ucrania sólo recibe un 15 por ciento, aproximadamente.
Esta política, que favorece el desarrollo de la Rusia étnica, se realiza en
detrimento de la mayoría de las restantes naciones de la «Unión» y tiene
como consecuencia la desigualdad discriminatoria en el desarrollo económico de
las Repúblicas soviéticas, en especial de Ucrania. El Gobierno ruso, al aplicar
una política colonial rígida, descuida voluntariamente el desarrollo económico
de Ucrania y favorece el desarrollo de Rusia.
Generalmente, cuando
pensamos en Ucrania, en seguida nos viene al pensamiento el trigo del famoso «granero
de Europa» Esta fama sigue siendo justa, ya que Ucrania es un país agrícola
desarrollado. Así, en 1961, Ucrania cosechó más de quince millones de toneladas
de trigo, es decir, mucho más que el Canadá o que el conjunto de los grandes
países de Europa. En cuanto a la producción de azúcar, ocupa el segundo lugar
mundial después de Cuba. Pero Ucrania es igualmente un país industrializado,
rico en recursos naturales. De hecho, es otro más de aquellos países sometidos
que podrían bastarse a sí mismos en una independencia económica casi completa.
Es lo que ya supo ver el
profesor Volobuvef, quien acompañaba sus reproches contra Rusia con la demanda
de separar Ucrania y su economía de la Unión Soviética. Decía que, ya bajo la
dominación zarista, Ucrania aspiraba a formar porte directamente de la economía
mundial y que «la Revolución de Octubre» no resolvió la cuestión
nacional ucraniana, puesto que Ucrania siguió siendo miembro de la URSS. Únicamente
la revolución proletaria mundial, opinaba el profesor Volobuvef, podría
permitir que Ucrania entrase directamente, y no a través de la economía rusa,
en el sistema mundial de la economía. Y, de todas formas, según él, la URSS
debería existir hasta entonces no como un sistema económico centralizado, sino
como un sistema federal de las economías nacionales, distintas e independientes
Que el profesor ucraniano
tenía razón, lo demuestran los resultados actuales, con la disminución constante
de la parte de Ucrania en la producción total del Estado, así como lo indican las
cifras siguientes, extractadas de publicaciones de la Oficina Central de
Estadística de Moscú.
No hay duda de que ha
habido una desigualdad progresiva entre el desarrollo de la productividad de
Rusia y de Ucrania. Mientras que en Rusia la producción industrial ha aumentado
cincuenta veces en comparación con 1913, en Ucrania sólo ha aumentado treinta y
dos veces. En cuanto a la producción de la industria pesada, se ha acrecentado
treinta y cinco veces en Ucrania y sesenta veces en Rusia. El aumento de la
producción en ciertas regiones de Rusia es el siguiente: cuarenta y cinco veces
en Leningrado, setenta y ocho en Moscú, ciento dieciocho en el Ural, ciento
veinticuatro en las regiones del Volga-Viatka, trescientas ochenta y cuatro en
Siberia occidental, noventa y cuatro veces en Siberia oriental y setenta y tres
veces en el Extremo Oriente.
EL FACTOR HUMANO
Como siempre, el factor
humano —ya que el hombre sigue siendo y será el capital más importante— va
estrechamente ligado con los factores económicos, sociales y culturales. Por el
lado demográfico, la opresión del pueblo ucraniano se ha hecho sentir, como no
podía ser de otro modo, en el número global de su población. En cincuenta años,
Ucrania ha perdido casi veinte millones de personas como consecuencia del
genocidio, las persecuciones y las guerras. En cuanto al lugar desocupado por
los ucranianos, lo toman en seguida miles de rusos, enviados allí por el
Gobierno. Aplicando vanos procedimientos, uno de los cuales consiste en enviar
a los ucranianos al Kazakstán o a otras regiones del Asia central so pretexto
de que necesitan allí mano de obra especializada y técnicos, el Gobierno ruso
soviético hace que los rusos emigran a Ucrania, con el mismo pretexto,
realizando así poco a poco la colonización étnica del país.
El número de colonos
rusos aumenta continuamente. En 1922 el número de rusos en Ucrania era de casi
dos millones. En 1926 pasaban ya de los tres, o sea un 8 por ciento de la
población del país. Pero en 1959 eran ya más de siete millones, o sea el 16,9
por ciento de la población.
