jueves, 7 de junio de 2007

¿Cómo ser conservador-liberal-socialista?


Lema: “¡Por favor, pase hacia adelante a la parte trasera!” Esta es una traducción aproximada de un ruego que oí una vez en un tranvía en Varsovia. La pongo como slogan de una poderosa Internacional que nunca existirá.

Un conservador cree:

1.Que en la vida humana nunca han habido y nunca habrá mejoras que no se paguen con deterioros y males; así, este precio debe ser considerado, tenido en cuenta a la hora de confeccionar todo proyecto de reforma y perfeccionamiento. Dicho de otra manera, innumerables males son compatibles entre sí (es decir que los podemos sufrir comprensiva y simultáneamente); mientras que muchos bienes se limitan o anulan entre sí, no pudiendo gozarse enteramente de ellos al mismo tiempo. Es perfectamente posible una sociedad en la que no haya ningún tipo de libertad o igualdad, mientras que un orden social en el que conviva una libertad e igualdad absoluta es imposible. Se puede aplicar esto de igual manera al plantearse la compatibilidad de la planificación y el principio de autonomía, del principio de seguridad y progreso técnico. Dicho de otra manera, que no hay final feliz en la historia de la humanidad.

2.Que no sabemos en que grado las diferentes formas de vida social tradicional -familias, rituales, naciones, comunidades religiosas- son imprescindibles en una sociedad tolerable o simplemente viable. No hay ningún argumento que certifique que destruyendo estas formas de vida, o calificándolas de irracionales, aumentemos las posibilidades de felicidad, paz, seguridad o libertad. No tenemos ningún conocimiento cierto de lo que podría ocurrir si, por ejemplo, aboliéramos la familia monógama o si renunciáramos a la costumbre ya consagrada de enterrar a los muertos, y la sustituyésemos por el reciclaje racional de los cadáveres para fines industriales. Haríamos bien en esperar lo peor.

3.Que la idee fixe de la Ilustración – que la envidia, la vanidad y la agresividad están causadas por las deficiencias de las instituciones sociales y que estas serán barridas cuando se reformen estas instituciones- no sólo es completamente increíble y contrario a toda experiencia, sino altamente peligrosa. ¿Cómo es posible que estas instituciones aparecieran si eran tan contrarias a la verdadera naturaleza del hombre? Esperar institucionalizar la fraternidad, el amor y el altruismo es tener ya un proyecto seguro de despotismo.

Un liberal cree:

1.Que sigue siendo válida la vieja idea de que el fin del estado es la seguridad. Sigue siendo valido incluso si la noción de “seguridad” se amplía para incluir no sólo la protección de las personas y la propiedad por medio de la ley, sino además varias tipos de previsión social: que los parados no deben morirse de hambre, que los pobres no deben morir por falta de una ayuda medica; que los niños deben tener acceso libre a la educación- todo esto es parte de la seguridad. Con todo la seguridad no debe ser nunca confundida con la libertad. El Estado no garantiza la libertad regulando y actuando directamente sobre las diferentes áreas de la vida, sino no haciendo nada. De hecho la seguridad sólo puede expandirse a expensas de la libertad. De cualquier manera hacer a la gente feliz no es la función del Estado.

2.Que las comunidades humanas están amenazadas no sólo por el estancamiento sino también por la degradación en cuando están tan organizadas que ya no hay lugar a la iniciativa individual y a la inventiva. El suicidio colectivo de la humanidad es concebible, pero, por el simple hecho de que no somos hormigas, no su transformación definitiva en un hormiguero.

3.Que es altamente improbable que una sociedad en la cual todas las formas de competitividad han sido eliminadas continúe teniendo los estímulos necesarios para la creatividad y el progreso. Tener más igualdad es un medio y no es un fin en sí mismo. En otras palabras, que no da a lugar una lucha por más igualdad si de esto resulta sólo el descenso de nivel de aquellos que son mejores y no el ascenso de los excluidos. La perfecta igualdad es un ideal que se destruye a sí mismo.

Un socialista cree:

1.Que toda sociedad en la cual la búsqueda de beneficio sea el único regulador del sistema productivo está tan amenazada por una gran –quizá la más grande- catástrofe como la sociedad en la que el motivo del beneficio ha sido absolutamente eliminado de las fuerzas de producción-regulación. Existen buenas razones por las que la libertad de la actividad económica deba ser limitada por motivos de seguridad, por las que el dinero no deba producir automáticamente más dinero. Aún así, la limitación de la libertad debe ser denominada así, y no como una forma más alta de libertad.

2.Que es absurdo e hipócrita concluir que, simplemente porque una sociedad perfecta y pacifica sea imposible y toda forma de desigualdad que exista sea inevitable, se justifique cualquier forma de creación de beneficios. Esta clase de pesimismo antropológico conservador que lleva a la creencia asombrosa de que un impuesto progresivo sobre la renta es una abominación inhumana es tan sospechoso como ese tipo de optimismo histórico sobre el que se basó el Gulag.

3.Que la tendencia a reglar la economía a controles sociales importantes debe ser apoyada, aunque el precio a pagar sea una aumento de la burocracia. Tales controles deben, sin embargo, ser ejercidos desde una democracia representativa. Por este motivo es esencial planificar instituciones que sirvan de contrapeso a la amenaza que para la libertad supondría el crecimiento de estos mismos controles.


Tal como lo veo, este sistema de ideas reguladas no es auto-contradictorio. Y por lo tanto es posible ser un conservador-liberal-socialista. Esto equivale a decir que estas tres designaciones particulares no serán por mucho tiempo opciones excluyentes entre sí.

En cuanto a la Internacional grande y poderosa que mencione al principio, nunca existirá, porque no puede prometer a la gente la felicidad.

Leszek Kolakowski.
PD: Traduje este año hace unos cuantos años. Por aquel entonces me parecía que encajaba perfectamente con cierta forma de ver el mundo que tomaba entonces como propia. Quizá tuviera hoy que revisar ciertas posiciones. Aún así me sigo sintiéndome muy cercano a su espíritu burlón.
Para Zápiro

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