martes, 25 de febrero de 2025

"Ucrania: la colonia europea de la Rusia Soviética" por Jordi Ventura (Destino Nº. 1471; 16 de octubre de 1965)

 


Ucrania: la colonia europea de la Rusia soviética

En pocos años, e incluso meses, cierta clase de información se ha generalizado ya lo bastante para que se pueda hablar de ella un suscitar hipócritas desgarramientos de vestiduras en sectores determinados. Siendo las cosas como son, ya es posible estudiar el genocidio de ciertas naciones por parte de Stalin, puesto que las mismas autoridades soviéticas han «rehabilitado» a los chechenos, ingusetios o alemanes del Volga, casi aniquilados por orden de aquel dictador. Los campos de concentración rusos ya no son «una vil calumnia de los fascistas». Y las masas obreras del mundo ya han podido aprender que las dictaduras jamás son buenas, aunque se proclamen «del proletariado».

Claro está que ahora resulta que todo fue culpa de Stalin y, mientras se le cubre a él de oprobio, se vuelve a afirmar, sin vergüenza, la «justicia» de la «solución marxista-leninista de la cuestión nacional». Pero, como decía de Hitler uno de los jueces de Nuremberg: es imposible que un hombre solo haya podido cometer tantos crímenes. Y así, por ejemplo, el otro ucraniano, Nikita Kruschev, fue el encargado, entre otros, de realizar la labor imperialista rusa en Ucrania. Y en aquella nación, todo el aparato del Partido Comunista ruso se puso al servicio de un genocidio sólo comparable al cometido contra los judíos.

Pero de Ucrania no se habla, o muy poco. Y los soviéticos de hoy, si lo hacen, es justamente para encubrir la opresión de que es y ha sido objeto la nación ucraniana.

En este mar de confusión y de confusionismo con respecto a lo que pasa en la URSS, los rusos no se hallan solos. Por extraño que parezca, añaden su leña al fuego los «expertos» del Departamento de Estado norteamericano, para quienes en la URSS sólo hay una nación —la rusa— y las demás naciones y nacionalidades no rusas son «un invento del siglo XIX».

A ambos puntos de vista —cuando menos, verbalmente genocidas— les da un mentís (interesado, cómo no), a la China comunista, que desde hace unos pocos años ha denunciado el carácter colonialista de la Unión Soviética. E incluso, según noticias muy recientes, parece ser que Radio Pequín tiene emisiones en ucraniano para el millón y medio o dos millones de ucranianos que ahora residen en las regiones de Vladivostok y de Jabárovsk, en el Oriente soviético. Las emisiones, desde luego, son para recordar e insistir en la opresión de Ucrania por parte de los rusos. Con el paso de los años, y a medida que el pleito nacional ucraniano se daba a conocer, los partidos dependientes de la URSS han intentado diversas maniobras para evitar de explicar por qué la nación ucraniana no es libre e independiente como en apariencia promete la constitución de la URSS. Una de ellas, leída recientemente en una de sus revistas, es que hace ya más de cuarenta años que «las naciones y nacionalidades soviéticas son las más libres del mundo.» «Incluso—añaden con descarada contradicción—, a raíz de los XX y XXII congresos del PCUS han visto ampliadas sus prerrogativas». Este argumento nos recuerda que, bajo el imperio zarista, se había abolido veinte veces el suplicio del knut. Con una sola abolición —pero sincera— habría sido bastante. Y, de la misma forma, a las naciones soviéticas les habría bastado conseguir la libertad una sola vez... pero realmente, claro está.

RAZONES ECONOMICAS DE LA AGRESION RUSA

El imperialismo y la política colonial del Gobierno ruso han encontrado su expresión en la planificación economía de la URSS, basada en la explotación despiadada de las riquezas de los países ocupados, en provecho de Rusia, de su desarrollo económico y de su expansión política.