Como son el núcleo del
poder ocupante de Rusia, los rusos, como miembros del aparato gubernamental y
económico de Moscú, habitan sobre todo en las ciudades ucranianas. Según el
censo de 1959, el 81 por ciento de los rusos que viven en Ucrania (o sea 5.720.000)
residen en las ciudades, en donde constituyen el 29,9 por ciento, y un 19 por
ciento (1.365.000) habitantes en el campo, en donde constituyen el 6 por ciento
de la población rural.
La comparación de la
evolución etnográfica de los rusos y de los ucranianos demuestra
indiscutiblemente la destrucción deliberada de la nación ucraniana. En 1897
había cuarenta y ocho millones de rusos y unos veinticinco millones y medio ucranianos
en el territorio actual de URSS. A pesar de las guerras de 1914-20, el número
de rusos no dejo crecer: el censo de 1926 revela que había entonces setenta y ocho
millones de rusos y treinta y cinco y medio de ucranianos. En 1939 había noventa
y nueve millones de rusos y treinta y cinco y medio de ucranianos, es decir,
menos que en 1926, a pesar de la adquisición de territorios de la Ucrania
occidental, con unos millones más.
No es licito, como
sugieren determinados prosoviéticos, explicar esta gran disminución, por lo demás
constante, de la población no rusa por la rusificación de sus habitantes, ya
que los censos conservan la «nacionalidad» de quienes, por unas razones
u otras, han abandonado la lengua autóctona. La explicación es mucho más dura y
más espantosa a la vez. Fue el hambre de 1921-1922, en que más de un millón de
ucranianos perecieron. El hambre de 1932, en que murieron un millón y medio. Y
la del año siguiente, 1933 en que el número total de víctimas paso de tres
millones. Estas hambres, como ahora es bien sabido, fueron provocadas adrede y
«científicamente» por Stalin y lo, suyos, Kruschev entre ellos.
LA OPRESION CULTURAL
El sector de la cultura y
de la educación a siempre uno de los sectores en que más se ejerce la
discriminación nacional. La educación siempre fue una cosa importante en
Ucrania. Y la cultura, su secuela, también. Pero, mientras que en la última década
del siglo XVIII, bajo la autonomía, la Academia ucraniana de Kyiv (cerrada mis
tarde por los rusos) había podido publicar 250 libros en ucraniano, en el siglo
siguiente, de 1847 a 1856, tan sólo 25 libros ucranianos pudieron salvar los
obstáculos presentados por la censura rusa. Sucesivos ukazes rusos
fueron suprimiendo las publicaciones en ucraniano hasta que en 1876 no sólo se
prohibieron las publicaciones de cualquier clase, sino incluso su importación.
La propaganda de los comunistas rusos habla hoy del mejoramiento apreciable de la educación en la URSS en comparación con los tiempos del dominio zarista. Ello es exacto, pero sólo refiriéndose a las tierras de habla rusa. No sucede igual en Ucrania según las mismas estadísticas oficiales.
Rusia: 1 escuela para 887 habitantes, en 1950; 967 habitantes, en 1956.
Ucrania: 1 escuela para 1.320 habitantes, en 1950; 1.363 habitantes, en 1956.
Ucrania padece una
rusificación intensa a penas disimulada. Las protestas procedentes de la
población o, incluso a veces, de los medios comunistas ucranianos, no dieron
resultado alguno. Los rusos se escudan tras una fraseología «internacionalista»,
«una sola lengua es necesaria para la comprensión de los pueblos»,
etcétera, y el terror y las represalias hacen el resto.
Otro medio potente de
rusificación lo constituyen las publicaciones. En este terreno domina la misma
discriminación que 50 los restantes sectores de la vida política, económica,
social, universitaria y cultural.
Según el censo de 1959,
había en la URSS 55 por ciento de rusos, 18 por ciento de ucranianos y 23 por
ciento de otras nacionalidades. Pues bien, siempre según fuentes soviéticas, el
28 por ciento de los periódicos publicados en la URSS eran en lengua ucraniana,
pero —esto es muy importante— la tirada que se les permitía sólo representaba
el 10 por ciento del total de los periódicos soviéticos. Los periódicos en
ucraniano son pocos porque, como es sabido, periódicos y revistas son un medio eficacísimo
de influir en las masas. Y lo mismo sucede con los libros, los publicados o los
depositados en las bibliotecas públicas. En Ucrania hay 76.800 bibliotecas
públicas (un 25 37, ciento de todas las de la URSS), con 373 millones de libros.
