sábado, 25 de noviembre de 2017

"Al verdadero Juan Jacobo Rousseau" por Carl Schmitt (ABC, 28/6/1962)


AL VERDADERO JUAN JACOBO ROUSSEAU
ALGUNOS lo convierten en santo de una religión humanitaria, van en peregrinación a su sepulcro, lo conducen a hombros al panteón y lo elevan a los altares como imagen de culto. Otros lo maldicen como psicópata maligno, responsable del terror jacobino. Hace unos años, se le creyó desenmascarar incluso como padre del totalitarismo.
Las contradicciones son fantásticas. Lo mejor será compararlo con una figura que nos sea familiar en nuestra propia época. Si descubrimos que algunos rasgos destacados de esta figura actual aparecen también en él, tendremos un camino que conduce a su verdadera imagen.
LA FIGURA DEL PARTISANO
Hace unos treinta años, al evocar el término “figura" se hubiera pensado inmediatamente en la figura del obrero. Comparado con este obrero, Rousseau quedaría muy mal parado. Era muy distinto de un obrero en el sentido de un mundo técnico-industrial y de su evolución futura. Hoy día toda la filosofía del trabajo está bastante pasada de moda. En el Estado beneficencia, en la sociedad de consumo con automación y abundancia es más adecuada una filosofía del Juego o, mejor, del tiempo libre. Pero el jugador no es una figura histórico-universal. Rousseau mismo tampoco era jugador. Su ideal era una democracia que se confirma en una austeridad rígida. Semejantes ideales, que en último término conducen a frugalidad de consumo, están hoy día igualmente pasados de moda. Hoy, ni siquiera los albaneses tolerarían este trato a la larga.
La figura de más actualidad desde la segunda guerra mundial es el partisano. En todas partes está en medio: en Polonia, en Rusia, en los Balcanes y en Francia, en China, en Argelia, en Vietnam y en Laos, en Chipre y en Cuba. Desde un recuerdo desvanecido de la guerrilla española contra Napoleón (1808-1814), el partisano emergió otra vez para convertirse en una figura clave de la moderna guerra caliente o fría.
En Alemania se percibe últimamente un destacado interés hacia este tema. Casi simultáneamente se han publicado dos libros importantes con el título “Partisan”; una novela. “Partisan”, de Hans Joachim Sell (editorial Eugen Diederichs, Dusseldorf) y un tratado teorético. “Der Partisan” de Rolf Schroers (Kiepenlieuer & Witsch, Colonia). Los dos libros no tienen en común más que el título clave de partisano. La novela describe personajes aristocráticos y burgueses de la República Federal alemana en la situación del año 1950; su contenido es más sociológico y psicológico que político. El tratado de Schroers, por el contrario, es sumamente político, se refiere a resistencia y bajos fondos, y se califica a sí mismo de “contribución a una antropología política”. Ambos libros ven en el partisano el símbolo del individualismo que no se deja captar. Pero Schroers, con la ayuda de un material enorme, deduce dos formulaciones importantes y precisas que vamos a aprovechar para conseguir esbozar los rasgos fundamentales de una visión auténtica de Rousseau. Y dejamos abierta la cuestión de si quizás, a la inversa, esta visión de Rousseau que consignamos, puede aclarar, por su parte, la nueva doctrina alemana del partisano.
EL ÚLTIMO HOMBRE
Según Schroers, el partisano se mueve en el último reducto de una existencia humanamente digna, en su último enclave. Con la reserva de su persona, se sustrae a la coacción y al terror de un mundo superorganizado. Así, se convierte en explosivo, en vez de ruedecita, y su persona es la mecha. En un mundo que captura al hombre totalmente, el partisano es el último hombre.
Cito estas fórmulas simplificadas para explicar antes de nada el núcleo del problema. Al decir “el último hombre” pienso inmediatamente en Jean Jacques Rousseau, el solitario desesperado en un mundo supercivilizado, el individuo perseguido que acaba cayendo en la manía persecutoria, el hombre aislado que se atrevió a desafiar a una civilización brillante y poderosa, enemigo del progreso en medio de la iluminación y de su fe arrogante e inquebrantable en el progreso. Schiller, el gran poeta alemán, lo describió así: entre larvas, el único pecho sensible.