La élite política rusa, educada en la tradición imperialista, no quería aceptar la independencia ucraniana que, para ellos, representaba una pérdida demasiado importante para Rusia. El mismo Stalin en 1920, dio una explicación clarísima a la ocupación por los rusos de los restantes países del antiguo estado zarista:

«Rusia central, este hogar de la revolución mundial, no podría aguantar mucho tiempo sin la ayuda de las regiones periféricas que abundan en materias primas, en combustible, en productos alimenticios».

Esta idea, que Stalin supo vestir con fraseología seudomarxista, la repitió una y otra vez, junto con la frase —que desde entonces ha hecho fortuna— de «regiones periféricas», para designar a las naciones distintas del Estado central.

Era, pues, preciso reconquistar Ucrania y los otros países limítrofes. Y lo hicieron por medio de una guerra de las más atroces.

LOS DOS TIPOS DE COLONIAS

Es muy interesante notar que, antes de 1917, y con excepción de Lenin, ciertos marxistas rusos, si bien consideraban a Rusia como un país colonial, se olvidaban sistemáticamente de mencionar entre las colonias rusas a las naciones de Ucrania, Polonia y Finlandia. Contra este punto de vista, que perduró en la posguerra, se alzó el comunista ucraniano [Mykhailo] Volobuiev (lo cual, claro está, le costó la vida), quien, en un bien documentado artículo de 1928, sostenía que hay dos categorías de colonias: las colonias formadas por los países menos desarrollados, sin establecer distinciones en el hecho de que se hallen separadas o no de la metrópoli por el mar o el océano, u otras grandes extensiones, y las colonias de «tipo europeo». Era una variante de la teoría del marxismo etnista que hemos denominado «de las naciones proletarias». Para Volobuiev, tanto Ucrania como Polonia o Finlandia, eran colonias rusas del tipo europeo.

Como decía el profesor ucraniano: «lo esencial de las consecuencias de la dependencia de una “colonia de tipo europeo” radica sobre todo en el hecho de la desviación del desarrollo de sus fuerzas productivas en beneficio de la economía de la metrópoli.»

EXPLOTACION COLONIAL DE UCRANIA

En 1928, Volobuiev demostró que la Rusia soviética sacaba de Ucrania aproximadamente el mismo provecho de tipo colonial que la Rusia de los zares, lo cual representaba un 20 por ciento de los beneficios de la economía de Ucrania. El economista ucraniano afirmó abiertamente que la instauración del poder soviético no había resuelto en absoluto el problema de la liquidación de la situación colonial de Ucrania. Por su serie de artículos, Volobuiev fue deportado y desapareció para siempre en la década de los 1930. Pero de algo sirvió su valiente acusación ya que, por lo menos desde Volobuiev, Moscú ha dejado de publicar los datos comprometedores respecto a los beneficios de la economía ucraniana.

Aún así, la explotación colonial de Ucrania por Rusia quedo demostrada ampliamente por una serie de cifras referentes a las inversiones oficiales Así, por ejemplo, en los años 1920-1928, Ucrania proporcionó a Rusia un promedio del 40 por ciento del total de los recursos de la URSS, pero, en cambio, sólo recibió un 19 por ciento del total de las inversiones del Estado soviético. La desproporción en el reparto de las inversiones no dejaba lugar a dudas: Rusia obtenía la mayor parte, y estos porcentajes han seguido siendo iguales e, incluso, en algunos años, han aumentado. Son sobre todo las regiones étnicamente rusas (regiones económicas del noroeste, del centro, del Volga y del Ural) las que siguen recibiendo más de la mitad de las inversiones.

Rusia absorbe por lo menos un 60 por ciento de los créditos concedidos a la economía y a la población, mientras que Ucrania sólo recibe un 15 por ciento, aproximadamente. Esta política, que favorece el desarrollo de la Rusia étnica, se realiza en detrimento de la mayoría de las restantes naciones de la «Unión» y tiene como consecuencia la desigualdad discriminatoria en el desarrollo económico de las Repúblicas soviéticas, en especial de Ucrania. El Gobierno ruso, al aplicar una política colonial rígida, descuida voluntariamente el desarrollo económico de Ucrania y favorece el desarrollo de Rusia.