Pero la mayoría de estos libros están en ruso, so pretexto de ello se facilita la
intercomprensión de pueblos soviéticos En las bibliotecas escolares el hecho es
aún más claro.
Veamos cuál es la
proporción de libros en ucraniano y en ruso en los últimos años de que hemos
tenido noticia, teniendo en cuerna el porcentaje de ucranianos y de rusos en la
URSS…
La publicación de libros
en ucraniano sólo representa el 46 por ciento de codos los libros publicados en
la República ucraniana. Su tirada representa el 71 por ciento (contra el 80 por
ciento en 1940) de la tirada total de todos los libros publicados en la
República. Por otra parte, en Ucrania, donde hay siete millones de rusos, se
publicaron en 1958 2.534 libros (títulos) en lengua rusa, mientras que en las
restantes repúblicas, en donde hay cinco millones de ucranianos (por lo menos
tres millones en la Federación rusa), sólo se publicaron cinco libros en lengua
ucraniana. En 1961, esa día había bajado a dos.
Para los siete millones
de rusos en Ucrania se publican tres diarios, pero para los cinco millones de
ucranianos fuera de Ucrania no se publica ni un solo periódico en ucraniano...
LA INDEPENDENCIA Y SU
DESTRUCCION
Una enorme cantidad de
hechos referentes a Ucrania, desde 1917, han sido cuidadosamente disimulados
para evitar que el público mundial sepa que diez días después de la revolución en
el Imperio ruso, los ucranianos formaron un Gobierno independiente provisional.
En diciembre del mismo año 1917, la Rusia de Lenin y Trotski, seguida
inmediatamente después por Francia e Inglaterra, reconocían a la flamante
República Nacional Ucraniana. Pocos días mis tarde, por Navidad comenzó la
primera invasión rusa de la Ucrania independiente. Los combates continuaron hasta
mayo de 1918, es decir, hasta la derrota completa de los rusos en Ucrania. Los
acuerdos de paz firmados en junio previeron la normalización de las relaciones
diplomáticas y consulares entre ambos países. Y, por consiguiente, el Gobierno ucraniano
pudo abrir consulados generales en Moscú y en Petersburgo (Leningrado, después),
así como los consulados en Kursk, Tula, Vorónezh, Kazán, Sarátov, Tsaritsyn
(que más adelante Stalin bautizaría con su nombre), Astrakán, Tomsk, Omsk y en varias
otras ciudades.
En diciembre de 1918,
Rusia volvió a atacar Ucrania, por secunda y definitiva vez. Esta nueva
invasión rusa se realizó en un momento difícil de la historia ucraniana.
Durante un año, el país se encontró en el «triángulo de la muerte»: Polonia que
la atacaba por el oeste; los rusos de Lenin por el norte, y los rusos blancos
del general Denikin por el sur. A todo ello vino a añadirse una epidemia de
tifus.
El comandante en jefe del
ejército ucraniano, y presidente del Directorio de la República, Simon Petliura,
era un patriota completo, cuyo patriotismo no se paraba, como los trenes rusos,
en los límites del Imperio zarista, sino que abarcaba todas las tierras de la
etnia ucraniana. Por ello, la asamblea proclamo la reunión a la República de
Ucrania Occidental, o sea los territorios que habían pertenecido a Austria-Hungría.
Estas tierras fueron el precio que Polonia cobró por contribuir, junto con los
rusos blancos, a la derrota de la nueva Ucrania Era en noviembre de 1920.
Ucrania volvió a quedar descuartizada y empero otra época de genocidio. Los polacos
comenzaron a establecerse en masa en las tierras ucranianas de Galitzia y de
Volhynia e iniciaron la polonización de los siete millones de ucranianos que el
Estado contenía. El Gobierno rumano llevó a cabo una política [similar] en
Bukovina septentrional, que había ocupado. Y Ucrania Transcarpática, que había
sido parte de Hungría, fue incluida en Checoslovaquia.