EL TERCERO INTERESADO
Schroers no habla de Rousseau, sino de nuestra situación actual. No se hace ilusiones sobre las posibilidades de su partisano. El partisano es un factor determinado de la situación, pero su heroísmo no puede tener un éxito decisivo a no ser que un gran poder extraño lo sostenga. Detrás de los partisanos españoles de la guerrilla contra Napoleón —tan maravillosamente pintados por Goya— había ya la potencia marítima de Inglaterra. El poderoso aliado extraño juega, naturalmente, su propio juego. Aprovecha fríamente a los partisanos que mueren por su patria para sus fines de política mundial, de carácter muy distinto. Se producen sacrificios horrorosos. Ejemplos terribles son las luchas partisanas internas en Yugoslavia durante los últimos años de la segunda guerra mundial o el destino de la resistencia nacional en Polonia.
Este fenómeno, desgraciadamente un factor integrante del partisanismo, encuentra una denominación acertada en el libro de Schroers. Habla del “tercero interesado". Junto con la expresión “último hombre", esta fórmula nos puede abrir un camino hacia el verdadero Rousseau. Con su resistencia desesperada contra la civilización artificial de su época, Rousseau llega a desempeñar el papel de último hombre. Pero al mismo tiempo se enzarza, como cualquier partisano, en los distintos sistemas ideológicos de terceros interesados, que lo captan para sus propósitos y que lo aprovechan bien táctica o bien estratégicamente. De esta manera surge el laberinto de contradicciones fantásticas en el cual desaparece la imagen auténtica de Rousseau.
EL VERDADERO ROUSSEAU
La Biblia nos asegura que Dios sabe despertar hijos de Abraham en piedras muertas. Lo creemos. Pero por experiencia sabemos también que el espíritu universal produce continuamente fuerzas nuevas y monstruosas, que son capaces de dirigir partisanos patriotas desde una central política, y de incorporar a sus programas de medios de masa a los auténticos pensadores solitarios. No faltarán los realistas que opinen que el tercero interesado tiene mucho más interés que el pobre partisano o el pensador sincero.
Para salir del laberinto que tantos terceros interesados han constituido alrededor de Rousseau, no hay más que una solución: volver a su texto, volver a leer sus palabras tal como las escribió y tal como las entendió. No es muy fácil por la infiltración de mitos sobre Rousseau. Sin embargo, dos investigadores jóvenes lo han conseguido en el último año; un francés, Julien Freund, en Estrasburgo, y un alemán, Iring Fetscher, en Tubinga. Completamente independientes el uno del otro, ambos llegaron al mismo resultado: no sólo que Rousseau no era un revolucionario, sino que más bien consideró que la revolución no tenía sentido y que era una desgracia. Libertad e igualdad existen solamente en unidades pequeñas, modestas, homogéneas; todo lo demás es ilusión y engaño.
OTROS TERCEROS INTERESADOS
Este es el verdadero Rousseau. Según las experiencias de las últimas décadas, semejante verdad producirá nuevas difamaciones y nuevas glorificaciones, siendo indiferente si la reacción obra en favor o a costa de Rousseau, en favor o en contra de sus fieles intermediarios. El poder de los terceros interesados es grande, y hay muchos.
Incluso hay cada día más. Algunos de los múltiples Estados nuevos surgidos en los últimos años en suelo africano descubrieron mientras tanto su Rousseau. Esto ocurre dentro del curso inevitable hacia el desarrollo industrial que Rousseau había considerado como una desgracia. Nuevos mitos anticolonialistas surgirán y proliferarán, y un pobre partisano del espíritu europeo se eleva como imagen de culto a nuevos altares antieuropeos. En este aspecto, los europeos aún podemos esperar algo. ¡Enhorabuena, Juan Jacobo, en tu CCLC aniversario y por tantos nuevos terceros interesados!
Carl SCHMITT

ABC, 28 de junio de 1962, p. 17

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