Generalmente, cuando pensamos en Ucrania, en seguida nos viene al pensamiento el trigo del famoso «granero de Europa» Esta fama sigue siendo justa, ya que Ucrania es un país agrícola desarrollado. Así, en 1961, Ucrania cosechó más de quince millones de toneladas de trigo, es decir, mucho más que el Canadá o que el conjunto de los grandes países de Europa. En cuanto a la producción de azúcar, ocupa el segundo lugar mundial después de Cuba. Pero Ucrania es igualmente un país industrializado, rico en recursos naturales. De hecho, es otro más de aquellos países sometidos que podrían bastarse a sí mismos en una independencia económica casi completa.

Es lo que ya supo ver el profesor Volobuvef, quien acompañaba sus reproches contra Rusia con la demanda de separar Ucrania y su economía de la Unión Soviética. Decía que, ya bajo la dominación zarista, Ucrania aspiraba a formar porte directamente de la economía mundial y que «la Revolución de Octubre» no resolvió la cuestión nacional ucraniana, puesto que Ucrania siguió siendo miembro de la URSS. Únicamente la revolución proletaria mundial, opinaba el profesor Volobuvef, podría permitir que Ucrania entrase directamente, y no a través de la economía rusa, en el sistema mundial de la economía. Y, de todas formas, según él, la URSS debería existir hasta entonces no como un sistema económico centralizado, sino como un sistema federal de las economías nacionales, distintas e independientes

Que el profesor ucraniano tenía razón, lo demuestran los resultados actuales, con la disminución constante de la parte de Ucrania en la producción total del Estado, así como lo indican las cifras siguientes, extractadas de publicaciones de la Oficina Central de Estadística de Moscú.

No hay duda de que ha habido una desigualdad progresiva entre el desarrollo de la productividad de Rusia y de Ucrania. Mientras que en Rusia la producción industrial ha aumentado cincuenta veces en comparación con 1913, en Ucrania sólo ha aumentado treinta y dos veces. En cuanto a la producción de la industria pesada, se ha acrecentado treinta y cinco veces en Ucrania y sesenta veces en Rusia. El aumento de la producción en ciertas regiones de Rusia es el siguiente: cuarenta y cinco veces en Leningrado, setenta y ocho en Moscú, ciento dieciocho en el Ural, ciento veinticuatro en las regiones del Volga-Viatka, trescientas ochenta y cuatro en Siberia occidental, noventa y cuatro veces en Siberia oriental y setenta y tres veces en el Extremo Oriente.

EL FACTOR HUMANO

Como siempre, el factor humano —ya que el hombre sigue siendo y será el capital más importante— va estrechamente ligado con los factores económicos, sociales y culturales. Por el lado demográfico, la opresión del pueblo ucraniano se ha hecho sentir, como no podía ser de otro modo, en el número global de su población. En cincuenta años, Ucrania ha perdido casi veinte millones de personas como consecuencia del genocidio, las persecuciones y las guerras. En cuanto al lugar desocupado por los ucranianos, lo toman en seguida miles de rusos, enviados allí por el Gobierno. Aplicando vanos procedimientos, uno de los cuales consiste en enviar a los ucranianos al Kazakstán o a otras regiones del Asia central so pretexto de que necesitan allí mano de obra especializada y técnicos, el Gobierno ruso soviético hace que los rusos emigran a Ucrania, con el mismo pretexto, realizando así poco a poco la colonización étnica del país.

El número de colonos rusos aumenta continuamente. En 1922 el número de rusos en Ucrania era de casi dos millones. En 1926 pasaban ya de los tres, o sea un 8 por ciento de la población del país. Pero en 1959 eran ya más de siete millones, o sea el 16,9 por ciento de la población.

Como son el núcleo del poder ocupante de Rusia, los rusos, como miembros del aparato gubernamental y económico de Moscú, habitan sobre todo en las ciudades ucranianas. Según el censo de 1959, el 81 por ciento de los rusos que viven en Ucrania (o sea 5.720.000) residen en las ciudades, en donde constituyen el 29,9 por ciento, y un 19 por ciento (1.365.000) habitantes en el campo, en donde constituyen el 6 por ciento de la población rural.