Pero el pueblo jamás
olvidó a Simon Petliura y lo que su Gobierno había representado. Por ello, el
Gobierno soviético lo hizo asesinar en 1926, en su exilio de París, por el
agente secreto [Samuel] Schwarzbard. Pero el ideal de la liberación de Ucrania
siguió adelante. Y aun treinta años después, en el XX Congreso del Partido
Comunista, [Anastás] Mikoyan tuvo que advenir a los unos de los «peligros
del petlurismo».
LA ORGANIZACION DE
NACIONALISTAS UCRANIANOS
A la muerte de Petliura,
fue Eugene Konovalets quien le sucedió en la dirección del movimiento.
Inteligente y valiente a la vez, su organización militar (UVO) y la
Organización de Nacionalistas Ucranianos nuevamente creada fueron dos armas
terribles que dieron mucho que hacer a los cuatro Estados que se habían repartido
a su patria. Cuando su nombre llegó a adquirir tanta popularidad como el de Petliura,
Moscú decidió que había llegado el momento de hacerle asesinar. Esta vez no a
tiros, como a Petliura, ni en París, sino con una bomba de relojería que, en 1958,
le entrego en Rotterdam el agente Valyulth [Pável Sudoplátov], haciéndole creer
que era un paquete lleno de informes secretos sobre Ucrania
La muerte de Konovalets
fue un golpe serio para el movimiento revolucionario. Y los rusos aprovecharon la
tensa situación internacional para propalar la especie de que los nazis se
habían «desembarazado» de él por «colaborador molesto».
El pacto de amistad
nazi-soviético de 22 de agosto de 1939 hizo caer Galitzia y Volhynia de manos
de los rusos. Las restantes fracciones de Ucrania englobadas en Polonia las
ocuparon los alemanes. Meses antes, el 15 de marzo, con la caída del estado
checoslovaco, la Ucrania ocupada por los checos se había declarado independiente,
bajo la presidencia de Mns. Avgustýn Voloshin. El cambio de condiciones políticas
trajo también consigo un cambio en las formas de lucha por la liberación. Las
filas de la OUN crecieron con numerosos militantes salidos de su cautiverios en
cárceles polacas y del campo de internamiento de Bereza Kartuska. La filas de OUN
también crecieron con la República Transcarpática [República de Ucrania de los
Cárpatos], que Hitler había querido dar a Hungría y que tuvo que sucumbir al
tener contra a ella a polacos, húngaros y alemanes.
Loa ucranianos
aprendieron así a desconfiar de las promesas nazis. Al estallar la guerra entre
éstos y los rusos, el 30 de junio de 1941 los ucranianos proclamaban de nuevo
la independencia y, un año después, organizaban el ejercito partisano de Ucrania
(UPA). A la cabeza del nuevo Gobierno se hallaba Yaroslav Stetskó, y era jefe
del OUN, Stepán Bandera, un ucraniano de las tierras antes ocupadas por los
polacos. El ejército ucraniano de la resistencia llegó a tener más de
doscientos mil hombres bajo las armas.
Igual que Moscú, Hitler
quiso considerar a Ucrania como una rica colonia que explotar, y el reino de
terror nazi hizo que, una vez más en su historia, los ucranianos tuvieran que
luchar en dos frentes distintos, contra dos ejércitos diferentes. Stepán
Bandera fue arrestado e internado en el campo de concentración alemán de
Sachsenhausen. La Gestapo asesinó a miembros de su familia. Y el gobernador
colocado por Hitler a la cabeza del Reichskommissar de Ucrania, Erich
Koch, comenzó a despoblarla. De nuevo, el hambre volvió a abatirse sobre el
país.
Con la derrota alemana y
la vuelta de los rusos (que se anexionaron casi todo el territorio de la etnia
ucraniana) las represalias fueron terribles. Aun así, la guerra de guerrillas
fue continua, entre los años 1944 y 1952, contra una gran potencia que tenía en
sus manos a la mitad de Europa y de Asia. Quizá bastará, para comprender lo que
fue aquello, recordar que, en 1947, Rusia se vio obligada a firmar un tratado
militar con Checoslovaquia y Polonia para acabar con el ejército clandestino de
Ucrania.
Desde 1952 cesaron los
verdaderos combates, si bien la lucha en sí no cesó. Desde Múnich, donde por
cierto existe una Universidad de Ucrania en el exilio, Stepán Bandera siguió
dirigiendo al OUN. Su nombre se había convertido en el símbolo de la liberación
en la enorme cárcel de los pueblos, desde el San hasta Sajalín y el Kamchatka,
para los millones de presos en los campos de concentración rusos. Bandera era
el enemigo número uno del Kremlin. Era preciso aniquilarle y, después de
diversas tentativas, tuvieron éxito el 15 de octubre de 1959
Fue el instrumento el
agente del KGB (Comité de Seguridad del Estado ruso) Bogdán Stashynsky. El arma
era un modelo de perfección, una pistola de cianuro, que el asesino escondió
entre un ramo de flores. Disparada directamente sobre la nariz, la muerte
instantánea daba la impresión total de un ataque al corazón.
Condecorado por los rusos
y bien considerado en su país, dos años después Stashynsky pasó a Alemania
Occidental, donde confesó el asesinato de Bandera, achacado hasta entonces por los
rusos al «espionaje alemán» o a querellas intestinas de los nacionalistas.
Al asesinar a Bandera,
quisieron suprimir al dirigente de un movimiento deliberación que era peligroso
para ellos y, con él, quizá las aspiraciones del pueblo ucraniano por la
libertad. Pero no ha sido así, y las noticias que, de vez en cuando, se filtran
a través de la URSS dan cuenta de actos de resistencia y de nacionalismo
ucranianos.
LA LUCHA IDEOLOGICA POR
LA LIBERTAD
Si alguien pregunta: ¿hay
movimientos activos de resistencia en la Ucrania actual?, la respuesta será
afirmativa si se refiere a hacer volar trenes, disparar contra coches
oficiales, tirar bombas incendiarias dentro de vagones destinados al transporte
de granos o sabotear oleoductos. Pero este tipo de lucha no es ya muy eficaz en
la URSS actual. Al fin y al cabo, la pérdida de cinco, o incluso cincuenta trenes
no hará mucha mella en el sistema de seguridad soviético o en su potencial
militar o industrial. Y las células de resistencia lo saben, si bien algunas
siguen prefiriendo este sistema clásico de guerrillas. Pero la mayoría de los
grupos resistentes saben que han de atacar al Corazón de lo que perjudicará más
a Moscú: su cohesión y estabilidad política internas. Los rusos dicen que el
sistema capitalista llera consigo los gérmenes de su propia destrucción.
Resulta que esta es una gran verdad referida al sistema del imperio ruso
soviético.
Y su talón de Aquiles es
la genocida opresión de su política nacional. Sin ella jamás se habría formado el
ANB (Bloque Antibolchevique de Naciones) encabezado por Ucrania, uno de cuyos
miembros, el ucraniano P. Poltava, decía en un folleto circulado en Kyiv y Leópolis
en 1950:
«Nosotros, los nacionalistas
ucranianos, no somos chauvinistas. Al luchar por un Estado ucraniano
independiente sólo luchamos por la obtención para el pueblo ucraniano de los
mismos derechos de que gozan desde hace tiempo la mayoría de las naciones del
mundo.
«Queremos vivir en amistad
y colaboración con todos los pueblos del mundo, con inclusión del pueblo ruso
si edifica su Estado dentro de sus territorios etnográficos. No luchamos contra
ningún pueblo vecino, sino únicamente contra todas las fuerzas imperialistas
que nos oprimen o tienen la intención de oprimirnos.
«Nosotros, los
revolucionarios ucranianos, luchamos: 1.º, por el Estado ucraniano
independiente en los territorios de la etnia ucraniana, con un régimen político
y social justo...; 2.º, por la realización de la independencia nacional de cada
nación de la Unión Soviética; 3.º, por la eliminación de todo imperialismo en
la vida internacional: 4.º, contra el bolchevismo, por una democracia
verdadera, contra la dictadura y el totalitarismo de cualquier clase que sea,
por la libertad de palabra, de prensa, de reunión y de ideologías.»
Jordi Ventura, Destino,
16 de octubre de 1965, nº 1471, pp. 30-33 y 35.
No hay comentarios:
Publicar un comentario