La comparación de la evolución etnográfica de los rusos y de los ucranianos demuestra indiscutiblemente la destrucción deliberada de la nación ucraniana. En 1897 había cuarenta y ocho millones de rusos y unos veinticinco millones y medio ucranianos en el territorio actual de URSS. A pesar de las guerras de 1914-20, el número de rusos no dejo crecer: el censo de 1926 revela que había entonces setenta y ocho millones de rusos y treinta y cinco y medio de ucranianos. En 1939 había noventa y nueve millones de rusos y treinta y cinco y medio de ucranianos, es decir, menos que en 1926, a pesar de la adquisición de territorios de la Ucrania occidental, con unos millones más.

No es licito, como sugieren determinados prosoviéticos, explicar esta gran disminución, por lo demás constante, de la población no rusa por la rusificación de sus habitantes, ya que los censos conservan la «nacionalidad» de quienes, por unas razones u otras, han abandonado la lengua autóctona. La explicación es mucho más dura y más espantosa a la vez. Fue el hambre de 1921-1922, en que más de un millón de ucranianos perecieron. El hambre de 1932, en que murieron un millón y medio. Y la del año siguiente, 1933 en que el número total de víctimas paso de tres millones. Estas hambres, como ahora es bien sabido, fueron provocadas adrede y «científicamente» por Stalin y lo, suyos, Kruschev entre ellos.

LA OPRESION CULTURAL

El sector de la cultura y de la educación a siempre uno de los sectores en que más se ejerce la discriminación nacional. La educación siempre fue una cosa importante en Ucrania. Y la cultura, su secuela, también. Pero, mientras que en la última década del siglo XVIII, bajo la autonomía, la Academia ucraniana de Kyiv (cerrada mis tarde por los rusos) había podido publicar 250 libros en ucraniano, en el siglo siguiente, de 1847 a 1856, tan sólo 25 libros ucranianos pudieron salvar los obstáculos presentados por la censura rusa. Sucesivos ukazes rusos fueron suprimiendo las publicaciones en ucraniano hasta que en 1876 no sólo se prohibieron las publicaciones de cualquier clase, sino incluso su importación.

La propaganda de los comunistas rusos habla hoy del mejoramiento apreciable de la educación en la URSS en comparación con los tiempos del dominio zarista. Ello es exacto, pero sólo refiriéndose a las tierras de habla rusa. No sucede igual en Ucrania según las mismas estadísticas oficiales.

Rusia: 1 escuela para 887 habitantes, en 1950; 967 habitantes, en 1956.

Ucrania: 1 escuela para 1.320 habitantes, en 1950; 1.363 habitantes, en 1956.

Ucrania padece una rusificación intensa a penas disimulada. Las protestas procedentes de la población o, incluso a veces, de los medios comunistas ucranianos, no dieron resultado alguno. Los rusos se escudan tras una fraseología «internacionalista», «una sola lengua es necesaria para la comprensión de los pueblos», etcétera, y el terror y las represalias hacen el resto.

Otro medio potente de rusificación lo constituyen las publicaciones. En este terreno domina la misma discriminación que 50 los restantes sectores de la vida política, económica, social, universitaria y cultural.

Según el censo de 1959, había en la URSS 55 por ciento de rusos, 18 por ciento de ucranianos y 23 por ciento de otras nacionalidades. Pues bien, siempre según fuentes soviéticas, el 28 por ciento de los periódicos publicados en la URSS eran en lengua ucraniana, pero —esto es muy importante— la tirada que se les permitía sólo representaba el 10 por ciento del total de los periódicos soviéticos. Los periódicos en ucraniano son pocos porque, como es sabido, periódicos y revistas son un medio eficacísimo de influir en las masas. Y lo mismo sucede con los libros, los publicados o los depositados en las bibliotecas públicas. En Ucrania hay 76.800 bibliotecas públicas (un 25 37, ciento de todas las de la URSS), con 373 millones de libros. Pero la mayoría de estos libros están en ruso, so pretexto de ello se facilita la intercomprensión de pueblos soviéticos En las bibliotecas escolares el hecho es aún más claro.

Veamos cuál es la proporción de libros en ucraniano y en ruso en los últimos años de que hemos tenido noticia, teniendo en cuerna el porcentaje de ucranianos y de rusos en la URSS…

La publicación de libros en ucraniano sólo representa el 46 por ciento de codos los libros publicados en la República ucraniana. Su tirada representa el 71 por ciento (contra el 80 por ciento en 1940) de la tirada total de todos los libros publicados en la República. Por otra parte, en Ucrania, donde hay siete millones de rusos, se publicaron en 1958 2.534 libros (títulos) en lengua rusa, mientras que en las restantes repúblicas, en donde hay cinco millones de ucranianos (por lo menos tres millones en la Federación rusa), sólo se publicaron cinco libros en lengua ucraniana. En 1961, esa día había bajado a dos.

Para los siete millones de rusos en Ucrania se publican tres diarios, pero para los cinco millones de ucranianos fuera de Ucrania no se publica ni un solo periódico en ucraniano...

LA INDEPENDENCIA Y SU DESTRUCCION

Una enorme cantidad de hechos referentes a Ucrania, desde 1917, han sido cuidadosamente disimulados para evitar que el público mundial sepa que diez días después de la revolución en el Imperio ruso, los ucranianos formaron un Gobierno independiente provisional. En diciembre del mismo año 1917, la Rusia de Lenin y Trotski, seguida inmediatamente después por Francia e Inglaterra, reconocían a la flamante República Nacional Ucraniana. Pocos días mis tarde, por Navidad comenzó la primera invasión rusa de la Ucrania independiente. Los combates continuaron hasta mayo de 1918, es decir, hasta la derrota completa de los rusos en Ucrania. Los acuerdos de paz firmados en junio previeron la normalización de las relaciones diplomáticas y consulares entre ambos países. Y, por consiguiente, el Gobierno ucraniano pudo abrir consulados generales en Moscú y en Petersburgo (Leningrado, después), así como los consulados en Kursk, Tula, Vorónezh, Kazán, Sarátov, Tsaritsyn (que más adelante Stalin bautizaría con su nombre), Astrakán, Tomsk, Omsk y en varias otras ciudades.

En diciembre de 1918, Rusia volvió a atacar Ucrania, por secunda y definitiva vez. Esta nueva invasión rusa se realizó en un momento difícil de la historia ucraniana. Durante un año, el país se encontró en el «triángulo de la muerte»: Polonia que la atacaba por el oeste; los rusos de Lenin por el norte, y los rusos blancos del general Denikin por el sur. A todo ello vino a añadirse una epidemia de tifus.

El comandante en jefe del ejército ucraniano, y presidente del Directorio de la República, Simon Petliura, era un patriota completo, cuyo patriotismo no se paraba, como los trenes rusos, en los límites del Imperio zarista, sino que abarcaba todas las tierras de la etnia ucraniana. Por ello, la asamblea proclamo la reunión a la República de Ucrania Occidental, o sea los territorios que habían pertenecido a Austria-Hungría. Estas tierras fueron el precio que Polonia cobró por contribuir, junto con los rusos blancos, a la derrota de la nueva Ucrania Era en noviembre de 1920. Ucrania volvió a quedar descuartizada y empero otra época de genocidio. Los polacos comenzaron a establecerse en masa en las tierras ucranianas de Galitzia y de Volhynia e iniciaron la polonización de los siete millones de ucranianos que el Estado contenía. El Gobierno rumano llevó a cabo una política [similar] en Bukovina septentrional, que había ocupado. Y Ucrania Transcarpática, que había sido parte de Hungría, fue incluida en Checoslovaquia.

Pero el pueblo jamás olvidó a Simon Petliura y lo que su Gobierno había representado. Por ello, el Gobierno soviético lo hizo asesinar en 1926, en su exilio de París, por el agente secreto [Samuel] Schwarzbard. Pero el ideal de la liberación de Ucrania siguió adelante. Y aun treinta años después, en el XX Congreso del Partido Comunista, [Anastás] Mikoyan tuvo que advenir a los unos de los «peligros del petlurismo».

LA ORGANIZACION DE NACIONALISTAS UCRANIANOS

A la muerte de Petliura, fue Eugene Konovalets quien le sucedió en la dirección del movimiento. Inteligente y valiente a la vez, su organización militar (UVO) y la Organización de Nacionalistas Ucranianos nuevamente creada fueron dos armas terribles que dieron mucho que hacer a los cuatro Estados que se habían repartido a su patria. Cuando su nombre llegó a adquirir tanta popularidad como el de Petliura, Moscú decidió que había llegado el momento de hacerle asesinar. Esta vez no a tiros, como a Petliura, ni en París, sino con una bomba de relojería que, en 1958, le entrego en Rotterdam el agente Valyulth [Pável Sudoplátov], haciéndole creer que era un paquete lleno de informes secretos sobre Ucrania

La muerte de Konovalets fue un golpe serio para el movimiento revolucionario. Y los rusos aprovecharon la tensa situación internacional para propalar la especie de que los nazis se habían «desembarazado» de él por «colaborador molesto».

El pacto de amistad nazi-soviético de 22 de agosto de 1939 hizo caer Galitzia y Volhynia de manos de los rusos. Las restantes fracciones de Ucrania englobadas en Polonia las ocuparon los alemanes. Meses antes, el 15 de marzo, con la caída del estado checoslovaco, la Ucrania ocupada por los checos se había declarado independiente, bajo la presidencia de Mns. Avgustýn Voloshin. El cambio de condiciones políticas trajo también consigo un cambio en las formas de lucha por la liberación. Las filas de la OUN crecieron con numerosos militantes salidos de su cautiverios en cárceles polacas y del campo de internamiento de Bereza Kartuska​. La filas de OUN también crecieron con la República Transcarpática [República de Ucrania de los Cárpatos], que Hitler había querido dar a Hungría y que tuvo que sucumbir al tener contra a ella a polacos, húngaros y alemanes.

Loa ucranianos aprendieron así a desconfiar de las promesas nazis. Al estallar la guerra entre éstos y los rusos, el 30 de junio de 1941 los ucranianos proclamaban de nuevo la independencia y, un año después, organizaban el ejercito partisano de Ucrania (UPA). A la cabeza del nuevo Gobierno se hallaba Yaroslav Stetskó, y era jefe del OUN, Stepán Bandera, un ucraniano de las tierras antes ocupadas por los polacos. El ejército ucraniano de la resistencia llegó a tener más de doscientos mil hombres bajo las armas.

Igual que Moscú, Hitler quiso considerar a Ucrania como una rica colonia que explotar, y el reino de terror nazi hizo que, una vez más en su historia, los ucranianos tuvieran que luchar en dos frentes distintos, contra dos ejércitos diferentes. Stepán Bandera fue arrestado e internado en el campo de concentración alemán de Sachsenhausen. La Gestapo asesinó a miembros de su familia. Y el gobernador colocado por Hitler a la cabeza del Reichskommissar de Ucrania, Erich Koch, comenzó a despoblarla. De nuevo, el hambre volvió a abatirse sobre el país.

Con la derrota alemana y la vuelta de los rusos (que se anexionaron casi todo el territorio de la etnia ucraniana) las represalias fueron terribles. Aun así, la guerra de guerrillas fue continua, entre los años 1944 y 1952, contra una gran potencia que tenía en sus manos a la mitad de Europa y de Asia. Quizá bastará, para comprender lo que fue aquello, recordar que, en 1947, Rusia se vio obligada a firmar un tratado militar con Checoslovaquia y Polonia para acabar con el ejército clandestino de Ucrania.

Desde 1952 cesaron los verdaderos combates, si bien la lucha en sí no cesó. Desde Múnich, donde por cierto existe una Universidad de Ucrania en el exilio, Stepán Bandera siguió dirigiendo al OUN. Su nombre se había convertido en el símbolo de la liberación en la enorme cárcel de los pueblos, desde el San hasta Sajalín y el Kamchatka, para los millones de presos en los campos de concentración rusos. Bandera era el enemigo número uno del Kremlin. Era preciso aniquilarle y, después de diversas tentativas, tuvieron éxito el 15 de octubre de 1959

Fue el instrumento el agente del KGB (Comité de Seguridad del Estado ruso) Bogdán Stashynsky. El arma era un modelo de perfección, una pistola de cianuro, que el asesino escondió entre un ramo de flores. Disparada directamente sobre la nariz, la muerte instantánea daba la impresión total de un ataque al corazón.

Condecorado por los rusos y bien considerado en su país, dos años después Stashynsky pasó a Alemania Occidental, donde confesó el asesinato de Bandera, achacado hasta entonces por los rusos al «espionaje alemán» o a querellas intestinas de los nacionalistas.

Al asesinar a Bandera, quisieron suprimir al dirigente de un movimiento deliberación que era peligroso para ellos y, con él, quizá las aspiraciones del pueblo ucraniano por la libertad. Pero no ha sido así, y las noticias que, de vez en cuando, se filtran a través de la URSS dan cuenta de actos de resistencia y de nacionalismo ucranianos.

LA LUCHA IDEOLOGICA POR LA LIBERTAD

Si alguien pregunta: ¿hay movimientos activos de resistencia en la Ucrania actual?, la respuesta será afirmativa si se refiere a hacer volar trenes, disparar contra coches oficiales, tirar bombas incendiarias dentro de vagones destinados al transporte de granos o sabotear oleoductos. Pero este tipo de lucha no es ya muy eficaz en la URSS actual. Al fin y al cabo, la pérdida de cinco, o incluso cincuenta trenes no hará mucha mella en el sistema de seguridad soviético o en su potencial militar o industrial. Y las células de resistencia lo saben, si bien algunas siguen prefiriendo este sistema clásico de guerrillas. Pero la mayoría de los grupos resistentes saben que han de atacar al Corazón de lo que perjudicará más a Moscú: su cohesión y estabilidad política internas. Los rusos dicen que el sistema capitalista llera consigo los gérmenes de su propia destrucción. Resulta que esta es una gran verdad referida al sistema del imperio ruso soviético.

Y su talón de Aquiles es la genocida opresión de su política nacional. Sin ella jamás se habría formado el ANB (Bloque Antibolchevique de Naciones) encabezado por Ucrania, uno de cuyos miembros, el ucraniano P. Poltava, decía en un folleto circulado en Kyiv y Leópolis en 1950:

«Nosotros, los nacionalistas ucranianos, no somos chauvinistas. Al luchar por un Estado ucraniano independiente sólo luchamos por la obtención para el pueblo ucraniano de los mismos derechos de que gozan desde hace tiempo la mayoría de las naciones del mundo.

«Queremos vivir en amistad y colaboración con todos los pueblos del mundo, con inclusión del pueblo ruso si edifica su Estado dentro de sus territorios etnográficos. No luchamos contra ningún pueblo vecino, sino únicamente contra todas las fuerzas imperialistas que nos oprimen o tienen la intención de oprimirnos.

«Nosotros, los revolucionarios ucranianos, luchamos: 1.º, por el Estado ucraniano independiente en los territorios de la etnia ucraniana, con un régimen político y social justo...; 2.º, por la realización de la independencia nacional de cada nación de la Unión Soviética; 3.º, por la eliminación de todo imperialismo en la vida internacional: 4.º, contra el bolchevismo, por una democracia verdadera, contra la dictadura y el totalitarismo de cualquier clase que sea, por la libertad de palabra, de prensa, de reunión y de ideologías.»

Jordi Ventura, Destino, 16 de octubre de 1965, nº 1471, pp. 30-33 y 35.

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